Reggio’s Weblog

Conversación privada sobre el ‘caso Madoff’, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 22 diciembre, 2008

A FONDO

Mi fuente se dedica a gestionar fondos de renta fija para instituciones financieras. Ha trabajado muchos años en Nueva York para bancos de inversiones. Vive en Madrid, no muy lejos de donde tiene su domicilio Andrés Piedrahita. Entre los inversores que suelen recurrir a él en ciertos momentos está George Soros.

No les diré su nombre. El prefiere mantener el anonimato. Tampoco su nombre les diría nada. No es una persona conocida. No asiste a muchas fiestas y sus amigos forman parte de un reducido grupo de personas con las que mantiene relación desde que era un chaval.

Lo que sí les adelanto es que del negocio del dinero sabe mucho, y la prueba de ello es que le va muy bien a pesar de cómo está el patio.

Mi fuente conocía de la existencia del mito Madoff desde hace mucho tiempo. Hace 10 años invirtió en uno de sus fondos 100.000 dólares, tan sólo para ver si, efectivamente, la cosa era tan segura como se decía en los círculos más informados. Desde entonces, hasta ahora, los rendimientos no han variado de un margen del 10% al 12% anual. Y eso que han sucedido cosas en los últimos 10 años: explosión de la burbuja tecnológica; 11 de septiembre; hipotecas subprime… Nada, como un reloj, tic-tac, los intereses ingresaban en su cuenta cada mes.

En 2001, nuestro hombre fue a las oficinas del Fairfield Greenwich Group (el fondo que, desde hace cuatro años, comercializa Piedrahita en España) en Nueva York. Se pusieron exquisitos. Si quería entrar en Fairfield tenía que comprar participaciones en otros fondos que vendía la firma.

Lo que más llamaba la atención a mi interlocutor era conocer en qué se basaba el secreto de Madoff para lograr una casi nula volatilidad pasara lo que pasara en el entorno.

«En el fondo», me confiesa, «un gestor cree que su éxito está en ser más listo que el mercado: eso es lo que vendemos a nuestros clientes».

O sea, que Madoff había logrado lo que todo el mundo lleva buscando durante decenas, tal vez centenares, de años: ganar dinero siempre pase lo que pase.

Fue la curiosidad o tal vez la sana envidia la que llevó a nuestro experto a indagar aquí y allá para conocer el truco.

Por fin logró información precisa de las personas de Fairfield que decían conocer el sistema. Lo que hacía Bernard Madoff, le confesaron, era operar con opciones de compra (call) y de venta (pull) de los 25 títulos más líquidos de la Bolsa de Nueva York. Madoff se ahorraba el bid offer spread en la compra venta de opciones y ese ahorro le permitía tener una especie de colchón para garantizarles las ganancias a los clientes.

Es decir, era como si un mayorista renunciara a la ganancia de su margen para tener más contentos a sus clientes.

Le dijeron que con la comisión que cobraba como gestor (el asset management fee), que representa entre el 1% y el 1,5% del volumen de inversión que gestionaba, tenía suficiente.

«Pero yo no conozco a ningún judío, ni a ningún cristiano tampoco, que regale el dinero», dice con socarronería.

Algún malicioso le susurró que Madoff también hacía lo que en el argot bursátil se llama front running: cuando su firma recibía órdenes voluminosas de compra o de venta, él se posicionaba primero para comprar o vender y así aprovecharse de la subida o de la bajada de los títulos que esas órdenes iban a provocar en el mercado. En fin, una forma segura y eficaz de ganar dieron con información privilegiada sin que te pillen.

Pero nuestro hombre lo intentó desde el punto de vista teórico y los números nunca le salían. Porque, además de todo eso, para que surtiera efecto la fórmula, tenías que acertar siempre con la tendencia del mercado.

Y eso es prácticamente imposible. «Los hedge funds son como una orgía en la que entras con los ojos tapados. Nunca sabes lo que va a pasar», bromea mi fuente.

Por mucho que uno sea muy listo, siempre hay algún momento en el que se equivoca. Y Madoff no se equivocaba nunca, ni siquiera en ese proceloso mundo de los hedge.

Los ranking de fondos más rentables del mundo son como la canción del verano. Cada temporada cambian. Lo que demuestra que no hay nadie que pueda mantener elevados índices de rentabilidad de forma permanente.

Es más, advierte mi fuente tirando piedras contra su propio tejado: «A la larga no hay ningún fondo tan rentable como el índice de la Bolsa».

O sea, que Madoff no es que fuera el más listo de Wall Street, donde están los más listos de todos los listos del planeta, sino que montó un sistema que consistía lisa y llanamente en engañar a sus clientes haciéndoles creer que podía darles rentabilidades más modestas que otros pero más seguras en el tiempo.

¿Por qué lo hizo? «Yo no creo que lo hiciera para ganar mucho dinero. De hecho, por lo que se sabe, su fortuna ahora no pasa de los 300 o 400 millones de dólares. Eso no es nada teniendo en cuenta el volumen de dinero que movía. Más bien creo que lo hizo por el reconocimiento social que conlleva ser el responsable de una firma de prestigio que ha hecho ganar dinero durante muchos años, que tiene una clientela fija y que aparece ante la sociedad como un benefactor que, además, dona su dinero para causas justas».

De hecho, si no le hubieran reclamado de repente el reembolso de 7.000 millones de dólares tal vez nunca se hubiera descubierto el pastel. Un pastel que, por lo que parece, ni siquiera sus hijos conocían.

Pero en el asunto Madoff aún nos faltan muchas cosas por conocer.

Sólo sabemos, como decía el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, en la entrevista que publicaba ayer El País, lo que ha contado él: «Y lo que cuenta un delincuente vale poco».

Nuestro hombre se hace una pregunta: «¿Qué ocurría con el dinero que entraba en Madoff. Al margen de pagar la rentabilidad, ¿dónde iba el resto? ¿Cuáles eran las cuentas bancarias donde se ingresaba ese dinero? ¿Había ingresos financieros? Es imposible que se hayan esfumado 50.000 millones de dólares así como así».

Otra pregunta interesante es saber quiénes estaban al tanto de la trama fraudulenta.

¿Es creíble que ni siquiera sus hijos -que son los que han denunciado el caso ante el FBI- lo supieran?

Es más: ¿Es creíble que su socio desde hace más de 20 años, Walter Noel -el creador de Fairfield Greenwich-, no supiera nada de nada?

Uno de lo hombres que conoce a Piedrahita y que ha tenido la suerte de no caer rendido ante sus encantos bromea: «Al final, los ricos españoles son los que han soportado durante los últimos años la pirámide de Madoff. Cuando habían engañado ya a los ricos de Nueva York y de Londres vinieron a engañar a los españoles, que son bastante pardillos».

Si nuestra fuente, finalmente, no recomendó a sus clientes entrar en Madoff porque no se fiaba (como hizo también, por cierto, Credit Suisse), ¿por qué otros gestores creyeron en Madoff sin preguntar?

Más aún, de todo el dinero perdido por los multimillonarios en esta aventura, ¿qué porcentaje es dinero blanco y qué parte es inconfesable para Hacienda?

© Mundinteractivos, S.A.

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