Reggio’s Weblog

Miedo al contagio griego, de Jean-Marie Colombani en El País

Posted in Política by reggio on 23 diciembre, 2008

El miedo al contagio griego ha conducido al Gobierno francés a aplazar la reforma de los institutos. La presencia de cada vez más manifestantes -y muy jóvenes- en las calles de las ciudades, el estallido de un número creciente de incidentes provocados por unos manifestantes que buscan el enfrentamiento, y las imágenes de los tumultos de Atenas circulando en bucle por Internet, son algunos de los elementos que han llevado al presidente Nicolas Sarkozy a pedir que por el momento se posponga la reforma.

A decir verdad, este temor a una explosión existe también en Italia -que acaba de salir de dos meses de manifestaciones y movilizaciones contra la reforma de la escuela-, donde hay un profundo malestar entre la juventud; e incluso en una España en vías de adaptación a las normas europeas cuyo Gobierno teme un levantamiento en masa de los estudiantes.

El temor al estallido de un movimiento amplio existe pues tanto en París como en Roma y en Madrid. Ahora bien, en nuestros países democráticos, es imposible controlar este tipo de movimientos con los medios policiales clásicos, a no ser a costa de granjearse la hostilidad de toda la población. Hay que hablar, explicar, convencer. Es lo que va a intentar hacer el Gobierno francés.

Lo cierto es que, sin detenernos en los problemas específicos del contexto griego -corrupción, estado desastroso de la educación, Gobierno pusilánime-, existen factores comunes que alimentan el profundo malestar de la juventud. En todas partes existe, en efecto, una especie de ruptura generacional que coloca a las generaciones activas ante su responsabilidad con las generaciones por venir.

Esos factores son numerosos. He aquí algunos de ellos. Para empezar, hay un abismo entre el poder de compra de los asalariados de 50 años y el de los de 30 Hace tres décadas en Francia, la diferencia era del 15%; ahora es del 40%. En los países latinos se habla de los mileuristas en referencia a unos salarios que son la única perspectiva de unos treintañeros diplomados a los que, precisamente, sus diplomas hubieran debido garantizarles unos empleos mejores y más cualificados. Es sin duda el factor más importante de la fractura generacional.

A los jóvenes cada vez les piden más diplomas para acceder al mercado laboral. Al final de una larga carrera universitaria descubren que, después de tantos esfuerzos, no tienen otra perspectiva que aceptar empleos subcualificados en relación con su nivel de estudios.

A esto se añade la práctica paralización de las oportunidades de ascenso social. Desde ese punto de vista, la generación que tenía 20 años en 1968 fue privilegiada; conoció una inserción inmediata en el mercado laboral y un ascenso rápido tanto en términos de carrera como en términos de poder de compra. Hoy, la inserción es tardía y deja poco margen para las perspectivas rápidas. También sabemos que tanto la cuestión de las pensiones como la del endeudamiento representan una carga para las generaciones futuras que la generación en el poder se niega a pagar y recae pues sobre las próximas. Éstas son algunas de las cuestiones subyacentes a las manifestaciones que se están produciendo.

Hay que añadir que en Europa se ha levantado por casi todas partes un viento de radicalidad, especialmente en la extrema izquierda, con aspiración a la violencia -cuyo origen se puede datar en torno a la cumbre altermundialista de Génova, violentamente reprimida-. Es un fenómeno que tiende a cobrar amplitud. Y que es casi mecánico desde el momento en que se combinan la renovación de la crítica anticapitalista, alimentada por los sobresaltos, a veces asombrosos (caso Madoff), de la crisis financiera y la presencia de un Gobierno de derechas (Sarkozy, Berlusconi) que permite polarizar la crítica. En Alemania, la tentación de la violencia resurge alrededor del rebrote antinuclear. Sólo cabe incitar a los Gobiernos a la prudencia y la vigilancia. Deberían tener presente que, como decía Mao Zedong, “una sola chispa puede incendiar la pradera”.

Traducción: José Luis Sánchez-Silva.

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De fraudes, timos, timadores y timados, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía by reggio on 23 diciembre, 2008

En un timo, ¿tiene alguna responsabilidad el timado o toda la culpa es del timador? ¿Y en los casos de fraude? En todo caso, ¿tienen alguna responsabilidad las autoridades públicas? Aunque sutiles, hay diferencias entre timos y fraudes financieros que han de tenerse en cuenta a la hora de las responsabilidades. El caso Madoff se acerca más al timo. El caso de Lehman Broder’s, al de fraude. Veamos.

Desde pequeño mis abuelos me previnieron contra el timo. Continuamente, me recordaban que “en ningún lugar dan duros a cuatro pesetas”, y que debía ir al tanto cuando me ofreciesen una ganga. Supongo que lo que pretendían era advertirme de que si me timaban, la culpa también sería mía.

Un timo requiere una cierta complicidad o colaboración entre timador y timado. Ambos saben que cada uno está intentando aprovecharse del otro.

El timador ha de tener dotes de gran embaucador, de mago financiero capaz de engañar prometiendo cosas que no son posibles. Lean estos días las descripciones de las habilidades sociales de Madoff. Sabía que estaba timando. El primer agente del FBI que le fue a interrogar a su piso de Nueva York le preguntó si había alguna explicación inocente. Madoff fue transparente: “No, no hay nada inocente”.

Por su parte, el timado acostumbra a estar animado por el deseo -si quieren, llámenle codicia- de participar en una ganga a la que pocos tienen acceso. De una u otra forma sabe que hay algo que no está del todo claro. Pero se deja seducir por las habilidades y las promesas de elevadas rentabilidades.

¿Cómo una persona razonable le puede confiar su dinero a alguien que, haga frío o calor, vaya bien o mal la economía, le ofrece año tras año el 10% o el 15% de rentabilidad, algo que ninguna otra inversión, ya sea industrial o financiera, no es ni de lejos capaz de dar? Sólo si él también intenta aprovecharse. Miren como describía el editorial de El País Negocios de este domingo pasado los motivos por los que los inversores de Madoff se dejaron embaucar: “La razón no puede ser otra que la presunción por parte de esos inversores de que Madoff disponía de ventajas específicas, no todas ellas conseguidas con juego limpio, sino asociadas a su imagen de gran insider derivada de su antigua posición frente a Nasdaq. De connivencia, también exclusiva, con algunas instituciones”.

