Reggio’s Weblog

Las banderas rojas del ‘escándalo Madoff”, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 29 diciembre, 2008

A FONDO

No lo podía creer. Pero estaba en la portada del Financial Times del 24 de diciembre. Bill Brodsky, el presidente del Chicago Board Options Exchange, el mayor mercado de opciones de Estados Unidos, decía en una entrevista que el escándalo de Madoff había sido posible porque los inspectores de la SEC (la Comisión de Valores norteamericana) no tenían suficiente experiencia. «Los encargados de hacer las investigaciones no tienen ni idea de qué preguntar. Son jóvenes, con frecuencia no ganan mucho dinero y no saben cómo funcionan los instrumentos que investigan. ¿Cómo es posible que se contrate a jóvenes que acaban de salir de la Universidad y se les ponga a trabajar con cosas con las que nunca han tenido contacto?». Eso decía el bueno de Brodsky. Y, por increíble que parezca, tal vez tenga razón. Les diré por qué.

Yo había leído la historia de Harry Markopolos en The Wall Street Journal (19-XII-2008), el broker de una firma rival que había investigado a Madoff durante años y que en noviembre de 2005 remitió un escrito a la SEC denunciando sus malas prácticas. Pero no había tenido ocasión de ojear sus sabrosos 19 folios hasta hace unos días.

Si después de examinarlos con detenimiento, la SEC no puso inmediatamente fuera de juego a Madoff, o bien los que le investigaron eran los más imberbes de su curso, o bien ese año cobraron un bonus extra y no precisamente de su empresa.

En su documento, Markopolos da 29 razones (él las llama red flags, banderas rojas) para llegar a una conclusión con dos posibles y únicos escenarios:

– Madoff actúa como broker utilizando la estrategia conocida como front running, que consiste en utilizar la información de las órdenes de sus clientes para posicionarse y obtener así un beneficio ilícito según la ley americana (Sección 21 A -e- de la 1934 Act).

– Madoff Securities es el mayor fraude piramidal del mundo (Ponzi scheme, conocida así en EEUU por el fraude montado por Ponzi a principios del siglo pasado).

Ya hace tres años, Markopolos estimaba que Madoff gestionaba entre 30.000 y 50.000 millones de dólares. Acertó de pleno: según confesó el magnate a sus propios hijos, el fraude organizado por él se elevaría a 50.000 millones de dólares.

¿Cuáles eran esas banderas rojas que Markopolos agitaba ante la SEC para que el regulador se pusiera manos a la obra y evitar así que la pirámide siguiera creciendo?

Madoff no detallaba a sus clientes las comisiones que cobraba. Es decir, que, haciendo cuentas, si daba una rentabilidad anual en torno al 12%, la rentabilidad real -restando esas comisiones- tendría que haber sido del 16%.

Otra cosa sospechosa. Los fondos manejados por Madoff, por ejemplo el Fairfield Sentry, que aquí en España vendía a los ricos españoles Andrés Piedrahita, no especificaban quién los gestionaba. Su nombre se mantenía en secreto. Markopolos se pregunta si tanto secretismo no sería porque Madoff quería mantenerse oculto ante la SEC.

Pero sigamos. Madoff tenía que haber acaparado todo el mercado de opciones para obtener la rentabilidad que declaraba para fondos que alcanzaron los 50.000 millones de dólares. No se puede entender cómo obtuvo rentabilidades constantes durante la crisis asiática de 1997, durante la crisis de deuda de Rusia y el batacazo del Long Term Capital Management, de 1998, o durante el estallido de la burbuja tecnológica entre 2000 y 2002. «Es increíblemente bueno para ser cierto», asevera Markopolos en su informe a la SEC.

Matemáticamente es imposible (utilizando una estrategia de split-strike conversion: posicionarse con opciones de compra y de venta con los valores más líquidos de la bolsa) acertar prácticamente siempre. Durante los 14,5 años que investigó Markopolos, Madoff sólo registró pérdidas en siete meses y la mayor fue de 0,5 puntos. «O es el mejor gestor del mundo o es un fraude», afirma Markopolos.

Otra bandera roja la constituyen dos artículos publicados a principios de la pasada década: uno de Erin Arvedlund en Barron’s y otro de Michael Ocrant en MAR Hedge, que concluían que Madoff era un fraude.

Markopolos asegura que los únicos ingresos reales de Madoff los obtenía con operaciones de front running, pero que esto no es incompatible con su convicción de que el negocio en su conjunto era una gigantesca pirámide en la que las inversiones de unos clientes pagaban las rentabilidades de otros.

Con ironía, el denunciante, que afirma sentirse como el protagonista de la historia de Pedro y el lobo, cuenta que algunos de los colocadores de los fondos que gestionaba Madoff le dijeron que éste, para asegurar la nula volatilidad, subsidiaba a sus clientes cuando bajaba la bolsa. En todo caso, eso sería un fraude por engañar a la SEC. Pero, naturalmente, Markopolos no es tan ingenuo como para creerse ese cuento: «Me gustaría creer en la historia del rantoncito Pérez, pero dejé de creer en ella cuando vi a mi madre poner dinero debajo de la almohada una noche», bromea Markopolos.

Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza cuando se ha conocido la falta de transparencia de la trama. Pero el denunciante ya advirtió en su informe que la firma de Madoff no tenía auditorías externas. Y cuenta cómo un fondo con base en Londres que movía dinero de países árabes pidió auditar las cuentas y en Nueva York le dijeron que sólo su cuñado tenía acceso a ellas por «razones de confidencialidad». Por absurdo que parezca, tras la conversación, dicho fondo invirtió 200 millones de dólares en Madoff Investment Securities.

«Sólo la familia Madoff tiene acceso a su estrategia». ¿Acaso no es eso sospechoso?

Markopolos, que mantuvo diversas conversaciones con expertos en hedge funds, aportó a la SEC algunos nombres que podían confirmar sus sospechas siempre que se mantuviera la confidencialidad: Leon Gross (director general de Citigroup); Joanne Hill (vicepresidente de derivados de Goldman Sachs) y Walter Hastlett (dueño de Write Capital Management).

Markopolos, que no firmó su informe para proteger su seguridad personal, y que sólo estuvo dispuesto a revelar su identidad ante el responsable regional de la SEC de Nueva York, pedía una acción inmediata del regulador y advertía de los peligros del derrumbe de la pirámide para el mercado de opciones y la industria de los hedge funds.

Aunque parezca mentira, la investigación de la SEC se cerró en 2006 con un ligero tirón de orejas para Madoff. En su informe, la SEC reconoce que el financiero jugaba al despiste y que sus fondos ocultaban que él era quien los gestionaba y que había violado varias disposiciones regulatorias. Pero ahí acabó todo.

Seguramente Brodsky tenga razón y los inspectores de la SEC no fueran más que unos pardillos. Pero uno no deja de sorprenderse de cómo en un mercado tan sofisticado, en el que se supone que todo está medido y gestionado por personas de grandes conocimientos, pueden pasar estas cosas. Cómo nadie ha podido sospechar que el milagro de la rentabilidad constante y segura no podía esconder más que un gigantesco fraude.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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