Reggio’s Weblog

¿Recesión ‘L’ o recesión ‘U’?, de Carlos Sebastián en Cinco Dias

Posted in Economía by reggio on 27 diciembre, 2008

El informe del FMI sobre España especula con la posibilidad de que la recesión española tenga forma de L, es decir que se mantengan tasas negativas de crecimiento o muy bajas durante bastantes años. La alternativa sería una forma de U, es decir tasas negativas durante un periodo de entre 6 y 10 trimestres. Porque la forma de V hay que descartarla, pese a la predicción que hemos oído de que en marzo se estará creando empleo, predicción expresada por quién debería combatir el pesimismo general de una forma diferente.

Hoy por hoy, parece probable que se produzca un híbrido de las dos formas: tasas de crecimiento prácticamente negativas durante 8 o 10 trimestres (en 2008 ya hemos tenido 2) y recuperación posterior convergiendo a tasas no superiores (más bien inferiores) a los de la Eurozona y, por tanto, bastante más bajas de las de la década que terminó en 2007. Mientras que sigamos divergiendo en productividad sólo podremos crecer por encima de la UE, o al menos hacerlo de forma sostenida, mediante procesos de cierta artificialidad y dudosa robustez como el vivido en la mencionada década.

La necesidad de las que se denominan reformas estructurales es tan evidente como la incapacidad de los Gobiernos (éste y los anteriores) y de la sociedad española en su conjunto de ponerlas en marcha. Hay que reformar las Administraciones Públicas y la Justicia (cuyo mal funcionamiento es una traba para la actividad empresarial), hay que reducir las conductas irregulares (que estrangulan a los innovadores y consolidan a los ineficientes), hay que reformar los mercados de bienes y servicios (mejorando la competencia), hay que mejorar las infraestructuras públicas, hay que avanzar en la mejora de la educación y hay que reformar el mercado de trabajo. En éste último es en el que más se insiste, cuando dista mucho de ser la única prioridad y cuando su reforma es más difícil emprender en épocas como las actuales. Una menor protección al ocupado, quizá a cambio de mejorar la protección al desempleado, y una mayor flexibilidad de contratación serían deseables. Y, desde luego, una más flexible negociación colectiva. Pero esta última modificación está bloqueada por los aparatos de las organizaciones empresariales y sindicales, en una nueva manifestación de que los intereses de los representantes no siempre coinciden con las de los representados (ni con los de la sociedad en su conjunto).

La magnitud de las reformas necesarias las hace sólo abordables desde el consenso. Y el consenso no significa solamente acuerdos de los grandes partidos. Significa acuerdo de la sociedad, al menos, sobre la necesidad de las reformas. El rápido crecimiento de la década recién terminada y el triunfalismo de los líderes políticos (solamente cuando están en el poder, claro) han impedido que se desarrollara ese sentimiento de necesidad de las reformas. Y sin él es difícil hacer más que parchear con cambios normativos insuficientes.

Pero volvamos a la recesión. La recuperación española necesita la recuperación europea y ésta necesita de unas acciones políticas algo más decididas y coordinadas. La política monetaria tiene aún un cierto recorrido: los tipos pueden bajar algo más y el BCE puede imitar al FED en su plan de inyectar liquidez mediante la compra de todo tipo de títulos (incluida deuda pública). Está claro que la preocupación de la Reserva Federal es la deflación: con una economía real en recesión y un nivel de endeudamiento enorme, una deflación podría conducir a una profunda depresión, pues la caída en los precios induciría a las empresas a reducir aún más su actividad y el valor real de la deuda aumentaría haciendo más costoso el ajuste. Las ‘operaciones de mercado abierto’ que anuncia la FED ayudarán, además, a evitar que los tipos de interés a largo aumenten, como consecuencia de la emisión masiva de nuevos títulos para hacer frente a la financiación de todas las medidas que se están llevando a cabo y que se anuncian. Y tendrán como consecuencia una sustancial depreciación del dólar, lo que afectará negativamente a la zona Euro. Una razón más, quizá, para hacer una política similar en Europa.

Pero la política monetaria actúa de forma bastante asimétrica. Por lo que en el actual contexto de enorme incertidumbre un nivel muy bajo de los tipos y las inyecciones de liquidez pueden no resultar, por si mismos, muy operativos. Cuando el reestablecimiento de la solvencia bancaria y las inyecciones de liquidez pongan a los bancos en disposición para prestar, la economía real (seriamente dañada por la caída de la demanda y por la interrupción durante muchos meses de los flujos de crédito) no estará en condiciones de demandar crédito. Por eso la política fiscal es importante. Y en Europa debería de conseguirse una acción más coordinada.

Paradójicamente, en todo el mundo sería bueno un cierto grado de inflación que redujera el valor real de las deudas para que el ajuste se hiciera antes en todas las economías. Eso justificaría una política monetaria tan laxa como la que hemos comentado (que debería tener previsto el plan de ajuste a la baja de la masa monetaria para cuando la situación mejore). Y podría ser el momento de sustituir presión fiscal directa (sobre personas y sobre pymes) por presión fiscal indirecta sobre el uso de combustibles fósiles, lo que contribuiría a mantener los precios, pero, sobre todo, porque el control de emisiones de gases invernadero no puede esperar.

Carlos Sebastián. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid.

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