Reggio’s Weblog

Toques de confianza, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 10 diciembre, 2008

En Catalunya se tiene conciencia de vivir tiempos de incertidumbre en tanto que país, como nación. Es un clima al que se llegó mucho antes de la crisis económica actual y que, según las circunstancias, podría apuntar más allá de esta. Tener conciencia de algo, de todas maneras, no significa que la percepción que ha llevado a tal estado ni las conclusiones que se derivan de este se ajusten exactamente a la realidad. Y es que la realidad objetiva no justifica el nivel de desasosiego que alimenta el actual momento de baja autoestima. Pero lo grave es que, como reza el clásico principio sociológico, “aquello que se define como real, es real en sus consecuencias”, y en este sentido, el pesimismo produce, inevitablemente, decadencia.

Algunos analistas han considerado que la raíz de la incertidumbre catalana está en la constatación de que España, en algunos aspectos, ha superado a Catalunya. Olvidan que en parte el progreso español se ha producido gracias a Catalunya y contra Catalunya. Es decir, con nuestra solidaridad y con su anticatalanismo. Además, este tipo de análisis suele proceder sospechosamente de los que creen que el nacionalismo catalán siempre ha necesitado un adversario y que no se ha valido por sí mismo. Pero en algo tienen razón: en Catalunya las reafirmaciones sólo a la defensiva pierden apoyo, y ya no se dan las antiguas simpatías exteriores con sólo exhibir la condición de nación y cultura maltratadas. En Catalunya, actualmente, no se piensa la nación en positivo, y eso puede acabar ahuyentando a propios y extraños.

Particularmente, la tesis del amedrentamiento ante una España imparable me parece algo pueril para explicar tanta insatisfacción. Pero sí es cierto que la incertidumbre se ha traducido en una falta radical de confianza. Ya no estamos tan seguros de si la voluntad de ser nación y de querer construirla sigue siendo una expresión mayoritaria en el pueblo catalán. Y damos por descontado que no existen ni liderazgos ni estrategias para salir de los desafíos más inmediatos, como la financiación y los recursos al Tribunal Constitucional, ni para dibujar grandes horizontes de futuro. De modo que, un día sí, otro también, se están pronosticando malos augurios para el futuro de la lengua catalana, de la educación, de la empresa, de la sanidad o de nuestra imagen exterior. Parece que la sociedad catalana coincide con los antisistema que hace unos meses se manifestaban detrás de una pancarta que en un mal catalán rezaba así: “Està tot fatal“.

Es en este contexto de pesimismo que Dèria Editors acaba de publicar un libro, Toc d´alerta, en el que los presidentes Jordi Pujol y Heribert Barrera dialogan con valentía, guiados por el periodista Salvador Cot. El libro quedará ya para siempre como testigo excepcional del estado de ánimo actual. Las palabras de uno y otro tienen un alto valor a la hora de denunciar la actual incapacidad de Catalunya para marcar objetivos estratégicos. Los dos presidentes -Pujol defendiendo su política pasada a favor de la gobernabilidad de España, Barrera constatando la inutilidad y el fracaso de los intentos de hacer pedagogía- coinciden en la gravedad del momento. Los acuerdos básicos son importantes, como es la crítica al populismo de la “cultura del no” que practican ciertas minorías ideológicamente antiguas, o en las dudas de ambos sobre lo que pueda significar desde el punto de vista nacional el paso de una Catalunya de seis a otra de ocho millones de catalanes. Pujol cree que los catalanes dimiten fácilmente de su condición y de ahí su debilidad, y Barrera cree que si no hay un giro sustancial en los próximos diez años, la catalanidad podría acabar en una etnia minorizada en su propio territorio. Barrera y Pujol, dos hombres incansables y de profundas -pero distintas- convicciones nacionales, de los que no dimiten de nada, hombres de su tiempo, también se confiesan pesimistas.

Decía que Toc d´alerta va a convertirse en un testigo de la actual incertidumbre y de cómo ha contaminado incluso a dos personalidades de sólidas convicciones siempre orientadas a la acción. Pero también creo que el libro marca el punto final de este desmoronamiento moral. En mi opinión, el toc d´alerta llega muy a tiempo. Por una parte, y no es algo menor, que Pujol y Barrera hayan aceptado este diálogo con tanta franqueza, ya es una señal de cambio. Y fue una señal que toda la sociedad civil fuera capaz de participar la semana pasada en Esade en un acto común a favor de la educación. Como decía admirado un buen amigo catalán nacido navarro, estas cosas sólo pasan en Catalunya. Y es otra señal de cambio radical que en las universidades se esté produciendo una magnífica reacción en contra de la minoría del està tot fatal que hasta ahora ha conseguido aparecer como el único interlocutor de una comunidad que trabaja en la perspectiva martí-i-poliana del “tot està per fer, i tot és possible“.

La Catalunya de los ocho millones, que será distinta de la inventada por Pujol y de la deseada por Barrera, aún está por imaginar. Pero existe un fondo de país con voluntad clara no sólo de salvar la lengua, sino de usarla para tener voz propia en el mundo. Yel inicio del giro que reclama Heribert Barrera para seguir siendo un sol poble lo vamos a ver desde ahora mismo. De lo que estamos hartos es de tanto pesimismo.

salvador.cardus@uab.cat

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