Pero, ¿cómo es posible que conociendo cómo funciona este tipo de estafas financieras, basadas en el modelo de Ponzi o de la pirámide, haya gente que sigue cayendo en ellas, ya sean pobres o ricos? Quizá porque la codicia acostumbra a dominar sobre el sentido común, y porque las pasiones humanas no distinguen entre pobres y ricos. Doña Branca de Portugal fue el timo de los humildes en el país vecino. El nuestro, el de Fórum Filatélico, de pequeños ahorradores. El de Mr. Madoff es el timo de los más ricos y sofisticados inversores del mundo. Este tiene más impacto mediático porque afecta a gentes con glamour y permite comprobar que los ricos también lloran.

Contra el timo poco se puede hacer. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Pedir a las autoridades que lo eviten es como pedirles que la gente deje de creer en la magia y en los milagros. Es imposible. Siempre habrá gentes dispuestas a dejarse embaucar.

Pero el caso Madoff no debería llevar a regular excesivamente los instrumentos de inversiones de alto riesgo. Es bueno que los grandes inversores que quieran arriesgar una parte de su fortuna lo puedan hacer. Muchas de las innovaciones de las que hoy todos nos beneficiamos, como Internet, no habrían sido imposibles sin esos instrumentos. Si les sale bien, gozarán de las mieles del éxito. Pero, a cambio, si pierden, tendrán que llorar en silencio el fracaso sin pedir el socorro público. Ése es el juego.

Sin embargo, hay que separar al gran inversor de riesgo del pequeño y mediano ahorrador que deja su dinero a instituciones financieras para que lo inviertan en su nombre, instituciones en las que confía por estar supervisadas por organismos públicos y privados. Aquí entramos en el terreno del fraude financiero y de las conductas contrarias a la ética que debe imperar en una economía basada en la confianza. La solución no puede ser la misma.

A diferencia del timo, el fraude se produce cuando en un contrato una de las partes abusa de la confianza y la buena fe de la otra eludiendo el cumplimiento de alguna obligación legal; o cuando los encargados de vigilar y supervisar la calidad de los productos no lo hacen. En el caso Madoff da la sensación de que también ha habido elementos fraudulentos de este tipo. De una forma más clara, eso es lo que ha ocurrido con Lehman Broker’s y otros caos que hemos visto y que probablemente aún nos quedan por ver.

¿Cómo es posible que nadie se haya enterado de nada? ¿Es sólo un problema de mala regulación o es que ahora hay menos ética en los negocios? Sucede que en las últimas décadas se ha desarrollado una nueva economía del fraude que tiene mucho que ver con los nuevos mecanismos de retribución variable de los altos ejecutivos y personas implicadas en la supervisión (auditoras, agencias de calificación de riesgo, etcétera). Con esos mecanismos, cuando más ética menos se gana. La ética tiene ahora un coste económico. Pero al renunciar a la ética por los ingresos muchas de esas personas no tienen conciencia de estar defraudando. Desde la perspectiva del que lo hace, se trata de un fraude inocente. Aunque no por ello menos dañino para la confianza económica.

Es difícil pensar que podamos mantener los niveles de desarrollo que hemos alcanzado si continua esta economía del fraude inocente. Pero de esto hablaremos en otra ocasión.

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¿Fin de año o fin de época?, de Víctor de la Serna en El Mundo

Posted in Medios by reggio on 23 diciembre, 2008

HOJEANDO  ZAPEANDO

Se desgranan las últimas horas de este año infausto de 2008 y, en el mundo de la prensa, las noticias son quizá un poco peores todavía que en la mayoría de los sectores de actividad: situación económica límite tras el colapso de los ingresos publicitarios (que coloca totalmente contra las cuerdas a ese fenómeno reciente y para algunos esperanzador: el periódico gratuito), un histórico que cierra en Estados Unidos (el Christian Science Monitor), un prestigioso grupo de diarios que se declara en quiebra (el que edita el Los Angeles Times y el Chicago Tribune)… En fin: que comprenderán que los periodistas nos estemos preguntando si el mundo de la comunicación, al menos bajo la forma en que lo hemos conocido, no habrá llegado a su final.

En estas andamos cuando nos llega la noticia de la muerte de W. Mark Felt, el ex agente del FBI que hace 35 años fue guiando, como el tan misterioso como celebérrimo Garganta profunda, a dos jóvenes reporteros del Washington Post por el laberinto del caso Watergate hasta su clímax: la dimisión de Richard Nixon. El que entonces era redactor jefe de local y, por tanto, superior directo de Woodward y Bernstein (y luego director muchos años del diario, hasta su jubilación este mes de septiembre), Len Downie, ha publicado unas reflexiones que habrán podido leer en esta misma página el domingo, bajo el título de ¿Podríamos descubrir hoy el ‘Watergate’?. En esta tesitura pesimista, su lectura nos parece obligada…

Aquí, en EL MUNDO, lo veíamos más bien con optimismo, al resaltar en la entradilla que Downie «asegura, tras la muerte de Garganta profunda, que los medios actuales sí podrían destapar un caso como el que acabó con la carrera política» de Nixon. Pero algunos vemos más ambivalencia, mayores dudas en el texto del ex director del Post. Particularmente aquí:

«En el mundo de los medios de comunicación de hoy, aquejado de cacofonía, en el que las noticias, los rumores, las opiniones y la combinación de información y espectáculo, procedentes de cualquier tipo de fuente, se entremezclan alegremente y, en muchos casos, se presentan indiscriminadamente, ¿cómo podría llegar a comprobarse una información que suena tan improbable? Ahora que las redacciones pierden efectivos a gran velocidad, ¿contarán todavía con recursos, laboriosamente acumulados por los periódicos desde el Watergate, para el periodismo de investigación, que exige meses e incluso años de trabajo constante?».

Los recursos humanos y económicos están más que en entredicho, en efecto. Y más preocupante aún resulta la pérdida de referencias y de credibilidad que con la explosión de internet ha significado -el reverso negativo de esa su estupenda democratización- la multiplicación de voces incontroladas, que se entremezclan con las de los medios profesionales e informativos para dejar al ciudadano en pleno desconcierto. Más que la crisis económica, la crisis de la profesionalidad amenaza hoy la subsistencia de la información veraz.

© Mundinteractivos, S.A.

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La ‘o’ con un canuto, de David Torres en El Mundo

Posted in Sanidad by reggio on 23 diciembre, 2008

A DIESTRA Y SINIESTRA

Uno ha hecho la carrera de Filología pero no ha sido hasta ayer que, gracias al Ministerio de Sanidad, se ha enterado de una figura retórica con nombre de enfermedad degenerativa. El lipograma vocálico (recurso poético particularmente idiota que consiste en la formación de palabras que contienen una sola vocal) es el esqueleto que sostiene el hip hop con el que Bernat Soria advierte a los chavales que se encasqueten el condón antes de pasar a mayores.

