Reggio’s Weblog

Demagogia, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 18 diciembre, 2008

ASUNTOS INTERNOS

La palabra demagogia ha tenido mala prensa desde Aristóteles para acá. Entendida como la estimulación de las emociones y los más bajos instintos para halagar los oídos del pueblo llano, el filósofo la definió como «el predominio de los pobres con exclusión de los ricos». En los países más prósperos, donde el sistema capitalista ha sido palabra de Dios en las últimas décadas, sólo con decir que los banqueros se forraban el lomo mientras pagaban los ahorros a precios de miseria, ya eras tachado de demagogo. La acusación era anatema y no había más que hablar. Se suponía que el sistema capitalista, con todos sus derivados financieros, hedge founds y demás ingenierías, proporcionaba riqueza a todos, aunque algunos ganaran más que otros.

Y así teníamos que asistir en silencio a una obscena exhibición de riqueza, porque las clases medias también podíamos a escala disfrutar de las mieles. Igualmente, había que creer que bastaba con que un tío muy listo en un rascacielos de Nueva York pulsara la tecla del enter de su ordenador para que el dinero invertido por Emilio Botín se multiplicara por 10 o 12. Nos decían que era normal y había que creérselo, porque ellos tenían varios Másters y nosotros ninguno. Que el Santander diera un interés del 4% a los pequeños ahorradores, mientras sus inversiones colocadas en todo el universo rentaban al 12% era sólo el combustible necesario para que el sistema fuera sobre ruedas.

El caso de Bernard Madoff, ese mago de las finanzas que multiplicaba los panes y los peces de los ricos sin que nadie se preguntara cómo lo hacía, ha destapado la olla podrida y la inmoralidad en la que se asentaba la parte financiera del sistema. Y nos da todo el derecho del mundo a hacer demagogia. El conservador George Bush ha dicho que renuncia al libre mercado y el socialista Gordon Brown quiere hacernos trabajar 65 horas semanales. A ver por qué no vamos a poder hacer demagogia contra quienes han vivido del cuento porque en las escuelas de negocios les enseñaron a vender humo aprovechándose de una emoción tan primaria como la codicia. ¿No era eso la demagogia?

Los expertos de todo el mundo se hacen cruces porque un golfo vestido de Armani con palos de golf de Ralph Lauren haya sido capaz de engañar a los más ricos y a los más listos, y también se preguntan cómo es posible que las autoridades reguladoras estadounidenses no detectaran el gigantesco fraude basado en el timo de la estampita. Pero si fue Madoff quien se inventó el Nasdaq, el resto no preguntaba por qué sin hacer nada, sin trabajar y sin producir, jugando al golf, la riqueza se multiplicaba por 12.

Las falacias, la manipulación del significado de las palabras, la utilización de un metalenguaje incomprensible, las estadísticas fuera de contexto y el despiste son armas propias de la demagogia. Al revés que en la definición artistotélica, esta vez quien ha hecho demagogia son los ricos, no los pobres.

© Mundinteractivos, S.A.

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