Reggio’s Weblog

Pobres ricos, de David Torres en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

A DIESTRA Y SINIESTRA

No nos consuela saber que los ricos también lloran. Sería un consuelo de tontos procedente de un mal de muchos. Antes bien, estremece darse cuenta de que hay millonarios que estas navidades ya no podrán desayunar con caviar iraní ni traerse los Cohiba en avión privado ni poner el yacuzzi a tope para hervir los langostinos. Esa es la medida exacta de la crisis que nos abruma: advertir que, aunque nosotros tenemos que apretarnos el cinturón, ellos tienen que apretarse los gemelos. La gente acostumbrada a la necesidad y a la miseria, los pobres que duermen en los cajeros automáticos, no saben del terrible sacrificio de tener que renunciar al cuarto Mercedes o al quinto cuarto de baño. Pobres ricos.

Quien ya está en el arroyo no puede comprender la angustia de quien se le acaba el champán. Quien ha perdido el brazo no sabe el dolor que produce partirse una uña. En esas pequeñeces consiste la macroeconomía, cuyo funcionamiento interno resulta un calco exacto del tocomocho. Los chacales de Wall Street buscaban parecerse a Michael Douglas con sus camisas de cinco mil dólares y sus zapatos charolados, pero al final han resultado clavaditos a Tony Leblanc en Los tramposos y a Fernando Esteso en Los bingueros. A Bernard Madoff sólo le faltaba entrar en el Palm Beach Country Club de Florida babeando, bizqueando y vendiendo décimos de lotería.

Dinero llama a dinero, es verdad, lo malo es que Madoff les llamaba imbéciles a la cara y ellos tan contentos. Les producía una enorme tranquilidad que les timara un tipo con la reputación intacta, una versión mejorada del ‘Torete’, sin navaja y con la sonrisa niquelada. Madoff manejaba sumas de dinero enormes, largas y complejas ristras de ceros que se revolvían en ganancias tan ficticias como los billetes del monopoly. Sin embargo, para que siguiera en marcha la máquina feliz que daba duros a peseta necesitaba de una enorme colección de pardillos con pajarita.

Probablemente, en vez de ir a la cárcel, Madoff reciba el premio Nobel de Economía por haber ampliado hasta el límite el concepto de primo. Ha conseguido que los números primos (esos seres fashion sólo divisibles por la unidad y por sí mismos) también viajen en limusina. Sabíamos que el dinero no da la felicidad, pero no podíamos imaginarnos que no sirviera ni para separar la boina del traje de etiqueta.

Les podemos perdonar a los ricos todo (la avaricia, la obscenidad, el cinismo) excepto que sean tan memos como para merecer ser pobres. Esperábamos algo más de clase y de glamour de los mismos tipos que decían que el capitalismo salvaje era el estadio último de la Humanidad y que la Historia se acababa en sus bolsillos. Creíamos que los tiburones que le habían leído la cartilla a Marx y habían reventado la caja fuerte de la lucha de clases no acabarían con la misma cara de gilipollas que la víctima propiciatoria de un trilero.

© Mundinteractivos, S.A.

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