Reggio’s Weblog

Sobre el mensaje regio, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Política by reggio on 28 diciembre, 2008

Loa a los años de paz y prosperidad vividos desde la Constitución a esta parte. Parece que los nacionalistas se quejan por el discurso regio, pues no hubo un mensaje explícito de reconocimiento de hechos diferenciales y diferenciados. El nuevo líder de IU, por su parte, pone de relieve la lejanía de los problemas, así como la falta de compromiso. Y, como estaba en el guión, los dos grandes partidos del régimen se muestran encantados con el mensaje navideño del Monarca. Para mostrar su conformidad con las palabras del Rey, aluden a expresiones como «arrimar el hombro» o «tirar del carro». Desde luego, ni al jefe del Estado le pierde su facilidad por la oratoria, ni tampoco los partidos mayoritarios demuestran sentir debilidad por los grandes discursos. (Entre paréntesis: ¿cabría recordar aquí y ahora que la prueba más inequívoca de la decadencia de Roma fue el deterioro que sufrió el latín en aquellos tiempos?)

Lo que más me llama la atención es que, en pleno debate sobre la financiación de las autonomías, metidos de lleno en una polémica resultante de no haber hecho una política de vertebración territorial, ni siquiera se haya apuntado en el discurso regio la conveniencia de mínimos retoques encaminados a la resolución de esa papeleta. Y es que, a estas alturas, tras haberse cumplido 30 años de vigencia de la actual Constitución, entre las muchas cosas que podrían decirse del llamado Estado autonómico, es que las comunidades gobernadas por PSOE y PP vienen a ser una suerte de virreinatos con respecto a sus centros de poder y decisión, mientras que aquellas otras donde lo preponderante son las fuerzas nacionalistas la impresión que da, desde lejos, es que se trata poco menos que de reinos taifas. Para unos, se rompe España. Para otros, sus aspiraciones se frustran. Y, en el medio, están aquellas otras autonomías donde hay coalición entre el PSOE y partidos nacionalistas, que, sobre el papel, serían las más llevaderas, siempre que para las siguientes elecciones la ciudadanía implicada les renueve su confianza. Es una contradicción poder compaginar un criterio de financiación para todo el Estado que no colisione con las exigencias autonómicas de turno.

En cualquier caso, es preocupante que desde el discurso regio ni siquiera se apunte otro pacto constitucional encaminado a resolver el llamado problema territorial. Su necesidad es palmaria a poco que profundicemos en las polémicas políticas de cada día.

Otro asunto abordado por el Monarca, tópicos aparte de buenos deseos contra la crisis, fue la enseñanza o, como quiere llamarse, la educación. Estando sobre la mesa los resultados del llamado «Informe PISA», habiendo constancia pública del deterioro que se sufre en las aulas de Primaria y, sobre todo, de Secundaria, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que, tampoco en este campo, se haya ni siquiera insinuado la necesidad de cambios o reformas. Y ello por no hablar del descontento, más o menos discutible, entre los estudiantes universitarios por lo de Bolonia. ¿Se puede tener confianza en una sociedad cuyo sistema educativo arroja unos resultados tan alarmantes?

Se diría que, a juzgar por el discurso navideño del Rey, estaríamos en el mejor de los mundos posibles, si no fuera por la crisis económica internacional y por el terrorismo. En cuanto a lo primero, es indudable que no sólo se puede combatir desde el ámbito del propio país. Y, en cuanto a lo segundo, es una obviedad que hace falta la unidad de los demócratas para hacerle frente. En todo caso, hablamos de lo esperado, sin previsión de señalar caminos para descubrir Mediterráneo alguno.

Estuvo en su papel al mostrar sus condolencias, tanto a las familias de las víctimas del terrorismo como a las que perdieron seres queridos en misiones militares, como sucedió recientemente. Lo que habría que preguntarse es si es destacable, o digno de encomio, que esté en su papel en asuntos como éstos.

Y, siguiendo con mensajes solidarios, bien está que se acuerde de quienes sufren el drama del paro. Empero, puede que no sobrase un mensaje de apuesta por los más desprotegidos económicamente. Los parados no necesitan pésames, sino voluntades de políticas que los saquen de su drama.

Más de un columnista se ha preguntado, también esta vez, por el margen de maniobra que tiene la institución monárquica en sus discursos, es decir, qué hay en ellos propio y qué hay en ellos que obedece a las directrices del Gobierno de turno.

En cualquier caso, aunque el Monarca no esté muy sobrado de recursos expresivos, alguien podría asesorarle acerca de cómo plantear sugerencias, insinuaciones e inquietudes que pudieran ser captadas por una ciudadanía que, en realidad, está muy acostumbrada a los tópicos que, además, están muy alejados de los compromisos necesarios y verdaderos.

«Tirar del carro», «arrimar el hombro», seguro que unos más que otros. Y, sin palabras, con la foto, el «¡oé, oé, oé!» del triunfo de la Eurocopa.

Yo, si fuera monárquico, me preocuparía.

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