La vocal elegida ha sido la o, letra cuya grafía es la descripción de un hoyo y cuya pronunciación supone un convite a la felación. Si uno pronuncia una o cuidadosamente se queda con cara de muñeca hinchable. La o es una letra gorda, la señorona de las vocales, y su evidente redondez evoca lo que precisamente se trataba de evitar: el bombo, el follón. Aparte de estos motivos subliminales, la canción ha sido muy criticada pero hay que admitir que, una vez oída, resulta perfecta no tanto para fomentar el uso de anticonceptivos como para predicar la abstinencia total. A cualquiera que la oiga no se le levanta en tres días.

No sabemos cuántos euros de esos 2.200.000 que se ha gastado el Ministerio en la promoción de semejante castaña han ido destinados al engorde y cría del compositor, pero todo lo que pasase de dos hostias bien dadas sería un dispendio y un disparate. Hace falta valor para que ahora venga un tío barbudo con la gorra enroscada a tornillo y diga que encima se la han fusilado los tíos del Ministerio, como si la castaña en cuestión fuese el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler.

El planteamiento, no obstante, es curioso porque permite una profunda indagación sobre los mecanismos de la producción artística. O dicho de otro modo: ¿se puede plagiar una boñiga? Ya sabemos que el hip hop, como su nombre indica, no es música, sino gimnasia de colutorio y grito de ánimo circense, pero ¿puede haber en el mundo dos letristas tan cerriles y tan inasequibles a la armonía como para que ambos se refieran a la ceremonia nupcial con la misma expresión rematadamente imbécil y monárquica de «yo no corono rollos»? Más aun: ¿cómo se puede perpetrar un lipograma vocálico con la letra o y esquivar reiteradamente adjetivos como «sordo», «bobo» o «tonto’l bolo», cuando tan a mano los tenían?

El rapero Nach (tan ingenioso que hasta se ha decapitado la o del nombre) anuncia que va a denunciar el robo ante la SGAE, lo cual da la exacta medida de furor reivindicativo del rap en general y del rapero Nach en particular. La agencia contratada por el Ministerio ha contraatacado iniciando una demanda contra el lipogramador vocálico y asegurando que son muy capaces de lipogramar una boñiga ellos solos. Que ni siquiera les hace falta el canuto.

© Mundinteractivos, S.A.

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Obama: ¿cambio de rumbo? (1), de Fawaz A. Gerges en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 diciembre, 2008

Aunque ahora conocemos a los principales responsables del equipo de Obama encargado de la seguridad nacional, no conocemos aún sus prioridades en política exterior. Al decidirse por un equipo de centroderecha, el presidente electo envía múltiples mensajes tanto a su propia casa como al extranjero. Una vez situadas figuras propias del establishment al frente de la seguridad nacional, resulta improbable que se produzcan experimentos radicales o un cambio paradigmático de la política exterior estadounidense.

Estados Unidos volverá a utilizar la brújula del realismo que guió sus relaciones internacionales desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el 11-S del 2001: vuelta a la razón de Estado y el poder de persuasión con énfasis simbólico en los derechos humanos y el imperio de la ley y el derecho.

La política exterior de Obama será una prolongación de la política de la Administración Clinton.

La ironía del caso radica en que el candidato presidencial cuyos lemas de campaña aludieron a un “cambio esencial” se ha rodeado de consejeros y asesores que tienen por lema la continuidad.

Obama es demasiado inteligente y políticamente astuto como para no advertir la tensión existente entre las promesas que hizo durante la campaña de las elecciones presidenciales y el carácter conservador de su equipo económico y de seguridad nacional. En una reciente conferencia de prensa, el presidente electo defendió sus decisiones diciendo que izará la bandera del cambio en la Casa Blanca y será su motor y guía.

“Entiendan -puntualizó Barack Obama a los periodistas- de dónde procede principalmente la visión del cambio. Procede de mí. Este es mi trabajo, aportar una visión de adónde vamos y asegurar, acto seguido, que mi equipo la pone en práctica”.

En otra conferencia de prensa en la que presentó a su antigua rival en la campaña electoral, Hillary Clinton, como secretaria de Estado y dio cuenta de su decisión de mantener en el cargo a Robert Gates como secretario de Defensa y nombrar al general de la Armada retirado James Jones consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el presidente electo trató de tranquilizar a algunos de sus seguidores más fervorosamente progresistas. “Entiendan -recalcó Obama-, yo marcaré como presidente el rumbo político. Seré el responsable de la visión que este equipo ponga en práctica y confío en que así proceda una vez adoptadas las decisiones”.

Obama tiene razón. Como presidente, su responsabilidad fundamental se cifra en aportar visión y guía a su gobierno y administración, aunque topará con opciones políticas presentadas por los secretarios de Estado, Defensa y Tesoro y el consejero de Seguridad Nacional.

El peligro estriba en que la visión de Obama se diluya entre intereses rivales en el seno de su equipo.

La crisis de Oriente Medio es el ámbito en el que la visión de Obama podría representar una diferencia crucial en el empeño de restablecer el poder y el prestigio de Estados Unidos. Pero ¿será realmente innovador Obama, contribuyendo al logro de un amplio acuerdo árabe-israelí y rompiendo la barrera psicológica entre musulmanes y judíos y musulmanes y occidentales? O, por el contrario, ¿se centrará en los acuciantes retos que Estados Unidos afronta actualmente en Iraq, Afganistán, Pakistán e Irán?

Para el presidente electo, Iraq es importante por razones de orden simbólico y personal (se opuso a la guerra y durante la campaña presidencial prometió varias veces retirar la mayoría de las tropas estadounidenses en un plazo de 16 meses) y por necesidades de tipo económico. Estados Unidos gasta alrededor de 148.000 millones de dólares anualmente en Iraq, una suma asombrosa tratándose de una economía abrumada por la recesión que busca fondos con urgencia para financiar sus grandes proyectos de recuperación económica y pagar el gasto creciente del conflicto afgano-pakistaní.

Sin embargo, acabar con la misión militar estadounidense en Iraq no modificará de modo espectacular el panorama de la región ni solucionará los aprietos que arrostra la seguridad de Estados Unidos en el mundo islámico.

