Reggio’s Weblog

Al borde del precipicio, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

El deterioro de la economía española es tan brusco, rápido e intenso que tiene todos los números convertirse en la mayor recesión desde la posguerra, dejando empequeñecida a la que tuvo lugar en 1992-93.

Nunca fui muy piadoso con los que defendían la tesis del “aterrizaje suave” y por eso les hablé ya a finales del año pasado, en este misma página, de que veríamos “algo más que una suave desaceleración”. Pero lo que estamos viendo va más allá de lo imaginado y tiene todas las trazas de una larga y dolorosa recesión, sin descartar la más temida depresión. No es tremendismo ni pesimismo exagerado.

Nuestra economía está al borde del precipicio. Y mi temor es que, por falta de liderazgo, el Gobierno acabe dándole el empujoncito que la lance al vacío. Pero antes de seguir con esta cuestión déjenme volver a lo que está ocurriendo con nuestra economía.

Para tener un poco de perspectiva puede ser útil ver lo que ocurrió a inicios de los noventa. La economía española crecía a una tasa de alrededor del 4% y creaba mucho empleo bajo el impulso de una fuerte actividad inmobiliaria y de la entrada de capitales. Ese crecimiento tenía, sin embargo, su talón de Aquiles en el elevado déficit comercial -el segundo mayor del mundo en términos absolutos, después del de Estados Unidos, y el primero con relación al PIB-, que se financiaba endeudándose en el exterior.

Esa economía alegre y confiada se pegó un enorme batacazo a finales de 1992. Ese año se produjo una crisis monetaria y financiera , derivada de la quiebra del sistema monetario europeo. Y haciendo verdad aquello de que sólo se sabe quién se está bañando desnudo cuando baja la marea, surgieron fuertes especulaciones contra las monedas que, como la peseta, estaban sobrevaloradas y tenían un elevado déficit exterior.

El resultado fue una fuerte recesión y un retroceso de los niveles de renta. Del 3,8% de crecimiento se pasó al 0,9 en 1992 y al -1% en 1993. Es decir, una caída de casi cinco puntos porcentuales del PIB en escasamente dos años, algo que nunca antes había ocurrido. La tasa de paro dio un brinco espectacular alcanzando el techo del 22,4%; la tasa de inflación, pese a la recesión, se estancó en el 4,6%, lejos de la media europea; el déficit público se disparó por encima del 6% del PIB, y la deuda pública superó por primera vez el techo del 60% del PIB.

Aquella recesión duró seis semestres si la medimos por el comportamiento del PIB, y un poco más del doble si nos fijamos en el desempleo. La medicina fueron cuatro devaluaciones sucesivas de la peseta, que consiguieron corregir la pérdida de competitividad; el estímulo del dinero barato, y una sorprendente moderación de los salarios, que crecieron por debajo de la inflación. Por eso en 1966, recién llegado al poder, José María Aznar pudo exclamar: “¡España va bien!”.

Como contradiciendo el aforismo que dice que la historia nunca se repite de la misma forma, la economía española ha crecido también a lo largo de la última década con un patrón de conducta similar al que acabo de describir. El combustible fue también la actividad inmobiliaria y el endeudamiento exterior. Idéntico ha sido también el talón de Aquiles: volvemos a tener el mayor déficit exterior del mundo en términos relativos, aunque ahora de dimensiones descomunales: más del 10% del PIB.

¿Será esta recesión como la de 1992-93? ¿Es posible que el desempleo llegue a cotas de más de 20% como en los noventa? Sin ningún deseo de cargar las tintas, las cosas ahora podrían ser peores. Por tres razones. En primer lugar, porque la intensidad de una crisis económica es mayor: a) si coincide con una crisis financiera, b) aún mayor si además existe una crisis bancaria, y c) si la economía tiene mecanismos de mercado. Y ahora tenemos todo eso. Una tormenta económica perfecta.

En segundo lugar, porque, a diferencia de 1993, no podemos usar la devaluación de la peseta para corregir rápidamente la competitividad perdida y retornar a la expansión. En tercer lugar, porque ahora tampoco está en nuestra mano el usar la política de bajos tipos de interés para estimular el consumo y la inversión, al margen de que, como señalé en mi último artículo, ahora no se puede confiar en la política de dinero barato para salir de esta recesión. Y por último, porque los ajustes en la economía española acostumbran a hacerse a través de la eficiencia en costes, especialmente los laborales.

Y entonces, ¿qué nos queda? ¿Es posible confiar en que todo el ajuste y la recuperación de la competitividad de nuestras empresas recaiga en el nivel de empleo? Al margen de que sería injusto y políticamente imposible, sería una mala medicina económica: deprimiría aún más las rentas de los hogares y la confianza de los consumidores, y agravaría la recesión, con riesgo de provocar una depresión, es decir, entrar en una larga y dolorosa anorexia económica.

¿Es posible una medicina diferente? La hay. Consiste en fuertes ajustes salariales, pero no a través del desempleo, sino a través de acuerdos nacionales entre Gobierno, empresarios y sindicatos; acuerdos acompañados de una política fiscal activa y de una política empresarial basada en la mejora de la calidad y la innovación de producto, y no sólo en la eficiencia en costes laborales.

Pero es una medicina que no se puede imponer al paciente. Requiere liderazgo político, empresarial y social. Es amarga y difícil, pero no imposible. Ya lo hicimos a finales de los años setenta, en lo que se llamó Acuerdos de La Moncloa. Ahora quizá la recesión sea peor, pero no tenemos una crisis industrial como la de aquella época. Si fuimos capaces antes, ¿por qué no vamos a serlo ahora? Sólo se necesita que el Gobierno abandone la complacencia y corrija el desconcierto en el que se encuentra. Si no, el precipicio.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

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Aún lejos de un verdadero Estado federal, de Juan Romero en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

Tras treinta años de Constitución, en la cultura política española domina el regateo bilateral. El federalismo sólo llegará cuando se asuma la primacía de la cooperación multilateral en beneficio de todos

Se cumplen tres décadas de vigencia de la Constitución de 1978 y ya se dispone de perspectiva suficiente para analizar el grado de eficacia de un modelo de Estado compuesto que para algunos es casi federal y para otros sencillamente muy descentralizado. Culminado el proceso de actualización de los estatutos, de no mediar sentencia del Tribunal Constitucional que modifique sustancialmente el contenido del de Cataluña, y por analogía otros, y tras la futura revisión del modelo de financiación, podrá decirse que el Estado autonómico será formalmente más federal que antes de las reformas. Sin embargo, sigue faltando mucho para un funcionamiento realmente más federal entre las partes que son Estado.

