Reggio’s Weblog

Las cuentas de la Seguridad Social, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 18 diciembre, 2008

A punto de alcanzar el fin de año, la Seguridad Social empieza a echar cuentas del balance previsible para el año. No hay ninguna duda sobre el resultado positivo del presupuesto, que se saldará con un superávit del orden del 1% del PIB, es decir, algo más de 10.000 millones de euros. La cuantía del superávit es lógicamente más débil que en ejercicios anteriores ya que el empleo ha empezado a descender y por lo tanto la afiliación, que había alcanzado este año niveles históricos, se ha resentido. Aumentan los ingresos, pero menos que en años anteriores, y aumentan los gastos, pero mucho más que en ejercicios precedentes. La Seguridad Social entra a partir de 2008, por lo tanto, en una situación de cierta precariedad en el sentido de que evolucionará a peor, acostumbrada a generar cada año excedentes crecientes que mejoraban el patrimonio del Fondo de Reserva.

El resultado del impacto de la crisis económica es un superávit que empieza a verse erosionado y que previsiblemente tendrá un impacto negativo en la capacidad de ahorro del sistema, esa capacidad que se viene plasmando cada año en aportaciones considerables al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la caja de resistencia con la que se nutre el sistema de protección pública para hacer acopio de recursos de cara a una posible situación de déficit en el balance de ingresos y gastos.

Las mayores amenazas que tiene la Seguridad Social para su equilibrio financiero son, por un lado, la debilidad del crecimiento económico, como sucede desde hace unos meses, ya que frena los ingresos. Por el otro, el crecimiento muy rápido, en especial en épocas de crisis, de los gastos, variable en la que además influye otro factor de índole estructural como es la modificación de la pirámide de población, hacia un mayor envejecimiento, es decir, hacia una mayor proporción de beneficiarios que de contribuyentes al sistema público.

En la actualidad, la proporción de activos por pasivos en el sistema es de 2,65 veces, es decir, hay casi tres trabajadores activos cotizando por cada jubilado en situación de percepción de una pensión. Estamos en una de las proporciones más altas de los últimos años, fruto de una intensa etapa de creación de empleo y de aumento de la base de cotizantes, que ha superado de largo la capacidad de aumento de las clases pasivas. El deterioro de la proporción es lo que puede poner al sistema público en dificultades futuras, de ahí que se hayan estado buscando fórmulas para retrasar la jubilación y con ello aligerar un poco las cargas pasivas del sistema. De momento, los agentes sociales y los partidos políticos no se han puesto de acuerdo para realizar esta reforma que permita alargar en el tiempo el momento en el que se puede alcanzar ese equilibrio entre aportaciones y prestaciones al sistema, un equilibrio que sería la antesala del déficit y, por lo tanto, de la búsqueda de otras fuentes de ingresos, lo que llevaría inevitablemente a echar mano de los impuestos, con todo lo que ello implica para el resto de la economía.

De momento, para alargar el instante del equilibrio entre ingresos y gastos (que podría producirse en el año 2023), la Seguridad Social cuenta con el Fondo de Reserva, una caja de resistencia que tiene actualmente 56.000 millones de euros (el 5,32% del PIB) y que el año próximo debería incrementarse en otros 9.000 ó 10.000 millones de euros, además de los correspondientes rendimientos de los 56.000 millones ya existentes, que están colocados en activos financieros rentables, que cada año deben proporcionar una rentabilidad entre el 4% y el 5%, lo que es otra interesante fuente de ingresos adicionales para incrementar el patrimonio del Fondo. Gracias a este Fondo, el momento del desequilibrio financiero de la Seguridad Social podría alargarse hasta el año 2029, de forma que en los cinco o seis años anteriores el déficit corriente sería compensado por las aportaciones del Fondo.

Lo que no está del todo claro es que las previsiones tan aparentemente optimistas del año 2009, en el que la aportación del superávit de la Seguridad Social al Fondo de Reserva se estima en torno al 1% del PIB, lleguen a cumplirse. Los ingresos de la Seguridad Social se están erosionando con cierta fuerza. El organismo no ha anunciado ningún plan de ahorro de costes o de reforma de las condiciones de acceso a la jubilación, que serían muy deseables en estos momentos. Si la boyante situación económica de estos años últimos no lo requería, las condiciones nuevas en las que se mueve este año y al menos el próximo obligan a repensar la necesidad de algunos retoques que garanticen con mayor grado de probabilidad el equilibrio futuro del sistema.

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