Reggio’s Weblog

“Tarpenie, tarpenie”, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Laboral, Política by reggio on 14 diciembre, 2008

CUADERNO DE MADRID

“Tarpenie, tarpenie”, dijo, de repente, Stalin. Tres comunistas españoles, Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Francisco Antón, le escuchaban con religiosa y bizantina veneración en uno de los salones del Kremlin. Al fondo del icono, Molotov, ministro de Exteriores; Vorochilov, alto mando militar, y Suslov, imperturbable jefe ideológico, témpano siberiano. Moscú, octubre de 1948.

“Tarpenie, tarpenie”, repitió de nuevo Stalin, después de oír una entusiasta descripción de la guerrilla comunista en España. “¡Franco no tardará en caer!”, exclamó la Pasionaria, y el zar apenas pudo reprimir la sonrisa bajo sus enormes mostachos. Con su hablar lento, monocorde y sacerdotal, siguió recetando tarpenie, paciencia, mucha paciencia, porque conocía toda la verdad y nada más que la verdad sobre el nuevo reparto del mundo: Franco iba a durar muchos años.

“Tenéis que infiltraros en los sindicatos oficiales, como hicimos los bolcheviques”. Ese fue su consejo, tras asegurarse de que los comunistas españoles, minúsculo destacamento en un planeta en ruinas, no simpatizaban con Tito, el díscolo mariscal de los Balcanes. La audiencia concluyó con la entrega de un cheque de 600.000 dólares. Aquel día nació Comisiones Obreras.

Gregorio Morán sostiene que no, que no fue exactamente así, puesto que las comisiones de Marcelino Camacho y Julián Ariza surgieron dieciséis años más tarde, en 1964, en las reuniones preparatorias del convenio del metal de Madrid, siendo ministro del Movimiento y de los Sindicatos José Solís Ruiz, también conocido como la sonrisa del régimen. El autor del libro mejor documentado sobre la historia del PCE afirma que el verdadero objetivo de la audiencia de Stalin en 1948 fue el de taponar a los yugoslavos. Unos meses atrás, Tito había ofrecido ayuda a la resistencia española.

Lo cierto es que en 1964 se respiraba un aire muy distinto en las fábricas. El piso, la nevera y el 600 convocaban a la acción. El fenómeno Comisiones Obreras ocupó rápidamente el vacío existente entre el obediente sindicalismo vertical y las débiles estructuras clandestinas. El abstencionismo socialista frenaba el relanzamiento de la UGT; la vieja CNT se hallaba en el largo invierno de la anarquía (del que no regresaría), y los comunistas, por consejo de Stalin o por iniciativa propia, no acababan de crear su propio sindicato.

Decidieron infiltrarse y en ese empeño hallaron la decisiva colaboración del sindicalismo católico, animado por la encíclica Pacem in Terris de Juan XXIII, y el apoyo de algunos falangistas enfadados con Franco, que sabían cómo manejar el tinglado. (La huelga de tranvías de Barcelona de 1952, tan estrujada estos últimos años para construir el mito de una Catalunya supuestamente desvinculada del franquismo, surgió del enfado de unos falangistas).

Así nació el más genuino movimiento social de la España antifranquista. El más dinámico, el más moderno y el más pegado a la realidad de la gente de abajo. En Barcelona, adoptó el nombre de Comissió Obrera Nacional de Catalunya, y gracias a lo que ello significa, la Generalitat fue restaurada en 1977. (Había miedo en el Madrid de la transición a la alianza de sindicalistas y catalanistas). Y con el sí -el sacrificado sí- de Comisiones, el PSOE no se pudo escaquear de los pactos de la Moncloa.

CC. OO., que ya no es un sindicato comunista, porque nunca lo fue del todo, celebra esta semana su congreso, muy reñido entre las candidaturas del secretario general saliente, José María Fidalgo, y su oponente, Ignacio Fernández Toxo. Fidalgo es un sólido sindicalista independiente, muy vigilante de la unidad de mercado, que no oculta algunas coincidencias con el Partido Popular. Nominalmente, Toxo está más a la izquierda y exhibe aires federalistas. Es una batalla densa y laberíntica, como suelen serlo todas las pugnas sindicales. Es un congreso muy importante, importantísimo, para la España que viene, en la que aún nadie sabe qué significado adoptará la palabra tarpenie y cuánta cuerda tendrá la paciencia.

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