Reggio’s Weblog

Con faldas y a lo loco…, de Josep Piqué en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 21 diciembre, 2008

Hay mil anécdotas sobre traducciones absurdas (traduttore, tradittore,dicen los italianos), pero algunas se llevan la palma por su “originalidad”. Es el caso bien conocido de una de las obras maestras del gran Billy Wilder. Me refiero a la película protagonizada por una genial Marilyn Monroe y por Tony Curtis y Jack Lemmon. Cincuenta años después sigue siendo un referente indiscutible de la historia del cine. Su título original es Some like it hot,cuya traducción literal sería algo así como “A algunos les gusta lo caliente”. Pues bien, en España, se tituló: Con faldas y a lo loco.Inaudito.

En la película se producen diálogos geniales, pero el más conocido es el que se desarrolla en la escena final, cuando el millonario encaprichado por la “mujer” que interpreta Tony Curtis, responde a la confesión de este de que, en realidad, es un hombre, lo siguiente: nobody is perfect.

Y nada es más verdad hoy: nadie es perfecto.

Viene todo esto a cuento porque, hablando de la terrible situación económica que padecemos, parece que nos estamos acostumbrando al cuestionamiento de toda certeza anterior y vemos, efectivamente, que nadie es perfecto y que las heterodoxias, los perjurios, las herejías y hasta las apostasías, están a la orden del día. Bien es cierto, también, que algo sí está ya claro, incluso para el presidente Zapatero: la crisis económica es la más grave desde la que el sistema capitalista padeció en 1929. Y todavía no sabemos su alcance ni su duración.

Y ello está comportando decisiones que, poco antes, nos hubieran parecido literalmente insólitas, como la práctica nacionalización de bancos.

Pero una de las cosas más chocantes es la que se está produciendo en la implementación de las políticas monetarias.

Creo que, a estas alturas, hay un consenso básico respecto a que una de las causas de la actual situación ha sido la continuidad en el tiempo de políticas monetarias expansivas que, si bien provocaron una larga etapa de crecimiento de la producción y del empleo, alimentaron – junto a políticas fiscales expansivas, sobre todo en Estados Unidos-burbujas insostenibles como la denominada “tecnológica”, que reventó en el año 2000, o la burbuja inmobiliaria que, ahora, ha estallado de forma ensordecedora. No es normal que el dinero tenga un precio negativo y que lo racional sea endeudarse y gastar, olvidándose del ahorro.

Y sin embargo, vemos como, ante la crisis, generada, insisto, por una gran abundancia de dinero barato, la reacción de las autoridades monetarias sea justo esa: más dinero y más barato.

Así, la Reserva Federal ha situado sus tipos de referencia entre 0 y 0,5% y se presta a emitir todos los dólares que sean convenientes. Pero no es un comportamiento sin precedentes. El Banco de Japón hace ya muchos años que, ante un comportamiento profundamente deflacionista de su economía, situó sus tipos a esos niveles. Y Japón lleva en estancamiento casi dos décadas y hoy está en recesión. Y ello sin contar con los innumerables programas de estímulo fiscal (“Keynesianos”), llevados a cabo por los sucesivos Gobiernos de aquel país y que provocaban reactivaciones tan inmediatas como efímeras y, a la postre, contraproducentes. Y la explicación parece obvia: los japoneses dejaron de confiar en un futuro mejor y se dedican a ahorrar todo lo que pueden. Virtud privada, sin duda. Pero la suma de virtudes privadas puede provocar, y así ha sido, vicio público. Y Japón no sale de su marasmo.

Es también obvio que ese no es el comportamiento habitual de los norteamericanos, quienes, a diferencia de los japoneses, suelen gastar por encima de sus posibilidades, no ahorran y se endeudan. Y de ahí su enorme déficit exterior. Pero, más allá de los hábitos de comportamiento, hoy corremos el riesgo de propiciar otros distintos de forma forzosa. Me explico.

Imaginemos que una sociedad está acostumbrada a gastar – su demanda interna-por encima de su capacidad endógena de financiación, gracias a la apelación al ahorro externo. Así ha sido en Estados Unidos, gracias al dólar, y así ha sido en España, gracias al euro. Pero imaginemos que se ciega esa vía porque desaparece el crédito fácil, abundante y barato al que estábamos acostumbrados. Por más que seamos propensos al gasto, si no hay dinero disponible, no se puede.

Y alguien podría decir: “Bien, entonces lo que está haciendo la Reserva Federal es correcto, inyectando dinero a una economía que lo demanda”.

Y sería así si no existiera un pequeño matiz: no sabemos si ese dinero se va a transformar en crédito a la economía real o va a servir para fortalecer los balances profundamente deteriorados de las entidades financieras que, como vemos todos los días, todavía desconocen el alcance real de ese deterioro.

Sé muy bien que es cierto asimismo que el gran argumento del Sr. Bernanke, es que los riesgos de instalarse en la deflación son mucho mayores que los posibles perjuicios de intentar evitarla con medidas muy expansivas. Pero también es cierto que, con lo decidido, ya no queda margen de maniobra y el único camino que queda es el de políticas fiscales expansivas que, inevitablemente, deben financiarse o de forma inflacionista a medio plazo o restando capacidad de endeudamiento al sector privado. Estamos, pues, ante un maldito embrollo. Parece que lo que se está haciendo es más de lo mismo, pero agotando posibilidades de futuro. Como mínimo es paradójico.

Pero nadie es perfecto… Salvo que, ojalá, el Sr. Bernanke lo sea.

JOSEP PIQUÉ, economista y ex ministro.

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