Reggio’s Weblog

Cuando la izquierda se pierde, de Josep Ramoneda en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 18 noviembre, 2008

El pasado fin de semana dos organizaciones políticas europeas de izquierdas -el partido socialista francés e Izquierda Unida- han saldado sus congresos con dos estrepitosos fracasos.

La naturaleza de las dos instituciones es sensiblemente distinta. El PSF, fundado por Mitterrand en 1971 (Congreso de Epinay), es un partido de poder, que ha dado a Francia un presidente de la República y varios primeros ministros. Es el partido, ampliamente mayoritario de la izquierda francesa, que asegura el ejercicio de la alternancia democrática. Sus raíces están en la tradición socialdemócrata y en el frente popular de los años treinta. Llegó al poder en alianza con los comunistas y los radicales de izquierda, con el llamado programa común de la izquierda, dentro de una estrategia diseñada por Mitterrand que llevó a la práctica liquidación del partido comunista, que tan poderoso era en tiempos del general de Gaulle. Izquierda Unida es una coalición de partidos, formada en 1986 en torno al partido comunista que entonces lideraba Gerardo Iglesias. Nunca ha estado en el gobierno español. Y desde el año 1996, en que alcanzó sus mejores resultados electorales, ha entrado en constante declive y ha vivido en sensación de crisis permanente, corroída por la psicopatología de las pequeñas diferencias. Ambos partidos debían renovar su liderazgo este fin de semana, el PSF después de la derrota de Ségolène Royal en las elecciones presidenciales, Izquierda Unida después de su fracaso electoral en marzo pasado. Ambos han fracasado en el intento y, tras un fin de semana de discusiones y desavenencias, han vuelto a casa confusos y sin dirección política.

¿Por qué pongo en relación las desventuras, coincidentes por un azar del calendario, de dos partidos tan distintos? Por una razón muy simple: sus congresos expresan la dificultad de la izquierda clásica para adaptarse a los cambios provocados por el proceso de globalización y el hundimiento de los sistemas de tipo soviético. Por esta incapacidad, en un momento en que la política gira en torno a una crisis económica sin precedentes, ellos están fuera de juego, enzarzados en querellas de familia que sólo pueden debilitarles.

A partir de ahí, todo son diferencias. Izquierda Unida ha sufrido la larga agonía de los partidos comunistas. Y sus intentos de convertirse en un partido radical-democrático, conciencia crítica permanente de la izquierda, han fracasado, probablemente porque no es la tradición comunista la más adecuada para ejercer este papel. La política de Zapatero de ampliación de los derechos civiles les ha quitado las pocas banderas que les quedaban. Las dificultades para levantar cabeza con el ecologismo como elemento ideológico distintivo confirman los límites de las organizaciones monotemáticas.

Lo del PSF es distinto porque en la sociedad francesa el peso de la izquierda ideológica ha sido siempre muy grande. Tan grande que hay un 15% de voto a la izquierda de los socialistas que ha determinado más de una victoria y más de un fracaso. El PSF ha sido siempre el más doctrinario de los grandes partidos socialistas europeos. Su evolución ideológica fue mucho más lenta que la de los socialdemócratas alemanes o los laboristas ingleses. En 1981 llegó al poder con un programa de corte estatista y antiliberal que tuvo que rectificar al cabo de dos años. E incluso fue desbordado por el pragmatismo social-liberal de un partido socialista recién llegado de la clandestinidad, el PSOE de Felipe González. Desde el punto de vista del balance de gobierno, probablemente los cinco años de cohabitación de Lionel Jospin, como primer ministro de Jacques Chirac, hayan sido su mejor momento. Con progresos sociales importantes -entre ellos las tan denostadas 35 horas- y con buenos resultados para la economía francesa, que todo el mundo critica siempre, pero que acostumbra a ser la que mejor torea las dificultades en los tiempos de crisis. Pero este periodo acabó, paradójicamente, con la más estrepitosa derrota: Jospin no pasó a la segunda vuelta de las presidenciales, adelantado por Le Pen. Una segunda vuelta en la que los sondeos indicaban que hubiera tenido posibilidades reales de ganar a Chirac. La proliferación de candidaturas de izquierda en la primera vuelta fue letal. El PSF ha mantenido, sin embargo, una estructura interna bastante más democrática que la mayoría de los partidos que le ha permitido ir salvando las crisis y que puede ser esta vez también la solución.

La organización en tendencias, propia del PSF, favorece la confrontación de ideas y, aunque a veces es fuente de crisis y rupturas, ofrece al menos canales democráticos para encauzarlas. Es verdad que el centralismo democrático de raíz bolchevique se ha impuesto en casi todos los partidos políticos y que la democracia interna tiene mala prensa porque dicen que dificulta la cohesión y la unidad del partido. Es el penoso ejemplo que los partidos, pieza angular de la democracia, dan a la sociedad. Pero también es verdad que sin democracia las crisis quizá llegan más de tarde en tarde, pero cuando estallan son más agudas y más duraderas, y obligan a largas travesías del desierto.

Decía François Mitterrand que en el PSF se sube por la izquierda y se gobierna a la derecha. Ségolène Royal ha pretendido hacer lo contrario: subir directamente por la derecha. Y Ségolène que, todo hay que decirlo, a fuerza de innovar, está evolucionando hacia formas que recuerdan a los telepredicadores, se ha encontrado con un muro: los barones del partido, que ya le hicieron la guerra imposible cuando se enfrentó a Sarkozy, y los sectores que se mueven ideológicamente en posiciones de abierta alternativa al discurso neoliberal hegemónico. El congreso no ha conseguido resolver el conflicto entre la ex candidata presidencial y el aparato del partido, por razones evidentes: porque Ségolène Royal sabe que su fuerza está en las bases, y, por tanto, no tenía nada que ganar en las negociaciones y componendas entre las diferentes familias socialistas, y porque los adversarios de Ségolène no han sido capaces de dejar los personalismos de lado y concentrar sus energías en un solo candidato. Resultado: decidirán los militantes por votación, que no es una mala solución. De momento, lo que es dramáticamente cierto es que hay una crisis que pone en cuestión muchos aspectos del sistema económico actual y los socialistas franceses -como Izquierda Unida en España- ni se han enterado, perdidos en pequeños problemas familiares. Y hay pocas cosas más graves para un partido que no estar allí donde la gente les espera.

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G-20, muchas luces y alguna sombra, de Manuel Escudero en El País

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

El comunicado de la reunión del G-20 celebrada en Washington arroja muchas luces de esperanza sobre la actual crisis. En primer lugar, pone el dedo en la llaga y llama a una acción efectiva respecto a las raíces esenciales de los males financieros presentes: la mejora de los estándares de información pública de las instituciones financieras y la necesaria transparencia del mercado de activos financieros derivados, que estuvieron en el origen del gran fiasco de la banca de inversión; la eficacia y efectividad de las instituciones de rating, y las retribuciones de los altos ejecutivos. Tiene también gran importancia la apelación contra las políticas proteccionistas: era crucial que se evitara una vuelta a las políticas de que cada cual salga del estancamiento a costa del vecino, y tal ha sido el compromiso de los líderes reunidos en Washington.

Algunas demandas razonables acerca de un orden económico mundial más adecuado al siglo XXI se ven reflejadas por primera vez en las palabras de los líderes mundiales. Así, escuchar que “en las instituciones económicas que nacieron de Bretton Woods (el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial), las economías emergentes y en desarrollo, incluyendo los países más pobres, deben tener mayor voz y representación” es un compromiso que puede tener un enorme recorrido en la reforma del orden económico mundial.

Por último, la reunión es un gran paso hacia una nueva arquitectura mundial al menos en dos aspectos relevantes. En primer lugar, la reunión se ha convocado y realizado con prontitud, lo que habla elocuentemente de un mundo que está adquiriendo gran reflexividad, y que comienza a tener capacidad de respuesta para corregir con celeridad los errores provocados por las propias acciones humanas. En segundo lugar, ha sido el G-20 y no el G-7 el que se ha reunido, reflejando que las grandes decisiones ya no las tomarán las grandes potencias mundiales si no van acompañadas de igual a igual por los países emergentes. Probablemente, en Washington, el mundo unipolar del G-7 ha muerto y ha nacido un mundo más multipolar y multilateral.

Sin embargo, hay cosas que se dicen, o que se omiten, que lanzan alguna sombra sobre los acuerdos. El comunicado no está a la altura de la gravedad de la recesión que nos amenaza. Quizá el primer objetivo de este primer encuentro debería haber consistido en encontrar cuanto antes una salida a las recesiones simultáneas en una multiplicidad de países que, reforzándose unas a otras, pueden llegar a arrastrar a todo el mundo en su conjunto. Sin embargo, la declaración pasa sobre este tema con buenas recetas nacionales y vagas provisiones internacionales. El documento ofrece un plan detallado e inmediato respecto a la reforma de las instituciones financieras, pero no es ni tan detallado e inmediato respecto a la necesidad de restablecer el crecimiento de la economía mundial. Cuando la recesión, vía exportaciones, se comience a sentir de lleno en muchos países emergentes y en vías de desarrollo, ¿dónde estarán los mecanismos precisos y los fondos necesarios para que esos países realicen políticas expansivas monetarias y fiscales, como las que podrán realizar los países desarrollados?

Un segundo aspecto no tan positivo se refiere al horizonte que se abarca. Es cierto que el documento menciona la amenaza del cambio climático y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Pero no existe una conexión conceptual entre el objetivo central de la cumbre, la crisis financiera y otros aspectos candentes, particularmente la necesidad de gestionar globalmente la creciente escasez de recursos naturales.

En tercer lugar, se ha concedido un escaso crédito a los esfuerzos que ya realizan otras grandes potencias económicas ausentes de la cumbre: las grandes corporaciones globales y los sectores financieros que sí observan estándares de responsabilidad adecuados, en contraste con los jefes de los temerarios bancos de inversión que iniciaron el presente caos. Una llamada más explícita a la corresponsabilidad con tales sectores hubiera sido no sólo un reconocimiento a la importancia de las iniciativas voluntarias de responsabilidad del mundo corporativo, sino también una avenida a explorar para la resolución efectiva de los problemas planteados.

Pero tal vez el elemento más problemático del acuerdo es el hecho elocuente de que, a pesar de que se refiere a la reforma de los mercados financieros internacionales, expresa muy claramente que esta tarea corresponde de modo primordial a las autoridades nacionales. Este énfasis en las responsabilidades nacionales ni es anecdótico ni se debe a la particular fijación antirregulatoria de la Administración saliente de Estados Unidos. Más bien está relacionado con un gran obstáculo que todo intento de reforma de la arquitectura económica internacional va a encontrar: la tradicional negativa de Estados Unidos a rendir un ápice de su soberanía a organismos económicos internacionales. Y esto, en el contexto de unas conversaciones que pudieran continuar en el futuro con el mismo tono decidido, va a plantear un problema inédito: ¿es realmente posible conservar el liderazgo en un mundo tan globalizado e interdependiente como el nuestro si el líder no es capaz de renunciar a alguna parcela de su poder de decisión a favor de autoridades más globales?

