Reggio’s Weblog

Pobres de corbata, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Sociedad by reggio on 12 diciembre, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

G. Ingersol, orador ateo, ex combatiente de la Guerra de Secesión, sacó una vez de la levita el reloj, al estilo de Gary Cooper, y dijo a la multitud: «Según la Biblia, Dios ha condenado con la muerte a los hombres que blasfeman. Yo voy a blasfemar». Blasfemó; una mujer se desmayó. Pasaron cinco minutos y no le cayó un rayo al coronel, así que siguió su predicación diciendo que el miedo crece, el miedo es bárbaro, el miedo cree en brujerías, el valor se yergue y piensa, no hay que tener fe alguna en una empresa como la de la religión que promete dividendos a los accionistas sólo después de muertos. De lo único que hay que tener miedo es del miedo mismo, dijo Roosevelt y acabó en una silla de ruedas. El miedo anda solo por el planeta mientras los accionistas de la Tierra se están quedando en cueros, y también los pobres de corbata.

Cuando los Estados Unidos se estremecen hay un temblor universal que menea todas las vértebras del universo, incluidas las de los Pirineos y el Mulhacén. En el país del zapatero, cientos de negros y de blancos se acercan a vender su sangre, pero también los norteamericanos están puliendo la suya, y no sólo la sangre sino también el semen, los óvulos; si esto sigue así terminarán ofreciendo el body entero. Por una donación de plasma se pagan hasta 50 dólares; por la cabellera de una rostro pálido, 1.000.

Ni los ricos ni los pobres con corbata y sin corbata aguantan la crisis. Me cuenta un amigo ex hippy que en Ibiza los ricos compran libros de cocina porque han tenido que despedir a los cocineros. Me informan desde Andalucía que la gente se acerca a los ayuntamientos para pedir paquetes de comida; hay sobrecarga de teléfonos en el programa de tarde de Canal Sur con la siguiente oración: «Quiero lotería de La tarde con María» (Montes). Antonio Romero, el rey de los galgos vegueros, con el lenguaje del príncipe Kropotkin, me comenta que, de los 3.000.000 de parados, 700.000 son andaluces y el año que viene llegarán a 1.000.000.

En el prólogo de Luis García Montero al libro ¿Por qué no me callo? de Romero, escribe, citando a Machado, que bajo el birrete de un doctor puede esconderse el cráneo de un idiota, y bajo la simpatía de un campesino andaluz puedes encontrar la inteligencia en estado de gracia. «Los ricos -habla Romero- se han caído por el terraplén, pero los sueldos de un alto ejecutivo del Ibex suponen el sueldo de 66 mileuristas».

Nadie tiene ni idea del origen, de la duración ni de las consecuencias de la crisis. Cáritas ha pronosticado que se incrementa el número de pobres de corbata, y esa bandera no se tiñe de rojo, en el mástil del pescuezo, porque estos pobres de corbata pertenecen a una generación pasiva, apolítica y con sobrepeso.

© Mundinteractivos, S.A.

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Lo imprevisto, de David Gistau en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Libertades by reggio on 12 diciembre, 2008

AL ABORDAJE

El intelectual fracasa cuando intenta adaptar la realidad a sus prejuicios, y no al revés. Cuando convierte una idea refutada por los acontecimientos en una isla como aquellas en las que se quedaban atrapados soldados japoneses que libraban una guerra sin saber que había terminado. Dos noticias en apariencia distantes delatan que algo parecido ocurre con el aliento moral de dos de las leyes más comentadas de las promovidas por el Gobierno. La de Memoria Histórica y la de Violencia de Género. Ambas arrancan de un prejuicio que considera a un bando culpable por definición. Y ambas se bloquean cuando la realidad lo complica todo con matices inesperados, no previstos por la visión reductora del burócrata.

Primer caso. La asociación para la recuperación de la memoria histórica Pozos de Caudé busca en Singra, un pueblo de Teruel, los restos de una docena de republicanos fusilados durante la guerra. Lo que encuentra es una fosa donde están mezclados los huesos de casi 40 combatientes de ambos bandos ultimados, no en ejecuciones, sino en combate. Esos huesos que no pueden volverse contra nadie, que no argumentan el prejuicio de la maldad natural de una de las dos Españas, son abandonados en cajas de cartón en condiciones tan precarias que el alcalde de Singra teme que acaben siendo alimento de las alimañas. No los reclaman parientes. Tampoco encajan en el único arquetipo que interesa a los revisionistas, el del republicano asesinado en un paseo. Nadie sabe por tanto qué hacer con ellos ni de qué sirvió remover la tierra con la que ya se habían conformado. Para salvar el prejuicio, con los regulares muertos en batalla van a tener que hacer lo mismo que con los ejecutados por el Frente Popular: borrarlos de la memoria y, por supuesto, no meter la pala, no ahí.

Segundo caso. Amaya García y Pedro Simón firmaron ayer un reportaje sobre la indefensión de los homosexuales que sufren agresiones domésticas. No fueron previstos, la visión burocrática no les vio venir ni imaginó que pudiera ser un hombre el que apareciera en comisaría golpeado. Tampoco que la agresora de una mujer pudiera ser otra mujer. Nadie lo previó porque el supuesto en que se basa la ley sólo concibe, e incluso lo considera algo inherente a su naturaleza, que un hombre emplee la violencia contra una mujer. Para salvar este otro prejuicio, tiene que ser un hombre el que pegue, y tiene que ser una mujer la que sufra, cualquier otra combinación confunde tanto al sistema que se cortocircuita e impide el acceso a la defensa jurídica gratuita, a las órdenes de alejamiento, a las casas de acogida e incluso a la compasión pública y la atención del periodismo, que ya acude por automatismo a cualquier suceso de lo que se ha dado en llamar violencia de género apegado al reglamento ministerial.

El Gobierno sólo atiende aquello que confirma su propia visión de las cosas.

© Mundinteractivos, S.A.

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Públicas irritaciones, pactos privados, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 12 diciembre, 2008

Enredos de la legislatura

El PP da su voto a ERC en el Senado, horas después de llamar al procesamiento de Tardà. Tras lanzar Guantánamo contra Aznar, el Gobierno ordena una prudente retirada. Los populares aprietan al PSOE con ANV, pero aceptan el traslado de presos de ETA

Una suerte de realismo mágico se ha apoderado de la política española en vísperas de las fiestas de Navidad, que este año llegan de la mano de Charles Dickens. Nada es lo que parece en el áspero fragor de la política hispánica. En política nunca -o muy pocas veces- las cosas son lo que parece, pero el tradicional desajuste entre idea y acción parece que va a más en España. La semana en curso es buen espejo de ello.

