Reggio’s Weblog

Crisis (5): eliminar el IVA, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

Una de las consecuencias trágicas de la presente crisis financiera es que se ha tirado por la borda todo lo que los economistas han (¡hemos!) estudiado y predicado durante décadas. Parece que ahora vale todo: cualquier político que desee aumentar el gasto, sólo tiene que explicar que la crisis actual se parece a la del 1929, pronunciar la frase mágica “como dijo Keynes” y ¡zas!, ya tiene carta blanca para dilapidar dinero.

¡Sí! Ya sé que los libros de macroeconomía dicen que, durante las recesiones económicas, el déficit fiscal debe aumentar. Y también sé que se asocia esa expansión fiscal a los postulados keynesianos (aunque, en realidad, todos los macroeconomistas, incluso los clásicos, promulgan la contraciclicalidad del déficit público). Lo que los textos no dicen, sin embargo, es que una crisis abre la puerta al dispendio ilimitado e indiscriminado por parte de la clase política. Y es que hay dos maneras de incrementar el déficit: una, aumentar el gasto público y dos, reducir impuestos para que quien amplíe el gasto sea el ciudadano.

¿Cuál de las dos opciones es preferible para luchar contra la crisis? Hay quien dice que la mejor política será la que tenga un mayor “multiplicador” y ejerza un impacto mayor sobre el PIB. Es decir, si aumentar el gasto en 10.000 millones genera un aumento del PIB de 20 y, en cambio, reducir los impuestos en 10 genera un aumento del PIB de 10, entonces dicen que el aumento del gasto es mejor que la rebaja de impuestos. Aunque este razonamiento es común, es incorrecto porque si lo que queremos es generar un aumento del PIB de 20, no hay nada que impida al Gobierno reducir impuestos en 40 para conseguirlo.

Para evaluar qué política fiscal es mejor, hay que analizar dos aspectos clave. Por un lado, la eficiencia: incluso en épocas de crisis, los contribuyentes debemos asegurarnos de nuestro dinero no es derrochado. En este sentido, cuando se le da al Gobierno la posibilidad de gastar, en seguida surgen ministros, diputados, presidentes de comunidad, alcaldes, y todo tipo de malgastadores patológicos que van a encontrar las maneras más pintorescas de despilfarrar nuestro dinero y que van a tomar decisiones, no con criterios de eficiencia económica, sino con criterios políticos y electoralistas (para no ser acusados, por ejemplo, de hacer poco o nada). Eso hace que acaben adquiriendo cosas que no interesan a la gente sino a ellos mismos. Por el contrario, cuando se rebajan los impuestos son los propios ciudadanos los que deciden adónde va a parar el dinero porque ellos son los que lo van a gastar. Según el primer criterio, pues, el recorte impositivo es superior al aumento del gasto público.

El segundo criterio que tener en cuenta es la inmediatez: ¿qué política tendrá un efecto más rápido sobre la economía? La inmediatez es importante porque las recesiones tienen una duración corta y una política fiscal anticrisis que surta efecto después de la crisis es inútil. En este sentido, el aumento del gasto público en infraestructuras (como los 33.000 millones de inversión en transportes y medio ambiente propuesto por el Gobierno español) requiere concursos públicos, adjudicación de obras, escrituras de contratos, negociación de comisiones (legales y de las otras), etcétera. Un proceso largo que fácilmente puede retrasar el gasto en años. Y puede que entonces sea demasiado tarde… a no ser que el Gobierno lleve a cabo precisamente ese plan anticrisis porque piensa que la recesión en España durará… pues eso, ¡años!

Algo parecido pasa con la reducción del IRPF: cuando los ciudadanos se den cuenta de que el Gobierno les va a quitar menos dinero (y probablemente eso no pase hasta junio, cuando hagan la declaración), la crisis ya puede haber terminado.

En cambio, una reducción del IVA no tiene el mismo problema: si mañana a las diez de la mañana se eliminara el IVA, a las diez y un minuto la gente vería que lo que antes le costaba 100 ahora le cuesta 90, por lo que los 10 restantes podrían ser utilizados para comprar otras cosas. Del mismo modo, las empresas que tienen que guardar dinero para pagar el IVA, de repente tendrían recursos para gastar. Una eliminación del IVA, pues, sería una transfusión directa e instantánea de dinero a las venas de la economía. La pregunta es: ¿cómo sabemos que los ciudadanos gastarían los euros resultantes de la rebaja impositiva en lugar de ahorrarlos? Pues la verdad es que no lo sabemos. Por esto mi propuesta de política fiscal sería la eliminación del IVA, pero no la eliminación permanente, sino temporal.

Es decir, se debería anunciar la desaparición del IVA durante el 2009 (o hasta que se acabe la crisis) y su reaparición en el futuro. De ese modo, los precios serán más bajos si y sólo si se gasta en los próximos meses.

Eso induciría a los ciudadanos a gastar ahora, que es cuando se necesita. Resumiendo, tanto el argumento de la eficiencia como el de la inmediatez sugieren que la mejor política fiscal para luchar contra la crisis es la reducción o eliminación temporal del IVA.

El problema práctico que comporta eso es que la Unión Europea obliga a sus miembros a mantener un IVA mínimo del 15%, por lo que la decisión se tiene que tomar en Bruselas. Pero bueno, quizá ha llegado el momento de que todos los mandarines europeos demuestren que no sólo son chupópteros del dinero ajeno que viven en el cementerio de elefantes políticos y tomen, por fin, una decisión útil y valiente que puede contribuir a amortiguar la crisis: eliminar temporalmente el IVA.

XAVIER SALA I MARTÍN, Columbia University, UPF y Fundació Umbele (www.sala-i-martin.com)

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Pobres ricos, de David Torres en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

A DIESTRA Y SINIESTRA

No nos consuela saber que los ricos también lloran. Sería un consuelo de tontos procedente de un mal de muchos. Antes bien, estremece darse cuenta de que hay millonarios que estas navidades ya no podrán desayunar con caviar iraní ni traerse los Cohiba en avión privado ni poner el yacuzzi a tope para hervir los langostinos. Esa es la medida exacta de la crisis que nos abruma: advertir que, aunque nosotros tenemos que apretarnos el cinturón, ellos tienen que apretarse los gemelos. La gente acostumbrada a la necesidad y a la miseria, los pobres que duermen en los cajeros automáticos, no saben del terrible sacrificio de tener que renunciar al cuarto Mercedes o al quinto cuarto de baño. Pobres ricos.

Quien ya está en el arroyo no puede comprender la angustia de quien se le acaba el champán. Quien ha perdido el brazo no sabe el dolor que produce partirse una uña. En esas pequeñeces consiste la macroeconomía, cuyo funcionamiento interno resulta un calco exacto del tocomocho. Los chacales de Wall Street buscaban parecerse a Michael Douglas con sus camisas de cinco mil dólares y sus zapatos charolados, pero al final han resultado clavaditos a Tony Leblanc en Los tramposos y a Fernando Esteso en Los bingueros. A Bernard Madoff sólo le faltaba entrar en el Palm Beach Country Club de Florida babeando, bizqueando y vendiendo décimos de lotería.

