Reggio’s Weblog

La memoria retumba, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Historia, Justicia, Memoria by reggio on 28 noviembre, 2008

Mientras en Alemania se mantiene muy viva la memoria de la barbarie, precisamente para no volver a caer en ella, el presidente del Gobierno español propone en el Congreso condenar al dictador al olvido. Osea, que Zapatero nos pretende condenar a olvidar el franquismo. De ningún modo. Tanto la dictadura como los desmanes cometidos en ambos bandos durante la Guerra Civil deben quedar grabados para siempre en la memoria colectiva. No con ánimo de desquite, sino para evitar caer de nuevo en nada parecido. A diferencia de ciertos líderes políticos, religiosos o mediáticos, la ecuanimidad en el juicio al pasado es enormemente mayoritaria en la sociedad española, de manera que no hay peligro de ajustes de cuentas. Ni los herederos de los verdugos muestran síntomas de volver a las andadas ni los de las víctimas pretenden que sus asesinos paguen por lo que hicieron. Esta doble circunstancia favorece que se arroje más luz sobre el pasado oscuro. Vivimos, quién sabe lo que va a durar, un buen momento para el conocimiento y la condena. A pesar de los partidarios del desquite, o de quienes pretenden utilizar la memoria como arma arrojadiza de la confrontación política, el espíritu de la reconciliación, tan bien ejemplarizado en la figura del abad Escarré, preside esta cuestión en la sociedad. Lo cual es perfectamente compatible con el conocimiento y la condena moral de las atrocidades, de sus autores materiales, así como de las ideas que les inspiraron, intoxicaron o justificaron su furor asesino.

Mientras duró el franquismo, la sociedad mostró una gran sensatez al correr un velo sobre los crímenes de la guerra. Así se conjuraba el fantasma de la venganza, aún al acecho. Así, en no pocos pueblos y ciudades, los hijos de las víctimas se casaron con los de sus verdugos sin que sus padres les contaran la verdad. Luego, en la transición, era tan prioritario entrar en la democracia con buen pie, que hubo un consenso general sobre la conveniencia de la amnistía general, reivindicada en primer lugar por la izquierda. Pero ahora, a estas alturas de la historia, la verdad debe estar presente, instalarse en la memoria para no abandonarla. Si en la vida de las personas el olvido de los malos tragos o su relegación a un segundo o tercer plano es algo conveniente y hasta necesario para sobrellevarse a uno mismo, en la de los pueblos sucede al revés. Ay de la sociedad que deja de ser consciente de las páginas más feas y feroces de su historia. Ay de quienes pretenden glorificar a sus muertos y echar tierra sobre los demás. Todos los muertos son de todos. La carga del pasado es colectiva. Incluso Francia homenajea a los desertores de la primera Gran Guerra del siglo XX.

Aunque algunos lectores no estuvieran de acuerdo con lo dicho hasta aquí – si bien tengo consciencia de reflejar el sentido mayoritario, incluso a costa del sufrimiento de mi familia o de mis afines-,deberán conceder algo tan elemental como la perentoria necesidad de enterrar con dignidad a quienes yacen amontonados en las fosas comunes. Es algo que un principio elemental de piedad – un sentimiento ancestral, reflejado en los clásicos griegos y latinos-no puede negar. Las inhumaciones, que siguen pendientes, y serán lacerantes mientras no se salde esta deuda, tienen un carácter catártico. Son la más poderosa de las palancas para levantar las losas que pesan sobre la memoria. No es posible abrir estas fosas y mirar hacia otra parte. Así que toca revisar el pasado, con piedad, ecuanimidad y horror.

Es asimismo necesario insistir en la asimetría de las responsabilidades. En la España republicana, singularmente en Catalunya, las autoridades se mostraron impotentes para frenar a los asesinos – salidos del pueblo, que saciaban su sed asesina en nombre del pueblo-.En el otro bando y en la larga dictadura franquista, los asesinatos, las atrocidades sólo comparables a las del nazismo, estuvieron programadas desde arriba, con el aparato del Estado puesto al servicio de la limpieza y extermino de opositores. Si la condena y la vergüenza cubren a todos los asesinos por igual, como en la existencia civil los de primer grado, y a fe que aquellos lo fueron, el juicio de la historia y la moral debe tener en cuenta todas las distinciones. Los muertos a manos del bando republicano fueron víctimas de la desorganización y la impotencia del Gobierno y la Generalitat para controlar a las bandas de matarifes. Las víctimas del franquismo hacen culpable y execrable el régimen y todo su entramado de poder. No se trata de buscar responsabilidades sino de difundir la conciencia del franquismo, sus cabecillas y cómplices como protagonistas de un régimen que el mundo sitúa al lado del nazismo alemán y el fascismo italiano. Al fin, estos son unos deberes de España, único país del mundo donde el juicio moral y político al franquismo cuenta con paliativos, justificadores y propagadores de una benignidad que nunca existió. Si al final fue menos violento, ello no se debió a las intenciones o a su naturaleza, sino al temor de la condena internacional.

Anuncios
Tagged with:

El Gobierno recurre a los alcaldes para sedar los efectos de la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 28 noviembre, 2008

LA CRÓNICA

La crisis económica, a debate

Masivo plan de peonadas y parche para salvar la ley de Dependencia del descrédito

Llegan las peonadas del siglo XXI. Ante el pavoroso avance de la crisis, el Gobierno quiere dar empleo a trabajadores de la construcción en paro y tonificar a las pymes de matriz local, mediante un masivo plan de pequeñas obras públicas cuya licitación correrá a cargo de los depauperados ayuntamientos. Atención al dato: carga de trabajo para pequeñas y medianas empresas, no jornales municipales. No más clientelismo (se supone).

En tiempos del general Miguel Primo de Rivera, el Estado en obras potenció el cuerpo de peones camineros, creado en 1908, para una mayor extensión de grava en las carreteras. Era un keynesianismo primitivo. En la España del siglo XXI, las nuevas peonadas se destinarán a remozar comisarías, casas cuartel de la Guardia Civil y otros edificios públicos, a la construcción de rampas para minusválidos en las aceras, a la mejora del alumbrado público, a la instalación de placas de energía solar, a la rehabilitación de edificios en los viejos cascos urbanos, a la renovación de la calefacción de las escuelas… En fin, obras de fácil licitación. La estimación es de unos 200.000 puestos de trabajo.

El plan ha sido negociado con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que ayer calificó de “muy positiva” la iniciativa. Otras fuentes municipales apuntan, sin embargo, que los ayuntamientos no van a tener tiempo para la licitación exprés, que el Gobierno quiere entre enero y abril del 2009. Hay prisa. Un plan basado en grandes obras públicas, a cargo del Ministerio de Fomento o de las autonomías, habría consumido mucho tiempo, por la lenta redacción de los proyectos y la mayor complejidad de las adjudicaciones.

El Plan Extraordinario de Inversión Pública en el Ámbito Local refuerza políticamente a los alcaldes en un momento de grave quebranto de las haciendas municipales.

Los ingresos tributarios locales han caído bruscamente como consecuencia del colapso de la construcción. En algunos ayuntamientos comienza a haber problemas para pagar las cuotas de la Seguridad Social. Servicios tan sensibles como la calefacción de las escuelas corren a cargo de las endeudadas administraciones locales.

