Reggio’s Weblog

El barrido, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 26 diciembre, 2008

AL ABORDAJE

Al Aznar que salió del poder nos habría cabido imaginarle como un alma en pena, un no-muerto político. El que revisaba en el último búnquer mapas desfasados, como lo describió Umbral en uno de sus postreros fogonazos de ingenio. O el que, al sonar la aldaba, abría el portalón de FAES vestido con el batín y tocado con el moño oriental con los que el Drácula de Gary Oldman recibía a las visitas en el castillo transilvano.

Lo que no suponíamos es lo que últimamente denuncia el Gobierno. Que el palacio de la Moncloa está embrujado como el de Canterville. Que por sus pasillos pasa Aznar arrastrando una bola. Y que tienen lugar fenómenos paranormales de los que reclaman el interés de los estudiosos de los poltergeist. No es que se muevan vasos en la cocina pero, cinco años después de la victoria electoral socialista, todavía desaparecen documentos fundamentales porque una mano procedente del más allá hace misteriosos barridos informáticos.

Se está haciendo largo el tránsito de Aznar hacia la historia, hacia la galería de retratos de las reinas madre de la democracia a la que incluso el mismo Felipe ya se ha resignado. Ocurre en parte porque lo prolonga el propio Aznar, empeñado en corregir lo que señaló su dedo índice cuando designó al sucesor. Pero también porque el Gobierno muestra un interés casi obsesivo por conservarlo entre nosotros como un personaje de actualidad. Las filtraciones sobre los vuelos de la CIA, que no son precisamente noticias frescas, y la ocurrencia del barrido informático constituyen intentos de mantenerlo atrapado en titulares para que no se escurra hasta la posteridad, donde las faltas que un hombre cometió en su tiempo son indultadas o al menos cauterizadas por la distancia: Felipe y el GAL. A Zetapé le conviene la vigencia de Aznar porque a cualquier gobierno lo hace bueno la comparación con un personaje tan vapuleado, del que apenas se recuerdan los aciertos de la primera legislatura pero sí la megalomanía de la última hora y el paseíllo en Azores.

Y porque Aznar es el comodín parlamentario que permite eludir sin contestarlas las preguntas más incómodas que delatan a un Gobierno ya doblado por el peso de muchos fracasos. Aznar representa la posibilidad de culpar de un pasado a una generación que no lo tiene, la que acaba de saltar en el PP alrededor de Rajoy. Aznar permite usar el desgaste de poder contra un partido que no está en el poder. Por eso no le permitirán ir disolviéndose en la historia, sino que le seguirán inventando errores de los que no hubo noticia en cinco años para que al oír la palabra Aznar, como en un reflejo pavloviano, el PP siga percibiéndose como el partido de la guerra, de los pies sobre la mesa de Bush y del 11-M.

© Mundinteractivos, S.A.

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