Reggio’s Weblog

Merkel da plantón a la Europa neokeynesiana, de Gabriel Calzada en Expansión

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

Gordon Brown, Nicolas Sarkozy y José Manuel Durao Barroso han levantado este lunes el estandarte de las políticas de incremento del gasto público propuestas por la Comisión Europea. La filosofía detrás de esta nueva oleada de planes centrales de la burocracia europea es que los Estados deben compensar la reducción del consumo privado con aumento del gasto del sector público.

Desde Sarkozy hasta Zapatero, los dirigentes europeos pretenden que, si los ciudadanos no quieren sostener nuevas obras, sea el Estado quien lo haga y, si los consumidores no compran nuevos coches, sea el Estado el que pague el desarrollo de nuevos modelos con tres capas de pintura verde.

De este modo, el pacto de estabilidad presupuestario, del que en gran medida depende la salud del euro, ha sido sacrificado en el altar del neokeynesianismo. En EEUU este “new” New Deal triunfa de la mano de Obama fundamentado en las mismas premisas estatistas.

En nuestro país, el Gobierno ha aprobado su séptimo plan de salvación nacional siguiendo idénticas directrices. Sin embargo, con esos postulados, ni el plan español, ni el de EEUU ni los del resto de la Unión Europea lograrán el propósito de “reactivar la economía”, sino que resultarán muy perjudiciales a medio y largo plazo. La esencia de estos planes consiste en suplantar la demanda desaparecida con el fin de consolidar precios y salarios a niveles que son insostenibles.

Por mucho dinero del contribuyente que el Gobierno lance sobre sectores sobredimensionados como la construcción y otros vinculados al crédito barato y abundante, no se lograrán evitar las necesarias liquidaciones que permitan redimensionar estas industrias en consonancia con el deseo de los consumidores. Un sector cuya actividad no es respaldada por el ciudadano y es mantenida artificialmente es un mercado insostenible, le pese a quien le pese.

Situación inviable

En el caso español, el Gobierno se empeña en congelar con el nuevo plan una situación inviable a largo plazo, necesitando comprometer dos billones de las antiguas pesetas. Se trata de una enorme cantidad de recursos derrochados irresponsablemente en aplazar la crisis. En cuanto el efecto de esta inyección sobre el sector de la construcción y el automovilístico cese, la realidad mostrará la falta de mercados y lo desajustado de los precios.

Esta fue la opción escogida por los dirigentes políticos japoneses hace 11 años y los nipones aún sufren hoy las consecuencias de añadir leña al fuego de la crisis. Esta clase de políticas frente a la crisis sólo logra cargar de impuestos futuros al contribuyente y poner en peligro el propio crédito del Estado, lo que podría acabar llevando a un colapso de la moneda y de toda la economía.

Por más que nos traten de vender lo contrario, este tipo de medidas no reanimará de forma sostenible la inversión y el consumo privado pues, como se ha evidenciado en Japón o se comprobó durante la Gran Depresión, la gente no se va endeudar aún más para mantener los precios y mercados que se pretenden sostener.

Ningún plan que vaya contra los deseos de reajuste de los agentes económicos es viable a largo plazo. La prioridad que en este momento tienen familias, empresas y sector financiero es recuperar su equilibrio financiero, reducir el alto volumen de endeudamiento, disponer de suficiente liquidez, cancelar aquellos proyectos que se han demostrado inviables y reajustar precios y costes a niveles sostenibles.

Sólo cuando ese proceso haya concluido estarán fijadas las bases para volver a un crecimiento fuerte y sostenido de la renta y a la creación de empleo. Quien únicamente parece haber entendido este abc de la recuperación económica es Ángela Merkel. A la canciller alemana no le cuadra la idea de salir de la crisis obligando al ciudadano alemán y europeo a realizar un consumo que no desea.

Por mucho que Solbes, Almunia y Barroso repitan que todos los dirigentes políticos están convencidos de que los Estados tienen que tomar el relevo del consumo privado y estimular la congelación de los empleos allí donde se encuentren, la líder alemana se muestra abiertamente escéptica.

Es más, gastar 200.000 millones de euros, el 1,5% del PIB europeo, en un nuevo plan central supone una amenaza de tal calibre a la ya débil salud del euro que a los alemanes les dan ganas de dar marcha atrás y recuperar su marco.

La buena noticia es que Alemania parece haber entendido que la salida de este túnel no está a ninguno de los dos lados del Canal de la Mancha. De ahí que su plantón a los nuevos keynesianos suponga en estos momentos la principal esperanza europea.

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