Reggio’s Weblog

‘Gomorra’, ‘Il Divo’ y otras lecciones italianas, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 28 diciembre, 2008

CUADERNO DE MADRID

Recomendación, viva recomendación, para despedir un año que nos ha prometido futuros muy imperfectos: ir a ver Il Divo y Gomorra antes de que suenen las doce campanadas. Una detrás de otra, sin respiro. Ración doble de nuevo realismo italiano.

Quizá sea mejor empezar con Gomorra. Por varios motivos: es veraz, es muy contemporánea, evita la política politizada y no se atreve a dibujar un gran fresco de Nápoles, en plan Bertolucci. No abusa de los tres grandes rasgos de la cultura italiana antes de internet: estética, retórica e historicismo. Y perfora como un cañón el mito de la mafia. Los camorristas napolitanos se cargan a Don Vito Corleone. Los jóvenes Matteo Garrone y Roberto Saviano (el director de la película y el valiente autor del relato original) cogen por la solapa a Francis Ford Coppola y le gritan: ¡la mafia no es una particularidad antropológica, la mafia es el infierno! Coppola fabricó una obra maestra con El Padrino, pero regaló una boina con visera a la Cosa Nostra (coppola se llama precisamente la gorra siciliana tradicional).

Lo explicaré mejor con una anécdota personal. En abril del 2005, la casualidad quiso que me hallase en Palermo el día en que fue detenido Bernardo Provenzano, el jefe mafioso que consiguió vivir clandestinamente durante más de treinta años. La captura se produjo en las afueras de Corleone y allí me encaminé. (“El tipo me ha pedido que le lleve a Corleone a toda prisa…, pero creo que no sabe nada”, dijo en un momento dado el taxista, atendiendo, en dialecto, una llamada del teléfono móvil). Topé, como era de prever, con un denso silencio. La famosa omertà. La misma omertà de los pueblos vascos cuando ETA dispara. A las dos de la tarde, en el bar de la plaza principal de Corleone los parroquianos escuchaban el telediario regional como si estuviesen en el oficio de Viernes Santo. Muchas miradas y ni una sola palabra. Las paredes del establecimiento estaban forradas con imágenes de El Padrino.

Gomorra perfora el mito, rasga el dulce satén de la campiña siciliana (aquí un olivo, aquí una puesta de sol, aquí el mar a lo lejos, aquí un tipo con la escopeta recortada) y recuerda, sin una sola concesión a las retóricas de la política, que mafia es opresión.

Para política, Il Divo. La película de Paolo Sorrentino narra la vida del senador Giulio Andreotti mediante una excelente caricaturización del personaje. Es un Polonia en serio. La interpretación es tan buena, tan intensa, tan agobiante en su perfección, que mitifica definitivamente a Andreotti, en vez de despedazarlo. Porque, a estas alturas, Andreotti es ya invencible. Es un mito alimentado de noche, como Nosferatu, por la pasión de quienes le han combatido durante años creyendo, obsesivamente, que era la encarnación del Mal.

Tratado personalmente, el más longevo y temible de los políticos italianos, el hombre que tuvo que vender su colección de sellos para pagarse la defensa en el juicio por colusión con la mafia (del que fue absuelto por falta de pruebas), no se muestra tan sombrío. Enigmático e inquietante, sí.

En una ocasión le pregunté en Roma qué quería decir con su famosa frase sobre el poder que desgasta a quien no lo tiene (il potere logora chi non c´è l´ha). “Mire -respondió-, creo que fui mal interpretado. Yo quería decir que el político debe entender a la gente. En eso consiste su poder. El político que no comprende a la gente, irremediablemente se desgasta”. Para entender a Andreotti, si es que ello es posible, hay que tener presente un dato. Un dato muy importante: durante la guerra fría, Italia fue el único país democrático de todo el arco mediterráneo, desde Gibraltar hasta el Bósforo. La única democracia en un mar de dictaduras.

Doble sesión sobre Italia, el más genuino laboratorio social de Europa, del que siempre hay que aprender. Doble sesión para acabar de bajar los humos hispánicos. ¿En qué sentido? Estando mal, notoriamente mal, los italianos siguen siendo capaces de construir un discurso universal sobre sí mismos. Aún saben ser protagonistas del mundo.

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