Además de proporcionar un sedante a los alcaldes, el nuevo plan gubernamental parchea la malhadada ley de Dependencia, una vez desaparecidos en combate el Ministerio de Asuntos Sociales (ahora camuflado en una buhardilla del Ministerio de Educación) y su autor intelectual, el señor Jesús Caldera (dedicado a la batalla de las ideas en la calle Ferraz).

El Gobierno transferirá 400 millones de euros a las autonomías (80 de ellos a la Generalitat de Catalunya) para salvar la aplicación de la citada ley, bien mediante la contratación de cuidadores, bien con la construcción de centros de atención. Se calcula que ello puede suponer la creación de 40.000 empleos.

El octavo plan anticrisis de Zapatero, que también incluye medidas de apoyo al sector de la automoción, asciende a un total de 11.000 millones de euros (cifra equivalente a 1,1 puntos del PIB), que se financiarán con un crédito extraordinario, a cuenta del presupuesto del 2008. Maniobra contable que evita cargar -más de lo que va a venir- el déficit público del 2009. El actual límite europeo del 3% será superado con creces.

Más allá de las peonadas, Zapatero apuntó ayer, muy de pasada, dos propuestas que apuntan a una seria modificación del programa de Gobierno: planteó una comisión “para la introducción de reformas horizontales en el sector de servicios, así como en el transporte, la energía y las telecomunicaciones”. Y volvió a insistir en que el pacto de Toledo deberá reunirse para hablar de las pensiones. Pequeñas obras públicas para parar el golpe, rescate provisional de la ley de Dependencia, despegue del déficit público, aviso de una mayor liberalización de los servicios e insinuación de que las pensiones deberán ser ajustadas. Estas son las claves del debate de ayer. La segunda legislatura Zapatero ha entrado en fase de rectificación.

Tagged with:

No falta un ministerio, sobran dos (al menos), de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 28 noviembre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

El presidente del Gobierno no defrauda a quienes buscan sorpresas ni a quienes le acusan de frívolo. Después de su súbita conversión al americanismo y de su precipitada deserción del proteccionismo, clamorosos renuncios a su trayectoria después de su primera visita a la Casa Blanca, nos brinda ahora la improvisación de un ministerio en respuesta instintiva al capitán del equipo ganador de la Copa Davis, Emilio Sánchez Vicario, que fue posiblemente el primer sorprendido por el eco de su propuesta. Es probable que las cabriolas ideológicas de Zapatero no pasen de eso y hay que esperar que su proyecto ministerial repentino sea archivado en el cajón de las ideas desechables. Aunque esos vaivenes ideológicos serían lamentables, ahora que empieza a no hacer ascos a las recetas de líderes hasta anteayer odiados, enterrar el proyecto anunciado sería una satisfacción después del susto, porque un Ministerio de Deportes es un mal plan que causaría más problemas que otra cosa.

Para empezar, en España ya existe un Ministerio que se ocupa del Deporte, el de Educación, a cuyo frente está Mercedes Cabrera, y se ha demostrado que la Administración ha sido lo suficientemente eficaz y lo tolerablemente intervencionista como para que el deporte español se haya desempeñado con éxito en muchas especialidades. ¿Por qué un ministerio exclusivo iba a ser correspondido con más éxitos? La correlación entre más administración y más éxito no siempre se da en la realidad, sino más bien al contrario, por lo que una mínima prudencia aconseja dejar las cosas como están.

Pero, además, la creación de un ministerio multiplicaría el gasto actual de la política de Deportes, y no son éstos tiempos para derrochar. El Gobierno es ya demasiado amplio para las competencias que le quedan después de las transferencias a las autonomías. Una administración tan centralista como la francesa cuenta con 15 ministros y una administración tan descentralizada como la española cuenta ¡con dos más!, la mayoría de los cuales son replicados en las comunidades autónomas. El Gobierno británico tiene también menos ministros que el español a pesar de que dedica un departamento a los asuntos de Irlanda del Norte. Los ejemplos podrían multiplicarse y siempre en detrimento de la estructura española, exagerada y carísima. O sea: antes que nuevos ministerios, lo que está pidiendo el Gobierno español es una reducción de los existentes.

Al menos dos son perfectamente prescindibles: el Ministerio de la Vivienda y el de Igualdad. El primero ha demostrado ser clamorosamente ineficaz. Para que pudiera resolver algo tendría que lograrse una revolución en el control del suelo, que es una competencia de los ayuntamientos a la que no van a renunciar. Sin eso, todo lo que haga será un parche de muy escasa influencia, como se ha visto desde que Zapatero lo creó en 2004. El Ministerio de Igualdad ha demostrado ser perfectamente innecesario, no porque su objetivo no sea plausible, sino porque es una estructura desproporcionada para un ideal que se puede conseguir con una oficina mejor dimensionada.

Y, sin duda, en el resto del Gobierno también se puede meter la tijera. Si Zapatero quisiera reducir gasto, encargaría a los expertos una reforma administrativa que frenara el despilfarro. Así se hacen las cosas, con estudio por la gente que sabe, no con improvisaciones alegres en un acto público que luego siempre hay que lamentar. Ojalá Zapatero no cumpla esa promesa: no llamaría mucho la atención, dados otros incumplimientos, y nos ahorraría un error carísimo.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Jaculatorias frente a las crisis, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 28 noviembre, 2008

A CONTRAPELO

El presidente Zapatero recogió ayer la petición hecha de víspera por el comisario Almunia para coordinar los esfuerzos fiscales de los países miembros de la UE. Se trata, dijo el comisario, de convertir en virtuoso el círculo vicioso que se inicia con la desconfianza, sigue con la falta de crédito, la caída de la inversión y el aumento del paro, caída de la demanda y aumento de las desconfianzas. Un círculo perverso que genera la incertidumbre y vuelta a empezar.

Zapatero ha estado rápido al proponer unas medidas razonables: reducciones fiscales y ayudas a familias y empresas; medidas de reactivación y de fomento del empleo; medidas extraordinarias de apoyo al sistema financiero y de modernización de nuestro modelo productivo. Su melancólico vicepresidente segundo ve con buenos ojos la propuesta europea, aunque reiteró que en España el margen para nuevas rebajas de impuestos es reducido. Ya nos gastamos los 400 euros para nada.

El presidente dijo ayer en el Congreso: «Estamos en la antesala de lo que puede ser la primera recesión global desde la Segunda Guerra Mundial». Progresa adecuadamente. Ya ha terminado de bajarse de la Champions, piensa uno al ver que en menos de tres meses ha pasado de la desaceleración a la recesión global. Luego, sólo queda esa congoja que producen muchas de las afirmaciones apodícticas de Zapatero, especialmente cada vez que habla de historia.

No se sabe bien por qué coloca el mojón en la II Guerra Mundial, pero después, en la década de los años 70 del siglo pasado, vivimos una recesión global conocida como la crisis del petróleo. Por otra parte, la recesión anterior a ésta no se produce durante la Guerra, como parece deducirse de su afirmación, sino a partir de la crisis de 1929. Es lo que se conoce como la Gran Depresión. Esta empieza a ser afrontada mediante el New Deal a partir de la llegada de Roosevelt a la Casa Blanca, en 1933. La II Guerra Mundial fue, en realidad, el elemento que acabó de superar la crisis gracias al alto coeficiente multiplicador de la economía que tiene la industria del armamento. Es triste, pero es así la vida.