Dinero llama a dinero, es verdad, lo malo es que Madoff les llamaba imbéciles a la cara y ellos tan contentos. Les producía una enorme tranquilidad que les timara un tipo con la reputación intacta, una versión mejorada del ‘Torete’, sin navaja y con la sonrisa niquelada. Madoff manejaba sumas de dinero enormes, largas y complejas ristras de ceros que se revolvían en ganancias tan ficticias como los billetes del monopoly. Sin embargo, para que siguiera en marcha la máquina feliz que daba duros a peseta necesitaba de una enorme colección de pardillos con pajarita.

Probablemente, en vez de ir a la cárcel, Madoff reciba el premio Nobel de Economía por haber ampliado hasta el límite el concepto de primo. Ha conseguido que los números primos (esos seres fashion sólo divisibles por la unidad y por sí mismos) también viajen en limusina. Sabíamos que el dinero no da la felicidad, pero no podíamos imaginarnos que no sirviera ni para separar la boina del traje de etiqueta.

Les podemos perdonar a los ricos todo (la avaricia, la obscenidad, el cinismo) excepto que sean tan memos como para merecer ser pobres. Esperábamos algo más de clase y de glamour de los mismos tipos que decían que el capitalismo salvaje era el estadio último de la Humanidad y que la Historia se acababa en sus bolsillos. Creíamos que los tiburones que le habían leído la cartilla a Marx y habían reventado la caja fuerte de la lucha de clases no acabarían con la misma cara de gilipollas que la víctima propiciatoria de un trilero.

© Mundinteractivos, S.A.

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El control, de Jordi Soler en El País de Cataluña

Posted in Economía, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

En su poema Industrial waves, que podría traducirse como olas industriales, Allen Ginsberg enumeró los derechos de un grupo social que él mismo había bautizado como los “pre-fascistas de mañas escalofriantes”. En esta obra larga llena de ritmo y sorna, este poeta que murió hace 11 años, y que dejó decenas de poemas que siguen rabiosamente vivos, exigía: “¡Libertad para que el rico viva del trabajo del pobre!; ¡libertad para que el Monopolio arrincone al mercado en un estercolero de caballos!; ¡libertad para los matones y muerte a las monjas radicales!”. Baste este pequeño fragmento para ilustrar el rumbo de este poema sobre el abuso y la impunidad que Ginsberg escribió, durante un periodo de sarcasmo profundo, para exorcizar una crisis parecida a la que vivimos ahora, uno de esos momentos de la historia en los que queda muy claro que alguien está abusando de nosotros, que aquí lo que impera y lo que ha imperado siempre es la ley del más fuerte y que aquel que la hace, si está debidamente enchufado, no necesariamente la paga. Ese “Monopolio” para el que Ginsberg, con cáustica ironía, exige libertad, y que debe ser un club de cuatro gordos que periódicamente se reúnen para cobrar dividendos y hundir al mercado (o arrinconarlo en el estercolero), no es exclusivo del mundillo de las finanzas; también existe, por poner un ejemplo, en el “mundo libre” de la Red. Hace no mucho tiempo 40 líderes mundiales se encontraron en Túnez para conversar sobre el futuro de Internet; los grandes temas de la conversación eran, por una parte, el interés que tienen algunos líderes en llevar la Red a los rincones más pobres del mundo y, por otra, el control y la censura en Internet. De esto se hablaba cuando, naturalmente, salió un tercer tema que era la pregunta ¿quién controla Internet?, un tema urgente y pertinente cuya respuesta es, como bien sabrán ustedes, que la Red se origina y depende, y al final se controla, desde una oscura oficina en California que lleva las siglas ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers). Desde esta oficina, que desde luego acabó siendo el gran tema de la cibercumbre, se pueden hacer desaparecer de la Red, si el controlador está de mala leche, por ejemplo, todas las páginas y direcciones que terminen en .cat o .es; y esto es tanto como hacer desaparecer a Cataluña y a España del ciberespacio. Este poder oscuro se parece al “Monopolio” de Ginsberg, a ese club de cuatro gordos que inflan o revientan, según su conveniencia, el mercado financiero; pero estos clubes, de probada exclusividad, pululan y se cuelan hasta en territorios tan intangibles como el tiempo. El tiempo, como ustedes también saben, se ha medido y contabilizado tradicionalmente desde el Royal Observatory, que está en Greenwich, cerca de Londres, en Inglaterra. La base de estas mediciones son las 24 horas que, de acuerdo con la mecánica celeste, tarda la tierra en dar una vuelta sobre su propio eje. Pero resulta que en el movimiento de los astros hay un margen mínimo de error que obliga a los astrónomos de este observatorio a redondear un día, cada cierto número de años, con el añadido de un segundo (el famoso leap second). Este segundo suele añadirse al último día del año, o al último día de junio; el más reciente fue añadido en 1998, y en esa ocasión, como en todas las anteriores, un organismo regulador (The International Earth Rotation and Reference Systems Service) avisó a los gobiernos del mundo del segundo que iba a ser añadido. A esta manera, digamos, clásica de medir el tiempo, se opone la de otro organismo de siglas UCT (Universal Coordinated Time) que lo mide con los 260 relojes atómicos que tiene repartidos por todo el mundo. La diferencia entre los dos sistemas es que este último no toma en cuenta el leap second y que con el tiempo la hora en que amanece y anochece se iría recorriendo, y en 600 años tendríamos un diferencial de una hora. Para evitar esto, los partidarios de UCT proponen que en 600 años adelantemos todos una hora nuestros relojes; pero los astrónomos de Greenwich responden, por su parte, que si abandonamos la maquinaria celeste en favor del reloj atómico, nos iremos apartando paulatinamente, leap second tras leap second, del ritmo natural del universo. La batalla parece ociosa porque en los dos sistemas hay que hacer algún ajuste, pero nada más lo parece porque no se trata solamente de una discusión de orden científico, también es un pulso para ver quién se hace con el control del tiempo. El caso es que desde aquí no controlamos ni las finanzas, ni el ciberespacio, ni el tiempo, ese noble medio que parecía patrimonio de todos. Una de las cosas más nefastas de esta crisis, como he dicho, es que nos ha hecho ver, con una dolorosa claridad, que en el mundo hay cuatro gordos, que hablan en inglés, y que lo controlan absolutamente todo; una deprimente reflexión que debería hacer en otro momento, cuando no esté tan cerca la Navidad.

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La autovía de nunca acabar, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

Interminables fueron los años en que el acceso a Oviedo desde el Occidente de Asturias a través de Trubia se antojaba tercermundista. Pensar, no ya en una autovía, sino simplemente en una vía rápida, parecía, más que un sueño, una quimera. Bien es verdad que hubo una iniciativa ciudadana surgida en Grao que se tomó la cosa en serio, hasta que, por fin, con la ayuda de los fondos mineros, la cosa se puso en marcha. Siempre habrá que recordar con gratitud a los integrantes de aquella plataforma que tanto y tanto luchó para que las comunicaciones del occidente con el centro de Asturias se pusiesen a la altura de los tiempos.

Habrá muchos lectores que recuerden que en las elecciones autonómicas y municipales de 2007, cuando ni siquiera había concluido la autovía hasta Grao, se hablaba de que tenía que llegar, al menos, a Ponferrada; también hubo quien puso «la pica» de papel, no en Flandes, pero sí en Portugal.