“MORI EL BORBÓ I VISCA LA COHABITACIÓ!”

La semana comenzó con gran escandalera por la trepidante excursión del diputado Joan Tardà por el túnel del tiempo. Mark Twain inventó la máquina que viaja al pasado, pulsó un botón y escribió Un yanqui en la corte del rey Arturo. Tardà debió de manejar mal algún mando y regresó hecho un lío del siglo XVIII. Aún no está claro a quién vio primero: si a Pau Claris, al archiduque Carlos o a Felipe V. Muy excitado por la aventura, gritó: “Mori el Borbó!”, y ello fue suficiente para convencer al Partido Popular de que el filón catalán vuelve a ser rentable. El partido neoespañol de la señora Rosa Díez aprieta en las encuestas y las conspiraciones internas no cesan. ¿Dolor de cabeza? Leña al catalán. El mot d´ordre ha llegado a oídos del senador Manuel Fraga, que ayer, en el hotel Ritz, propuso al macizo de la raza colgar a los nacionalistas por las partes bajas. Una metáfora dolorosa. El aire vibró en la antigua Dirección General de Seguridad, hoy sede de la Comunidad de Madrid. Esa lúbrica fantasía con la Brigada Político-Social no impidió, sin embargo, que el martes el PP diese su voto al veto de Esquerra Republicana a los presupuestos del 2009. Fue fácil. Descolgaron a los nacionalistas del gancho y votaron juntos. “Era la única manera de tumbar los irreales presupuestos del PSOE en el Senado”, argumentan en la calle Génova. Al día siguiente -¡oh, sorpresa!-, el presidente Zapatero, con cara de enfado y repudio, recriminaba al PP que juguetease con ERC. (“Yo nunca lo he hecho”, parecía decir).

“GUANTANAMERA, GUAJIRA GUANTANAMERA…”

Hace quince días, el Madrid de izquierdas, minoritario y voluntarioso, ordenaba parar máquinas. La filtración de un documento oficial al diario El País parecía poner a José María Aznar a los pies de los caballos justicieros.

El documento parecía probar que Aznar y su ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, estuvieron muy al tanto del uso de bases militares españolas para los vuelos clandestinos de Estados Unidos con destino a Guantánamo, la mazmorra sin jurisdicción que el presidente electo Barack Obama ha prometido clausurar.

El fantasma de un hipotético procesamiento -¿complicidad con el secuestro de personas?- parecía proyectarse sobre Aznar, el único protagonista de la foto de las Azores que no ha reconocido equivocación alguna. Fracasada la operación Franco, era buena causa para un juez universal. Era, también, una lúbrica fantasía. En España siempre hay alguien que sueña con encarcelar al anterior presidente del Gobierno. En 1996, las derechas, embravecidas, ya intentaron empurar a Felipe González.

Pero alguien mandó parar.

(“Llegó el comandante y mandó a parar…”, dice una canción cubana). Vestido de blanco guajiro, el ministro Miguel ÁngelMoratinos exculpaba el miércoles a Aznar en la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso: los vuelos secretos existieron, no transportaban prisioneros y estaban amparados por la ONU. Gustavo de Arístegui, portavoz del PP, también ataviado de guajiro guantanamero, sonreía y rasgaba la guitarra.

PRODUCCIONES RUBALCABA: EFICAZ FONTANERÍA

Leña al catalán y disolución de los ayuntamientos gobernados por ANV. El PP juega fuerte la baza vasca, pero ello no impide que el ex ministro de Justicia y Defensa Federico Trillo dé su tácita aprobación al traslado a cárceles vascas de algunos presos de ETA enfrentados con la dirección de la banda. Producciones Rubalcaba. Fontanería garantizada por años de experiencia.

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Se precisa secretaria, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Sociedad by reggio on 12 diciembre, 2008

Recibo una carta de una entidad prestigiosa, firmada por personas distinguidas. La misiva me anuncia una iniciativa y me convoca a un evento que tendrá lugar para dar a conocer el proyecto. El texto concluye con la siguiente fórmula: “Nuestra secretaria se pondrá en contacto con la tuya para concretar…”. Me detengo un momento para revisar mi existencia de un vistazo: ¿tengo yo secretaria o alguien parecido a mi servicio? No. Tal vez tuve secretaria una vez o ninguna, en otra época, en una galaxia lejana. Hoy, desde luego, no tengo secretaria, ni particular ni compartida, ni presencial ni virtual, ni a jornada completa ni a tiempo parcial. Nada. Nadie. Me las arreglo sin secretaria y no me quejo. Mis tareas no requieren el concurso de esta figura. Pero me asalta la duda, sin apenas buscarlo: ¿por qué mis dilectos corresponsales han dado por sentado este extremo?

Me viene a la cabeza lo que Quim Monzó ha escrito a propósito de ciertos textos de Josep Pla y de los peligros de sus émulos, y estoy por zanjar la cuestión irónicamente, a la manera binaria y previsiblemente planiana, escribiendo algo así como “hay dos tipos de personas: los que tienen secretaria y los que, además de tenerla, creen que todo el mundo funciona como ellos”. Pero los firmantes de la curiosa carta no hacen las cosas a tontas y a locas, al contrario. Son ciudadanos cuya actitud empática nos consta, así que saben perfectamente que hay muchas maneras de vivir y trabajar. Entonces, no me queda más remedio que considerar otra hipótesis: el problema soy yo, únicamente. Si alguien, en el mundo exterior, piensa que mi ocupación (¿mi estatus?) va unida al concepto de secretaria, puede que el equivocado sea servidor de ustedes. ¿En qué he fallado? Dice el tópico que un hombre, a cierta edad, es totalmente responsable de su jeta. ¿También sería responsable de tener o no secretaria? Lo que era una duda recreativa se transforma en algo cercano a la paranoia. ¿Se medirá el éxito profesional, social y económico a partir del número de secretarias que rodean y blindan a alguien? “Usted no tiene secretaria, usted ha fracasado”, retumba una voz desde los cielos. El fracaso es bello, sólo literariamente. ¿Debo poner un anuncio solicitando secretaria?

Me olvido de estos fandangos y, al cabo de unos días, me entero de que el evento al que me convocaba la carta de marras ya ha tenido lugar. Al final, nadie se puso en contacto conmigo para concretar lo que fuera menester. Nadie debió de pensar lo obvio: que yo soy mi propia secretaria, como le ocurre a tanto hijo de vecino. Y puede que todavía anden buscando a la secretaria de Francesc-Marc Álvaro.Con todo, no puedo evitar algo: coqueteo con la posibilidad de que, en la dimensión desconocida, dieran finalmente con mi secretaria. No quiero ni pensar lo que ella les respondió, siendo como es tan suya e impredecible.

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Caca, de Ruth Toledano en El País de Madrid

Posted in Medio ambiente, Política, Sanidad by reggio on 12 diciembre, 2008

Ah, qué tontería y aburrimiento hablar de caca pudiendo hacerlo de tantas otras cosas más divertidas, interesantes y necesarias. Y no digamos de las innecesarias. Pero hay un tipo de personas a quienes su fobia a los perros parece perseguirles por las calles en forma de una profusión de cacas caninas que los demás no vemos. (Qué suerte formar parte de quienes tienen fobias más altas). Según el grado de afección de esa fobia, la persecución puede alcanzar dimensiones asesinas: hay gente que vive obsesionada por toparse con una de esas cacas que creen invaden la ciudad. Suele tratarse, por cierto, de la misma gente que jamás se ha pronunciado contra el maltrato a los animales. Donde haya buena caca en la que fijarse que se quiten la crueldad y el sufrimiento ajeno.

Luego hay otro tipo de personas que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, sacan tajada hasta de donde ya no hay hueso que roer. Por lo que parece, una de ellas es Ana Botella, delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, quien, muy en su papel, hoy dice que “el planeta está al servicio del ser humano porque el ser humano es el centro”, así como ayer lanzó una nueva ordenanza de Limpieza y Gestión de los Residuos según la cual no recoger la caca del perro puede suponer una multa de entre 90 y 1.500 euros. Mi visión del mundo es muy distinta a la de esta señora antropecentrista, pues no sólo descreo de la existencia de un mundo dividido en centro y, consecuentemente, en periferia, sino que considero que el ser humano es un aspecto más de un universo del que todo forma parte, incluida la caca. Así que, en fin, como la cosa va de caca, adelante, hablemos de caca. Yendo por delante que soy una persona casi normal y que el hecho de no recoger la caca del perro me parece muy mal (por dos razones: una, que es una guarrada; y otra, que sirve de excusa a los que detestan a los perros). Veamos, pues, las montañas de caca que nos rodean.

Para empezar, en el municipio de Madrid puede resultar más caro no recoger la caca de un perro que maltratarlo o abandonarlo. Los procesos que se ven obligados a seguir los protectores de los perros maltratados y abandonados para que los culpables sean castigados son interminables, caros y dificultosos, para finalmente, en la mayoría de los casos, lograr una multa o una condena casi simbólica. Y eso sí que “perjudica la imagen de la ciudad”, como dice esta señora del centro. Del mundo. Eso sí que es caca. De la moral. Caca es el estado en que se encuentran las perreras municipales, los medios de que disponen, los métodos que utilizan, el destino de los pobres animales que van a caer en sus redes.

Caca es la dejadez, el ninguneo, la falta de apoyo, el desprecio con el que conviven las asociaciones protectoras, los albergues en donde tienen la suerte de dar con sus huesos los miles de perros y gatos apaleados, quemados, atropellados, despellejados. Suerte de no sacrificados y de que los voluntarios ignorados por las instituciones, también abandonados, dediquen su tiempo, su dinero y su ánimo a fomentar y conseguir una adopción. Caca es no poder llevar suelta a mi perrita (de nombre Poca; de raza chihuahua; 1.200 gramos de peso) por el Retiro, a riesgo de ser perseguida, amenazada y multada por motoristas uniformados que rompen nuestra armonía. Caca es que las mejores personas, las que derrochan bondad, las que defienden a quienes no pueden hacerlo, las que cuidan de los más débiles, sean tratados por ello como delincuentes. Sí, hay que retirar la caca del perro de la vía pública, pero también (antes incluso, ¿no?) hay que retirar palabras que ensucian mucho, como que sea necesario el ensañamiento para que la ley considere maltratado a un animal.

Para seguir, dice esta señora de centro que las cacas de los perros “suponen un riesgo enorme para la salud de las personas”. Un riesgo mucho mayor, según alguien que sabe tanto del planeta y del ser humano, que aquellos niveles de dióxido de carbono que superan en mucho los niveles permitidos por la UE pero que ella denomina “polvo africano”. Caca es que la sanidad se privatice (ya, ya sé que no es cosa de ustedes, que es cosa de la señora de los calcetines, que ustedes nunca lo harían -qué raro que sean de la misma cuerda-) y la gente esté en los pasillos de los hospitales públicos. Caca es que se eliminen los árboles, bancos y zonas de recreo de las plazas para hacer de ellas unas pistas de cemento donde ni siquiera se puede pasear plácidamente con un perro. Caca que el Ayuntamiento no proteja a los gatos del Retiro y del Botánico. Apesta, desde luego, pero a caca insensible y recaudatoria.

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Más suicidio, de Enric González en El País

Posted in Derechos, Libertades by reggio on 12 diciembre, 2008

Algunos de ustedes habrán visto cómo murió Craig Ewert. El programa sobre su suicidio (asistido) fue emitido el miércoles por la noche en el Reino Unido, pero las escenas esenciales, las del final, han sido recogidas por los medios digitales y pueden encontrarse en YouTube. Craig Ewert, del que ya hablábamos ayer, tenía 59 años y una enfermedad neurológica que le mantenía paralizado. Decidió acabar con la tortura, como él llamaba a su vida, hace un par de años, en una clínica suiza que facilita asistencia en el suicidio a las personas que no pueden matarse por sí mismas.

Entre las reacciones a la emisión, efectuada por uno de los canales de la plataforma Sky (Grupo Murdoch), destaca la de John Beyer, director de una entidad pública británica cuya función consiste en controlar los medios informativos. Lo que dijo el tal Beyer, en desacuerdo con el programa y, supuestamente, con la decisión de Craig Ewert: “Los informadores deberían ser objetivos. De lo contrario, influyen en la opinión pública o inducen a otros sufrientes a seguir los mismos pasos”.

Una parrafada extraordinaria. Releámosla, por favor: “Los informadores deberían ser objetivos”. Tremendo. No existe, afortunadamente, el informador objetivo. El informador debe ser veraz; su simple presencia, su labor de intermediación, convierte cualquier información en subjetiva. “De lo contrario, influyen en la opinión pública”. Sensacional. Beyer debería presentarnos a ese medio, que quizá él conoce, que no influye en la opinión pública. Se trata sin duda de un medio muy infeliz. “O inducen a otros sufrientes a seguir los mismos pasos”. Exacto. Los medios están, entre otras cosas, para mostrar al público las distintas opciones posibles.

Ha habido quien ha hablado de eutanasia. Falso: la muerte de Craig Ewert fue un suicidio. Lo dijo él mismo, la persona mejor informada sobre el asunto. Simplemente, hubo que ayudarle porque estaba paralizado.

Ha habido quien ha hablado de muerte digna. Falso. Craig Ewert no quería una muerte digna, sino una vida digna. La muerte es refractaria a epítetos. Como no podía vivir dignamente, Ewert eligió morir.

egonzalez@elpais.es

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CE, ayudas públicas y competencia bancaria, de Santiago Carbó Valverde en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

La decisión de la Comisión Europea de permitir las inyecciones de capital en entidades bancarias sin problemas de solvencia ha levantado una polvareda en el sector bancario español, principalmente por las asimetrías competitivas que este tipo de medidas pueden acarrear. Esta opción venía ya discutiéndose en los foros financieros y los ámbitos de decisión política desde las reuniones del Ecofin el pasado octubre, en las que se abrió la puerta a este tipo de ayudas. Eso sí, como no podía ser de otro modo, en consonancia con la regulación de competencia europea, las inyecciones de capital deberían revestir un carácter excepcional y, en principio, ser aplicadas de forma exclusiva a las entidades que presentaran problemas de solvencia. Sin embargo, desde aquel momento se abrió un amplio abanico de posibilidades entre las que algunos Gobiernos, como el británico, incluso se han planteado la nacionalización completa del sector bancario nacional.

En España viene defendiéndose de largo el relativamente elevado nivel de solvencia de sus entidades bancarias y precisamente éste ha constituido uno de los pilares de su fortaleza competitiva en los últimos años. Las medidas urgentes en materia financiera aprobadas por el Gobierno el 13 de octubre contemplaron avales para operaciones de financiación nuevas y la autorización con carácter excepcional de la adquisición de títulos aptos para el reforzamiento de los recursos propios de las entidades de crédito, si bien dejando a un lado la posibilidad de una nacionalización plena o de una aportación indiscriminada de fondos independiente del nivel de solvencia.

Aunque al ciudadano de a pie pudiera parecerle una cuestión técnica dentro de los planes de rescate bancarios, la elección de unas medidas u otras de recapitalización tienen implicaciones de enorme relevancia para el bienestar social. Una excesiva generalización o flexibilidad de los criterios aplicables puede acarrear distorsiones competitivas alentadas desde el sector público. Durante la crisis y sobre todo en el deseado ocaso de la misma, estas diferencias entre las ayudas de los diferentes Gobiernos podrían producir variaciones artificialmente inducidas y de considerable impacto en la competitividad de las entidades bancarias de algunos países frente a otros.

Las entidades bancarias españolas -aun afrontando las dificultades que la crisis impone de forma generalizada- parecen haber hecho mejor los deberes en materia de solvencia en los últimos años y el Banco de España ha procurado igualmente que así sea. Por todo ello, los bancos y cajas españoles exigen a la Comisión Europea mayor rigidez en los criterios de aplicabilidad de la ayuda pública al sector bancario, en lugar de una política de ‘que cada uno haga lo que quiera’. Esta exigencia es legítima, sobre todo tras la presión que tradicionalmente ha ejercido la Dirección General de la Competencia de la Comisión Europea para que las entidades bancarias ofrezcan servicios financieros lo más competitivos posible en todos los ámbitos de negocio para favorecer la creación de un mercado bancario minorista único europeo.

La nueva regulación financiera traerá exigencias de recursos propios más duras y el abanico de entidades europeas que puede necesitar en mayor o menor medida de ayudas para recapitalización puede ser amplio. Sin embargo, hay que establecer los criterios necesarios para que los efectos de estas medidas sobre la competencia sean los menos posibles. La propia Comisión plantea como solución exigir un tipo de interés mínimo del 7% a las entidades sanas que quieran acceder a ayudas de recapitalización.

Esta medida puede ir en la dirección adecuada pero habría que analizar con tranquilidad las condiciones de mercado en las que se fija ese precio -sin ir más lejos, el mercado ahora exige para estos recursos un tipo en torno al 15%- y aumentar la transparencia en los criterios para la aplicabilidad de medidas de esta índole.

Tal vez habría que ser incluso algo más exigente en lo que a las entidades solventes se refiere, sobre todo para evitar que los rescates se conviertan en operaciones implícitas de fortalecimiento público e indiscriminado del sector bancario, para proteger a las entidades nacionales y poder tomar una posición de ventaja -auspiciada desde los Gobiernos en lugar de en la pugna competitiva- para acometer los rigores de la nueva regulación financiera y la posible oleada de operaciones de consolidación transfronteriza en toda Europa.

Santiago Carbó Valverde. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada.

¿Es ilusorio el Estado del Bienestar? O el retorno de la austeridad, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

Cuenta Plutarco que hallándose Alejandro Magno de escala en su camino hacia Persia, era agasajado por todos los notables de la época excepto por el afamado Diógenes de Sinope, resolviendo entonces ir a verle. Lo encontró tumbado, tomando el sol, y preguntándole si se le ofrecía alguna cosa, el filósofo le respondió: “muy poco, que te quites del sol”. Admirado por su grandeza de ánimo, confesaría “a no ser Alejandro, de buena gana sería Diógenes”. Arístipo, filósofo que vivía confortablemente adulando al rey, encontró a Diógenes cenándose unas lentejas y le dijo: “si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. Éste contestó: “si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

Asceta de vida aperrada, Diógenes decía buscar, a plena luz del día y farol en mano, un hombre honesto. Había hecho del aprecio por las privaciones y la supresión integrista de necesidades su medio de alcanzar la virtud moral. A fin de evitar la artificialidad, hipocresía y falsedad de una vida humana que consideraba llena de impostura y carente de contenido, prefirió imitar al perro que vive el presente sin ansiedad, sin pretensiones y que, a diferencia de las artimañas humanas, siempre da un ladrido honesto ante la verdad.

Independencia, ausencia de conflictos de interés. Partout. Burócratas de la partitocracia con sus electores, meros contribuyentes disfrazados de ciudadanos; banqueros centrales con los poderes fácticos que les facilitan sus mullidos sillones de cuero; la banca con sus clientes, distribuyéndoles fantasías financieras, colocándoles papelillos mágicos de bienestar presente con cargo a prosperidad futura o promesas de bienestar futuro a cambio de prosperidad presente; agencias de rating, jueces y partes, con sus calificadas; directivos con sus accionistas y éstos con los bonistas, a cuenta de la creación de valor, los bonus, y la parte del león… Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.

Quizá sea momento de añadir un ingrediente adicional. Un tazón colmado del Principio de Peter: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Llevo a ebullición y la primera tajada que aflora, mi primera derivada, es que en jerarquías donde la incompetencia ocupacional sube a lo más alto, los conflictos de intereses generan consecuencias negativas que afectan a la colectividad y de cuya responsabilidad nadie se hace cargo. Negación plausible. O simple mutis. Aunque la tradición establece que, tras el banquete y la barra libre, alguien debe quedarse a recoger, limpiar y hacer de paganini. La asunción de responsabilidad, tan escurridiza como un langostino de trasmallo, no encuentra patrocinador. El paganini, en cambio, está claramente definido por el sistema. Nullum gratuitum prandium.

Siguiendo la línea argumental de la semana pasada, vivimos en un mundo de recursos productivos limitados en tiempo y cantidad. La percepción por parte de los agentes privados de una barra libre fiduciaria, de que el dinero crece en los árboles y puede ser recolectado gratis o a muy bajo coste, genera el espejismo de una oferta ilimitada de estos recursos. Ello conduce a la sobreproducción de bienes y servicios, al exceso de dimensión de ciertas estructuras productivas. En el camino, la ilusión monetaria se traduce en un delirio de bienestar virtual con más empleo, producción, renta y contribuciones al sistema. Efecto riqueza. Pero nada es eterno y cuando empiezan a desvanecerse las alucinaciones del maná fiduciario, lo que antes parecía prosperidad infinita, deviene exceso de capacidad, deuda de peso muerto e insolvencia.

El Estado del Bienestar Ilusorio.

La ética y razón del Estado del Bienestar Ilusorio (EBI) se basa en la necesidad de inflar expectativas, sobredimensionar percepciones de bonanza e inducir el autoengaño. Ensanchar el esquema fiduciario piramidal de activos ficticios y deudas cuyo valor real disminuye cuanto más tiempo pase, haciendo que cualquier déficit de ingresos se compense con créditos fiados en promesas de prosperidad futura y riesgo moral. Al agente privado se le impone un medio de pago, unidad de cuenta y presunto depósito de valor que, convertido en dinero de curso legal, le permita contribuir al sostenimiento de una estructura burocrática multinivel la cual, por definición, mantiene un apetito recaudatorio tan voraz como su incontinencia dimensional, tendente a la maximización de réditos electorales para perpetuarse.

Un sistema que detrae bienestar de los agentes privados y se lo transfiere al EBI para que acredite consumismo vacuo, subvencione especulación e incompetencia, premiando la asignación ineficiente de recursos a fin de producir transitoriamente un nivel de vida artificial, y castigando el prudente ahorro, la esforzada laboriosidad, el cálculo económico racional y la competitividad. Robando modus vivendi futuro vía impuesto inflación.

Nota al pie. A pesar de los usos hechos del término inflación y los conceptos que de él se derivan, parece existir raro consenso en admitir que la inflación, siempre y en todas partes, es un fenómeno monetario. Y crediticio. Así, entiendo por inflación el incremento neto de dinero y crédito respecto de la producción disponible para el intercambio económico. Crear más unidades monetarias respecto del stock de bienes y servicios implica la devaluación de la moneda en la que se expresan los precios, la pérdida de poder adquisitivo en términos de bienes y servicios. Por tanto, las subidas de precios en unidades monetarias no son propiamente inflación, sino que resultan de ella. Meros ajustes, consecuencias ex post del exceso monetario y crediticio.

Se me antoja indiferente, pues, que la inflación provenga de hinchar con agua las semillas de cacao usadas al peso como dinero, de limar los bordes o engañar la ley del metal acuñado como moneda, o de darle a la impresora fiduciaria para obtener bienes y servicios reales a cambio de papel cuyo valor intrínseco es su coste de impresión y distribución, por muchos ceros que lleve. El fraude viene a ser el mismo, así se trate de nobles del medievo devaluando moneda para financiar la Guerra de los Cien Años, como si, por el coste de apenas unos céntimos, el BCE imprime billetes de 500 euros o crea depósitos que permiten a los señores feudocapitalistas del EBI pagar bienes, servicios y rescates por su valor nominal, mientras el resto de agentes privados deben esforzarse para obtener utilidad por valor de 500 euros que puedan intercambiar por bienes y servicios ya gravados con inflación.

Mientras los apóstoles del EBI nos cuentan la parábola del cristal roto, el efecto inflación sobre los bienes de consumo queda supuestamente contrarrestado por las bondadosas ganancias de productividad, las deslocalizaciones y outsourcing low-cost, las liberalizaciones comerciales y los avances científico-técnicos, por la exportación deflacionista de países emergentes abonados al dumping y devaluaciones competitivas. La pérdida de poder adquisitivo, enmascarada por la sobrevaloración de activos reales y financieros vía inflación crediticia, permite la refinanciación circular de consumo, especulación y apalancamiento garantizados por revalorizaciones ad infinitum.

Durante décadas, disfrazada de lagarterana, la inflación ha sido sacada a pasear ataviada de IPC o similar, en el doble intento de confundir causas y consecuencias, y de ningunear éstas últimas mediante manipulaciones estadísticas y cálculos económicos ficticios. Para desfigurar la trinidad confiscatoria de tributos, deuda y señoreaje, resulta más convincente, cara a la galería, asimilar subidas de precios con inflación, que ésta se vea como algo inevitable y, además, moderadamente beneficiosa. Tratándose de percepciones subjetivas, la tecnología actual permite una gestión sencilla y barata de la confianza en el sistema, fundamentalmente a través de la estrategia de comunicación y la psicología de masas. Ingredientes tradicionales. Sisa, deformación y saturación informativas, algo de credulidad, mimada mansedumbre y una buena dosis de marketing relacional. Añádase una pizca de imaginación creativa para que la propaganda resulte seductora y elegante, y ya está vestido el muñeco, listo para el Vo.Bo.

Treinta o cuarenta años de cumplido trabajo, desviviéndose por los suyos, ahorrando sacrificadamente para disfrutar del merecido descanso, y los ratones de la inflación monetaria se han comido su despensa, que creía llena y presta a aprovisionar su solaz retiro. La verdad, me parece deshonesto. Aunque confieso, más allá de toda duda razonable, que he bebido la ponzoña de quienes ya fundaban su ética y razón en que no se puede obtener realidad a cambio de fantasía, fabricar bienestar artificial de la nada ni comprar con cargo a promesas de algo que ni se tiene, ni es. El buffet y barra libres, sección economía-ficción.

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Ayudas públicas, ¿para todos?, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

Esta crisis en la que ahora estamos inmersos, esta vez sí, empezó siendo una especie de algarada financiera organizada por los talentos de la banca de inversión estadounidense. Pero con el paso de los meses se ha convertido en una auténtica crisis real en la que la fila de los damnificados que hacen cola para pedir el auxilio público se agiganta por momentos. Como todo empezó por la crisis bancaria y es generalmente un valor asumido que los bancos no pueden quebrar (ya que en ellos reposa la confianza en el sistema económico y la liquidez de toda la sociedad), ahora que hay dificultades en otros sectores por problemas de debilidad de demanda, sectores enteros se han apuntado al filón de las ayudas públicas, aunque por el momento estas están llegando, en algunos países con cuentagotas, solamente al sector financiero.

El catálogo de las ayudas públicas, cuya proliferación e intensidad puede generar problemas irreversibles a los Presupuestos públicos de muchos Estados, está alcanzando tal extensión que puede poner en dificultades al conjunto del sistema económico occidental, tal y como ha venido funcionando. Hay al menos dos frentes en los que las ayudas públicas deberían ser sometidas a una disciplina algo más estricta, como tratan de defender algunos aguerridos defensores (defensora en el caso de la UE, por la señora Kroes) con más ruido que eficacia.

La forma en la que se están concediendo las ayudas públicas a las entidades financieras que las solicitan o que tienen poder para obtenerlas va a generar distorsiones a la competencia dentro de los Estados y a nivel supranacional en la medida en que muchas entidades que están recibiendo fondos públicos de un Estado europeo tienen sucursales y filiales en otros Estados de la UE. ¿No se podría haber puesto la primera piedra de una especie de Mercado Financiero Único en Europa, sometiendo todas las ayudas a los bancos a una disciplina común, a criterios únicos y a supervisión centralizada, puesto que común es el territorio en el actúan estas entidades, teóricamente todas ellas en régimen de competencia abierta, aunque ahora distorsionada por el papel del Estado en muchos casos?

Dentro de cada país, el banco central correspondiente y las autoridades de la Competencia serán los responsables de mantener el orden. Pero, ¿qué hará un banco central de un determinado país cuando una entidad financiera de otro Estado, que ha recibido una importante inyección de recursos financieros públicos del Estado originario, logre mejorar su cuota de mercado a costa de entidades también privadas pero que no han recibido dinero público? No hace falta ponerle nombres y apellidos ni enseñar la partida de nacimiento para que todos, o casi todos, sepamos la identidad de los casos más notorios de este complicado entramado en el que se ha colocado el sector financiero europeo, en el que la crisis ha dejado escapar sin apenas responsabilidades ni castigo a tantas entidades ineficientes, que ahora aparecen en condiciones de igualdad con otras que supieron hacer bien sus deberes.

Lo que está empezando a ser palpable y notorio en el sector financiero puede empezar a pasar, a la vuelta de la esquina, con el sector industrial, sobre todo cuando los tres grandes del motor de Estados Unidos reciban importantes fondos para llegar a fin de mes. Sí, a fin de mes, ya que dos de los tres grandes no tienen en estos momentos dinero ni para pagar la nómina de Navidad, asunto sin duda grave pero que pone de relieve hasta qué extremos está llegando la economía empresarial, de lo que no siempre tienen la culpa los bancos ni la estrechez de los canales de financiación.

Con estos ingredientes sobre la mesa, y con los Gobiernos echando leña al fuego para que no se extinga, en una frenética carrera en la que algunos están lanzando ya a las llamas hasta el tresillo de la sala de estar, convendría sentar cuanto antes algunos puntos de acuerdo en relación con el nuevo papel del Estado en la economía. Quizás no haya que llegar tan lejos como proponía Sarkozy, la refundación del capitalismo, pero sí que habría que fijar algunas líneas rojas en relación con las nuevas formas de la competencia, ya que al fin y al cabo el buen funcionamiento de la competencia ha sido siempre un ingrediente básico del progreso de las economías capitalistas. Y no les ha ido tan mal con esa disciplina, que resulta urgente recuperar.

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Merkel da plantón a la Europa neokeynesiana, de Gabriel Calzada en Expansión

Posted in Economía by reggio on 12 diciembre, 2008

Gordon Brown, Nicolas Sarkozy y José Manuel Durao Barroso han levantado este lunes el estandarte de las políticas de incremento del gasto público propuestas por la Comisión Europea. La filosofía detrás de esta nueva oleada de planes centrales de la burocracia europea es que los Estados deben compensar la reducción del consumo privado con aumento del gasto del sector público.

Desde Sarkozy hasta Zapatero, los dirigentes europeos pretenden que, si los ciudadanos no quieren sostener nuevas obras, sea el Estado quien lo haga y, si los consumidores no compran nuevos coches, sea el Estado el que pague el desarrollo de nuevos modelos con tres capas de pintura verde.

De este modo, el pacto de estabilidad presupuestario, del que en gran medida depende la salud del euro, ha sido sacrificado en el altar del neokeynesianismo. En EEUU este “new” New Deal triunfa de la mano de Obama fundamentado en las mismas premisas estatistas.

En nuestro país, el Gobierno ha aprobado su séptimo plan de salvación nacional siguiendo idénticas directrices. Sin embargo, con esos postulados, ni el plan español, ni el de EEUU ni los del resto de la Unión Europea lograrán el propósito de “reactivar la economía”, sino que resultarán muy perjudiciales a medio y largo plazo. La esencia de estos planes consiste en suplantar la demanda desaparecida con el fin de consolidar precios y salarios a niveles que son insostenibles.

Por mucho dinero del contribuyente que el Gobierno lance sobre sectores sobredimensionados como la construcción y otros vinculados al crédito barato y abundante, no se lograrán evitar las necesarias liquidaciones que permitan redimensionar estas industrias en consonancia con el deseo de los consumidores. Un sector cuya actividad no es respaldada por el ciudadano y es mantenida artificialmente es un mercado insostenible, le pese a quien le pese.

Situación inviable

En el caso español, el Gobierno se empeña en congelar con el nuevo plan una situación inviable a largo plazo, necesitando comprometer dos billones de las antiguas pesetas. Se trata de una enorme cantidad de recursos derrochados irresponsablemente en aplazar la crisis. En cuanto el efecto de esta inyección sobre el sector de la construcción y el automovilístico cese, la realidad mostrará la falta de mercados y lo desajustado de los precios.

Esta fue la opción escogida por los dirigentes políticos japoneses hace 11 años y los nipones aún sufren hoy las consecuencias de añadir leña al fuego de la crisis. Esta clase de políticas frente a la crisis sólo logra cargar de impuestos futuros al contribuyente y poner en peligro el propio crédito del Estado, lo que podría acabar llevando a un colapso de la moneda y de toda la economía.

Por más que nos traten de vender lo contrario, este tipo de medidas no reanimará de forma sostenible la inversión y el consumo privado pues, como se ha evidenciado en Japón o se comprobó durante la Gran Depresión, la gente no se va endeudar aún más para mantener los precios y mercados que se pretenden sostener.

Ningún plan que vaya contra los deseos de reajuste de los agentes económicos es viable a largo plazo. La prioridad que en este momento tienen familias, empresas y sector financiero es recuperar su equilibrio financiero, reducir el alto volumen de endeudamiento, disponer de suficiente liquidez, cancelar aquellos proyectos que se han demostrado inviables y reajustar precios y costes a niveles sostenibles.

Sólo cuando ese proceso haya concluido estarán fijadas las bases para volver a un crecimiento fuerte y sostenido de la renta y a la creación de empleo. Quien únicamente parece haber entendido este abc de la recuperación económica es Ángela Merkel. A la canciller alemana no le cuadra la idea de salir de la crisis obligando al ciudadano alemán y europeo a realizar un consumo que no desea.

Por mucho que Solbes, Almunia y Barroso repitan que todos los dirigentes políticos están convencidos de que los Estados tienen que tomar el relevo del consumo privado y estimular la congelación de los empleos allí donde se encuentren, la líder alemana se muestra abiertamente escéptica.

Es más, gastar 200.000 millones de euros, el 1,5% del PIB europeo, en un nuevo plan central supone una amenaza de tal calibre a la ya débil salud del euro que a los alemanes les dan ganas de dar marcha atrás y recuperar su marco.

La buena noticia es que Alemania parece haber entendido que la salida de este túnel no está a ninguno de los dos lados del Canal de la Mancha. De ahí que su plantón a los nuevos keynesianos suponga en estos momentos la principal esperanza europea.

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La moneda es un vinculo social, no un bien, de Juan-Claude Delaunay en l’Humanité

Posted in Economía, Política by reggio on 12 diciembre, 2008

Original francés artículo : http://www.humanite.fr/2008-12-09_T
Translated mercredi 10 décembre 2008, par Andrés G. Pardeiro

Lo mismo que es necesario afirmar alto y fuerte, porque es verdad, que el capitalismo y sus agentes perdieron la legitimidad arrogante que tenían hasta hace poco, también me parece excesivo dejar de creer que este sistema habría entrado en fase de inminente desaparición. Ahora bien el concepto de moneda común mundial forma parte de esta ideología verbalmente triunfal sin basarse pues en un análisis correcto de los vínculos capitalistas. Pero ¿qué es antes de nada una moneda común y cómo distinguirla de una moneda única ?

Consideremos un conjunto de países que forman una zona monetaria. Estos países están dotados de una moneda única si se utiliza la misma moneda en todas partes y si se administra de manera centralizada. Una moneda única es necesariamente una moneda común, pero es otra cosa en la medida en que no concede ya ningún papel a las monedas nacionales. Consideremos ahora la misma zona. Ésta está dotada de una moneda común si por una parte existen las monedas nacionales, administradas de manera autónoma unas de otras y garantizando funciones internas en cada país (compras, ahorro, inversiones), y si, por otra parte, existe una moneda común, administrada de manera centralizada y destinada a la liquidación de los déficits exteriores. Creemos que algo así podría suceder a nivel mundial. Por una parte, habría las monedas nacionales (el dólar, el euro, el yuan, etc). Por otra parte, habría la moneda común mundial, administrada centralmente por un FMI democrático y destinado a saldar las cuentas de los países deficitarios.

La moneda común mundial (MCM) actualmente defendida por los comunistas contempla tres objetivos principales. 1. La moneda mundial debería ser considerada a partir de ahora como un bien colectivo. La MCM satisfaría esta exigencia. 2. El uso de esta moneda común acabaría con la supremacía del dólar. 3. Daría lugar a negociaciones favorables a los países solicitantes de moneda para su propio desarrollo.

Examinemos estos objetivos.

I – ¿La moneda como bien colectivo mundial ? Sí, pero la moneda no es un bien, es un vínculo social. El agua, el aire, el clima, los océanos, por ejemplo, son “bienes” tendiendo a ser considerados hoy como bienes colectivos. Existen físicamente, independientemente de los vínculos capitalistas. Los efectos desastrosos inducidos sobre ellos por estos vínculos resultan evidentes. Es entonces posible desde ahora tener en consideración una lucha repetida y de masas para su gestión socializada, incluso en el marco de vínculos capitalistas. Pero la moneda es la expresión directa de los vínculos sociales. Ponerse el objetivo de un MCM supone pues que los Estados más poderosos ceden a una institución mundial, a la que habrían previamente aceptado su democratización en profundidad, la diligencia de crear esta moneda y de velar por su uso democrático. Esta propuesta me parece, por el momento, una utopía.

II – Sí pero ¿“la verdadera contradicción” no es el dólar cuya soberanía es necesario destruir ? En mi opinión, la MCM no está en condiciones de garantizar ese paso. En efecto, tendría por objetivo permitir a los países deficitarios regular sus déficit con el exterior. Pero no estamos hoy en la misma situación que en 1944, cuando Keynes lanzaba la idea del Bancor. La MCM imaginada por Keynes tenía por objeto ayudar a los pobres a financiar su déficit para beneficio de todos (fin de la política restrictiva, reductora de la renta mundial). Ahora bien hoy, los ricos (los Estados Unidos) son aparentemente pobres (gran déficit) mientras que los pobres (países emergentes) son aparentemente ricos (grandes reservas de dólares). Este proyecto de la MCM tendría por primera finalidad financiar el déficit del país más rico del mundo. ¿No es incoherente ?

III – El “sistema dólar” es una gran noria de la explotación mundial del trabajo asalariado, empezando por el trabajo de los países emergentes. El final de esta biología particular -cuyo dólar como moneda mundial es la sangre actualmente- no se hará de manera monetaria, con la ayuda de una MCM. Y ponerle fin supone que los países en cuestión utilizan para la satisfacción de las necesidades de sus propias poblaciones el trabajo que se ven obligados a exportar hoy. Dos otros aspectos deben ser tenidos en cuenta. El primero es la formación creíble de monedas comunes, pero en zonas económicas dotadas de una cierta homogeneidad, como se tiende a hacer a partir de ahora en Asia y América Latina. El segundo, más sensible al ideal de los comunistas, sería la transferencia negociada pero generosa de conocimientos técnicos, tecnologías y servicios hacia los países emergentes o hacia aquellos que no llegan a emerger. Todo eso nos parece más serio y más sólido que vagos rumores de pretensión revolucionaria sobre la moneda común mundial.

Juan-Claude Delaunay, economista, profesor de la Universidad de Marne-la-Vallée

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Desplazamientos, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Derechos, Internacional, Libertades, Medios, Política by reggio on 12 diciembre, 2008

Aparece información que despierta reflexiones sobre el ominoso atentado terrorista que castigó a Bombay. Un ejemplo: se sabe ahora que cuando finalizaban los ataques un señor anónimo llamó por teléfono al presidente paquistaní, fingió que era el ministro de Relaciones Exteriores de la India y lo amenazó con declararle la guerra. Pakistán puso su fuerza aérea en estado de alerta durante un día entero (Los Angeles Times, 7-12-08). Esa guerra era el objetivo de los terroristas, pero surge una pregunta: ¿cómo logró el señor anónimo conocer los códigos necesarios para ser atendido por el presidente paquistaní? ¿Tal vez fue alguien bien ubicado en Nueva Delhi? Lo cierto es que un detallecito como éste puede provocar la catástrofe: los dos países, que se disputan Cachemira, tienen armas nucleares.

Otro interrogante: ¿por qué la policía india se mostró bastante pasiva durante las 60 horas que duraron los ataques de sólo diez hombres? Algo más: los servicios de inteligencia de la India fueron advertidos el 18 de noviembre –ocho días antes– de que militantes con base en Pakistán preparaban el desastre. “Agentes de inteligencia indios y europeos manifestaron que la información reunida era lo suficientemente específica: mencionaba amenazas a los principales hoteles de Bombay y la posibilidad de que los islamistas atacantes pudieran emplear lanchas para penetrar las débiles defensas costeras de la ciudad” (www.cbsnews.com, 2-12-08). Esta “ignorancia” se asemeja a la de W. Bush, al que los servicios estadounidenses le informaron el 6 de agosto de 2001, más de un mes antes del 11/9, de lo que se venía (The New York Times, 10-5-04). A la Casa Blanca no le importó: murieron tres mil personas en las Torres Gemelas, pero el pretexto para invadir Irak fue servido.

Abundan los hechos curiosos. Según las declaraciones del gobierno indio, los terroristas, olvidadizos ellos, dejaron un teléfono móvil en la lancha que secuestraron, lo cual permitió identificar al menos a tres miembros de Lashkar-e-Taiba (LeT), el Ejército de los Píos, un grupo fundamentalista musulmán que rechaza el control indio de Cachemira y que mantendría contactos con Al Qaida y los talibán por intermedio de los servicios de inteligencia de Pakistán (ISI) (www.telegraph.co.uk, 30-11-08). Nueva Delhi involucró además a Jamaat ud Dawa, organización madre del LeT, que al parecer no era terrorista cuando sus miembros trabajaron codo a codo con militares norteamericanos para ayudar a las víctimas del terrible sismo que afectó a la India y Pakistán en el 2005 (counterterrorism.blog.org, 30-4-06). Es una trama oscura, pero se recuerda que la CIA, por conducto de ISI, financió y entrenó a los talibán para echar a los soviéticos de Afganistán y que se alimentó económicamente del tráfico de drogas procedentes de ese país. La colaboración de los dos servicios continuó a lo largo de los años ’90 en Chechenia, Yugoslavia y la India. Es notorio que la CIA y el Pentágono arman y entrenan a Jundullah, grupo terrorista de la zona tribal de Pakistán, para que incursione en Irán. Pareciera que Irán es la cuestión.

El electo presidente Obama, rodeado de un equipo en el que abundan los halcones que eligió, ha reiterado su intención de convertir a Afganistán en centro de la llamada lucha antiterrorista, lo cual ha creado ya un conflicto con Pakistán por los bombardeos estadounidenses de su territorio. Ha mencionado a Cachemira como foco terrorista y todo indica que la intervención militar de EE.UU. se desplaza hacia el sur de Asia. Esto confluye con los objetivos del partido indio de la guerra, el Bharativa Janata (PBJ) –versión chauvinista y nacionalista del hinduismo tradicional–, que propugna una alianza más estrecha con EE.UU. y que probablemente gane las elecciones del 2009 por el fracaso del Partido del Congreso gobernante en cohesionar al país. Los atentados de Bombay le han venido de perillas al PBJ, que despliega una ideología muy particular: afirma que la raza hindú fue originariamente una tribu que bajó del Polo Norte. Subraya que sus miembros eran arios, rubios y tenían ojos azules (www.geocities.com/indianfascism, 23-2-00). Se propone rescatar la gloria de un pasado mítico y restaurar el antiguo imperio hindú.

El énfasis de Obama en Pakistán no es gratuito: el país limita con Irán, Afganistán, India, China y no está lejos de las ex repúblicas soviéticas ricas en petróleo y gas natural. Por otro lado, una fuerte presencia militar estadounidense en Afganistán –con la OTAN, claro– sería una advertencia para China y Rusia, que tienen fuerte influencia en la región. Ambos movimientos, además, fortalecerían el cerco a Irán. Es la triste geopolítica de la guerra en curso: los beneficiarios de los atentados de Bombay son conglomerados petroleros y grandes bancos con sede en Londres y Nueva York.

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