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Urge, dicen, la refundación del capitalismo, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 19 diciembre, 2008

¡Oh, bienaventurado sobre cuantos viven sobre la haz de la tierra, pues sin tener invidia ni ser invidiado, duermes con sosegado espíritu, ni te persiguen encantadores, ni sobresaltan encantamentos! Duerme, digo otra vez, y lo diré otras ciento, sin que te tengan en contina vigilia celos de tu dama, ni te desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo que has de hacer para comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. Ni la ambición te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los límites de tus deseos no se estienden a más que a pensar tu jumento; que el de tu persona sobre mis hombros le tienes puesto: contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y abundancia.

Austeridad, honradez, honestidad, gratitud, sentido del deber para consigo mismo y con los demás, diligencia, templanza, nobleza, dadivosidad… valores universales e inmortales del Ingenioso Hidalgo, legado moral en el que reflejar la naturaleza humana y revelar conciencia humanista. Entonces y ahora. Y luego, tomando en el suelo cuanto quiso, se acurrucó y durmió a sueño suelto, sin que fianzas, ni deudas, ni dolor alguno se lo estorbase.

Vivimos tiempos convulsos cuyo trasfondo último paréceme el reflejo de una crisis de principios morales, una crisis de humanismo. Profunda. El caos ético de escalas de valores cada vez más divergentes, orfandad de autocontrol, prudente conformismo y lucro racional, ha degenerado en que nunca antes tan pocos tuvieron tanto ni tantos tuvieron tan poco. Generaciones minoritarias criadas en el a todo, insatisfechas aún sin negárseles nada, mientras la mayoría de generaciones afligidas en absolutas carencias se arruinan porque todo se les niega, no hay nada que conceder. Retruécano, nunca tan pocos debieron tanto a tantos. Sin embargo, abrazo incondicionalmente el no es más rico quien mucho tiene sino quien poco necesita. Parábola del pescador satisfecho. Y meritocracia capitalista.

Urge, dicen, la refundación del capitalismo. Pero ignoro el capitalismo referido, pues percibo demasiadas acepciones que acotar. Citado en la inauguración de esta privilegiada tribuna, y más apropiado para estas fechas, incorporo al estofado argumental que viene guisándose semanalmente, con la venia de la propiedad y sus venturosos beneplácitos, capitalismo weberiano. A fuego lento.

La receta del capitalismo weberiano descansa en el trabajo incesante, el cálculo económico racional y el rendimiento obtenido de manera pacífica en forma de rentabilidad equitativa, a través de un intercambio de satisfacciones humanas que huye de la apropiación desordenada de la riqueza, de la ambición ilimitada, del lucro irracional y compulsivo. Capitalismo guiado por la ética racional de la existencia. Antítesis del capitalismo especulador, aventurero, del pelotazo.

Weber, economista, filósofo, y padre fundador de la sociología moderna, defendía que las ideas y valores morales constituían las verdaderas fuerzas de transformación sociales. La evolución del capitalismo industrial basado en empresas con ánimo de lucro y tendentes a satisfacer las necesidades de una colectividad, en el seno de un Estado de hombres libres, seguridad jurídica, justicia equitativa, propiedad privada de los medios de producción, aplicación racional y práctica de la técnica y vida urbana desarrollada. Homo oeconomicus.

La socialización de los principios y valores, imbuidos en el inconsciente colectivo cultural y elevados a bien moral, la ética racional de la existencia, es el alma del capitalismo. Si bien en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” se identificaba su origen con la concepción calvinista y puritana del éxito como prueba de que la gracia divina es favorable, sus diferentes conclusiones para otras confesiones, incluidas las orientales, validaron posteriormente su tesis de que las motivaciones constantes en el ejercicio del deber profesional, la sobriedad del confort burgués y los valores morales suficientemente socializados, permitían un capitalismo racional basado en el ánimo de lucro conformista y el abnegado trabajo como finalidad ética del espíritu.

El trabajo es ley forzosa, todos los hombres obreros. Éste que guía un rebaño, y aquél que gobierna un pueblo. Lo mismo el que ara la tierra que el que interroga a los cielos. ¡Bendito el trabajo sea, fuente de paz y consuelo; nobleza de los humildes, y de los malvados, freno!

La prueba de que el capitalismo weberiano se implantó tanto en Europa como en EE.UU, cuyas estructuras aún hoy perduran, se encuentra en que Europa, a grandes rasgos, sigue dividida entre países core y periféricos, entre una zona industrial, altamente especializada y tecnológicamente avanzada, con movilidad cuasi-perfecta de factores y muy eurítmica (la llamada hot banana o banana azul, países core); y el resto de zonas de influencia (países periféricos). Un Modelo de doble disimetría en el que enlazan las micro-integraciones culturales, sociales, políticas, económicas. Y éticas. Gráficamente, las áreas de influencia de la ética protestante y la columna vertebral que integra países core vs. periféricos coinciden.

Numerosos y recientes estudios sobre socioeconomía del hecho religioso establecen que el corpus moral y las creencias espirituales, sistematizadas e interiorizadas por los diferentes grupos sociales, influyen en su percepción de la felicidad, en el desempeño económico y, por tanto, en el nivel de bienestar de la colectividad. Felicidad, religión y tiempos convulsos de transición económica.

En EE.UU, la ciudad de Boston en particular y New England en general fueron el punto de fuga de la ascética puritana y calvinista. Reconocerse entre los elegidos para la salvación, según el dogma de la predestinación, pasaba por elevar el trabajo, la profesión, el comercio y las obras humanas ad maiorem Dei gloriam. Ética y abnegación profesionales orientadas al servicio de la colectividad y el éxito socioeconómico, como indicador fidedigno de la certitudo salutis salvadora. Al estilo de la contabilidad moral que practicaba Ben Franklin, para poder evaluar su éxito mundano y deducir así su posición ante los designios divinos, Boston se reveló, con sus Universidades e Institutos Tecnológicos, pionera en adelantos e innovaciones, como conciencia ética colectiva de las Colonias y de su desarrollo socioeconómico basado en el esfuerzo, el método y la competencia funcional, el motor del capitalismo norteamericano. La variedad actual del hecho religioso y su estratificación social refrendan las tesis weberianas, como ilustra este paper de Jonathan Gruber, profesor del MIT y adscrito al NBER.

Mi aparente conclusión es que la estructura sistematizada de principios éticos y valores morales comunes, asimilados como imperecederos y universales, resulta esencial para un desarrollo económico y social sostenible. No se trata, a mi modo de ver, de no exigir ni imponer una moral religiosa específica o una espiritualidad teológica determinada, sino de aceptar y defender como bien moral un mínimo corpus de valores humanos puestos en común. Esfuerzo, mérito, honestidad, diligencia, lucro racional… principios y valores que deben ser inculcados, asumidos y practicados en todos los ámbitos, desde el educativo al laboral, a fin de encarar los retos de un mundo globalizado cuyo eje geoestratégico gira hacia el Este y donde la ética racional de la existencia, cada cual la suya, definirá el devenir de los próximos tiempos, prestos para profundas catarsis.

Apago ya el fuego antes de que espese el caldo, con mis mejores deseos para estas fiestas y, en su caso, Feliz Natividad…

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