Reggio’s Weblog

La Ley de Amnistía y la memoria histórica, de Álvaro Redondo Hermida en El Mundo

Posted in Derechos, Historia, Justicia, Libertades, Memoria by reggio on 21 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

En octubre de 1977, las Cortes Constituyentes elegidas democráticamente el 15 de junio del mismo año decidieron adoptar una norma trascendental en la historia jurídica de España, la Ley de Amnistía. Unos meses más tarde, la Constitución aprobada por esas mismas Cortes asumió como objetivos garantizar la convivencia democrática y consolidar un Estado de Derecho. La legitimidad parlamentaria en que se apoya la Ley de Amnistía es por tanto la misma que apuntala la validez de nuestra Carta Magna.«Amnistía» es palabra de origen griego que significa «perdón». Es uno de los modos históricos de extinguir la responsabilidad penal de una persona en nuestro Derecho, responsabilidad derivada de los delitos de intencionalidad política que hubiera podido cometer. La amnistía fue suprimida en el nuevo código penal de 1995.

Esta forma de extinción se adelanta no sólo al enjuiciamiento, sino incluso a la apertura del procedimiento penal, con lo que se diferencia del indulto, que es el perdón de la pena por un delito ya sancionado. También se diferencia la amnistía de otro modo de extinguirse la responsabilidad penal, la prescripción, por cuanto ésta se fundamenta en la realidad social, la cual demuestra que el transcurso de excesivo tiempo convierte en inadecuada la sanción de los delitos. La prescripción no es un perdón, sino la renuncia por razones pragmáticas al ejercicio de la represión, la resignación del poder público ante la inoperatividad de la respuesta penal por causa del tiempo transcurrido.

Hay momentos en la historia de los pueblos en los que se inaugura una nueva época, suceso que los sociólogos llaman «cambio de paradigma», una renovación de estructuras políticas, sociales, culturales. En la España de 1977 se produjo una situación que, a criterio de las Cortes Constituyentes, aconsejó la adopción de una norma integradora. Esa norma, la Ley de Amnistía, se dictó, según su texto, para extinguir la responsabilidad penal por los delitos de intencionalidad política, cualquiera que hubiera sido su resultado, cometidos en España hasta el 15 de diciembre de 1976. La Ley amnistió además las infracciones administrativas, laborales y sindicales de intencionalidad política, y las sanciones impuestas a los trabajadores por razones políticas. Además reintegró en sus derechos a los funcionarios sancionados, con reconocimiento de su antigüedad. La Ley de Amnistía no implica en modo alguno el olvido de las víctimas de los delitos cometidos, las cuales tienen el más absoluto derecho a la reparación íntegra del inmenso daño sufrido y cuyo dolor y testimonio jamás pueden ser olvidados.

Nuestro comentario doctrinal está, no obstante, limitado a indagar la posición del Tribunal Supremo sobre la validez y alcance penales de dicha norma, posición que debe tener siempre en cuenta el intérprete, al ser dicho órgano judicial el más alto en todos los órdenes, y también, por tanto, faro orientador máximo en el ámbito penal. En la Sentencia de veinte de Enero de mil novecientos ochenta y seis, el Tribunal Supremo sostiene:

«…El propósito que alentó tan importante disposición (la Ley de Amnistía) fue el de culminar el proceso de medidas de gracia y olvido… (Dichas medidas estaban)…encaminadas a promover la pacificación de los espíritus, la reconciliación y la concordia…»

Gracia y reconciliación. En la doctrina del Tribunal Supremo, los Constituyentes actuaron desde la prudencia, para obtener la reconciliación y concordia, para obtener la paz. La Ley de Amnistía fue pues, en la doctrina del más alto Tribunal de España, una medida parlamentaria destinada a extinguir la posible responsabilidad penal de cuantos hubieran cometido delitos con intencionalidad política, cualquiera que fuera el resultado, norma adoptada en aras de la reconciliación y la concordia de los españoles. Una ley de esas características no es extraña a un sistema jurídico como el español, basado en una ética humanista, como recuerda la Sentencia del Tribunal Supremo de veintiséis de Marzo de mil novecientos noventa y nueve.

No obstante la claridad del texto comentado, podemos preguntarnos si la Ley se adoptó también para extinguir la posible responsabilidad por delitos muy graves, con resultado de muerte. En este sentido, la doctrina de nuestra Corte tampoco es equívoca. En la Sentencia de treinta de Diciembre de mil novecientos ochenta, el Tribunal Supremo sostiene:

«…(La Ley de Amnistía) abarca, como dignos de gracia, toda clase de delitos políticos, puros o complejos, objetivos o subjetivos, de intención política inmediata, próxima o remota, inspirados en nobles ideales o en otros menos comprensibles para la generalidad, pacíficos o de violencia inaudita, e incluso los conexos a todos los mencionados…» Un perdón de tan vasto alcance, representativo de una renuncia tan inmensa, sólo puede entenderse en relación con un objetivo asimismo muy grande: el de sentar las bases de una convivencia en paz y para siempre. Con gran rigor expresa dicha idea el Decreto Foral de Navarra de dieciséis de Octubre de dos mil, cuando afirma:

«…El régimen de libertades que en Navarra y en el conjunto de España disfrutamos constituye un logro histórico, alcanzado por la decisión firme y conjunta de los ciudadanos, que ha hecho olvidar las diferencias y conflictos de tiempos pasados, propugnando la concordia y la convivencia a través de la democracia y del Estado de Derecho…»

Nuestro Tribunal Supremo coincide plenamente con la posición del Parlamento navarro, al afirmar en su reciente Sentencia de dieciocho de Mayo de dos mil seis (Sala Tercera):

«…El principio fundamental que ha presidido todo el proceso de nuestra transición a la democracia… no es otro que el de la reconciliación de los españoles, superando los viejos conflictos que en su día originaron el enfrentamiento civil…»

Según las leyes y según la jurisprudencia comentada, la eficacia del perdón concedido por la Ley de Amnistía es, por tanto, única e irrepetible en la transición a la democracia. Su Majestad el Rey, en el discurso de apertura de las Cortes Constituyentes, el 22 de julio de 1977, pronunció estas palabras:

«…Este solemne acto de hoy tiene una significación histórica muy concreta: el reconocimiento de la soberanía del pueblo español…Hemos construido los cimientos de una estructura sólida para la convivencia en libertad, justicia y paz…Hemos de procurar eliminar para siempre las causas históricas de nuestros enfrentamientos… No podemos fracasar en esta tarea de crear y mantener la democracia, como han fracasado otros intentos históricos, pues sabremos interpretar adecuadamente lo que más convenga al servicio del pueblo español…»

Teniendo en cuenta tales ideas, y siguiendo estrictamente el mandato del pueblo español, los parlamentarios aprobaron una Constitución que propugna como valores superiores la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. Una Carta Magna basada en la dignidad de la persona, a la que proclama fundamento del orden político y de la paz social. Una norma básica que destierra la pena de muerte, la cadena perpetua, los tratos inhumanos y degradantes, la tortura y la violencia de género. Una ley máxima que es heredera de los maestros del humanismo, doctrina que alcanzó en España las cotas más altas.

Con el aval de la legitimidad constitucional de las Cortes Constituyentes, España asumió más tarde el noble e ineludible compromiso de perseguir los delitos contra la humanidad, propósito contenido implícitamente en Tratados internacionales. La alta legitimación con que Su Majestad firmó dichos Tratados emana de nuestro Estado de Derecho, uno de cuyos fundamentos histórico-constitucionales descansa en el acto de prudencia parlamentaria de nuestras Cortes Constituyentes que se tradujo en la Ley de Amnistía.

Al aprobar dicha Ley, los Constituyentes quisieron entregarse recíprocamente fraternidad y generosa renuncia, para convertirse así en constructores de la paz.

Alvaro Redondo Hermida es Fiscal del Tribunal Supremo.

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Arte degenerado, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Cultura, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

El mar vengador aplastará a los idiotas o tal vez no porque con la incomprensión, o la alabanza del necio, castiga Dios el orgullo de los artistas. No sólo Hitler condenó el arte degenerado, grandes ingenios vituperaron a Van Gogh, a Chagall, a Kandinsky, a Picasso. Hoy ricos cretinos tienen esos lienzos junto a los cuernos de los argalis en sus salas. No se quién dijo que se emplean los espejos para verse la cara y el arte para verse el alma; algunos no han aprendido el aeiou de la elegancia, ni siquiera en el país de los pintores.

