Reggio’s Weblog

El año que nadie pudo imaginar, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía, Historia by reggio on 30 diciembre, 2008

Si hace un año alguien le hubiera planteado a cualquier inversor lo que iba a pasar en 2008, se habría reído de él, porque era imposible imaginar la que se avecinaba. Porque no sólo se trata de que los índices bursátiles han sufrido la mayor caída anual de su historia (en los más antiguos, como el Dow Jones, es el mayor descenso desde 1931): del 40,6% en el caso del Ibex. En este año que termina, hemos asistido a las mayores caídas (y subidas) diarias de todos los tiempos, a una volatilidad sin precedentes que ha convertido en “pequeñas” a pérdidas del 3% en un día, a momentos de pánico generalizado, a la jubilación de las medidas tradicionales de valoración de los mercados, a la prohibición de las posiciones bajistas (los cortos) o a la perforación de los mismísimos mínimos de 2002 -el suelo de la anterior tendencia bajista- en índices como el S&P 500.

Estos acontecimientos históricos tampoco son tan extraños si tenemos en cuenta que los mercados se han movido en el peor contexto que se recuerda desde la Gran Depresión de los años 30: nos encontramos en medio de la primera recesión global, que comenzó en EEUU y se ha extendido posteriormente a Europa y Asia, y que amenaza incluso con una deflación como la sufrida por Japón en la década de los 90.

Pero, antes de eso -y en buena medida como causa de la recesión actual-, hemos sufrido una crisis financiera de tales dimensiones que ha estado a punto de hundir el sistema bancario mundial, que ha destruido el concepto de banca de inversión -y ha acabado literalmente con Bear Stearns y Lehman Brothers- y que ha terminado con masivos planes de rescate del sector en todo el mundo valorados en billones de euros. Este escenario apocalíptco ha provocado que los tipos de interés hayan llegado a cero en EEUU, y que los bancos centrales estén inyectando liquidez ilimitada desde hace meses para tratar de evitar la catástrofe.

El año ya empezó mal con un fuerte desplome en enero que sorprendió a todo el mundo, puesto que sólo dos meses antes las bolsas occidentales marcaban máximos históricos y la euforia se extendía por un mercado que daba por concluida la crisis subprime y trataba de olvidar sustos como el de Northern Rock o el cierre de los mercados mayoristas en septiembre. Los inversores volvieron a respirar cuando se supo que el batacazo inicial del año (el peor enero de la historia) fue culpa de Jerôme Kerviel, un trader de Société Générale que había tomado unas descomunales posiciones en futuros por su cuenta que tuvo que deshacer de golpe. Los índices se relajaron y se mantuvieron tres meses tranquilos, pero todo el mundo tenía la mosca detrás de la oreja; los índices no volvieron a intentar volver a máximos.

Aunque la amenaza de la quiebra de las aseguradoras monoline, que podían arrastrar a todos los bonos que aseguraban, empezó a inquietar mucho a los mercados, el primer momento crucial del año no llegó hasta marzo: el día 21 la Fed tuvo que orquestar el rescate de Bear Stearns, hundido por su enorme exposición a activos respaldados por hipotecas y por la retirada masiva de fondos de sus clientes, que dinamitaron su solvencia; acabó en manos de JP Morgan a precio de ganga. Inicialmente, el mercado se lo tomó bien con la teoría de que la Fed no iba a dejar caer a nadie. Pero las tremendas pérdidas del sector por culpa de las amortizaciones masivas de activos tóxicos, una disparatada subida de tipos del BCE y un petróleo que iba disparado camino de los 140 dólares hicieron que, a mediados de mayo, el Ibex se frenara en 14.000 puntos y cayera hasta 11.000 en julio.

Lehman Brothers y la hecatombe

La recaída del crudo permitió un verano tranquilo, hasta que en septiembre se abrió definitivamente la caja de los truenos. Primero fue la nacionalización, el día 6, de las hipotecarias respaldadas por el Gobierno Fannie Mae y Freddie Mac. Y el segundo momento crítico del año se produjo el día 15, cuando las autoridades norteamericanas se negaron a dar garantías a los interesados en comprar Lehman Brothers, como habían hecho con Bear Stearns, y abocaron al banco a la quiebra.

Esta quiebra dio origen a la hecatombe: Merrill Lynch fue comprado por Bank of America para evitar también su quiebra, la mayor aseguradora del mundo, AIG, fue nacionalizada, los mercados interbancarios se cerraron a cal y canto, y las cotizaciones del sector se hundieron entre rumores de quiebras por doquier, hasta tal punto que las autoridades limitaron o prohibieron directamente ponerse bajista en valores financieros. Para detener la sangría, EEUU presentó su megaplan de rescate del sector, dotado con 700.000 millones de dólares de los contribuyentes y que inicialmente pretendía comprar los activos tóxicos de los bancos para restablecer su solvencia. Un plan que, para más inri, fue rechazado inicialmente por el Congreso.

Pero si septiembre fue apocalíptico, lo de octubre será recordado como uno de los mayores pánicos inversores de la historia. La crisis saltó a Europa y los Estados tuvieron que entrar en el capital de algunos de los mayores y supuestamente más sólidos bancos del continente, lo que provocó una peligrosísima desconfianza en el sistema que a punto estuvo de dar pie a una retirada masiva de depósitos. Para evitarlo, los Gobiernos acordaron subir la garantía de los depósitos hasta 100.000 euros y lanzaban planes nacionales de rescate del sector. No obstante, el pánico se extendió a todos los mercados con derrumbes generalizados y una fuerte demanda de oro y otras inversiones tangibles. El Ibex perdía los 10.000 puntos y los 9.000 en cuestión de días; sólo encontraba freno en los 8.000.

¿Queda más caída por delante?

Entonces se producía una recuperación igual de violenta que esta caída, y el Ibex rozaba los 10.000 a principios de noviembre gracias a las contundentes bajadas de tipos de la Fed y -ahora sí- del BCE. Pero era un espejismo, que daba paso a una recaída de nuevo hasta los 8.000. La pérdida acumulada en 2008 alcanzaba el 50%. Desde ahí, y a pesar de un nuevo rescate histórico (Citigroup) y de que cayó el mito de que los bancos españoles eran ajenos a la crisis con la ampliación del Santander, el Ibex logró volver a los 9.000 de la mano de la caída de los tipos interbancarios (Euribor) y del crudo, así como de una histórica bajada de tipos en EEUU hasta cero. Y ahí se mantiene, pese a la traca final del año: el ‘escándalo Madoff’, que ha atrapado a muchas grandes fortunas de todo el mundo en un fraude piramidal valorado en 50.000 millones de dólares.

Lo mejor que le puede pasar a la bolsa es que un año como éste se acabe. Pero eso no garantiza que los sustos hayan terminado. Una vez que los Gobiernos y los bancos centrales han puesto toda la carne en el asador, nos encontramos en pleno debate sobre si estas medidas serán suficientes para que se produzca la anunciada recuperación a partir de mediados de 2009 o si, por el contrario, la crisis se prolongará todavía más. De la resolución de dicho debate dependerá que se confirme el posible doble suelo en los 8.000 del Ibex (figura técnica de giro al alza) o que el mercado sufra una recaída para probar por tercera vez esos niveles; y ya se sabe que a la tercera suele ir la vencida. Saldremos de dudas después de las fiestas.

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