Hay en las medidas propuestas por Zapatero algo del espíritu con el que Keynes abogaba por el aumento del gasto con su famosa y sólo aparente boutade: para abrir zanjas. ¿Con qué objeto? Con el de volverlas a cerrar. Ningún lector suspicaz debe hacer metalecturas que identifiquen las zanjas de John Maynard Keynes con las fosas de Baltasar Garzón. Se trataba solamente de cebar la bomba del consumo para hacer posible la expansión de la demanda.

No puede decirse que la comparecencia del presidente sea inoportuna, ni que las medidas sean inadecuadas. A este espíritu obedece el fondo de inversión de 8.000 millones para los ayuntamientos. Es curioso, sin embargo, que en un Estado llamado de las autonomías, las únicas administraciones implicadas sean el Gobierno central y los ayuntamientos. El Gobierno tiene capacidad normativa sobre los impuestos, pero la capacidad de gasto está en manos de entes que reclaman poder y dinero sin contraprestación de responsabilidad.

Las autonomías son el portero del convento: «Dice el padre prior que bajéis a cavar el huerto. Ha dicho el buen padre prior que subamos al refectorio, que es la hora de almorzar». Es una lástima que los 300.000 puestos de trabajo que piensa crear con estas medidas el presidente del Gobierno ya los hemos destruido entre el mes de octubre y lo que llevamos de noviembre. Es como enfrentarse al círculo vicioso con una estampa de la madre Maravillas y una jaculatoria.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Iniciativa, en el diván, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 28 noviembre, 2008

Aunque la cronología diga otra cosa, en realidad la asamblea que Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) celebró el pasado fin de semana en Sabadell ha sido la primera con el partido instalado en el poder. En julio de 2004 -fecha del anterior congreso- el tripartito de Maragall tenía apenas seis meses de vida y un caudal de expectativas casi intacto; sus tempranas crisis internas las había protagonizado Esquerra mientras -por contraste- los ecosocialistas aparecían como unos chicos modosos y saboreaban las mieles del gobierno sin haber catado todavía las hieles. Desde entonces, han pasado cuatro años y medio y un montón de cosas: el colapso del primer tripartito y la formación del que preside José Montilla; el bloqueo del despliegue estatutario y el empantanamiento de la financiación; la asunción por parte de Joan Saura del Departamento de Interior y la discutida gestión de la sequía que protagonizó su compañero Cesc Baltasar; la inflexión a la baja de los resultados de ICV durante el ciclo electoral de 2007-2008 y las tergiversaciones sobre la MAT o el Cuarto Cinturón…

Era, pues, en un ambiente bien distinto al de 2004 como Iniciativa abordó su 9ª Asamblea Nacional. Esta vez, lo hacía con un sentimiento agridulce, mezcla de autosatisfacción por la persistencia del pacto de izquierdas en la Generalitat e inquietud ante las contradicciones y los costes que ello supone para la sigla heredera del PSUC, tanto a nivel interno como de puertas afuera. Cuando, en la sesión de apertura de la asamblea, el secretario general de la Unió de Pagesos, Joan Caball, criticó la política agraria del tripartito; cuando el representante de Comisiones Obreras en Nissan atribuyó al Gobierno de Montilla “una posición demasiado prudente, cercana al miedo”, ante el ERE presentado por la empresa; cuando el líder de CC OO, Joan Coscubiela, reclamó “restablecer el protagonismo del conflicto social” como herramienta de transformación, las intensas ovaciones de los delegados me parecieron directamente proporcionales a la incomodidad de éstos ante el hecho de que el Gobierno objeto de aquellos reproches es el suyo, uno del cual son partícipes y corresponsables.

Por supuesto, no había hecho falta esperar al pasado viernes por la tarde para saber del difuso malestar existente entre las bases ecosocialistas. Éste se viene exteriorizando desde meses atrás a través de diversos documentos críticos (el Manifest de maig, el titulado Iniciativa: que es noti!, el Manifest per unes polítiques sobiranistes a ICV), de declaraciones públicas contra “la deriva institucional y la subalternidad con respecto al socio principal” (“no debemos estar atados de pies y manos al PSC”, ha manifestado el ex consejero Salvador Milà) y también por medio de las 1.061 enmiendas presentadas al documento de estrategia política para el próximo cuatrienio. A algunas de esas quejas de la militancia resulta imposible darles satisfacción (que las actuaciones del Departamento de Interior sean “contrarias a algunos colectivos alternativos”, o que estar en el Gobierno ahuyente a “los sectores de opinión críticos con el statu quo” es algo difícilmente evitable…), pero tampoco cabe ignorarlas en una organización en cuyo seno late la pulsión antisistema y existe una fuerte dosis de lo que el viejo Marx habría llamado “radicalismo pequeñoburgués”.

En esta tesitura, la receta aplicada por la cúpula que sigue encabezando Joan Saura ha consistido en templar gaitas, encajar las críticas, prometer contrición y poner el mayor énfasis posible en el rejuvenecimiento y la feminización de los órganos directivos de ICV, medidas que hoy aparecen como la panacea política universal. Para contentar a los sectores soberanistas, la asamblea hizo suya “la aspiración a que Cataluña disponga de un Estado propio dentro de un Estado español federal y plurinacional”. Para complacer al grupo de Salvador Milà, se admitió que “llegar a pactos con las demás fuerzas de izquierda no es una obligación en sí misma para ICV”, gesto que quedaba neutralizado por la coletilla según la cual “sí es un deber para ICV cerrar el paso a la derecha”. Para marcar perfil propio, se multiplicaron los ataques contra el proyecto de ley de educación. Gracias a tales transacciones y equilibrios tácticos, y aun cuando casi el 25% de los asistentes a la sesión de clausura -quienes, a su vez, no eran más del 60% de los delegados acreditados- negaron su voto a la nueva comisión ejecutiva, pese a ello, la sensación final dominante entre los dirigentes de todas las tendencias era de alivio: por encima de la agitación precongresual, los reproches internos y los votos de castigo, se evitó cualquier trencadissa y quedaron a salvo la cohesión y la estabilidad del partido.

Tal es la realidad, y hay que felicitar a Iniciativa por ello. Aunque también podría interpretarse que la formación ecosocialista ha acallado sus contradicciones internas a base de exportarlas. En efecto, ICV quiere responder a la crisis económica escorando hacia la izquierda al Gobierno del que forma parte y poner fin a la política de “pactos nacionales” que prefiguran una nefanda sociovergencia. Pero el presidente Montilla parece más bien inclinado a virar hacia el centro, habla de no asustar a las multinacionales y podría verse tentado de implicar a CiU en las grandes medidas socioeconómicas frente a la recesión. Esquerra, por su parte, sigue pidiendo más ambición nacional, cultiva su propio centrismo y aplaza cualquier revisión del pacto tripartito hasta después de saber qué pasa con el Estatuto y con la financiación. Queda por ver cómo se armonizan, en los próximos meses, estas tres melodías.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

Tagged with:

Crucifijos en las aulas, de Javier Pérez Royo en El País de Andalucía

Posted in Derechos, Política, Religión by reggio on 28 noviembre, 2008

La decisión acerca de si se puede admitir o no la presencia de crucifijos en las aulas está tomada. Es una decisión que adoptó el constituyente de 1978 al redactar el artículo 16 de la Constitución en los términos en que lo hizo. El Estado español es un Estado aconfesional y, en consecuencia, “nadie podrá ser obligado a declarar sobre su (…) religión o creencias” (art. 16.2 CE) y ninguna “confesión tendrá carácter estatal” (art. 16.3).

