Reggio’s Weblog

Se precisa secretaria, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Sociedad by reggio on 12 diciembre, 2008

Recibo una carta de una entidad prestigiosa, firmada por personas distinguidas. La misiva me anuncia una iniciativa y me convoca a un evento que tendrá lugar para dar a conocer el proyecto. El texto concluye con la siguiente fórmula: “Nuestra secretaria se pondrá en contacto con la tuya para concretar…”. Me detengo un momento para revisar mi existencia de un vistazo: ¿tengo yo secretaria o alguien parecido a mi servicio? No. Tal vez tuve secretaria una vez o ninguna, en otra época, en una galaxia lejana. Hoy, desde luego, no tengo secretaria, ni particular ni compartida, ni presencial ni virtual, ni a jornada completa ni a tiempo parcial. Nada. Nadie. Me las arreglo sin secretaria y no me quejo. Mis tareas no requieren el concurso de esta figura. Pero me asalta la duda, sin apenas buscarlo: ¿por qué mis dilectos corresponsales han dado por sentado este extremo?

Me viene a la cabeza lo que Quim Monzó ha escrito a propósito de ciertos textos de Josep Pla y de los peligros de sus émulos, y estoy por zanjar la cuestión irónicamente, a la manera binaria y previsiblemente planiana, escribiendo algo así como “hay dos tipos de personas: los que tienen secretaria y los que, además de tenerla, creen que todo el mundo funciona como ellos”. Pero los firmantes de la curiosa carta no hacen las cosas a tontas y a locas, al contrario. Son ciudadanos cuya actitud empática nos consta, así que saben perfectamente que hay muchas maneras de vivir y trabajar. Entonces, no me queda más remedio que considerar otra hipótesis: el problema soy yo, únicamente. Si alguien, en el mundo exterior, piensa que mi ocupación (¿mi estatus?) va unida al concepto de secretaria, puede que el equivocado sea servidor de ustedes. ¿En qué he fallado? Dice el tópico que un hombre, a cierta edad, es totalmente responsable de su jeta. ¿También sería responsable de tener o no secretaria? Lo que era una duda recreativa se transforma en algo cercano a la paranoia. ¿Se medirá el éxito profesional, social y económico a partir del número de secretarias que rodean y blindan a alguien? “Usted no tiene secretaria, usted ha fracasado”, retumba una voz desde los cielos. El fracaso es bello, sólo literariamente. ¿Debo poner un anuncio solicitando secretaria?

Me olvido de estos fandangos y, al cabo de unos días, me entero de que el evento al que me convocaba la carta de marras ya ha tenido lugar. Al final, nadie se puso en contacto conmigo para concretar lo que fuera menester. Nadie debió de pensar lo obvio: que yo soy mi propia secretaria, como le ocurre a tanto hijo de vecino. Y puede que todavía anden buscando a la secretaria de Francesc-Marc Álvaro.Con todo, no puedo evitar algo: coqueteo con la posibilidad de que, en la dimensión desconocida, dieran finalmente con mi secretaria. No quiero ni pensar lo que ella les respondió, siendo como es tan suya e impredecible.

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