Reggio’s Weblog

Oposiciones, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 29 diciembre, 2008

Motiva este artículo el mal aprovechamiento de los acuerdos nacionales por parte de CiU. Son ya varios los que han firmado. Los últimos, sobre enseñanza e inmigración. El próximo, sobre infraestructuras. La visualización de la firma no se ha seguido de la menor insistencia acerca de la influencia, la consecución de cotas de su programa e ideario (que de otro modo no habrían saltado a la realidad) o la exhibición de su capacidad de acuerdo y sacrificio cuando se trata de temas esenciales para Catalunya. Gracias a CiU, persiste la personalidad diferencial de los catalanes, traducida en el mantenimiento de unos usos y costumbres que distan mucho del enfrentamiento sin cuartel al Gobierno que se enfrenta sin cuartel a la oposición. El simplismo simétrico del poderoso Madrid sigue teniendo poco que ver con los matices y los espacios de encuentro de la política catalana y universal.

Tal vez es que unos necesitamos afianzar la fragilidad con acuerdos mientras los otros siguen tan seguros de su fortaleza que se permiten toda clase de embestidas y demoliciones. Sin embargo, la fortaleza no es lo que parece. Primero los bandazos de la alternancia y ahora la crisis han puesto de manifiesto debilidades estructurales, de posicionamiento, imagen exterior y falta de continuidad, que la unánime exaltación de la lucha antiterrorista enmascara en vez de resolver. En Madrid interesa más la política que España, y si en algo la política favorece a España, esto no se sigue de una supuesta intención de tirar del carro en la buena dirección, sino del cálculo en la lucha partidista, ante todo para dejar en mal lugar al otro, sea Gobierno u oposición. El tema de la política española no es España sino el poder, mantenerlo unos, conseguirlo los otros.

¿En Catalunya, va antes el país o la lucha partidista? A tenor de lo constatado en el primer párrafo, la política catalana está a años luz de la española, en términos de modernidad y reacción a la crisis. Pero es insuficiente. En primer lugar, porque, siendo evidentes los acuerdos trascendentales, no se resaltan con nitidez, con lo que se pierde su primer efecto sobre la sociedad. Tal vez los medios tengamos parte de culpa, pero la principal recae sobre la propia CiU, cuya cúpula parece imitar a Jano, el de dos caras, y tiende más a mostrar la que mira hacia atrás que la enfocada al futuro. La situación demanda lo contrario. No hay que renunciar nunca a la crítica del Gobierno y sus fallos, pero si se muestra la otra cara, entonces prima la altura de miras sobre la saña contra el poder y la ansiedad por conquistar el poder.

Ganar es objetivo irrenunciable de la oposición, pero no por asalto sino como consecuencia de la mayor responsabilidad y capacidad de acuerdo. En Roma, el buen Jano propiciaba buenos finales.

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