Lo primero que hay que constatar es que, pese a todo, el proceso seguido en España, original por cuanto se han modificado estatutos de autonomía sin modificar la Constitución, supone avances positivos y que las reformas propuestas por los Parlamentos regionales han contado con amplio apoyo. Pero ese proceso sigue sin concitar consenso, ni en la valoración de sus consecuencias ni en su interpretación. Para algunas expresiones nacionalistas en Cataluña no es más que una etapa más, insuficiente, y ya anuncian nuevas iniciativas y demandas. Por su parte, los nacionalistas vascos ni siquiera consideran la posibilidad de reforma del actual Estatuto de Gernika como su mejor opción a medio plazo, sino que incluso han llegado a proponer un escenario de consultas dentro de un supuesto “derecho a decidir del pueblo vasco” que no tiene precedente en las democracias maduras occidentales, se aleja del marco establecido en la Constitución española (así lo ha entendido el Tribunal Constitucional) y recuerda más bien el largo contencioso canadiense. Y para algunas expresiones del nacionalismo español este proceso supone la ruptura de España como nación, por lo que anuncian riesgos de fragmentación e incluso “balcanización”.

No obstante, ha prevalecido la opción de quienes pensaban que la perspectiva de décadas de experiencia, como miembro de la Unión Europea y como Estado compuesto, la propia jurisprudencia del Tribunal Constitucional y la velocidad de los cambios sociales y económicos en curso aconsejaban una amplia puesta al día.

Un proceso tan ambicioso de reforma de estatutos de autonomía no está exento de riesgos e incertidumbres. En primer lugar, los gobiernos locales han quedado, de nuevo, al margen y siguen esperando su particular transición y acomodo en el nuevo Estado autonómico. En segundo lugar, el establecimiento en los estatutos de compromisos de asignación de inversión regionalizada del Estado en algunas comunidades, sea como porcentaje del PIB, sea como porcentaje de población u otros, contribuye al desarrollo de discursos de agravio comparativo y de asignación de recursos que dependerán mucho de la coyuntura y de compromisos políticos bilaterales. En tercer lugar, la inclusión de cláusulas estatutarias que de facto suponen intentos de “blindaje” imposibles por distintas comunidades autónomas en materia de gestión de recursos hídricos, poco tiene que ver con la forma en la que se abordan estas cuestiones en Estados federales de larga tradición. En cuarto lugar, el proceso de reforma estatutaria no ha sido aprovechado para abordar de forma simultánea una reforma profunda de la propia Administración General del Estado y para haber alcanzado un amplio consenso político sobre la creación o consolidación de anclajes federales claros y aceptados por todos.

Pero el riesgo mayor es que prevalezca la relación bilateral Gobierno central-comunidad autónoma en detrimento de visiones y actitudes más acordes con la existencia de gobiernos multinivel y con contextos crecientemente interdependientes. Esta circunstancia puede contribuir a devaluar figuras esenciales como la Conferencia de Presidentes o las Conferencias Sectoriales Intergubernamentales, o incluso a hablar de posible debilitamiento del marco federal (multilateral por definición) en favor de un escenario de relaciones bilaterales de aroma “confederalizante”.

Seguimos instalados en la cultura de la relación (o la confrontación) bilateral. Casi todos viven mejor en ese ambiente. A corto plazo simplifica el proceso de toma de decisiones a los gobiernos concernidos y la opacidad favorece la discrecionalidad. Pero a medio plazo pueden consolidarse prácticas, decisiones y compromisos que resten coherencia a las políticas y a los procesos de toma de decisiones. Y ésta es una deriva tan persistente como preocupante. Por eso, cualquier avance en el ámbito de una cultura verdaderamente federal será positivo. Es un recorrido que habrá que hacer sin dramatismos ni apelaciones a esencialismos. Con normalidad y pragmatismo. Como ocurre en otros Estados de tradición federal que afrontan debates sobre competencias, financiación, fiscalidad o gestión de recursos hídricos. Y en todo caso, siempre cabe el recurso de la revisión consensuada de aquellos aspectos que supongan pérdida de eficacia o incluso riesgo de bloqueo a medio plazo y, por supuesto, siempre es posible apelar en última instancia al órgano jurisdiccional para delimitar competencias.

Sea como fuere, ello no habilita a nadie para anunciar de forma anticipada riesgos de fragmentación del Estado o situaciones irresolubles derivadas de la aplicación de los estatutos reformados. Todo lo contrario. El camino hasta ahora recorrido en la construcción de un Estado compuesto desde la existencia de un modelo de Estado-nación tradicional adquiere trascendencia histórica y ahora se ha dado un paso más en la dirección adecuada. Pero como todo proceso abierto no ha estado exento de dificultades, desencuentros y conflictos. Y así será en el futuro.

El nuevo contexto sitúa a la Administración General del Estado ante un escenario muy diferente. Sus capacidades ejecutivas quedarán sensiblemente reducidas y sus posibilidades para elaborar legislación básica, mucho más acotadas. Verá reducido su espacio de decisión unilateral, el proceso de toma de decisiones será más complejo y ello le obligará a imaginar nuevos métodos de coordinación y cooperación, impulsando con mayor decisión el funcionamiento de los mecanismos multilaterales ya existentes. La Administración General del Estado tendrá que ser capaz de superar su actitud desconcertada y defensiva y adoptar una posición mucho más proactiva acorde con la nueva realidad plasmada en el bloque de constitucionalidad.

Pero este nuevo contexto también exige a las comunidades autónomas el abandono de posiciones victimistas.

Tan contraproducentes resultan comportamientos, aún presentes en la política cotidiana de la Administración General del Estado, del tipo “de España me ocupo yo”, como las actitudes de esos representantes de gobiernos autónomos que se comportan como poderes regionales “en burbuja”, como “Estados-Región”. Son los que no entienden la relación con el Gobierno central más que como mera “relación comercial”, pretenden hacer de la Administración General del Estado en su comunidad autónoma una mera rareza “residual” o parecen estar diciendo “ya que no podemos marcharnos de España, hagamos que España se marche de nuestra comunidad autónoma”. Unos y otros están muy alejados de la cultura federal. Tendrán que hacer de la coordinación y la cooperación una costumbre y para ello una condición necesaria sería que los partidos abandonasen la estrategia de la polarización política.

La nueva distribución de poder político obliga a explorar y a reforzar el Estado autonómico en clave federal. Se necesitan más gestos federales y más cultura federal. Federal, entendido como sinónimo de cultura del pacto (foedus), de lealtad constitucional e institucional, de coordinación y cooperación vertical y horizontal entre esferas y niveles de Gobierno, de respeto mutuo, de claridad, de transparencia en la información, de multilateralismo, de equidad, de cohesión territorial, de corresponsabilidad, de solidaridad… Pero también de autonomía política y de capacidad para desarrollar políticas públicas diferentes en y desde las distintas esferas de gobierno. Y si el término federal supone algún problema, no importa. Sigamos hablando de Estado autonómico.