De forma similar, volver atrás en materia de un compromiso más activo en Afganistán es una senda erizada de peligros. Como descubrieron con retraso grandes potencias, Afganistán es una trampa mortal que frustró sus aspiraciones imperiales y abocó al declive. Estados Unidos, en definitiva, debe disminuir el nivel de su compromiso militar y apoyarse en una fórmula de alcance regional para estabilizar este país desgarrado por la guerra. Diversas declaraciones del equipo de seguridad nacional de Obama reconocen que no existe solución militar en Afganistán ni en Pakistán, como los responsables del Pentágono reconocen actualmente.

¿En dónde puede radicar el talante innovador de Obama con respecto al mundo musulmán? ¿Cómo puede propinar un KO a Al Qaeda y al extremismo en general reforzando al tiempo las fuerzas moderadas y progresistas en la región?

FAWAZ A. GERGES, de la cátedra Christian A. Johnson de Oriente Medio, Sarah Lawrence College, Nueva York. Autor de ´El viaje del yihadista: dentro de la militancia musulmana´, Ed. Libros de Vanguardia.

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Las conexiones y los mitos, de Baltasar Porcel en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 23 diciembre, 2008

El sábado decía a los políticos que no se preocupen por las urnas, porque pase lo que fuere la ciudadanía estos últimos años parece asentada en un voto gracioso y apático. Y es que no obstante la democracia, apenas fue educada sobre la dimensión gubernativa y social de la ideología y los partidos, y de pronto ante unos vuelcos excesivos perdió el sentido de la conexión entre los hechos y las palabras.

Fue cuando la derecha española, confundiendo sus casposas ínfulas con la realidad, quiso convertir un terrible drama en traca fallera. A la par que el catalanismo primero vio en ella a su aliado, y después, escaldado, la cambió por la izquierda indígena y ajena, imaginando que la soberanía se alcanzaba discurseando. Yahí han participado en la desorientación los políticos armando un guirigay inútil y banal, y muchos medios de comunicación que lo han magnificado, más afines al famoseo que al análisis. O sea, que estamos ante una epidérmica espuma, de resonancias más míticas que efectivas, si no se limita al mero negociete. Y en la que, por ello, cuentan más las adhesiones feudales que la eficiencia profesional.

Así, para mucho catalanista lo básico es cuanto uno charle, un nominalismo ortodoxo acorde a un legitimismo teórico, ajeno al resultado que con él se obtenga, y en el que priva más el Onze de Setembre que el inédito país actual, que triplica su población con la inmigración española y extranjera. Y lo mismo pasa con la doctrina de la izquierda, que va siendo digerida como un axioma casi extraño a cualquier exigencia práctica, que ni recuerda que fue marxista y que runruneando capitalista sólo cultiva demagogias. Con la derecha en idéntica tesitura, y además encantada remedando el garabato valleinclanista. Por fin, ahí queda el españolismo, casi sólo entendido por sus cofrades como imposición confundida con su honor, y que así tuvo en el fascio su mejor tono. Todo lo cual gusta más a sus usuarios cuanto más radical se expone.

Disfunciones estas que liberan de responsabilidad a unos y de coherencia a otros. De ahí que, pese al barullo y a los problemas, se produzca este cuadro de tranquilidad y bienestar en ciertos niveles españoles. Salvo para quienes, asalariados o patronos, no pueden pagar los créditos bancarios. O sea, que las cosas van así, no que vayan bien.

La situación patentiza cuanto ocurre: apenas se toman medidas correctoras, aunque se voceen, y si hay quiebras y despidos pues el domingo las mitiga el fútbol televisivo. Y la oposición denuncia con tino, pero sin suscitar adhesión, carece de entidad para esperanzar y remodelar. Así, España cuenta poco en Europa, y en el mundo según se vio en Washington, se ve en Latinoamérica y el Magreb. Es sentada sólo de oficio a la mesa, pero se sonríe en su espejo. Y Catalunya como Vicente, con la gente.

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El continente, aislado, de Federico Durán López en Cinco Días

Posted in Derechos, Laboral by reggio on 23 diciembre, 2008

La semana pasada, el Parlamento Europeo rechazó, por amplia mayoría, la propuesta de Directiva aprobada por el Consejo de Ministros de Trabajo, relativa a la ordenación del tiempo de trabajo, popular e injustamente conocida como la ‘Directiva de las 65 horas’. En un terreno que se presta fácilmente a la demagogia, y que permite, a quienes tengan un poco de desparpajo, innumerables ejercicios de simulación para aparecer ante la opinión pública como adalides del progreso social, es difícil defender una propuesta como la que formuló en su día el Consejo. Ya lo hice, sin embargo, en estas mismas páginas (17 de junio de 2008), tratando de aclarar los planteamientos de la Directiva que no era, ni mucho menos, una norma dirigida a ampliar la duración máxima de la semana laboral, de 48 a 65 horas.

No voy a insistir en ello. Solo recordar que lo que se pretendía era, por una parte, introducir mayor flexibilidad en la ordenación del tiempo de trabajo, prestar más atención, por otra, a las necesidades de conciliación de la vida personal y laboral, y permitir, por último, atender a las peculiaridades organizativas de determinadas empresas y determinados trabajos. En este último sentido, si la duración máxima de la jornada semanal de trabajo se mantenía, como regla general, en 48 horas, incluyendo las extraordinarias, se trataba de permitir, en aquellos supuestos en que la prestación laboral incluye determinados periodos de inactividad (el ejemplo típico es el de las guardias médicas), que la jornada semanal pudiera llegar a 60 horas o, si dicho tiempo de inactividad se considera tiempo de trabajo, a 65. Todo ello, siempre que una ley nacional, o un convenio colectivo lo permitiera, y previa aceptación voluntaria del trabajador afectado, aceptación rodeada de garantías de todo tipo.

Es fácil, sin embargo, reducir el tema a una burda pretensión de ampliar la jornada semanal hasta las 65 horas. Y hecho eso, es más fácil aún bramar contra la falta de sentido social de los países y de las instituciones europeas. Es lógico, por lo demás, que el Parlamento Europeo, en su perpetua crisis de identidad (puesto que forma parte de un engranaje institucional en el que, en realidad, las competencias legislativas no le pertenecen), aproveche ocasiones como esta para reivindicar la voz de los ciudadanos, y el sentido social, frente a la insensibilidad de las instancias comunitarias.