Manuel Escudero es director del Centro de Investigación del Global Compact.

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El Estado, caja de socorros, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Las turbulencias financieras constituyen una magnífica ocasión para meditar sobre cuestiones muy de fondo de nuestras estructuras políticas y administrativas, así como acerca de su relación con algunas instituciones públicas y privadas: el Estado, los bancos, las grandes empresas de sectores clave de la economía, los partidos políticos… ¡Ahí es nada!

Del Estado sabemos que está viviendo una transformación de muy amplios vuelos. La Teoría tradicional, que se ha explicado a lo largo del siglo XX y que tiene su punto de partida en la gran obra de Jellinek -traducida al español en 1914 por Fernando de los Ríos-, ha conocido en Europa una erosión de espectaculares dimensiones. De sus tres elementos clásicos, el territorio, la población y el poder, ¿qué sobrevive? En el territorio tradicional se han formado grietas aparatosas y las fronteras con sus guardias y sus alambradas, aquellas ciudades-frontera, entrañables ciudades hermafroditas, un poco católicas, un poco protestantes, son hoy día un recuerdo apto para contarlo a los hijos. No es, ciertamente, que el territorio se haya disuelto, pero sí ha perdido su vestimenta absoluta, arrolladora o la exclusividad que le acompañó durante mucho tiempo.

Pero, ¿y la población? La aparición en el espacio europeo de unos pueblos venidos de todos los continentes está convirtiendo a la nacionalidad en algo contingente, de suerte que se ha volatilizado en buena medida su condición de elemento decisivo en la estructura del Estado. Es más: no resulta aventurado sostener que se está formando un pueblo europeo, aunque se trata de un proceso lleno de incógnitas y de complejos meandros, forzosamente lento: tan lento como por cierto fue históricamente el proceso de creación del pueblo español o del pueblo alemán, que no surgieron en un rato perdido de la Historia.

En fin, del poder concebido como instancia con voluntad soberana, superior, única en el territorio, ¿qué queda? Hoy en día, a tal voluntad no se llega sino a través de pactos con otros Estados. Por decirlo con palabras de nuestro Tribunal Constitucional: «España es Estado miembro de las comunidades europeas y, por tanto, sujeto a las normas del ordenamiento comunitario que poseen efecto directo para los ciudadanos y tienen primacía sobre las disposiciones internas» (sentencia -entre otras- 130/1995 de 11 de septiembre). No se trata simplemente de una cesión de atribuciones, sino que se están conformando nuevas potestades y un nuevo haz de competencias que, además, afecta a los tres poderes del Estado que van viendo cómo menguan implacablemente sus atribuciones. Convengamos en que no quedan núcleos duros de la disponibilidad del Estado: todos se han ablandado y el mismísimo sacrosanto espacio que ocupa la Constitución ya no puede considerarse seguro ante las mudanzas que vive.

Pero el Estado es como la materia en la física: ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Agónico el Estado nacional tradicional, es preciso proclamar bien alto un ¡viva el Estado!. Porque el Estado no puede convertirse en un ser fantasmal y melancólico que vague sus soledades por los espacios. Antes al contrario, se necesita un poder fuerte y democráticamente organizado que legitime decisiones y medidas que afectan a millones de ciudadanos, que sea capaz de hacer frente a su responsabilidad, es decir, que tenga siempre a punto y engrasado un marco que permita depurar los conflictos sociales evitando su degeneración en un polvorín, capaz de poner contra las cuerdas el delicado orden de la convivencia, es decir, la vieja pax pública, justamente uno de los títulos que están en su origen, allá en la remota Edad Media.

Esto es lo que hacen en estos días los Estados europeos -o el estadounidense-: aparcadas las recetas neoliberales que han pretendido someterlo a una inflexible cura de adelgazamiento, se presentan de nuevo en el escenario luciendo su energía, formidable y ordenadora. Todos se han vuelto hacia él pidiéndole una caridad, la mano amiga que nos ayude a atravesar el río crecido y en ejarbe.

Ahora bien, es un Estado que ya no puede actuar solo, sino de forma coordinada con otros Estados y con los grandes bloques espaciales. Como ha escrito Ulrich Beck, «la ganancia del poder transnacional del Estado tiene que pagarse hasta el último céntimo con las monedas, pequeñas y grandes, de la autonomía nacional, lo que significa que la transnacionalización del poder estatal y la desespacialización de la política van acompañadas de una paulatina autodesnacionalización del Estado y su reñida soberanía».

Este es el modelo que, a trancas y barrancas, con todas las dificultades imaginables, nos ofrece la construcción europea en la que es obligado creer y en la que es obligado avanzar para erigir esa Europa cosmopolita que nos libere de la miopía nacional. Es -como he explicado en algún lugar- la Europa de un poeta como Schiller, autor del Himno de Europa (A la alegría de la Novena de Beethoven) y que utilizó Alemania para su Wallenstein, Francia para La doncella de Orléans, Suiza para Guillermo Tell e incluso España para su Don Carlos.

Precisamente esta crisis nos ha puesto de manifiesto de manera expresiva la exactitud del discurso que vengo sosteniendo. No habrá más forma de organizarse en el futuro, para dar respuesta a las secuelas que las circunstancias actuales dejarán en nuestras pieles, que abandonando la ciencia zombi de la mirada nacional. Pues el gran poder económico, tanto el de las instituciones públicas como el propio de los grandes conglomerados privados, que antaño se ejercía sobre un territorio acotado, tiene hoy como signo distintivo el hecho de independizarse de lugares concretos, es decir, moverse en un marco de extraterritorialidad, que es su arma formidable.

Pero al mismo tiempo descubrimos la enorme dependencia de las instituciones públicas, con poderes de ejecutividad y de coerción en parte cuestionados, de las poderosas instituciones privadas y, en especial, de unos institutos de crédito, que, al entregarles todos nosotros nuestras nóminas, nos atrapan en un abrazo tan ceñido que quedamos uncidos a su suerte: gozosa si es buena; desventurada si es aciaga. No parece haber escapatoria. El Estado, caja de socorros.

A todo ello hay que añadir, para complicar la maraña, la dependencia de los partidos políticos de esos mismos bancos a los que deben sumas ingentes de dinero. Un cierto escalofrío recorre el cuerpo cuando pensamos en esta realidad estremecedora.

Con estos mimbres habremos de construir una nueva teoría del Estado, una nueva explicación que sepa interpretar la realidad de unas instituciones políticas y administrativas zarandeadas a conciencia. Estamos ante el eterno complexio oppositorum en que se han debatido siempre, a lo largo de la Historia, las grandes organizaciones y donde han labrado sus habilidades y su fortaleza.

Se comprenderá, a la vista de este nuevo panorama, cuán viejos se nos ha quedado la hucha de conceptos en la derecha y en la izquierda. Como ha escrito Víctor Pérez Díaz en su última y magnífica obra -El malestar de la democracia-, «no es que en cada momento y lugar no haya diferencias; sino que izquierda y derecha, en general, aspiran a una definición y a una determinación unívocas que unifiquen su trayectoria en el largo plazo; y es esa la determinación que falta o, cuando no falta, es vacua».

Y se comprenderá, asimismo, con cuánta caspa se nos aparece ahora toda la teoría de las «competencias blindadas» de Estatutos como los de Cataluña, Andalucía, etcétera. Por cierto, cuando se trata de engrasar el sistema financiero, ¿dónde están esas comunidades autónomas que tanto brío suelen poner a la hora de instalar la mesa petitoria? Porque debe saberse que en Alemania los Länder han sido llamados a pasar por caja. Así se las gasta el federalismo serio. Por aquí gastamos un federalismo que «facie a todas guisas tuerto e falsedat», que diría el abuelo Gonzalo de Berceo.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León. Su último libro es Carl Schmitt-Ernst Forsthoff: coincidencias y confidencias (Marcial Pons, 2008).

© Mundinteractivos, S.A.

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El rincón, de David Gistau en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

En lo que coinciden Aznar y Fernández de la Vega es en creer que del «rincón de la historia» se sale consiguiendo una foto junto a Bush, ya sea en Azores o en Washington. Supone combatir la intrascendencia con una solución parasitaria, a lo Forrest Gump, que consiste en salir de extra, chupando cámara justo detrás del hacedor del porvenir, para robar un prestigio comparable al que pretenden los restaurantes que cuelgan en las paredes los retratos de sus visitantes ilustres. Lo hizo Aznar con su vasallaje en vísperas de una guerra. Y lo ha hecho Zetapé en esa Cumbre en la que, disciplinado y segundón, olvidó levantar el banderín de enganche ideológico para ayudar a sostener el mercado libre a modo de costalero. En ambos casos, el planeta alrededor del cual orbitaron fue Bush, que debe de empezar a confundir el Gobierno español con su club de gruppies. En cuanto a la reconciliación de caracteres tan antagónicos como los de Zetapé y Bush, ya ha dejado escrita Santiago González la ingeniosa imagen de Rick Blaine y el capitán Renault dando por comenzada una gran amistad en el aeropuerto de Casablanca.

No hay por qué añorar, ya que sería de una incorrección política suprema, los tiempos en que los españoles salían del rincón de la historia pasándose al otro lado de una raya trazada a espada sobre la arena de una playa. Es, por otra parte, lo que hizo Aznar, para no hallar sino la incomprensión de un pueblo que prefería la irrelevancia a las fatigas y que se cohesionó alrededor de escrúpulos morales. Aun desestimada la vía Pizarro, convendría rebajar la euforia y la apetencia de posteridad cuando la forma de salir del rincón ha consistido en que Zetapé viaje, asomando las orejitas, en el bolso de Sarkozy, igual que el chihuahua en el de Paris Hilton. Ha sido conseguida la imagen, la apariencia, la inclusión de Zetapé en la manada de los machos alfa sin recurrir siquiera al photoshop. Pero en ningún sentido fue modificada la condición gregaria que además asume que a partir de ahora hay deudas contraídas: «Te daré lo que me pidas», dijo Zetapé a Sarkozy, consciente de que firmaba un contrato fáustico como el de Homer Simpson cuando vendió el alma al Diablo a cambio de un donut.

Vito Corleone recomendaba hacer favores para convertir a los débiles en clientes, para sembrar obligaciones. Y es en ese sentido por lo que ahora ha de tenernos en vilo lo que pueda llegar a pedir Sarkozy cuando canjee su cheque en blanco arrebatado a la debilidad española. Démonos por atrapados en la red clientelar francesa, que en vez de emanciparnos en nuestra salida del rincón añade una nueva sumisión a las que ya existieran. Y conformémonos con que Carla Bruni no se encapriche con la Giralda para el jardín del Elíseo, porque no habría modo de negarse a transportarla piedra a piedra igual que los gringos de la United Fruit empacaban el mar de Macondo y se lo llevaban sólo para ejercitar su superioridad.