Si el Prado vale más que el Banco de España, más que la República y la Monarquía juntas, ¿por qué tanta irracionalidad ante la cúpula de Barceló? El pintor ha tenido que hacer en Ginebra la misma digestión que tiene que hacer una serpiente para digerir una vaca, como un Pollock encerrado, como un Miró secuestrado. Ha visto con ojos de niño el cielo de los peces. Es un artista, es decir, un chalaco, un niño de 50 años trashumante, verde y embobado que cuando empezó regalaba sus dibujos a la gente hasta que llegó el mecenas Bruno Bischofberger y multiplicó sus esbozos por 400. Pinta en un tejar entre peces y pájaros, borriquitos, vacas, gallinas; dice que pinta para unir caos contarios, pero no ha sido capaz de evitar que brillen los cuchillos del odio español. Su cúpula ha sido calificada de gotelé, de estuco fallero, de pegotes de mierda. Lo han paseado por llevarse dinero de los contribuyentes como si el arte hubiera sido posible sin el sablazo a los Papas, los tiranos, los banqueros y los gobiernos.

Me asomo a la ventana de la televisión y de los diarios, veo a la basca despechada y envenenada por la monja de Bono, las tumbas de Garzón, la cúpula de Barceló. Leguina, avergonzado, sugiere que los perseguidos de un lado como los del otro debieran ser ahora honrados por todos: lo toman por lila. «La discusión sobre la monja -dice aquel presidente de Madrid- es pobre, tanto si la interfecta es monja como si es sindicalista». Ese tipo de reflexión se aguanta a Obama, no a los habitantes de España.

En cuanto a la cúpula, unos la describen como el Guernica de Zapatero y otros como una catarata de diarrea. La división no alcanza sólo a los partidos, sino a tertulianos, a los escritores orgánicos que pareciera, siguiendo el método Hubbard, que no escriben lo que piensan sino algo mucho más rudo: escriben lo que piensan que otras personas piensan que ellos piensan. En vez de opiniones se emiten obsesiones. Pensaba Voltaire: «No hay secta en geometría». Cuando las cosas están claras es imposible que nazcan facciones. Si usted es de izquierdas, hay muchos que no lo son, y viceversa; luego uno de los dos bandos o los dos pueden estar equivocados.

© Mundinteractivos, S.A.

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La risa de los culpables, de Monika Zgustova en El País

Posted in Historia, Justicia, Memoria by reggio on 21 noviembre, 2008

Los ciudadanos que padecieron dictaduras no suelen sentirse responsables por su pasividad. Pero si cada alemán tuvo que analizar su posición frente a Hitler, los españoles deben revisar su lugar en el franquismo

Unos días después de la captura del criminal de guerra serbio Radovan Karadzic, en un periódico español apareció la descripción de las reacciones de los vecinos de Belgrado. La enviada especial Tamara Djermanovic, profesora serbia residente en Barcelona, informó en su crónica que pocos fueron los que se inmutaron ante el acontecimiento. Aparte de algunas reacciones del tipo “así somos los serbios, vendemos como carne de cañón a nuestra propia gente”, nadie pareció sentirse afectado por el hecho de que el acusado de matanzas como la de Srebrenica pudiera por fin ser juzgado. Mientras que en Occidente la noticia de su captura se comentó largamente, los serbios aparentemente no se inmutaron. A la pregunta directa de Tamara sobre el tema, una amiga suya, arquitecta, le contestó vagamente: “Ah, ¿Karadzic? Aún no hemos tenido tiempo de comentarlo en el trabajo”. En su crónica, Tamara transmitió el convencimiento que tienen la mayoría de los habitantes de Belgrado de no tener nada que ver con lo ocurrido en Bosnia en los años noventa.

Sin duda es esta apatía la que permite que el antiguo portavoz del Gobierno de Milosevic continúe ocupando un lugar destacado en su país: es ministro del Interior del actual Gobierno de Belgrado. Y permite, además, que un asesino de masas como Karadzic pudiera llevar, aunque disfrazado y con nombre cambiado, más de una década en la capital de su país sin ser reconocido por sus vecinos ni sus pacientes, sin ser descubierto por sus conciudadanos y llevado ante la justicia. Si al oficial nazi Eichmann lo descubrieron, también disfrazado y con nombre falso, una década después de haberse instalado en Buenos Aires, es porque los servicios de inteligencia israelíes realmente se empeñaron en capturarle, mientras que los servicios serbios tenían a Karadzic localizado -en las salas donde daba sus charlas bajo seudónimo solía haber más agentes que público- y sólo esperaron el momento idóneo para venderlo a la Unión Europea a cambio de la invitación a entrar en el club.

Tras la entrega de Karadzic a La Haya, los medios serbios siguen divulgando toda clase de anécdotas relacionadas con su disfraz. Las risas de cuantos viven en Belgrado ante esas anécdotas son del mismo orden que la apatía que describió Tamara: desvían la atención general para ocultar la responsabilidad colectiva.

Las risas y la indiferencia, con las que los serbios disfrazan su responsabilidad, no es una especialidad de aquella parte de los Balcanes, según explicaba Tamara, con un sentido autocrítico digno de remarcar. Es una autodefensa colectiva que suele producirse en cualquier parte tras un cataclismo o un periodo de tiempos oscuros. De modo parecido a los serbios, también los pueblos que experimentaron el comunismo siguen sin querer asumir su parte de responsabilidad por su pasividad durante los largos años de totalitarismo. La popularidad del ex presidente de la República Checa Václav Havel cayó en picado tras su discurso sobre la culpa colectiva del pueblo checo. En uno de sus últimos discursos como presidente, Havel sentenció que cualquiera que se habituó a las exigencias del totalitarismo y en vez de protestar y enfrentarse a ellas se dejó llevar por ese régimen era culpable ante la sociedad. Y hablando de responsabilidades, también Europa y los europeos tendríamos que asumir la nuestra en conflictos como el de los Balcanes. Reconocer la responsabilidad, tanto individual como colectiva, es al fin y al cabo un acto de libertad.

“Los alemanes viven de la mentira y de la estupidez. ¡Y cómo hiede esta última!”, exclamó, a su regreso a Alemania tras 13 años de ausencia, la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt, exiliada, después de la llegada de Hitler al poder, primero en París y luego en Nueva York. Arendt le contaba a su marido en una carta que los alemanes recurrían a cualquier truco, ya fuera la autocompasión o la actividad frenética, para evadirse de su culpa por la destrucción de media Europa y por la sistemática eliminación de los judíos. Así, poco después de la guerra, Arendt observó que muchos intelectuales alemanes en vez de buscar en los nazis, o sea en su propia nación, los motivos de la destrucción, recurrían a la abstracción o a la mitología: el mito sobre Adán y Eva y su expulsión del paraíso era especialmente popular para disfrazar su culpa. También Karl Jaspers, al interrogarse sobre la culpabilidad alemana tras la guerra, concluyó que nadie era inocente, ya que cada individuo es responsable de la forma en que su Estado es gobernado y un Estado criminal pesa moralmente sobre el pueblo.

Hoy somos muchos los ciudadanos europeos que, de una forma u otra, con mayor o menor intensidad, hemos vivido bajo regímenes totalitarios, entre ellos españoles, portugueses, griegos y todos los originarios de los países del antiguo Pacto de Varsovia.

En el caso de España, la posiblemente necesaria amnistía de 1977, que liberó a los opositores al régimen franquista, llevó también a que nadie fuera juzgado por sus actos durante la dictadura del general Franco. Por ello, quedan aún muchos hechos por sacar a la luz. Hasta un cierto punto es comprensible: las heridas de una guerra civil son hondas y cicatrizan muy lentamente. Es cierto que ninguno de los mencionados países que ha sufrido una dictadura había pasado, como los españoles, por la dantesca experiencia de una guerra civil. Pero un día hay que conocer el propio pasado, reflexionar sobre él y, tras debatirlo, aproximarse a los hechos acaecidos en uno y otro bando. Al igual que los alemanes, que pasaron décadas llevando a cabo un examen de conciencia, también cada español debería reflexionar sobre su actuación durante el régimen franquista. Sólo así se puede llegar a una sociedad madura.

Sí, todos debemos reflexionar sobre las razones por las que malvivimos tantos años bajo dictaduras. Porque una sociedad que permite que un poder dictatorial o totalitario la someta durante décadas es una sociedad enferma, como lo es también una sociedad como la serbia, que permitió que su Gobierno cometiera crímenes en un país hasta hacía poco hermano. Y los bacilos de esa enfermedad pueden anidar aún en el cuerpo social y en cada uno de nosotros. Por ello es necesario conocer lo que pasó y reflexionar sobre ello. Ninguna enfermedad se cura con el olvido.