A esto quiero dedicar mi reflexión, porque creo que se ha sobreactuado y se ha rozado el esperpento. Primero, porque los portaestandartes, en esta batalla, han querido identificar en Inglaterra el enemigo a batir. Se trataba no solo de tumbar la Directiva (apoyada, por lo demás, por los países centrales de Europa, Francia, Alemania e Italia), sino también de que el llamado ‘modelo social europeo’ prevaleciera, y consiguiera llevar por el buen camino a los ingleses. Por ello, se insiste en la necesidad de terminar con el actual opting out, en el que los Gobiernos ingleses (incluidos los laboristas) se han refugiado para evitar que las rigideces laborales que habían conseguido ‘expulsar por la puerta’, se les colaran otra vez ‘por la ventana’ gracias a las normas europeas. Hemos asistido a verdaderas lecciones de progreso social dirigidas a los ingleses, poniendo de manifiesto que, como ya he dicho en alguna otra ocasión, cualquier conservador europeo es más social que un socialista inglés.

Es más, se ha querido recordar, no sin cierta condescendencia, a los ingleses, que aquí están en juego, además, cuestiones tan trascendentales como las relativas a la seguridad y a la salud laborales. Y esto lo hacía, sin ningún rubor, un europarlamentario español al que sin duda hubiera puesto en un aprieto quien le recordase las tasas de siniestralidad laboral existentes en España y las comparase con las inglesas. Son detalles sin importancia. Se trataba de quebrar la orgullosa singularidad de los británicos, que, con un Gobierno laborista, se empeñan en seguir apostando por la flexibilidad laboral y la adaptabilidad empresarial. No pude evitar que me viniera a la cabeza la famosa anécdota del parte meteorológico de una emisora inglesa: tormenta sobre el Canal de Mancha, el Continente aislado.

Pues sí, el continente está aislado, y corre el riesgo de aislarse todavía más, recreándose en su decadencia y plantándose orgulloso en una especie novedosa de ‘no nos moverán’ (ni los vientos de la globalización ni los cambios económicos y sociales cada vez más rápidos e intensos). No puedo dejar de sentir una cierta sensación de tomadura de pelo cuando veo a ilustres patricios españoles olvidar que estamos a la cabeza del desempleo en Europa, con más de tres millones de parados y camino de cuatro, con las tasas más elevadas de toda la Unión, con ritmos abrumadores de destrucción de empleo (mientras, a pesar de la recesión, aún se sigue creando algo de empleo en el ámbito europeo), e impartir lecciones de compromiso social y de defensa de los derechos sociales.

Deberíamos dejarnos de tanto fuego de artificio y de tanto recrearnos en nuestras propias faenas dialécticas, y afrontar de verdad los cambios que tanto en el terreno económico como en el social resultan necesarios para evitar unos costes sociales tan dramáticos como los que estamos padeciendo. Siquiera sea porque algún día los millones de desempleados pueden empezar a hartarse de la protección social que reciben en su particular tragedia, y a exigir el respeto de sus derechos mucho más allá de la mera percepción de un subsidio.

Federico Durán López. Catedrático de Derecho del Trabajo. Socio de Garrigues.

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Carta abierta a D. Miguel Ángel Fernández Ordóñez, de Roberto Centeno en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 23 diciembre, 2008

Estimado D. Miguel Ángel:

He leído con interés, su primera entrevista desde que ocupa el cargo, publicada el domingo por el diario El País, y coincidiendo  con  sus afirmaciones genéricas, me resultan asombrosas sus afirmaciones y sus silencios referidos a nuestro país. Y antes de nada vayan por delante dos aclaraciones, la primero que le considero un buen profesional, algo que no se puede decir de ni uno solo de los responsables económicos del gobierno, que en su mayoría, no estarían ni de botones en ministerios similares en ningún otro país,  de ahí mi sorpresa, como otros profesionales de la economía confiesan en privado, que su ideología política, haya pasado por encima del análisis veraz de la realidad. La segunda, que no pretendo hacer “populismo”, como Ud gusta decir,  algo sencillísimo sin más que relatar la cronología de hechos y dichos, sino tratar de identificar, en la forma más  constructiva posible, donde estamos y que podemos hacer para evitar el desastre que se nos viene encima.

Afirma Ud, “ los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan”, no podría estar más de acuerdo, pero hay un problema, meter en el mismo saco a consumidores, empresas y bancos, como si todos fuesen culpables por igual, no sólo es ofensivo para consumidores y empresarios, simplemente es falso.  Los consumidores no consumen porque ha bajado su renta disponible, porque está subiendo brutalmente la presión fiscal, particularmente en CCAA y Ayuntamientos, porque están en el paro o temen estarlo, los empresarios no contratan porque apenas pueden sobrevivir, y los inversores lo mismo. Pero quien tiene la culpa, primero es el Gobierno, el peor desde la guerra civil, cuyas medidas son una chapuza tras otra, sin una estrategia definida y coherente, con unos Presupuestos delirantes que van justo en sentido contrario a lo que se necesita, mintiendo sin límite y ofreciendo un dinero que no existe a todo bicho viviente. Pero después y fundamentalmente, los bancos, que al acumular liquidez, y Ud lo sabe mejor que nadie, están destruyendo vía multiplicador del crédito – cada 1000 euros acumulados destruyen 9.200 – una parte sustantiva de la oferta monetaria, con efectos devastadores sobre familias y empresas.

Dice Ud. “es populista criticar a los bancos por no dar créditos, su función es darlos solo a quienes los van a devolver”,  de acuerdo con la afirmación en abstracto, y en total discrepancia  aquí y ahora. Los bancos no dan créditos porque están acumulando liquidez, pues el valor de sus activos ha caído en vertical, y sus balances no reflejan ni de lejos la realidad, como ocurre en otros países, y porque tienen unas deudas enormes y no saben como afrontar los vencimientos, por ello euro que entra, euro que se queda en el cajón, porque lo necesitan desesperadamente. El resultado no es que solo prestan a quien puede devolver, es que lo están haciendo indiscriminadamente, porque su prioridad es acumular no prestar, y a pesar de lo que Ud afirma – “no puede decirse que haya contracción de crédito” – la financiación a familias y a empresas se ha reducido ya en un 50% hasta octubre. Pero lo realmente surrealista, es que le parece estupendo el destino de los 250.000 millones de euros, el 25% del PIB, casi el triple que la ayuda en EEUU.

