Reggio’s Weblog

Una particular Carta a los Reyes Magos que condicionará el sistema financiero, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

Una de las Cartas a los Reyes Magos de mayor trascendencia que se han dado a conocer en las últimas semanas ha sido la elaborada por el Comité de Supervisión Bancaria del Banco Internacional de Pagos de Basilea, institución a la que se incorporará como director general el ex gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, el próximo 1 de abril. El documento no es sino una declaración de intenciones acerca de los procesos de valoración, supervisión y control a adoptar por las entidades financieras en el futuro y será objeto de purga en la reunión prevista el próximo 9 de febrero. La prensa, tanto nacional como internacional, ha pasado por encima del estudio de un modo a mi juicio sorprendente. No es de extrañar. El encabezamiento (“Supervisory guidance for assesing banks´ financial instrument fair value practices”) es como para salir corriendo sin mirar atrás. Sin embargo de una lectura superficial de la introducción se puede extraer rápidamente su trascendencia:el objetivo de estas notas es proporcionar una guía a los bancos y sus supervisores que les ayude a reforzar sus criterios a la hora de valorar instrumentos financieros y (aquí viene a mi juicio lo que hace de este análisis preliminar tan relevante) promover las mejoras necesarias en los mecanismos de control y gestión del riesgo por parte de la banca”.

El informe, que les adjunto, es un poco redundante en su contenido y se articula alrededor de diez principios básicos que resultan de potencial aplicación a “todo el universo bancario”, con los condicionantes que en él se establecen. A su vez, este decálogo de propuestas se agrupa en dos categorías principales: las tres primeras se encuadran en un apartado bautizado como “Procesos de Valoración y Control”, mientras que las siete restantes descansan bajo el paraguas de lo denominado como “Gestión del Riesgo y Publicación de la Información Valorativa”. Tal y como señala la propia introducción del documento, que es quien mejor resume su contenido, se trataría depotenciar políticas de valoración adecuadamente documentadas en las entidades; favorecer el uso de inputs fiables y fuentes diversas de información; articular la identificación y comunicación de las incertidumbres que puedan surgir en el proceso valorativo tanto internamente como a los terceros interesados; establecer una asignación suficiente de recursos, tanto bancarios como de supervisión, a dicho proceso; garantizar su consistencia de cara a los informes y la gestión del riesgo; y velar por el adecuado control externo de todo el proceso”.

Dado que, tal y como señala el estudio, “no supone una modificación de la normativa contable”, resulta evidente, y así es, que gran parte de su contenido se limita a establecer una pléyade de requisitos formales que van a suponer un giro de 180 grados respecto al modo en el que ha desarrollado la banca su actividad en los últimos años. El detalle es extraordinariamente prolijo pero de él se pueden extraer varias conclusiones a bote pronto: uno, se defiende un modelo de banca en el que el riesgo agregado sea la variable fundamental de trabajo, más allá del riesgo particular de cada una de las divisiones que lo integran, lo que exigirá, sin duda, una mayor tecnificación equipo directivo y, sobre todo, de los consejos de administración; dos, se busca, en consonancia con lo anterior, el establecimiento de una serie de políticas claras y transparentes, adoptadas internamente y comunicadas externamente de modo suficiente, que permitan categorizar por su riesgo potencial a la entidad; tres, se persigue, como debería haberse producido ya, por otra parte, la separación taxativa entre las unidades tomadoras de riesgo y las unidades de control, que ganan predominancia de cara al futuro al ser las que determinan la validez de los modelos de valoración y sus modificaciones, y que deberían actuar de forma transversal en la entidad; cuatro, se propugna el sostenimiento del fair value a lo largo de toda la vida del activo financiero en el balance de la entidad, para lo que se establecen los mecanismos adecuados, internos y externos, para su determinación y comunicación, dando prioridad a las estimaciones objetivas frente a las subjetivas aún en supuestos de extremo tensionamiento; quinto y último, se faculta al regulador a exigir de las entidades que incumplan estos principios un reforzamiento de su base de capital que les permita afrontar, de un modo solvente, el exceso de riesgo en el que teóricamente incurren, lo que potenciaría su papel preventivo de riesgos para el sistema.

Pero más allá de lo que resulta del análisis del documento, que se extiende a lo largo de 11 páginas, hay, a mi juicio, cuatro efectos importantes que son consecuencia directa de su aplicación: primero, se va a producir una funcionarización del negocio bancario, que perderá agilidad y, por tanto, capacidad de reacción en el futuro lo que impactará igualmente sobre el propio dinamismo de la economía; en segundo término, se va a delimitar de modo extraordinario el riesgo de contrapartida con un efecto dramático sobre toda esa banca en la sombra que se había construido a lo largo de la última década; tercero, la innovación bancaria queda condenada temporalmente al ostracismo ya que en la medida en la que el modelo tiene que estar fijado de partida, y teóricamente contemplar todas las variables posibles, la voluntad de asumir el riesgo derivado de la aparición de una potencial piedra filosofal que haga de oro a quien la encuentre se limita sustancialmente; cuarto y último, el crédito va a volver a recobrar valor en sí mismo como contribuyente a la creación de riqueza en la economía. Tal y como señala Byron Wien en su último informe de gestión, si en la década de los 50 cada dólar de deuda producía, en Estados Unidos, 73 centavos de incremento del PIB, en la actualidad dicha cifra se ha reducido a 19. El back to the basics de la actividad de la banca traerá consigo un retorno al papel original de las instituciones financieras y a la racionalidad tanto de sus actuaciones como de sus retribuciones. ¿Durante cuánto tiempo? Dependerá del apellido que finalmente tome esta crisis, recesión o depresión, y sus efectos sobre el conjunto del sistema productivo y financiero. Pero, antes o después, la avaricia volverá a romper el saco de la prudencia. No les quepa la menor duda. De momento, el péndulo avanza, como siempre, hacia el otro extremo. Estemos preparados.

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