Reggio’s Weblog

Dos países, un sistema, de Thomas L. Friedmam en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 21 diciembre, 2008

El extraño, un hombre de negocios occidental, se sentó con disimulo en la silla al lado de la mía durante una comida de la Sociedad de Asia en Hong Kong y me formuló una pregunta que, con toda sinceridad, puedo reconocer que jamás me habían hecho antes: “Y bien, ¿hasta qué punto es corrupto Estados Unidos?”.

Su pregunta estaba motivada por la detención del gestor de fondos de Wall Street Bernard Madoff, acusado de dirigir una trama piramidal con la que ha estafado miles de millones de euros a los inversores, pero eso no es todo. Es todo el puñetero desaguisado en Wall Street, el centro financiero al que siempre habían dirigido respetuosamente sus miradas los financieros de Hong Kong. ¿Cómo es posible, se preguntan, que firmas como Bear Stearns, Lehman Brothers y AIG resultaran no ser lo que aparentaban? ¿Dónde estaba, se preguntan, nuestra Comisión de Valores y los altos niveles de exigencia que les habíamos predicado durante todos estos años?

Uno de los banqueros más respetados de Hong Kong, que prefiere permanecer en el anonimato, me contó que la empresa de inversión estadounidense para la que trabaja ganó mucho dinero durante la década pasada limpiando bancos asiáticos enfermos. Y lo hicieron importando las mejores prácticas estadounidenses, en concreto los principios de “conoce a tus clientes” y los controles de riesgo estrictos. Pero ahora, se preguntaba, ¿a quién podemos recurrir en busca de un liderazgo ejemplar?

“Antes estaba Estados Unidos”, proseguía. “Se suponía que los inversores estadounidenses sabían más, y ahora es Estados Unidos el que está en apuros. ¿A quién le están vendiendo sus bancos? Tiene que ser duro para EE UU probar su propia medicina, esa que recetó a otros con tanto éxito. Pero ya no hay doctor que valga. El doctor ha caído enfermo”.

No siento ninguna compasión por Madoff. Pero lo cierto es que su supuesto plan Ponzi era sólo una pizca más escandaloso que el plan “legal” puesto en marcha por Wall Street, alimentado por créditos baratos, principios pobres y mucha avaricia. ¿Qué nombre recibe ofrecerle a un trabajador que sólo gana 10.000 euros anuales una hipoteca sin ninguna señal y sin tener que pagar nada durante los dos primeros años para que se compre una casa de 525.000 euros, y luego juntar la hipoteca con otras cien en bonos -a los que Moody’s o Standard & Poors dan la calificación más alta- para vendérselos a bancos y fondos de pensiones de todo el mundo? Eso es lo que nuestro sector financiero estaba haciendo. Si eso no es la típica pirámide, entonces ya me dirán.

Más que basarse en las mejores prácticas, esta pirámide legal estaba basada en agentes hipotecarios, inventores de bonos, agencias de calificación, vendedores de bonos y propietarios de viviendas, todos movidos por el mismo principio de “ya no estaré aquí” cuando llegue la hora de pagar o de renegociar la hipoteca.

Es al mismo tiempo revelador y deprimente observar nuestra crisis bancaria desde China. Es revelador porque cuesta evitar llegar a la conclusión de que Estados Unidos y China se están convirtiendo en dos países con un mismo sistema.

¿Qué cómo es posible? Pues muy fácil: tras nuestro descomunal plan de rescate para los bancos, uno puede mirar ahora a China y a Estados Unidos y decir: “China cuenta con un enorme sector bancario perteneciente al Estado y otro que es privado, y EE UU tiene ahora un enorme sector bancario que es propiedad del Estado y otro que es privado. China tiene grandes industrias pertenecientes al Estado y otras que son privadas, y tan pronto como Washington saque a flote a Detroit, EE UU tendrá grandes industrias que pertenecen al Estado y otras que serán privadas”.

Sí, ya sé que es una exageración, pero lo cierto es que empieza a costar trabajo ver las diferencias. A lo largo de dos décadas hubo un desfile continuo de funcionarios estadounidenses que viajaban a China para sermonear a Pekín sobre la necesidad de privatizar sus bancos, señala Qu Hongbin, economista jefe de HSBC para China. “De modo que lo fuimos haciendo poco a poco, y ahora de repente nos encontramos con que todo el mundo está nacionalizando sus bancos”.

Es deprimente porque hoy día China se siente más estable que Estados Unidos, con una estrategia más definida para resolver esta crisis. Y aunque los dos países se parecen cada vez más, sus trayectorias históricas parecen ser muy distintas. China perdió los papeles en la década de los setenta con su Revolución Cultural, y sólo tras la muerte de Mao y la subida al poder de Deng Xiaoping fue capaz de encauzar su rumbo, avanzando paulatinamente hacia una economía de mercado.

Pero mientras que el capitalismo ha salvado a China, el fin del comunismo parece haber trastocado ligeramente a Estados Unidos. Perdimos a nuestros dos principales competidores ideológicos, Pekín y Moscú. Y todo el mundo necesita un rival, porque te impone una disciplina. Pero en cuanto el capitalismo estadounidense dejó de tener que preocuparse por el comunismo, al parecer se volvió loco.

Los bancos de inversión y los fondos de cobertura estaban endeudándose a niveles descabellados, pagándose sueldos desorbitados y, sobre todo, inventándose instrumentos financieros que hicieron que se perdiera por completo la conexión entre los últimos prestamistas y los prestatarios originales y que no quedara nadie para rendir cuentas. “La caída del comunismo empujó a China hacia el centro y a EE UU al extremo”, señala Ben Simpfendorfer, economista jefe para China del Royal Bank of Scotland.

El escándalo de Madoff es la guinda de la ruptura nacional con el decoro financiero, las regulaciones y el sentido común. Y ésa es la razón por la que necesitamos no sólo un rescate financiero, sino también un rescate ético. Tenemos que restablecer el equilibrio básico entre nuestros mercados, la ética y las normativas. No quiero acabar con el espíritu animal que necesariamente impulsa al capitalismo, pero tampoco quiero que me devore.

(c) New York Times News Service, 2008.

Thomas L. Friedman es columnista del diario The New York Times.

Traducción de News Clips.

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