Reggio’s Weblog

El omnipresente locuaz, de Fernando Ónega en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 20 diciembre, 2008

TRANSBORDO, MONCLOA

Sostiene Juliana que Zapatero ha decidido seguir el modelo de Sarkozy y nos quiere gobernar y nos está gobernando en plan presidencialista. Es posible. Todo lo que escribe Enric es cuando menos posible. Pero yo cambiaría el tiempo y la definición: desde hace años Zapatero gobierna en plan personalista. Llegó al poder con humildad, sin más osadía que la de traer las tropas de Iraq, y a los diez meses de tan rentable hazaña (23 de febrero del 2006), ya escribimos en este diario: “Zapatero se ha convertido en la imagen personal del poder. De todo el poder”. Como es natural, a medida que ha ganado confianza y ha descubierto las debilidades de los demás, ha intensificado su ejercicio personal del mando.

Esta semana lo ha terminado de confirmar. Sólo le faltó acudir al partido del Barça y el Real Madrid o aparecer en algún programa del corazón. En todo lo demás estaba Zapatero: en el Congreso, en ruedas de prensa, con CC. OO., en un plató de televisión. Habló de todo: del paro, de la economía, de los trabajadores, del Sáhara, de los vuelos a Guantánamo, de ETA, de ANV, de los sindicatos y del barrido informático del gobierno Aznar. Hizo ejercicios de modestia (pocos) y tuvo actuaciones en plan Rey Sol: “El PSC somos nosotros”. Y hoy podría terminar esa actuación estelar con el encuentro con el president Montilla, del que puede salir un armisticio, la paz definitiva, el abrazo Catalunya-España o el gran divorcio familiar.

Por todo ello, presidencialista o personalista, es ya el omnipresente. En parte porque le gusta, en parte porque es el triunfo personal del modesto diputado descubierto por casualidad, y en parte para desmentir a Duran Lleida cuando le acusa de falta de liderazgo, a veces parece incluso agobiante.

La política estatal gira en torno a Zapatero con la misma naturalidad que la Luna gira en torno a la Tierra. Ahora, cuando se vaya a Doñana, nos vamos a quedar como sordos.

¿Cuáles son los peligros de este protagonismo, que en su faceta externa supera incluso a Felipe González? Hay uno interno: está fabricando un desierto; está tapando la posibilidad de que exista un liderazgo alternativo. Si decidiera no repetir como candidato en el 2012, hoy no habría sucesor natural: todos los posibles están oscurecidos por el omnipresente. Mientras la derecha tiene una docena de aspirantes, en el PSOE no destaca ninguno.

Los otros riesgos son más tangibles. Quien mucho habla, mucho se equivoca, y esa factura ya se la está pasando la opinión. El gran desgaste del presidente no es provocado por su gestión, porque la oposición tampoco ha sido capaz de ponerle en aprietos. Es provocado por la cantidad de diagnósticos equivocados que hizo; por los errores de pronóstico que los ciudadanos piensan que han sido engaños; por su tendencia innata a prometer, y después no puede cumplir ni con el salario mínimo. Todo eso le dio enorme protagonismo, pero le empieza a quitar credibilidad. Esa es la dificultad que hoy tendrá para un pacto con José Montilla. Es injusto, pero la política es así.

El error

El veto a los presupuestos no necesitaba para nada el voto de Rajoy. Los que sí se necesitaban eran los votos de los apoyos: o sumaban 176, o no salían adelante. Nada obligaba al popular a estar presente y por eso prefirió llegar a un almuerzo que tenía comprometido. Sólo una objeción: la falta de picardía. No supo ver que dentro y fuera del PP esperan el menor fallo para acusarlo de lo que sea. Incluso de frivolidad.

El barrido

No es la primera vez que el Gobierno acusa al equipo de Aznar de borrar antecedentes de los ordenadores al abandonar el poder. Hasta ahora, la acusación se refería a la Moncloa. Zapatero amplió territorio y acusó de “barrido informático masivo”. Esto no se dice alegremente. Si lo hubo, hay delito. Si hay delito, hay que llevarlo a los tribunales. Y aquí lo hay: o de Aznar o de Zapatero por falsa denuncia.

Los nombrados

Sólo tres nombres han sido citados por Zapatero en la copa de Navidad con su grupo parlamentario: López Aguilar, Jáuregui y Bono, del que dijo “lo aprecio y lo quiero”. ¿Por qué sólo esos? ¿Por qué no citó a su amigo y portavoz José Antonio Alonso? Es la comidilla del grupo. Si el jefe te cita para bien, te espera la gloria. Si se olvida de ti, puedes haber entrado en zona de oscuridad.

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