Para ocultar su culpa y su vergüenza, los pueblos suelen ponerse distintas máscaras. La oferta es rica y variada. Una de las más eficaces es la máscara de la anécdota y la risa, a la que recurrieron los serbios. Otra es la careta de la confusión: enredando los hechos, las colectividades crean confusión e inventan distintos frentes de batalla, antes inexistentes, para ocultar así lo cometido. Aún otra es la de tergiversar los hechos incuestionables de una dictadura o una guerra y (como según Arendt hicieron los alemanes) transformar esos hechos tangibles en meras opiniones, algo muy parecido a lo que algunos intentar hacer en España. Otra (la de los checos) es la de lanzar venenosos ataques contra cualquiera (Havel) que se atreve a señalar esos hechos. Sumirse en la autocompasión y el victimismo es una máscara muy útil, además de cómoda, al igual que la de buscar la completa evasión en la vida privada, en ese descanso en las relaciones interpersonales, en el encierro en lo individual y en la indiferencia hacia los hechos del mundo.

Sin embargo, el olvido no limpia la conciencia ni allana el devenir colectivo: llevar una máscara durante largo tiempo llaga la piel. Algo parecido le ocurre a una sociedad si oculta la propia culpa en un intento de liberarse de ella olvidándola. Las sociedades y sus ciudadanos debemos asumir colectiva e individualmente la responsabilidad de lo que hagan o hicieron nuestros Gobiernos. Es éste uno de los actos mayores de la dignidad humana.

Monika Zgustova es escritora.

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¿Hace falta Bolonia?, de Francesc Esteve en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Derechos, Educación by reggio on 21 noviembre, 2008

Confusión es una de las palabras que mejor define el panorama universitario. Mientras la universidad española prepara la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), centenares de estudiantes protestan por las calles y se encierran en las facultades en contra del llamado Plan Bolonia, e incluso algunos docentes y gestores universitarios salen en los medios de comunicación cuestionando el proceso y creando, sin duda, cierto alarmismo social. Pero, ¿es tan negativo este cambio?, ¿funcionan tan bien las universidades españolas que vale la pena no tocarlas?

Estos días podíamos leer en prensa que el sistema universitario español se sitúa en el último lugar respecto a otros 14 países europeos, EE UU y Australia. Si analizamos los rankings mundiales resulta difícil encontrar alguna universidad española entre las doscientas primeras. Datos que pueden pasar desapercibidos por poco novedosos, pero que ponen de manifiesto, por enésima vez, la necesidad de un cambio urgente en nuestras universidades.

Bolonia no sólo no supone un obstáculo sino que brinda una gran oportunidad. Por un lado, el EEES garantiza la comparabilidad de nuestros estudios y profesiones a nivel europeo. Somos muchos los estudiantes que estamos hartos de las trabas burocráticas a las que nos enfrentamos al cambiar de universidad (e incluso dentro del mismo país), y que con este cambio vemos eliminadas estas barreras y ampliado nuestro horizonte laboral con la homologación de títulos a nivel europeo. El Espacio Europeo propone un cambio en las metodologías docentes. Acaso, ¿no es necesaria esta renovación pedagógica cuando la mayoría de profesores hacen uso exclusivo de la lección magistral? Necesitamos modelos educativos más participativos, donde nuestros docentes no se dediquen simplemente a ser transmisores de información y de apuntes, sino facilitadores del proceso de aprendizaje, con un incremento de actividades prácticas como las que nos encontraremos en nuestras futuras profesiones.

Bolonia supone también la revisión de los actuales estudios y la verificación de la calidad de todas las carreras universitarias. Es un firme compromiso de transparencia y rendición de cuentas, en el que todos los agentes implicados pueden y deben participar. ¿No es necesaria una actualización de los planes de estudio que en algunas universidades llevan décadas sin tocar? Muchos de los sectores contrarios a Bolonia rechazan por completo la nueva estructura de grado y máster, cuando estos últimos llevan años impartiéndose en nuestro país sin ningún control, a precios desorbitados y accesibles sólo a unos pocos. Con la implantación del EEES los títulos oficiales van a tener que cumplir un riguroso control que garantice la calidad y la oferta a precios públicos.

¿A qué se deben las protestas? Todo cambio genera incertidumbre, mas resulta evidente la existencia de muchos intereses ocultos que se aprovechan de la confusión para movilizar al personal desinformado. Por un lado, presiones de sectores inmovilistas, más tradicionales y reacios a cualquier cambio. Por otro, intereses políticos y miedo de algunos que ven peligrar el “chiringuito” que tenían montado o su cuota de poder tras el nuevo “reparto”. Bolonia puede que no sea la solución a todos nuestros males, pero no privatiza nuestra universidad, ¿o es que la banca está diseñando nuestros planes de estudio? ¿dónde está dicho que las becas-préstamo vayan a sustituir a las becas actuales? Bolonia la construimos los universitarios y es una oportunidad histórica que las universidades españolas no debieran desaprovechar.

Francesc Esteve es doctorando de la Universitat Jaume I, y ex presidente del Consell d’Estudiants e investigador de la Cátedra UNESCO de Gestión y Política Universitaria.

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En busca de certidumbres, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

No hay que plegarse a la siguiente evidencia: a tiempo revuelto, ganancia de populistas. En vez de escuchar a quienes acumulan mayor prestigio por su sensatez y sosiego, los oídos tienden a inclinarse, por efecto del nerviosismo y la incertidumbre, hacia los demagogos. La situación es tan compleja que acecha la tentación de acudir a remedios simplistas. Cuando los pronósticos de recesión se cumplen con creces, de manera que propician previsiones aún peores, cuando nadie sabe a ciencia cierta cómo devolver confianza y liquidez, entonces hay que renunciar incluso a la brillantez. El talento en la argumentación es un peligro en sí mismo. Más que cualquier otro en el pasado, debería ser este un periodo de prueba, error y rectificación. Debería asimismo ser tiempo de humildad, no de recetas mágicas. De serenidad y en lo posible de estoicismo, no de exaltación.

Deberíamos estar dispuestos a comprender, y hasta alentar cambios de parecer y de orientación en los líderes mundiales. La experiencia de anteriores crisis no es suficiente para establecer una hoja de ruta.

Ante las alarmas de hundimiento del sistema financiero, los responsables políticos acudieron al rescate, apuntalándolo con lo único que tenían a mano, el dinero público y la garantía de los estados. Se evitó lo peor, a un precio real que todavía desconocemos. Tal vez al final acabe saliendo menos caro de lo previsto, pues el efecto tranquilizador, que se consiguió de inmediato, está instalado en todas las mentes. Es ahora cuando se subastan los primeros miles de millones a los bancos, en secreto y con la incógnita de cuándo llegarán a la economía real. Las facturas de verdad se acabarán conociendo cuando los cinco o seis trimestres de recesión previstos vayan quedando atrás y despunte un nuevo ciclo de crecimiento.

Todo lo que puede bajar de precio, ha bajado o bajará. Las acciones han descendido más del cuarenta por ciento. Las voces más autorizadas, las que deberíamos escuchar, pronostican que aún no han tocado fondo. Dicen que lo harán, de modo aproximado, cuando las bolsas mundiales hayan perdido la mitad de su valor. No mucho más. Con la vivienda ocurre algo distinto. Como no hay mercado, es imposible saber cuánto ha descendido. Sería positivo para el conjunto de la economía española que el batacazo inmobiliario no pasara del veinte o veinticinco por ciento de pérdida de valor real. Tengamos en cuenta que una nada despreciable fuente de ingresos en la muy deficitaria balanza española de pagos, consiste en la compra de segundas residencias por extranjeros.

No se me ocurren más cosas que puedan bajar. Los intereses, sin duda. El petróleo ya lo ha hecho. Los salarios de los directivos se van a moderar. Pero los bienes de consumo no pueden rebajarse, porque la competencia ya los mantenía, por lo general, con ajustado margen de beneficio. Si no se venden televisores o coches, pues habrá que cerrar fábricas… o pagar para que sigan fabricando modelos obsoletos, o para que reorienten su actividad hacia vehículos del futuro, adelantándolo en una maniobra de alto riesgo, sin suficiente tecnología disponible.

¿Cómo conseguir que el crédito vuelva a las empresas y las familias? No se sabe. ¿Es positivo o contraproducente evitar el hundimiento de los gigantes del automóvil? No se sabe. ¿Hasta dónde debe incentivarse la reactivación con medidas fiscales? No se sabe. Las primeras medidas, a favor de los grandes, se reorientan ahora en dirección a poner el dinero en manos de lo más necesitados, porque estos seguro que lo ponen en circulación en vez de guardárselo.