Joan Romero es catedrático en la Universidad de Valencia y autor del libro España inacabada.

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¿Por qué Brufau prefirió a Del Rivero frente a Lukoil?, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

A FONDO

Operación de control de daños. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, y Repsol salieron ayer al paso de la información publicada por EL MUNDO, según la cual Zapatero vetó hace dos años la entrada de Lukoil en la empresa española en favor de Luis del Rivero.

Miguel Sebastián dijo que la irrupción de Sacyr en Repsol, que se produjo cuando él era todavía responsable de la Oficina Económica de Moncloa, «fue voluntaria, respondiendo a una decisión estrictamente empresarial». Por su parte, Repsol afirmó en una «nota aclaratoria» que la decisión de romper con Lukoil se produjo en el mes de enero de 2007, cuando ya había tenido lugar la entrada de Sacyr en el capital de Repsol.

La precipitación en la maniobra para enmascarar la verdad hace que los argumentos utilizados sean, como mínimo, poco convincentes. Señala la nota de Repsol que los contactos con Lukoil se produjeron «a finales de 2006». Esta indefinición es reveladora.

Primero, porque Sacyr anunció la compra del 9,2% de Repsol el 16 de octubre de 2006 y luego, el 26 de noviembre, hizo público que había elevado su participación al 20%. Sigamos con las fechas. Zapatero reveló que Sebastián sería el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid el 26 de octubre de 2006. David Taguas se hizo cargo de la Oficina Económica el día 6 de noviembre. Es decir, entre el primer y el segundo anuncio de compra de acciones por parte de Sacyr.

Si fuera cierto lo que dice la nota de Repsol (que Lukoil no se descartó hasta el mes de enero de 2007) Sebastián no tendría por qué haber sido informado de ese asunto. En todo caso, en la información publicada por EL MUNDO no se dice que la persona que confirmó la información que dio Javier de Paz a Brufau fuera Miguel Sebastián personalmente, sino un alto cargo de Moncloa.

Pero sigamos. La venta a Lukoil (que ofrecía indudables ventajas para Repsol) se paró para dejar entrar a Del Rivero (Sacyr). Como se comprueba por la propia nota de Repsol hay un momento («a finales de 2006») en que confluyeron las dos negociaciones. De hecho, el paquete del 10% que tenía localizado Brufau para vendérselo a Lukoil fue el que se le colocó a la empresa constructora.

Pero ahora viene lo más importante. El crédito de 5.200 millones que obtuvo Sacyr para comprar el 20% de Repsol se firmó el 21 de diciembre. El ICO no solamente participó en la sindicación con 350 millones de euros, sino que hizo de agente de la operación.

Preguntas:

– Si no hubiera sido por indicación del Gobierno, ¿por qué Brufau prefirió como accionista a un constructor en lugar de optar por una compañía que le garantizaba el suministro de crudo en un momento en que se esperaban subidas de precios?

– Si el Gobierno no hubiera intervenido en favor de Del Rivero, ¿por qué entonces el ICO entró a financiar la operación con 350 millones de euros e hizo de agente de la misma?

– Si no hubiera recibido dichas indicaciones, ¿por qué el ICO no exigió más garantías que la de las propias acciones? Argumentar, como hizo ayer el ministro Sebastián, que el Gobierno «no interviene en operaciones empresariales» cuando estamos hablando de Luis del Rivero, que recibió el apoyo de Moncloa para hacerse con el control del BBVA, es sencillamente un sarcasmo.

En el año 2006, Miguel Sebastián y el presidente del Gobierno defendían la creación de campeones nacionales en el sector de la energía.

Por esa razón, ambos alentaron la entrada de empresarios de otros sectores (fundamentalmente, constructores) en Repsol y en Endesa.

Sebastián, como ministro de Industria, se opone a la compra del 30% de Repsol por Lukoil y en eso es coherente con lo que pensaba en 2006. El presidente, sin embargo, ahora no opina lo mismo.

Estamos de acuerdo con Sebastián, pero lo que ocurre ahora es consecuencia de cómo se hicieron las cosas en 2006.

© Mundinteractivos, S.A.

Dos estrenos, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 25 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

La productora de Rubalcaba estrenó en el prime time de la semana pasada dos series nuevas, valoradas de distinto modo por el público y la crítica. Ambas son de argumento policial con trasfondo político, género al que Producciones Rubalcaba debe éxitos como Salvar al señor X y, sobre todo, Pásalo, premiada con el Ondas.

La primera de las series está inspirada en la captura en Francia de un jefe terrorista al que acompaña en la clandestinidad una moza con la que comparte porros y foie. El casting está muy logrado, así como el retrato psicológico del malvado y la narración del rápido ascenso desde la cantera urbana hasta la jefatura de la banda de un carácter avalado por la crueldad. Salen hasta los servicios secretos americanos y una trama tecnológica de correos electrónicos interceptados que compensa la cutrez barrial del hachís y otorga una aureola sofisticada muy a lo Ridley Scott. Al público le ha convencido la eficacia de las Fuerzas de Seguridad, así como el canto a la esperanza de una sociedad trabada en la lucha contra el terrorismo y que recibe la ayuda de las naciones de su entorno. Pero la crítica ha señalado un error de guión francamente grosero: la precipitación, sin duda efectista, con que es mostrado al espectador el rostro actual del jefe terrorista y que perjudica el desenlace judicial al sabotear las ruedas de reconocimiento por un asesinato en Capbreton.

La segunda trata sobre la desarticulación de una banda criminal compuesta por veteranos de las guerras del Este que asaltó el chalé de un conocido ventrílocuo y empresario de televisión que resultó herido de un hachazo. La pareja protagonista no es muy creíble: ¿el cuervo Rockefeller y Rubalcaba unidos contra el crimen como Batman y Robin? Tampoco es verosímil incorporar al productor a las conferencias de prensa del Ministerio como si él mismo fuera un muñeco por cuya boca habla un ventrílocuo -el oscuro jefe de Policía-; este personaje indudablemente enérgico aporta desparpajo y luz de neón, una conexión frívola que enriquece la trama con el testimonio de su propio dolor. Tampoco hay que desdeñar las hipótesis sobre los contenidos de las cajas fuertes, que introducen una mirada morbosa en los barrios altos de la ciudad.

