Reggio’s Weblog

¡Feliz año, reumáticos…!, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Derechos, Economía, Política, Sanidad by reggio on 31 diciembre, 2008

El ojo del tigre

Se cuenta que Jimmy Carter, cuando se sentó por primera vez en el sillón del Despacho Oval en la Casa Blanca, les dijo a los presentes: No soy más que un hombre como todo el mundo… Ser un hombre como los demás es lo más normal que le puede suceder a un ser humano en este mundo. Sin embargo, reconocerlo -si no con humildad, sí por lo menos con sinceridad- ya no lo es tanto. Desde hace muchos años, tantos como los que uno disfruta de la ventaja de ser autónomo como individuo pensante, no he conocido a nadie en este país que haya tenido la gallardía de reconocerlo, como hizo Jimmy Carter, en el momento de sentarse por encima de todos los demás. Que yo recuerde, antes de que la dictadura fuera reconvertida en una democracia inorgánica, todos aquellos que, por una u otra circunstancia -generalmente, digital- flotaban en las alturas orgánicas del sistema (desde el Municipio, el Sindicato. o el Gobierno Civil y la Jefatura Provincial del Movimiento), en esta antigua provincia tales personajes se consideraban a sí mismos políticos hiperrepresentativos: superaban al hombre común; eran la fuente clara de la que manaba la opinión pública fundamentada; representaban la autoritas como si se tratara de un oficio divino.

Transcurrido todo el tiempo que quisieron darse los superhombres de aquel régimen determinado por la Divina Providencia, para asumir la responsabilidad de transmudar la dictadura en una democracia, y cuando ésta fue impartida urbi et orbe desde el sillón más elevado de las antiguas Cortes, los nuevos políticos, que sucedieron a los anteriores, continuaron siendo hiperrepresentativos. Es decir, se olvidaron de que provenían  la base social sobre la que se supone que reposa la democracia popular (la del pueblo, no la del PP…), e ignoraron que su elevada posición jerárquica en la sociedad se la debían a quienes desde el subsuelo de la democracia -que es el estrato más viejo en donde se encuentran los electores -les habían votado para que los gobiernen y no para que los dominen. Es decir: simplemente para  gobernar; no para hiperrepresentar…

Lamentablemente, Asturias es uno de los más viejos ejemplos de esa hiperrepresentatividad. Ya lo fue cuando a quienes se les había requerido para prestar sus servicios a la sociedad, bajo la constante tutela del dictador; entonces, los elegidos digitalmente se comportaban ya como si fueran los dueños del sistema. En aquel tiempo, España estaba a merced de los efectos mecánico-políticos del sagrado Movimiento continuo. Después, cuando ya había cesado el Movimiento se puso en marcha otro de nueva factura mecánica: el de la Monarquía pendular democrática; el cual abarca desde la socialdemocracia moderna, hasta la derechocracia clásica. O sea, desde el PS(O)E hasta el PP. Con lo cual, el país siguió funcionando exactamente igual que había funcionado hasta entonces: a base de personajes hiperrepresentativos. Los asturianos de a pie -supongo que como los demás españoles- están sometidos a los desahogos del arte burocrático que de manera magistral dominan quienes los hiperrepresentan, y el artificio político de los que piensan por ellos. Unos y otros son los mismos. Es muy difícil distinguir entre la porción de sinceridad que inspira a estos superpolíticos y la parte de hipocresía que los empuja para que actúen como lo hacen. No olvidemos que la hipocresía es una parte importante del talento del actor: es el arte de saber fingir.

Al parecer Asturias es en este momento una de las más vulnerables regiones de la etérea Unión Europea, por el envejecimiento de su población. Desde que la democracia es el régimen que nos identifica con el resto del mundo continental, las encuestas han sustituido a las ideologías. Dicen que Asturias ocupa el número 12 entre las regiones más debilitadas de Europa, porque su población la componen mayoritariamente viejos. Hace cuarenta años, el problema era otro: la distribución de la renta per cápita nos había hundido desde el lugar ocho, que ocupábamos en el mediterráneo de las provincias españolas, hasta el 19. Pero ahora la historia es otra. Y lo que les interesa a quienes teatralizan la vida político-social asturiana es demostrar que los viejos son una carga pesadísima y amenazan con hundir la región.

Cada vez es más clara la consigna que nos llega desde las alturas: hay que echarle una mano a la sanidad pública. Lo cual no quiere decir que la mano haya que echársela al cuello de sus burócratas hiperrepresentativos, sino al bolsillo de los viejos… Que son los que se benefician con la gratuidad universal del sistema de salud público. Dicho de otra manera: hay que renunciar a una de las conquistas sociales que le costó a la clase obrera sangre, sudor y lágrimas desde hace más de un siglo. Ahora, intentan convencer de que hay que pagar para que la sanidad pública siga funcionando, y el negocio privado de la misma sea más negocio…

Esto te lo van diciendo poquito a poco, desde la distancia majestuosa que les separa de la plebe que les vota cada cuatro años. Ahora, en Asturias, ya no es la industria pública la que agota el modelo socioeconómico de la región. Son los asturianos viejos, con su achaques crónicos. Son los abueletes de nietos que han nacido en Madrid, en Barcelona… O en Londres. Porque sus jóvenes papás tuvieron que buscarse la manera e vivir decentemente de su profesión lejos de esta región. Es verdad que podrían haber intentado vivir de la política, pero en este oficio -solicitadísimo- hay overbooking. También predominan los viejos…

Si hace medio siglo, los hiperrepresentativos de esta débil región se hubieran dedicado a aprovechar los recursos económicos existentes para modernizar sus históricas estructuras industriales, en vez de afanarse en liquidarlas a precios de saldo -hubo un momento en el que los asturianos temieron que los socialdemócratas regalaran Ensidesa a los franceses. No es broma-; a lo mejor ahora los viejos no pesaban tanto en la balanza de los burócratas de la política sanitaria. Pero, entonces como ahora, les importó un comino el asunto. En fin, feliz año nuevo, reumáticos…

Lorenzo Cordero. Periodista.

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