En un país de pequeñas dimensiones, enorme déficit fiscal y escasa capacidad de decisión e influencia como es Catalunya, la apuesta para salir fortalecidos consiste en facilitar la investigación y la innovación. Se ha firmado un pacto nacional en este sentido, pero es grande el riesgo de que quede en papel, si no mojado, sí por lo menos húmedo. Las capacidades, las energías, el capital humano, están ahí, pero aún no hemos comprendido que la apuesta por ellos, la más importante, es casi lo único que está en nuestras propias manos. No seré yo quien abogue por dejar de reclamar o poner en primer plano el trato injusto que sufre Catalunya. Pero al lado, al mismo nivel, deberíamos estar hablando, planificando, mirando, comparando, implementando una medida tras otra en esta gran prioridad. No es ninguna boutade afirmar que innovación es nación. Y que entre los sectores donde más innovadores somos están la cultura y la producción artística. Si algunos países escandinavos y Gran Bretaña ya cuentan con ella como factor imprescindible de innovación, incluso como locomotora tecnológica, estamos desperdiciando nosotros esta oportunidad con las retrógradas restricciones de Castells.

Sería de locos no persistir en turismo, construcción (en cuanto sea posible), servicios, infraestructuras y logística, pero el plus que nos puede fortalecer está en otra parte, la más alejada de la demagogia y el populismo, llamada investigación, innovación, creatividad, siempre ligada a las nuevas tecnologías.

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Llegan los alquimistas, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

En el popular barrio de Sant Andreu, el local que antes ocupaba una agencia inmobiliaria es hoy un negocio de compra y venta de oro. Esta es una señal perfecta de la época que estamos atravesando: baja el ladrillo y sube el aprecio por el metal más precioso, refugio entre los refugios cuando los mercados financieros son un paciente en manos de matarifes y exorcistas. Me dice un amigo rico que se mueve entre los más desahogados que las joyerías de nivel están facturando como nunca, que si una chuchería para la esposa, que si una fruslería para la amante, incluso al perro, al gato o la iguana se le compra un collarcito o una diadema para redondear.

Los sabios aseguran que es normal que las crisis generen efectos colaterales positivos entre aquellos que no acostumbran a tener necesidad de estar pendientes de su cuenta corriente. Dado que en Catalunya existe una prudente discreción en estos asuntos, los que pueden darse estas alegrías tienen el detalle de no exhibirse demasiado. A veces, incluso hay gestos de acercamiento sincero hacia las costumbres del pueblo llano. Y así me he enterado, gracias a un intento de robo abortado por el guardaespaldas de Carmen Cervera, que la baronesa Thyssen compra en los outlets,como tantas almas plebeyas que dedican los fines de semana a rebuscar entre ropas de marca de temporadas pasadas.

Vuelve el afán por poseer y almacenar oro, que es algo tangible y que nunca caduca ni molesta. Entre los piratas del Índico y el redescubrimiento de los metales preciosos, estoy por buscarme un traje del siglo XVII, a ver si conecto con las nuevas tendencias. Y es que pronto, sin duda, volverá también a ponerse de moda la alquimia, disciplina antigua que, a caballo de esoterismos diversos y hermetismos variopintos, trataba – entre otras cosas-de convertir el plomo u otros materiales en ansiado oro. Auguro que, tras los habituales cursos de danza del vientre, yoga para ejecutivos, cocina afrodisíaca y técnicas de risoterapia urgente, lo que va a llevarse el año próximo será la alquimia de choque. Los prejubilados, a los que querían eliminar del paro, serán los más predispuestos a tales experimentos pues tienen la paciencia y la experiencia suficiente para pasarse días enteros aguardando la piedra filosofal. A lo mejor, el ministro Corbacho tiene alguna idea al respecto.

Cae el consumo a lo bestia pero allí donde antes te vendían un piso (ideal parejas) ahora te compran el oro olvidado de la tía abuela, ese que guardabas junto a unos duros de plata de Alfonso XII, las cartas de un pariente que se fue a Cuba y una colección de fotos con gente cuyo nombre nadie sabe. Hace un año, Zapatero repartía 400 euros como estampitas y los bancos y las inmobiliarias nos trataban a todos como a millonarios. Hoy, confiamos en la magia, los coches eléctricos y el bolsillo de los chinos.

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¿De verdad vale algo nuestro dinero? (y IV). Creación del dinero y alquimia financiera, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 21 noviembre, 2008

Cuarta y última entrega de la serie de artículos que, a la luz de cómo ha evolucionado el Sistema Monetario Internacional a lo largo del último siglo y medio, pretenden responder a una pregunta fundamental que se hacen muchos de ustedes: ¿Vale algo mi dinero? Hoy, creación de dinero y alquimia financiera.

Nos habíamos quedado en el alumbramiento, el 15 de Agosto de 1971, de un sistema fiduciario puro basado en el exorbitante privilegio del dollar standard. Efeméride trascendental, pues la divisa norteamericana canceló su valor intrínseco (0’888671 gramos de oro) y pasó de ser un depósito de valor al portador a un concepto de valor abstracto e indefinido. Papel moneda convertible en credulidad y respaldado únicamente por la fiducia o confianza depositada en él, en su preeminencia como divisa de reserva, medio de pago internacional y unidad de cuenta. Poderío de parné. In Dollar We Trust.

El dólar permanecía como eje de un sistema viciado en su concepción y en el consentimiento tácito hurtado por sorpresa al orbe económico. Las sucesivas devaluaciones y turbulencias financieras desembocaron en la primera crisis del petróleo, toda vez que la OPEP había ya arrebatado el control del cártel a Le Sette Sorelle y, por consiguiente, podía redefinir los términos de intercambio de sus limitados/estratégicos recursos fósiles por papelillos ilimitados: si el medio de pago vale menos, suben los precios nominales. Si vuelven los Greenbacks, nuevo Boom de materias primas denominadas en dólares.

La desmonetización del oro (Jamaica Agreements, 1976) obligó al FMI a deshacerse de la tercera parte de sus reservas auríferas. Las divisas quedaban ligadas entre sí mediante tipos de cambio flexibles y fijos en todas sus modalidades, desde libre flotación cambiaria a dolarización, pasando por parrillas de paridades o tipos fijos con paridad móvil. Un sistema de monedas fiduciarias basado en el crédito otorgado al representante más tangible de la hegemonía norteamericana, a su divisa. Las manipulaciones cambiarias y devaluaciones competitivas orquestadas para corregir desequilibrios dieron buena cuenta de la fragilidad del sistema. Bluf.

De esta guisa, EE.UU, año tras año, importa bienes y servicios del resto del mundo pagando en dólares. Los dólares recibidos por los exportadores son vendidos a sus respectivos bancos centrales a cambio de moneda local creada al efecto y reinvertidos/reciclados en activos (reales o financieros) denominados en la divisa norteamericana. El exceso de consumo estadounidense, su insuficiencia de ahorro y producción, se compensa mediante un creciente endeudamiento con el exterior documentado mediante masivas emisiones de deuda, absorbidas en el proceso de reciclado de dólares.

Idéntico mecanismo al de Bretton Woods, salvo que ahora las reservas de dólares acumuladas no son convertibles en oro, sino en la confianza de que EE.UU es y seguirá siendo solvente. En que mantendrá la capacidad de repago de sus deudas, respaldadas únicamente por la futura suficiencia fiscal del emisor que, en el caso de la deuda pública, descansa en la potestad tributaria, en la capacidad venidera de recaudar impuestos. Notate Bene.

La sumisión exportadora, vender a toda costa, lleva a fiar sin límites y a manipular la relación real de intercambio con devaluaciones competitivas/anclajes cambiarios, en aras de obtener dólares que sirvan, a su vez, para la expansión doméstica del dinero & crédito. Las deudas de uno son los activos del resto. Y los activos, en efectivo, sólo representan la deuda que respaldó su emisión.

La creación del dinero y la alquimia financiera.

La creación de dólares comienza, de facto, con una mera monetización de deuda: el Tesoro norteamericano emite títulos de deuda pública (bonos) que vende a la Reserva Federal (Fed) a cambio de dinero. Esta transacción es usualmente electrónica, simples anotaciones contables. Contra el saldo acreedor de su cuenta en la Fed, el Tesoro libra cheques, realiza transferencias, acredita cuentas gubernamentales para gastos e inversiones. También para rescates públicos. Dinero instantáneo. Magia, alquimia financiera.

El dinero, de natural inquieto, cambia de titulares y muta hasta llegar, en forma de depósito, a los bancos. Éstos, a su vez, sólo necesitan mantener una pequeña parte de sus depósitos, entre nada y el 10%, como reservas en sus respectivas cuentas en la Fed, como garantía de sus obligaciones frente a sus depositantes. A cambio, pueden prestar e invertir hasta 9 veces las reservas, 10 veces los depósitos iniciales. Es decir, crean dinero bancario expandiendo el crédito en base a depósitos que no tienen, cobrando intereses por un dinero que no existe y que se multiplica, como panes y peces, gracias al sistema fraccional de reservas.

