Reggio’s Weblog

La Constitución más duradera, de Marc Carrillo en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 6 diciembre, 2008

Treinta años de Constitución, seis lustros de sistema democrático. Teniendo en cuenta cómo se ha desarrollado la historia constitucional del Estado español contemporáneo, el hecho supone una positiva excepción. Por otra parte, el tiempo transcurrido identifica a una generación de ciudadanos que nacieron con el referéndum del 6 de diciembre de 1978, e invita a rememorar la reflexión de Thomas Jefferson: la voluntad del constituyente expresada en un momento histórico determinado, por acertada que fuese, no puede condicionar la de generaciones futuras. Significación histórica y proyección de futuro para conservar la legitimidad política ganada hace 30 años demandan una reflexión. Una de las posibles pretende ser la que sigue.

La Constitución de 1978 es una excepción histórica porque desde el inicio del constitucionalismo español con el Estatuto de Bayona de 1808, la actual es la Constitución democrática que ya presenta un periodo de vigencia más duradero. Sin que en este ámbito quepa incluir la de 1876, que rigió el régimen oligárquico y caciquil de la Restauración alfonsina hasta el golpe de Primo de Rivera de 1923. La Constitución es una excepción en un proceso histórico caracterizado por regímenes autoritarios y dictatoriales. El único referente democrático tangible se encuentra en la Constitución de la II República de 1931, suprimida por el levantamiento militar de Franco y la España negra que lo apoyó.

Cuando se inicia la Transición, los únicos factores de legitimidad democrática fueron las elecciones del 15 de junio de 1977 y la Constitución de 1978. El resto de las instituciones del Estado eran tributarias de la dictadura, que condicionaron y mucho la marcha hacia la democracia. En aquel contexto, la línea divisoria entre la ciudadanía pasaba sobre todo por la opción entre democracia o dictadura. Y la Constitución fue y sigue siendo un patrimonio democrático, que ha establecido un régimen de libertades que limitan el poder del Estado y regulan las relaciones entre los particulares, y que ha configurado un proceso de descentralización política que, con sus luces y sus sombras, a 30 años vista ha de ser irreversible. Libertad y autonomía son, pues, los dos pilares sobre los que se asienta el sistema político español. Sin ellos, su identidad democrática se perdería.

Pero lo dicho pertenece, en parte, al pasado. Porque si bien la Constitución no es una ley cualquiera y ha de gozar de estabilidad para resultar política y socialmente eficaz, es cierto que no puede ser concebida como algo inmutable. Por muchas virtudes que históricamente la hayan adornado, no es un icono. Si uno de sus instrumentos de garantía es la defensa que el Tribunal Constitucional puede hacer frente a una ley que la contradiga, otro es la reforma a fin de adaptarla a las nuevas circunstancias políticas, históricas y sociales que el tiempo y la práctica constitucional se encargan de reflejar. De adaptarla en lo que proceda a un nuevo contexto de acuerdo con los criterios de validez jurídica, esto es, según los procedimientos que la propia Constitución ha fijado previamente.

¿Y qué es aquello que quizás exigiría pensar en alguna revisión? Pues empezando por el principio de la autonomía política de las comunidades autónomas, uno de los dos pilares que plantea insuficiencias desde hace tiempo y que las reformas estatutarias recientes se han encargado de recordar, se constata la necesidad de que la Constitución se aleje de su deliberada ambigüedad inicial y concrete el alcance que deba tener la labor del legislador estatal. Esto es, que la potestad de las Cortes Generales para establecer la legislación básica a la que debe atenerse el legislador autonómico, responda a unos criterios que hasta hoy han quedado en una nebulosa. Y estos criterios han de precisar si el mínimo común para todos se fija de acuerdo a grandes principios, o bien, según directrices precisas y concretas. El mayor o menor alcance del autogobierno político de las comunidades autónomas dependerá de la opción que se tome. Además, a través de esta labor de precisión, el Tribunal Constitucional podría operar con mayor dosis de certeza para resolver los eventuales conflictos competenciales y quizás también podría evitarse que el Estado pueda abusar de títulos competenciales relativos a, por ejemplo, su competencia sobre la planificación general de la economía para desnaturalizar competencias autonómicas. El objeto no puede ser otro que, en el marco de sus competencias, proteger el Estatuto -norma subordinada a la Constitución- de todo tipo de leyes.

Siguiendo con el principio autonómico -ya resulta pesado pero hay que reiterarlo-, el Senado no responde a lo que la Constitución dice que es: Cámara de representación territorial. Asumir plenamente la descentralización política habría de comportar un cambio en los criterios que rigen tanto su composición como sus funciones, hasta situarlo en una posición de mayor simetría colegisladora con el Congreso. Y sin dejar el tema autonómico, la pluralidad de lenguas existente en España debería permitir dar el salto -en la línea iniciada por la jurisprudencia constitucional sobre la lengua en la enseñanza- hacia la doble oficialidad de lenguas allí donde rigen dos, estableciendo no sólo el derecho sino también el deber de su conocimiento.

En relación con el otro pilar democrático, el relativo a la libertad de las personas, la presencia cada vez más permanente de la inmigración debería instar a que la Constitución habilitase de forma abierta al legislador para que, según el tipo de elecciones y sin el constreñimiento que supone el actual criterio de la reciprocidad, los extranjeros no comunitarios puedan ejercer el derecho de sufragio en España.

Y en materia de colaboración con los diferentes cultos, el tiempo transcurrido, la experiencia acumulada y las actitudes religiosas mostradas por la ciudadanía -por ejemplo, en su aportación al rito católico en la declaración del IRPF- avalan que la Constitución establezca una auténtica simetría en la relación del Estado con las diferentes confesiones religiosas, sin mención explícita a ninguna de ellas.

Y en la medida que España forma parte de la Unión Europea, y ésta condiciona la vida de todos los ciudadanos, parece lógico que la Constitución debería hacerse eco de la idea de Europa, lo que por otra parte es ya práctica cotidiana a través de la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo. Es decir, la integración del derecho europeo en el ordenamiento jurídico español acorde con la regla de la preeminencia, como ya lo han hecho Alemania y Francia, entre otros Estados de la Unión. Todo ello, y alguna cosa más, habría de servir para renovar la legitimidad de la Constitución. Treinta años son un buen punto de referencia para debatir con aprecio a las instituciones democráticas y después actuar en consecuencia, de forma consensuada.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra.

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Respetad a mi hermana, de Albert Solé en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 6 diciembre, 2008

Quizá porque viví en propia piel su difícil alumbramiento, quizá porque la he visto crecer y madurar con serenidad y orgullo, es por lo que siento un cariño muy especial por mi hermana la Constitución, con la que comparto padre desde hace 30 años. El día que aprobaron la Consti yo era apenas un adolescente. Respiré aliviado porque pensé poder recuperar un poquito del padre que la democracia me había arrebatado. Me sentí muy orgulloso de mi flamante e ilustre hermana, aunque enseguida entendí que la iba a tener que compartir con casi 40 millones de individuos más. Sin embargo, la he seguido viviendo como algo muy propio, un hecho histórico omnipresente en la pequeña historia de mi familia.

Por todo ello, me duelen especialmente los menosprecios constantes, desde todo el arco político, hacia el símbolo -uno de los muy escasos aún vigentes- de ese gran ejercicio de tolerancia, diálogo y pacto que fue la Transición. Recientemente he recuperado las notas manuscritas de mi padre de los trabajos de la ponencia constitucional, un pequeño tesoro para los estudiosos y un canto al sentido profundo de la democracia. Como gusta de explicar otro de los padres de la criatura, Miquel Roca Junyent, lo importante de esta Constitución no es tanto el texto -que lo es- como la música, la atmósfera de entendimiento y superación de las diferencias que desprende el conjunto: un gran mensaje a la sociedad y un gran guiño a la Historia, sin duda. En las notas de mi padre se aprecia la agilidad del debate sobre las grandes cuestiones y queda patente que todos tuvieron que ceder y renunciar a algunos de sus principios sagrados. Sin cesión no hay pacto y sin pacto no hay Constitución. Así de sencillo.

El símbolo se ha convertido ahora en bien de consumo que unos y otros utilizan en función de las estrategias políticas cortoplacistas, del regate en corto en que se ha convertido el juego político hoy en día. El desplante de la mayoría de los portavoces parlamentarios al acto institucional de conmemoración del 30 aniversario es un episodio más, respuesta a su vez al ejercicio de apropiación constitucional que hizo la derecha durante los últimos años, sabedores de que la memoria es corta.

Estoy seguro de que si hiciéramos una encuesta en la calle, más de uno respondería que la Constitución la hizo el PP, si no el propio Aznar. Tal fue el esmero que pusieron en la tarea, convencidos quizá de que así lavaban el pecado original del escasísimo apoyo que su partido matriz, Alianza Popular, había brindado al texto en el año 78. Sabido es que ese gran pacto no hubiese sido posible hoy día con el viraje al extremo que hizo el PP en las dos últimas legislaturas y como botón de muestra, el patético espectáculo ofrecido con la renovación del Tribunal Constitucional.

Lo más insólito para mí fue comprobar cómo mi hermana se convertía en pretexto de legitimación de políticas y mensajes que poco o nada tenía que ver con el espíritu de tolerancia con que la generación de mi padre había transitado por su tiempo político. Constitución no es xenofobia, no es afirmación de la propia identidad en detrimento de las otras, no es estirar del hilo de la convivencia hasta el límite de la irresponsabilidad, no es manejar la cosa pública como si fuese privada. Para mí, Constitución es todo lo contrario: cooperación, debate, negociación, libertades civiles, laicidad. La derecha se adueñó del símbolo y lo convirtió en arma arrojadiza y la izquierda no ha sabido ni ha querido reaccionar, y eso me duele aún más.

La nueva izquierda no sabe qué hacer con el pasado, atenazada entre la mitificación de lo que pudo haber sido y lo que fue. La de nuestra democracia es la historia de un gran éxito, de un delicado ejercicio de funambulismo sin red que resultó exitoso como podía haber fracasado con un simple paso en falso. Conviene no olvidarlo. En casa nunca hemos sido especialmente amantes de las liturgias, pero sí respetuosos con los símbolos. En Cataluña, el Gobierno de la Generalitat tardó 29 años en reconocer el papel de los dos ponentes de la Constitución catalanes. Cuando a mi padre le dieron la Creu de Sant Jordi, el año pasado, ya era tarde: la enfermedad ya le había nublado el conocimiento.

En su día, el Gobierno del PP montó grandes fastos y celebraciones para conmemorar los 25 años de la Carta Magna. Reunieron a los padres y les agasajaron, organizaron actos por todo el país, conscientes de la importancia de aquel momento y del rédito simbólico que obtendrían. En este 30 aniversario, el Gobierno del PSOE ha elegido una celebración de bajo, de muy bajo perfil. La izquierda ha perdido una magnífica ocasión para recuperar la iniciativa y reivindicar su papel fundamental en nuestra construcción democrática.

Los países, como los individuos, tienen que saber distinguir y honrar los giros decisivos de su historia. En España, a falta de grandes gestas militares podemos conmemorar gestas de paz y de reconciliación, y la Constitución, mi hermana, es de las más importantes, sin duda. No la maltratéis, por favor.

Albert Solé, hijo de Jordi Solé Tura, es cineasta y escritor, autor de Bucarest, la memoria perdida.

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¡Que viene el lobo!, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos by reggio on 6 diciembre, 2008

Recuerdan ustedes cuando se decía que si se ilegalizaba Batasuna se produciría poco menos que un levantamiento popular en el País Vasco yque, por prudencia, no había que tomar esta medida? ¿Recuerdan cuando se decía que si Arnaldo Otegi era condenado a una pena de cárcel el poderoso Movimiento de Liberación Vasco arremetería con la kale borroka más feroz de toda la historia y que, por prudencia, no convenía hacer una cosa así?

Pronto se vio que todas estas advertencias interesadas, estas llamadas a vulnerar las leyes en nombre de la prudencia, estaban equivocadas. ¡Que viene el lobo, caperucitas!, parecían decir. El lobo nunca llegó, la gente es más sensata de lo que a algunos les parece. Batasuna fue ilegalizada, ETA se ha debilitado, la kale borroka ha disminuido. Arnaldo Otegi ha pasado su año de cárcel sin que nadie le hiciera caso, ni se convirtiera en héroe nacional. Al contrario, a su salida sólo ha recibido la bienvenida de cuatro amiguetes de su pueblo. Hace un año que la casi totalidad de la mesa nacional de Batasuna está en la cárcel y nadie les ha hecho caso, seguramente ni ustedes, lectores, se acordaban de ello. ¡Qué ridículo el de aquellos que no paraban de aconsejar prudencia por miedo a que apareciera al lobo!

Pues bien, en Catalunya sucede una cosa parecida con la famosa sentencia del Constitucional sobre el Estatut. “¡No se puede defraudar, ni insultar, ni humillar, a todo un pueblo!”, dicen. La cosa es de risa. Ahora casi todo el mundo está de acuerdo en que el proceso para aprobar un nuevo Estatuto fue lamentable y que el nuevo texto no sirve para lo que se pretendía. La invocación al pueblo, por otra parte, no deja de ser ridícula: en el referéndum no fueron a votar ni la mitad de los catalanes y el voto afirmativo sólo alcanzó el 35,7%. Y desde el comienzo del proceso, la abstención electoral no cesa de incrementarse en Catalunya. O sea que menos lobos, por favor. Más bien quienes deberían sentirse humillados son los partidos que nos embarcaron en tan delirante aventura.

El actual espectáculo de intimidar al Tribunal Constitucional es sumamente penoso y revela una latente actitud antidemocrática. En efecto, las coacciones al tribunal siguen el siguiente proceso: primero se desacredita al tribunal diciéndole que ha sido un desastre y está en prórroga; después se le coacciona con la cantinela de que viene el lobo; por último, se le invita lisa y llanamente a prevaricar, es decir, a cometer un delito que consiste en dictar una sentencia injusta a sabiendas, en este caso por motivos de prudencia política. Imagino que los magistrados constitucionales deben estar, además de hartos, indignados.

Hoy conmemoramos el trigésimo aniversario del referéndum constitucional: a pesar de estar ganado de antemano, participó el 67% de los españoles y el 88% votó afirmativamente.

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Aquel maldito 747 de Avianca (I), de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in General, Sociedad by reggio on 6 diciembre, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Pasaban apenas cuatro minutos de la una de la mañana y era ya domingo. El informe meteorológico que recibió el Boeing 747, procedente de Frankfurt con escala en París, era de lo más normal. “Viento en calma. Visibilidad horizontal, ocho kilómetros. Nubes bajas a partir de los 300 metros, sin estar el cielo cubierto. Temperatura 11 º C”. Le faltaba bastante menos de un minuto para tomar tierra en Barajas. Sorprendentemente empezó a perder altura, de tal modo que a toda prisa las azafatas se sentaron en sus asientos, pero sin ningún aspaviento; convencidas, como todos, de que estaban ya entrando en pista. Primero fue un golpe, como si tocara tierra sin llegar a rodar por ella; luego otro, mucho más fuerte, y por fin una explosión.

Habían caído, despanzurrados primero y volcados después, en el Balcón de Mejorada.

Los primeros en ver la llamarada y oír el estruendo fueron los chavales de Mejorada del Campo -a tres kilómetros de la catástrofe- que volvían de la fiesta del sábado noche. Entonces lo normal en los chicos de los pueblos era no pasarse de la una de la madrugada, ¡qué tiempos! Porque estamos hablando de hace 25 años, exactamente del 27 de noviembre de 1983, cuando un avión de la compañía colombiana Avianca se estrelló en los últimos segundos antes de aterrizar. Sólo quedaron once supervivientes para contarlo, aunque sería mejor decir para recordarlo, porque de ellos cuatro eran niños, y uno aún no había cumplido los dos años.

Murieron 183 personas. El aparato iba a la mitad de su carga, en la idea de llenarlo en Madrid, dirección Bogotá con escala en Caracas. En cierta medida el avión desempeñaba una especie de pequeña Arca de Noé de la humanidad. 40 colombianos, incluido el personal de vuelo. 23 italianos y otros tantos suecos. ¿Y qué hacían tantos suecos en un vuelo a Colombia? Media docena de familias nórdicas se dirigían, entusiasmadas y ansiosas, a recoger a sus hijos adoptados. También iban 12 alemanes, 8 franceses, media docena de británicos, cuatro españoles, tres israelíes. Y venezolanos, chilenos, noruegos, uruguayos. En fin, un peruano y un mexicano. De seguro que me olvido alguno que ya nadie va a reclamar.

Entonces estábamos a finales de 1983, con Felipe González presidiendo desde hacía un año, y con cierta perplejidad en el ambiente; como si todo fuera nuevo o estuviera por estrenar. La prensa se esforzaba por contar el máximo posible, y la mejor televisión de España era TVE, porque no había otra. Tampoco las informaciones aparecían enmascaradas bajo siglas, ni los abogados mafiosos se dedicaban a sacar dinero a los medios de comunicación, ni los medios de comunicación les hacían mucho caso a los mafiosos. O para ser más precisos; entonces había mafiosos y medios de comunicación, pero llevaban vidas paralelas; aún no se habían encontrado. Posiblemente gracias a eso sabemos cosas sorprendentes hoy, por ejemplo, que la venezolana Carmen Navas, de 31 años, salió por su propio pie del aparato en llamas y caminó hasta una carretera repitiendo, como una salmodia, tres palabras “siete-cuatro-siete”, “sietecuatro-siete”, “siete-cuatro-siete”, hasta que la encontraron unos vecinos de Mejorada y la llevaron a los servicios de socorro. Que tardaron, como casi siempre.

Los primeros en llegar fueron los del pueblo y contemplaron un lugar tan peculiar como el Balcón de Mejorada convertido en eso que suele denominarse panorama dantesco (nunca he entendido por qué se achacan al pobre Dante los restos de todas las catástrofes). Pero lo peor vino luego, y es que durante toda la mañana del domingo los vecinos de Mejorada pasearon por la zona como si se tratara de una romería, creando enormes dificultades a los equipos de salvamento.

Además de una babel de lenguas, aquel avión iba cargado de vida, como pasa siempre, y de talento, como ocurre en ciertas ocasiones. De los españoles fallecieron dos oftalmólogos de nota, Francisco Moreno Casanova y López Bartola. El primero jefe en el Clínico de Madrid. Venían de un congreso en Teherán y les pilló el accidente en la cima de su carrera. Del prestigio de Moreno Casanova baste decir que a su entierro en Aranjuez asistieron cuatro mil personas.

Cuando se celebró el funeral institucional, con presencia de buena parte del Gobierno socialista, hubo una dama conservadora que tuvo el arrojo, no sólo de abordar al ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, sino también de dar su nombre -Candelas del Valle, amiga personal del difunto oftalmólogo Moreno Casanova- que le increpó, recriminándole que tratándose de un ateo asistiera a aquella ceremonia religiosa. A lo que aquel ministro, al que asaetearon con chistes sobre su torpeza, pero al que nadie que le conociera podía decir que fuera tonto sino sobrado de soberbia y un ápice de vanidad, le respondió con tino: “Tenemos perfecto derecho a mostrar nuestra solidaridad humana”.

En ese accidente falleció Rosa Sabater, pianista al parecer excepcional, a la que lamentablemente no conocí. Había tenido su año de gloria; le habían concedido la Creu de Sant Jordi, había formado un trío en Barcelona y se había despedido de esta ciudad el 7 de octubre interpretando nada menos que el Tercer concierto de Beethoven. Pertenecía a una familia vinculada a la música, su padre, Josep Sabater, un conocido director de orquesta, y su madre, Margarita Parera, profesora de canto. Sin embargo no logró una estabilidad profesional hasta que se instaló en la ciudad alemana de Friburgo. Cuando vuelvo a leer las notas necrológicas me provoca irritación, o quizá rubor, recordar la del director entonces del conservatorio de Barcelona, Marçal Gols, que confesaba que “Rosa Sabater no pudo realizarse como artista entre nosotros y tuvo que emigrar a Friburgo”. Y ni una palabra más. No hubiera venido mal como homenaje a la concertista explicar el porqué. (El mismo día de la pasada semana que Alfred Brendel se despidió de nosotros en el Palau, los amigos de Rosa Sabater le rindieron un homenaje del que ningún medio de comunicación dio cuenta, que yo sepa, y que encabezaban sus dos huérfanos del trío, Marçal Cervera y Gonçal Comellas.)

La memoria cultural es quizá lo único que nos convierte en herederos de algo que merece la pena y que nos distancia de la tribu. El resto es subvención y escenografía. Por eso necesitaba este larguísimo exordio introductorio para llegar a donde quería. En el vuelo de Avianca murieron también dos pintores colombianos, Jairo Téllez y Tiberio Vanegas, y probablemente más gente de mérito que lamentablemente desconozco. Pero ahí viajaban cuatro intelectuales latinoamericanos que merecen por sí solos no un artículo, ni una serie, sino un catálogo mayor del recuerdo. Porque eran grandes y estaban en el momento crítico de su vida, cuando se echa el resto o se amilanan.

Rosa Sabater murió con 54 años. También cincuentones eran los que viajaban en los asientos 39, 40 y 41. Manuel Scorza, 55 años, peruano, un escritor que tras la aparición de su Redoble por Rancas (1970) nos convirtió en apasionados de su modo de contar historias. Ángel Rama, 53 años, uruguayo, el crítico que nos ayudó a interpretar de otra manera la literatura latinoamericana. A su lado, su segunda esposa, Marta Traba, 53 años, argentinocolombiana, la más brillante de las tratadistas del arte en América Latina, poeta incipiente y novelista de mérito.

Desconozco en qué asiento viajaba Jorge Ibargüengoitia, 55 años, mexicano, un escritor completo, para el teatro, el cine, la novela y el periodismo. La editorial Seix Barral se propuso lanzarle al estrellato peninsular, porque era muy bueno y tenía como agente a Carmen Balcells. Le programaron una colección dedicada a su obra. Publicaron su genial novela Las ruinas que ves, en el 2005, y ni llegaron a vender cien ejemplares, ni aparecieron reseñas en los diarios; abandonaron la colección. Son los muertos literarios de Mejorada del Campo.

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Treinta años de ciudadanía en libertad, de Mariano Rajoy en El Mundo

Posted in Política by reggio on 6 diciembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Conmemoramos hoy el trigésimo aniversario de nuestra Constitución. Es una cifra redonda, de esas que invitan a la reflexión. Conmemoramos 30 años de estabilidad política, de avances sociales y de convivencia en paz. Nos sobran motivos para celebrarlo ya que es algo inédito en nuestra historia; nos alegra porque nunca habíamos llegado los españoles tan lejos.

Esta Constitución ha conseguido durar tanto porque tiene lo que no ha tenido ninguna otra: es hija de un gran acuerdo. Por primera vez, no la hizo media España contra la otra media. Ha durado porque no quiso ser, como en otras ocasiones, un desquite entre españoles, sino un abrazo. Por eso es muy importante que rindamos un constante homenaje a la página más civilizada de nuestra historia y hagamos todos los esfuerzos necesarios para que su influencia no se desvanezca.

Nos alegra que la Constitución cumpla tres décadas y nos alegra que perdure la voluntad de convivencia que la vio nacer. Pero no es lo único que celebramos. Básicamente celebramos lo que la Constitución proclama: lo primero y principal, que los españoles somos libres; segundo, que somos iguales; y tercero, que nos constituimos como nación soberana para levantar un Estado de Derecho.

De modo que hoy no celebramos simplemente el aniversario de un papel, de un libro o de una ley… Celebramos el alumbramiento de nuestra condición de ciudadanos.

Hablamos de libertad, de igualdad y de nación democrática, pero si no precisamos más, es como si no dijeramos nada. Hasta los dictadores más sanguinarios los emplean con deleite, por eso quiero precisar. Cuando hablo de libertad me refiero siempre a la libertad individual. Nadie, salvo las ideologías que exigen el silencio sumiso de la gente, concibe que existan entidades abstractas cuyos derechos estén por encima de los derechos de los individuos.

El individuo es el único sujeto de derechos, incluido el derecho a equivocarse, el derecho a engordar, a hablar en castellano, a escoger la educación de sus hijos, y a rotular su tienda en la lengua que le parezca.

No reconocemos a ningún otro sujeto de derechos. Ninguna entidad colectiva, se llame pueblo, se llame raza, se llame nación, se llame lengua, se llame clase social o se llame Estado tiene derechos. Ninguna entidad colectiva puede alegar un derecho superior al del individuo, y, mucho menos, exigirle el sacrificio de su libertad en nombre de cualquier fantasmagoría .

Nadie, ni siquiera el Estado tiene derecho a poner la mano en la libertad individual. Ni aunque fuera con buena intención. El poder no está para imponer virtudes. No necesitamos un Estado que administre la libertad, sino que la proteja; porque el Estado debe ser el garante de su ejercicio.

Las mismas reflexiones cabe aplicar al concepto de la igualdad. Somos iguales en derechos, somos iguales ante la ley, tenemos derecho a recibir el mismo trato, y a disfrutar las mismas oportunidades y… nada más, porque somos iguales, pero no uniformes.

No queremos que la igualdad sirva de coartada para perseguir la excelencia, combatir el espíritu crítico, rechazar el mérito o desprestigiar el esfuerzo y la superación. ¿Para qué queremos la igualdad de oportunidades si negamos las oportunidades a quien quiera aprovecharlas?

La libertad no sólo no está reñida con la igualdad, sino que es condición necesaria para ella. Hay que ser libres para poder ser iguales. Hay que ser un sujeto de derechos para poder disfrutar de derechos iguales. Donde se niega la libertad desaparece la igualdad de derechos y la reemplaza un sucedáneo: la igualdad de concesiones, es decir, el uniforme.

Somos libres. Somos iguales. Y somos una nación. Esa es la tercera gran decisión que adoptamos hace 30 años. España es algo más que un enclave geográfico. Es una historia compartida, una sangre que se ha mezclado mil veces, una comunidad de sentimientos, un proyecto solidario para el futuro, el marco que garantiza nuestra libertad, la unidad que nos da fuerza ante el mundo… Todo eso, y más, es España.

Pero lo importante no es nuestro pasado. Lo que importa es la voluntad libre y democrática que nos proyecta hacia el futuro. Lo importante es que los españoles decidimos libremente que somos una nación, es decir, que somos soberanos y que lo somos todos juntos, que conformamos una soberanía indivisible.

Somos una nación porque así lo quisimos en su día y porque así lo queremos hoy. Ese es el pedestal de nuestra nación: la voluntad de los españoles.

En esa nación que formamos todos, mandamos todos; la voluntad de los españoles no admite parcelas ni retales. Para ser más preciso: las decisiones en materias que afecten a todos las tomamos todos. Todos y cada uno de nosotros somos depositarios de la soberanía nacional, todos tenemos el derecho a decidir sobre lo que nos es común y nadie nos puede arrebatar ese derecho.

Hace 30 años decidimos también darnos un modelo de convivencia. La nación soberana adoptó la estructura de un Estado unitario con autonomías.

No me voy a extender sobre los problemas que plantean los disgregadores, son tan conocidos como irrealizables. Ellos saben perfectamente que sus pretensiones son imposibles porque chocan con los principios de libertad individual e igualdad.

Desde el Partido Popular mantenemos que las regiones no tienen derechos; sus habitantes, sí; que las lenguas no tienen derechos, quienes las hablan, sí, y que los derechos no bajan del cielo ni son hereditarios, los establece el pueblo soberano. Mantenemos, en definitiva, que España es una nación y por eso no vamos a permitir que, con la excusa de las diferencias legítimas, se fomente desigualdades injustas o ataques a la libertad de los ciudadanos.

Las exigencias nacionalistas irredentas no serían tan inquietantes ni tan desestabilizadoras si no hubiera entrado en esa carrera de nacionalismo el partido al que se le encomendó el gobierno de España. Ese ha sido el fenómeno más desestabilizador para nuestra Constitución, porque se ha legitimado el discurso del nacionalismo más radical y no precisamente en beneficio de España o de los españoles.

Hoy no puedo por menos que recordar que el único que se tomó en serio y defendió el Estado de las Autonomías fue el Partido Popular. Los únicos dispuestos a defender la vertebración de toda España y la solidaridad territorial fuimos nosotros.

Más me hubiera gustado que no hubiera sido necesario hacerlo, que nadie hubiera tocado el consenso constitucional, que nadie hubiera sembrado dudas sobre la arquitectura de nuestra Constitución.

La mayoría de los españoles de hoy, todos los que tienen menos de 48 años, no han podido votar la Constitución, pero sí han crecido y se han formado como ciudadanos en un país de libertades y oportunidades. Es hermoso pensar en nuestra Carta Magna como un patrimonio común, como un legado entre generaciones, que recibimos de nuestros mayores y entregamos a nuestros hijos, después de haberlo cuidado y perfeccionado entre todos.

Estas son las precisiones que me parecía oportuno hacer a los 30 años de nuestra Carta Constitucional y me duele enormemente que hayan venido precedidas por un nuevo crimen terrorista. El asesinato del empresario Ignacio Uria perpetrado esta misma semana en Azpeitia nos recuerda que la libertad que disfrutamos y el ejercicio de nuestros derechos no son gratuitos. Han costado un tributo de sangre que nos hermana a todas las personas de bien en la solidaridad con las víctimas y a quienes nos sentimos ciudadanos libres nos obliga a perseverar en la defensa de esa libertad.

La justicia, la libertad, la solidaridad y la soberanía nacional que garantizan nuestra Constitución son bienes que hemos defendido durante estos 30 años. Son bienes tan preciosos que debemos continuar defendiéndolos todos y cada uno de nosotros durante todos y cada uno de los días de nuestra vida.

Mariano Rajoy es presidente del Partido Popular.

© Mundinteractivos, S.A.

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La ‘doctrina Castro’, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 6 diciembre, 2008

ASUNTOS INTERNOS

Es más que probable que el alcalde de Getafe tenga que abandonar la Presidencia de la Federación de Municipios y Provincias (FEMP). Y no sólo por calentarse «más que el pico de una plancha», según confesión propia. Ni tampoco porque su insulto haya sido nada del otro mundo. «¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que vota a la derecha?», se preguntó Pedro Castro. La expresión es grosera y le obliga a pedir disculpas, pero no supera en decibelios la media del insultómetro nacional de los últimos años. Viendo la que se ha montado en torno al eterno alcalde socialista de Getafe, cualquiera diría que el debate político en España es versallesco. En los últimos seis años, por lo menos, el diario de sesiones y las hemerotecas están llenas de insultos de todo tipo.

Sin embargo, el presidente de la FEMP ha tenido la mala suerte de meter la pata en el peor momento. La misma expresión en la pasada legislatura no le hubiera dado probablemente ni un titular de periódico. Pedro Castro es víctima de su propia verborrea populista, pero también es un daño colateral de la gran batalla que se libra en el seno del PP y aledaños. Los sectores más díscolos con Rajoy están impacientes por lanzarse a la yugular del adversario. Liderados moralmente por Aznar, se han quedado sin uñas de tanto mordérselas esperando a que Rajoy haga lo mismo que hizo la pasada legislatura. El líder del PP, sin embargo, va a lo suyo ignorando, o haciendo como que ignora, las voces críticas. Esta semana ha aceptado viajar en el avión oficial del presidente del Gobierno hasta Azpeitia para visitar junto a Zapatero la capilla ardiente de Ignacio Uria, el empresario asesinado por ETA. Es un paso simbólico en la unidad de los dos partidos contra el terror que seguramente habrá provocado urticaria a más de uno.

La labor de oposición del PP está centrada de forma exclusiva en la crisis económica y el paro. Pero quien está poniendo al Gobierno contra las cuerdas no son los discursos de Rajoy, sino los datos estadísticos. Gallardón dijo en este periódico que quien va a echar a Zapatero de la Moncloa es la Encuesta de Población Activa (EPA). Mucha esperanza no se puede decir que tenga puesta en su propio partido.

Así las cosas, en pleno bajón de autoestima opositora, ha venido Pedro Castro a alegrar la pajarilla de los que piden más caña. Esperanza Aguirre, muy crecida desde su espectacular regreso de Bombay -llamó «bellacos» y «miserables» a quienes la han criticado- no se conforma con las mil disculpas del alcalde. Quiere más, quiere la cabeza del presidente de la FEMP. Quiere ganarle alguna batalla al Gobierno de Zapatero. La presidenta madrileña y sus alcaldes han exigido a la dirección del PP que pida la dimisión de Castro. Rajoy ha asumido la petición de Aguirre. Al fin y al cabo, la FEMP sirve para poco. A lo mejor el alcalde tiene que dimitir porque se le ha calentado la boca. Pero como cunda la doctrina Castro, nos vamos a quedar solos.

© Mundinteractivos, S.A.

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Plan contra la recesión, de José Barea en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 6 diciembre, 2008

Para evitar que cada Estado de la Unión Europea tome medidas dispares contra la recesión, que ya ha aparecido en un gran número de ellos, la Comisión Europea presentó una propuesta de coordinación de los planes que están elaborando los Estados miembros. Berlín lanzó la advertencia de que el conjunto no debería sobrepasar el 1% del PIB comunitario (130.000 millones de euros), en tanto que el presidente francés era partidario de llegar al 1,5%.

El plan formaría parte de la estrategia común de la zona euro y de los objetivos que se aprobarán por el Consejo Europeo del 11 y 12 de diciembre para los 27 Estados miembros. Un plan de 200.000 millones de euros, de los cuales 170.000 millones se financiarían por los Estados miembros y el resto por la Comisión Europea, ofreciendo para el sector del automóvil una línea de financiación de 500 millones de euros a cargo de los Presupuestos nacionales, del comunitario y de la propia industria.

El comisario Joaquín Almunia ha advertido que abrirá procedimiento de déficit excesivo a los países que superen el límite del 3% de déficit público, si bien se mostró dispuesto a flexibilizar dicho límite de acuerdo con lo que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento permite.

Para a dar mi opinión sobre el plan aprobado para España por el Consejo de Ministros del 28 de noviembre, es preciso analizar la situación de la economía española. En el tercer trimestre del corriente año el crecimiento intertrimestral ha sido del -0,2% y se espera que en el cuarto trimestre sea también negativo (-0,4%), lo que sitúa a España técnicamente en recesión. El paro sobrepasará a finales de año los 3 millones de personas, cerca del 13% de la población activa, el déficit público superará el 3,5% del PIB y el sector inmobiliario continuará hundiéndose: Habitat se ha declarado en suspensión de pagos, y Colonial y Metrovacesa están al borde del desastre.

El resultado neto de las empresas cayó en el tercer trimestre por primera vez en 15 años, y el déficit exterior, a pesar de la fuerte caída del consumo y de la inversión, será bastante elevado. Sólo una noticia aparece como buena: la caída de la inflación hasta el 2,4% en el mes de noviembre. Pero tal hecho, que en principio es bueno, crea temores por la rapidez de su descenso, por las previsiones para mediados del año próximo que lo sitúan en el 1% con una situación de recesión y de paro creciente, que hace aumentar el riesgo, con un consumo en descenso continuo, de que España entre en deflación. Para el próximo año el Fondo Monetario Internacional prevé para España un crecimiento negativo del -2%, y las estimaciones de paro se sitúan a finales de año en el entorno del 16,5% y el déficit público puede superar el 5% del PIB.

Con este panorama el Gobierno ha aprobado un plan para reactivar la economía española, del que hemos hecho mención con anterioridad. La cuantía de dicho plan es de 8.000 millones de euros, su financiación se efectuará a través de la emisión de deuda por el Estado, con el objetivo de emplear a 200.000 parados en un año, mediante la realización de proyectos de obras de los ayuntamientos en el periodo de principios de abril de 2009 a fin de marzo de 2010. Los ayuntamientos percibirán el 70% del importe al adjudicarse el proyecto de obra y el 30% a la finalización de la misma.

A este plan hay que añadir otro de 3.000 millones de euros que se destinarán: 800 millones al sector del automóvil, 600 millones a actuaciones medioambientales, 500 millones a actuaciones en I+D+i, 400 millones a dependencia, 400 millones a rehabilitación de casas cuartel y comisarías, 120 millones a rehabilitación de viviendas y 30 millones a turismo social.

Resulta de lo expuesto que el nuevo gasto aprobado por el Gobierno asciende a 11.000 millones de euros, el 1,1% del PIB español, que se encuentra dentro del porcentaje propuesto por la Comisión Europea. El Gobierno ha aprobado por decreto-ley, que tendrá que ser convalidado por el Congreso, créditos extraordinarios por los citados 11.000 millones de euros. Como quiera que el crédito se aprobará este año, figurará en la liquidación del Presupuesto de 2008. Sin embargo, dada la fecha en que nos encontramos, el gasto se realizará en 2009, por lo que es de suponer que el Gobierno haya previsto la incorporación del citado crédito extraordinario al Presupuesto del año 2009, para que el gasto pueda ser imputado al mismo.

El problema que realmente tiene el plan aprobado por el Gobierno es que con un déficit previsto para el próximo año superior al 5% del PIB, con el plan aprobado por el Gobierno el déficit público sobrepasará el 6% del PIB, es decir, el doble del techo del 3% fijado para no incurrir en el procedimiento por déficit excesivo. Y aunque es bien cierto que tal límite se flexibilizó posteriormente, lo fue con determinados condicionantes, que no son cumplidos por las actuaciones del Gobierno al duplicar el déficit permitido.

Con independencia de lo anterior, el cuantioso déficit que se alcanzará tendrá efectos muy perjudiciales sobre la prima de riesgo de la deuda pública española, aumentándola fuertemente, lo que repercutirá en el monto de intereses que tendremos que pagar, lo que a su vez incidirá en más déficit y en mayor emisión de deuda. Dada la elevada cuantía de deuda a emitir y la escasa liquidez existente en los mercados financieros, pueden existir dificultades para colocar toda la deuda.

El control de los gastos de inversiones que realicen los 8.000 ayuntamientos, la mayoría de ellos sin el soporte administrativo y técnico adecuado para gestionar de manera eficiente los fondos que se le asignen por el Estado, me hace dudar del buen fin del plan aprobado.

Pregunto por qué una y otra vez seguimos con parches para tratar de arreglar la grave crisis que padece la economía, sin que se haya efectuado un diagnóstico global de las causas que nos arrastran a la recesión. Tal diagnóstico nos servirá de base para las reformas estructurales que debemos realizar para salir del pozo en que estamos hundidos. Sólo con dichas reformas será posible cambiar el modelo de crecimiento que hemos tenido, basado en la demanda interna, a un modelo competitivo, basado en la demanda exterior. Lo demás es perder el tiempo y que la recesión se transforme en una depresión duradera.

José Barea. Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid

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Más dinero, es la guerra, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 diciembre, 2008

La locura se ha instalado definitivamente entre la clase política y los principales responsables de los bancos centrales alrededor del mundo. La adopción de políticas fiscales y monetarias extraordinariamente expansivas persigue demostrar a la ciudadanía que son capaces de hacer en tres meses todo lo que fueron incapaz de prever en los ocho años anteriores. Menuda desfachatez. Son como el gestor poco diligente que autoriza la construcción de viviendas en el curso de un río bajo el argumento de que no se ha desbordado en 50 años. Y lo que era una barriada marginal se convierte, con el paso del tiempo, en un núcleo importante de población. Nunca pasa nada, hasta que pasa. Y cuando la riada finalmente llega y destruye sueños, cercena ilusiones y trunca vidas, sólo entonces, se establece un Plan Urgente de Actuación para evitar que tales calamidades se repitan en el futuro a través de medidas mediáticamente exageradas y económicamente ineficientes, con el consecuente coste para una ciudadanía que, ante la gravedad de lo YA ocurrido, asiente compungida al expolio de la riqueza colectiva o a la hipoteca de su futuro. Se trata de restablecer la confianza, por encima de todo. Como en el caso actual. El olvido de que siempre la prevención es mejor y más barata que la curación precipitada tiene estas servidumbres. Qué se le va a hacer.

Nuestra particular corriente violenta de agua tiene el verde color de la abundante liquidez monetaria sobre la que se habían construido sueños crediticios de cambio de paradigma y extinción de ciclos. Una expansión sin precedentes de la oferta monetaria que igualó a todos los activos, reales y financieros, por el arriesgado exceso de apalancamiento y que ha conducido, finalmente, a que sea imposible hacer distinción real entre unos y otros, toda vez que el factor deuda les hace bajar de la mano a las tinieblas de la espiral destructiva de sus respectivos precios. ¿Dónde estaba el endeudamiento en las sofisticadas planillas del asset allocation de las principales gestoras? La fuerza destructora del líquido elemento ha pillado por sorpresa a aquellos que salían todos los días al balcón a regar los geranios de su rentabilidad, florecidos sobre endebles raíces. Y ha dejado boquiabiertos a los que atribuyéndose el mérito político y supervisor de la ficción que, sobre la economía, tal ilusión monetaria provocaba, no estaban preparados para enfrentarse a una bofetada de realidad como la que se ha producido en los últimos 16 meses.

La política fiscal ha de ser selectiva.

Resulta, cuando menos, digna de estudio la uniformidad de las medidas de tipo fiscal adoptadas por naciones de muy distinto perfil en cuanto a la calidad de sus cuentas públicas y a su dependencia de la financiación exterior. No hay distingos cuando de hablar de miles de millones se trata. Permítanme que enarque las cejas. Estamos en un entorno de escasez. La liquidez se ha convertido, para sus tenedores, en un preciado tesoro que les servirá para encarar el incierto futuro con mejores garantías. La financiación a terceros brilla, por tanto, por su ausencia. En un entorno en competencia como el descrito, la captación de los recursos necesarios para llevar a cabo los ingentes programas de actuación pública comprometidos, provocará un encarecimiento de los diferenciales a ofrecer en la deuda soberana, especialmente en países extraordinariamente dependientes de los recursos foráneos como España, realidad que ya reflejan los seguros de cobertura del riesgo país. Se emiten más bonos a un coste mayor para los respectivos Tesoros. Se incrementan por tanto los costes financieros de la Administración, partida adicional a añadir al apartado de pagos. A la vez que se reducen los ingresos impositivos por la coyuntura económica. Lo que incide aún más en el déficit público. Y, ¿entonces?

El gran problema de las actuaciones financieras de la Administración es que se agotan en sí mismas; no generan un retorno directo que permita amortizar su coste. Son un gasto hoy ligado a un potencial ingreso indirecto futuro vía cánones o impuestos. Cuando se incurre en déficit, este viene para quedarse una temporada. Me estoy refiriendo a la inversión directa, no al mecanismo de avales, a mi juicio, mucho más acertado. El Estado, en sus distintas vertientes, debe tender a instaurar reformas estructurales que faciliten una mejora de la productividad y la competitividad o a establecer proyectos plurianuales que permitan capear el ciclo de la mejor manera posible hasta que el sector privado tome el relevo y permita ir reequilibrando el balance presupuestario. Es fundamental ser selectivo porque, al contrario de lo que ocurría cuando cada estado manejaba su propia moneda, y cabían devaluaciones competitivas de la misma, la oferta monetaria no es ilimitada y está condicionada al apetito de demanda de los potenciales adquirentes de deuda. Precisamente por eso han sido tal disparate ideas de bombero como las de los 400 euros y son igualmente rechazables aquellas medidas que persiguen perpetuar las causas que han conducido a la situación actual: hiperconsumo y exceso de endeudamiento.

Si la actividad particular no toma el relevo, la recesión se convierte en depresión y entonces, Houston, tenemos un problema serio de verdad. Porque lo malo de las deudas es que hay que pagarlas y los déficits no dejan de ser consumos que superan las ventas en una hipotética tienda nacional, esto es: financiación de terceros. En ese caso, la situación requiere soluciones dramáticas: una contracción salvaje de la economía del bienestar, incapaz de cumplir con las obligaciones que tiene comprometidas, o una subida masiva de impuestos. Y aún así. Cada vez más se impone la corriente de pensamiento de que lo que sacó a Estados Unidos de la terrible década de los 30 fue el aumento de demanda global que provocó la Segunda Guerra Mundial. Un argumento que podría ser válido en tiempo de paz si se concretan las necesidades de lo que muchos identifican hoy con la llamada burbuja verde o inversión-por-la-supervivencia-del planeta. En cualquier caso, estamos en un punto crítico. Un exceso de acción pública, en competencia con el sector privado de la economía, puede provocar la paradoja de que gran parte del ahorro se destine, mediante la compra de bonos, a la financiación del Tesoro a la vez que la desigual competencia por la financiación acaba provocando lo contrario de lo que se pretende: una merma de la acción de los ciudadanos y empresas sobre la economía. El llamado efecto crowding out. Un difícil equilibrio que ningún gobernante debería perder de vista mirando, si la miopía aún no ha hecho estragos, al medio plazo.

La política monetaria ha de evitar la hiperinflación y la trampa de liquidez.

Respecto a la actuación de los bancos centrales se trata, como ya hemos señalado al inicio de esta pieza, de una mera inyección de confianza. Los gobernadores conocen de sobra que el mecanismo de transmisión de la política monetaria está roto, en el sentido que el menor precio del dinero no implica su mayor rotación, esto es: no se traduce en nuevo crédito. Es el back to the basics de la crisis actual: mientras la caída de los precios, fundamentalmente inmobiliarios, no se estabilice, ni concluya el masivo proceso de ajuste de la economía financiera a la real que actualmente se está llevando a cabo -cuya virulencia, si acelera el proceso, bienvenida sea-, los bancos no van a soltar un duro. Está en juego su propia supervivencia. De ahí que haya sido tan grave el error de actuar sobre las entidades bancarias y no a través de ellas, diferencia sustancial que les hubiera permitido mantener su actividad mientras se ordenaba un proceso simultáneo y global de liquidación conjunta de posiciones con contrapartida. Reducción simplista, por supuesto, pero intuitiva. Con 200.000 empleos al mes destruidos en España y 500.000 en los Estados Unidos, las mejoras de renta disponible que traen consigo las bajadas de tipos de los últimos meses se van a destinar a repago de deuda y aumento de la tasa de ahorro. Su vecino no va a hacer nada distinto a lo que haga usted. El ajuste de los estándares de consumo a la realidad económica de las familias es un proceso extraordinariamente doloroso pero inevitable para la solución de la crisis actual. Y cuanto antes se produzca, mejor para todos.

Es imprescindible tener esta perspectiva crítica acerca del impacto que el abaratamiento radical del precio del dinero, combinado con el aumento de la oferta monetaria que provoca la emisión masiva de deuda pública, traen consigo para evitar tres de los grandes riesgos que de la acción conjunta de ambas se deriva. Uno, el incurrir en la pérdida de confianza de los ciudadanos en el valor de su efectivo, valor que es meramente fiduciario, es decir: de confianza al no estar respaldado por contrapartida física alguna como ocurría con el patrón oro. La sobreoferta de cualquier bien tiende a minorar su precio hasta un nuevo punto de equilibrio. Algunos autores (Fernando Suárez y su Teatro del Dinero de los viernes, entre otros) empiezan a cuestionarse el por qué no puede ocurrir lo mismo con el dinero: unidad de cuenta, depósito de valor y medio de cambio. Dos, y ligado con lo anterior, la puesta en circulación de ingentes cantidades de liquidez podría traer consigo un proceso hiperinflacionario que, por una parte, actuaría de forma confiscatoria sobre una ciudadanía que aún no habría despertado del sueño de la crisis y, por otra, ahondaría, indirectamente, en la quiebra de los parámetros actuales del sistema monetario. Por último, cabría que ocurriera justamente lo contrario, situación propia de lo que hemos descrito en el párrafo anterior: que nos enfrentáramos a lo que los autores han bautizado como la trampa de la liquidez; una abundancia de dinero que no incentiva el consumo ni fomenta la inversión productiva. Situación similar a la que lleva inmersa Japón en los últimos casi veinte años.

Conclusión

No estoy diciendo que no se actúe, Dios me libre. Simplemente creo que lo sensato es poner un poco de cordura en medio de la locura que parece haber envuelto a las instituciones políticas y monetarias a lo largo de las últimas semanas. No sólo en España, donde salimos a plan definitivo por semana, sino en los mismos Estados Unidos de Norteamérica, país en el que ya no se sabe para qué sirve ese TARP de 700.000 millones de dólares que tanto costó aprobar en las Cámaras. La resolución de esa crisis exige, por supuesto, medidas de corte dinerario y fiscal. Estoy de acuerdo dado que mi nivel de idiocia se mantiene estable en el tiempo. Pero su enorme dimensión y las importantes consecuencias que las acciones presentes pueden tener sobre el futuro de nuestra sociedad, tal y como hoy la tenemos concebida, advierten de los riesgos aparejados a cualquier tentación de precipitación, gloria mediática u oportunismo político. Errores de bulto, como los que se vienen cometiendo, cuestionan la necesidad de organismos ajenos al mercado para fijar el precio básico de un bien, como el dinero, que en él se negocia. Y más cuando sus equivocaciones del pasado son las que han conducido a los desequilibrios del presente. Está a la vuelta de la esquina la pregunta: ¿para qué sirve un Banco Central? Seguro. Y sólo cabrá una respuesta: para supervisar y poco más. Pero es que la discusión va más allá: ¿existe Europa fuera de la unidad que da el euro? La crisis de la Unión está viéndose ocultada por la inmediatez de los acontecimientos. Pero la cuestión aflorará, como quien dice, pasado mañana. Y todo lo que une, separa. Cuidado con los nacionalismos.

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El déficit tarifario: costes y precios, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 6 diciembre, 2008

Siempre volvemos a Antonio Machado -descansen en paz para siempre sus restos en Colliure- al recordar que ‘sólo un necio confunde valor y precio’. Se trata de una premisa fundamental, que se olvida en el inextricable asunto del déficit tarifario. Su monto supera los 15.000 millones de euros, deuda que el Estado reconoce a las compañías suministradoras de energía eléctrica.

Sucede que vivimos de inercias mentales bien acuñadas y atornilladas con poderosos incentivos, que se resisten al análisis racional y permiten la prórroga del disparate. Porque en definitiva, los medios de comunicación y el público han interiorizado que la energía eléctrica se factura muy por debajo de su coste y que la diferencia resultante es un devengo reconocido y titulizado como deuda de los consumidores cuya devolución el Estado garantiza a las compañías. La falsedad radica en aceptar que figure como coste de la generación eléctrica lo que sólo es el precio que nuestro peculiar mercado español asigna a esa energía. Si tuviéramos en cuenta los costes de generación en lugar de los precios asignados, el déficit tarifario sería inexistente.

Dirijamos ahora nuestros ojos de náufragos hacia el ministro de Industria y Energía, Miguel Sebastián, quien comparecía el miércoles pasado en Los Desayunos de TVE. Allí, a preguntas de su directora, Pepa Bueno, afirmaba que ‘el recibo de la luz, si no hay acuerdo, no subirá nada en enero’. Sebastián recordaba que la factura de octubre no se ha incrementado nada y que la misma situación podría producirse el mes que viene.

Mientras tanto, el contador del déficit tarifario seguirá corriendo y nuestra deuda con las eléctricas se incrementará. El ministro explica ese déficit tarifario imparable como una hipoteca invisible por la que la luz que consumimos ahora la pagaremos dentro de 15 años y reconoce que se ha acumulado una factura de 15.000 millones de euros desde el año 2000. Enseguida añadía que se trata de un sistema establecido por el Gobierno de Aznar que resulta muy conveniente para las eléctricas ya que nunca han protestado.

En cuanto a la última propuesta de la Comisión Nacional de la Energía de incrementar la tarifa el 31%, recordemos que mereció las descalificaciones del propio presidente Zapatero y del ministro Sebastián, cuando es consecuencia de la pura mecánica a la que viene obligada la CNE conforme a sus deberes legales. Primero, hay que considerar que en España, en el ámbito de la generación de la energía eléctrica, falla una de las tres libertades que han de darse para la existencia del libre mercado: libertad de circulación de capitales, libertad de comercio y libertad de establecimiento. El fallo consiste en que dos de las tecnologías empleadas en la generación, la nuclear y la hidroeléctrica, están cerradas a la entrada de nuevos competidores. Ni se pueden implantar nuevas centrales nucleares, ni se pueden construir nuevos saltos de agua. Quienes detentan esas centrales y saltos de agua, amortizados algunos hace decenas de años, y en cualquier caso todas en 2006, generan energía a costes marginales pero son retribuidas al precio que tenga el kilovatio que entre en la red a mayor precio. Con esta asignación de precios, ajena a los costes reales de producción, no habrá forma de salir del déficit tarifario.

Luego, Sebastián ha explicado que la selección española de fútbol va a protagonizar una campaña publicitaria para impulsar el ahorro energético que mostrará a los titulares de la roja haciendo el gesto de apagar la luz. El ministro, sin necesidad de quitarse la corbata, como hizo en una jornada calurosa en el pleno del Congreso de los Diputados, ni de ponerse la bufanda, como aconseja la presente estación invernal, derivaba hacia consideraciones sobre el absurdo de pasar calor en invierno y frío en verano y se erigía en consultor invadiendo competencias de otros departamentos con el empeño de señalar que es bueno para la salud, para el bolsillo, para el país y para el planeta moderar el consumo energético.

Son maniobras de distracción, adornos que gustan al público pero, señor ministro, al toro. Otro día hablaremos de las reformas legales que deberían emprenderse y de cómo los costes de transición a la competencia, los famosos CTC, han pasado a ser ganancias exorbitantes pendientes de recobrarse por los consumidores. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Barra libre, de Juan Torres López en Rebelión

Posted in Economía by reggio on 6 diciembre, 2008

Sistema Digital

La declaración final de la reunión del G-20 ampliado en Washington no dejaba muchas dudas. Los países más poderosos del planeta manifestaban implícitamente su impotencia al ser incapaces de anunciar medidas inmediatas para hacer frente a la crisis financiera. Como puse de relieve en un comentario sobre la declaración (Muchos principios manidos, muy poca voluntad de cambio) lo único que quedaba claro a la vista del comunicado final era que las grandes potencias se autorizaban unas a otras para saltarse a la torera las limitaciones presupuestarias que se habían venido imponiendo desde hace años.

En su virtud, los diferentes países han comenzado a anunciar planes millonarios de intervención urgente con el fin de enfrentarse a la recesión o incluso a la depresión en la que ya se empiezan a encontrar algunos de ellos.

El Presidente del Gobierno español enseguida lo hizo, más tarde Estados Unidos anunció una inyección de 800.000 millones de dólares y la Comisión Europea acaba de proponer otro de 200.000 millones de euros. Este recurso es inevitable pero ni siquiera cuando se utiliza ya en última instancia se va a lograr que sea plenamente exitoso.

La novedad del plan de Estados Unidos es que se financia dándole directamente a la máquina de creación de dinero, es decir, sin recurrir a la deuda como en el plan anterior. Es algo que puede hacer Estados Unidos sin demasiados problemas gracias a que su moneda sigue siendo la utilizada en la mayor parte de los intercambios a nivel internacional, pero que sin duda la va a debilitar aún más en el futuro inmediato. A la larga, pues, el plan traerá más problemas de lo que pueda resolver. Y eso, además, sin que una vez más se trate de un plan con garantías suficientes de cara a conseguir lo que se propone, pues no habrá manera de lograr que la inyección de esos recursos finalmente repercuta en un incremento efectivo de la actividad puesto que se aplica sobre una economía cubierta por una especie de sistema financiero esponja que lo absorbe todo y no deja salir nada.

El plan europeo, por su parte, vuelve a mostrar la debilidad de la Unión, una vez más incapaz de ofrecer una respuesta común que no vaya más allá de decir a los diversos países que cada uno actúe por su cuenta. En puridad, consiste en decirle a los países miembros que ante la situación que se avecina tienen barra libre para utilizar los recursos presupuestarios que cada uno pueda movilizar por su cuenta. Algo que al menos permitirá poner en marcha medidas paliativas pero que puede dejar abiertos flancos muy peligrosos por las periferias.

En ambos casos, como en el español una vez que se concrete la actuación gubernamental, se trata de una ayuda muy importante a la actividad económica pero incompleta porque deja de resolver dos grandes cuestiones. La primera, el problema financiero que sigue estando en la base de la crisis. De momento, no se sabe mucho de la puesta en marcha en este campo de los ya de por sí limitados acuerdos de Washington, y a pesar de que la situación no está ni mucho menos resuelta. Ya ha habido que intervenir en Citigroup y de ninguna manera se puede descartar que se agrave la situación de otras entidades financieras puesto que el proceso de descapitalización generado por la irresponsabilidad bancaria de los últimos años ni se ha resuelto ni ha parado.

Europa parece demasiado confiada en que el financiero es un problema originalmente generado en Estados Unidos y que solo sufre en sus carnes como efecto indirecto. Pero me temo que eso puede ser muy arriesgado si se toma en consideración que también aquí hay grandes dosis de riesgo acumulado y amenazas serias, por muy disimuladas que estén en el entorno opaco en el que se mueven las finanzas europeas.

Algunos analistas señalan síntomas de debilidad más graves de lo deseable en Inglaterra y España y por eso sería muy conveniente que la Unión Europea se adelantara e iniciara cuanto antes el camino de la nueva regulación financiera, estableciendo pautas y tomando medidas desde el principio y no cuando los problemas estallen. La segunda limitación de estos planes es que si bien conllevan la movilización de recursos multimillonarios prácticamente no discriminan ni ofrecen una gama de incentivos suficientes como para ir modificando un modelo productivo que se ha manifestado igualmente problemático.

Estados Unidos ha optado por la vía imperial de emitir dinero, lo que en última instancia descargará su coste sobre las espaldas del resto del mundo. Es decir, por la vía imperial que en su día impuso Paul Volcker al frente de la Reserva Federal, precisamente, quien ha vuelto a ser llamado por Obama para presidir una comisión de expertos para la reactivación económica. Una decisión que es un auténtico aviso a navegantes y que conlleva un mensaje muy significativo y nada casual: Estados Unidos volverá a actuar, como en los ochenta con Volcker, sin pensar en nada más que en su propio interés estratégico y sea cual sea el coste que ello suponga para los demás.

Ahora bien, sin resolver los problemas de base que han producido la crisis, el caudal enorme de recursos que se están inyectando podrá paliar en alguna medida sus efectos más dramáticos pero no va a poder evitar que la crisis se extienda. Es patético observar ahora cómo los gobiernos, que ya pudieron comprobar el escaso efecto de las inyecciones de liquidez de los bancos centrales, intentan hacer lo propio con recursos presupuestarios, sin abordar las causas, sin modificar el sistema bancario, sin cambiar de horizontes. Sin transformar nada.

La banca internacional ha convertido a la economía mundial en un saco sin fondo y por eso será inútil resolver sus problemas simplemente echando dinero dentro de él. Hay que empezar a remendar cuanto antes.

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Obama, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (diciembre 2008 – nº 158)

Posted in Economía, Política by reggio on 6 diciembre, 2008

Cuando el próximo 20 de enero, el nuevo Presidente de Estados Unidos Barack H. Obama tome posesión de su cargo en el Capitolio de Washington, quizá recuerde que ese edificio fue construido por esclavos negros. Y cuando, horas más tarde, se aloje con su familia en la Casa Blanca, probablemente rememore que esa residencia también fue edificada por esclavos.

Él no desciende de esclavos. Ni forma parte de lo que algunos llaman los “negros furiosos” que asustan a los blancos. Si una sola vez, durante la campaña electoral, el candidato demócrata hubiese alzado la voz para denunciar el racismo hacia la minoría de color, al instante hubiese sido acusado de resentido o de rencoroso. Y perdido la elección.

Por eso, su táctica consistió en repetir que la identidad racial no era su bandera, que ser negro no significaba ser el representante de los negros. Ello no le impedirá pensar, en el momento de su toma de posesión, que cuando él nació, en 1961, aún existían leyes racistas en varios estados de su país y que muchos afroamericanos ni siquiera podían ejercer su derecho de voto. Medirá el camino recorrido. Marcado por sangrientas luchas y por líderes de excepción como Malcolm X y Martin Luther King, asesinados ambos por grupos racistas.

La elección de Barack Hussein Obama es también un signo del vitalismo de la sociedad estadounidense. Una demostración de que el “sueño americano” sigue vivo. Que allí casi “todo es posible”. Un momento de aire fresco después de ocho años de hedores putrefactos y de prácticas repugnantes de la Administración de Bush. Por eso, prohibir la tortura y cerrar el penal de Guantánamo serán las primeras decisiones del nuevo Presidente.

Su singular biografía, su porte elegante, su oratoria mágica y sus dotes de líder carismático le han convertido en breve tiempo en una estrella política para la opinión pública mundial. Por vez primera, un Presidente de Estados Unidos (todavía sin gobernar) es popular en el mundo árabe-musulmán, en África y en América Latina. Regiones donde, por experiencia histórica, existe una desconfianza bastante generalizada hacia el Tío Sam. Muchos intelectuales críticos, dentro y fuera de Estados Unidos, han celebrado su elección ( léanse por ejemplo, pp. 6 y 7, las opiniones de Howard Zinn, Michael Moore y Tariq Alí ). Nelson Mandela, primer Presidente negro de Sudáfrica, en un mensaje de enhorabuena le declaraba: “Estamos convencidos de que usted va a poder finalmente realizar su sueño de convertir a Estados Unidos en un socio verdadero de la comunidad internacional que se consagrará a la paz y a la prosperidad para todos. Confiamos en que luchará usted en todas partes contra los flagelos de la pobreza y de la enfermedad” (1).

Unas esperanzas tan colosales y tan universales no podrán ser sino defraudadas. Por eso, en base a su experiencia de haber bregado con nada menos que diez Presidentes estadounidenses, Fidel Castro ha sugerido calmar los ánimos: “Sería sumamente ingenuo creer que las buenas intenciones de una persona inteligente podrán cambiar lo que siglos de intereses y egoísmo han creado. La historia humana demuestra otra cosa” (2).

Y es que lo más duro para Obama empieza ahora. En primer lugar, porque el inicio de su mandato coincide con el peor colapso económico en un siglo. Los estadounidenses esperan de él y de su equipo que consigan sacar al país del enredo de la crisis (inmobiliaria, bancaria, bursátil) en el que la  Administración de Bush lo ha sumido. También le suplican que evite el naufragio industrial de los tres grandes fabricantes de vehículos, Ford, General Motors y Chrysler. Y la pérdida de millones de empleos.

Además, él mismo ha prometido instaurar un seguro médico universal que ansían como agua de mayo los más de 40 millones de ciudadanos desprovistos de cobertura médica. Sin contar el trabajo de Hércules que significará el lanzamiento de un ambicioso “Green New Deal”. Un gran plan de desarrollo de nuevas tecnologías verdes para romper la petróleo-dependencia. Y para acelerar un salto hacia la innovación técnica que vuelva obsoleto el uso de energías fósiles. Como cuando, hacia 1880, la electricidad sustituyó al vapor y al carbón.

Todo eso no se hará de la noche a la mañana. Costará muy caro y los beneficios no serán evidentes a corto plazo. Habrá impaciencias en un contexto social duramente afectado e irritado por las crisis. El entusiasmo de hoy podría entonces cambiarse en decepción, frustración y cólera.
Tampoco le será fácil al nuevo Presidente aplicar sus ideas de cambio en la política exterior estadounidense. La era Bush marcó quizá el apogeo de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Un poder que ha resultado efímero y en definitiva poco eficaz. Porque las guerras en Irak y Afganistán han puesto de manifiesto que la supremacía militar no se traduce automáticamente en victoria política. Por otra parte, el auge de China y de la India permite deducir que los días de Estados Unidos como primera economía están contados.

O sea, que a Obama le va a tocar gestionar la “nueva decadencia” (3) de su país. Lo cual siempre resulta peligroso. Porque puede encontrarse a la merced de escaladas y sobrepujas. En América Latina las cosas podrían ir rápidamente mejor si Washington aliviara o suprimiera el embargo comercial a Cuba y restableciera una relación constructiva con Venezuela y Bolivia. Aunque no será tan sencillo ( léase, pp.1 y 20, el artículo de Marcos Roitman ).

Pero es en Oriente Próximo donde la situación seguirá siendo muy peligrosa. Y hasta puede empeorar. Por ejemplo, si retira las tropas estadounidenses de Irak, como ha prometido hacerlo, el vencedor de la guerra será objetivamente Irán pues los chiíes, aliados de Teherán, quedarán al mando en Bagdad. ¿Lo aceptará Arabia Saudí, gran enemigo de Irán al que acusa de expansionismo? ¿Lo admitirá Israel, amenazado de aniquilación por Teherán, y donde en febrero próximo se celebran elecciones que podrían ver la victoria del ala más dura de la derecha en torno a Benjamín Netanyahu y sus amigos “halcones”?

¿Qué hará Obama si estos dos Estados se las arreglan para obstaculizar la retirada de Washington?

Notas:

(1) Le Monde, París, 8 de noviembre de 2008.
(2) Fidel Castro, “La reunión de Washington”, Granma, La Habana, 14 de noviembre de 2008.
(3) The Financial Times, Londres, 18 de noviembre de 2008.

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Navegar contra la marea, de Fidel Castro Ruz en las “Reflexiones del compañero Fidel” en el Diario Granma

Posted in Economía, Política by reggio on 6 diciembre, 2008

Reflexiones del compañero Fidel

Después del discurso de Obama la tarde del 23 de mayo de este año ante la Fundación Nacional Cubano-Americana, creada por Ronald Reagan, escribí una reflexión titulada La política cínica del imperio, fechada el 25 de ese mes.

En ella, cité sus palabras textuales ante los anexionistas de Miami: “Juntos vamos a buscar la libertad para Cuba; esa es mi palabra; ese es mi compromiso… Es hora de que el dinero estadounidense haga que el pueblo cubano sea menos dependiente del régimen de Castro. Voy a mantener el embargo.”

Después de incluir varios razonamientos y ejemplos nada éticos sobre la conducta en general de los Presidentes que precedieron al que resultase electo para ese cargo en las elecciones del 4 de noviembre, escribí textualmente:

“Me veo obligado a varias delicadas preguntas:

“1º ¿Es correcto que el Presidente de Estados Unidos ordene el asesinato de cualquier persona en el mundo, sea cual fuere el pretexto?

“2º ¿Es ético que el Presidente de Estados Unidos ordene torturar a otros seres humanos?

“3º ¿Es el terrorismo de Estado un instrumento que debe utilizar un país tan poderoso como Estados Unidos para que exista la paz en el planeta?

“4º ¿Es buena y honorable una Ley de Ajuste que se aplica como castigo a un solo país, Cuba, para desestabilizarlo, aunque cueste la vida a niños y madres inocentes? Si es buena, ¿por qué no se aplica el derecho automático de residencia a los haitianos, dominicanos y demás países del Caribe, y se hace lo mismo con los mexicanos, centroamericanos y suramericanos, que mueren como moscas en el muro de la frontera mexicana o en aguas del Atlántico y el Pacífico?

“5º ¿Puede Estados Unidos prescindir de los inmigrantes, que cultivan vegetales, frutas, almendras y otras exquisiteces para los norteamericanos? ¿Quién barrería sus calles, prestaría servicios domésticos y realizaría los peores y menos remunerados trabajos?

“6º ¿Son justas las redadas de indocumentados que afectan incluso a niños nacidos en Estados Unidos?

“7º ¿Es moral y justificable el robo de cerebros y la continua extracción de las mejores inteligencias científicas e intelectuales de los países pobres?

“8º Usted afirma que su país advirtió hace tiempo a las potencias europeas que no admitiría intervenciones en el hemisferio, y a la vez reitera la demanda de ese derecho, reclamando al mismo tiempo el de intervenir en cualquier parte del mundo con el apoyo de cientos de bases militares, fuerzas navales, aéreas y espaciales distribuidas en el planeta. Le pregunto: ¿es esa la forma en que Estados Unidos expresa su respeto por la libertad, la democracia y los derechos humanos?

“9º ¿Es justo atacar sorpresiva y preventivamente sesenta o más oscuros rincones del mundo, como los llama Bush, sea cual fuere el pretexto?

“10º ¿Es honorable y cuerdo invertir millones de millones de dólares en el complejo militar-industrial para producir armas que pueden liquidar varias veces la vida en la Tierra?”

Podía haber incluido varias preguntas más.

A pesar de las cáusticas interrogantes, no dejé de ser amable con el candidato afroamericano, en quien veía mucha más capacidad y dominio del arte de la política que en los candidatos adversarios, no solo en el partido opuesto sino también en el seno del suyo.

La pasada semana, el Presidente electo de Estados Unidos, Barak Obama, anunció su Programa de Recuperación Económica.

El lunes, primero de diciembre, presentó el de Seguridad Nacional, y a la vez el de Política Exterior:

“Biden y yo nos complacemos en anunciarles nuestro equipo de Seguridad Nacional… los viejos conflictos no se han resuelto y nuevas potencias que se afirman colocan más presión sobre el sistema internacional. La diseminación de las armas nucleares plantea el peligro de que la tecnología más letal del mundo caiga en manos peligrosas. Nuestra dependencia del petróleo extranjero fortalece a gobiernos autoritarios y pone en peligro a nuestro planeta.”

“…nuestro poderío económico tiene que ser capaz de sostener nuestra fuerza militar, nuestra influencia diplomática y nuestro liderazgo global.”

“Renovaremos viejas alianzas y forjaremos asociaciones nuevas y duraderas… los valores de los Estados Unidos son lo más grande que este país puede exportar al mundo.”

“…el equipo que hemos reunido aquí hoy está especialmente preparado para hacer justamente eso.”

“…hombres y mujeres representan a todos esos elementos del poderío de los Estados Unidos… Ellos han prestado servicios como militares y como diplomáticos… comparten mi pragmatismo sobre el uso del poder y mis objetivos acerca del papel de los Estados Unidos como líder del mundo.”

“Conozco a Hillary Clinton” ―dice.

No olvido, por mi parte, que fue la rival del Presidente electo, Barack Obama, y esposa del presidente Clinton, que sancionó las leyes extraterritoriales Torricelli y Helms Burton contra Cuba. Durante su lucha por la postulación, ella se comprometió con dichas leyes y con el bloqueo económico. No me quejo, simplemente lo hago constar.

“Me siento orgulloso de que ella sea nuestra próxima Secretaria de Estado” ―prosiguió Obama. “…gozará de respeto en todas las capitales, y evidentemente tendrá la capacidad para hacer avanzar nuestros intereses en todo el mundo. La designación de Hillary es una señal a amigos y enemigos de la seriedad de mi compromiso…”

“En momentos en que enfrentamos una transición sin precedentes en medio de dos guerras, le he pedido a Robert Gates que continúe en el cargo de Secretario de Defensa…

“A nuestro secretario Gates y a nuestro ejército les daré una nueva misión tan pronto asuma el cargo: la responsabilidad de poner fin a la guerra en Iraq mediante una transición exitosa hacia el control iraquí.”

Me llama la atención que Gates es republicano y no demócrata; la única persona que ha ocupado los cargos de Secretario de Defensa y Director de la Agencia Central de Inteligencia, que ha estado en uno u otro cargo bajo la dirección de gobiernos de uno u otro partido. Gates, que se sabe popular, declaró que primero se cercioró de que el Presidente electo lo escogía para todo el tiempo que fuese necesario.

Mientras Condoleezza Rice viajaba con instrucciones de Bush a la India y Pakistán para mediar en las tensas relaciones entre ambos países, el Ministro de Defensa de Brasil autorizaba hace dos días a una empresa brasileña a fabricar misiles MAR-1, pero en vez de uno como hasta ahora, cinco de ellos por mes, para vender a Pakistán 100 misiles, por un valor total estimado en 85 millones de euros.

“Estos misiles son acoplados a aviones y diseñados para localizar radares en tierra. Funcionan como una forma de monitorear de forma muy eficaz el espacio y también la superficie” ―afirma textualmente el Ministro en su declaración pública.

Obama, por su parte, continúa imperturbable en su declaración del lunes: “Para seguir adelante, continuaremos haciendo las inversiones necesarias para el fortalecimiento de nuestro ejército y el aumento de nuestras fuerzas terrestres, con el fin de derrotar las amenazas del siglo XXI.”

Sobre Janet Napolitano, señaló: “Aporta la experiencia y habilidad ejecutiva que necesitamos en la Secretaría de Seguridad Interior…”

“Janet asume este papel crucial habiendo aprendido las lecciones de los últimos años, algunas de ellas dolorosas, desde el 11 de septiembre hasta el Katrina… Ella comprende, como todos, el peligro de una frontera insegura, y será una líder capaz de reformar un Departamento que crece descontroladamente, sin dejar de proteger a nuestra patria.”

Esta conocida figura había sido designada por Clinton Fiscal del Distrito de Arizona en 1993, ascendida a Fiscal General del Estado en 1998; fue postulada por el Partido Demócrata en el 2002 y electa más tarde Gobernadora en ese estado fronterizo, que constituye el sendero de ingreso más transitado por los indocumentados. Fue reelegida como Gobernadora en el 2006.

Sobre Susan Elizabeth Rice, dijo: “Susan sabe que los desafíos globales que enfrentamos exigen instituciones globales que funcionen… necesitamos unas Naciones Unidas más eficaces” ―afirma con desdén― “como órgano de acción colectiva contra el terrorismo y la proliferación, el cambio climático y el genocidio, la pobreza y las enfermedades.”

Sobre James Jones, Asesor de Seguridad Nacional, expresó: “Estoy convencido de que el general James Jones está especialmente bien preparado para ser un hábil y enérgico asesor de Seguridad Nacional. Generaciones de Jones han prestado servicios en el campo de batalla, desde las playas de Tarawa en la Segunda Guerra Mundial hasta Foxtrot Ridge en Vietnam. La Medalla de Plata de Jim es parte del orgullo de ese legado… Fue jefe de un pelotón en el combate, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en época de guerra” (se refiere a la OTAN y la Guerra del Golfo) “y trabajó por la paz en Medio Oriente.”

“Jim está concentrado en las amenazas de hoy y del futuro, pues comprende la conexión entre la energía y la seguridad nacional, y ha trabajado en la primera línea de la inestabilidad global desde Kosovo hasta el norte de Iraq y Afganistán.

“Él me asesorará sobre la forma de utilizar con eficiencia todos los elementos del poderío americano para derrotar las amenazas no convencionales y promover nuestros valores.

“Confío en que este es el equipo que necesitamos para un nuevo comienzo en la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.”

Con Obama se puede conversar donde lo desee, ya que no somos predicadores de la violencia y de la guerra. Debe recordársele que la teoría de la zanahoria y el garrote no tendrá vigencia en nuestro país.

Ninguna de las frases de su último discurso contiene elementos de respuesta a las preguntas que formulé el pasado 25 de mayo, hace solo seis meses.

No diré ahora que Obama es menos inteligente; por el contrario, está demostrando las facultades que me permitieron ver y comparar su capacidad con las del mediocre adversario John McCain, a quien por pura tradición la sociedad norteamericana estuvo a punto de premiar sus “hazañas”. Sin crisis económica, sin televisión y sin Internet, Obama no ganaba las elecciones venciendo al omnipotente racismo. Tampoco, sin los estudios que realizó primero en la Universidad de Columbia, donde se graduó en Ciencias Políticas, y luego en la de Harvard, donde obtuvo el título de Derecho, lo que le permitió convertirse en hombre de la clase modestamente rica con solo varios millones de dólares. No era ciertamente Abraham Lincoln, ni esta época se corresponde con aquella, pues se trata hoy de una sociedad de consumo donde el hábito de ahorrar se ha perdido y el de gastar se ha multiplicado.

Alguien tenía que dar una respuesta serena y sosegada, que debe navegar hoy contra la poderosa marea de las ilusiones que en la opinión pública internacional despertó Obama.

Únicamente me faltan por analizar los últimos cables. Todos traen nuevas noticias que brotan de todas partes. Calculo que solo Estados Unidos gastará en esta crisis económica más de 6 millones de millones en moneda de papel, que solo pueden ser valorados por los demás pueblos del mundo con sudor, hambre, sufrimiento y sangre.

Nuestros principios son los de Baraguá. El imperio debe saber que nuestra Patria puede ser convertida en polvo, pero los derechos soberanos del pueblo cubano no son negociables.

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Fidel Castro Ruz

Diciembre 4 de 2008

5 y 28 p.m.

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