El público ha apreciado esto, así como el análisis social de una ciudad asustada por la delincuencia rampante. Pero a la crítica no le ha gustado que las Fuerzas de Seguridad de un país democrático aparezcan convertidas poco menos que en policía privada de los ricos y poderosos, de aquellos cuyos entuertos obtienen gran repercusión mediática, ahondando la sensación de que al desvalido, al ciudadano anónimo, ya puede venir un ángel de la guardia a socorrerle y a invitarle a café sobre moqueta, porque lo que es el ministro… Para próximos estrenos de Producciones Rubalcaba, consulten la cartelera.

© Mundinteractivos, S.A.

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Quién pone las estrellas, de Miguel Ángel Aguilar en La Vanguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 25 noviembre, 2008

Se acercan las fechas navideñas y el momento de poner el belén, una costumbre que ha resistido la competencia del árbol tan desastrosa desde el punto de vista ecológico. Todo belén bien armado se completa con un cielo donde entre todas destaca la estrella que guió a los Reyes Magos hasta el portal para que presentaran al Niño Dios sus presentes de oro, incienso y mirra. Volveremos pronto sobre esta arraigada costumbre, que desmentiría si hiciera falta el diagnóstico formulado por el cardenal primado monseñor Cañizares para quien España estaría enferma de cristofobia. Ahora el asunto es quién pone las estrellas que nos orientan en el cielo de los belenes.

A Cañizares le acompaña otro doctor, el obispo Martínez Camino, quien se dirigió a los participantes en el Congreso de los Católicos en la Vida Pública para asegurar que la presencia del símbolo de la Cruz es un antídoto a los totalitarismos. Pero esta afirmación queda desmentida entre nosotros porque bajo el signo de la Cruz se han perpetrado toda clase de barbaries en distintas épocas como las de la Inquisición o la del nacionalcatolicismo. Porque como escribió Cyril Connolly (Obra selecta.Lumen, Barcelona 2005), la historia de la Iglesia “no trae la paz sino la espada”; sus persecuciones, su codicia, su hipocresía, su reacción, se diría que son inherentes a su naturaleza como institución celosa, mundana y dogmática; y por ello, “la Iglesia, cuando ha sido lo bastante fuerte para hacerlo, ha traicionado sus principios espirituales”.

El problema no es la Cruz, sino las traiciones de quienes invocan ese símbolo en vano para sus particulares designios y sus ambiciones insaciables. Al cardenal Cañizares cabría recomendarle que mirara hacia dentro. Eminencia, por ejemplo, en su propia casa, en la emisora propiedad de la Conferencia Episcopal, donde las fobias, los insultos, las descalificaciones, la siembra del odio cainita son la tónica de todos los días, de la mañana a la noche. Si las estrellas de la Cope estuvieran en el firmamento de cualquier emisora sin Crucifijo sólo los tribunales tendrían que pronunciarse sobre los excesos en que incurrieran, pero cuando se cobijan en las faldas episcopales, las comprometen. Una vez más, menos predicar y más dar trigo.

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Miedo a la política, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 25 noviembre, 2008

Todos los partidos catalanes tienen su dolencia y cada cual se va medicando como puede. ICV padece algo psicosomático, eso que los antiguos llamaban dolor del alma. Por eso han aprovechado su reciente IX asamblea para someterse a algunas terapias alternativas, principalmente enseñar caras jóvenes en la primera fila y colocar al todoterreno Joan Boada de fusible entre el partido y el Govern. Tras unas primarias en las que ha sido el único candidato a presidir las siglas (ejemplar manera de ensanchar la democracia), Joan Saura ha sobrevivido al malestar de las bases y seguirá siendo el líder de un artefacto político caracterizado por el miedo a hacer política. Esto no era ningún problema cuando ICV estaba en la oposición pero resulta raro desde el momento en que forma parte del Govern de la Generalitat.

¿Dónde buscar las causas del pánico a hacer política que ataca a los autodenominados ecosocialistas? Todo nace de un mal resuelto problema de identidad de un partido poscomunista que copió, a su aire, el folklore de los verdes europeos. Perdida la clase obrera como segmento electoral propio (el asalariado prefiere votar PSC, CiU y PP), los ideólogos de ICV pusieron su mirada sobre lo que llaman nuevos movimientos sociales, especialmente aquellos que se distinguen por un discurso contrario a la globalización y opuesto a los modelos reformistas que gestionan los grandes partidos socialdemócratas, democristianos y liberales. Buscando el contacto con los nuevos movimientos sociales, ICV esperaba pescar votos en una franja de ciudadanos seducidos por consignas antipolíticas, maximalistas y populistas. El psicodrama surge porque, en realidad, no es ICV quien influye en este magma confuso de microdemandas sectoriales sino al revés: son los intereses feudalizantes y las protestas corporativas lo que acaba conformando la agenda de un pequeño partido que debe moverse al son de una parroquia unida, muy a menudo, por la cultura del no. Poco queda en ICV del eficaz centrismo que el PSUC practicó durante la dictadura y la transición.

Así las cosas, tomar cualquier decisión desde los despachos gubernamentales, al lado de los reformistas del PSC, se convierte en una tarea imposible. El temor a dejar de ser el partido simpático de las causas nobles coloca ICV ante una disyuntiva que no resuelve ni el feng shui:ir a la enésima manifestación o asumir que gobernar es exponerse a ser impopular. Si hablamos del cuarto cinturón, de la ley d´Educació, de la política hidrológica, de la gestión de la inmigración o de mandar la policía con seriedad, está claro que el socio pequeño de Montilla prefiere la estética de autoconsumo a la responsabilidad colegiada en el tripartito.

La política es síntesis y coraje, pero Saura sólo cultiva su minifundio, siempre con papel de fumar. Los consellers socialistas han puesto nombre a este fenómeno. Es tan fuerte que – ustedes perdonen-no puedo repetirlo.

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Siendo mal pensados, de Jesús Sánchez Quiñones en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 25 noviembre, 2008

Desde que el Banco Santander anunció su ampliación de capital hace dos semanas, la cotización de sus acciones ha retrocedido más de un 30%. Se podría achacar el retroceso a lo inesperado de la apelación al mercado tras anunciar apenas unos cuantos días antes unos beneficios históricos y la no necesidad de ampliar capital. No obstante, analizando el comportamiento del resto del sector en Europa durante los quince días transcurridos desde el anuncio de la ampliación se observa que el descenso de la cotización está en línea con el de otros grandes bancos (SG, Barclays, ING, BNP, CS, UBS o Commerzbank entre otros), los cuales han perdido más del 30% en el mismo periodo. El resto de bancos españoles han retrocedido pero en menor proporción (del 13% de descenso de Banesto al 25% de BBVA). Por tanto, cabe concluir que la caída de la cotización de Santander no ha venido exclusivamente motivada por la ampliación de capital, sino también por la situación global del mercado y en particular del sector financiero.