Porque lo realmente grave, lo inaceptable, lo inaudito es que “ ese dinero va a permitir a los bancos con problemas en sus vencimientos a resolverlos”, es decir, que el sistema financiero mas sólido del mundo va a necesitar una cuarta parte de la riqueza nacional para refinanciar, no para solucionar, su deuda manteniendo el apalancamiento,  justo  lo contrario de lo que se está haciendo en el resto del mundo, y un disparate escalofriante Ese dinero tendría que haber ido a bancos y cajas, por supuesto, pero para avalar los préstamos a familias y a empresas, más aún, los 50.000 millones para compra de activos tendrían que haber ido en parte, como en EEUU, a las empresas que lo necesiten comprándoles bonos de titulización y otros activos. Pensará Ud. si se hace eso quebraría la mitad de las entidades financieras, evidentemente, pero entonces sálvenlas una por una, cuando suceda. Mire Ud D. Miguel Ángel, si Mariano Rubio hubiera estado al frente del regulador, la mitad de las entidades financieras estarían intervenidas y gestionadas por funcionarios del Banco, y sus ejecutivos donde se merecen, en la calle, y se estarían buscando – se habrían encontrado ya – compradores donde los hubiera, con las ayudas económicas a que hubiera menester.

Lo que se va a hacer con los 250.000 millones es un auténtico escándalo. Un plan elaborado, como Ud sabe bien, a sus espaldas, a las de Solbes, y a las del Gobierno en pleno, por los dos mayores bancos y las dos mayores cajas, junto con las patronales respectivas, y que  es el mayor expolio al pueblo español desde la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, y su nombre quedará ligado a ella para la Historia . Si esto se llega intentar en EEUU, el Gobierno habría caído en pleno, y no se si los responsables de los bancos y las patronales habrían tenido responsabilidad penal, pero lo que es seguro es que hubieran tenido que dimitir con los Consejos al completo. Pero lo peor de todo, es que con la irresponsabilidad absoluta de estos caballeros, concediendo créditos insensatos a personas insensatas,  endeudándose hasta las orejas, ha desencadenado una crisis crediticia brutal que está destruyendo la capacidad productiva del país.  Y todas las crisis crediticias acaban indefectiblemente en una depresión, de la que no saldremos ni en 2009 ni en 2010, como Ud afirma, sino en 2018 o 2020, eso sino se produce antes una explosión social, algo cada vez más probable, que se lleve todo por delante.

Y no tengo más espacio,  menciona Ud las reformas más necesarias, y no salgo de mi asombro ¿Cree Ud en serio que si se arreglasen la educación y el mercado de trabajo bajando salarios y abaratando aún más el despido, saldríamos de la crisis?, no me lo puedo creer, como no me puedo creer como alguien pueda afirmar que los avances en materia educativa “han sido importantísimos”. No menciona, sin embargo, temas infinitamente más importantes, como la necesidad de una fuerte bajada en el precio de la vivienda para normalizar el mercado, la insostenibilidad de la Seguridad Social, o la necesidad de reducir la presión fiscal a los trabajadores y a la clase media, como se ha hecho con los banqueros y sus familias, algo de una injusticia y una obscenidad tan brutales que clama al cielo. Pero todo esto queda empalidecido al ignorar las dos condiciones “sine qua non” para frenar primero y remontar después la crisis actual, y sin las cuales todas las demás medidas, sin excepción, son solo ceros a la izquierda: el dar marcha atrás a la locura autonómica que está desangrando el país, y el poner fin a la acumulación de liquidez. Unas CCAA, para quienes no existe la crisis, con unos presupuestos alocados de 177.000 millones de euros, tres veces mayor del neto para financiar España, y el 78% de los cuales se asigna a gasto no productivo, o la fragmentación del país en 17 mercados independientes, una losa imposible para la productividad y la eficiencia. Y por supuesto,  la acumulación de liquidez por parte de bancos y cajas, que está aniquilando literalmente el tejido productivo de la nación. Y le digo más, o se arreglan estos dos temas o España va directa a una depresión.  Y la guinda del pastel que tampoco menciona: la total irresponsabilidad, la absoluta incompetencia y la injusticia social de dimensiones siderales, con las que éste gobierno de insensatos está manejando la crisis.

Atentamente.

Roberto Centeno

PD: Postrado de rodillas ante Ud le pido, como miles de españoles, que informe con verdad de las cifras macroeconómicas, que no nos diga que la economía está a punto de entrar en recesión, cuando eso ya sucedió hace meses y ahora estamos cayendo al -5% en base anual. Su primera obligación es hacia España y hacia los españoles, no hacia el peor Presidente ni hacia el peor Gobierno que ha tenido éste país en varias generaciones.

(*) Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.

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Escándalo financiero, Bernard Madoff, el hombre que susurraba « 10% » al oído de los ricos…, de Dominique Sicot en l’Humanité

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 23 diciembre, 2008

Original francés artículo : http://www.humanite.fr/Humanite-dimanche
Translated dimanche 21 décembre 2008, par J.A. Pina

Este corredor de Bolsa neoyorkino ha estafado unos 38.000 millones de euros a los Bancos más grandes del mundo con una jugada de patio de recreo. Nos haría reír si esos millones no hubieran sido arrebatados previamente a los trabajadores.

Durante veinte años, ha engañado a Bancos de negocios, Gestoras de fondos de inversión y a millonarios, estafándoles, según sus propias declaraciones, unos 50 mil millones de dólares (38 mil millones de euros). Éstos han sido engañados como lo fueron dos millones de pequeños ahorradores albaneses entre 1.996 y 1.997, atraídos por oficinas financieras que les prometían rendimientos del 100% por año. Pobres albaneses ingenuos que, como nos contaba “La Tribune” del 16 de diciembre, habían vivido en un “pequeño país cerrado por un régimen comunista paranoico durante cuarenta años” y que ¡acababan de descubrir la “economía de mercado” !

Bernard Madoff, el legendario corredor neoyorkino, el hombre que aseguraba del 8 al 10% de rendimientos por año, el profesional por encima de toda sospecha que presidió la Bolsa norteamericana de valores tecnológicos (el NASDAQ), él, ha engañado a los más ricos con una vulgar “cadena de Ponzi”.

La técnica, puesta a punto en Boston por Charles Ponzi a comienzos de los años 20, consiste, en líneas generales, en “desvestir a un santo para vestir a otro” : el dinero de los últimos depositantes sirve para pagar los intereses de los precedentes… y así continuamente. Entre las “víctimas” de Madoff, “educadas” desde hace mucho tiempo en la “cultura del capitalismo”, citemos a los Bancos : Santander (España, con 2.300 millones de euros), Unión bancaria privada (Suiza, con 930 millones), HSBC y Royal Bank of Scotland (Gran Bretaña, con respectivamente 740 millones y 540 millones), Nomura (Japón, con 225 millones). Y, seguramente, algunas “estrellas” francesas : Natixis, metido en todos los “buenos negocios” (con 450 millones de euros), BNP Paribas (350 millones), AXA, Societé générale, Crédit agricole, Groupama (10 millones cada uno), CNP Seguros (3 millones).