La lógica invita a preguntarse de dónde sale el dinero de la Fed. No sólo las notes, los billetes en circulación impresos, en buena parte para reponer existencias, por mandato de la Reserva Federal, quien paga su coste de producción. Me refiero al dinero electrónico, el que se acredita en la cuenta del Tesoro a cambio de sus bonos y que previamente debiera existir. O no. Un simple apunte contable sin contrapartida. Pura entelequia. Ficción monetaria virtual, la imprenta de Bernanke:

Como el oro, los dólares tienen valor sólo en el supuesto de su oferta estrictamente limitada. Pero el Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Incrementando la cantidad de dólares en circulación, o incluso amenazando creíblemente con hacerlo, el Gobierno norteamericano puede reducir el valor del dólar en términos de bienes y servicios, lo que equivale a elevar los precios en dólares de bienes y servicios. Concluimos que, bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva.”

Pardiez. Un absurdo círculo vicioso fiduciario de vales de deuda para cancelar deudas. Más dinero/deuda, más inflación, menor poder adquisitivo del dinero y, albricias, menor valor real de la deuda acumulada. El dólar, desde 1971, ha perdido más del 82% de su poder adquisitivo, según esta calculadora de la Fed. En términos de oro, se han esfumado el 95% de los 0’888671 gramos que compraba

Pero, ¿vale algo mi dinero?

Sin un límite natural a los excesos monetarios y crediticios, al gasto infinito, la barra libre fiduciaria del Estado del Bienestar Ilusorio crea un nivel de vida ficticio basado en el descuento de prosperidad futura. Una enorme pirámide invertida de deudas sin respaldo real. La brutal pérdida de poder adquisitivo, la confiscación de riqueza, abocan a la destrucción del único valor del que goza, actualmente, el dinero: la confianza, la firme convicción de que el papel moneda es, y seguirá siendo, un depósito de valor, riqueza al portador. Paradójico, me temo.

Un esquema piramidal en toda regla, basado en una progresión que permita ensanchar la pirámide para atender los sucesivos repagos de deuda e intereses. Show must go on. La Cumbre de Washington ha vuelto a refrendarlo. Arabescos laterales y balones fuera, pero de cambiar el sistema, naranjas chinescas.

Con un PIB nominal mundial estimado en 55 billones de dólares, en torno a 65 billones en términos de paridad del poder adquisitivo, la pirámide invertida de liquidez global resultaba monstruosa en 2006. Si actualizamos el gráfico anterior con datos a Junio de 2008, sólo el nocional de derivados OTC supera ya 10 veces el valor de la producción anual mundial. En dos años, el saldo bruto de la deuda externa ha crecido un 55% en España, casi el 50% en Francia, 42% en Alemania, un 31% en Reino Unido, el 27% en EE.UU y un meritorio 95% en la Federación Rusa. Observen la progresión de la deuda norteamericana entre 1950 y 1999, en los últimos ocho años y hace apenas una semana. Comprueben cómo trabajan a destajo las imprentas monetarias. Por último, concluyan si el endeudamiento norteamericano es sostenible a largo plazo. La propia Oficina General de Contabilidad estadounidense dice que no. Que alguien pare este enorme disparate.

Un híbrido entre cuento de la lechera y timo de la estampita cuyo desenlace se intuye sin demasiado esfuerzo. Entre tanto, si el tiempo no lo impide y la autoridad competente lo permite, en próximas reflexiones abordaremos el cómo y los porqués de su insostenible vigencia, instrumentada mediante la gestión de la confianza/credulidad, manipulaciones varias y un Estado del Bienestar Ilusorio basado en el feudocapitalismo especulativo del señoreaje, el impuesto inflación y la confiscación de riqueza mediante burbujas y sumideros financieros. Les espero…

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Divergencias insostenibles, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 21 noviembre, 2008

La cumbre de Washington ha arrojado una nueva foto de los líderes mundiales, según el autor. Ya no se trata sólo de anglosajones ricos, también se sientan a la mesa donde se toman las grandes decisiones los países emergentes. Y la UE debe ganar peso en el nuevo reparto

Veníamos de una Unión Europea acomplejada porque su modelo de protección social era considerado un arcaico frente al de los Estados Unidos capaz de crear mucho más empleo, de crecer a mayor ritmo, de presentar una competitividad muy superior, de ocupar los primeros puestos del ranking en investigación y desarrollo y en definitiva de llevarnos la delantera. Margarita Thatcher hizo tándem con Ronald Reagan para sumarse a la vanguardia de Washington y todo lo demás -sistemas de pensiones, sanidad y ecuación pública, seguro de paro- residuos indeseables a eliminar en aras de la salud económica que debía alcanzarse. Estábamos en cuanto menos Estado mejor y los impuestos eran vistos como un sistema de extorsión que penalizaba a los actores más eficientes para favorecer la ineficiencia y la odiosa burocracia.

Nadie reflexionaba sobre el hecho de que habíamos llegado a nuestro sistema por nuestros propios medios, a través de una evolución histórica. Sucedía que, después de haber apelado al pueblo para que olvidara sus intereses de clase y sobrepusiera su nacionalidad de origen para convertirse en combatientes fervorosos de su país en la guerra mundial, los estados quedaron obligados a ofrecer compensaciones. Por eso en el Reino Unido el líder laborista Clement Attlee ganó las elecciones a Winston Churchill el 5 de julio de 1945. Así que como tantas veces se comprueba que lejos de ser un invento arbitrario surgido por generación espontánea, el sistema de protección social europeo era un resultado. La realidad como resultado, según gustaba decir el inolvidado alcalde de la movida madrileña y profesor de la Universidad de Salamanca Enrique Tierno Galván.

Almuerzo con Carlos Humanes, mi analista económico de cabecera y editor del Boletín de la Tarde. Explica que hay divergencias insostenibles. La primera que el crecimiento en la zona OCDE viniera siendo de promedio un 3% del PIB mientras las finanzas lo hicieran a más de un 11% acumulativo. Segundo que las rentas del trabajo siguieran un ritmo decreciente mientras al mismo tiempo el sistema reclamara para su funcionamiento un aumento del consumo. Añade que ahora se intente salir al paso de la crisis con la misma medicina de Alan Greenspan -rebaja de los tipos de interés e inyecciones monetarias- que nos ha precipitado en el abismo. Coincide en que las tendencias proteccionistas añadirían gravedad a la situación y en que la aguda propensión de los Estados Unidos a levantar esas ficticias defensas trae causa de la extrema debilidad de sus sistemas de protección social inferiores a los que amparan a los brasileños.

De la cumbre de Washington se queda con la imagen de Lula y de los chinos que antes eran invitados al café de la sobremesa donde habían discutido Washington y Londres y ahora exigen sentarse a la mesa para dar cuenta íntegra del menú desde el primer plato hasta el postre, los licores y el puro en la zona de fumadores. Del G-8 ya no queda nada. El G-7 todavía tiene el interés residual de que se concierten las tres monedas -el dólar, el euro y el yen- pero el futuro queda en manos del G-20 o 22 o lo que sea. Buena prueba es que de preparar la nueva reunión para dentro de cien días hayan sido encargados junto con el Reino Unido, Corea del Sur y Brasil. Estos son con toda evidencia otros López muy distintos de los de Bretton Woods.

Aquella élite blanca, anglosajona y protestante, los wasp, es ya consciente de que vive de prestado y ha de aceptar que otros se sienten y hagan juego. Nada puede hacerse en adelante sin ellos. En 2025 sólo 1 de cada siete habitantes del mundo pertenecerá a eso que hemos venido llamando Occidente, un extraño conglomerado que incluye al Japón y sólo un 40% del PIB mundial tendrá esa procedencia. La Unión Europea debe abandonar sus complejos, tomar nota de que su modelo de protección social va a ser en adelante hegemónico y concertar una acción común necesitada de las estructuras políticas del Tratado de Lisboa. En el próximo Consejo Europeo del 11 de diciembre en Bruselas deberá sacar la cara. Veremos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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El fondo de Sarkozy, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 21 noviembre, 2008

Entre las muchas fórmulas que, unas con más imaginación que otras, han ido viento la luz en estos últimos meses para tratar de resolver el problema que nos embarga, el que este jueves ha presentado Nicolás Sarkozy ofrece algunos rasgos novedosos. El presidente francés ha realizado la presentación de su fondo público, una especie de fondo soberano, dotado con 20.000 millones de euros, casi a la misma hora en la que los representantes del legislativo estadounidense debatían a brazo partido con los tres principales dirigentes de la industria del automóvil la puesta en marcha de un plan de salvación para la industria del motor.