© Mundinteractivos, S.A.

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Francia festeja el 2 de Mayo, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

ANÁLISIS

La lucha antiterrorista. La colaboración internacional.

En 48 horas, el Gobierno español ha conseguido dos éxitos de notable envergadura: ha estado presente en la cumbre financiera de Washington y ha conseguido detener al pistolero que impidió la rendición pactada de ETA. Ambos acontecimientos tienen un punto geográfico en común: París.

Gracias a la presidencia francesa, José Luis Rodríguez Zapatero pudo pisar el viernes las alfombras de la Casa Blanca y obtener esa foto que George Bush jr. no ha podido evitar en el último minuto de su mandato. Y gracias al aparato estatal francés, el cerco a ETA es hoy más estrecho que nunca.

Zapatero vive horas de brillo gracias a Francia. Bien, rebajemos el tono. Maticemos. La cumbre de Washington no ha refundado el capitalismo, como sugería hace unas semanas el eficaz activismo propagandístico de Nicolas Sarkozy – auténtica máquina de generar expectativas-, y la detención de Txeroki no se habría producido sin la eficaz labor de la Guardia Civil en suelo francés.

En Washington no se ha refundado nada, sólo se ha esbozado una amplia concertación internacional, pero de haber quedado España fuera de la preciada reunión, en estos momentos Zapatero estaría siendo triturado en la máquina de picar carne de la derecha madrileña.

La Guardia Civil ha sido muy determinante en la detención de Garikoitz Aspiazu, pero todo el mundo sabe qué ocurría cuando la persecución de ETA todavía no era una prioridad nacional de la República Francesa.

En apenas 48 horas, el Gobierno de España se ha anotado dos tantos importantes. En el momento más delicado de su carrera política, con las encuestas emitiendo luces ámbar en la Moncloa (por la creciente percepción social de falta de cuajo y de capacidad de liderazgo ante la crisis), el presidente Zapatero ha conseguido recuperar la iniciativa. De manera brillante, incluso. Recordemos que en la anterior legislatura, pocas veces el PSOE consiguió mantener durante varias semanas seguidas la sensación de un efectivo control del cuadro político. El furibundo juego táctico de la anterior dirección del PP le rompía el juego con extraordinaria facilidad. (Catenaccio que no tuvo premio en las elecciones generales del 9 de marzo).

“Gracias, te daré todo lo que me pidas”. Afirma el diario Le Figaro,citando fuentes gubernamentales francesas, que ese fue el rendido agradecimiento de Zapatero a Sarkozy tras obtener plaza en Washington. La Moncloa lo ha desmentido: Godoy nunca le dijo eso a Murat.

Estaremos de acuerdo, sin embargo, en que el 2008 es el gran año de Francia en España. París festeja con extraordinaria sutileza el bicentenario del madrileño 2 de Mayo. Los franceses aportan la inteligencia política y Esperanza Aguirre las guirnaldas en el Arco de Cuchilleros.

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Los amigos, de Miquel Roca i Junyent en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

Ahora resulta que Bush y Sarkozy son “nuestros” amigos. Durante mucho tiempo nos hemos alimentado de la crítica ácida contra estos dos personajes por parte de las esferas políticas más autorizadas. Pero hoy son nuestros amigos; nuestros fieles, entrañables y ejemplares amigos. Parece mentira, pero es así.

Seguramente, lo que ha ocurrido es que hemos confundido a los personajes con los países que representan. Sarkozy, a unos gustará más y a otros menos, pero Francia debía ser nuestra amiga; nos convenía y lo era por tradición, historia, vecindad y europeísmo. Y Bush, gusta poco -incluso a los que les gusta-, pero EE. UU. es nuestro amigo porque su amistad es una garantía para nuestra propia supervivencia.

En política no hay amistades, existen aliados. Y Francia y EE. UU. son y deben ser nuestros aliados. Necesitamos que lo sean porque de no serlo, estamos solos, aislados. Al margen de lo que estos países representan sólo existen amistades peligrosas, antesala del aislamiento internacional. De eso, España sabe mucho. Nuestra historia está llena de soledad o de amigos inconvenientes o poco útiles o engañosos o desleales, o incluso, impresentables.

Y a los aliados, se les respeta. A sus instituciones y a sus costumbres y a sus tradiciones y a sus banderas. La bandera de Francia no es la de Sarkozy, es la de Francia. Y la bandera de Estados Unidos no era la de Bush, es la de Estados Unidos. Y cuando se deja de saludar a la bandera de Estados Unidos, no se está ofendiendo a Bush, sino a todos sus ciudadanos, incluso a Obama, que no dejará de tenerlo presente antes y después de ser presidente. Hay que tener aliados y tratarlos como amigos. Y hay que saber elegirlos. No se puede despreciar a los que nos interesan, para conformarse con los que nos aceptan más fácilmente.

Ya hemos estado en Washington con los grandes de la tierra. Pero hemos estado allí con y gracias a Europa y a Francia; que no se nos olvide nunca jamás. Y hemos agradecido la invitación de EE. UU. porque formamos parte del club de amigos de Occidente y del atlantismo. Este es nuestro equipo; y no por un día, sino por mucho tiempo. Ahora nos toca recuperar el tiempo perdido.

Con los amigos; desde el respeto y la lealtad.

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Hablemos de Rivi, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Derechos, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

¿Quién nos iba a decir que, tras la tormenta desatada entre el PP y el PSOE en el Ayuntamiento de Oviedo acerca de los pingües honorarios que reciben los unos y los otros a cuenta del contribuyente, la víctima llegase a ser Rivi? Balas de fogueo de una retórica demagógica por parte y parte que desemboca, sin embargo, en la retirada del sueldo a Roberto Sánchez Ramos en tanto concejal liberado. Paradójico, cuando menos.

Gabino de Lorenzo, quien fue, hasta su reciente jubilación laboral, el político mejor pagado de Asturias, que no escatimó dineros públicos para todo tipo de saraos, «fartódromos» incluidos, que puso a disposición del concejal Mortera una sede de lujo y un sueldo de cine en la pasada legislatura, apuesta por la austeridad y, para hacer alarde de ello, decide suprimir el sueldo que hasta ahora percibía como edil Roberto Sánchez Ramos, «Rivi». Es decir, la lista electoral que estuvo más al margen de los partidos resulta la más castigada por la decisión del alcalde de Oviedo. ¡Viva la democracia!

¡Qué magnífica oportunidad se le presenta a doña Paloma Sainz de solidarizarse con Rivi! No desperdicie, doña Paloma, tan pintiparada ocasión de demostrarnos su izquierdismo inquebrantable.

Se diría que aquella legendaria figura tan galdosiana del cesante en el funcionariado decimonónico puede recaer en personas que no tienen otro destino laboral que no sea la política. Y, como viene sucediendo en tales casos, son siempre los mismos quienes se llevan la peor parte. Rivi no tiene detrás un partido político fuerte que lo apoye económicamente tras la decisión de la Alcaldía.

¿Qué le queda, pues? Y, no menos importante, ¿qué les queda a esos miles de ciudadanos que, al margen de las grandes propagandas electorales, decidieron darle su voto, que acaso no fuese antisistema, pero que, como mínimo, sí que estuvo al margen del sistema?

¿Tendrá algo que decir al respecto la formación política a la que Rivi perteneció hasta 2007, IU? ¿O tiene sus energías y, sobre todo, expectativas puestas en los «chiringuitos» que se repartirán tan pronto quede formalizado el pacto de gobierno con Areces?

¿Qué pueden pensar los cada vez más numerosos profesionales de la política que fuera de ella no tienen un puesto de trabajo al que regresar? ¿Qué puede estar pensando también esa ciudadanía que es convocada cada 4 años a votar unas listas en las que no ha tenido arte ni parte y que están formadas por profesionales de la política dispuestos a todo con tal de seguir viviendo del erario público?

¿No se le quiere conceder importancia desde el punto de vista sociológico al hecho de que hubo un tiempo en el que una pequeña parte de quienes se dedicaban a la política tenían un destino laboral al que volver, una vez cumplido su compromiso con un partido político o con un determinado proyecto para su concejo, región o país?

¿Nadie quiere reparar en que la política se está convirtiendo cada vez más en una casta privilegiada de gentes que no tienen otro medio de vida? ¿No se debe reflexionar al respecto?

Hablemos de Rivi. Ahora mismo, es víctima no sólo de la política como profesión, sino también de una decisión arbitraria y atrabiliaria que, a poco que se profundice en ella, habrá desatado los nervios de más de un profesional de la política, cuya suerte puede depender cada vez más de un arqueo de cejas que, por lo común, lleva a cabo alguien perteneciente a su propia formación política.

Por un número de votos más bien escaso, la candidatura que encabezó Rivi no alcanzó los dos concejales, lo cual tuvo un mérito extraordinario, dadas las circunstancias, ya aludidas, en las que acudió a las elecciones.

Si ahora Celso Miranda estuviese en el Consistorio, cabe suponer que se repartirían el sueldo de un concejal. Pero, como no es el caso, sólo nos queda preguntarnos con qué cuajo encajarán una medida como ésta tantos y tantos profesionales de la política cuya meritocracia reside no pocas veces en la sumisión y el servilismo.

Y, en último caso, ¿podemos esperar que Gabino rectifique su decisión, teniendo en cuenta que detrás de Rivi no hay más que los ciudadanos que lo votaron, sin un aparato propagandístico? ¿Podemos esperar que doña Paloma Sainz se ponga del lado de Rivi más allá de las palabras?

Tengo para mí que presenciaremos, una vez más, ese espectáculo tan ruin y tan consueto que se rige bajo el lema de «¡sálvese quien pueda!».

El deterioro, de Javier Ortiz en sus “Apuntes del Natural”

Posted in Política by reggio on 18 noviembre, 2008

Completo aquí lo que se me ha quedado en el tintero (en el teclado) tras escribir la columna que aparece hoy en Público.

Hace ya algunos años (como cinco, calculo) una persona que suele contar con muy buena información sobre los avatares de ETA me dijo en Bilbao: “Si ETA no hace más, no es porque le falte gente, ni armas, ni explosivos. Es, sobre todo, porque sus dirigentes están acojonados por el control que las policías española y francesa tienen de sus movimientos. Están convencidos de que en la organización tienen topos a diversos niveles y de que, además, bastantes colaboradores, e incluso militantes, están sometidos a vigilancia, a la espera de que den un paso en falso para echárseles encima”.

Sería probablemente cierto, y supongo que lo seguirá siendo, pero para mí que hay bastante más que eso. Las policías han aumentado considerablemente su capacitación y sus medios, en tanto que ETA ha bajado muchos peldaños en ambos terrenos.