Cuando comienza una ampliación de capital, del precio de la acción se descuenta el importe inicial del derecho de suscripción que comienza a cotizar por separado. La cotización de los derechos y la de la acción están arbitradas, de tal forma que el coste de acción antigua tiende a coincidir con el precio de la acción nueva a suscribir más el importe de los derechos necesarios para acudir a la ampliación de capital. Así, si se produce una caída significativa del precio del derecho de suscripción, determinados accionistas venderán sus acciones, y compraran el número necesario de derechos para mantener, tras la ampliación el mismo número de acciones consiguiendo un beneficio en la operación. En definitiva, una caída del precio del derecho lleva aparejada una caída del precio de la acción.

En las ampliaciones de capital aseguradas, las entidades aseguradoras se comprometen a adquirir las nuevas acciones emitidas al precio de emisión si finalmente la ampliación no es cubierta en su totalidad. Cuando la diferencia entre la cotización de la acción anterior al inicio de la ampliación de capital y el precio de emisión es significativa, las entidades aseguradoras pueden tener la tentación de vender acciones en descubierto (vender las acciones sin tenerlas). Hay dos formas de estar cortos (vendidos) de la acción objeto de la ampliación de capital: vendiendo acciones o vendiendo derechos de suscripción. Tras vender en descubierto es necesario recomprar las acciones con posterioridad para cerrar la posición vendida.

En el caso de una ampliación asegurada, si el precio de la acción antigua al final del periodo de suscripción es inferior al precio de suscripción, (prácticamente) nadie acudirá a la ampliación, teniendo el asegurador que adquirir las acciones al precio de emisión. Si antes de llegar ese momento ha vendido las acciones en descubierto a un precio superior, su riesgo está cubierto y previsiblemente con un beneficio sustancial. Por el contrario, si el precio de la acción al final del periodo de suscripción es superior al precio de emisión de las acciones nuevas, el aseguramiento no se ejecuta y por tanto quien haya vendido en descubierto acciones o derechos tendrá que recomprar en el mercado, provocando una subida de las acciones.

Las ventas en descubierto de derechos de suscripción son mucho más sencillas de realizar que las ventas en descubierto de acciones. Si el depositario correspondiente lo permite, es posible que un inversor esté vendido de derechos siempre que la entidad depositaria tenga suficientes derechos, entre todas las cuentas de sus clientes, para poder acudir a las liquidaciones diarias correspondientes. El último día de la ampliación sí será necesario cuadrar los derechos cuenta por cuenta y no de forma global por entidad depositaria.

Siempre es difícil saber la causa última de la caída de una acción, pero la sola posibilidad de poder llevar a cabo una operación como la aquí expuesta, aunque no se hubiera realizado, no ayuda a dar al mercado la transparencia que los nuevos tiempos exigen.

Colocación y acceso al empleo, de Federico Durán López en Cinco Días

Posted in Derechos, Laboral by reggio on 25 noviembre, 2008

Asistimos a un hundimiento espectacular del mercado laboral ante el cual algunos pretenden que la orquesta siga tocando, mientras buscan afanosamente comparaciones estadísticas que permitan decir que no es para tanto, y otros insisten en que lo que hay que hacer es potenciar la fabricación de botes y chalecos salvavidas, pero mantener el diseño y la estructura de las naves y los mismos instrumentos de navegación. Aunque los barcos sigan naufragando, no hay que cambiar nada; todo se soluciona preparando y financiando más medios de salvamento. Ya vendrá el buen tiempo y desaparecerán los icebergs.

Si la situación social no empezase a tener tintes trágicos, podría resultar hasta entretenida la representación. Pero cada día miles de personas y de familias caen en la inseguridad, en la desconfianza, en la desesperación y es inadmisible que quienes tienen responsabilidades políticas y sindicales consideren que eso deriva de no se sabe bien qué extraña maldición y que no cabe otra cosa que la resignación y los remedios paliativos. No puede existir ya ninguna excusa para la inactividad. El Gobierno tiene que tomar decisiones, saliendo del burladero del consenso social, y las fuerzas políticas y las organizaciones empresariales y sindicales tienen que colaborar en todo lo que resulte necesario para atajar esta sangría.

En particular, no podemos permitir que el bienestar de los ciudadanos y el progreso social se sacrifiquen, por muchas ínfulas de progresismo que se empleen en ello, a la intangibilidad de principios que se han considerado durante mucho tiempo sagrados en determinados planteamientos políticos y sindicales.

Y ello se manifiesta, de una forma especialmente aguda, en lo que se refiere al acceso al empleo y a los procedimientos de colocación. Dejando aparte en este momento el gran tema de las reformas precisas en nuestro mercado de trabajo y en la negociación colectiva, prestemos atención a los problemas de la intermediación en el mercado laboral.

A pesar de la crisis y de la destrucción de empleo, existen todavía numerosas oportunidades de empleo en el mercado y una mejora en el funcionamiento de los mecanismos de intermediación permitiría aprovechar muchas de ellas. Hay puestos de trabajo que se destruyen, ciertamente, pero hay muchos puestos de trabajo que se quedan sin cubrir o se cubren tardía o inadecuadamente. Y en esa situación resulta determinante el monopolio de los servicios públicos de empleo. A pesar del esfuerzo de modernización de los mismos en los últimos años, la tasa de intermediación no consigue superar la barrera del 10%. En menos de diez de cada cien contrataciones laborales, la mediación de los servicios públicos de empleo es relevante.

Ciertamente, podría plantearse un incremento de las dotaciones de tales servicios, con más centros de atención y más funcionarios. Pero, aparte de las limitaciones presupuestarias impuestas por la coyuntura, sobre todo teniendo en cuenta que el esfuerzo tendría que ser ingente, no está asegurada por esa vía una mayor eficiencia o, en todo caso, un aumento de la eficiencia proporcional al incremento del esfuerzo presupuestario.

En cambio, si somos capaces de romper el tabú del monopolio público y de la gratuidad de los servicios de empleo, dando entrada en la intermediación laboral a entidades privadas con ánimo de lucro, que colaborasen con los citados servicios, podríamos duplicar la red de oficinas existentes.

