Reggio’s Weblog

El charlatán y la vaca lechera, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 29 diciembre, 2008

Franklin Delano Roosevelt está de moda. Ayer mismo, un reputado columnista progre escribía en un diario, naturalmente progre, que “el revival de Roosevelt (y Keynes) en esta crisis económica, sus fórmulas para cebar la bomba y sacar a EEUU. de la recesión, debe ser un buen argumento para repensar el papel del Estado sin los prejuicios que han acompañado a la revolución conservadora del último cuarto de siglo”. Se nos viene, pues, el Estado encima, como supremo hacedor de vidas y haciendas. Se nos viene como una desgracia añadida a la tragedia de una crisis económica de dimensión histórica.

Fue H. L. Mencken, quizá el periodista y escritor norteamericano más influyente de la primera mitad del siglo XX, calificado en su día por el New York Times como “el ciudadano privado más poderoso de los Estados Unidos” en razón a la influencia que ejercía sobre toda una generación, quien con más saña atacó a Roosevelt, a quien calificaba de “un charlatán rodeado de un séquito de impúdicas nulidades, una pandilla de pedagogos autodidactas, de abogados anticonstitucionales, de devotos deslumbrados y otros magos de la misma lamentable especie”, mientras que su New Deal era “una tramoya política, una serie de estupendos milagros falsos”, con sus constantes apelaciones “a la envidia y el odio de clases”, su tratamiento del Estado como si fuera “una vaca lechera de 125 millones de ubres” y sus “frecuentes repudios de la promesas categóricas”.

No fue el único en despotricar contra el personaje. Para Howland Spencer, Roosevelt era “un nulo pretencioso, con un complejo mesiánico y el cerebro de un boy scout”. Salvadas las distancias -casi insalvables, cierto, si tenemos en cuenta que FDR tuvo que hacer frente a episodios como el ataque japonés a Pearl Harbor y la Segunda Guerra Mundial-, muchos habrán descubierto ya no pocas similitudes entre el gran Roosevelt y José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro fabuloso Presidente Alicia. Similitudes en lo malo, quiero decir. Haría falta un mar de letras para describir adecuadamente el annus horribilis que ahora termina, pero si alguien me preguntara qué ha sido lo peor de 2008 desde el punto de vista español, diría sin dudarlo que la reelección de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno.

Confirmación de la crisis

El segundo semestre nos ha traído la plena confirmación de la crisis económica que tantos economistas serios, a derecha e izquierda, estaban pronosticando desde hace tiempo. No me cansaré de repetirlo, pero en la segunda mitad de 2003 fui testigo de no pocas conversaciones con gente del equipo del entonces ministro de Economía Rodrigo Rato, y con el propio Rato, sobre la necesidad ineludible que el Gobierno salido de las generales de marzo de 2004 tendría de tomar medidas drásticas de ajuste para frenar el recalentamiento de una economía cuyo modelo de crecimiento estaba ya agotado. No sé si, de haber triunfado, Mariano Rajoy hubiera tenido el valor de coger ese toro por los cuernos y pasar de las palabras a los hechos. No me atrevo a pronunciarme. Lo que está claro es que el de Zapatero no tomó una sola medida en la dirección adecuada durante los cuatro años de su primera legislatura.

Hizo algo mucho peor. En los meses previos a las elecciones de marzo de 2008, en realidad desde el verano de 2007, ya era evidente que la economía mostraba síntomas claros, y no solo por el mercado inmobiliario, de hallarse en la fase descendente del ciclo. “Esa información era pública”, aseguraba el viernes Carlos Sánchez en este diario, “y por lo tanto, susceptible de ser interpretada en términos analíticos. Los gobernantes, sin embargo, optaron por callar esa verdad incómoda, y en su lugar hicieron ver a los ciudadanos que las cosas iban mejor de lo que sugerían los indicadores macroeconómicos (…) Antepusieron, por lo tanto, su interés propio frente al interés general”. Engañaron a los españoles y acusaron a la oposición de estar haciendo poco menos que terrorismo político. En realidad, Zapatero ha estado negando la realidad de la situación económica por la que atravesamos hasta ayer mismo. Crisis… ¿Qué crisis?

El engaño tuvo premio. Haber mentido al personal fue recompensado por una mayoría de españoles con un segundo mandato presidencial. Es cierto que, como norma general, el ciudadano particular poco puede hacer para cambiar el curso de la Historia, pero también lo es que en democracia dispone, al menos cada cuatro años, de un arma formidable llamada voto. Nadie hubiera podido parar la ola de una crisis que llevaba años engordando entre la incuria de nuestros gobernantes –empezando por el Aznar de la última época-, pero también lo es que podíamos haberla recibido mejor pertrechados desde el punto de vista político para hacerle frente. El resultado es que nos enfrentamos a una crisis que amenaza con llevar al paro a más de 4 millones de personas con el peor Gobierno de la democracia en el puente de mando, y con un presidente que es lo más parecido a un charlatán de feria, un indigente intelectual desde el punto de vista de los grandes desafíos económicos, que ni entonces sabía por qué crecíamos ni ahora sabe porque hemos dejado de hacerlo. Un personaje que vive al día, pendiente en exclusiva de la imagen. Un tipo al que le da igual Juana que su hermana.

El caballero de la dulce sonrisa

Tras unas semanas de terrible vacilación, el caballero de la dulce sonrisa decidió embarcarse en una alocada carrera de medidas espectaculares, dispuesto a no ser menos que los Sarkozy de este perro mundo. Les ahorro detalles. Planes de rescate multimillonarios, casi a uno por semana. La mayoría de las medidas llevan incorporado el aroma del favor a los ricos. Por ayudar a sus Riveros de turno ha sido capaz de abolir hasta la mismísima contabilidad (Real Decreto-Ley 10/2008), para que así nadie pueda quebrar. Nada extraordinario en un país donde el jefe de los empresarios pedía abolir, siquiera por un rato, el libre mercado. Medidas de apoyo a banqueros, ladrilleros, Ayuntamientos, fabricantes de coches… Lo último ha sido un aumento de las pensiones del 6%. ¿Será por dinero? Para Zapatero, las arcas del Estado son exactamente eso: “una vaca lechera de 125 millones de ubres”. El déficit lo puede todo, ergo démosle a la manivela del déficit, y a las futuras generaciones de españoles que les vayan dando.

Con la facundia que le caracteriza, el viernes dijo que “vamos a salir de la crisis. Confiar en España es optimismo. Confiar en España es realismo”. Confiar en Zapatero. Lo dicho: el vendedor de peines. Y aquel gran veredicto de Tacito sobre el emperador romano Galba: omnium consensu capax imperii nisi imperasset (según la opinión general, apto para gobernar si no hubiese gobernado). Pero Zapatero es solo la mitad del problema con el que España se enfrenta al recibir el nuevo año. La otra mitad se llama oposición.

Tanto Zapatero como Rajoy son esas “típicas figuras democráticas” a las que aludía el filósofo John Dewey, “porque la democracia, por su propia naturaleza, tiende a premiar la mediocridad”. Y si la oposición no da la talla, ¿qué me dicen de la oposición al leal opositor? Inenarrable lo de nuestra excelsa liberal Doña Esperanza Aguirre Gil de Biedma, que a última hora ha decidido modificar la Ley de Cajas de Madrid porque, a lo que parece, Miguel Blesa no le deja meter mano en la caja de la Caja como a ella le gustaría. Y con estos bueyes hay que arar. De modo que relájense, disfruten lo que puedan este fin de año y abróchense los cinturones. Viene curva.

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