No nos encontramos ante una decisión que tengan que tomar los consejos escolares, o las consejerías de educación de las comunidades autónomas o el Ministerio de Educación, porque la decisión ya la tomó el constituyente. Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución”. Ni siquiera las Cortes Generales podrían tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, pues, en el supuesto de que aprobaran una ley en ese sentido, la ley sería anticonstitucional. En mi opinión, ni siquiera mediante la revisión de la Constitución contemplada en el artículo 168, que sería la vía apropiada para reformar el artículo 16 CE, se podría tomar esa decisión, ya que la no confesionalidad del Estado pertenece al núcleo esencial del Estado constitucional, que dejaría de serlo en el caso de que se convirtiera en un Estado confesional. Estado constitucional y Estado confesional es una contradicción en los términos. Pero, en todo caso, para tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, habría previamente que revisar la Constitución, esto es, adoptar la decisión por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y someter la decisión después a referéndum.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas “su religión o sus creencias” y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.

Lo que, a su vez, quiere decir que a nadie tendría que ponérsele en la tesitura de tener que hacer una reclamación para que se retiren los crucifijos y, menos todavía, que tenga que interponer un recurso ante los tribunales de justicia para que se ordene la retirada. Esto ya supone una vulneración del derecho a la libertad religiosa de la persona que reclama o recurre.

Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas. Mantener esa postura es desconocer de la manera más completa qué son los derechos fundamentales y qué lugar ocupan en nuestro ordenamiento constitucional. De ahí que no pueda entender las declaraciones de la ministra de Educación en la Cadena SER acerca de que la retirada o no de los crucifijos dependería de lo que decidieran en cada centro los consejos escolares. A los 30 años de la entrada en vigor de la Constitución resulta increíble que todavía andemos con disputas de esta naturaleza. También la Junta de Andalucía tendría que corregir su posición que resulta constitucionalmente insostenible.

Tagged with:

El nuevo gobierno toma posesión del mando sobre una sociedad amedrentada, de Juan Vega en su Blog

Posted in Asturias, Política by reggio on 28 noviembre, 2008

El nuevo gobierno de Asturias toma posesión del mando sobre una sociedad amedrentada

Las caras de funeral de los miembros del nuevo gobierno son un poema

Ya tenemos nuevo gobierno en medio del escándalo generado por la lista de “los 63 eventuales” . Quien espere que aquí publiquemos la lista de los contratados por el gobierno de Vicente Álvarez Areces para hacer labores de gabinete, es decir, los hermanos, primos, esposas y demás familia de personajes que ocupan cargos relevantes en el propio gobierno -en el que había hasta ahora-, o labores directivas en el Partido Socialista, tanto en la FSA como en organizaciones locales como la de Avilés, la de Gijón y otras, va apañado, no porque no podamos publicarla, ni tampoco porque no debamos hacerlo, puesto que como mayoritariamente votaron nuestros lectores en la encuesta realizada por ECTV, “es justo y necesario” que se publique, sino porque definitivamente, ésta es la prueba de que la ciudadanía asturiana vive en un régimen de terror, en el que un ejecutivo autonómico puede permitirse el lujo de someter a sus ciudadanos a una situación de auténtico chantaje, con la amenaza -manifestada a través de un periódico- de la actuación discrecional de un órgano administrativo, y por lo tanto político, que te puede endosar, por la cara, una multa de cien millones de pesetas, y acabar, no ya con tus sueños de libertad, sino con tu propia vida. La Nueva España de este jueves, daba testimonio en sus páginas de la gran alarma social creada con este asunto, así como una lección magistral de impotencia, al no publicar los nombres y los sueldos, bajo el paraguas de una gran empresa de comunicación.

La oposición, el Partido Popular, debiera hacer esa labor, pero no la hace. Izquierda Unida, ese grupo de aventureros de la política sin norte ni rumbo, forma ya parte del ejecutivo -saludo desde aquí a mis agresores con responsabilidades de gobierno- y de ahí no cabe esperar nada, salvo algunas subvenciones para ecologistas que les ayuden a silenciar sus responsabilidades en la imposición del proyecto para transformar Asturias en una tierra especializada en la generación de energía eléctrica. El verde Joaquín Arce consolidará para el resto de su vida el nivel 30, a cambio de haberse retirado de la labor de denuncia de los grandes desfases económicos que se produjeron en las obras de El Musel. Nadie, desde la sociedad política, se ocupa, en definitiva, de demostrar a la ciudadanía asturiana que aquí quedan realmente libertades públicas. Las plazas de rancho en un órgano ejecutivo y los puestos en las responsabilidades de gabinete, se compran y se venden en un mercado, en el que se demuestra, un día sí y otro también, que una desvergüenza ilimitada es condición indispensable para ser miembro de la partitocracia gobernante en este confín del universo, en el que ya no hay fondos para atender los servicios indispensables de salud, mientras todo el mundo se hace el loco con el asalto al tren de Glasgow que se perpetró con la operación para construir un nuevo HUCA en La Cadellada.

¿Qué hacer?, se preguntaba el gran Vladimiro, en una de las obras cumbre de la literatura comunista. ¿Nos quedamos así? Mucha gente me llama y me consulta. Quieren hacer algo. Alguien aseguró ayer, ante los micrófonos de la COPE, que hoy colgaría la lista. Me llaman abogados para comentarme que nos defienden si la publicamos, pues desde un punto de vista legal es impensable la posibilidad de que actúen. Hay quien anda dando vueltas a la forma de enviar la información a una página anónima desde un proxy o desde una zona Wi-Fi de alguna gran superficie comercial. Tenemos ofertas de gente que tiene blogs y llama diciendo que están fuera de la edad penal y que no pueden ir contra ellos. A todos se lo desaconsejo, aunque es evidente que una reproducción de los datos, nombres y apellidos, junto con las cantidades, obviando todo lo demás, ya no es reproducir el documento en sí, y por lo tanto, es imposible sostener que ahí se publicó fichero alguno; y todo eso, sin entrar ya en lo absurdo de considerar que eso es un “fichero” protegido por la ley de datos. Y ¿por qué se lo desaconsejo? Muy sencillo. Porque esto es una agonía, una agonía en la que están todos metidos hasta el cuello, teniendo en cuenta que esta presión tiene que reventar por algún sitio.

Recuerdo una simpática anécdota vivida en primera persona, allá por los años finales de la Transición, cuando la policía irrumpió en un albergue de Fuenterrabía en el que participábamos en una reunión de la IV Internacional militantes españoles y franceses de la Liga Comunista Revolucionaria. Los diligentes funcionarios de la policía entraron en el edificio por la sala de juegos, donde me encontraba jugando al ping pong. Me pusieron la placa en la cara. Estábamos allí unos doscientos y me comunicaron que guardase silencio mientras nos conducían a la puerta de entrada, y unos cincuenta hombres uniformados -del gris de la época- subían a las habitaciones a coger a todos los allí alojados que dormían la siesta. Fueron reuniendo a todo el mundo en las salas comunes, y se nos anunció que se produciría un registro habitación por habitación. Fui designado traductor por la policía, a propuesta del resto de los retenidos, y subimos, dormitorio a dormitorio, mientras se registraban éstos, y en las habitaciones en las que había franceses alojados me tocó ejercer de intérprete policial.