Parece que a última hora ha habido un cierto acuerdo y el optimismo ha inundado la Bolsa neoyorquina, en la que horas antes la cotización de las acciones de General Motors y de Ford se movían en mínimos históricos. Estados Unidos parece que ha tenido que doblegarse a la petición de salvamento de su sector industrial más representativo, la industria del motor, cuya supervivencia parece francamente amenazada. Con esta nueva deserción, así podría llamarse a la cuasi nacionalización del motor americano, Estados Unidos rompe una regla más en el decálogo de grandes principios del liberalismo económico que con tanto afán ha defendido a lo largo de los últimos 230 años.

Sarkozy lanzó la idea de poner en marcha un fondo soberano hace unas semanas pero encontró escaso eco en sus colegas comunitarios. Su idea inicial era crear algún instrumento financiero a escasa comunitaria. De momento se ha lanzado en solitario a la piscina. El “fondo soberano” de Sarkozy tiene lógicamente una vocación diametralmente opuesta a los fondos soberanos que tienen los países emergentes, que son los que cuentan con altas rentas petroleras y por lo tanto desean colocar esta liquidez en inversiones provechosas para no tener el dinero paralizado. China es uno de los grandes poseedores de reservas líquidas, que está utilizando desde hace ya años en financiar el déficit exterior de Estados Unidos, de forma que se ha dedicado a comprar deuda pública del Tesoro americano. China es una auténtica potencia financiera en Estados Unidos, algo que en este país suele valorarse poco pero que tiene una enorme importancia estratégica para las relaciones entre ambas naciones.

La idea del presidente francés es diametralmente opuesta. No es que le sobre el dinero, es que precisamente le falta. Y le falta porque el tejido industrial francés está a la quinta pregunta. Los bancos galos no financian a las empresas y estas se encuentran al límite. Se queja amargamente Sarkozy de que a los bancos se les ha prestado, desde el Estado, un dineral, pero los créditos a las familias y a los negocios no fluyen, de modo que la economía camina hacia la paralización. El fondo de 20.000 millones de euros quizás no calma las necesidades pero puede ser un mecanismo de arranque tras el cual se dinamice de nuevo el sistema financiero y el empresarial. Con esta iniciativa, los amantes de las etiquetas y las doctrinas tienen un nuevo campo de análisis, ya que la nueva sociedad de inversiones -inédita en Francia, a pesar de su amplia experiencia nacionalizadora- bordea lo que es un intervensionismo claro y directo del Estado en las actividades empresariales.

Los patrocinadores de la idea han querido dejar claro que este nuevo fondo nace con dos ideas principales: evitar la deslocalización industrial y frenar la entrada de capital foráneo que aproveche las gangas que se le ofrecen ahora mismo a todo inversor que tenga una chequera bien surtida. Francia quiere defender a toda costa su tradición y su poderío industrial y rechaza convertirse únicamente en un país hermoso para los turistas que buscan souvenirs. La idea, como se ve, tiene mucho de defensiva pero, ¿qué sería de los países desarrollados, caso de Francia y Estados Unidos, además de España, sin un buen sector industrial, eso sí, competitivo y tecnológicamente de vanguardia? Es legítimo pensar que quien ha encontrado tanto dinero para salvar bancos no dude ni un segundo en hacer lo mismo con las grandes y las medianas e incluso pequeñas empresas industriales, que son el motor de toda economía. Francia ensaya, por lo tanto, un instrumento interesante para no quedar en el desamparo industrial. Cabe preguntarse si a nosotros no se nos ocurrirá algo ingenioso para hacer otro tanto con las innumerables empresas que están a punto de hacer sus maletas y, por supuesto, con la mismísima Repsol.

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Cúpula sin arte, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Cultura, Economía by reggio on 21 noviembre, 2008

Lo peor no ha sido el precio pagado, ni que parte de este precio se haya detraído de fondos públicos para atender necesidades vitales de pueblos pobres. Tampoco lo ha sido el sarcasmo de que ese dinero se haya pegado abigarradamente al techo de una sala dedicada a los Derechos Humanos. Todo eso se olvidaría con el paso del tiempo si lo realizado fuera una obra de arte, y no una obra de artesonado plástico sin el menor asomo de genialidad en el amasijo expresado, ni en la técnica de dominio industrial del innoble material utilizado. Los elogios del Rey y del Presidente del Gobierno al cotizado escayolista -debidos a la necesidad de justificar la motivación del comitente de un trabajo ajeno a la razón estética-, se unen a la absurda creencia oficial de que el arte no tiene precio, en una época donde el arte se valora y cotiza por el rango del artefactor en el mercado.

El buen arte siempre contiene alguna representación del mundo. Si éste se hace pedazos -con actos inhumanos para combatir el terrorismo, genocidios o millones de parados traídos por el imperio global de las finanzas-, ese sería el momento donde los artistas, que en defecto de genio al menos se indignaran, encontrarían inspiración sublime para reconstruir lo roto en la realidad social con materiales extraídos de su alma insatisfecha del mundo. Pero los artistas de hoy, “cuanto menos talento tienen más contentos están de sí mismos” (Erasmo), y cuanto más pagados son por el mercado más satisfechos están de la sociedad que los encumbra. Son artistas de Estado.

A un mundo cruel sin sentido de la humanidad corresponde ciertamente una estética de lo horroroso y de lo absurdo, que sólo podría ser expresada con la belleza de la fealdad que el artista condena. Pero el arte actual, sin representar más absurdidad que la de sí mismo, no puede expresar la bella sinceridad de las emociones naturales. Sin intuiciones de la vida, los artistas plásticos se hacen artefactores de lo grande sin grandiosidad. La nueva razón de su arte, como la vieja razón de Estado, se justifica por el secreto de una estética que sólo ellos comprenden. El secreto de la belleza lo encuentran en la belleza del secreto, y el poder de su arte, en el de los Secretarios de Estado que lo subvencionan. El conceptualismo artesanal repite la fealdad del mundo, sin intuir el que podría sustituirlo, ni las formas estéticas que podrían minarlo. Las emociones extravagantes que despierta sacuden el conformismo de las mentes, pero dejan intacto el de los corazones. Ese ha sido el pecado capital del modernitarismo artístico.

florilegio

“El arte se hace artesanía de Mercado como la política secretaría de Estado.”

Registro de despropósitos de los “expertos” para merecido descrédito de la teoría económica ortodoxa, de Sasan Fayazmanesh en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

SinPermiso

“¿Por qué se equivocaron tanto los expertos? En general, se equivocaron porque la teoría económica es una disciplina científicamente subdesarrollada, desvergonzadamente dominada por la pura ideología. La escuela imperante de pensamiento económico durante la Gran Depresión era, y sigue siéndolo a día de hoy, la escuela “neoclásica” o marginalista. Pero en el mundo “neoclásico” no existen cosas parecidas a las crisis. No habita en el mundo real en que vivimos, sino en un mundo sin clases sociales, compuesto de “consumidores” y “productores”; un mundo armonioso, modelado por lo general con instrumentos procedentes de la física matemática. En ese mundo no hay historia; no hay pasado, no hay presente, no hay futuro. En ese mundo nunca sucede nada importante, y desde luego ningún acontecimiento catastrófico. Ese mundo marginalista irreal, insípido y a-histórico debería haber sido abandonado hace mucho tiempo, particularmente después de la Gran Depresión. Sin embargo, su apariencia de elegancia matemática, ligada a su integrista y descarada defensa del capitalismo, o del “libre mercado”, según prefieren sus partidarios, lo ha mantenido con vida.”

Una reciente invitación a hablar sobre “la causa o las causas de la actual crisis financiera”, me llevó a meditar sobre otro asunto: la causa o las causas de la Gran Depresión. Hasta el día de hoy, no hay ningún consenso entre los economistas en lo tocante a las causas de la grave depresión que duró desde 1920 hasta 1939. ¿Fue el desplome del mercado de valores en 1929 lo que trajo consigo la Gran Depresión? ¿Fueron el consiguiente pánico bancario y la contracción monetaria? ¿Fue acaso la reducción del crédito internacional y las políticas proteccionistas practicadas por los EEUU –como la Ley Smooth-Hawley— lo que causó la Gran Depresión? ¿O acaso fue causada la “gran contracción”, como solía llamarla Milton Friedman (1), por las medidas de la Reserva Federal, que permitieron un descenso de la oferta de dinero, en parte para preservar el patrón oro? Todas esas explicaciones son, ni que decir tiene, ad hoc.