Han sido timadas también las fundaciones de Élie Wiesel o de Steven Speilberg, algunas fortunas francesas como Caroline Barclay, Daniel Hechter o Nicolas Rachline, nieto del fundador de Publicis.

Durante veinte años, nadie ha visto nada. El dinero llovía, crecía, se multiplicaba, ¡Para qué preguntar ! Las autoridades norteamericanas de vigilancia de los mercados financieros no han visto nada, ni siquiera se han asombrado de que las cuentas de Madoff fueran auditadas por un gabinete desconocido que sólo empleaba tres personas. “La estafa de Wall Street” como lo denominaba “Le Figaro” del 16 de diciembre, no es al final más que la verruga obscena de un sistema fundado en la especulación y la colusión. Un sistema que una vez más, acaba de “quemar” 50 millones de dólares que había robado, antes, a los asalariados en su trabajo. ¿Será necesario, además, pagarles dos veces ?

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Dignidad judicial, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 23 diciembre, 2008

La  dimisión  en  bloque  del  Gobierno   belga –porque su Tribunal Supremo ha visto indicios, no pruebas, de que el poder ejecutivo presionó al tribunal de instancia para que dictara sentencia favorable a la validez de la venta del banco Fortis al banco francés BNP Paribas, sin acuerdo de la junta de accionistas- es un hecho extraño en los Estados de Partidos. Aquí llama la atención que aquel Tribunal haya denunciado las ingerencias del abrasador brazo del Gobierno en la justicia. Alguna prensa ignorante lo atribuye a que allí existe separación de poderes. Eso no es verdad. La Monarquía belga, tan falsa constitucionalmente como la española, no separa en origen los tres poderes del Estado. Los escándalos de corrupción política son frecuentes.

La honestidad del TS belga se explica, en este caso concreto, por la distinta moralidad rigorista de la ética protestante en asuntos públicos, respecto de la laxa moral católica, y por el enconado enfrentamiento nacionalista entre los habitantes en territorios valones y flamencos, de lengua y religión diferentes. La corrupción en los Monarquías bálticas es menor que en las naciones católicas y que en la cristianísima Monarquía leopoldina. Muchos magistrados flamencos tienen resortes calvinistas que les permiten resistir incólumes al acoso del degenerado pragmatismo de los partidos estatales y del poderoso entorno económico que lo sostiene. Además, una cosa es la naturaleza material de la corrupción y otra de distinta dimensión espiritual el desprecio de sí mismo que implica la indignidad judicial. Esta última es casi desconocida en los pueblos europeos que arrancaron la independencia judicial, al Soberano absoluto, antes de la Revolución francesa.

Todo Magistrado o Juez que se inclina ante el poder político o económico, absteniéndose de condenarlo, de llamarlo a estrados para no estigmatizarlo, de denunciarlo por la ilegalidad de que tenga conocimiento por razón de su oficio, lo sepa o no lo sepa, es un depravado enemigo de la sociedad, aun si no obtiene beneficio económico o profesional con su prevaricación. Si la mayoría de la magistratura española mantuviera algún resto de dignidad personal en el desempeño de su función, si comprendiera que su carrera, de naturaleza vocacional, es incompatible con la ambición de escalar puestos políticos en el Estado o grados de fama en la sociedad, la corrupción de la clase dominante sería mucho menor en España. Son los jueces quienes garantizan, en última instancia, la impunidad de los delitos de poder.

florilegio

“En la dignidad se refugia la decencia o el decoro cuando se derrumban las vocaciones ideales. Un ser íntegro o justo no necesita ampararse en ella.”

Gaza, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 23 diciembre, 2008

La sigla ONU, todo el mundo lo sabe, significa Organización de Naciones Unidas, es decir, a la luz de la realidad, nada o muy poco. Que lo digan los palestinos de Gaza a quienes se les están agotando los alimentos, o se les han agotado ya, porque así lo ha impuesto el bloqueo israelí, decidido, por lo vistos, a condenar al hambre a las 750 mil personas registradas allí como refugiados. Ni pan tiene ya, la harina se ha acabado, y el aceite, las lentejas y el azúcar van por el mismo camino. Desde el día 9 de diciembre los camiones de la agencia de Naciones Unidas, cargados de alimentos, aguardan a que el ejército israelí les permita la entrada en la faja de Gaza, una autorización una vez más negada o que será pospuesta hasta la última desesperación y la última exasperación de los palestinos hambrientos. ¿Naciones Unidas? ¿Unidas? Contando con la complicidad o la cobardía internacional, Israel se ríe de recomendaciones, decisiones y protestas, hace lo que viene en gana, cuando le viene en gana y como le viene en gana. Ha llegado hasta el punto de impedir la entrada de libros e instrumentos musicales como si se tratase de productos que iban a poner en riesgo la seguridad de Israel. Si el ridículo matara no quedaría de pie ni un solo político o un solo soldado israelí, esos especialistas en crueldad, esos doctorados en desprecio que miran el mundo desde lo alto de la insolencia que es la base de su educación. Comprendemos mejor a su dios bíblico cuando conocemos a sus seguidores. Jehová, o Yahvé, o como se le diga, es un dios rencoroso y feroz que los israelíes mantienen permanentemente actualizado.

Esta entrada fué posteada el Diciembre 22, 2008 a las 12:05 am

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Parot y el proceso judicial, de Antonio Alvarez-Solís en Gara

Posted in Política by reggio on 23 diciembre, 2008

A modo de balance del año que va camino de terminar, Alvarez-Solís considera que éste ha sido «un mal año». Más allá de las crisis políticas y económicas, el periodista madrileño ve en la «doctrina Parot» la evidencia de la disolución de la justicia, incluso en el limitado sentido que tenía hasta ahora. Por ello concluye que «el regreso a la historia anterior a la Revolución francesa se produce con toda nitidez».

Ha sido un mal año el que acaba. Durante su transcurso se han derrumbado muchas estructuras morales edificadas con sangre, dolor y lágrimas a lo largo de dos siglos. Está hundiéndose el estado del bienestar, naufraga la economía de mercado, desaparece el Derecho internacional, dejan de regir los respetos ciudadanos, se irracionalizan las normas laborales, quiebran las cautelas en la administración de justicia, se enrarece el aire de la democracia, se rasgan violentamente las veladuras propias de la libertad, retorna el poder al ejercicio de cínicas brutalidades, se corrompe el lenguaje, se allanan las conciencias…

Un mal año cerrado con una llave apócrifa.

