Reggio’s Weblog

Necesitamos nuevos dirigentes que no estén contaminados por la orgía especulativa que vivimos hasta ahora, de Juan Vega en su Blog

Posted in Asturias, Economía, Política by reggio on 2 enero, 2009

España, espejo roto en pedazos

Severino García Vigón, representante del sindicato de empresarios de Asturias, acaba de decir, con muy buen criterio, a cuenta de la propuesta de reparto de la Financiación Autonómica presentada por Pedro Solbes antes de terminar el 2008, que teme que “se acentúen las diferencias entre comunidades ricas y pobres”, para añadir, con una visión un poco mezquina, que “eso sería perjudicial para Asturias”. Y digo esto, no porque no sea cierto lo que dice García Vigón, que lo es y mucho, pero solo parcialmente, porque tal y como están las cosas, aquí ya no se pueden analizar los nuevos escenarios que abre la repentina y lógica aplicación de lo establecido en el Estatuto de Cataluña, desde la visión provinciana de la miseria que este nuevo giro de la tuerca confederal va a producir en las regiones de economía más deteriorada, y por lo tanto, las que menos pujanza demográfica presentan, porque evidentemente, las soluciones pasan ya por plantear una nueva política nacional.

Parece mentira que aún no se vea, y como consecuencia no se diga, que estas decisiones conducen a la ruina a toda España, y no sólo a las ahora llamadas “comunidades pobres”.

Donde hay menos actividad, habrá cada vez menos actividad. Así de sencillo. Así de brutal. Los ciudadanos de los territorios deprimidos tendrán que emigrar o aceptar una misera creciente, pues el despoblamiento provocará más miseria y menos posibilidades económicas de combatirla. Y la ruina se extenderá pronto al conjunto del país, porque el clima se va a deteriorar para todos. ¿Alguien se cree que esto no va a tener consecuencias globales?

Lo que está sucediendo era de esperar. Todos los que no somos tontos de remate, sabíamos que los dirigentes catalanes iban a imponer su ley -la Ley del Estatuto de Autonomía de Cataluña aprobada en el Congreso de los Diputados-, tarde o temprano. Ignoro por qué, algunos esperaban que el Tribunal Constitucional evitase esta tragedia, como si el poder judicial fuese aquí el encargado de deshacer los entuertos de los políticos. ¡Qué payasada!

La nación es una idea moderna que no admite muchas discusiones en cuanto a su realidad más palpable, puesto que al final no es otra cosa que la materialización de otra idea, la de fraternidad, en un determinado pueblo, al que no le basta con intentar plasmar los valores de libertad e igualdad como principios, sino que además, para crecer y desarrollarse, precisa de otro valor superior, que es el que ahora estúpidamente denominamos solidaridad, en terminología religiosa -quizás para desnaturalizarlo-, para sustituir ese revolucionario concepto, que implica una cohesión superior: en definitiva, una relación fraternal entre ciudadanos de un mismo país, que se ayudan unos a otros, mediante los instrumentos institucionales del Estado.

Severino García Vigón, es un perfecto representante del gremio de los empresarios, que ve las cosas al revés de como las ven sus homólogos catalanes o vascos, simplemente porque es asturiano, y no catalán ni vasco. Poco pueden aportar hoy los empresarios españoles, como los políticos o los sindicalistas, cuando un asturiano, un vasco o un catalán, pertenecientes a esos grupos de “gerentes” de la vida pública, piensan en el estado como algo de donde sacar la mayor cantidad de fondos para su propio tinglado, a costa del resto, sin conceder ya la menor oportunidad a la nación para desarrollarse como conjunto, en una terrible etapa de crisis como la que se avecina. Cada uno ve el panorama desde la estrecha perspectiva de su campanario. Y se acabó.

Este carnaval en que se convirtió el proceso confederal español, era soportable en una etapa en la que valía todo, porque el dinero fácil fluía como un milagro del Nuevo Testamento. El crédito generalizado, en un país de pícaros, dio lugar a un juego masivo de espejos y espejismos, que acabó con buena parte de la industria del país.

Todo el que tenía poder o acceso al crédito jugaba con los espejos y alimentaba el engaño colectivo, el dinero afluía a los ayuntamientos, las comunidades autónomas y al gobierno del Estado, porque el endeudamiento general permitía pagar enormes cantidades en impuestos que se drenaban del proceso del crédito, y su aplicación al espejismo generalizado de la especulación que multiplicaba las falsas imágenes. Y encima había fondos europeos en los que meter la cuchara, en escandalosas operaciones como la de la construcción del Puerto del Musel, cuya atroz gestión debería ser desnudada ante toda España, en una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados.

La mejor metafora de la España de hoy es un montón de espejos hechos añicos, con los trozos repartidos por todo el país, que nos devuelven la imagen deforme y fragmentada de todos esos grupos dirigentes que, como los demás, se cubrieron personalmente las espaldas llenando sus cuentas en los paraísos fiscales con las maletas que salían en procesión de las instituciones que alimentaron el proceso con recalificaciones, exenciones fiscales y medidas legislativas que impulsaron el tabicado general; una torre de ladrillos que provoca una cascada de quiebras que no hizo otra cosa que empezar.

¿Y ahora qué? El endeudamiento es brutal, el credito nulo, la construcción se acabó, los fondos europeos pasaron a mejor vida, el paro se dispara, y aquí nadie habla de controlar el gasto de los diecisiete cacicatos autonómicos -que tienen la justicia transferida en sus manos-, de sus economías ineficaces, de sus administraciones corrompidas hasta la médula, en las que no hay concursos públicos, y en donde todo se adjudica a los empresarios de cámara -que con sus maletas arreglan la jubilación de sus amigos de la política-, con bajas temerarias que luego se cubren con modificados, y mientras esto sucede, lo único que se debate es cómo crear más déficit público, más endeudamiento, para que unas autonomías de pandereta sigan incrementando su abismal pufo, oculto en un sinfín de sociedades anónimas con cuentas opacas, para poder seguir contratando más obra pública, que nos permita tirar otra temporada más con la fiesta, hasta que una gran catarsis ponga el país al borde del abismo del enfrentamiento civil.

Alguien va a tener que reivindicar aquí la fraternidad entre españoles en el camino del desmantelamiento autonómico, desde algún tipo de reacción cívica, antes de que sea demasiado tarde, y el camino sea otro. Se trata de rechazar la aberrante pretensión de que cada comunidad autónoma -es decir, los caciques que controlan cada partitocracia autonómica- se quede con los ingresos que se generan en su territorio, con la generalización de la España foral, medieval, premoderna y  feudal, que terminará por llevarnos a todos a la ruina. Necesitamos nuevos dirigentes, no contaminados por la orgía anterior, que puedan afrontar esta dura etapa que se avecina.

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