En el de la capacitación muy obviamente. Sus dirigentes actuales están poco curtidos. Tienen poquísima experiencia organizativa. Algunos dicen: “Es que son muy jóvenes”. El problema no es la juventud. Si hubieran empezado a organizarse en la más estricta clandestinidad a los 17 o 18 años, como lo hicieron algunos de sus antecesores bajo el franquismo, habrían llegado a la treintena bastante más baqueteados. Y si se hubieran tomado el trabajo de estudiar a conciencia tácticas ad hoc, antiguas y modernas (incluyendo las policiales), se moverían con más conocimiento de causa. Pero han crecido en un ambiente muy poco exigente, que no les ha obligado a ejercitar gran cosa su sagacidad. Y mientras ellos se relajaban, los de la trinchera de enfrente no paraban de ejercitarse. (A modo de ejemplo de lo más arrastrado: ¿a quién se le ocurre poner unas matrículas de hace diez años a un coche nuevo?)

Los medios de ETA también se han deteriorado. No hablo de armas y  explosivos, que no sé los que tendrá, sino de los recursos en los que puede apoyarse a modo de infraestructura. Cada vez cuenta con menos gente dispuesta a dar cobijo a sus militantes o a esconderlos, a llevarlos de aquí para allá en coche, a hacerles de recaderos, a servirles de buzón, etc. El deterioro es llamativo: dirigentes que se mueven sin escolta, como el propio Txeroki, otros que duermen a la intemperie en un bosque, militantes que son abandonados a su suerte y vagan por la campiña francesa hasta que la policía los pilla…

No es que ETA no haya cometido pifias de calibre a lo largo de su historia –me sé de algunas espectaculares–, pero jamás había acumulado tantas, de tanto calibre y en tan poco tiempo.

Mi impresión, basada en estas pinceladas y en algunos otros elementos de información que sería prolijo detallar, es que ETA está en una pendiente de decadencia muy pronunciada, camino de un descalabro que me sorprende por su velocidad. Preveía que iba a decaer, pero más lentamente. Ha cogido carrerilla.

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El personaje que está hundiendo el Reino Unido y al Santander con él, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 18 noviembre, 2008

Ha tomado el relevo de Roubini en cuanto a los mensajes apocalípticos se refiere. Un Roubini, por cierto, que la semana pasada, se apuntó a la moda de S&P500 a 500 (40% de caída adicional) que tanto predicamento empieza a ganar al otro lado del Atlántico, vista la debilidad de la economía real norteamericana y su impacto sobre los resultados empresariales. No es el único: el CEO de Best Buy ya comentaba, coincidiendo con la publicación de resultados de su compañía, que en 42 años vinculado a las distribución minorista jamás había visto una crisis del consumo con la actual en Estados Unidos; una demanda privada que, no lo olvidemos, supone más de dos terceras partes de su PIB nacional. El dinero percibido por los ciudadanos o se mete en el calcetín, con el consecuente y sustancial repunte de la tasa de ahorro que ha doblado en cinco meses (del 1,1% al 2,3%), o se dedica al repago de deudas. Poco más. Y en un entorno como éste, las ventas caen, los márgenes sufren y las deudas pesan más que nunca tanto en el balance como en la cuenta de resultados.

Pero, no nos distraigamos de nuestro tema central de hoy. ¿Quién puede superar a Roubini en el dudoso podio del “agorerismo”, al menos por lo que a la economía británica se refiere? Un viejo conocido de todos ustedes: Willem Buiter, profesor en la LSE y antiguo Economista Jefe del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. Y lo hace a través de sendos artículos de reciente aparición. El analista transita de lo genérico a lo específico en su blog del Financial Times Maverecon y, si el pasado día 13 se centraba en la posibilidad de que Reino Unido siga los desgraciados pasos de Islandia, llegando por tanto a la bancarrota, en el post de ayer lunes la concreta en lo más específico y evidente: una más que plausible crisis de moneda que pasaría de una mera corrección de la sobrevaloración de la libra a un problema de asignación de activos e inflación. Ambas piezas son dignas de lectura pausada y, el hecho de que hayan sido publicadas precisamente antes y después de la Cumbre de Washington, no deja de poner de manifiesto la incredulidad, que con él comparto, acerca de la viabilidad final de los postulados del G-lo-que-sea en un entorno de “Sálvese quien pueda” a nivel nacional. Por su interés, a los efectos que nos ocupa, nos centraremos en el estudio de la primera que viene, no obstante, adecuadamente resumida en la segunda.

¿En qué se basa Buiter? Los problemas de UK no son muy distintos a los de Islandia en el sentido de que su peso en la economía global es reducido (apenas un 3,3% del PIB Mundial), depende extraordinariamente de la actividad exterior (hasta cuatro veces más que Estados Unidos) y es tomadora de precios tanto en la economía real como en la financiera; su sistema bancario está sobredimensionado (el balance agregado del sector es un 450% del PIB nacional, frente al 900% de Islandia y el 650% de Suiza pero sobre una base de cálculo muy superior) y excesivamente expuesto internacionalmente (algo más del 55% del total) a la vez que el Banco de Inglaterra carece de músculo suficiente para frenar la salida de capital denominado en divisa foránea; la libra esterlina no es moneda internacional de reserva (apenas el 4,7% del total mundial frente al 64% del dólar o el 27% del euro); y la capacidad fiscal del país es limitada y más después de las sucesivas intervenciones en el sistema financiero local.

La interrelación es a juicio del autor evidente. Hay una crisis bancaria que ha provocado la participación del dinero público en la banca. Un fenómeno que no se va a detener donde se encuentra ahora sino que se va a extender al conjunto de las principales entidades del país, incluido el Santander-Abbey, debido el deterioro del resto de los ámbitos geográficos en los que la entidad actúa. La nacionalización de la banca implica un coste de partida equivalente al 20% del PIB (que podría ser muy superior si nos atenemos al augurio pesimista del Citi en este impagable post), deja las contabilidad nacional con un déficit 2009 cercano al 7%, consecuencia del aumento del numerador pero también de la caída del denominador, y dispara la deuda soberana por encima del 100%. La capacidad de maniobra del gobierno se ha reducido drásticamente y el aumento de las rentabilidades a ofrecer para captar en competencia liquidez en los mercados podría dejar sin efecto los estímulos fiscales al sector privado de la economía, generando lo que se llama efecto crowding out (algo de lo que ya hablamos el jueves en este Valor Añadido). No sólo eso. Podría darse el caso de que no hubiera quien financiera sus emisiones. La moneda es el mejor indicador para seguir la confianza del público en la economía de un país ya que suele actuar como preludio de dificultades de mayor calado. De ahí que sea fundamental seguir su curso. Y éste es, si no dramático, al menos preocupante.

A partir de ahí, Buiter desarrolla tres propuestas paralelas para Reino Unido. Utilizar el margen de la política monetaria y expandir la masa en circulación rebajando adicionalmente los tipos de interés como contrapeso a la falta de cintura fiscal, en primer lugar. Reducir, en segundo término, el peso del sector bancario en las cuentas públicas mediante la creación de una figura de intervención de las firmas en dificultades que tenga libertad de acción y reordene, bajo supervisión de las autoridades, la actividad de la entidad pudiendo obligar la conversión de deuda privada por capital, de forma tal que la responsabilidad y el perjuicio de la mala evolución de la sociedad quede en manos de sus accionistas y acreedores, como en cualquier otra empresa privada. Por último, entrada coordinada de la libra en el euro a través de un proceso temporal no superior a dos años que permita adecuar la economía británica a los requisitos de Maastricht (ah, Buiter, qué purista: ya me dirás tú dónde están en 24 meses los criterios antaño garantes de la sobriedad, nos vamos a reir).

Señalaba hace poco Andrew Garthwaite de Credit Suisse que la economía británica se situaba dentro del Top-5 mundial de economías en peligro. La noticia no dejó de ser tomada como una anécdota por algunos. Ganas de darse significancia. Sin embargo, el riesgo está ahí. Y más cuando algunos expertos sitúan la recuperación del sector inmobiliario inglés (tan excesivo en precios como el español pero, ojo, mucho más reducido en oferta disponible) para dentro de una década. El riesgo para el Santander, no reflejado en sus CDS que siguen alrededor de los 80 puntos básicos, está ahí. Lo hemos dicho hasta la saciedad. Esta es una crisis única por su dimensión y por tratarse de la primera crisis global que hace de la diversificación geográfica un atenuante pero no un eximente de la incertidumbre. La paciencia es un valor esencial en tiempos como los actuales ya que lo bueno es malo y lo malo peor de la noche a la mañana. Aunque cuando triunfan los adalides de la destrucción suele ser momento de mirar con cariño los mercados, aún no ha llegado la hora. Mejor mantener con cautela.

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Muchos principios manidos, muy poca voluntad de cambio, de Juan Torres López en Rebelión

Posted in Economía, Internacional by reggio on 18 noviembre, 2008

Informe urgente para entender el documento del G-20 sobre la crisis financiera

La reunión de los dirigentes de los países más ricos del mundo para abordar la situación económica y financiera del planeta concluyó con la firma de un documento en el que se presentan un somero análisis de la crisis y las propuestas y compromisos a los que han llegado para hacerles frente.

Se trata más bien de un documento de principios, algo que por sí ya es significativo pues de algún modo indica que lo que se haga a partir de ahora debe responder el encuadre general del documento. Y este encuadre es, al mismo tiempo, muy manido (porque no hace sino recurrir a los archiconocidos principios del liberalismo de salón) y bastante cínico (puesto que se trata de los principios que los ricos hacen cumplir a los demás pero que ellos no cumplen nunca para protegerse.

Por tanto, hay que valorarlo como tal documento de principios, y esperar a que se le vaya dando concreción en los próximos meses.

Lo que ahora se puede hacer es conocer lo que se propone, tratar de descubrir lo que hay detrás de la retórica diplomática y de la ideología liberal que claramente lo inspira y subrayar lo que sin duda alguna le falta para que pudiera ser considerado la expresión de una voluntad firme de cambio en los derroteros que están llevando a la economía mundial a una situación tan problemática

Como la experiencia me dice que la mayoría de las personas no suelen leer este tipo de documentos porque resultan farragosos y de difícil comprensión, he preparado este texto con la única pretensión de presentar con claridad sus principales contenidos y de comentar los aspectos que me parecen más destacables para entenderlo y para situarlo en el contexto económico e ideológico en el que debe encuadrarse. Al final sacaré algunas conclusiones y dejaré para otro momento las ideas sobre lo que considero que deberían ser planteamientos alternativos a la hora de hacer frente a la crisis (que he ido avanzando en otros artículos que pueden encontrarse en mi web: www.juantorreslopez.com).

Pido disculpas de antemano si la celeridad a la hora de prepararlo me lleva a omitir algún aspecto que en los próximos días pudiera resultar esencial a la luz de nuevas informaciones o desarrollos.

1. El contenido del documento

El documento contiene siete grandes partes cuyos contenidos principales paso a comentar a continuación.

a) Una breve declaración de intenciones

El documento se inicia con una declaración muy significativa puesto que señala que, en realidad, lo que se proponen los dirigentes que lo firman es trabajar en común con dos objetivos: “el crecimiento económico en el mundo y (…) llevar a cabo las reformas necesarias en los sistemas financieros mundiales”. No es que sea ni poco ni mucho pero sí la misma idea de siempre: el crecimiento como un bien en sí mismo, algo que se repite constantemente. Y, junto a ello, al menos el propósito de reformar los sistemas financieros.