Cuando ya habíamos entrado en varios dormitorios sin novedad alguna, tocó el turno a dos parisinas a las que se llamó a capítulo para que sacasen sus pertenencias de las mochilas y el armario, y las colocasen encima de la cama. En esto, una de las chicas, escondió con torpeza un objeto debajo del colchón, lo que fue inmediatamente advertido por uno de los funcionarios, que se abalanzó sobre ella.

-¡Pregúntale que escondió! -me ordenó.

Ella se puso nerviosísima, sujeta por las muñecas, y su compañera parecía compartir el nerviosismo. “Non, non, s’il vous plait” y todo eso, con apariencia de ruego, lo que puso aún más en guardia a los agentes, hasta que uno levantó el colchón y sacó la caja. Auténtico ataque de nervios, una de las chicas se puso a gritar y la otra a gemir, mientras los dilectos funcionarios sonreían con satisfacción.

“Los pillamos”, pensaron.

El inspector de paisano tomó la iniciativa y desenvolvió el paquete, dejando ver una caja. Más ruegos. Tensión. Miradas. Abrió la caja, y…, apareció otra caja. Más tensión, más gritos, más miradas, y entonces sucedió algo inesperado. Dentro de la caja había otra caja, y luego otra caja, y al final: ¡nada!

Risas, jolgorio. Ellas atacadas y yo doblado. Nos bajaron a empujones con evidente malestar. Allí no había nada, pero el efecto me quedó grabado para toda la vida, y no sólo porque abajo, fuera, en la calle, delante de un grupo de agentes uniformados, separado de mis compañeros, me dieron la primera paliza de mi vida, unos buenos puñetazos en el estómago, que sin duda se hicieron más fuertes cuando se me ocurrió pedir a los uniformados que interviniesen, a lo que respondieron con una cínica invocación al vacío exisntencial. Lo que recuerdo con más intensidad no fueron los puñetazos que llegaron tras las risas, sino la sensación de frustración que se adueñó del personal gubernativo, tras el extraordinario interés generado por la caja escondida en otra caja, a su vez metida en una caja, envuelta en un paquete.

Lo que está haciendo esta gente, escondiendo de esta manera la información, acojonando al personal con sus amenazas, es suscitar un debate social y político allí donde nada se mueve y todo está muerto. Y la esencia del debate no es otra que ésta: ¿Pueden tener así amedrentada a toda una sociedad, amenazándonos con la puñetera Agencia de Protección de Datos? ¿Acaso esta manera de esconder la información a la desesperada, no está suscitando un interés mucho mayor aún del que se produciría, de no haberse dado toda esta ridícula concatenación de circunstancias, con el error en el correo, el “muñeca” y todas las demás historias paralelas, las más morbosas del caso, que ya corren de boca en boca?

Etiquetas: 63 eventuales, gabinete areces, Asturias, Principado, Nuevo gobierno, Vicente Álvarez areces, email
Tags: , , , , , ,

Tagged with:

El último Bush resulta socialista, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 28 noviembre, 2008

La estruendosa diatriba de la muchachada de las Nuevas Generaciones del Partido Popular en su reciente congreso regional de Madrid se centraba en el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Cargaba sobre el socialismo, contra sus tópicos e iconos trasnochados. Abogaba por la libertad individual frente al intervencionismo que abandera la izquierda. Sostenía que el verdadero progreso es el que genera riqueza y permite desarrollar proyectos sin que el Gobierno los asfixie con impuestos. Afirmaba su creencia en la flexibilización del mercado laboral como método de crear empleo frente a la regulación del salario mínimo, que lejos de crear empleo, provoca inflación e incrementa el paro.

Contra la propia evidencia sostenía que la salida al mercado de la mayor cantidad de suelo posible conseguiría una importante bajada de su precio y a continuación se entusiasmaba con el dato de que es en la Comunidad de Madrid donde más vivienda protegida se construye. Este dato, que debería producir escándalo a los liberales que reclaman ser, olvida que esa vivienda protegida se construye en suelo aportado por los ayuntamientos de coloración socialista sin que su admirada Esperanza Aguirre sume a estas promociones otra cosa que su presencia en las inauguraciones jubilosas.

Imposible encontrar en los 18 folios y 111 puntos de la ponencia política la más mínima distancia crítica respecto de los abusos del mercado y de la deserción de los Estados y de las instituciones internacionales. Tampoco hay rastro alguno del diagnóstico coincidente que hicieron en días recientes, por ejemplo, Emilio Botín, presidente del Banco Santander, y Francisco González, presidente del BBVA, quienes señalaron a la codicia y a la desregulación salvaje como culpables de la crisis mundial en que estamos sumidos.

Para el Congreso madrileño de las Nuevas Generaciones todos nuestros pesares tienen su origen en las propuestas intervencionistas de la izquierda.

Interesante conclusión que parece nacida de un recalentamiento cerebral, propio de gentes con escasas lecturas, recluidas en las fronteras de la Comunidad Autónoma de Madrid, y apartadas de cualquier acceso a los medios de comunicación convencionales de prensa, radio y televisión, así como de los nuevos que se soportan en las nuevas tecnologías de la información. Sólo en una situación de total aislamiento han podido los congresistas de la ponencia que acaban de hacerse oír en Las Rozas.

La cuestión del intervencionismo letal, atribuido a la perversión de la izquierda y que nos llevaría por ese camino de servidumbre del que hablaba Hayec, tenemos averiguado que es la práctica adoptada en dosis masivas por la Reserva Federal y por el Tesoro de Estados Unidos cuando han salido al rescate de la mayor compañía de seguros y de los bancos que se desplomaban. Una lista que sigue ampliándose y acaba de sumar en estos últimos días al Citi. Es de conocimiento general que la senda del intervencionismo y de la toma de posiciones en el accionariado ha sido la emprendida por los Gobiernos y los bancos centrales de otros muchos países que distan de la izquierda tanto o más que nuestro George W. Bush, sin duda el más cojo de todos los patos retratados en la serie de los 44 presidentes americanos.

Según avanzaban los ocho años de George W. Bush en la Casa Blanca han ido saliendo sucesivas figuras como en las matriuscas rusas: primero tuvimos al Bush escondido cuando la masacre de las Torres Gemelas, luego al de la war at terror, enseguida al que planchó con bombardeos Afganistán, al que se fue a la guerra de Irak a la búsqueda de las armas de destrucción masiva inventadas por sus servicios de inteligencia en un trabajo a medida, al de Abu Graib y Guantánamo, con tortura autorizada y descrédito moral de Estados Unidos, al del déficit colosal, al de las estafas de los subcontratistas y, por fin, el último Bush que ha resultado socialista y se empeña en nacionalizar los bancos y las compañías de seguros. Para verlo, es urgente que los congresistas de Las Rozas y sus mentores se asomen al exterior.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

Tagged with:

Billetes o déficit, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Economía, Política by reggio on 28 noviembre, 2008

La comunicación instantánea a todos los rincones del mundo de las noticias sobre decisiones de política económica adoptadas en los EE.UU., constituye un potente factor de globalización de sus efectos. Factor que no existía en los tiempos manufactureros y coloniales de la Gran Depresión. Este solo hecho hace incomparable nuestra situación con la de los años treinta, y borra del horizonte cualquier atisbo de que la crisis actual ha de recorrer el mismo camino trágico que la de entonces. Lo que es nuevo, la extrema velocidad en la extensión de la crisis a todos los sectores de la economía mundial, también producirá la rápida propagación de las medidas políticas para su restauración o remedio. Lo cual no quiere decir que esté asegurado su éxito. Pues en la mentalidad de los gobiernos, ya está prevaleciendo el momento sobre la situación, la eficacia a corto plazo sobre la pertinencia a largo, la coyuntura sobre la estructura del sistema económico.