Lo cierto es que los “cerebros” económicos de los años 20, los pretendidos “expertos”, ni lograron pronosticar el desastre venidero, ni, una vez desatado, consiguieron predecir correctamente su magnitud y su duración. En su libro de 1984, Hablan los expertos: el compendio definitivo de la ignorancia con sello de autoridad [The Experts Speak: The Definitive Compendium of Authoritative Misinformation], Christopher Cerf yVictor Navasky mencionan muchas predicciones y comentarios de “expertos” económicos durante la Gran Depresión. (2) Entre ellos, los que siguen. El 17 de Octubre de 1929, siete días antes del crac bursátil del Martes Negro, Irving Fisher, el gurú de la teoría económica ortodoxa, profesor de economía en la Universidad de Yale, escribía: “Las acciones han alcanzado lo que se diría es un nivel de cotización permanentemente alto”. Fisher, el “experto económico”, no se detuvo aquí. Luego del crac, el 14 de Noviembre de 1929, escribía: “El final del bajón del mercado de valores … no se hará probablemente esperar, a lo sumo, unos pocos días más”. Un año después del crac, y nueve años antes del fin de la depresión, Fisher todavía se avilantaba a predecir: “Al menos de cara al futuro, las perspectivas son brillantes”. En 1933, la inversión neta ya era negativa, la producción de bienes y servicios había caído un tercio, la tasa de desempleo había subido un 24%, los salarios y los precios monetarios habían caído un tercio, cerca del 40% de todos los bancos habían colapsado y las acciones habían perdido el 90% de su valor. Tal era el “brillante” futuro augurado por el eminente profesor de teoría económica.

Fisher, sin embargo, no fue el único “experto” suministrador de ignorancia con sello de autoridad. El consejero presidencial y “experto” en mercados de valores Bernard Baruch hizo la siguiente predicción el 15 de Noviembre de 1929: “La tormenta financiera amainó definitivamente”. Análogamente, el presidente del Banco Continental de llinois en Chicago, Arthur Reynolds, predijo el 24 de Octubre de 1929 que “el crac no tendrá mucho efecto en el mundo de los negocios”. Y para no quedarse corto ante esos “expertos”, Thomas C. Shotwell escribió un “Análisis de Wall Street” para el World Almanac de 1929 en el que se podia leer: “El mercado está siguiendo leyes económicas naturals y no hay razón para que la propsperidad y el Mercado no continúen durante años a este mismo nivel, o incluso a un nivel todavía más elevado”. Los expertos del gobierno no se quedaron muy a la zaga. El Departamento estadounidense de Trabajo predijo en Diciembre de 1929 que el siguiente año sería “un año espléndido para el empleo”.

Es verdad que siempre hay quien predice “siete de las dos pasadas recesiones”, como reza el chiste. La Gran Depresión no fue una excepción. El New York Times del pasado 12 de Octubre de 2008, que reproducía varias de las citas antes mencionadas, añadía: “Evidentemente, no todo el mundo era tan optimista”. De acuerdo con el NYT, “Roger Babson, un conocido hombre de negocios y editor de estadísticas económicas y financieras”, dio una voz de alerta en un discurso pronunciado el 5 de Septiembre de 1929 ante una conferencia empresarial: “Hay más prestatarios y especuladores hoy que nunca en nuestra historia. Tarde o temprano vendrá un crac, y puede ser terrorífico. Sabiamente proceden los inversores que salen ahora de deudas y venden”. Pero como el propio NYT señala, un año antes, el mismo Babson había dicho que “la elección de Hoover y un Congreso con mayoría republicana tendrían que resultar en la continuación de la prosperidad en 1929”.

¿Por qué se equivocaron tanto los expertos? En general, se equivocaron porque la teoría económica es una disciplina científicamente subdesarrollada, desvergonzadamente dominada por la pura ideología. La escuela imperante de pensamiento económico durante la Gran Depresión era, y sigue siéndolo a día de hoy, la escuela “neoclásica” o marginalista. Pero en el mundo “neoclásico” no existen cosas parecidas a las crisis. No habita en el mundo real en que vivimos, sino en un mundo sin clases sociales, compuesto de “consumidores” y “productores”; un mundo armonioso, modelado por lo general con instrumentos procedentes de la física matemática. En ese mundo no hay historia; no hay pasado, no hay presente, no hay futuro. En ese mundo nunca sucede nada importante, y desde luego ningún acontecimiento catastrófico. Ese mundo marginalista irreal, insípido y a-histórico debería haber sido abandonado hace mucho tiempo, particularmente después de la Gran Depresión. Sin embargo, su apariencia de elegancia matemática, ligada a su integrista y descarada defensa del capitalismo, o del “libre mercado”, según prefieren sus partidarios, lo ha mantenido con vida. Huelga decir que desde los días de la Gran Depresión la teoría neoclásica ha sido enmendada aquí y allí con algunas ideas tomadas del aristócrata británico John Maynard Keynes, ideas que trataban de enriquecer con ciertas dosis de realidad a una teoría de todo punto irreal. Pero el resultado de la llamada “síntesis neoclásica” o “neokeynesianismo” no es más que una amalgama de ideas dispersas, confusas e incoherentes que sirven como pasto a los estudiantes de teoría económica bajo la rúbrica de “micro” y “macroeconomía”.

Esa triste situación no fomenta precisamente el análisis inteligente del pasado o del presente. Tampoco permite pronosticar el futuro, señaladamente las crisis. Como observaba críticamente un artículo firmado en 1988 por varios economistas ortodoxos y publicado en el periódico económico ortodoxo por antonomasia: “Ni los actuales especialistas en pronósticos, ni los analistas contemporáneos de series temporales habrían podido predecir las imponentes caídas de producción que siguieron al crac [de 1929]”. (3) En otras palabras, no había nada en la caja de herramientas de la teoría económica de la época de la Gran Depresión, ni hay nada en la versión moderna de la teoría económica ortodoxa, que nos permita entender la naturaleza de los desplomes económicos graves y predecirlos. Sin embargo, proliferan las explicaciones de las “causas” de las crisis.

Entre otras causas, las estropicios financieros de 2008 han sido atribuidos a las obligaciones hipotecariamente respaldadas, particularmente a las vinculadas con hipotecas sub prime; a la burbuja inmobiliaria, que fue a peor por culpa del préstamo predatorio, temerario en la estimación de riesgos y laxo en los criterios de concesión; a los instrumentos financieros exóticos o derivados, supuestamente diseñados por algún niño prodigio de las matemáticas o de la física en Wall Street, por ejemplo, los créditos de cobertura mutua; a los acontecimientos del 11 de Septiembre de 2001, la posterior invasión norteamericana de Irak y la consiguiente subida del precio del petróleo; a la exuberancia irracional en el mercado de valores, seguida de un mercado bajista; a la continuada reducción de las tasas de descuento por parte de la Reserva Federal y a sus tasas directrices en 2001-2003, yerros del presidente de la Fed, Alan Greenspan, que declaró recientemente sentirse en un “estado de estupefacción e incredulidad” al descubrir que “el interés propio de las instituciones de crédito” podía ser compatible con una “desprotección del valor patrimonial” (4); a la desregulación del sector bancario, particularmente a la Ley de Modernización de los Servicios Financieros de 1999 o Gramm-Leach-Biley Act; a los problemas de liquidez en general; a la falta de confianza en el sistema financiero y el mercado crediticio, etc.,

Aunque cualquiera de esas explicaciones “causales”, o alguna combinación de varias de ellas, podría resultar plausible y merecer una exploración más fondo, hay que observar que son todas explicaciones dadas luego de los hechos. Ninguno de los economistas que proliferan hoy en los medios de comunicación explicando las causas de los estropicios de 2008 fue capaz de predecir la crisis un año o dos antes. Es verdad que siempre hay un Roger Babson o un Dr. Muerte que predice siete de las pasadas dos recesiones. Pero entre miles de economistas, las probabilidades son que uno o dos acierten a pronosticar algo de cuando en cuando. Sin olvidar, claro está, a quienes desvergonzadamente se avilantaron a predecir cosas tales como “La Gran Depresión de los años 90”. Puede que ganaran fama y fortuna en 1990, pero ahora las copias usadas de sus libros se venden en amazon.com por un centavo.