Y junto a los objetivos, otra breve declaración retórica en torno a los principios que los inspiran y que no hacen sino recoger los mismos mitos de siempre: “Nuestro trabajo se va a guiar una confianza compartida en que los principios del mercado, unas condiciones de comercio y de inversión sin trabas y unos mercados financieros regulados de manera eficaz fomentan el dinamismo, la innovación y el espíritu emprendedor que resultan esenciales para el crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza”. Sin hacer mención, por tanto, a los problemas de estancamiento, atraso tecnológico, crisis, paro y miseria que esos mismos principios producen también cuando se ponen en marcha.

b) Unas líneas sobre las “causas primordiales de la crisis actual”

El documento pone el dedo en la llaga cuando se reconoce que “las partes actuantes en el mercado han tratado de conseguir rendimientos más altos sin una valoración adecuada de los riesgos y no han puesto en práctica la debida diligencia. Al mismo tiempo, se han combinado unas normas deficientes de aseguramiento frente a riesgos, prácticas poco fiables de gestión de riesgos, productos financieros cada vez más complejos y opacos y el consiguiente apalancamiento excesivo para crear puntos vulnerables en el sistema”.

Y también cuando se afirma que los evaluadores y responsables institucionales “no evaluaron ni abordaron de forma adecuada los riesgos que se estaban acumulando en los mercados financieros, ni siguieron el ritmo de la innovación financiera, ni tuvieron en cuenta las complejidades de las medidas reguladoras internas dentro del sistema”.

Sin embargo, el documento no parece relacionar los problemas de la crisis financiera con la recesión. Es más, hace una pirueta y señala que las actual situación macroeconómica mundial no sería el resultado de la crisis hipotecaria y financiera sino que deja entrever que ésta se debe a que se han aplicado políticas económicas inapropiadas, aunque sin decir en qué sitios ni de qué tipo: “entre otros importantes factores subyacentes a la situación actual figuran unas políticas macroeconómicas incoherentes e insuficientemente coordinadas y unas reformas estructurales inadecuadas que han llevado a unos resultados macroeconómicos insostenibles a escala global”.

Esto es significativo porque parece que lo que se trata es de no reconocer que la mala regulación genera crisis reales y no solo problemas financieros y, además, porque implica afirmar que la recesión, en lugar de ser la consecuencia de la falta de crédito que ha producido la especulación financiera, es el efecto de no aplicar las políticas “adecuadas”. No se dice cuáles son estas pero es fácil advertir el juego dialéctico que lleva a deducir que la crisis se ha producido entonces por aplicar medidas alejadas de la ortodoxia económica al uso.

c) Una breve exposición sobre las medidas que se han adoptado y que se van a adoptar.

Los dirigentes comienzan por recordar que han tomado medidas “medidas fuertes e importantes para estimular nuestras economías, proporcionar liquidez, reforzar el capital de las instituciones financieras, proteger ahorros y depósitos, abordar las deficiencias de regulación y descongelar los mercados crediticios, y estamos trabajando en asegurar que las instituciones financieras internacionales (IFIs) estén en condiciones de proporcionar un apoyo esencial a la economía mundial”. Aunque inmediatamente reconocen que hace falta hacer más para alcanzar los dos objetivos que se fijan: “estabilizar los mercados financieros y sostener el crecimiento económico”.

En consecuencia, se proponen las seis grandes actuaciones que, en realidad, son una mezcla de deseos y de principios ideológicos con muy escasa concreción. Son las siguientes:

– “Mantener nuestros esfuerzos con todo vigor y tomar las medidas adicionales que sean necesarias para estabilizar el sistema financiero”.

– “Reconocer la importancia de la contribución de la política monetaria que se considera adecuada a las condiciones internas [de cada nación]”. Una declaración bastante confusa y cuyo sentido en esta parte del documento no se puede calibrar bien sin más explicaciones. Cabe pensar que se trata de poner el parche antes de que salga la herida: es decir, subrayar la importancia de la política monetaria ahora que se van a llevar a cabo políticas fiscales de gran impacto.

– “Recurrir en la medida apropiada a medidas fiscales para estimular las demandas internas con efecto inmediato, al mismo tiempo que se mantiene un marco político conducente a la sostenibilidad fiscal”. Una declaración que viene a reconocer que, al fin y al cabo, ha de recurrirse al keynesianismo para estimular a las economías, aunque no se ha querido renunciar al la retórica de la sostenibilidad fiscal, una forma inconcreta de reivindicar el dogma de la estabilidad presupuestaria que tanto daño a hecho en los últimos años a las economías.

– “Ayudar a las economías emergentes y en vías de desarrollo a que tengan acceso a financiación en las actuales condiciones de dificultades financieras, facilitándoles liquidez directa y apoyo programado”. Puesto que no se señala qué se entiende por “apoyo programado”, cabe pensar que la ayuda se limita a la de la liquidez que proporcione el Fondo Monetario Internacional en las condiciones habituales, condicionada a la asunción de programas de actuación. De hecho, el papel reforzado del FMI se cita precisamente en este apartado al decir que “subrayamos el papel importante que corresponde al Fondo Monetario Internacional (FMI) en la respuesta a la crisis”. Una expresión evidente de que el documento no se plantea realizar cambios sustanciales pues de querer hacerlos habría que haber comenzado, justamente, por cuestionar el papel que precisamente el FMI ha tenido como desencadenante de esta crisis y de las actuales como efecto de las políticas que viene impulsando en los últimos decenios.

– Animar al Banco Mundial y a los demás bancos de desarrollo multilateral para que empleen a fondo todas sus capacidades”.

– “Garantizar que el FMI, el Banco Mundial y los demás BDMs cuentan con recursos suficientes para seguir desempeñando su papel en la superación de la crisis”. Una declaración que responde exclusivamente a la idea de reforzar a estos organismo y no a la realidad de las cosas porque de ninguna manera se puede decir que hasta ahora hayan tenido papel positivo alguno en la resolución de la crisis.

Todo lo contrario.

d) Unos “Principios comunes de reforma de los mercados financieros”

Además de esas medidas, que como ha podido verse en realidad son más bien simples declaraciones de intenciones sin concreción, al menos de momento, los dirigentes señalan que “vamos a poner en marcha reformas que han de reforzar los mercados financieros y los regímenes reguladores con vistas a evitar crisis en el futuro”.

El contenido más interesante es que aunque indican que la regulación , “primera y principalmente, responsabilidad de los reguladores nacionales” también “resulta necesario intensificar la cooperación internacional entre los reguladores y reforzar las normas internacionales, así como, allí donde sea preciso, llevarlas a la práctica de manera coherente, para lograr la adecuada protección frente a acontecimientos globales, regionales y transfronterizos adversos que afecten a la estabilidad financiera internacional”.

Sin embargo, aunque se reconoce esa dimensión global de las actividades financieras y de la regulación, no parece que se pretenda alcanzar más que a través de la cooperación, nunca, según el documento, a través de nuevos espacios de gobierno mundial, como es lógico que se hiciera con unas relaciones que tienen en todo el mundo

su espacio de actuación.

Y en este apartado se hace mención también a un principio que, sin embargo, hasta ahora no han respetado los propios gobiernos cuyos dirigentes han firmado la declaración: “Las instituciones financieras -dice el documento- deben cargar asimismo con su responsabilidad en la confusa situación actual y deberían asumir la parte que les corresponda para superarla, lo que incluye reconocer sus pérdidas, aumentar su transparencia y mejorar sus prácticas de gobierno interno y gestión del riesgo”.

Lo que no se entiende es que si piensan eso, no lo hayan tenido en cuenta antes de haber puesto a disposición de esas entidades cientos de miles de millones de euros y dólares.

Y dicho eso, los dirigentes indican que se comprometen a poner en marcha políticas coherentes con los siguientes principios comunes:

– “Reforzar la transparencia y la responsabilidad”. Lo que principalmente significará “aumentar la información exigible sobre los productos financieros complejos y hacer que las compañías informen de manera exhaustiva y fiel sobre sus condiciones financieras”.

– “Mejorar la regulación en profundidad”. Esto significa que se pretende “garantizar que todos los mercados financieros, sus productos y los que actúan en los mercados están regulados o sometidos a supervisión de la manera más adecuada a sus circunstancias” (lo que está por ver si llevará consigo o será extensible a los paraísos fiscales) y la “supervisión estricta sobre las instituciones de clasificación crediticia”.

Pero es justo en este apartado que podría considerarse como uno de los más avanzados cuando se incorpora una idea que puede hacer que cualquier pretensión de ir demasiado lejos se quede en agua de borrajas.

Me refiero a la siguiente idea que se va a repetir en otras ocasiones a lo largo del texto: “Asimismo, vamos a hacer que los regímenes reguladores sean más eficaces a lo largo del ciclo económico, al mismo tiempo que se asegure que la regulación sea eficaz, que no coarte la innovación y que fomente un mayor intercambio de productos y servicios financieros”.

Detrás de esa declaración se esconde una trampa: se asume el principio de que la innovación y el comercio se fomenta con una regulación que no sea muy estricta, que no sea “excesiva” como se dice en otro lugar. Y además, se da a entender que debe ser más generosa en los momentos negativos del ciclo para no frenar el crecimiento. De modo, que puede aventurarse que con este documento no se va a poder ir demasiado lejos en la nueva regulación: ni será muy avanzada ni quizá permanente si predominan las ideas que se subrayan con este comentario.

– “Promover la integridad de los mercados financieros”.

También en este apartado el documento es deliberadamente ambiguo y sinuoso. Se dice que los dirigentes se comprometen a mantener la integridad de los mercados financieros “mediante un reforzamiento de la protección a inversores y consumidores, la evitación de los conflictos de intereses, el impedimento de las manipulaciones ilegales de los mercados, las actividades y los abusos de carácter fraudulento y la defensa contra riesgos financieros ilícitos que surjan de jurisdicciones que no estén dispuestas a cooperar”. Pero de su propio tenor literal se sigue que los espacios de penumbra no van a desaparecer. De hecho, afirman que van a “fomentar” el “intercambio de información”, pero nada más, con las jurisdicciones que “todavía tienen que comprometerse a aceptar las normas internacionales sobre secreto y transparencia bancarios”. Pero de las que no se dice nada más.

– “Reforzar la cooperación internacional”.

Un objetivo que debería ser esencial y sobre el que los dirigentes se limitan a hacer un llamamiento a “nuestros reguladores nacionales y regionales para que formulen sus regulaciones y otras medidas de manera consecuente”, pero sin siquiera señalar de modo concreto y taxativo lo que entienden que debe ser lo “consecuente”.

– “Reformar las instituciones financieras internacionales”.

De nuevo se vuelve a insistir en este aspecto que se consolida como una de las principales pretensiones: fortalecer, reformando, a “las instituciones surgidas de Bretton Woods para que puedan reflejar más adecuadamente el peso económico cambiante [de las naciones] en la economía mundial al objeto de reforzar su legitimidad y su eficacia”. Pero nada se dice de su papel, de su responsabilidad, de la necesidad de democratizar sus procedimientos, del reparto de poder en su interior… ni por supuesto tampoco de crear nuevas instituciones más acordes con los tiempos en los que vivimos y con lo que ellos mismos dicen que son sus deseos de multilateralismo, cooperación y legitimidad global.

e) Una serie de “Cometidos de ministros y expertos”

En este apartado se comprometen a actuar con rapidez para hacer realidad esos principios y se acuerda adoptar una serie de medidas antes del 31 de marzo de 2009. Acuerdan volverse a reunir el 30 de abril del año próximo y piden a los ministros de finanzas que formulen recomendaciones adicionales sobre cuestiones correlativas a las anteriores como la tendencia a los ciclos en las políticas reguladoras (lo que una vez más pone de manifiesto que quieren subrayar que el tipo de nueva regulación que salga no será “represiva” del crecimiento, es decir, que debe ser generosa a la hora de facilitar los movimientos de capital y la creación de medios de pago. O también sobre las revisión de las normas de contabilidad (no se olvide que una de las reivindicaciones de los inversores y entidades es que no haya que registrar los activos por su valor de mercado, precisamente porque de esa manera pueden ocultar mucho mejor las oscilaciones de valor propias de sus actividades especulativas, y habrá que ver si la revisión de la normativa contable con la excusa de la crisis sirve para facilitar el registro contable de la especulación o para dificultar esa practica). Y, de nuevo, sobre el funcionamiento y modos de actuación de los organismos internacionales.

f) Un “Compromiso con una Economía Global Abierta”

Por si no estuviera clara la ideología que inspira el documento, los dirigentes liberales de las principales potencias capitalistas, los socialdemócratas, los comunistas de China o los progresistas de todo tipo que igualmente la han firmado insisten en este apartado sobre sus convicciones: “Reconocemos que estas reformas únicamente tendrán el éxito si están firmemente fundamentadas sobre un firme compromiso con los principios del libre mercado, incluyendo el imperio de la ley, el respeto por la propiedad privada, el comercio y las inversiones libres en los mercados competitivos y se apoyan sobre unos sistemas financieros eficientes y eficazmente regulados. Estos principios son esenciales para el crecimiento económico y la prosperidad, habiendo ya liberado a millones de personas de la pobreza y elevado sustancialmente el nivel de vida a escala global”.

Ni una palabra, sin embargo, para los millones de personas que han muerto y que mueren a causa de estos mismos principios. Ni una sola mención a los 25.000 seres humanos que mueren cada día de hambre, ni a los más de 6.000 que fallecen por falta de agua limpia.

Eso sí, se vuelve a re-insistir, para que luego nadie se lleve a engaño, que si bien es necesario mejorar la regulación del sector financiero, “deberemos, sin embargo, evitar un exceso de regulación que podría obstaculizar el crecimiento económico y exacerbar la contracción de los flujos de capital, incluyendo a los países en desarrollo”. Una falsedad histórica, porque cuando se registraron más flujos de capitales y mayores tasas de crecimiento fue cuando la regulación financiera estuvo más controlada y fue más severa y represiva.

En este Compromiso con una economía global abierta no podía faltar el mismo reclamo de siempre: “subrayamos -dicen los dirigentes- la importancia crítica que tiene el rechazo al proteccionismo”. Y lo dicen y firman todos ellos precisamente a propuesta de quienes son los más dañinos proteccionistas del orbe. Lo proponen cínicamente Bush y los dirigentes europeos y lo que quizá sea peor, lo firman sin rechistar los que están constantemente perjudicados como consecuencia de la doble vara de medir que imponen los ricos.

Con desvergüenza épica hablan de que se comprometen a no “establecer cualquier clase de nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios” en los próximos 12 meses, cuando quizá los países más desfavorecidos tuvieran que hacer frente a los efectos de la especulación que los ricos han promovido y generado, y sin que los países ricos digan nada de eliminar las barreras que han venido ahogando a los más empobrecidos.

Y por si eso fuera poco, los dirigentes afirman sin pudor: “Nos reafirmamos en la importancia que tienen los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un compromiso que hemos adquirido para ayudar al desarrollo, y urgimos tanto a los países desarrollados como a las economías emergentes a que asuman compromisos coherentes con sus respectivas capacidades y los roles que desempeñan en la economía global”. Sin mencionar, por tanto, sus incumplimientos reiterados, sin un ápice de autocrítica, sin un compromiso concreto en este campo, cuando los organismos internacionales están haciendo constantes llamadas urgentes que nunca son oídas, sin hacer referencia a la inmoral asimetría que se ha dado entre la generosidad de sus gobiernos con los bancos y los ricos y la mezquindad con la que hacen frente a sus propios compromisos con los pobres.

Y, para terminar, otros dos compromisos retóricos para los que no hay ni una sola palabra de concreción, ni una sola promesa de actuación efectiva: primero, con lo que llaman “otros retos de naturaleza crítica, como son la seguridad energética y el cambio climático, la seguridad alimentaria, el imperio de la ley y la lucha contra el terrorismo, la pobreza y las enfermedades”. Segundo y último, con “la colaboración continua, la cooperación y el multilateralismo”, es decir, con todo lo contrario de lo que ha sido hasta ahora su conducta.

Podría decirse que, al menos o por primera vez, ahora están estos compromisos por escrito. Pero es que ni eso es así. Los hubo anteriormente, en las Naciones Unidas, en cumbre de mil tipos y nunca después llevaron a la práctica lo que suscribieron. Si ahora de verdad quisieran que estos aspectos fueran algo más que “otros retos de naturaleza crítica” (el lenguaje diplomático, de pura limpieza, es a veces sencillamente vomitivo) hubieran establecido medidas de actuación, pasos inmediatos y urgentes a dar, planes de acciones efectiva. Pero no lo han hecho.

g) Plan de Acción para la implementación de los Principios para la Reforma.

El documento de los líderes termina con un Plan de Acción orientado a poner en marcha los anteriores principios y que se concreta en las siete áreas anteriores, en cada una de las cuales se señalan unas medidas para llevar a cabo antes del 31 de marzo y otras a medio plazo.

Presento a continuación aunque de forma muy resumida las más importantes en cada campo para que se pueda comprobar en qué escasa medida se concretan y su alcance bastante reducido en la mayoría de los casos:

1. Refuerzo de la Transparencia y la Responsabilidad

Entre las medias a tomar antes del 31 de marzo próximo destacan las encaminadas a reforzar los métodos de valoración de garantías, a resolver las posibles debilidades contables y hallar pautas para el control de los elementos que figuren fuera de balance, a reforzar la debida transparencia para los participantes en los mercados de los instrumentos financieros complejos que lancen las diferentes firmas y a generar un conjunto unificado de buenas prácticas en el tratamiento de fondos de capital o fondos de alto riesgo. Es decir, a normalizar las prácticas que se han ido llevando hasta ahora de modo irregular, sin transparencia, con gran opacidad u ocultación y, por tanto, sin que queden rigurosamente registradas en las cuentas de las empresas. Aunque, como puede deducirse de esa pretensión, para nada se trata de evitarlas o ni siquiera de establecer mecanismos que pudieran desincentivarlas.

A medio plazo se propone crear una única normativa global de alta calidad, asegurar una aplicación coherente y un refuerzo de normas contables de alta calidad, lograr que las instituciones financieras deberán proporcionar en sus informes instrumentos reforzados para el descubrimiento de riesgos y desvelar todas sus pérdidas y asegurarse de que en las informaciones económico financieras de cualquier institución financiera se proporcione una descripción completa, exacta y puntual de las actividades de la firma. Y esto que parece algo básico ni siquiera a corto plazo o con carácter de urgencia.

2 Refuerzo de una Regulación Firme

Con carácter inmediato se tratará de que el FMI y otros entes reguladores y organismos desarrollen las recomendaciones precisas para que la revisión de la valoración, el apalancamiento, el capital bancario, la compensación ejecutiva y las prácticas de aprovisionamiento (es decir las prácticas que más o menos han venido a causar la crisis que estamos viviendo) pueden exacerbar las tendencias cíclicas. Léase bien: no que desaparezcan, que se mitiguen, que se reconduzcan, que se limiten o que se disciplinen de alguna manera, sino solo que no exacerben las tendencias cíclicas. O sea que, no hagan más duros los vaivenes que se entienden que ya de por sí tienen las economías de mercado.

Lógicamente, para saber el alcance de todo esto habrá que ver qué entienden los organismos reguladores por toda esta retórica cuando vayan formulando sus propuestas.

A medio plazo se plantea que los países o regiones que aún no lo hayan hecho se comprometan a revisar e informar sobre la estructura y principios de su sistema regulatorio, para, de tal forma, poder asegurarse de que es compatible con un sistema financiero moderno y crecientemente globalizado. Lo que tampoco está claro es si este texto dará pie a abordar la situación de los paraísos fiscales y a la necesidad de evitar que haya territorios libres y con capacidad para evadir normas y capitales de todo tipo.

Es particularmente interesante, aunque igualmente ambiguo, otro de los párrafos incluidos en este epígrafe y que dice que “los organismos correspondientes deberán revisar la naturaleza diferenciada de las regulaciones en los sectores de la banca, títulos, y de seguros”, lo que podría permitir avanzar en la redefinición del sistema financiero para evitar la mezcolanza hoy día existentes, sobre todo, entre la actividad bancaria (que debería estar orientada a financiar la actividad productiva) y el resto de las actividades financieras (generalmente orientadas hacia la especulación). Además, de nuevo se vuelve a incidir aunque igualmente con ambigüedad sobe la necesidad de “acometer una revisión del panorama de la regulación financiera, poniendo un especial énfasis sobre instituciones, instrumentos y mercados que actualmente se encuentran sin regular, además de asegurar que todas las instituciones sistémicamente relevantes se encuentren adecuadamente reguladas”.

3 Supervisión prudencial

En este aspecto y como tarea inmediata se propone dar los pasos necesarios para asegurar que las agencias de calificación crediticia (cuya actuación corrupta ha permitido difundir por todo el sistema financiero internacional gato por liebre, es decir, productos arriesgados y nada valiosos por otros de alta valoración) se atengan a los estándares internacionales que operan en otro tipo de actividades:

Se propone también que las autoridades “se aseguren de que las instituciones financieras mantengan un capital adecuado en la cantidad necesaria para que se mantenga la confianza”, aunque queda por decir, en todo caso, qué se hará cuando se descubra que efectivamente hoy día carecen de él.

Un cambio importante, que dependerá de hasta dónde llegue, se dará si se establece la medida que se propone en este campo orientada a que se establezcan “ciertos requisitos (sin decir cuáles) fortalecidos de capital para los créditos estructurados y las actividades de securización de los bancos”, es decir, para el tipo de operaciones que ha generado la crisis en la medida en que provocado la difusión de productos muy opacos y arriesgados.

Al mismo tiempo se señala la urgencia de tomar medidas para evitar el riesgo inherente a las operaciones de financiación que se vienen realizando en los mercados financieros para hacer frente a la crisis y en el marco dificultoso que está creando.

4. Gestión del riesgo

En este apartado y con carácter urgente se propone que los reguladores adopten criterios generales que sirvan para que las entidades financieras gestiones el riesgo con mayor eficacia. Bien mediante mejores controles internos, mediante mayores “colchones de liquidez) o mediante la aplicación de incentivos que promocionen la estabilidad.

En realidad, pues, se esta hablando de poner coto a la deriva de los bancos que en los últimos años ha provocado el marasmo financiero en que vivimos. Pero cómo lograrlo. El documento no concreta, se limita a expresar un desideratum a veces de una ingenuidad pasmosa como cuando dice que “los bancos deberán ejercer una gestión eficaz del riesgo y llevar a cabo las debidas diligencias con respecto a la securización y los productos estructurados” (los productos que los bancos hacen nacer de otros productos para lograr más liquidez). O sea, que los dirigentes de los países más ricos del mundo se reúnen para decirle a los bancos que sean diligentes y no sean tan atrevidos y arriesgados como hasta ahora a la hora de ponerse a ganar dinero

Quizá no sea menos ingenuo el documento cuando a medio plazo pide que en el futuro “los mandatarios reguladores sean conscientes y capaces de responder con rapidez a la evolución y la innovación en los mercados y los productos financieros”.

5 Promoción de la integridad en los mercados financieros

Para ello se propone con carácter inmediato que las autoridades regionales y nacionales trabajen juntas, que compartan la información sobre las amenazas contra la estabilidad del mercado y que revisen la normativa de conducta empresarial para proteger a mercados e inversores especialmente frente a la manipulación y los fraudes en el mercado.

A medio plazo las autoridades nacionales y regionales deberán poner en marcha medidas nacionales e internacionales que protejan el sistema financiero global de jurisdicciones no cooperadoras y poco transparentes que constituyan un riesgo de actividad financiera ilícita.

También se indica que el Grupo de Acción Financiera deberá continuar con su importante trabajo contra el blanqueo de dinero y la financiación terrorista, aunque no se mencionan explícitamente otras formas de trasgresión de la legalidad ni se señala en que forma van a instrumentarse mecanismos que eviten las conductas que de esta naturaleza.

6 Refuerzo de la cooperación internacional

A corto plazo se menciona la necesidad de fortalecer el contacto, la comunicación y la coordinación pero, como he señalado más arriba no se menciona la necesidad de crear nuevas instancias de gobernanza y decisión.

7 Reforma de las instituciones financieras internacionales

Para antes del 31 de marzo próximo se destaca la necesidad de fortalecer el FMI y de consolidarlo como la instancia de revisión central e incluso se menciona la posibilidad de aumentar sus recursos.

Se menciona la posibilidad de “explorar nuevas formas de restaurar el acceso a los créditos por parte de los países emergentes y en vías de desarrollo”, aunque sin que algo tan fundamental merezca una propuesta más concreta y firme.

Se propone que los bancos de desarrollo multilateral apoyen a los países que lo necesiten “en los casos en que los graves trastornos del mercado han limitado el acceso a la financiación necesaria”, pero, en todo caso, siempre “a los países con buenos antecedentes y políticas sanas”. O sea, justamente las políticas recomendadas por el FMI o el banco Mundial que no son las que han adoptado los poderosos y que, precisamente, los han venido desestabilizando, desarmando y empobreciendo en los últimos años.

Entre las acciones a medio plazo que se proponen en este campo destacan la propuesta de que “las economías emergentes y en desarrollo deberán tener más voz y representación” en las instituciones de Bretton Woods.

2. Valoración urgente del documento

1. La reunión de los dirigentes mundiales era necesaria para tomar medidas, pero era completamente indeseable que se llevara a cabo a partir de una convocatoria unilateral que casa muy mal con la intención del documento de adoptar en el futuro medidas basadas en el multilaterialismo.

Es verdad que a la reunión asistieron los dirigentes de los países que representan un porcentaje muy grande del PNB mundial pero precisamente por el hecho de que estaban allí los ricos es por lo que se echa en falta, una vez más, la voz de los pobres. Sobre todo porque hay una verdad histórica que no se quiere reconocer y es que en realidad no hay países pobres sino empobrecidos.

No puede haber una respuesta satisfactoria a la crisis para todo el mundo si no se oye la voz de todo el mundo. Sobre todo, cuando los empobrecidos son los más perjudicados de la crisis de los ricos, directamente porque ellos la han generado e indirectamente porque para solucionarla irán recursos que podrían ir a resolver sus necesidades.

2. El documento habla de la crisis pero no aborda con nitidez ni rigor de sus causas, no hace mención explícita de sus responsables, confunde cuando no vincula la recesión de la economía real con la especulación financiera, con la avaricia de los bancos, con la complicidad de las autoridades reguladoras, de muchos gobiernos.

3. El documento habla de reformar los mercados y las relaciones financieras pero:

– No da indicaciones concretas sobre la naturaleza y el alcance de la regulación. Al contrario, constantemente advierte de que no se podrá ir muy lejos porque establece una identificación falsa entre regulación “soft” y mayor crecimiento e innovación.

– Mantiene en pie el entramado institucional que ha consentido y facilitado el desarrollo de la crisis.

– No crea o menciona la creación de instrumentos que acaben o incluso que desincentiven las operaciones letales para la economía que se han venido realizando en el sistema financiero. Más bien se limita a señalar que lo que se debe hacer es regularlas para aliviar sus efectos sobre la economía real.

– Menciona la necesidad de establecer un nuevo marco para la actividad bancaria, pero no concreta ni da pautas claras sobre las que deban actuar los reguladores.

– Reconoce que la regulación financiera es un problema de ámbito global pero sigue dejando en manos de los reguladores nacionales la responsabilidad principal de ponerla en marcha.

En definitiva, siendo la reforma del sistema financiera el primer gran objetivo de la cumbre, el documento se limita a establecer principios generales que luego podrán ser interpretados de muchas formas. Y, por tanto, susceptibles de ser llevados a la práctica con alcances muy diferentes.

4. El documento habla de los efectos perniciosos de la crisis sobre la economía real y apunta la posibilidad de llevar a cabo actuaciones pero en el marco de una concepción de las intervenciones fiscales muy conservadora que, si se siguen al pie de la letra, las limitarán al corto plazo y a tener cuantías limitadas en función de la potencia de cada economía.

Por el contrario, ni se menciona la necesidad de cometer planes de largo alcance a escala global para salvar la demanda y para que de esa forma puedan afrontarse las necesidades insatisfechas de millones de personas.

5. El documento se limita a considerar como objetivos de la acción gubernamental la reforma financiera (que en los términos en que se plantea será insuficiente y limitada) y el crecimiento económico, sin entrar tampoco a considerar que éste último objetivo no es en sí mismo deseable, porque para que lo sea debe estar vinculado a la mejor calidad de vida, a la justicia, a la eficiencia energética, o a la sostenibilidad medioambiental, y a nada de ello se hace referencia.

6. Todo el documento utiliza constantemente palabras de doble o triple sentido, de cuyo alcance efectivo no cabe hacerse una idea rigurosa: ¿cuáles son las políticas “incoherentes”, en qué consiste una reforma “adecuada”, qué es una “consecuencia indirecta negativa para el gasto público”?.

7. El documento continuamente da vueltas sobre unos pocos principios que se supone sacrosantos por su capacidad para proporcionar efectos positivos, cuando en realidad nada ha demostrado hasta ahora que sea así. Es una constante loa, por ejemplo, a los principios del mercado, olvidando que esos principios han sido los que las propias administraciones han utilizado para llevar a cabo la regulación que ha provocado la crisis.

O también al libre comercio y a la crítica del proteccionismo, cuando lo que viene ocurriendo es que las grandes potencias han establecido un régimen que significa protección para ellas y apertura sin defensas para las más pobres.

8. El documento ni siquiera menciona mecanismos e instrumentos alternativos a los que se han venido utilizando hasta ahora y que, como está a la vista, no han impedido que se genere la crisis que se quiere evitar…recurriendo de nuevo a ellos. Me refiero, por ejemplo, a la necesidad de establecer impuestos o tasas globales, frenos a los movimientos especulativos de capital, planes expansivos de gasto a escala internacional que no sean los de la guerra, compromisos exigibles en el plano de la cooperación internacional, programas de restitución a los países empobrecidos, alivio de la deuda externa…

9. El documento por supuesto no menciona una sola vez la palabra especulación, pero ni siquiera las consecuencias nefastas de la plena libertad de movimientos de capital que incluso el Banco Mundial tuvo que reconocer en su momento, Ni hace referencia a que el papel de los estados se muestra cada vez más necesario para corregir los fallos del mercado, claro que ni siquiera se alude a que éste pueda tenerlos. En consecuencia, y salvo a corto plazo como medida de choque, el documento renuncia a instrumentos que no sean los intrínsecos al mercado para salir de la crisis y para evitar que vuelvan a darse otras en lo sucesivo.

10. En definitiva, el documento es un texto ideologizado, basado en principios viejos y manidos, que apunta algunos cambios fundamentales en la regulación financiera pero con carácter tan ambiguo y general que no es posible saber en qué línea derivará en los próximos meses.

Seguramente, y sabiendo que Bush tiene los días contados en la Casa Blanca, los demás gobiernos se han conformado con celebrar una reunión que al menos manifiesta la necesidad de hacer algo conjuntamente, pero sin saber bien qué han de hacer.

Al igual que sucedió con los planes de rescate que han ido adoptando en los meses anteriores, ahora siguen sin saber cómo actuar, qué medidas llevar a cabo. En realidad, la cumbre y el documento de conclusiones constituyen más bien una especie de autorización implícita que los gobiernos se dan entre ellos para que cada uno trate de abordar la situación como mejor pueda a través del único y mejor remedio conocido para hacer frente a estas situaciones (la expansión del gasto) pero que hasta ahora todos habían demonizado.

Eso permitirá que los países adopten medidas de expansión presupuestaria sin ser castigados por ello, pero el problema seguirá siendo el mismo de antes de la reunión: si no se adoptan medidas urgentes sobre la actividad bancaria, de regulación más estricta de los mercados financieros y sobre la economía real, la dimensión financiera de la crisis seguirá aumentando y empeorando y la recesión de la economía real irá en aumento y se extenderá irremisiblemente.