Habrá muchos lectores que recuerden que en febrero del presente año, cuando la ministra de Fomento tuvo a bien inaugurar la última variante de Grao, al tiempo que recogía un galardón en Cudillero, anunció que, tanto la primera calzada del tramo Salas-La Espina, como el tramo Grao-Doriga, estarían concluidos en 2008. Como pitonisa, doña Maleni no tendría precio. Y es que, sin ir más lejos, en julio de este año, se cumplió el plazo de ejecución del tramo Grao-Doriga, y, ya entonces, se vio que, en el mejor de los casos, habría un año largo de retraso. ¿Tan fallida fue la previsión de la señora Ministra, o, antes bien, se dejó llevar, según podría maliciarse, por la cercanía de las elecciones para aventurar algo que, en el mejor de los casos, fue un error de bulto, y, en el peor de los supuestos, una tomadura de pelo a los ciudadanos del occidente de Asturias?

Recordarán muchos lectores que, entonces, estando en campaña electoral Gabino de Lorenzo, como cabeza de lista de su partido al Congreso de los Diputados, el candidato a parlamentario y regidor de Vetusta criticó la distinción que le hizo el Ayuntamiento de Cudillero a doña Magdalena. De inmediato, el primer edil pixueto salió al paso, recordándole a Gabino lo que la Ministra había hecho a favor de su municipio, frente a lo que Cascos no había querido llevar a término en su etapa al frente de Fomento.

Pues bien, voy a dar por cierto lo que en este mismo periódico escribió don Francisco González Méndez, y no me cuestiono que la Ministra se hiciese acreedora a la distinción que recibió. Pero a continuación añado que, en lo que respecta a estas comarcas y a toda la ciudadanía afectada por los retrasos de esta autovía, doña Magdalena se merece todo lo contrario, pues no ha mostrado la más mínima consideración hacia nosotros, pues no sólo anunció plazos que están muy lejos de cumplirse, sino que además ni siquiera tuvo a bien, cuando se inauguró el tramo Trubia- Llera asistir, como creo que estaba anunciado, en compañía de los alcaldes del suroccidente que, por aquello de la pertenencia al mismo partido en la mayor parte de los casos, no se mostraron indignados. La agenda no debió permitírselo. Y el caso fue que allí sólo se presentaron los más importantes: los representantes de la plataforma que vieron cumplido parte importante de su sueño.

¿Y ahora? En verano, se cerró al tráfico la carretera que comunica Doriga con Grao, en teoría por seis meses. ¿Podemos seguir siendo ingenuos y creer que se cumplirá ese plazo? ¿Y ahora? El tramo Grao- Doriga que supondrá evitar la Cabruñana no sabemos cuándo se va a concluir. ¿Y ahora? Hasta oficialmente, se admite que habrá dos años de retraso: de aquel «horizonte de 2009», pasamos ya al horizonte de 2011, y hay quien piensa que no son descartables retrasos sobre este último vaticinio.

Es ésta la autovía de nunca acabar.

Como principal consuelo el dato que sigue: en la edición digital de este periódico del 10 de diciembre, hay 17 comentarios a la noticia que da cuenta de los retrasos de los que venimos hablando.

¿Alguien tomará nota? ¿Alguien se sonrojará?

Episodios neoliberales (y III), de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Economía, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

El ojo del tigre

No olvidemos que, en 1957, Asturias ocupaba el cuarto puesto en la lista de la distribución nacional de los ingresos per cápita. Pero también que, cinco años después -en 1962- había descendido hasta el lugar 16. En 1964, Asturias se había hundido hasta el puesto 19; situándose por debajo de la media nacional. Desde el olimpo orgánico de la jerarquía política regional, este traumático fenómeno socioeconómico era explicado a la opinión pública con una simplificación provocadora: No es que Asturias haya bajado, sino que son las demás las que han subido. Con lo cual, se podía demostrar que la región no sólo perdía poder económico sino que, además, los responsables del poder político habían perdido su vergüenza.

Aquí nunca se logró -ni se intentó tan siquiera- planificar la economía asturiana con fines verdaderamente sociales. La condición subsidiaria del Estado sólo funcionó para hacer aquellas cosas que el capital privado (entonces, ya muy atrapado por las tesis neoliberales) no quería hacer o no le interesaba hacerlas por dos razones: una, porque el beneficio económico que le reportaría a su inversión era muy escaso o excesivamente bajo; y otra: porque si ese beneficio se producía sería a muy largo plazo. Por lo tanto, la finalidad de la empresa pública era la de socializar las pérdidas que generaban los malos negocios -y las aventuras…- del capital privado español.

Pero esa política de intervención pública nunca estuvo controlada por la clase política que representaba al régimen, sino que siempre estuvo en las manos de los grandes burócratas industriales, que constituían una casta social muy poderosa. Casta que continuaría prolongándose en el tiempo, a pesar de los cambios políticos habidos en el país.

El mito de la riqueza del carbón se conservó en Asturias incluso cuando ya en los países europeos, que disponían de una larga experiencia histórica sobre la minería del carbón, mucho más desarrollada y bastante más rica que la nuestra, se había llegado a la conclusión de que el carbón se estaba pasando de moda (1966), y que la importancia que se le daba estaba influida principalmente por el grado de evolución social y económica que hubiera alcanzado el país. En este sentido, decía Lukacs (no sé si debo pedir perdón por citarlo…) que, para la riqueza de un país, el hecho de que sea fundamental o no la importancia del carbón depende de la producción y no del carbón. Sin embargo, esto es algo que aún no hemos asimilado los asturianos, a pesar de la fatigosa experiencia que la historia de la minería hullera nos ha legado.

En 1967,el INI se adjudicó el control total de una nueva empresa llamada Hulleras del Norte S.A. (HUNOSA). Estaba constituida por una concentración de grandes explotaciones mineras pertenecientes a Duro-Felguera, Fábrica de Mieres, Hullera Española, I.A. Santa Bárbara, Nueva Montaña-Quijano, Carbones Asturianos…. Sucesivamente, se incorporarían al holding minero otras minas menores. Desde la década de los años 50, hasta los tres primeros años de la década de los 70, se produjeron en Asturias numerosas huelgas por razones laborales y sociales, principalmente, pero que al Gobierno -y al régimen- le suponían un incómodo problema político. Aquellos conflictos -algunos de gran relevancia sociopolítica: el del año 1962, por ejemplo- fueron los últimos suspiros de un histórico movimiento obrero que, al final, acabaría siendo diluido en el nuevo orden económico: el consumismo. (Dice: consumismo)

Uno de esos conflictos sociales -seguramente el más peculiar teniendo en cuenta el contexto social en el que se produjo y por quiénes fueron sus líderes- fue el planteado por el Centro de Iniciativas Económico-Sociales y Turísticas del Valle del Nalón, fundado en Sama de Langreo a finales de 1968, con la finalidad de luchar abiertamente contra el desmantelamiento industrial de las cuencas. Era, en realidad, un movimiento protagonizado por la sociedad civil: pequeños propietarios, profesionales liberales, comerciantes, obreros, vecinos…

Ese movimiento cívico lo había provocado UNINSA al desmantelar en las cuencas el patrimonio siderúrgico para llevarselo a Veriña (Gijón). En el Centro de Iniciativas tenían las ideas muy claras: Estamos en contra de una decisión unilateral de claro signo capitalista. Y así se lo hicieron saber al Gobernador Civil (Mateu de Ros), en una extensa carta abierta -fechada el 13 de enero de 1970-, en donde le advertían además que pagarían la multa de diez mil pesetas, que les había impuesto, sin hacer uso de su derecho a recurrirla judicialmente. La multa les fue impuesta porque a la asamblea general extraordinaria -celebrada en el Teatro Rozada de Sama el 26 de diciembre de 1969- habían asistido personas no asociadas al centro. Increíble.