Posiblemente lo más grave sea la desaparición de la justicia como pretensión de amparo. Una desaparición radical, escandalosa. Sobre todo, abrupta. Los tribunales siempre infundieron temor en la ciudadanía como instrumentos de clase, pero en ellos, y hablo de esos dos últimos siglos, se blanqueaba de alguna manera el constante agravio forense de los poderosos hacia los desposeídos. Los hierofantes explicaban su papel. No se administraba justicia verdadera, pero se leían las leyes con una cierta elegancia. Los tribunales eran esa reverencia hecha a los que nada pueden por parte de quienes lo pueden todo. El engaño era prudente y las sentencias manaban con una cadencia mesurada. El Estado se enaltecía con el sum cuique tribuere, el dar a cada uno lo suyo, corazón de la justicia distributiva. Luego el Estado era de quien era, pero trataba de retribuirnos con una pretendida igualdad.

¿Qué ha sido de todo esto que constituyó una especie de pacto para que unos mataran con cartilla de urbanidad y otros murieran con la esperanza en su lucha por el progreso humano? Ni siquiera ha sobrevivido el estilo. La violencia del poder no se viste hoy con la pretensión de las ideas, aunque sean maliciosas, sino con el andrajo inmundo de la necesidad administrativa. Maquiavelo no es ya el fino y retórico depositario de una trabajada pretensión utilitaria sino un falsificador suburbial de identidades. Cuesta mucho para quien ha dedicado su vida a un combate con armas limpias verse en el embarrado ring de una batalla repugnante. Con Shakespeare «la reputación es el alivio de los tontos», pero ¿a qué llamamos ahora reputación? ¿Cómo se adquiere y de quiénes es alivio? No de tontos, ciertamente.

Posiblemente el cerrojazo final dado a una justicia pretendidamente discreta y con oficio de majestad en los jueces haya acontecido con la «doctrina Parot», que trata de convertir los beneficios penitenciarios en una nueva fuente de escándalo. La «doctrina Parot» transforma la pena dictada en una decisión viciosa por elástica, que puede ser utilizada por los jueces hasta lograr de facto la cadena perpetua, que incluso tampoco está ya en el límite cruel de los treinta años sino en los cuarenta por haber substituido significativamente a la condena a muerte, pero de una muerte aún más grave que la física en el patíbulo, porque hablamos de una muerte de desestructuración del individuo, de vaciamiento de su alma. Es la tortura final que, tantas veces, sucede a la tortura primera en una época que ha regresado a las peores lejanías de la historia. Oigamos acerca de este tipo de condenas las palabras de la magistrada Garbiñe Biurrun, del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que habla con una difícil transparencia: «Cuando el preso ha cumplido entre 15 y 20 años de prisión su personalidad se desestructura psicológicamente, perdiendo valores y la noción de la realidad. Esto atenta gravísimamente a la dignidad de la persona. Se trata de una pena inhumana». Y añade la brillante y equilibrada juez: «En mi opinión es evidente que los criterios jurídico-penales que está utilizando la Audiencia Nacional son muy regresivos y peligrosos».

Es decir, una vez más tornamos a hablar de tortura. ¿Se puede sostener en este momento, y con ello se abre melancólicamente el año nuevo y casi el siglo; se puede sostener que hayamos retrocedido a los tiempos de la tortura como procedimiento inquisitorial y base frecuente de la administración de justicia? Es inútil que las autoridades políticas, como son en el Estado español las representadas en los Gobiernos del PP o del PSOE, desmientan la existencia de unos protocolos fácticos de tortura. Tortura física, inaguantable, o tortura psicológica, asimismo insoportable. Esas torturas existen en muchos casos. Y son negadas siempre. Son torturas que empiezan en las detenciones fuera del ámbito físico policial y continúan, como hemos visto, en la aplicación de las penas. No se trata ya de acusar, porque el mundo admite esos procedimientos, sino de valorar el daño social y moral que las torturas producen en el tejido ciudadano, que se degrada por un mecanismo de contaminación. Si tortura la autoridad, y ahora hablo del mundo, ¿por qué no va a torturar el individuo que tiene capacidad material para hacerlo? Han envenenado el agua y de ese río bebemos todos. La sociedad se está degradando hasta el extremo que el vicepresidente o el secretario de Defensa norteamericanos, haciendo salvedad de memoria en lo que se refiere al protagonista de las declaraciones, llegó a afirmar que el empleo de la bolsa para provocar la asfixia en el detenido no producía daños sensibles y acortaba el interrogatorio. ¡Monstruosidad increíble!

Pero volvamos a la «doctrina Parot» y a reflexionar sobre alguna de sus consecuencias. De la aplicación de la «doctrina Parot» pueden deducirse algunas escandalosas consecuencias.

Primera.- La pena dictada tras la vista oral queda prácticamente inservible si aceptamos que su aplicación puede agravarse por la administración penitenciaria mediante manejos como un variado castigo a los presos y por la incertidumbre con que puede aplicarse por los jueces la concesión de los beneficios penitenciarios.

Segunda.- La «doctrina Parot» destruye la literalidad de la sentencia que fija el encarcelamiento efectivo en un determinado número de años; encarcelamiento que puede rebasarse hasta los treinta o los cuarenta si los magistrados se decantan por aplicar el castigo sustitutorio de la pena de muerte.

Tercera.- La aplicación de los criterios Parot invalida la seguridad procesal al dejar su culminación, que es la pena, en un horizonte inconcreto y, por tanto, difícilmente recurrible.

Cuarto.- La «doctrina Parot» declara subyacentemente que en la finalidad de la pena no entra la posible redención del delincuente sino un espíritu de venganza tan visible como primitivo.

Quizá de todos estos puntos quepa deducir la invalidez del proceso como vehículo para establecer sólidamente la pena. La encarcelación del presunto delincuente quedará al albur de muchas cosas, empezando por el absurdo peso como prueba en juicio de las actas policiales y terminando por la sentencia plagada de niebla en cuanto a su duración efectiva. Lo que parece evidente es que los tribunales pierden su valor de independencia para retornar a la realidad de los jueces reales que, al depender de la voluntad cambiable del soberano, convertían la pena en un simple castigo dimanante de la voluntad juzgadora, sin que las leyes sirvieran de cauce con alguna validez. En resumen es afirmable que el regreso a la historia anterior a la Revolución francesa se produce con toda nitidez.

Y bien ¿qué tienen que decir ante este panorama los parlamentos, los gobiernos y la judicatura? Pues no dicen nada.

Por nuestra parte, zorionak eta Eguberri on.

Antonio Alvarez-Solís, periodista.

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