La excepcionalidad del momento norteamericano, en delicado tránsito de Presidencias, ha dado oportunidad a la medida excepcional de introducir en la circulación monetaria 800 mil millones de dólares-billetes, sin riesgo aparente de inmediata inflación, si fuera cierto que allí no sólo se ha creado una iliquidez crediticia, por la deflación de los activos bancarios, sino otra falta de liquidez estrictamente monetaria, causada por la ficción dineraria y fraudulenta de poner en circulación bursátil gran cantidad de instrumentos financieros sin cobertura de valores reales en el mercado.

El aumento de una masa de dinero puesta a disposición directa de deudores y compradores, con la emisión de nuevo billetaje, crea una innovación del pragmatismo americano que no podría ser exportada a Europa, sin que se alterase el equilibrio monetario, incluso sin la hipótesis de pleno empleo, como en la ecuación de Fisher. Además, ese recurso inédito está prohibido en los Estados europeos que traspasaron sus potestades de emitir moneda a la competencia exclusiva del BC de la UE. Por eso aquí, la realidad depresiva de la economía ha obligado a derogar el Pacto de Estabilidad, de modo provisional se dice de momento, para dar a los Gobiernos europeos la facultad de recurrir al déficit presupuestario, contra el catecismo de Maastricht, a fin de promover el empleo, sin necesidad de devaluar la moneda, como sucedió en los años treinta. Pronto veremos cual de los remedios, el americano o el europeo, billetes o déficit, era el adecuado.

florilegio

“La economía mundialmente globalizada produce en su seno un tipo de interacción tan universal como el de los fenómenos de la Naturaleza.”

¿Cualquier oro pasado fue mejor? O la quiebra del sistema monetario, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 28 noviembre, 2008

Decía Bernard Shaw que “aunque todos los economistas del mundo fuesen puestos en fila unos detrás de otros, ni siquiera así llegarían a una conclusión”. Excesiva y confusa disparidad de criterios, incluso en lo básico. Quizá porque creemos navegar por océanos de certeza cuando realmente surcamos mares de azar. Tal vez porque nos ensimismamos con imaginativas quimeras. O puede que confiemos demasiado en modelos teóricos que, por definición, no son más que simplificaciones de la realidad, meras aproximaciones, a menudo deudoras de lógica y sentido común. Nostra culpa.

Si bien hoy venía dispuesto, tal y como habíamos quedado, a iniciar el esbozo de cómo y porqué se sostiene el sistema fiduciario internacional basado en el dollar standard, cambio el paso al aparecer en mi buzón, cortesía de S. McCoy, este magnífico artículo publicado en FT el pasado domingo y firmado por Richard Duncan. Aunque el enlace propuesto permite leer la V.O de un tirón, a modo de recapitulación les extracto mi versión doblada:

Cuando Richard Nixon destruyó en 1971 el Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods cerrando la ventana del oro en el Tesoro, decapitó el último vínculo entre dólares y oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de cada vez más falsos instrumentos de crédito denominados en una divisa devaluada. El ejemplo más evidente y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulados, que se ha hinchado hasta alcanzar 600 billones de dólares, el equivalente a casi 100.000 dólares por habitante del planeta.

Bajo el dollar standard de post-Bretton Woods, el crecimiento del crédito propulsó el crecimiento económico. En EE.UU, el ratio de crédito total sobre el producto interior bruto pasó del 150% en 1969 al 350% en 2007. Consumo financiado con crédito y succión de importaciones con un devastador impacto en la balanza comercial norteamericana. En 2006, el déficit por cuenta corriente de EE.UU alcanzó casi 800.000 millones de dólares.

Según el dollar standard inundaba el mundo con dinero falso, la inestabilidad económica se propagó alrededor del globo. La reinversión de los “petrodólares” creó el boom económico en América Latina en los años 70 y a continuación la crisis de deuda del Tercer Mundo en los 80. El superávit comercial de Japón frente a EE.UU impulsó los precios de las propiedades japonesas a finales de los 80 hasta que los jardines imperiales de Tokyo valieron más que California; produciéndose luego la “década perdida” japonesa cuando la burbuja estalló en 1990. Seguidamente vinieron el ascenso y la caída de la burbuja del milagro asiático. Cada convulsión económica se debió a la excesiva afluencia de dólares a esas economías. Ningún régimen regulador podría hacer frente a tal extraordinaria incursión de dinero exógeno.

El colapso de Bretton Woods rompió el vínculo entre las divisas mundiales y el oro. Los bancos centrales fueron entonces libres para crear tanto dinero como quisieron. Entre 2001 y hoy día, los bancos centrales fuera de los EE.UU. han creado el equivalente a unos 6 billones de dólares. Esto puede comprobarse en el incremento de siete veces las reservas de divisas en ese período. El dinero creado (que representaba para la mayoría, si no para todos, lo que el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke denominó la superabundancia de ahorro global) se utilizó para comprar dólares y reprimir el valor de las divisas de los socios comerciales de EE.UU. para perpetuar su ventaja comercial.

Cuando esos dólares fueron reinvertidos en activos denominados en dólares, le llegó el turno de burbujear a EE.UU. Tal y como los bancos centrales compraban los bonos del Tesoro USA, se impulsaron sus precios y se redujeron sus rendimientos. Sin embargo, al no haber suficientes nuevos bonos del Tesoro emitidos para absorber el resto de las ganancias del excedente comercial mundial, los bancos centrales compraron también deuda de Fannie y Freddie. Lo cual permitió a dichas empresas semigubernamentales adquirir o garantizar más de la mitad de todas las hipotecas del país antes de desmoronarse. Entre los tipos de interés artificialmente bajos y el frenesí comprador de Fannie y Freddie, los precios de las propiedades subieron. La burbuja inmobiliaria estadounidense siguió a la nefasta burbuja del Nasdaq. Sin embargo, la inflación del mercado norteamericano de la vivienda fue una burbuja que llegó demasiado lejos. Cuando explotó, el sistema financiero mundial se precipitó en crisis, dejando la versión del siglo XXI del capitalismo financiero Anglo-Americano desacreditada.

La lección que debe ser aprendida a raíz de este desastre es que el capitalismo de mercado libre bajo un régimen de dinero fiduciario no produce los mismos beneficios (prosperidad sostenible) que los de un verdadero capitalismo de libre mercado bajo un sistema monetario anclado al oro. Cuando el Presidente Nixon rompió el vínculo entre el dólar y el oro, cambió la naturaleza del modelo económico Anglo-Americano y, en última instancia, lo destruyó.

El mundo no puede regresar al gold standard de la noche a la mañana sin provocar una brutal contracción del crédito y una depresión global. Sin embargo, tampoco podemos permitirnos el lujo de pretender que nada ha cambiado y que la economía global puede seguir funcionando bajo el dollar standard. Ha llegado el momento de convocar un foro de líderes mundiales para que negocien y comiencen la transición hacia un sistema monetario internacional basado en normas fundamentadas en dinero sólido/sensato e intercambio comercial equilibrado. Los esfuerzos actuales del G-20 están muy por debajo de lo que se necesita.”