Es verdad que la cumbre ha puesto una parte de los problemas sobre la mesa y que a partir de ahora habrá que abordarlos ya sin remedio. Pero solo eso, porque la perspectiva desde la que han señalado que quieren hacerlo y el horizonte al que se proponen llegar es francamente limitado y frustrante. Si tuviera que apostar apostaría que incluso antes del 31 de marzo previsto tuviera que haber otra reunión de los poderosos. Aunque posiblemente con una agenda distinta y mucho más preocupante.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla (España) y miembro del Consejo Científico de Attac España. Su web personal http://www.juantorreslopez.com

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¿La hegemonía del bien?, de Boaventura de Sousa Santos en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

La elección del presidente Obama es un acontecimiento de importancia global y trascendente para todos los que creen en la posibilidad de un mundo mejor. En los últimos quince años, otros dos acontecimientos alcanzaron esta mágica cualidad: la elección del presidente Nelson Mandela en Sudáfrica, en 1994, y los millones de personas que salieron a las calles de todo el mundo el 15 de febrero de 2003 para protestar contra la invasión de Irak. Muy diferentes entre sí, estos tres hechos tienen en común una concepción posnacionalista del mundo. El mundo es la ciudad natal de la esperanza y lo que sucede en un país habla de todos los demás. Los tres acontecimientos comparten el ser testimonio de la inagotable creatividad de la especie humana, para lo mejor y para lo peor. Los tres eran considerados casi imposibles hasta el momento en que nos golpearon a la puerta. Participan también de la capacidad de los seres humanos para celebrar incondicionalmente la magia de los momentos de comunión libre de las constricciones de la realidad, como si ésta hubiese salido a almorzar y aún no hubiese regresado.

Sin embargo, la relación entre la victoria de Obama y los otros dos hechos es todavía más profunda. Obama y Mandela son hombres con fuertes raíces africanas y están orgullosos de ellas. Mandela es un líder de noble linaje xhosa y Obama es miembro de la etnia luo de Kenya (una etnia discriminada antes y después de la independencia), como refiere en su libro best-seller. Sus identidades fueron urdidas por la memoria del sufrimiento injusto, la segregación, el colonialismo. Mandela simboliza el caso extremo de una mayoría sometida durante décadas a un cruel sistema de apartheid. Obama, a pesar de no ser él mismo descendiente de esclavos, simboliza el rescate del innombrable sufrimiento infligido a los afroamericanos, un sufrimiento tan naturalizado por los opresores que continuó hasta nuestros días bajo la forma del racismo. Más allá del voto de los blancos, Obama conquistó el voto abrumador de los ciudadanos afro y latino descendientes y conquistó también el voto de una minoría casi olvidada, los jóvenes. Su triunfo es el triunfo de las minorías cuando descubren que, unidas, son mayoría. En los últimos quince años, Africa se muestra al mundo sobre los hombros de estos dos gigantes y les dice ¡basta! a los insultos del Banco Mundial y el FMI, para los que Africa es un continente infeliz, donde el capitalismo global deposita multitudes de seres humanos considerados descartables. Por una vía muy propia, sellada por su pasado colonial, Africa llega al protagonismo mundial que en las dos últimas décadas conquistaron Asia y América latina (que también es afrolatina e indolatina).

La relación entre la victoria de Obama y los millones que protestaron contra la guerra ilegal e injusta en Irak no es menos relevante. Esas multitudes no consiguieron impedir la guerra, tal como le ocurrió al senador Obama, uno de los pocos que votó en contra del ataque. Pero ahora, como presidente de los Estados Unidos, tendrá en sus manos la posibilidad de poner fin a esa guerra y, de hecho, eso mismo fue lo que prometió a sus electores. Los que lo votaron quieren, además, que termine con la guerra gemela que avasalla a Afganistán. En este sentido, su estado de gracia será corto, tanto en el país como en el mundo. Afganistán tiene una memoria y una apasionante historia de luchas victoriosas contra invasores extranjeros militarmente más poderosos. No hay armas que sometan a este país. Todo indica que Obama privilegiará la diplomacia y entenderá que Al Qaida no puede ser destruida militarmente. Puede, eso sí, ser aislada por la paz y la cooperación no colonialista. La victoria de Obama significa que, finalmente, quienes protestaron no protestaron en vano.

La mención conjunta de tres acontecimientos que apuntan a devolver a la humanidad lo mejor de sí misma puede ser sorprendente, ya que la victoria de Obama parece tener un significado global incomparablemente superior al de los otros dos. Este desequilibrio es resultado del privilegio hegemónico de los Estados Unidos en el mundo de hoy, un privilegio en declive, sobre todo en el dominio económico, aunque por ahora sigue siendo muy fuerte. Para bien y para mal. El 11 de septiembre “transformó al mundo”, mientras otras poblaciones del mundo sufren anualmente ataques tan injustos, tan criminales y muchas veces más devastadores que el ataque a las Torres Gemelas sin que merezcan más que una pequeña referencia noticiosa. Del mismo modo, un pequeño país, Paraguay, eligió este año a un obispo, teólogo de la liberación, para librar a su país de la más odiosa oligarquía, sin que mereciese una mención detallada en la prensa internacional.

Obama tiene el privilegio de ofrecer al mundo entero un glorioso momento de hegemonía del bien. Sólo por eso hará historia. Ese momento no durará mucho. La realidad no acostumbra demorar demasiado cuando sale a almorzar. Cuando termine, todo va a depender del modo cómo el impulso del bien enfrente al impulso del mal. Y todo va a comenzar en los Estados Unidos, un país contradictorio y sufrido. Contradictorio, porque es el mismo pueblo que hace ocho años “eligió” a W. Bush, el peor presidente de la historia de los EE.UU. Sufrido, porque la estupidez, la avaricia y la corrupción que dominaron la Casa Blanca dejaron al país al borde de la quiebra financiera y moral. La última fue rápidamente redimida por Obama. La primera será mucho más difícil de redimir.

Boaventura de Sousa Santos. Doctor en Sociología del Derecho; profesor de la Universidad de Coimbra (Portugal) y de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).

Traducción: Javier Lorca.

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La crisis de reojo, de León Bendesky en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 18 noviembre, 2008

El pasado fin de semana se reunieron en Washington y bajo los auspicios del Grupo de los 20 (G-20) un grupo de jefes de Estado y las cabezas de diversos organismos internacionales. La asamblea revisó las condiciones de la crisis financiera y las acciones para enfrentarla.

El momento político no es el más propicio para llegar a acuerdos funcionales. George W. Bush ya no tiene espacios efectivos de maniobra y Barack Obama no tomará posesión hasta enero de 2009. Pero la catarsis parece necesaria. Todos querían estar ahí.

En cuanto a las causas de la crisis, se pronunciaron por establecer condiciones de regulación más estrictas sobre los mercados financieros, en especial de los fondos de cobertura y la transparencia de los títulos derivados, como los créditos de hipotecas.

En lo que concierne a la gestión de la crisis propusieron emprender acciones conjuntas de política monetaria y fiscal para evitar una recesión profunda y de larga duración. El texto de la resolución es amplio en cuanto a temas que abarca.

Los acuerdos llevarán un tiempo más bien largo para instrumentarse y habrá que observar la verdadera disposición política una vez que cada uno vuelva a casa. El asunto es el tránsito entre lo convenido alrededor de la mesa y las condiciones políticas internas en cada país, así como la eficacia de las públicas. No es claro qué tanta soberanía estarán finalmente dispuestos a ceder a cambio de arreglos de índole global.

La atención en las brechas que hay en regulación y supervisión de los mercados financieros. “Después de ahogado el niño, a tapar el pozo.” Pero en una reafirmación de sus convicciones más íntimas, Bush ya había sentenciado, aun antes de la reunión, que los cambios en esa dirección deben ser modestos y no crear sobrerregulación o límites al comercio global. Habrá que ver qué tanto es tantito para librar la recesión a escala mundial, que ya se ha instalado.

Reconoció el mismo Bush que en el entorno de la crisis se equipara el sistema de libre empresa con la avaricia, la explotación y la quiebra. Pero haciendo profesión de fe dijo que la crisis no representaba una falla del libre mercado y que la intervención del gobierno no era cura para todo.

La paradoja radica en que hoy el gobierno de Estados Unidos tiene intervenida y nacionalizada una gran parte del sistema financiero, en un claro antagonismo con los principios librecambistas que defendió a ultranza durante su administración. Esto se puede extender a áreas productivas, según se ve en el caso de General Motors.

Los líderes que visitaron Washington señalaron que se trata de que una crisis como ésta no ocurra de nuevo. Esa es, sin embargo, una declaración vacía de contenido técnico y político. Las crisis de este tipo han ocurrido muchas veces y son incluso cada vez más recurrentes.

Al final todos parecen pensar como Greenspan, cuya reciente declaración de culpa por haber subestimado la inestabilidad de los mercados no regulados es inútil.

El capitalismo es inestable por naturaleza y aún más en un entorno de mercados financieros muy desarrollados, globalizados y sin regulación suficiente. Hyman Minsky lo planteó de manera clara en su libro ¿Puede pasar otra vez? (1982). La respuesta es sí, por supuesto. Pero eso ocurría al margen de las teorías convencionales que se repiten sin ningún contenido crítico por todas partes y que no hicieron sino provocar más inestabilidad.

Hay una anécdota que no debería omitirse en el análisis de la crisis. Myron Scholes, Nobel de Economía 1997 (en realidad ese premio lo concede el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel), fundó junto con Robert Merton, con quien compartió el galardón, un fondo de coberturas llamado Long Term Capital Management. Esta empresa quebró estrepitosamente hace 10 años y tuvo que ser rescatada por el gobierno de Estados Unidos en la era Greenspan.

Luego de aquel fiasco, Scholes volvió a las andanzas con su nuevo Platinum Grove Asset Management, que tiene un capital de más de 4.5 mil millones de dólares. En octubre había perdido 40 por ciento de su valor y congeló los fondos de sus inversionistas. El Nobel se lo dieron por sus teorías sobre la valuación de los activos financieros; ustedes dirán si la memoria financiera no es bastante corta.

Hace unos días comparecieron ante el Congreso los directores de los mayores fondos de coberturas. Maestros del universo, los ha llamado el escritor Tom Wolfe. Luego de defender su línea de negocios argumentaron que no debería aumentar la regulación sobre ese mercado.

Esos fondos aprovechan las brechas de los precios de los títulos financieros y realizan enormes ganancias; la creación de riqueza no es asunto de ellos. Pero, ojo, éste no es un argumento ético, es un hecho del funcionamiento del capitalismo financiero, que en una gran medida promueve las ganancias grandes y rápidas y se vuelve un modelo de éxito social.

La crisis no es sólo un asunto técnico, tiene que ver con los arreglos sociales prevalecientes, con ideologías y políticas desgastadas, con la mala gestión del gobierno y con la existencia de fuertes conflictos de intereses. Eso no estuvo en la agenda de la reunión sabatina de los presidentes en Washington. Como suele ocurrir en conflictos de esa naturaleza, ¿se tratará de cambiar para que nada cambie demasiado?

leon@jornada.com.mx

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