Reggio’s Weblog

¿Qué hay de cierto en la crisis de Gobierno?, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 15 diciembre, 2008

A FONDO

El anuncio de una crisis de Gobierno provoca siempre un seísmo cuya intensidad es directamente proporcional a la veracidad de la noticia. Medida por su repercusión en los afectados, los ministros, a la información publicada el pasado lunes en este periódico por Marisa Cruz y Manuel Sánchez cabría apuntarle un siete en la particular escala de Richter de la política.

Todos los miembros del Gobierno saben que el presidente está decidido a hacer cambios profundos. El problema, como casi todo en la vida, es saber cuándo llevará a cabo la renovación.

Los nervios afloraron tras el comentario de Rodríguez Zapatero de que pensaba crear un Ministerio de Deportes en una próxima remodelación del Gobierno, aprovechando la visita a La Moncloa del equipo español de Copa Davis el 26 de noviembre.

Justo por esos días, un hombre cercano a Zapatero, el consejero ejecutivo de Telefónica Javier de Paz, comentó en una cena que el presidente iba a adelantar los cambios en el Gobierno que, en principio, pensaba llevar a cabo tras la Presidencia española de la UE (2010).

Por si eso fuera poco, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, le ha hecho llegar al presidente su opinión de que en estos momentos es necesario dar un golpe de efecto, una señal que demuestre vitalidad frente a una situación económica catastrófica. «El Gobierno está quemado». A tan sólo ocho meses de su constitución tras las elecciones generales, ésa es la sensación que tienen algunos dirigentes del partido, entre los que destaca el propio Blanco.

Una fuente bien informada me comentó esta semana: «Yo creo que alguien interesadamente ha soltado lo de la crisis. Mi impresión es que Zapatero, que de este asunto no habla con nadie, podría hacer cambios antes del verano, probablemente después de las Europeas. Pero no en estos momentos. Ahora no toca».

Si alguien tenía interés en los efectos de la noticia, ha logrado su objetivo. La amplitud de la rumoreada crisis ha provocado en todo el gabinete una inusitada actividad. Contrariamente a lo que recomendaba Alfonso Guerra, ahora parece que el que no se mueva no saldrá en la foto.

Las crisis de Gobierno son casi un subgénero dentro del periodismo político. Hay que ser cauto y no confundir los deseos de las fuentes, siempre interesadas, con la realidad. No hay que olvidar que éste es el terreno abonado para lanzar maliciosos globos sonda.

Con todas las cautelas que requiere el trato de este material altamente inflamable, les contaré lo que en los círculos del poder se dice sobre la actual alineación del equipo de Zapatero.

Un hombre al que todas las fuentes dan como baja segura en el próximo Gobierno es al vicepresidente económico. Pedro Solbes, el héroe del debate frente a Manuel Pizarro, ya le dijo a Zapatero que su idea era abandonar a mitad de legislatura. Pero ahora, con la que está cayendo, sus deseos pueden convertirse en realidad antes de tiempo.

«Solbes no es el hombre adecuado para esta situación», coinciden diversas fuentes. «Se ha mostrado dubitativo, no supo prever la recesión y su excesivo conservadurismo le lleva a congelar cualquier iniciativa que proceda de otras áreas del Gobierno», dice un alto funcionario.

Zapatero está muy preocupado con el aumento del paro. Es su prioridad número uno. Por ello, cuando se elaboró el plan que presentó ante el Congreso, primó la medida que garantizaba una más rápida y mayor contratación de mano de obra: los 8.000 millones para los ayuntamientos.

Solbes se ha mostrado reacio a aumentar el déficit público y no cree que medidas como ésa ayuden de verdad a solucionar el problema de productividad y competitividad de la economía española. Pero el vicepresidente no está en situación de pelear. En su círculo dicen que, en la práctica, «ha tirado ya la toalla».

Otra persona que concita el consenso en torno a su pérdida de influencia es la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. Otrora vencedora en su pugna con Pérez Rubalcaba, que quiso ser vicepresidente del Gobierno e incluso llegó a insinuar su retirada como medida de presión, ahora la vice vive sus horas más bajas. Le achacan fallos en la política de comunicación. «No transmite bien los mensajes del Gobierno», argumentan sus críticos. ¡Cómo si ése hubiera sido un defecto adquirido recientemente!

Es verdad que algunos ministros le quieren pasar ahora factura por su exceso de celo en el papel de coordinadora de las llamadas políticas horizontales. «No ha tenido mano izquierda», sostienen las fuentes. Lo que sí está claro es que ha dejado de ser una de las favoritas del presidente. Su número no es el primero que marca Zapatero cuando tiene un problema. Eso es letal. Sobre todo, cuando uno o una es vicepresidente del Gobierno.

El tercero que reúne más papeletas para dejar el banco azul es el ministro de Exteriores. Desde hace tiempo, Moratinos ya no fija las prioridades de la política exterior. El fichaje de Bernardino León como secretario general de la Presidencia ha reducido enormemente su papel. El presidente considera que él ha sido el auténtico muñidor de la asistencia de España a la Cumbre del G-20. Zapatero, que ahora es consciente de que España ha perdido peso internacional durante su primer mandato, cree que el hombre ideal para recuperar el terreno cedido es el anterior número dos en Exteriores, ahora convertido en niño mimado de Moncloa, incluso para abordar temas tan espinosos como la entrada de Lukoil en Repsol.

Y después viene el paquete de los que siempre están en la cuerda floja. Se da por segura la salida de Bermejo del Ministerio de Justicia y de Magdalena Alvarez de Fomento. Eso por sólo mencionar los ministerios importantes.

Sin duda, las crisis son la ocasión ideal para que afloren las ambiciones de algunos y para que se definan con mayor claridad los perfiles ideológicos del Ejecutivo, menos relevantes en tiempos de bonanza.

La vieja guardia tiene en Rubalcaba su mejor baza. El ministro del Interior ha hecho una buena labor en la lucha contra ETA. Sus activos están claros y cuenta con personas de su confianza en puestos clave como José Enrique Serrano o Elena Salgado (a la que en su día quiso promover a la cartera de Defensa).

Sin embargo, no es ése el perfil que desea Zapatero para su futuro dream team. Menos vieja guardia y más caras nuevas. Otra generación más en sintonía con el presidente. Esa es la consigna.

Miguel Sebastián, Bernardino León, David Vegara, etcétera, conforman el arquetipo del ministro ideal para un Gobierno que tendrá que hacer frente a la que se augura como la peor crisis económica de la democracia española.

Esa fisonomía tendrá necesariamente que estar trufada por personajes que nos recuerden que estamos ante un Gobierno de izquierdas. Zapatero no puede olvidar los vínculos con el partido y con la UGT.

Pero, para ese papel, siempre tendremos a un hombre dispuesto a los mayores sacrificios en aras del triunfo del ideario socialista: José Blanco. «Blanco sería un buen ministro de Fomento», dijo la semana pasada su paisano Pérez Touriño, presidente de la Xunta. «Efectivamente», pensará para sí su amigo Luis del Rivero.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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