Los servicios públicos cuentan en la actualidad con menos de 800 oficinas. Si estableciésemos un modelo de empresas de trabajo temporal que, respetando determinados requisitos, pudiesen convertirse en empresas de empleo, colaborando con los servicios públicos en el procedimiento de colocación, duplicaríamos, de un solo golpe, la infraestructura para la atención de ciudadanos y empresarios, sin coste alguno para la Administración y con una elevada tasa de eficiencia en la intermediación real

La conversión en empresas de empleo supondría hacer un uso más eficiente de un instrumento cada vez más importante en los mercados de trabajo como es el de las empresas de trabajo temporal. Se trataría de que éstas pudiesen no sólo suministrar trabajadores temporales, para atender a las necesidades también temporales de las empresas, sino también formar y seleccionar trabajadores para su contratación directa por las mismas, normalmente por tiempo indefinido. Lógicamente se trataría de una actividad con ánimo de lucro, por lo que se desarrollaría mediando el abono, por parte de las empresas, no de los trabajadores, de las cantidades económicas correspondientes.

No es que con esto se vaya a crear empleo directamente, pero el mercado de trabajo se dinamizaría, se haría más ágil el paso de un empleo a otro, reduciendo la estancia en el desempleo, y podrían cubrirse muchos puestos de trabajo que tropiezan en la actualidad con grandes dificultades para ello. La creación de las empresas de empleo, con un régimen jurídico adecuado, en el que hay que suprimir sectores prohibidos y limitaciones como las actualmente impuestas a las ETT (en la construcción, en la sanidad, en la contratación con Administraciones públicas), y anular los sobrecostes padecidos por las mismas, abriendo la colaboración con los servicios públicos, tendría efectos positivos inmediatos sobre el empleo y sería una señal de modernización de nuestro mercado de trabajo.

No nos resignemos ni nos dejemos engañar por el resplandor de esos viejos principios, como el monopolio público de ciertos servicios, que no puede ocultar que, como muchas estrellas, murieron hace ya muchos años.

Federico Durán López. Catedrático de Derecho del Trabajo y socio de Garrigues.

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Espejismo bursátil y confusión europea, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 25 noviembre, 2008

Como era previsible, tras la señal del viernes en Wall Street las bolsas europeas se fueron arriba durante la sesión de ayer; pero eso no quiere decir nada relevante, la economía sigue en el hoyo, en espera de decisiones que sean capaces de cambiar el ánimo y la confianza de los agentes económicos.

En la Bolsa de Madrid, durante las dos primeras horas de sesión, entre las 9 y las 11 de la mañana, el índice más representativo ganó un 4%, de casi 8.000 puntos a 8.300, y durante la última hora, entre las 16 y las 17 horas, con la indicación de otra apertura alcista en Nueva York, hizo otro tanto para alcanzar los 8.600 puntos del cierre. Pero el volumen de negociación en Madrid fue modesto, del orden de 2.700 millones de euros, el 82% concentrado en los cinco valores más significativos, los que hacen el índice: Santander, Telefónica, BBVA, Iberdrola y Repsol.

La recuperación es coyuntural, animada por las señales esperanzadoras de un día, por el anuncio del equipo económico del presidente Obama, recibido con aplausos generalizados por unas credenciales académicas y profesionales excelentes. Un equipo operativo y al día desde la primera hora, desde antes de tomar posesión en ese famoso “día inaugural”, 20 de enero, cuando se produce el relevo de inquilino en la Casa Blanca. En los 57 días que faltan hasta el “inaugural” a la agónica Administración saliente y a las Cámaras corresponde sostener la confianza y adoptar las medidas preliminares urgentes que no se pueden aplazar.

El presidente electo se ha puesto un plazo de dos meses para ultimar su “plan de estímulo” con objetivos y estrategias concretas de las que requiere información diaria. Obama anunció que la economía irá a peor en el corto plazo, pero confía en una recuperación si se pone en vigor la política bipartidista que pretende con el objetivo de 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo en dos años.

Mientras en Europa los británicos, que en esta crisis aparecen siempre como los más madrugadores, anunciaron en los Comunes su propio plan de estímulo económico con rebajas del IVA (estímulo a la demanda) por valor de 12.000 millones y de otros tantos en medidas adicionales. En total, un 1% del PIB, que se financiará con déficit público. Simultáneamente, Sarkozy y Merkel anunciaron que van a coordinar sus propios planes de reactivación, que no pasarán por recortes de IVA, sino más bien por más gasto público nacional y, quizá, comunitario si alcanzan un acuerdo al efecto que se trasladará al consejo Europeo previsto para este fin de semana.

Zapatero ha anunciado que el próximo viernes anunciará su propio plan, coordinado con el de la Unión Europea, que quizá esté ultimado estos días, aunque la reunión del llamado directorio informal, Merkel+Sarkozy, no permite garantizar que haya plan europeo en breve.

Así que las bolsas suben, pero sin rumbo, y las políticas europeas basculan de unos a otros países, sin coordinación.

Obama y la retirada de Iraq, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

Si sólo los vehículos militares que EEUU tiene desplegados en Irak se alinearan en una columna, con sus parachoques en contacto, ocuparían el espacio que hay entre Madrid y Varsovia; y si desfilaran en columna a unos 50 km/h, con los intervalos requeridos, se necesitarían dos meses y medio para verlos pasar a todos. Un experto en logística de la Fuerza Aérea de EEUU daba en The Washington Times (7 octubre 2007) algunos datos comparativos para valorar lo que en términos técnicos se denomina la “cola logística” inherente a cualquier operación militar, es decir, lo que hay detrás de cada combatiente para que éste pueda operar.

En Irak, esa cola ha alcanzado proporciones inconcebibles. Por cada soldado en la línea de combate (esto es, desplegado en patrulla por cualquier lugar de Iraq) existen unos cuantos soldados más en lo que pudiera llamarse retaguardia (servicios, municionamiento, mantenimiento de equipos y material, comunicaciones, sanidad, administración, etc.). Pero todavía hay muchas más cosas, no solo soldados en misiones de combate o de apoyo al combate. Existen varias bases militares, de enormes dimensiones, que contienen verdaderas ciudades, con sus supermercados, gimnasios, tiendas de comida rápida, semáforos que regulan el tráfico, centrales eléctricas, oficinas de correos, campos de golf y de tenis, restaurantes de todo tipo. Entre ellas también hay bases aéreas, con sus servicios aeroportuarios, de reparación y mantenimiento de aeronaves, centrales eléctricas, plantas hidráulicas, hospitales, o residencias para militares de distintas categorías.

Estos datos y otros más precisos y detallados tendría en la mente el Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de EEUU, el almirante Mullen, cuando en una conferencia de prensa en el Pentágono, según informaba Washington Post el pasado 17 de noviembre, declaró que “retirar todas las fuerzas [desplegadas en Irak] llevaría dos o tres años”. Especificó: “Tenemos 150.000 soldados ahora en Irak. Muchas bases. Muchísimo material allí desplegado”. Precisó, además, que cualquier operación de retirada estaría condicionada por el nivel de seguridad en cada zona, añadiendo que, por el momento, esto no es posible ni en Bagdad ni en Mosul, donde un cambio de responsabilidades entre las fuerzas de EEUU y el incipiente ejercito iraquí implicaría muy graves dificultades. Es muy significativa, también, su toma de posición respecto a la nueva administración de EEUU: “El presidente electo, Obama, ya ha dicho que recabaría mi asesoramiento y el de la Junta de Jefes de Estado Mayor, antes de tomar ninguna decisión. Y yo estoy esperando ese encuentro para discutir con él la cuestión”.

He aquí, pues, el primer escollo que va a amenazar la singladura del presidente entrante en cuanto quiera poner en marcha sus planes respecto a Iraq. Si Obama persiste en la idea de retirar dos brigadas de combate al mes, algunos analistas de EEUU temen que se produzca un serio enfrentamiento entre la cúpula militar y el presidente. Entre la política prevista por éste, en atención a los superiores intereses del Estado según él los concibe, y las exigencias militares de una operación que ya está en marcha y que tiene sus propios requerimientos en lo relativo a la seguridad y a las condiciones logísticas. Aunque no se repitan las tensiones que tuvo que afrontar Truman cuando en 1951 destituyó al mítico general Douglas MacArthur, no es difícil imaginar que Obama haya de remodelar el alto mando militar que le deja Bush, para poder llevar a la práctica sus planes sobre Iraq.

Cada país tiene su forma de hacer la guerra, lo que depende sobre todo de su cultura popular. Si se dice que un magrebí combate hasta la muerte con solo un puñado de dátiles en la chilaba, un soldado estadounidense necesita su máquina de cocacolas y sus letrinas portátiles, y el Burger King esperando en la base, dotada de todo tipo de comodidades. El “muchísimo material” que citaba el almirante Mullen, y que constituye un lastre para planificar la salida de Iraq, incluye también todo esto y representa una carga logística de inimaginables proporciones.

Además, nadie en EEUU desea volver a contemplar las vergonzosas escenas de la retirada de Vietnam en 1975, abandonando bases, armas, material y pertrechos, quemando a última hora documentos secretos en la embajada de Saigón y escapando desde su terraza en unos helicópteros desde los que se veía ya la llegada de las tropas del Vietcong.

La desafortunada herencia que en Iraq ha dejado Bush a su sucesor va a obligar a éste a tomar decisiones difíciles. Ahora es probable que desde la oposición se exija austeridad y eficacia al nuevo presidente, olvidando a quien despilfarró los recursos de la nación en una aventura militar mal concebida y peor ejecutada, que ha creado una situación de muy compleja resolución. Obama requerirá toda la habilidad, paciencia y energía que pueden y deben exigirse a quien maneja el timón de la, hoy por hoy, nación más poderosa del planeta.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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El capitalismo, esa mala película, de Alain Badiou en Clarín

Posted in Economía, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

Como en los peores filmes, el “happy end” del descalabro financiero deja en la sombra y excluye a la mayoría sumergida del planeta. El poder didáctico de este acontecimiento puede contribuir a organizar una política de naturaleza distinta.

Tal como nos la presentan, la crisis planetaria de las finanzas parece una de esas malas películas pergeñadas por la usina de éxitos prefabricados que hoy se da en llamar “cine”. No falta nada, ni siquiera las repercusiones aterradoras: imposible parar el viernes negro, todo se desmorona, todo se desmoronará…

Pero la esperanza persiste. En primer plano, todos despavoridos y concentrados como en un filme-catástrofe, el pequeño escuadrón de los poderosos, los bomberos del fuego monetario, los Sarkozy, Paulson, Merkel y Brown arrojan al agujero central miles de miles de millones. “¡Salvemos a los bancos!” Ese noble grito humanista y democrático brota de todos los pechos políticos y mediáticos. Para los actores de la película, o sea los ricos, para sus siervos, sus parásitos, para quienes los envidian y quienes los alaban, un happy end, creo, lo percibo, es inevitable, teniendo en cuenta lo que son hoy tanto el mundo como los políticos que en él se despliegan.

Volvámonos más bien hacia los espectadores de ese show, la multitud aturdida que oye como un estruendo lejano el grito victorioso de los bancos arruinados, adivina los fines de semana agotadores de la gloriosa pequeña tropa de jefes de gobierno, ve pasar cifras tan gigantescas como oscuras y compara con ellas maquinalmente sus propios recursos, o incluso, para una parte muy considerable de la humanidad, el liso y llano no recurso que constituye el telón de fondo amargo y a la vez valiente de su vida. Yo digo que ahí está lo real, y que accederemos a él solamente desviándonos de la pantalla del espectáculo para considerar la masa invisible de aquellos para los cuales el filme-catástrofe, con desenlace color de rosa incluido (Sarkozy besa a Merkel y todos lloran de alegría), no fue en ningún momento otra cosa que un teatro de sombras.

Se ha hablado estas últimas semanas de la “economía real” (la producción de bienes). Se le opuso la economía irreal (la especulación) de la que derivaba todo el mal en razón de que sus agentes se habían vuelto “irresponsables”, “irracionales” y “predadores”. Esta distinción es evidentemente absurda. El capitalismo financiero es desde hace cinco siglos una pieza mayor del capitalismo en general. En cuanto a los dueños y animadores del sistema, son, por definición, “responsables” sólo de las ganancias, su “racionalidad” se mide respecto de las ganancias, y predadores no sólo lo son sino que tienen el deber de serlo.

Por lo tanto, nada más “real” en la bodega de la producción capitalista que su piso mercantilista o su compartimento especulativo. El retorno a lo real no es el movimiento que lleva de la mala especulación “irracional” a la producción sana. Es el retorno a la vida, inmediata y reflexionada, de todos los que habitan este mundo. Desde allí podemos observar el capitalismo, incluido el filme-catástrofe que nos imponen. Lo real no es la película, sino la sala.

Reconozcámosle al cine-crisis, reseñado de esta manera, su fuerza didáctica. ¿Es posible que alguien se atreva todavía, frente a la vida de los que están mirando, a cantar loas a un sistema que remite la organización de la vida colectiva a las pulsiones más bajas, la codicia, la rivalidad, el egoísmo?

Lo único que podemos desear es que ese poder didáctico reaparezca en las lecciones aprendidas por los pueblos, y no por los banqueros, ni los gobiernos que los sirven o los diarios que sirven a los gobiernos, de toda esta oscura escena. Yo veo dos niveles articulados de este retorno de lo real. El primero es claramente político. Como lo mostró la película, el fetiche “democrático” no es más que servicio solícito a los bancos. Su verdadero nombre, su nombre técnico, yo llevo tiempo proponiéndolo, es: capital-parlamentarismo. Conviene, por lo tanto, como ya empezaron a hacerlo múltiples experiencias en los últimos veinte años, organizar una política de naturaleza diferente. Dicha política está y estará durante mucho tiempo muy alejada del poder estatal, pero no importa.

El segundo nivel es ideológico. Es necesario derribar el viejo veredicto de que hemos llegado al “fin de las ideologías”. Vemos muy claramente hoy que ese presunto fin no tiene otra realidad que la consigna “salvemos a los bancos”. No hay nada más importante que volver a encontrar la pasión por las ideas, y oponer al mundo tal como es una hipótesis general, la certeza anticipada de otro curso de las cosas totalmente distinto.

Alain Badiou. FILOSOFO (ESCUELA NORMAL SUPERIOR DE PARIS).

Copyright Le Monde y Clarín, 2008. Traducción de Cristina Sardoy.

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Asientos delanteros, de Sergio Ramírez en La Jornada

Posted in Política by reggio on 25 noviembre, 2008

La primera vez que oí hablar de Barack Obama fue en una seductora crónica de Bernard Henry Lévy publicada en la revista Atlantic en mayo de 2005, “Tras las huellas de Tocqueville. Al cumplirse dos siglos del nacimiento de Alexis de Tocqueville, Lévy había hecho el año anterior un viaje de reconocimiento a través de Estados Unidos, por los mismos territorios que su compatriota, y desviándose de su ruta prevista se fue a Boston para estar presente en la convención demócrata que eligió a John Kerry, en julio de 2004, candidato a enfrentarse a la relección de George Bush. Kerry no resultaría electo presidente, pero Obama ganaría el asiento de senador por Illinois. Toda una novedad. El único senador negro en el Capitolio.

Un negro extraño, a quien su rival en la carrera por el Senado, otro negro llamado Alan Keyes, acusaba de no ser suficientemente negro. Un negro que ni siquiera venía del sur profundo, tierra de esclavos, y tampoco tenía ancestros esclavos, hijo de un africano y de una blanca, alguien a quien en el Caribe llamaríamos un mulato. Ha cuadrado sus orígenes, y se ha despojado de toda identidad, dice Lévy. ¿Quién es este negro blanco?, se pregunta con dejo irónico. Un Clinton negro, se responde. Y uno no puede dejar de recordar que Toni Morrison, con apasionada compasión, dijo una vez que Clinton había sido tratado como un presidente negro, cuando un fiscal de vestiduras puritanas lo perseguía de manera implacable por causa de un aguado affair amoroso.

Obama cuatro años atrás, a los ojos de un filósofo francés que se ha puesto los zapatos de Tocqueville en busca de explorar Estados Unidos contemporáneo, y como buen francés, austero de modales y temeroso del ridículo, sufre de vergüenza ajena al ver a los convencionales demócratas reunidos en el Fleet Center ensombrerados con réplicas de cabezas de mulas, el símbolo de su partido, y rascacielos que recuerdan a las Torres Gemelas derribadas por un ataque terrorista. Pero a la medianoche, cuando Obama sube al podio para pronunciar su discurso, Lévy se olvida de los sombreros de carnaval para apuntar el ligero paso de danza con que camina por el escenario bajo la luz de los reflectores, la sabiduría de los gestos histriónicos, en los que calcula todo, “la más ligera de las entonaciones debidamente calibrada, y aparentando improvisar hasta los suspiros”.

Pero es un discurso donde ya está allí desde entonces el mensaje que habría de seducir a millones de ciudadanos de todo color y tamaño cuatro años después, y cuyo tono religioso desagrada a Lévy, que se confiesa un francés acostumbrado a las grandes disputas políticas, y encuentra las palabras de aquel “negro blanco” “desesperadamente acomodaticias” cuando dice que no hay un Estados Unidos negro, ni un Estados Unidos blanco, ni un Estados Unidos latinoamericano, ni asiático, que sólo hay los Estados Unidos de América.

Pero no eran palabras de un decorado retórico las que Lévy escuchó con desdén, sino un detonante, cuando pocos pensaban en Obama para presidente. Y su virtud ecuménica se halla otra vez en el formidable y ya célebre discurso sobre la raza que pronunció en Filadelfia el 18 de marzo de 2008, para salir al paso de las incendiarias declaraciones del pastor negro de su propia iglesia, el reverendo Jeremiah Wright, que amenazaban con hundir su campaña para ganar las primarias. Otra clase de racismo, el racismo negro, que asustaba a los potenciales votantes blancos.

Obama no eludió entonces el tema de la discriminación y de la desigualdad racial de que históricamente han sido víctimas los negros en Estados Unidos, pero desmintió que se tratara de una cadena perpetua, y dijo que en la dinámica de los nuevos tiempos, si el cambio debería venir para los negros, también debería venir para los demás grupos raciales en Estados Unidos; otra vez, y siempre, la respuesta ecuménica: “podemos tener diferentes historias, pero tenemos esperanzas comunes; podemos lucir diferentes y podemos venir de lugares diferentes, pero todos queremos avanzar en la misma dirección”. Hablaba no desde una ausencia de identidad, como lo juzgó Lévy, sino desde la identidad de todos.

La noche de julio de 2004 en que se encuentran en el vestíbulo del hotel de Boston, Obama le ha dicho a Lévy que nunca se debe ir más rápido que la música, que Estados Unidos es un país de carreras meteóricas, pero efímeras, y que a lo mejor su esplendente discurso en la convención sería olvidado, porque el mes entrante otro estaría bajo las reflectores. Pero Lévy advierte que no está hablando en serio, y que con su postura de marcar la distancia de cualquier grupo racial, algo importante puede ponerse en juego. ¿Será Obama el primer negro en entender, se pregunta, que en lugar de usar la culpa, como víctima, debe usar la seducción, la esperanza en lugar del reproche? ¿Sería aquel el comienzo del fin de las ideologías basadas en la identidad racial?

No la ausencia de identidad, en lo que Lévy se equivoca, sino la búsqueda de una síntesis trascendente, escuchando primero la voz de la historia. Por eso en su discurso de Filadelfia sobre la raza cita a William Faulkner, el gran novelista blanco del profundo sur de los esclavos negros. “El pasado no está muerto ni enterrado”, dice Faulkner. “De hecho, no es ni siquiera pasado.” Y el mismo Obama advierte entonces que tenemos que cargar con nuestro pasado sin convertirnos en víctimas de ese pasado. Y que los sueños de uno no tienen que realizarse a expensas de los sueños de los demás.

Es Rosa Parks, la costurera negra, la que habla ahora, sentada por fin en las filas delanteras del autobús que recorre las calles de Montgomery.

http://www.sergioramirez.com

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