Cerrada ovación. Pero, efectivamente, el mundo no puede regresar al gold standard de un día para otro. Y, una vez reinstaurado, su coste anual de mantenimiento supondría, sólo en EE.UU, al menos la mitad de los 700.000 millones de dólares del Plan Paulson. Una minucia comparada con el coste real, durante generaciones, del dollar standard. Calderilla, un pocket money veintidós veces menor que el dinero comprometido ya en rescates inmorales a cargo de los actuales y futuros contribuyentes norteamericanos. Algo más del 55% de su PIB corriente. La cantidad final se acercará al doble. Ya saben, ojos que no ven, dinero de nuevo cuño. Alquimia financiera, impuesto inflación. Mientras se aplaude la ampliación de la barra libre fiduciaria, los US Treasury CDS, los seguros contra quiebra de los bonos del Tesoro, en máximos históricos y subiendo sin cesar, doblando en dos meses. Menudo disparate.

¿In Gold We Trust?

Considerado durante siglos en diversas culturas un símbolo de poder y soberanía, de divinidad y nobleza, de pureza, de vanidad y ambición humanas; el oro ha sido codiciado hasta la locura, causa de guerras y fenómenos migratorios a gran escala. Otra paradoja del valor.

Aunque carezco de especiales filias/fobias auríferas, añoro los límites naturales que imponía a los excesos monetarios y crediticios, a la ficción fiduciaria, a la brutal pérdida de poder adquisitivo y confiscación de riqueza. Y me limito a constatar que, no siendo imprescindible para la supervivencia de ningún ser vivo, es un bien tangible cuyo valor descansa en el irrefrenable e insaciable deseo del ser humano por poseerlo y atesorarlo. Metal escaso, limitado en tiempo y cantidad, homogéneo, transportable, divisible, duradero y que, por convención general, se convierte en un bien preciado aceptado como unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor.

Pero sobre todo en un protector del ahorro a largo plazo: una inflación anual del 2% se comería el 100% de su poder adquisitivo en 35 años. Al 3%, en menos de un cuarto de siglo. Estadísticas oficiales de inflación en mano, el poder adquisitivo del dólar se ha reducido una tercera parte en 10 años, un 25% desde el año 2000. ¿Dinero fiduciario? Cuestión de confianza. Ustedes dirán…

Tagged with:

Contra la crisis, obras públicas, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 28 noviembre, 2008

No se han escarbado mucho el cerebro en la fábrica de ideas de Zapatero ni en la de Solbes para alumbrar el nuevo plan de apoyo al desfallecimiento de la economía. Ya se había en tiempos de Franco y luego en los de UCD y también como es lógico en tiempos del PSOE. La obra pública es un recurso muy socorrido para generar empleo (naturalmente temporal, desde luego de bajo perfil profesional y generalmente generador de inmigración) en la España periférica. No está claro que entre todo el dinero que se anuncia se destine alguna cantidad a poner remedio, de paso, a alguna de las carencias más ostensibles del país, la falta de capacidad de almacenamiento de agua (en vulgar, pantanos) por ejemplo. Sería una buena oportunidad, ahora que hemos atravesado un verano de grandes privaciones en algunas zonas de la geografía peninsular.

Los autores de la idea no han tenido que echar mano más que de la hemeroteca para ensamblar cuatro ideas, ponerle cifras actuales y repartir golosinas entre los Ayuntamientos, esas instituciones a las que la crisis de la construcción está castigando con especial ferocidad porque han perdido los ingresos de las recalificaciones y de la construcción inmobiliaria. Los presupuestos de los municipios pueden ser este año, y sobre todo el que viene, un auténtico desastre, a juzgar por las evidencias que empiezan a verse. Los Ayuntamientos no quiebran ni llevan sus libros al Juzgado para iniciar concursos de acreedores, pero el estado del sector inspira seria preocupación. Se decía que tras las inmobiliarias, el dominó de la crisis se llevaría por delante a alguna entidad financiera, pero a los que puede llevarse por delante es a algún Ayuntamiento porque los alcaldes, con las masivas entradas de ingresos del mundo inmobiliario que han tenido estos años, no se han dedicado -salvo honradas excepciones- a realizar inversiones sino a incrementar los gastos corrientes y a cultivar el clientelismo, mediante contrataciones masivas, que ahora se encuentran en serios aprietos. Y lo que viene.

Estos días precisamente los Ayuntamientos están embarcados todos ellos en la recaudación del IBI, ese impuesto que empieza a poner los pelos de punta a los propietarios de inmuebles porque llega con subidas generalmente fuertes, aunque lo peor está por llegar. El IBI del año que viene será fino, vaticinan ya la mayoría de los alcaldes.

De momento, el Gobierno ha optado por regar al sector con importantes dádivas que preferiblemente irán a fomentar las obras públicas en los municipios que más necesidades sean capaces de mostrar. La idea no es mala si se tiene en cuenta que el aumento del paro en los últimos meses ha sido escalofriante precisamente en el sector de la construcción, ya que la edificación de viviendas está en estado de coma. Dar la alternativa de empleo en la obra pública a quienes lo perdieron en la construcción puede tener una eficacia aceptable, aunque no exactamente compensatoria.

Lo malo del plan del Gobierno es que sigue sin afrontar -aunque lo identifica- el problema del sector industrial, que es en donde está hoy por hoy la segunda base más importante del empleo privado en España (la primera es el turismo y el ocio), una base que se está viviendo abajo con rapidez considerable. Lo estamos viendo en el sector más multiplicador de la industria española, el del automóvil, al que el plan anticrisis del Gobierno dedica algún dinero, pero muy lejos de las medidas (no tanto ayudas) que el sector debería poner en marcha, algunas públicas, otras de la propia industria, para dar un paso en la mejora de la competitividad exterior. En esta crisis se está viendo que una parte de la reducción de producciones en este sector (y en otros sectores industriales también) está respondiendo a una ostensible debilidad de la demanda, pero hay también una parte de la reducción productiva que se justifica por el traslado a otras plantas no españolas de los compromisos de producción. Los sindicatos están muy atentos a la hora de desbrozar las cifras de los ERE en marcha o en negociación, pero no siempre es fácil separar una cosa de la otra. Es decir, esta crisis la aprovecharán algunas multinacionales para expatriar capacidades de producción y deslocalizar industrias de forma parcial. Contra ello quizás se pueda luchar de algunas formas, pero la más eficiente y de mayor futuro sería la de proveer al sector de unas condiciones competitivas más en líneas con las de otros países, quizás esos mismos que se beneficiarán en el futuro de nuestra falta de competencia.

Tagged with:

El incierto futuro de Barack Obama, de Higinio Polo en Rebelión

Posted in Política by reggio on 28 noviembre, 2008

El balance de los ocho años del presidente norteamericano George W. Bush no puede ser peor para Estados Unidos: los agresivos neocons llegaron con la idea de convertir esta centuria en “el siglo americano”, y cabalgando el tigre de la manipulada emoción por el atentado de las Torres Gemelas se lanzaron a invadir países y a destruir los acuerdos e instituciones internacionales de convivencia pacífica, empezando por la ONU; pero se despiden ahora viendo la quiebra del sistema financiero capitalista y con una catástrofe política y económica que ha encendido todas las alarmas en su país.