Los pánicos financieros y los desplomes económicos graves no son nada nuevo en la economía capitalista. La historia del sistema económico, desde al menos la época de la economía política clásica, muestra que las crisis monetarias y los “atracones” se repiten con relativa frecuencia. Lo que resulta esperable. Una economía en la que los bienes se producen no para su uso, sino para sacar beneficios, está abocada a los excesos y los atracones, entonces y ahora. Además, en un sistema económico en el que la conducta consumista se considera una virtud y en el que se acepta como un bien la codicia, es de esperar la incesante creación de nuevos y exóticos instrumentos financieros que permitan estafarse unos a otros en Wall Street –como antes en Lombard Street— . También son de esperar los persistentes e ingeniosos intentos de los prestamistas y de los industriales para evitar nuevas regulaciones y eludir las existentes. Además, en una economía en la que el sustento de las masas depende de los caprichos y los deseos de los capitanes de la industria y de las finanzas, hay que esperar que se recurra a esas mismas masas para que acudan en “rescate” de los magnates cuando éstos se hallan en aprietos. Tales medidas, como dijo el presidente Bush en su discurso económico del 14 de Octubre de 2008, “no están concebidas para hacerse con el control del libre mercado, sino para preservarlo”. Todo eso es de esperar. Lo que no es de esperar es la capacidad para predecir exactamente cuándo esta bestia dormida se despertará para dar sus característicos zarpazos y sacudidas. No disponemos de un edificio teórico que nos permita pronósticos de ese tipo. Quienes con la mayor confianza proceden a explicar las causas de las crisis, como quienes, post mortem, explicaban con certidumbre dignas de mejor causa las causas de la Gran Depresión, son probablemente quienes menos entienden la naturaleza de la bestia.

En lo que a mí hace, felizmente, la entrevista que tenían que hacerme sobre “la o las causas de la actual crisis financiera” tuvo que ser aplazada por “dificultades técnicas”. Mis respuestas no habrían sido, con toda probabilidad, las que el entrevistador esperaba escuchar.

NOTAS: [1] “The Role of Monetary Policy,” Milton Friedman, The American Economic Review, Vol. 58, No. 1 (Marzo, 1968), pp. 1-17. [2] Una version ampliada y actualizada del libro apareció en 1998. [3] “Forecasting the Depression: Harvard versus Yale,” Kathryn M. Dominguez, Ray C. Fair and Matthew D. Shapiro, The American Economic Review, Vol. 78, No. 4 (Septiembre, 1988), pp. 595-612. [4] “Greenspan Concedes Flaws In Deregulatory Approach,” The New York Times, 24 de Octubre, 2008.

Sasan Fayazmanesh es profesor de economía en la Universidad del Estado de California en Fresno.

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Estados Unidos, Obama y América Latina / II y última, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

“La administración de Bush fracasó al apoyar un estilo de vida consumista y hoy vemos que gastamos una fortuna y compramos petróleo a países que apoyan al terrorismo”, ha señalado Frank Pérez respecto a Venezuela, lo cual no es muy diferente de lo que dijo Obama cuando acusó a Venezuela de apoyar a las FARC y al presidente Chávez de ser un “demagogo” con “peligrosa retórica antiestadunidense”.

No se entiende que intelectuales del pensamiento crítico se posesionen al lado de Obama tildando al político de anti status quo y vean su triunfo como un logro de las fuerzas progresistas de la humanidad. Sus tanques de pensamiento y el establishment adoptan una actitud hostil hacia los países antimperialistas, cuyas políticas antioligárquicas, nacionalistas y socialistas, como es el caso boliviano, ecuatoriano, cuestionan la estrategia estadunidense. Con Cuba, su opción es abrir un camino de diálogo para el envío de remesas a las familias y facilitar las visitas de familiares, lo cual no eliminaría el bloqueo. Respecto a Brasil, buscará apoyar a los productores de etanol con un arancel a la importación, medida popular en los estados productores estadunidenses.

Igualmente, sus asesores le aconsejan el nombramiento de un procónsul para dar mayor fluidez a la relación con la región en su conjunto. Así, la estrategia diseñada se presenta como un liderazgo positivo y una inversión del unilateralismo, aunque los intereses de Estados Unidos sean solucionar su crisis interna y entre sus prioridades estén los conflictos en Asia y Medio Oriente.

No obstante, el eslogan de campaña –Un cambio en el que puedes creer– es el comienzo de una etapa histórica. El ave Fénix renace de sus cenizas, gracias a un hombre cuyo carisma encarna la emergente América mestiza, y el imperialismo se moviliza gracias a la idea del Destino Manifiesto: “idea tan extraña como visionaria que ha penetrado en los espíritus de la generalidad de los hombres: el imperio avanza hacia el oeste y todo el mundo aguarda con impaciente expectación y ansia el momento destinado a que América dicte las leyes al resto del mundo”.

Los enviados especiales se dejan llevar, presa de las emociones, de la política espectáculo y del marketing de las campañas. Describen el desborde popular del candidato demócrata y el despertar de las minorías oprimidas. Fueron constantes sus alusiones al carácter afroestadunidense de Obama. Hicieron hincapié de forma cansina en su condición étnica. Incluidos McCain y Bush resaltan el triunfo bajo la perspectiva étnico-racial de una nueva América. Una catarsis. La liberación de negros, las minorías asiáticas y latinas, el fin de un camino. Un discurso sentimental, pero sin recorrido.

No sin razón, Obama, conocido el triunfo, refleja el ansia de libertad en el voto de Ann Nixon Cooper, una mujer de 106 años que simboliza el largo recorrido del ciudadano estadunidense en la lucha por sus derechos. Su voto comprime el del Destino Manifiesto. La memoria de la esclavitud, unida a los inmigrantes, los discapacitados, los excluidos, los pobres. De ellos es la victoria, dirá emocionado. Pero esta interpretación, síntesis manipulada de la historia estadunidense, olvida a otros afroestadunidenses como Condoleezza Rice y sus guerras fraudulentas, a militares infringiendo torturas, jueces prevaricando, senadores favoreciendo desfalcos financieros, inmobiliarios. Poner el acento en el color de piel del nuevo presidente es ocultar el verdadero debate. ¿La condición étnica determina una política exterior?

En las primarias, a Hillary Clinton no le pasaron inadvertidas las alusiones de Obama a Ronald Reagan. Lo reivindicó como hombre de pro. Y se vio obligado a salir del atolladero en un debate público. Dijo aludir a los sentimientos patrióticos manifestados por Reagan: su orgullo de pertenecer a Estados Unidos. Su equipo asumió la percepción visionaria de Ronald Reagan en los años de guerra fría. El triunfo fue aplastante: 489 delegados contra 49 de Carter en 1980 y 525 frente a los 13 de Mondale en 1984. Con un discurso confeccionado ex profeso aludió a la pérdida de liderazgo y buscó cerrar las heridas de la guerra de Vietnam, proyectando una nueva hegemonía internacional. Acusó a los demócratas de ceder territorio a los soviéticos y comunistas. Cuestionó los tratados Torrijos-Carter, culpabilizó a la administración de Carter del triunfo de la revolución sandinista y de la crisis de Irán. Finalmente, Reagan y su plataforma republicana se comprometieron a salvar los Estados Unidos de la debacle.

El llamado fue explícito: intervenir para revertir la realidad. Recuperar el orgullo de sentirse estadunidense. “La defensa de la soberanía de una nación y la preservación de la identidad cultural de un pueblo son fundamentales para su supervivencia. Estos dos elementos están siendo suprimidos por el comunismo internacional. Sólo una política estadunidense dirigida a preservar la paz, a promover la producción y a lograr la estabilidad política puede salvar al Nuevo Mundo y preservar la posición global de poder de Estados Unidos, la cual descansa sobre una América Latina segura y soberana. El continente americano se encuentra bajo ataque. ¿Duda Washington?

Para América Latina fue una etapa negra. La invasión de Granada en 1983, la desestabilización en Jamaica, Nicaragua y las guerras de baja intensidad. Hillary Clinton increpó a Obama diciendo que ella nunca pondría de ejemplo a Reagan, pero Obama sostuvo el argumento: era un patriota que sacó al país de la crisis. Obama se refleja en Reagan.

Si hacemos caso a Robert Pastor, ex director de Asuntos Latinoamericanos y del Caribe, en el Consejo de Seguridad Nacional de Carter puso en el tapete que “Estados Unidos es la nación más poderosa del hemisferio, responde a impulsos nacionalistas, pero es reacia, como cualquier otra, a renunciar a sus facultades soberanas. Lo que hace falta es un liderazgo que explique que no se está cediendo poder, y que más bien se está elevando la capacidad para resolver problemas.

Resulta esencial un nuevo enfoque de la antigua cuestión de la soberanía para calmar el remolino y afirmar la democracia. “Obama y sus asesores saben que el debate del unilateralismo y el paso al multilateralismo es más bien cuestión de maquillaje”. Lo cierto es que rehacen la Alianza para el Progreso. Bajo el lema: “Lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para América Latina”, reditan la política del garrote, la zanahora y del buen vecino. “Dios bendiga América”.