Elepisodio de aquella prolongada revuelta civil langreana ha sido intencionadamente olvidado, no sólo por la derecha posfranquista sino también por la nueva izquierda socialdemócrata, que usa las siglas del partido obrero fundado por Pablo Iglesias.

En la transición, UCD no tuvo tiempo más que para despertar un nuevo neocorporativismo, incluyendo a los sindicatos y a la patronal. Los socialistas (renovadores), optaron por una política económica de filiación neoliberal. En 1995, se cargaron al INI. Ya no hacía falta. Empezaron a buscar compradores para liquidar los últimos restos del patrimonio público industrial asturiano. Pero sería el PP quien realizará la operación. Siendo ministro de Industria Josep Piqué, encontraron un socio para Ensidesa. Se llamaba Arbed. Fue una desamortización como las que acostumbraban a hacer en el régimen de aquel general, utilizando al INI para cargárselas a su cuenta… El PP vendió camuflando la venta en un océano de eufemismos. Lo habitual.

Ahora, es el turno de ArcelorMittal. Sus dirigentes nos piden comprensión y paciencia en este difícil proceso. Hace casi setenta años que en Asturias la paciencia es de acero inoxidable. Sin embargo, la comprensión es imposible.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Una particular Carta a los Reyes Magos que condicionará el sistema financiero, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

Una de las Cartas a los Reyes Magos de mayor trascendencia que se han dado a conocer en las últimas semanas ha sido la elaborada por el Comité de Supervisión Bancaria del Banco Internacional de Pagos de Basilea, institución a la que se incorporará como director general el ex gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, el próximo 1 de abril. El documento no es sino una declaración de intenciones acerca de los procesos de valoración, supervisión y control a adoptar por las entidades financieras en el futuro y será objeto de purga en la reunión prevista el próximo 9 de febrero. La prensa, tanto nacional como internacional, ha pasado por encima del estudio de un modo a mi juicio sorprendente. No es de extrañar. El encabezamiento (“Supervisory guidance for assesing banks´ financial instrument fair value practices”) es como para salir corriendo sin mirar atrás. Sin embargo de una lectura superficial de la introducción se puede extraer rápidamente su trascendencia:el objetivo de estas notas es proporcionar una guía a los bancos y sus supervisores que les ayude a reforzar sus criterios a la hora de valorar instrumentos financieros y (aquí viene a mi juicio lo que hace de este análisis preliminar tan relevante) promover las mejoras necesarias en los mecanismos de control y gestión del riesgo por parte de la banca”.

El informe, que les adjunto, es un poco redundante en su contenido y se articula alrededor de diez principios básicos que resultan de potencial aplicación a “todo el universo bancario”, con los condicionantes que en él se establecen. A su vez, este decálogo de propuestas se agrupa en dos categorías principales: las tres primeras se encuadran en un apartado bautizado como “Procesos de Valoración y Control”, mientras que las siete restantes descansan bajo el paraguas de lo denominado como “Gestión del Riesgo y Publicación de la Información Valorativa”. Tal y como señala la propia introducción del documento, que es quien mejor resume su contenido, se trataría depotenciar políticas de valoración adecuadamente documentadas en las entidades; favorecer el uso de inputs fiables y fuentes diversas de información; articular la identificación y comunicación de las incertidumbres que puedan surgir en el proceso valorativo tanto internamente como a los terceros interesados; establecer una asignación suficiente de recursos, tanto bancarios como de supervisión, a dicho proceso; garantizar su consistencia de cara a los informes y la gestión del riesgo; y velar por el adecuado control externo de todo el proceso”.

Dado que, tal y como señala el estudio, “no supone una modificación de la normativa contable”, resulta evidente, y así es, que gran parte de su contenido se limita a establecer una pléyade de requisitos formales que van a suponer un giro de 180 grados respecto al modo en el que ha desarrollado la banca su actividad en los últimos años. El detalle es extraordinariamente prolijo pero de él se pueden extraer varias conclusiones a bote pronto: uno, se defiende un modelo de banca en el que el riesgo agregado sea la variable fundamental de trabajo, más allá del riesgo particular de cada una de las divisiones que lo integran, lo que exigirá, sin duda, una mayor tecnificación equipo directivo y, sobre todo, de los consejos de administración; dos, se busca, en consonancia con lo anterior, el establecimiento de una serie de políticas claras y transparentes, adoptadas internamente y comunicadas externamente de modo suficiente, que permitan categorizar por su riesgo potencial a la entidad; tres, se persigue, como debería haberse producido ya, por otra parte, la separación taxativa entre las unidades tomadoras de riesgo y las unidades de control, que ganan predominancia de cara al futuro al ser las que determinan la validez de los modelos de valoración y sus modificaciones, y que deberían actuar de forma transversal en la entidad; cuatro, se propugna el sostenimiento del fair value a lo largo de toda la vida del activo financiero en el balance de la entidad, para lo que se establecen los mecanismos adecuados, internos y externos, para su determinación y comunicación, dando prioridad a las estimaciones objetivas frente a las subjetivas aún en supuestos de extremo tensionamiento; quinto y último, se faculta al regulador a exigir de las entidades que incumplan estos principios un reforzamiento de su base de capital que les permita afrontar, de un modo solvente, el exceso de riesgo en el que teóricamente incurren, lo que potenciaría su papel preventivo de riesgos para el sistema.

Pero más allá de lo que resulta del análisis del documento, que se extiende a lo largo de 11 páginas, hay, a mi juicio, cuatro efectos importantes que son consecuencia directa de su aplicación: primero, se va a producir una funcionarización del negocio bancario, que perderá agilidad y, por tanto, capacidad de reacción en el futuro lo que impactará igualmente sobre el propio dinamismo de la economía; en segundo término, se va a delimitar de modo extraordinario el riesgo de contrapartida con un efecto dramático sobre toda esa banca en la sombra que se había construido a lo largo de la última década; tercero, la innovación bancaria queda condenada temporalmente al ostracismo ya que en la medida en la que el modelo tiene que estar fijado de partida, y teóricamente contemplar todas las variables posibles, la voluntad de asumir el riesgo derivado de la aparición de una potencial piedra filosofal que haga de oro a quien la encuentre se limita sustancialmente; cuarto y último, el crédito va a volver a recobrar valor en sí mismo como contribuyente a la creación de riqueza en la economía. Tal y como señala Byron Wien en su último informe de gestión, si en la década de los 50 cada dólar de deuda producía, en Estados Unidos, 73 centavos de incremento del PIB, en la actualidad dicha cifra se ha reducido a 19. El back to the basics de la actividad de la banca traerá consigo un retorno al papel original de las instituciones financieras y a la racionalidad tanto de sus actuaciones como de sus retribuciones. ¿Durante cuánto tiempo? Dependerá del apellido que finalmente tome esta crisis, recesión o depresión, y sus efectos sobre el conjunto del sistema productivo y financiero. Pero, antes o después, la avaricia volverá a romper el saco de la prudencia. No les quepa la menor duda. De momento, el péndulo avanza, como siempre, hacia el otro extremo. Estemos preparados.

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La Cumbre de Bruselas, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

Se produce un contraste llamativo entre los escasos resultados que se derivan de las cumbres europeas y el discurso siempre triunfalista de los líderes cuando acaban. Siempre hablan de acuerdos históricos, y lo cierto es que, en la mayoría de los casos, lo que hay son componendas ambiguas e incluso pasos atrás como los del cangrejo.

No constituye ninguna novedad señalar el desprecio con el que, en el proyecto europeo, se considera a los ciudadanos, eludiendo cuando es posible cualquier votación popular y, cuando no lo es, pretendiendo lograr su asentimiento por todos los medios accesibles, incluso repitiendo el escrutinio cuantas veces sea necesario hasta obtener un resultado positivo. Esto es lo que ahora ocurre con Irlanda.

La Constitución europea cayó ante el “no” francés y el de los Países Bajos. Se ha intentado invertir la situación salvando las partes esenciales como una modificación del tratado, de manera que pudiera ser aprobado por los parlamentos nacionales sin necesidad de someterlo a referéndum. Irlanda era la excepción y también la piedra en la que ha embarrancado el llamado Tratado de Lisboa. Ahora se modifica éste para que dicho país pueda consultar de nuevo a sus ciudadanos.

La modificación es especialmente significativa. La Comisión se configura con tantos integrantes como Estados miembros, de manera que cada uno de éstos, por pequeño que sea, puede tener su propio comisario, 27 ahora, 28 tras la incorporación de Ucrania. Es difícil ver en este diseño el menor atisbo de unidad política, sino más bien una cámara de representación de todas las naciones. Cada comisario irá a defender los intereses del país al que representa. Europa siempre ha tenido un déficit democrático pero, después de la ampliación, posee además un problema de gobernación. Una Comisión y un Consejo de 27 o 28 miembros difícilmente van a ser operativos.

Este mismo aspecto de ser un conglomerado de países y nada más se ha puesto de manifiesto en el acuerdo tomado para reactivar la economía. No hay plan europeo sino tan sólo la suma de 27 planes nacionales. Van a ser las finanzas de los Estados las que soporten el coste del proyecto, sin que ni siquiera se hayan armonizado las actuaciones dejando a cada país que decida las medidas expansivas que va a tomar. El único rasgo común es el coste, cifrado en el 1,5% del PIB de cada Estado, planteamiento altamente difuso porque cada uno de ellos podrá incluir en el paquete medidas ya tomadas o que de cualquier forma fuese a tomar, así como calcular los costes de forma arbitraria.

El abanico se deja tan abierto que los Estados pueden incluso elegir entre incrementar los gastos o reducir los impuestos. Aparentemente puede pensarse que las dos actuaciones son similares -y cuantitativamente lo son, ambas son expansivas y van a incrementar el déficit público-, pero cualitativamente son muy distintas ya que van a tener efectos dispares sobre la distribución de la renta.

En principio, hay que pensar que la bajada de impuestos va a favorecer a las clases medias, y principalmente a las altas, desde luego mucho más si se trata de impuestos progresivos como los de la renta, sociedades, patrimonio o sucesiones. Incluso, cabe la sospecha de que una disminución en el tipo de IVA, tal como propone el premier británico, va a traducirse, al menos parcialmente, en un incremento del excedente empresarial, siendo muy dudoso que se traduzca en una bajada significativa de los precios. Por otra parte, en una situación de deflación no parece que haya que actuar en primera instancia sobre los precios sino sobre la demanda, y esto se consigue de forma mucho más directa incrementando el gasto público en infraestructuras o en subsidio para el desempleo. Por una vez, Zapatero tiene razón.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

Nos mecen con cuentos, de Sabino Cuadra Lasarte en Gara

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

Aún a sabiendas de que la libertad de expresión en el Estado español permite a Tardá gritar «muerte al Borbón» y a Manuel Fraga asegurar que «hay que colgar a los nacionalistas», pero no deja espacio para el «aurrera bolie!» de Iñaki de Juana Chaos, el autor se atreve a afirmar que «la inmensa mayor parte de los banqueros, consejeros y directivos de multinacionales, presidentes de gobierno y ministros de economía, así como la plana mayor al completo de las distintas organizaciones internacionales -OMC, BM, FMI, G-8, G-20,…- son criminales de guerra y genocidas de paz». A lo largo del artículo explica con detalle el fundamento de su afirmación y denuncia las mentiras con las que esos «criminales y genocidas» pretenden engañar a la sociedad.

La libertad de expresión florece en nuestro país. Ya se puede gritar «muerte al Borbón», como lo hizo el diputado de ERC, Joan Tardá, sin que a uno le pase mayor cosa que ser calificado de «primario» por Bono. Y también se puede afirmar, como lo ha hecho Fraga, carnicero en Gasteiz y Montejurra, que hay que «colgar a los nacionalistas», porque eso tampoco es delito. Quizás De Juana Chaos, a quien se persigue por afirmar eso tan genocida de «aurrera bolie!» («¡adelante con la pelota!»), no comparta esa opinión, pero, en fin, así es la vida, llena de contradicciones ella.

Visto lo anterior, y advirtiendo, por si acaso, que está lejos de mi intención pronunciarme en favor del ajusticiamiento o linchamiento de nadie -menos aún de utilizar expresión futbolístico-terrorista alguna-, quiero aprovechar la ocasión que me brindan las frases de Tardá y Fraga para afirmar algo que tengo atragantado desde hace bastante tiempo. Allá va: la inmensa mayor parte de los banqueros, consejeros y directivos de multinacionales, presidentes de gobierno y ministros de economía, así como la plana mayor al completo de las distintas organizaciones internacionales -OMC, BM, FMI, G-8, G-20…- son criminales de guerra y genocidas de paz que debieran ser juzgados y condenados a galeras sin más tardar. Me explico.

Cuarenta millones de personas más han pasado durante este año a engrosar la lista de los más de 950 millones de seres humanos que pasan hambre en el mundo. Más de 30.000 niños y niñas mueren diariamente por enfermedades ligadas a lo anterior, fácilmente curables en nuestra sociedad. El precio que cuesta mantener tan solo un mes la guerra y ocupación de Irak y Afganistán serviría para erradicar esta hambruna. Y hablando de cifras más cercanas, con tan solo la cuarta parte del dinero que el Gobierno español está poniendo en manos de la banca española para solucionar sus problemas de liquidez, se podría hacer otro tanto.

Mientras tanto, todos los gobiernos y parlamentos del planeta han celebrado con todo tipo de declaraciones, lunches, exposiciones y actos el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En Nafarroa, para no ser menos, se hizo una lectura pública en el Parlamento Foral de los treinta artículos de su texto, sumándose a este paripé no solamente sus fuerzas políticas al completo, sino también un nutrido grupo de ONG (Manos Unidas, Cruz Roja, Medicus Mundi), colegios religiosos e ikastolas (Teresianas, San Fermín) e, incluso, jugadores del Portland. Realmente entrañable. En el fondo, todos somos buenos.

Lo dijo León Felipe: «Digo tan solo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos; que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos; que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…». Eran otros tiempos. León Felipe nació 1884 y en aquella época no existía la televisión, ni la prensa diaria, ni la ONU, ni el Parlamento Foral… En todos estos órganos, cada dos por tres, se celebra ahora el día de la tierra, el del medio ambiente, el de todos a una contra la lacra de la violencia de género, o contra el hambre, o contra la pobreza… Después, los medios de comunicación dedican programas especiales y suplementos a glosar el día y a propagandear las declaraciones unánimes de nuestros políticos, preocupados como pocos en acabar con todo lo malo y en apoyar todo lo bueno. Ellos son así: sepulcros blanqueados, hipócritas impenitentes.

Son datos recientes. Los han publicado estos días pasados el FMI, la oficina estadística de la Unión Europea -Eurostat- y el Ministerio de Trabajo. El Estado español bate hoy tres récords de los que se avergonzaría cualquier gobierno y político que no tuviera una catadura y cara dura similar a la de los que por aquí padecemos. Tenemos, con mucho, la tasa más alta del paro de toda Europa (11,3%), uno de los mercados laborales más flexibles del planeta (un tercio de todos los contratos son temporales) y, por si fuera poco, somos también el único país de la OCDE en el que, en la época de bonanza económica y vacas gordas, el poder adquisitivo real del salario medio bajó un 4%. ¿Alguien da más?

Me basta con esos tres datos. Me sobra lo demás. Miente Zapatero, miente Solbes, miente Rajoy, miente Ibarretxe, miente Sanz… Todas las propuestas, enmiendas, proclamas y posturitas con las que se justifican a diario no son más que cuentos. Pretenden dormirnos con cuentos, ahogar nuestros gritos con cuentos. Y buscan, junto a ello, encubrir la mafia bancaria, ocultar la rapiña empresarial, lanzar cortinas de humo sobre sus crímenes y latrocinios, envolver en pomposas declaraciones a favor de los derechos humanos sus constantes violaciones de los mismos… Los presupuestos que preparan son más de lo mismo: dinero para la banca, para el cemento, para la guerra, para la casa real, para comprar a políticos y sindicalistas… y nuevas vueltas de tuerca en el terreno laboral, en el de los servicios y atenciones sociales, en el de los derechos y libertades.

Los medios de comunicación recogen y propagan la versión de que es la crisis la causante de esos nuevos cuarenta millones más de pobres, de ese casi millón más de parados y paradas con que vamos a cerrar 2008… Pero para poder hacer frente a esta situación desde postulados de izquierda debemos comenzar por negar la mayor: no es la crisis quien produce el hambre y el paro, sino el propio sistema. Si se aplicaran recetas de justicia y solidaridad, no habría más gente hambrienta ni parada. Empobreciendo tan solo a unos pocos cientos de supermillonarios, democratizando las estructuras políticas y económicas de esta sociedad y desmilitarizando los presupuestos públicos, la crisis tendría una salida muy diferente. La recesión no es el problema, el problema es la injusticia y el criminal reparto de riquezas existente hoy en el mundo.

El peor terrorismo existente, el que de verdad tortura y mata con su hambre, con su paro, con su guerras preventivas y humanitarias… no es el que nos cuentan. Los genocidas de hoy visten Armani, juegan en Bolsa y se sientan en todo tipo de foros e instituciones. Bin Laden es un niño travieso comparado con la insensibilidad ante el dolor, el hambre y la muerte de toda esta gente. Mecen nuestra cuna con cuentos, pero debemos permanecer despiertos. Los terroristas son ellos.

Sabino Cuadra Lasarte, abogado.

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A peor, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

Todos los expertos en economía, tras profundas reflexiones, creen haber descubierto la causa última de que la crisis depresiva de la actividad crediticia en la banca, y de la contracción de la demanda, sea impermeable a las grandes medidas estatales de estímulo. Satisfechos de haber diagnosticado la naturaleza de la enfermedad, una crisis de confianza, no son conscientes de que la desconfianza social está producida por algo distinto de la falta de confianza, y que ese algo no se cura con dotaciones de dinero, a no ser que la desconfianza general provenga de la particular falta de confianza en sí mismo del capital financiero, asustado de asumir las consecuencias de sus propias acciones. Susto compartido por los gobiernos, en contraste con su frialdad ante la extensión de la crisis al capital industrial. ¿Había duda sobre la hegemonía política de las finanzas?

Los expertos confunden la causa particular de la crisis con la de sus efectos universales. Si el origen está en la burbuja financiera fabricada por la banca, dando créditos hipotecarios superiores al valor de lo hipotecado, y en la especulación delictiva, con valores bursátiles de los fondos de inversión, lo coherente sería que se dejara caer al sector inmobiliario y al especulativo, y que los gobiernos atajaran con rapidez la extensión de la situación crítica a los sectores de producción y consumo no implicados en las acciones fraudulentas que la han provocado. Los bancos han paralizado el interbancario porque sospechan que todos están repletos de activos dañados. Y no prestan a sus clientes habituales por miedo a quedarse sin recursos ante una morosidad extraordinaria que los arrastraría a la bancarrota. Así, es lógico que la crisis empeore y se prolongue.

El director gerente del FMI, Strauss-Khan, dijo ayer en Madrid que los gobiernos del G-20 “parecen ahora más reacios a aplicar políticas con las que estaban de acuerdo cuando estaban juntos en Washington”, y que las medidas adoptadas están “mal inspiradas en cuanto a su diseño y dudosas en cuanto a su implantación”, por lo que la recuperación en 2010 dependerá de que “los Gobiernos actúen con más contundencia”. Este hombre inteligente sabe más de lo que dice. Pues si pide “pisar el acelerador del gasto fiscal”, sin que se corrija la inspiración del diseño, la crisis continuará agravándose, sin que ningún experto pueda divisar el horizonte donde comience a declinar, a no ser que la interrumpa una gran crisis política.

florilegio

“Si los gobernados no son dueños de los gobiernos, es iluso que éstos se revuelvan contra sus sostenedores. Desconfiad de la esperanza misma.”

Es necesario revisar la reglamentación, de George Soros en Expansión

Posted in Economía by reggio on 17 diciembre, 2008

Estamos en medio de la peor crisis financiera desde los años treinta. El aspecto notable de esta crisis es que no fue consecuencia de alguna sacudida externa, como un incremento en los precios del petróleo por parte de la OPEP. El sistema financiero mismo la provocó.

Este hecho –la existencia de un defecto inherente en el sistema– contradice la teoría generalmente aceptada de que los mercados financieros tienden al equilibrio y que las desviaciones ocurren de manera aleatoria o son causadas por algún acontecimiento externo súbito al que los mercados tienen dificultad para adaptarse. El enfoque actual de la reglamentación del mercado se ha basado en esta teoría, pero la gravedad y amplitud de la crisis son pruebas convincentes de que hay un error fundamental.

He desarrollado una teoría alternativa que sostiene que los mercados financieros no reflejan con exactitud las condiciones subyacentes. Dan una imagen siempre parcial o distorsionada de alguna forma u otra. Lo que es más importante, la visión distorsionada de los participantes en el mercado que se expresa en los precios puede, bajo ciertas circunstancias, afectar a los llamados fundamentos que se supone que los precios del mercado reflejan.

Llamo a esto la conexión en dos sentidos entre los precios del mercado y la “reflexividad” de la realidad subyacente. Sostengo que los mercados financieros siempre son reflexivos y en ocasiones se pueden desviar mucho del supuesto equilibrio. En otras palabras, los mercados financieros tienden a producir burbujas.

Hipotecas de alto riesgo

La crisis actual se originó en el mercado de hipotecas de alto riesgo. El estallido de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos actuó como un detonador que hizo explotar una súper burbuja mucho mayor que se había comenzado a formar en los años ochenta, cuando el fundamentalismo de mercado se convirtió en el dogma dominante. Ese dogma condujo a la desregulación, la globalización y las innovaciones financieras basadas en la falsa suposición de que los mercados tienden al equilibrio.

El castillo de naipes ya se ha derrumbado. Con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, sucedió lo inconcebible: el sistema financiero sufrió un paro cardiaco. Inmediatamente se le dio respiración artificial: las autoridades del mundo desarrollado garantizaron efectivamente que a ninguna otra institución importante le sucediera lo mismo.

Pero los países que están en la periferia del sistema financiero global no pudieron dar garantías igualmente fiables. Esto precipitó una fuga de capitales de los países de Europa Oriental, Asia y América Latina. Todas las monedas cayeron frente al dólar y el yen. Los precios de los productos básicos se desplomaron y las tasas de interés en los mercados emergentes se dispararon.

La carrera para salvar al sistema financiero internacional sigue en curso. Incluso si tiene éxito, los consumidores, los inversionistas y las empresas están pasando por una experiencia traumática cuyo impacto todavía no se siente plenamente.

Entonces, ¿qué se debe hacer? Puesto que los mercados financieros tienden a crear burbujas de activos, los reguladores deben aceptar la responsabilidad de impedir que crezcan demasiado. Hasta ahora, las autoridades financieras han rechazado explícitamente esa responsabilidad.

Es imposible, por supuesto, evitar que se formen burbujas, pero debería ser posible mantenerlas dentro de límites tolerables. Esto no se puede hacer simplemente controlando la oferta monetaria. Los reguladores también deben tomar en cuenta las condiciones del crédito, porque el dinero y el crédito no se mueven al mismo paso.

Los mercados tienen estados de ánimo y prejuicios que es necesario contrarrestar. Para controlar el crédito, como elemento independiente del dinero, se deben emplear herramientas adicionales -o, más precisamente, se deben reactivar, porque se utilizaban en los años cincuenta y sesenta. Me refiero a los requisitos de margen variable y de capital mínimo para los bancos.

La sofisticada ingeniería financiera actual puede hacer que los cálculos de los requisitos de margen y capital sean muy difíciles, sino es que imposibles. Por lo tanto, las autoridades competentes deben registrar y aprobar los productos financieros nuevos antes de que sean vendidos.

Equilibrar el estado de ánimo de los mercados requiere criterio, y puesto que las autoridades reguladoras son seres humanos, corren el riesgo de equivocarse. Sin embargo, tienen la ventaja de percibir las reacciones del mercado, lo que debe permitirles corregir sus errores. Si una burbuja no se desinfla con requisitos severos de margen y de capital mínimo, las autoridades reguladoras pueden hacerlos más estrictos. Pero el proceso no es a prueba de errores, porque los mercados también pueden equivocarse. La búsqueda del equilibrio óptimo es un proceso interminable de ensayo y error.

El juego del gato y el ratón

Este juego del gato y el ratón entre las autoridades reguladores y los participantes en el mercado ya está en marcha, pero su verdadera naturaleza no ha sido reconocida.

Alan Greenpsan, el ex presidente de la Reserva Federal estadounidense era un maestro de la manipulación con sus declaraciones délficas, pero en lugar de aceptar lo que estaba haciendo, simulaba que era simplemente un observador pasivo. Por ello las burbujas de activos pudieron crecer tanto durante su administración.

Puesto que los mercados financieros son globales, la reglamentación también debe ser de alcance internacional. En la situación actual, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene una nueva misión: proteger a los países de la periferia de los efectos de las tormentas que se generen en el centro, concretamente, en los Estados Unidos.

El consumidor estadounidense ya no puede ser el motor de la economía mundial. Para evitar una depresión global, otros países también deben estimular sus economías internas. Pero los países de la periferia que no tienen grandes superávits de exportaciones no están en posición de utilizar políticas anticíclicas.

Le corresponde al FMI encontrar formas de financiar los déficits fiscales anticíclicos. Esto podría hacerse en parte recurriendo a los fondos de riqueza soberana y en parte emitiendo Derechos Especiales de Giro, de manera que los países ricos que pueden financiar sus propios déficits podrían ayudar a los países más pobres que no pueden hacerlo.

Si bien es necesario fortalecer la reglamentación internacional para que el sistema financiero global sobreviva, también hay que tener cuidado de no ir demasiado lejos. Los mercados son imperfectos, pero las reglamentaciones lo son aún más. Las autoridades de reglamentación no sólo son humanas; también son burocráticas y están sujetas a influencias políticas. Las reglas deben mantenerse al mínimo necesario para conservar la estabilidad.

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Entre Bush y Obama: Gates, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 17 diciembre, 2008

No dejan de ser sorprendentes algunas peculiaridades de la maquinaria política de EEUU, que hunden sus raíces en el ideario y las prácticas de los padres fundadores, como advirtió Alexis de Tocqueville en la primera mitad del siglo XIX, si bien por motivos distintos a los que aquí se comentan. Aunque se aleguen varias razones que lo justifican, no es fácil entender por qué un presidente, elegido en la primera semana de noviembre, haya de esperar al 20 de enero del año siguiente para acceder al cargo y empezar a ejercer las responsabilidades propias del mismo. Transcurren así once semanas durante las cuales el presidente saliente está dedicado a planear su inmediato retiro y el presidente electo espera con impaciencia el momento en que asuma el poder para el que ha sido democráticamente elegido.

Ese improductivo periodo de transición es aún más chocante en una época como la actual, en la que se abate sobre el mundo una crisis económica de graves proporciones, cuyo origen está precisamente en EEUU y cuya evolución es, hoy por hoy, impredecible. Además, EEUU sostiene dos guerras activas y se enfrenta, como otros países, al acelerado auge del terrorismo de los fundamentalistas islámicos, cuyo más reciente zarpazo cayó sobre Bombay. En esas circunstancias, cualquier pérdida de tiempo puede ser irremediable.

La irregularidad que causa tal retardo se pudo comprobar en la conferencia que sobre la crisis económica tuvo lugar en Washington el pasado 15 de noviembre. Fue convocada por un presidente Bush cuyo prestigio se hallaba ya bajo mínimos y cuya capacidad de maniobra operativa era casi nula; a ella declinó asistir Obama, aduciendo, con sobrada razón, que no podían existir a la vez dos presidentes activos en un mismo foro internacional. La inutilidad práctica de la citada conferencia, como ha podido comprobarse, se debió mucho a la ausencia de un presidente de EEUU en plenitud de sus funciones.

En el caso actual es todavía más sorprendente el hecho de que el único vínculo personal entre el Gobierno saliente y el entrante sea el último “señor de la guerra” de Bush, su secretario de Defensa, Robert Gates, quien ha sido confirmado en el mismo cargo por Obama. Por tanto, será el único miembro del Gobierno de Bush que, sin abandonar su despacho en el Pentágono, pase a formar parte del primer Gobierno de Obama.

De ahí que sus declaraciones adquieran cierta relevancia, como las que efectuó la pasada semana, con motivo de una actividad del prestigioso “Instituto Internacional de Estudios Estratégicos” de Londres. Dedicado al estudio de los conflictos político-militares, este organismo convocó una conferencia de seguridad regional en Manama, la capital de Bahréin, a la que asistieron representantes de los Estados del Golfo Pérsico. Con un pie asentado todavía en la política de Bush y el otro afianzándose en la de Obama, Gates declaró que EEUU “seguirá implicado en Oriente Medio, mediante sus esfuerzos para luchar contra el terrorismo y para desarrollar una solución biestatal entre Israel y el pueblo palestino”.

Tocaba así dos importantes cuestiones sobre las que no existe unanimidad entre los analistas políticos de dentro y de fuera de Israel: la vinculación entre el terrorismo islámico y el problema palestino, y la fórmula más adecuada para resolver éste. Más bien, cabe asegurar, son cada vez mayores y más fundadas las discrepancias que se aprecian en relación con lo expuesto por Gates.

En la actual situación, es prácticamente imposible la creación de un Estado palestino viable, a menos que no se diera marcha atrás en la política de asentamientos judíos en tierras palestinas y cambiaran radicalmente casi todos los parámetros asumidos por el Gobierno de Israel en relación con esta cuestión. Tampoco existe la menor certeza razonable de que, resueltas plenamente las reivindicaciones palestinas, el terrorismo de base islámica fuera a desaparecer del planeta, dado que las raíces que lo alimentan se nutren en muy diversos estratos políticos y sociales, hasta el punto de que no es disparatado afirmar que su apoyo a las reivindicaciones palestinas es simplemente táctico y coyuntural.

Otras declaraciones de Gates, de índole más práctica, le llevaron a insistir en la necesidad de aumentar los esfuerzos bélicos en Afganistán, afirmando que se disponía a enviar un refuerzo de 20.000 efectivos. Por otra parte, mostró un prudente temor de que tal aumento podría agravar la sensación de los afganos de estar soportando a un ejército de ocupación. “Tendremos que pensar mucho cuántas tropas enviamos”, afirmó, quizá para no comprometerse antes de que Obama adopte oficialmente su decisión al respecto.

Que el enlace entre Bush y Obama sea el secretario de Defensa puede ser debido a que el nuevo presidente no prevé, por el momento, modificar notablemente la política de defensa de EEUU, lo que no estaría en línea con sus declaraciones electorales; o también a que está tan seguro en sus percepciones políticas que consideraría que un heredero político de Bush, no tan desprestigiado como su antecesor en el cargo, el nefasto Donald Rumsfeld, podría ser el mejor instrumento para ponerlas en práctica. El tiempo lo dirá.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Parásitos insaciables, de José Blanco en La Jornada

Posted in Ecología, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

No hay otra forma de referirse a la gran mayoría de quienes laboran y sobre todo dirigen las instituciones financieras. En todo el mundo se buscan hoy las medidas más apropiadas para regular lo que nunca debió ser desregulado, pero, por supuesto: en todas partes los primeros que han protestado son los propios banqueros.

En México uno de los primeros en salir a la palestra fue Ignacio Deschamps, presidente de BBVA Bancomer. “Evitemos las tentaciones de controlar variables que deben responder al libre comportamiento del mercado: los precios de los productos y los servicios deberán reaccionar a factores de riesgo, de liquidez y de competencia”, dijo. Desde luego, obtuvo de inmediato la solidaridad de sus congéneres, incluido el inefable Luis Pazos que está puesto ahí, en la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), para velar por los intereses de los clientes de los banqueros. Poner topes a las tasas de interés de tarjetas de crédito, dijo este señor, que ya debiera estar en su casa, es como “la pena de muerte”: no da resultados. Pazos está al servicio de los banqueros, no de los clientes de éstos.

Las tasas de interés de las tarjetas de crédito son en México un atraco, pero lo que cobran los banqueros no se agota en dicha tasa. En octubre pasado, las tarjetas de crédito de los diversos bancos cobraron en promedio 41.78 por ciento, pero el costo anual total (CAT) de este tipo de financiamiento ascendió a 110 por ciento (gastos, comisiones, más formas mil de la insaciable hambre de billetes de los banqueros), según datos del Banco de México y de la propia Condusef. Después las tasas y CAT se fueron a la estratosfera (el riesgo, sabe usted), de modo que aun una corta regulación como la que aprobó el Senado (que no son topes) era necesaria.

El significado más claro sobre el origen de las ganancias bancarias la expuso –ni modo, señores banqueros– Marx. Si usted es un industrial o un mercader, realiza el siguiente ciclo D – M – D’. Comienza con dinero (D) con el cual adquiere mercancías (M) que cambia finalmente por dinero incrementado (D’), es decir, su dinero ha sido recuperado más una ganancia. No entraremos en las profundidades de los significados capitalistas de estas aparentemente inocuas letritas. Pero si usted es banquero, su ciclo es así: D – D’. Sin producir nada, usted obtiene una ganancia, con dinero que no es de usted, sino de sus clientes.

Por si fuera poco, nadie en la economía gana más que usted. Mejor definición de un parásito económico, no existe. Pero además usted se puso a hacer fechorías sin nombre, una vez que le dejaron manos libres (la desregulación); seguramente está bien enterado de la que hizo el acaudalado y súper prestigiado en los medios financieros, el señor de Wall Street Bernard L. Madoff, arrestado y acusado de engañar y robar a los inversores mediante su fondo (de Madoff): 50 mil millones de dólares completamente perdidos, hecho posible por la desregulación. Veremos cuánto resulta en realidad.

La medida más torpe de la desregulación fue revolver las actividades de los bancos de inversión con las de los bancos de depósito. Volveremos sobre este tema.

La esfera financiera está compuesta por tres mercados principales: el de deuda, donde se negocian bonos, pagarés (que a su vez incluyen los mercados interbancarios, los de divisas, los monetarios y otros de renta fija); el mercado de acciones y el de derivados. La ganancia de los títulos negociados en estos últimos “deriva” de otros activos como las materias primas, los valores de renta fija o de renta variable, o de índices compuestos por algunos de estos valores o productos.

Hay cuatro grupos de productos derivados: Forward, Contratos a Futuro (Futures), Opciones (Option) y Permutas Financieras (Swap).

Los derivados buscaban, se decía, eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de todo cuanto se compra y vende, tanto en el vendedor como en el comprador; pero en un santiamén los banqueros los convirtieron en medio financiero espurio: pensado para la especulación pura y dura.

La contratación de estos productos no requiere de grandes desembolsos, pero los beneficios o pérdidas potenciales pueden ser muy cuantiosos. Quienes especulan con acciones actúan de dos formas: comprando y vendiendo las propias acciones, o comprando y vendiendo derechos a comprar o vender dichas acciones. Evidentemente comprar o vender el derecho de compra o venta de una acción es mucho menor que el valor de la acción misma, pero he aquí que el potencial del beneficio es el mismo. Esto hace que con el mismo capital el especulador obtenga beneficios muchos mayores. Esto venía ocurriendo en tierra de nadie, en descampado, sin ley ni autoridad que rigiera tales engendros financieros.

Esta clase de especulación infame es un juego de suma cero. Vea la diferencia: cuando alguien invierte en la bolsa ocurre que si ésta sube todos ganan y si baja todos pierden, pero en los derivados cuando el especulador gana alguien pierde: las ganancias de un contratante son las pérdidas de otro.

Las pérdidas incontables mundiales en derivados mezclados con las pirámides hipotecarias que desintegraron a los miserables ninja (ninja: no income, no job, no assets; o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades) provocó que el falso castillo financiero rodara por los suelos de los cinco continentes.

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