La elección de Barack Obama inicia un nuevo ciclo, de perfiles todavía imprecisos. Durante la campaña electoral norteamericana, Obama habló del cambio y de la esperanza, y su oposición a la guerra de Iraq, la crítica a la política seguida por Bush, y un pasado personal honesto, han sido sus grandes avales, junto al hartazgo popular por ocho años de apología de la guerra en el exterior que ha causado, sólo en Iraq, más de setecientos mil muertos: de manera que la inevitable comparación con la siniestra herencia de Bush hubiera hecho bueno a casi cualquier candidato, aunque Obama ha sabido conectar con quienes ansiaban un cambio de tendencia.

Sin embargo, todo eso no debe hacer olvidar que, en Europa, muchas de sus propuestas serían las propias de la derecha política, y que Obama ha ganado las elecciones con el apoyo económico, sobre todo, de buena parte de los financieros de Walt Street (¡ha recibido más aportaciones que McCain!), y no, como se ha afirmado, con una mayoría de aportaciones populares, aunque también el movimiento progresista ha estado de su parte, como el CPUSA, el partido comunista norteamericano; así como ha recibido el apoyo expreso de la gran prensa portavoz del capitalismo norteamericano, como el Financial Times. Es obvio que esos sectores van a hacer valer sus intereses durante los años de la nueva presidencia.

Barack Obama anunció que retiraría las tropas norteamericanas de Iraq dentro de dieciséis meses, y que se apoyaría en sus aliados europeos para afrontar los problemas internacionales, huyendo del proceder arrogante y unilateral que ha caracterizado a Bush. Porque no hay duda de que los problemas que debe afrontar Obama no pueden esperar. A la sanguinaria invasión de dos países, Afganistán e Iraq, a las constantes amenazas a otros gobiernos (Irán, Corea del Norte, Siria, Venezuela, Cuba), al recurso a la doctrina fascista de las “guerras preventivas”, al impulso de una nueva carrera de armamentos (con la ruptura de los acuerdos de desarme atómico firmados con la Unión Soviética y con el anunciado despliegue de un escudo antimisiles, supuestamente defensivo, en las fronteras de Rusia), se añade ahora la crisis económica y financiera en que se hayan inmersos los Estados Unidos. Además, el país que dirigirá Obama es el más endeudado del planeta. Como aviso para los días que vendrán, el contador electrónico de la deuda norteamericana visible en la fachada de un rascacielos de Nueva York se colapsó recientemente porque no dispone más que de trece casillas para albergar los números: la deuda asciende ya a 11’5 billones de dólares, una cifra de catorce números, y el doble déficit, comercial y fiscal, y el retroceso industrial, amenaza las bases del poder norteamericano.

Obama sabe que el capitalismo norteamericano tiene abierta una peligrosa crisis social. El país cuenta ya con más de diez millones de parados, y, por eso, Obama ha hecho pública su intención de impulsar un plan para la creación de empleo. La industria automovilística (General Motors y Ford, principalmente) está en una situación desesperada, con riesgo de que desaparezcan otros tres millones de puestos de trabajo; y millones de familias pueden perder sus viviendas; cincuenta millones de ciudadanos no tienen acceso a la sanidad, y millones de personas se encuentran en riesgo de perder sus jubilaciones, por lo que la visualización de la crisis capitalista con la quiebra del sistema financiero y el hundimiento de Wall Street es una realidad que no puede ocultarse. Sin embargo, ante esa situación y tras más de diez años de retrocesos salariales para los obreros norteamericanos, y con casi la tercera parte de la bolsa neoyorquina compuesta por operaciones de fondos de alto riesgo, es decir, operaciones especulativas y planes de robo a gran escala a cargo de empresarios, especuladores y banqueros sin escrúpulos, Obama apenas ha hablado de un inconcreto plan para ayudar a las “clases medias”.

El desafío es gigantesco, y Obama, más que la expresión de un cambio real, factible, ha sido el reflejo de las esperanzas de millones de desposeídos que han creído ver en él la posibilidad de un futuro mejor. No puede más que conmovernos la emoción y las lágrimas de los negros norteamericanos que veían a uno de los suyos, por fin, caminar hacia la Casa Blanca, pero es muy dudoso que su elección signifique el fin del racismo y de la marginación de la minoría negra: supone el trece por ciento de la población, pero, al mismo tiempo, los negros son la tercera parte de todos reclusos del país: unos ochocientos mil negros abarrotan las prisiones. La persistencia de la segregación hace que haya más afroamericanos en las cárceles estadounidenses que en sus universidades: hay más negros presos en Estados Unidos que en todo el resto del mundo.

Si Bush rebajó los impuestos a los ricos, Obama tendrá que hacerlo para los pobres, si no quiere aumentar el sufrimiento social. Al despojo y a la rapiña de los fondos públicos para favorecer a las grandes empresas que Bush está impulsando en sus últimas semanas, el nuevo presidente debe responder con un plan que tenga como objetivo no la salvación del empresariado corrupto e incompetente sino la resolución de los graves problemas de los sectores populares. Pero es muy poco probable que sea así.

Obama defiende la energía nuclear y continúa participando de una visión imperial que hace de los Estados Unidos el eje de la política internacional, y pese a que, en el pasado, defendió los derechos del pueblo palestino, apoya ahora las decisiones de Israel, y comparte una visión providencial que está en el origen de muchos de los conflictos internacionales. Si estuviera decidido a iniciar una nueva etapa, el nuevo presidente norteamericano debe cerrar Guantánamo, acabar con la ignominia de las torturas, poner fin al terrorismo de Estado y a la utilización de mercenarios en múltiples focos de conflicto, prohibir que se siga bombardeando a las poblaciones civiles; debe terminar con las guerras de Iraq y Afganistán, aceptar el papel de la ONU, negociar con Moscú, abrir conversaciones para la reducción de los arsenales nucleares, y respetar los tratados firmados con la Unión Soviética. Debería cambiar la política norteamericana con Cuba y Venezuela y poner fin a la intromisión en los asuntos internos de otros países. Todo ello, por necesario que sea, no sería un programa de gobierno progresista, pero superaría todos los límites impuestos por el sistema de poder capitalista. Demasiado para Obama.

El fracaso de Bush ilumina la trascendencia de los cambios que precisa Estados Unidos, pero todos los asuntos citados, pese a su gran relevancia, apenas sirven para entrever el corto ciclo de unas elecciones presidenciales, porque Obama no podrá hacer gran cosa para detener, y mucho menos invertir, la tendencia del nuevo mundo que llega, del concierto de grandes potencias que se está configurando, y con las que Estados Unidos, le guste o no, tendrá que negociar: China, por supuesto, pero también Rusia, India, Brasil, Japón. Porque el incierto futuro de Barack Obama está escrito en los signos de la decadencia norteamericana y del fortalecimiento chino.

Aún antes de la toma de posesión del nuevo presidente, el riesgo de la decepción asoma en el horizonte: el gran interrogante es si la sociedad norteamericana, los trabajadores, serán capaces de levantar un movimiento que exija un cambio real. Un cambio, no hay que olvidarlo, que si fuera encabezado por Obama sería el anuncio de que una tumba está esperándolo.

Tagged with: