Reggio’s Weblog

El gran día de Anacarsis, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 16 noviembre, 2008

CARTA DEL DIRECTOR

El 26 de abril de 1793 en el Pabellón de Doma del Jardín de las Tullerías donde todavía celebraba sus sesiones la Convención Nacional ya se mascaba la tragedia. Eran las antevísperas del primer golpe de Estado contemporáneo contra un régimen representativo y el cerco de los sectores más exaltados del pueblo de París, hábilmente manejados desde la Comuna y el Club de los Jacobinos, se estrechaba cada día como un dogal asfixiante sobre los diputados de la Gironda y sus aliados del ala moderada de la cámara.

El debate del proyecto de la que debía ser la primera Constitución republicana de la Historia de Europa era uno de los principales catalizadores de la guerra fratricida que empujaba de forma inexorable hacia la guillotina a los enemigos de la «Santa Montaña» en cuya cima había asentado Robespierre su solio pontificio. Frente al Estado monolítico de ese inquietante homo antecesor de la Teología de la Liberación, los girondinos y otros acosados especímenes sinceramente demócratas preconizaban una tímida descentralización administrativa -no podían hablar de federalismo pues esa herejía estaba expresamente castigada con la muerte- apenas asimilable a la de las que hace 20 años denominábamos en España «autonomías de segunda velocidad».

Las sesiones iban y venían entre los exaltados cánticos a la hegemonía de París como conductora de la Revolución -jaleados desde las tribunas-, y las no menos campanudas apelaciones a la igualdad entre los 84 departamentos -abucheadas desde las tribunas-, cuando esa tarde llegó el turno de palabra de un hombre de rampante alopecia y perfil de pajarito, autodenominado el Orador del Género Humano. Su propuesta iba por igual contra la Nación y contra la Provincia, pues abogaba nada menos que por el establecimiento de la República Universal.

Su verdadera identidad era la de Jean-Baptiste de Cloots, barón du Val-de-Grâce, nacido en Prusia y nacionalizado francés por sus servicios a la Revolución, pero su nombre de guerra se había transfigurado y condensado en el de Anacarsis Cloots. Tan inaudito patronímico era un homenaje al sabio viajero escita así denominado que, según el vademécum que para aquella generación revolucionaria eran las Vidas de los Filósofos Ilustres de Diógenes Laercio, había aportado un toque de revitalizador cosmopolitismo a la Atenas de Solón desde el momento en que decidió autoinvitarse como huésped en su casa. Sintiéndose heredero del Anacarsis de aquella edad clásica, Anacarsis Cloots se veía a sí mismo como el sabio llegado de fuera que podía liberar a la nueva Acrópolis de su parroquianismo endogámico y miope.

Dotado de un gran sentido de la teatralidad, Cloots había hecho su debut parlamentario casi tres años antes cuando había comparecido ante la Asamblea Constituyente al frente de una sedicente Embajada de la Humanidad que solicitaba poder desfilar en la gran fiesta que iba a conmemorar en el Campo de Marte el primer aniversario de la toma de la Bastilla. Había argumentado entonces que, así como los generales romanos incorporaban a su cortejo triunfal a los pueblos que habían sojuzgado, ahora todos los espíritus libres de los más remotos confines de la Tierra debían sumarse al desfile en homenaje a la gran Revolución emancipadora. No es difícil imaginar la exaltación y entusiasmo con que la Asamblea acogió esa propuesta de un ponente que acudía acompañado por más de 30 representantes de casi todos los pueblos europeos, amén de un árabe y un caldeo, embutidos todos ellos en sus respectivos atuendos nacionales.

La apoteosis se atenuó un poco cuando se descubrió que el «árabe» y el «caldeo» no habían llegado de tierras remotas sino que eran traductores de lenguas extranjeras asentados en París desde hacía bastante tiempo y se trocó en befa cuando comenzó a circular la especie de que la mayoría de los demás no eran sino figurantes franceses a sueldo. Una de las contadas excepciones debió ser la del representante español, pues varios periódicos de la época lo identifican nada menos que como Pablo de Olavide, exiliado en Francia desde hacía más de una década tras ser condenado con saña por la Inquisición y haber logrado escapar durante un traslado a un balneario gerundense en las inmediaciones de la frontera.

Al margen de que las fechas efectivamente encajan, lo que hace más verosímil tan sorprendente presencia de nuestro desdichado prócer de la Ilustración en ese pintoresco cortejo es la naturaleza de la actividad, pues ¿qué terminaron siendo en definitiva las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena que Olavide organizó como Intendente Real, suscitando toda la enemiga del Santo Oficio, sino pequeños embriones de repúblicas utópicas en las que trabajadores franceses, suizos, flamencos, alemanes e italianos ensayaban la experiencia del cooperativismo y la fraternidad universal?

Anacarsis Cloots preconizaba todo eso y mucho más y no estaba dispuesto a dejarse nada en el tintero en su gran oportunidad de expresarlo ante la Convención. Puesto que «los Derechos del Hombre se extienden sobre la totalidad de los hombres, cualquier reunión o corporación parcial que se declare soberana hiere gravemente a la Humanidad». De ahí que lo pertinente fuera, a su entender, olvidarse de algo tan prosaico como la elaboración de la Constitución de la República Francesa y ponerse manos a la obra para redactar al fin «la Constitución del Género Humano».

«¿No es evidente que la ignorancia de la voluntad universal es la causa inmediata de todas las guerras?», se preguntó entre crecientes murmullos. «No conozco más barrera natural que la que hay entre la tierra y el firmamento… Un Gobierno tendrá más vigor cuanto más amplíe la base de la que obtiene su energía: ése será el caso de la República Universal».

Los murmullos empezaron a crecer de tono y a trocarse en manifestaciones de desaprobación y burla cuando el bueno de Anacarsis comenzó a concretar sus propuestas. Una cosa era su antigua ocurrencia de crear un Parlamento Mundial formado por 10.000 miembros y otra que Francia debiera empezar dando ejemplo y renunciar a sus señas de identidad: «Pido incluso que, para evitar todos los malentendidos, se suprima el nombre de Francés al igual que los de Normando, Borgoñón o Gascón. Una renuncia formal nos cubrirá de gloria anticipando en un siglo las ventajas de la República Universal… Y como nuestra asociación será una verdadera unión fraternal, el nombre de Germanos nos encajará perfectamente. Universales de derecho; Germanos de hecho, gozaremos incesantemente de los beneficios de la universalidad».

La Convención votó en contra de todos los artículos del consecuente decreto presentado bajo estas premisas y Anacarsis Cloots fue, naturalmente, guillotinado apenas un año después. Un testigo presencial recordaría que toda su obsesión, mientras recorría la Via Dolorosa de la calle Saint Honoré maniatado en la traqueteante carreta que le conducía hasta el patíbulo, era que no se le confundiera con los airados radicales con los que el Tribunal Revolucionario le había amalgamado. Porque él, el hombre que por un instante había logrado poner de acuerdo en el vituperio a la Gironda, la Montaña e incluso a los cobardones diputados de la Plana, era nada menos que -mucho ojo, un respeto- el Orador del Género Humano.

Le habían cubierto de mofas pero, al margen de que el final del pobre Anacarsis no tuviera ninguna gracia, lo cierto es que en 1795, es decir al año siguiente de su ejecución, su doblemente «germano» Emmanuel Kant publicó su famoso tratado sobre La Paz Perpetua, propugnando la formación de «un Estado Internacional (civitas gentium) que debe necesariamente continuar creciendo hasta que incluya a todos los pueblos de la Tierra».

De forma mucho más sólida y consistente que en los desbocados sueños de Anacarsis, Kant desarrollaba lo que Rawls definiría como «una utopía realista», pues admitía que antes de llegar a la cima de ese Gobierno Mundial, imaginado ya por Aristóteles, Dante o Hobbes, convenía desarrollar durante una larga etapa intermedia las posibilidades de una «Federación Pacífica (foedus pacificum) que no pretendiera adquirir ninguno de los poderes propios de un Estado, sino simplemente garantizar las libertades de cada Estado en su interior en armonía con las de los demás Estados Confederados».

¿Estaba ejerciendo de heraldo de la Sociedad de Naciones, de la ONU o de este G-20 ampliado que ha desarrollado ayer en Washington la que muy bien puede terminar siendo la sesión constitutiva de un proceso que desemboque si no en un Gobierno Global, sí -importante matiz- en el gobierno de la globalización?

Muy pocos observadores han reparado en la coincidencia entre el 90º aniversario del final de la Primera Guerra Mundial -una sanguinaria contienda baldíamente preconizada como «la guerra para acabar con todas las guerras»- y esta Cumbre de Washington convocada con la pretensión de atajar la que muy bien podríamos llamar Primera Crisis Sistémica de la Era de la Globalización. Pero mientras los últimos supervivientes centenarios de aquella gran carnicería acuden en silla de ruedas a recibir durante el Veteran’s Day el postrer homenaje de sus vidas, la música de órgano que resuena bajo las bóvedas de la Catedral de San Pablo de Londres representa a la vez el réquiem por casi un siglo de atroces fracasos y el ofertorio de todas nuestras nuevas esperanzas de embridar el caballo desbocado del progreso humano.

Pese a haber vivido todas las peores horas de una Segunda Guerra Mundial que multiplicó por cinco o por seis los 10 millones de muertos de la Primera y pese a haber contribuido decisivamente a las horripilantes tragedias de Hiroshima y Nagasaki, el presidente Truman siempre llevaba en su cartera una copia de unos famosos versos de Lord Tennyson imaginando «todas las maravillas que se producirían» («all the wonders that would be») el día en que los tambores de guerra dejaran de sonar y las enseñas militares se plegaran «en el Parlamento de los hombres, en la Federación del mundo».

Durante toda la Guerra Fría el concepto de colaboración universal estuvo tan unido a las negociaciones de desarme, y sobre todo al control de las armas nucleares, que el propio Albert Einstein consideraba que el monopolio sobre el ejercicio de esa competencia era razón suficiente para que el establecimiento de un Gobierno Mundial resultara imprescindible.

Con la caída del Muro de Berlín y el entierro de la bipolaridad surge la aurora de ese Nuevo Orden Mundial anunciado por Bush padre entre ingenuas fantasías sobre el «fin de la Historia» y en buena medida enturbiado luego por los catastróficos abusos y equivocaciones de Bush hijo. Pero, entre tanto, el revolucionario desarrollo de las telecomunicaciones, la industria del transporte y las nuevas tecnologías de la sociedad de la información han creado una realidad global o, para decirlo con la afortunada expresión de Thomas Friedman, un mundo más «plano» que nunca, a modo de un único estadio en el que se desarrolla un único evento deportivo que a todos nos concierne.

Y si las oportunidades son enormes, también lo son los riesgos colectivos. El sida nos ha enseñado que las epidemias son globales; los efectos del cambio climático, que las crisis medioambientales son globales; y esta infección masiva del sistema financiero por las hipotecas basura y otros productos tóxicos fruto del maridaje entre el ingenio y la codicia, que los cataclismos económicos -atenuados o, como en el caso de España, agravados por los ingredientes domésticos- también son globales.

La reunión de ayer marca por lo tanto un hito en la asunción de esa nueva realidad que nos convierte a todos los humanos en pasajeros de un único navío y deja en manos de gobernantes de muy diversas ideologías y legitimidades la responsabilidad de conducirnos sobre una frágil balsa de troncos o en un sólido transatlántico de casco de titanio. Nunca en la Historia de la civilización humana se había celebrado una reunión operativa de grandes mandatarios tan representativa de los cinco continentes, reflexión que en el caso español sirve para que la satisfacción de haber estado presentes enmascare en gran medida la forma un tanto vergonzosa de conseguirlo.

Quien de verdad ha quedado ayer en evidencia es la Organización de las Naciones Unidas, completamente ajena al evento no ya por la falta de apego de la Administración Bush a su espíritu y actividades sino por el carácter obsoleto e inoperante de sus reglas del juego. Es obvio que el liderazgo transformador que puede encarnar Obama no encontrará mejor prioridad que la implantación y desarrollo de los mecanismos de una nueva multilateralidad, bien reformando la ONU, bien impulsando lo alumbrado ayer en Washington, bien haciendo converger ambos procesos -eso sería lo ideal- con otros tan esenciales como el de la Corte Penal Internacional, la ronda comercial de Doha o el Protocolo de Kioto.

Cuando me preguntan por qué me subyuga tanto la Revolución Francesa siempre respondo que porque es imposible encontrar otro momento histórico en el que en un lugar tan concreto y en un periodo de tiempo tan reducido se hayan planteado todos los problemas de la democracia con tan franca intensidad y tan brutal esencialismo. Hasta tal extremo me doy cuenta de que nada de lo que ha sucedido después dejó de ensayarse entonces, que más de una vez he imaginado lo que habría venido ocurriendo si en unas catacumbas bajo la Iglesia de La Madeleine en la que se honra la memoria del desafortunado Luis XVI, se hubiera continuado reuniendo aquella Convención Nacional.

«Ya lo decía yo», habría advertido Robespierre, atusándose la peluca con la cabeza bajo el brazo, durante el desencadenamiento de la Revolución de Octubre y la implantación de los regímenes totalitarios disfrazados de «democracia real». «Ya lo decía yo», habría advertido Danton, exhibiendo desafiante su cabeza picada de viruelas -tal y como le pidió al verdugo que lo hiciera-, durante la Batalla de Inglaterra, el auge de la Resistencia o el desembarco de Normandía. «Ya lo decíamos nosotros», habrían advertido a coro Vergniaud, Guadet y demás líderes girondinos, depositando sus atildadas cabezas sobre la tribuna y compitiendo en oratoria al describir la prosperidad de las actuales democracias parlamentarias. «Ya lo decía yo», habría vociferado Marat, con sus ademanes de sapo y el cuchillo de Carlota Corday clavado en el pecho, al festejar el mayo del 68, los disturbios raciales del «verano caliente» o los últimos actos vandálicos en las banlieus.

No soy el primero en imaginar tal parlamento de los muertos vivientes, pero sí en descubrir que incluso el pobre Anacarsis Cloots tendría la oportunidad de vivir su gran día. «Lo veis», habrá alardeado el Orador del Género Humano al contemplar sentarse juntos al francés, al ruso, al americano, al chino, al árabe y al turco a falta de caldeo. «Ya lo decía yo», clamará triunfante, sosteniendo su cabeza de pajarito pelado bajo el brazo.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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Gobernar el ‘lado oscuro de la fuerza’, de Jordi Sevilla en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 16 noviembre, 2008

LUCES LARGAS

Es bueno que sepan que escribo este artículo antes de la reunión del G20+ZP en Washington para reformar el actual desorden económico internacional, mientras que ustedes lo leerán después. Ya conocerán, por tanto, si Pedro Solbes tenía razón cuando anunció que no se puede refundar el capitalismo en un solo día, tras un café con churros.

Nuestro presidente del Gobierno ha acudido a esa reunión pertrechado por las sugerencias que le han ido desgranando esta semana banqueros, sindicatos, empresarios, oposición y, esperemos, los propios servicios económicos del Gobierno. Con todas ellas, habrá forjado -con un poco de precipitación, es cierto- una posición española que, por ser nacional, estará alejada del combate ideológico, ya que las reuniones de jefes de Estado y de Gobierno no son confrontaciones izquierda-derecha, aunque este vector no deba excluirse a la hora de valorar propuestas y soluciones.

Los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CC.OO, han optado por diluirse en una posición internacional de clase y se han sumado a la Declaración de Washington que ha presentado la Confederación Sindical Global Unions. Por ello, no haremos una lectura interna del último párrafo del documento que señala: «Los trabajadores tienen que sentarse a la mesa en estas reuniones e instituciones.No confían mucho en que los banqueros y gobiernos, reunidos a puerta cerrada, lo hagan bien esta vez». El documento sindical hace un análisis bastante ortodoxo (ahora) de la situación, según el cuál la economía mundial se enfrenta a una recesión muy seria.El problema se desencadena por la preponderancia de mercados financieros sin control alguno donde el fraude y la codicia han sustituido al criterio racional en detrimento de la economía real y todo ello en un contexto de globalización asentado en una crisis de justicia distributiva que ha acabado por destruir a la economía mundial. A partir de ahí, efectúa propuestas en tres bloques: un plan de recuperación coordinado para la economía real que incluya descensos en los tipos de interés y el activismo presupuestario a favor de rentas medias y bajas; unas normas de gobernanza para el sistema financiero internacional que ataquen las medidas reglamentarias y fiscales que han permitido la asunción de riesgos excesivos; y combatir la crisis de la justicia distributiva mundial incorporando en todas las negociaciones nuevas o en marcha, una prevalencia de la normativa laboral establecida por la Organización Internacional del Trabajo.

También nuestro principal partido de la oposición ha aportado su contribución ante esta Cumbre del G20+ZP. Ignoro si han consultado a Rodrigo Rato, en su calidad de anterior Director Ejecutivo del FMI, pero el documento del PP peca de lo contrario que el sindical: es demasiado nacionalista y no sólo por poner como ejemplo mundial la regulación de provisiones anticíclicas efectuada por el Banco de España, ¡oh, casualidad!, cuando gobernaba el PP. El documento incorpora tal exceso de mirada interior que parecería que la bondad de la nueva arquitectura institucional mundial dependerá de que España consiga ser miembro de pleno derecho en todos los foros y centros de decisión internacional habidos o por haber. Si no se consigue esto, el éxito de ZP por la primera presencia de España en una reunión como ésta, quedará, a ojos de los populares, empequeñecido.

También mira excesivamente hacia casa, cuando insiste en que para corregir los problemas actuales de la economía mundial es básico que España reduzca su ingente déficit exterior. Y para esto, debemos aplicar la política económica que propone el PP, que es, según ellos, muy distinta de lo que está haciendo el Gobierno.

El resto del decálogo popular se mueve en la ortodoxia en cuanto a reformas en los indicadores de la política monetaria o medidas para incrementar la regulación y supervisión del sector financiero con dos protagonistas: el nuevo FMI para coordinar las políticas monetarias y un Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) reforzado como coordinador internacional de reguladores financieros nacionales.

No he tenido acceso al resto de papeles o propuestas que se le hayan hecho llegar al presidente. Pero las dos conocidas y aquí comentadas tienen en común un punto muy importante. En ambas se pide el fin de los paraísos fiscales si queremos ir hacia un nuevo orden financiero mundial más estable y más justo. La sindical, de manera explícita: «Es necesaria una acción firme para detener la pérdida de ingresos generada por los paraísos fiscales». La del PP, de forma hiperbólica: Hay que «evitar que los centros financieros que no cooperen pongan en peligro la estabilidad financiera internacional».

Y ahí quería llegar, porque los paraísos fiscales son como agujeros negros que conectan los dos lados de la fuerza en la economía y en la sociedad. A través de ellos pasamos al lado oscuro, el no controlado, el que no funciona con las mismas reglas de juego, el que protege todo aquello que es delito en el otro lado. Es el lugar adonde va el dinero que delinque al esconderse del fisco de su país, junto al dinero que, además, procede de la economía canalla: droga, prostitución, mafias, tráfico ilegal de armas, terrorismo. Son la quintaesencia de la desregulación, la desestabilización y, por qué no decirlo, de la hipocresía de todos los que llevan años mirando hacia otro lado, aún sabiendo que su existencia es injusta. E inmoral.

Hay quien argumenta que, como explica Yoda en la La guerra de las Galaxias, el equilibrio de la fuerza obliga a que existan ambos lados y que los paraísos fiscales ayudan a mantener dicho equilibrio. Bueno. Pues a lo mejor ha llegado la hora de buscar un nuevo equilibrio más estable y más justo en el que no tengan cabida estos espacios oscuros. Y eso, no será tampoco de izquierdas, ni de derechas. Será, simplemente, decente. Quizá, la prueba del nueve de la seriedad con que los países del G20+ZP se toman la reforma del sistema financiero internacional sea, precisamente, su voluntad de acabar con los paraísos fiscales. Quizá entonces, y partiendo de ello, sí comencemos a refundar el capitalismo.

jordi.sevilla@diputado.congreso.es

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¿A dónde va la economía española?, de Luis de Guindos en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 16 noviembre, 2008

APUNTES ECONOMICOS

De nuevo un pesimismo prácticamente sin límite. Los datos recientes de la economía española ponen de manifiesto que la contracción de la producción se acelera sobre un tercer trimestre que ya muestra tasas de crecimiento negativas según acaba de avanzar el INE. Y, lógicamente, los malos datos que se van produciendo tienen un impacto sobre las expectativas de los agentes y las proyecciones para el año 2009. El FMI ha recortado, en el plazo de un mes, su proyección de crecimiento para España hasta un 0,7% negativo, lo que supone medio punto menos. Este empeoramiento sucede además en un entorno internacional incierto y extremadamente volátil, que no sólo afecta a los mercados de renta variable, sino también a las materias primas y al tipo de cambio del dólar.

En resumen, el temor y la realidad de la recesión se hacen evidentes y además se proyecta que la misma va a ser bastante generalizada, abarcando también a los países en desarrollo, que hasta hace poco tiempo parecían a buen recaudo de la crisis.Incluso se piensa que el ajuste puede acabar siendo más duro en Europa que en los propios Estados Unidos, como apuntan la caída del euro y los indicadores de los mercados de crédito.El temor de una crisis global es lo que está llevando a los bancos centrales a reducir tipos de forma intensa en prácticamente todas las áreas geográficas del mundo, y en algunos casos, como el del Banco de Inglaterra, con bajadas claramente extraordinarias, como la última realizada, de un punto y medio.

Este es el entorno en el que se mueve la economía española, que está viviendo su ajuste más brusco en décadas. Hemos pasado de un crecimiento trimestral del 0,6%, que es un registro bastante elevado, a finales del año pasado, a mostrar una contracción sólo tres trimestres después. Así, vamos a ver cómo la economía española entra en recesión técnica en el último semestre del año puesto que los indicadores disponibles del cuarto trimestre auguran que el ajuste se acelera con respecto al tercero. Esta caída de la actividad presenta además elementos diferenciales especialmente preocupantes respecto al resto de la zona euro.

Primero, está siendo mucho más intensiva en destrucción de empleo.Ello provoca que la crisis se perciba como más grave en nuestro país que en los vecinos. El dato de paro registrado y de afiliaciones a la Seguridad Social del mes de octubre puede que haya sido la peor noticia desde el inicio de la crisis. Se pone de manifiesto que nuestro modelo de crecimiento, que fue muy intensivo en empleo, también lo va a ser en su destrucción, ahora que se da la vuelta.La caída de la demanda doméstica y el derrumbe de la construcción están teniendo, y van a tener, un impacto sin precedentes en el mercado laboral.

En segundo lugar, nuestras cuentas públicas están mostrando un ajuste que va mucho más allá de lo habitual en las fases bajistas previas del ciclo. Este año, el conjunto de las Administraciones Públicas verá como su saldo se deteriora en casi cinco puntos del PIB respecto al ejercicio anterior, y puede que el año que viene nos vayamos aproximando a déficit públicos similares a los registrados a mediados de los 90. El empeoramiento puede llegar a ser dramático en los entes territoriales, comunidades autónomas y ayuntamientos, que pueden enfrentarse no sólo a un déficit galopante sino a dificultades de financiación sin precedentes dada la avalancha de emisiones de deuda pública a realizar en los próximos meses en el mundo. Además, parece cada vez más claro que si la destrucción de empleo continúa a estos ritmos, la Seguridad Social verá como su superávit se evapora, planteando otra vez dudas sobre su sostenibilidad en un horizonte amenazadoramente corto.

Por último, podemos tener un impacto más intenso sobre nuestro sistema bancario. Hasta el momento, la banca española ha mostrado un comportamiento diferencialmente positivo frente a sus competidores europeos, tal como reflejan sus resultados y la propia cotización en bolsa de sus acciones. Sin embargo, en un entorno de recesión y de destrucción muy rápida del empleo, los índices de morosidad pueden incluso acelerar su mala evolución reciente e ir erosionando los diferenciales de rentabilidad de nuestros bancos y cajas.Por decirlo de otro modo, el mayor riesgo para nuestro sistema financiero deriva de una extensión, a lo largo de varios trimestres, de las caídas de actividad y empleo que se están dando actualmente.

El principal soporte de la economía española vendrá, sin embargo, de que la recesión llevará a una moderación sin precedentes de la inflación, que en mi opinión se va a acercar al 2% con una velocidad inusitada. Esta mejora de la inflación tendrá un efecto muy positivo sobre la renta real disponible de las familias.A este efecto se añadirá el de la bajada de los tipos de interés que nos va a continuar proporcionando el BCE y su traslación paulatina a las cuotas que las familias pagan por sus hipotecas y a los costes financieros de las empresas. Dado el elevado nivel de endeudamiento de las familias y empresas españolas, la reducción de los tipos se va a convertir en una ayuda importante en la mejora de la renta real de los hogares y de los resultados empresariales.

Sin embargo, estos dos efectos indudablemente positivos no van a ser suficientes para compensar las fuerzas depresivas a las que se enfrenta la economía española. La nueva financiación va a ser cara y escasa para todos los agentes, ya sean públicos o privados. El ajuste a la baja de los precios de los activos va a continuar indefectiblemente, y nuestra pérdida acumulada de competitividad puede hacerse evidente en el peor momento del entorno internacional, cuando más necesario sería contar con un tirón de las exportaciones. Todo ello puede convertir el año 2009 en el más negativo de los últimos 50. Se trata de evitar que destruyamos gran parte de la prosperidad acumulada por la sociedad española desde 1996. A ello deberíamos contribuir todos los españoles. Esperemos que no nos demos cuenta demasiado tarde.

luisdeguindos@hotmail.com

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Palacio de Cristal, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 16 noviembre, 2008

CUADERNO DE MADRID

“Te daré todo lo que me pidas” (Godoy a Murat)

En el parque del Retiro está el árbol más viejo de Madrid. Es un ahuehuete. Un enorme ciprés mexicano, plantado en 1632, cuando Quevedo ya escribía ácidos versos contra los díscolos catalanes. Sobrevivió el árbol de Moctezuma al pesimismo quevediano y, después, al 2 de Mayo, puesto que los franceses transformaron el parque en campamento y de la tala sólo se salvó el fornido ahuehuete.

Al verlo tan robusto, el mariscal Murat ordenó emplazar un cañón entre sus ramas. Apuntaba a la Puerta del Sol.

El Retiro invita a pasear estos días interinos de noviembre. Madrid es una ciudad de grandes otoños. La primavera suele ser corta y neurasténica: nunca se sabe qué pasará mañana. El verano, muy rifeño, confirma que el aire acondicionado llegó desgraciadamente tarde a la historia de España. (Con refrigeración en los cuarteles y unos foros de internet abiertos al desahogo nos habríamos ahorrado la Guerra Civil). Y qué decir del tenaz invierno. Es militarista. Y maravilloso en sus días de gélido e intenso cielo azul.

El otoño en el Retiro es ligeramente melancólico, atributo todavía algo reñido con la madrileñidad. Rica, hiperactiva, golfante, nerviosa, americanizada y pronto, muy pronto, proletaria y neorrealista como una película de Rossellini, la capital de España está en un tris de añorar tiempos más felices. Falta poco. El cambio de humor se intuye en el perceptible crecimiento del pequeño partido de Rosa Díez y Fernando Savater. Hay en el emergente partido neoespañol, muy bien puntuado por periodistas, escritores, catedráticos, profesores de instituto y demás nostálgicos de un orden central y mesocrático, el primer atisbo de una madrileña melancolía.

Se intuye, sí. Flota entre las arboledas del Retiro un renovado rechazo al galimatías autonómico. Caciquismo regional, escribe la revista The Economist en su descarnada radiografía del fin de fiesta español. Y acierta. La campaña desatada estas semanas desde el Gobierno regional de Madrid para obtener un férreo control político de la presidencia de Caja Madrid, la segunda caja de ahorros de España, no merece otro calificativo. He ahí todo un ejemplo de caciquismo regional, que el periodista Michael Reid seguramente no llegó a tiempo de anotar en su libreta. Es interesante el informe británico. Bebe mucho de Savater y escribe algunas cosas de Catalunya que no son exactas, pero acierta totalmente en la pregunta principal: ¿sin reglas federales, es viable una España de 17 autonomías en el trastocado mundo que viene?

Paseo de otoño en el Retiro. Al mediodía, en la hora más extraña, la radical soledad del parque se condensa en el Palacio de Cristal, su rincón más literario cuando la jornada es laborable.

Después de visitar Londres en 1862, Fiodor Dostoyevsky escribió que el palacio de cristal construido en la capital inglesa con motivo de su exposición universal era la perfecta metáfora de la moderna civilización occidental, puesto que pretendía englobarlo todo bajo el techo de una cálida y frágil comodidad.

El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha retomado recientemente la idea de Dostoyevsky en un ensayo sobre el mundo interior del capital. Y ha esbozado, denso y musical como siempre, una metáfora aún más esbelta: el palacio de cristal como ambigua frontera entre lo que está dentro del vasto mundo comercial y lo que sigue fuera.aparentemente ajeno a las imperativas exigencias del capitalismo integral y espectacular.

En Washington hubo ayer un solemne intento de limpiar el vaho que desde hace unos meses empaña las paredes del Palacio de Cristal. Y quien podía haber quedado fuera,en la más fría, intensa, política y teatral de las intemperies, al final fue admitido dentro.Alborozado acontecimiento -“¡hemos salido del rincón de la historia!”- que explica, perspicaz Sloterdijk, maestro de la metáfora, las rendidas muestras de española gratitud que, con calculadísima indiscreción, acaba de revelar el diario Le Figaro. Por encargo de Murat.

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La confianza no se compra, se gana, de Joaquim Muns en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

La confianza es uno de los ingredientes más importantes del funcionamiento de la economía. Su naturaleza es difusa, pero su poder es decisivo. Todos los agentes que intervienen en el proceso económico esperan comportamientos de los demás de acuerdo con reglas de reciprocidad y buena fe. Pero, además, la confianza también abarca la probabilidad que atribuyen los agentes económicos de que se cumplan las expectativas, por ejemplo de ganancias, que esperan.

En la actual crisis, la confianza se ha desplomado. Los inversores, los consumidores, los empresarios, todos se hallan afectados por este sentimiento de falta de los niveles mínimos de confianza para actuar normalmente. La desconfianza es un estímulo negativo que se transmite fácil y rápidamente por toda la economía. Cuando fallan simultáneamente la confianza y el sistema financiero, el resultado es enormemente adverso, como podemos contemplar en el momento actual.

Tanto a nivel individual como social, la confianza se pierde muy rápidamente. Es mucho más difícil y complicado recuperarla. Los gobiernos así lo han entendido y han optado por tomar cartas en el asunto e inyectar cantidades impresionantes de fondos públicos con el objetivo de lograr infundir confianza a los agentes económicos para que vuelvan a funcionar normalmente. El problema es que el dinero es sólo uno de los ingredientes en el complicado proceso de recuperar la confianza. Y, seguramente, no es el más importante ni el más decisivo. Las cosas serían relativamente más fáciles en la vida social si el dinero pudiera comprar confianza. Seguramente, es una visión acorde con la enorme expansión de la economía mundial de los últimos años, propiciada por el desmesurado incremento de la liquidez. Si el dinero pudo encumbrar el sistema una vez, seguramente – piensan los gobiernos- lo puede hacer otra vez.

Tenemos bastante perspectiva histórica para saber que la confianza no se compra, sino que se gana, lo que es muy distinto. El que quiera infundir confianza lo ha de hacer, sobre todo, con el esfuerzo, la perseverancia, la claridad de ideas, la coherencia, la transparencia y, no menos importante, desde una posición de fuerza moral. En definitiva, las actuaciones que acompañan a los paquetes económicos de rescate son tanto o más importantes que estos últimos. Dicho de otra forma, el cuándo y el cómo es tan importante o más que el cuánto.

Creo que, casi sin excepciones, este ha sido el gran problema de los planes de rescate que se han anunciado en la últimas semanas. No hacían falta grandes esfuerzos para darse cuenta de la improvisación, de las vacilaciones y de las incoherencias que los han acompañado. No se han explicado debidamente e incluso se ha pretendido que no iban a tener coste fiscal. Un ejemplo flagrante de improvisación la ha dado el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, quien acaba de modificar sustancialmente el destino de los 700 mil millones de dólares que aprobó el Congreso y que iban destinados a comprar activos tóxicos de las instituciones financieras. Pero tampoco explicitó en qué se utilizarían ahora. En definitiva, los mercados, como cabía esperar, han ido confiando cada vez menos en estos planes ante la incertidumbre, las improvisaciones y las vacilaciones que acompañan importantes aspectos de su puesta en funcionamiento.

Tampoco infunde confianza ver cómo el sistema de rescate se ha convertido en una gran tómbola, en la que cada día crece el número de aspirantes a participar. El rescate del sistema financiero, que fue la idea inicial, se ha ido ampliando, como una gran mancha de aceite, al resto de la economía. Se extiende la percepción de que cada vez va a ser más complicado gestionar lo que gradualmente se está convirtiendo en el rescate de un número creciente de sectores de nuestras economías. Y surgen dudas de si ello es viable económica y técnicamente, así como de si va a ser posible separar el grano de la paja, es decir, las empresas viables de las que no lo son.

Los grandes problemas que han llevado al sistema financiero a la actual crisis han sido la falta de transparencia, de responsabilidad y de control. Es paradójico y equivocado que los gobiernos quieran superar el problema cayendo exactamente en los mismos errores. Porque son precisamente, la transparencia, la responsabilidad, entendida sobre todo como rendición de cuentas, y el control los que darán credibilidad a los planes de rescate de los gobiernos. El dinero es importante, pero no lo puede lograr todo sin estos elementos, que nuestras democracias consideran imprescindibles para que los gobernantes puedan infundir confianza, que es lo que se busca y se necesita urgentemente.

Joaquim Muns. Economista y abogado. Premio de economía Rey Juan Carlos I, es catedrático de OEI en la UB y fue director ejecutivo del FMI y del Banco Mundial.

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Para evitar lo peor, de Alfredo Pastor en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

Desde mediados de octubre, la situación económica, aquí y fuera, va teniendo peor aspecto. Las medidas adoptadas por las autoridades económicas -de una escala sin precedentes- apenas si surten efecto. Mientras tanto, las perspectivas de la economía real van empeorando. Aunque parezca una paradoja, la gravedad de la situación despeja cualquier duda sobre lo que debería hacer la política económica. Se trata ahora de hacerlo sin perder tiempo.

NATURALEZA DEL AJUSTE

Todo empieza con el reventón de la burbuja inmobiliaria en EE. UU., en agosto de 2007. Como siempre en estos casos, ya se sabe que el sistema financiero tendrá dificultades de liquidez porque se ha comprometido a financiar unos activos para los que no hay mercado y que, en cualquier caso, valen mucho menos de lo que habían pensado. Para aliviar estas tensiones están los bancos centrales, que les prestan el dinero que necesitan de momento, aunque es lógico pensar que, durante un tiempo, los bancos se muestren más cautos en sus préstamos.

También se sabe que el reventón de la burbuja crea muchos perdedores: en este caso, todos los propietarios de un piso se han despertado más pobres de lo que eran la víspera. Este súbito empobrecimiento afectará a sus planes de consumo. Las empresas, a su vez, reducirán sus planes de inversión, tanto por las dificultades de financiación como por esperar menos alegrías del lado de las ventas. Resultado de todo esto: un periodo, más o menos largo, de crecimiento más lento.

Estas eran las perspectivas hace un año. El ajuste ha seguido la trayectoria prevista y, sin embargo, todo parece haber salido mal. El primer tropiezo se da al inicio del proceso, en el sistema bancario: la naturaleza de los instrumentos empleados para financiar la burbuja inmobiliaria hace que, de pronto, las entidades financieras no sepan qué tienen en su balance; mucho menos lo que tiene la entidad vecina, a la que prestan y de la que piden prestado cada día: el mercado interbancario se seca. Al no poder contar con él, las entidades han estado guardando toda la liquidez que les va dando el banco central, por si acaso. De este modo, la actividad económica se va viendo privada de la financiación que necesita para seguir operando.

Estas dificultades de financiación se van haciendo públicas, así como las dudas sobre la solidez del sistema financiero, hasta el punto que, en algunos casos, empresas y particulares retiran sus fondos de la banca, agravando así la situación de liquidez. Mientras tanto, los precios de la vivienda bajan, y aumenta el paro, con el sector de la construcción en cabeza. El consumidor, asustado, reduce sus gastos mucho más de lo que uno imaginaba. En previsión de una fuerte caída de las ventas, las empresas ajustan el empleo; caen aún más consumo e inversión. Bajan los precios – o, por lo menos crecen más despacio-, pero la demanda baja aún más, por una combinación de menores salarios y de menor gasto de las familias por el creciente paro.

El bucle se cierra, pero esta vez el sistema va hacia abajo, no hacia arriba. El ajuste ha seguido el camino previsto al principio, pero la virulencia de la crisis bancaria lo ha hecho descarrilar. Si hace unos meses uno podía dudar que fuera indispensable una intervención pública que fuera más allá de las medidas tomadas por los bancos centrales, estas dudas ya no son posibles hoy: es lícito pensar que estamos a punto de traspasar la frontera invisible que separa la recesión de la depresión. El mercado, por sí solo, no volverá a colocarnos sobre los raíles.

POR QUÉ INTERVENIR

Así las cosas, la política económica tiene un objetivo bien preciso: evitar la depresión. Era inútil, y hasta perjudicial, tratar de evitar el ajuste necesario, aún a costa de una recesión, pero una depresión tiene unas consecuencias catastróficas. Y se puede evitar, porque la política monetaria puede abaratar el coste de la financiación a los bancos hasta que estos vuelvan a prestar (no tanto como en la cúspide de la burbuja, pero lo bastante para asegurar el funcionamiento de la economía). Los gobiernos pueden prestar garantías adicionales y una política fiscal decidida (cómo se reparte entre impuestos y gastos es para más adelante) puede reanimar la demanda hasta que el sistema vuelva a ponerse en marcha.

YA HABLAREMOS

Una intervención de esta amplitud no estaría justificada si no fuera porque la situación actual puede ser irreversible porque la intervención tiene dos costes inevitables: el enorme aumento de la cantidad de dinero terminará por generar inflación, si no se recoge el exceso de liquidez, y las medidas fiscales resultarán en grandes déficits, que habrá que ir corrigiendo más adelante. Todos los logros de la última década, en materia de precios y de finanzas públicas, quedarán en nada. Parecerá, por último, que pagan justos por pecadores.

Todo esto es cierto, y no habrá que olvidarlo una vez pasado el susto; pero es más prudente dejar para más adelante la tarea de depurar responsabilidades a la que somos tan aficionados. La capacidad de intervención se verá dificultada por la fragilidad de la Unión Europea. En este punto, nuestras autoridades no debieran ser menos firmes que las de otros Estados miembros: hay que hacer lo posible para actuar al unísono, pero guardando la autonomía necesaria para ajustar nuestra intervención a nuestras necesidades, que es lo que pretenderá para sí cada uno de nuestros socios.

Hasta ahora, Europa ha sabido dar una respuesta adecuada a la crisis (aunque en el último minuto), como si sus dirigentes se hubieran dado cuenta que la cosa iba en serio. Pero lo más difícil viene ahora: porque si se actúa bien se evitará la depresión, y, si no se hace, el ciudadano lo tendrá en cuenta. Pero habría que empezar lo antes posible.

Alfredo Pastor. Profesor de Economía del Iese. Doctor en Economía por el MIT y licenciado en Economía por la UB, fue secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes.

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Siempre nos quedará París, de Santos Juliá en Domingo de El País

Posted in Economía, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

Tras unos meses de desconcierto, gestos adustos, profundas ojeras e inquietante falta de liderazgo, el Gobierno de la nación, con su presidente a la cabeza, vuelve a tomar aire y a recuperar la sonrisa: ahí es nada que por fin España ocupe una silla en la reunión del G-20, destinada a debatir el nuevo orden financiero internacional. El alborozo ha sido grande; el alivio, mayúsculo: por unos momentos, la crisis ha quedado como suspendida en el aire mientras se ahonda a sus pies la sima del desempleo. Propenso como es a marcar hitos históricos, el presidente no ha podido evitar la calificación de la hazaña como el mayor éxito alcanzado por la diplomacia española en no se sabe cuántas décadas. Una pica en Flandes, como si dijéramos.

Y en verdad, la apuesta -si apuesta hubo y no se jugaba con cartas marcadas desde la primera mano- era arriesgada, y los modos, insólitos. La diplomacia suele trabajar pasito a paso y a la chita callando, sin anunciar desde el comienzo los objetivos últimos ni los medios para conseguirlos. El presidente español parecía, sin embargo, tan seguro de ganar el envite que gastó toda la munición en la primera andanada. ¿Era porque tenía ya en el bolsillo un pacto en relación con las dos sillas que, por el azar de la presidencia europea, correspondían al presidente francés? Si fue así, y partiendo del supuesto de que los Estados carecen de sentimientos y sólo saben de intereses, ¿cuál fue la contrapartida? ¿O quizá la histórica racanería francesa se ha transmutado por arte de birlibirloque en desbordante generosidad?

Sea lo que fuere, es lo cierto que el Reino de España ocupa en la cumbre de este G-20+1 una silla cedida por la República Francesa, lo cual no es ninguna novedad en las relaciones entre los dos vecinos, vinculados desde tiempos inmemoriales por una relación de amor / odio que casi llevamos inscrita en nuestro código genético. En política internacional, nada hay más al gusto francés que cumplir de vez en cuando el papel de ángel tutelar de la diplomacia española. Sin necesidad de remontar la mirada a nuestras guerras africanas, tal pretendió Giscard d’Estaing con la recién nacida democracia española y tal quiso repetir François Mitterrand con el entonces joven, y novato en aquellas lides, Felipe González.

Fue sin embargo González -probable-mente el político español del siglo XX mejor dotado para moverse por el mundo- quien dio un vuelco a aquella relación, acercándose a Alemania en una muy sonora iniciativa y reforzando la relación con Estados Unidos en un plano muy diferente del consolidado por la diplomacia franquista. No agravió al gigante americano, estableció una relación especial con el socio alemán, sin olvidar a la señora Thatcher en su isla, y obligó así a la gran République a mirar hacia el sur con otros ojos, muy lejos ya de la tradicional tutela, poniendo en su lugar una nueva relación de buena vecindad. Detrás quedaban los sinsabores de la pause impuesta por Giscard y del santuario de ETA mantenido durante unos años por Mitterrand en suelo francés.

Son historias de ayer: desde la entrada de España en la Comunidad Europea y la ratificación de su pertenencia a la OTAN, se ha modificado sustancialmente su presencia en el mundo. Sin embargo, este cambio tuvo más que ver con un brillante liderazgo que con la potencia económica, militar o cultural de España. Lo que quiere decir que un liderazgo menos capaz, sin volver las cosas a su estado anterior, puede provocar daños difícilmente reparables. Fue lo que pasó con la disparatada política internacional del presidente Aznar, echándose en brazos de EE UU, y es lo que ha venido cultivándose con la soledad, casi la ausencia, del presidente Zapatero en los foros internacionales: su lejanía y falta de implicación con la UE, su incapacidad de comunicación con EE UU.

España está hoy presente en una cumbre internacional a la que nada de lo realizado en los años anteriores permitía acceder. Se ha conseguido gracias al presidente francés. Bien está: me cuento entre los que creen que siempre nos quedará París. Pero esta manera de presencia no inaugura ninguna historia, más bien sucede lo contrario: volvemos a nuestra más vieja querencia: en momentos de apuro, que Francia eche una mano. La ha echado esta vez; nunca, cuando tal cosa ha ocurrido, ha sido gratis et amore. Quizá sea momento de que nuestra actual clase política -con su chocante déficit en idiomas- saque de esta experiencia una lección: no es malo chapurrear el francés para entenderse con los franceses en inglés, evitando, a ser posible, meter a nadie el dedo en el ojo.

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¿Franklin Delano Obama?, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 16 noviembre, 2008

De repente, todo lo antiguo es new deal. Reagan está anticuado; Franklin Delano Roosevelt (FDR) está de moda. Sin embargo, ¿cuánta orientación puede ofrecer en realidad la era de Roosevelt al mundo actual? La respuesta es que mucha aunque Barack Obama debería aprender tanto de sus fracasos como de sus éxitos: la verdad es que el new deal [las políticas de reformas sociales y económicas llevadas a cabo por Roosevelt] no tuvo tanto éxito a corto como a largo plazo. Roosevelt puso en riesgo su programa porque sus políticas económicas fueron demasiado cautelosas.

Respecto a los éxitos a largo plazo, las instituciones que Roosevelt creó han demostrado ser tan duraderas como esenciales. Esas instituciones son los cimientos de la estabilidad económica de nuestra nación. Imagínense lo mucho peor que sería la crisis si el new deal no hubiese garantizado la mayoría de los depósitos bancarios. Imagínense lo inseguros que muchos ancianos estadounidenses se sentirían ahora si los republicanos se las hubiesen arreglado para desmantelar la Seguridad Social.

¿Puede Obama conseguir algo comparable? Rahm Emanuel, el nuevo jefe de gabinete de Obama, ha declarado que “uno nunca quiere que se desperdicie una crisis”. Los progresistas esperan que la nueva Administración, al igual que el new deal, responda a la crisis económica y financiera creando instituciones -y en particular un sistema sanitario universal- que cambien la forma de la sociedad estadounidense para el futuro. Pero la nueva Administración debería procurar no imitar un aspecto menos positivo del new deal: su inadecuada respuesta a la gran depresión.

Ahora hay todo un sector intelectual, que actúa principalmente a través de los expertos de derechas, dedicado a propagar la idea de que, en realidad, FDR hizo que empeorase la depresión. Es importante que se sepa que la mayor parte de lo que se dice en ese sentido se fundamenta en una tergiversación deliberada de los hechos. El new deal representó un auténtico alivio para la mayoría de los estadounidenses.

Dicho eso, es cierto que FDR no consiguió orquestar una recuperación completa durante sus dos primeros mandatos. A menudo ese fracaso sirve como argumento contra la economía keynesiana, que afirma que un aumento del gasto público puede hacer que una economía salga del estancamiento. Pero el más importante estudio sobre las políticas fiscales de los años treinta, realizado por el economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) Cary Brown, llega a una conclusión muy distinta: el estímulo fiscal no tuvo éxito “no porque no funcionase, sino porque no se intentó”.

Esto puede resultar difícil de creer. Es bien sabido que el new deal puso en la nómina del Estado a millones de estadounidenses mediante la Agencia para la Mejora del Trabajo (WPA, en sus siglas en inglés) y el Cuerpo Civil de Conservación (CCC). Hoy seguimos conduciendo por esas carreteras y enviamos a nuestros hijos a escuelas construidas por la WPA. ¿Es que todas esas obras públicas no constituyen un gran estímulo fiscal? Bueno, no tan grande como podría pensarse.

El impacto del gasto federal en obras públicas se vio en gran parte contrarrestado por otros factores, especialmente por una gran subida de impuestos aprobada por Herbert Hoover, cuyas consecuencias no se apreciaron de lleno hasta que su sucesor llegó a la presidencia. Además, la política expansiva a escala federal se vio limitada por los recortes en el gasto y las subidas de impuestos estatales y locales.

Roosevelt no sólo era reacio a aplicar toda la expansión fiscal que fuera posible, sino que estaba deseando volver a unos presupuestos conservadores. Ese deseo estuvo a punto de destruir su legado. Tras una victoria aplastante en las elecciones de 1936, su Administración recortó el gasto y subió los impuestos, lo que ocasionó una recaída económica que elevó nuevamente la tasa de paro hasta los dos dígitos y desembocó en un estrepitoso fracaso en las elecciones de mitad de mandato en 1938.

Lo que hizo que la economía y el new deal se salvasen fue el gigantesco proyecto de obras públicas conocido como Segunda Guerra Mundial, que por fin proporcionó un estímulo fiscal apropiado para las necesidades de la economía.

Esta historia enseña algunas lecciones importantes para la próxima Administración. La lección política es que los pasos económicos en falso pueden minar rápidamente un mandato electoral. La semana pasada, los demócratas ganaron por un amplio margen, pero fue aún mayor en 1936 y luego se esfumaron sus logros tras la recesión de 1937 y 1938. Los estadounidenses no esperan del próximo Gobierno unos resultados económicos inmediatos, pero desde luego esperan resultados, y la euforia de los demócratas no durará mucho si no consiguen una recuperación económica.

La lección económica trata sobre la importancia de hacer lo suficiente. FDR pensaba que estaba siendo prudente al reprimir sus planes de gasto público; en realidad, estaba corriendo grandes riesgos con la economía y su legado. Mi consejo para la gente de Obama es que calculen la ayuda que creen necesaria y luego le añadan un 50%. Con una economía en crisis, es mucho mejor pecar de un exceso de estímulo económico que quedarse corto.

Las oportunidades de Obama de orquestar un nuevo new deal van a depender en gran medida de si sus planes económicos a corto plazo son lo suficientemente ambiciosos. Los progresistas deberán confiar en que tenga la audacia necesaria.

Paul Krugman es profesor de Económicas en la Universidad de Princeton. Traducción de News Clips.

©New York Times Service, 2008.

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Se confirma el descenso de la inflación, de Ángel Laborda en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 16 noviembre, 2008

Hay veces (pocas) en las que la profesión de oráculo económico tiene sus recompensas, sobre todo cuando se adelanta una buena noticia. Es una gozada cuando la vecina te dice: este mes has clavado el IPC, ¿cómo podías saberlo? La verdad es que los analistas de la coyuntura sabemos que es poco probable que se acierte una previsión a la décima, nos contentamos con adelantar adecuadamente las tendencias. Pero este mes de octubre la inflación no sólo descendió, lo que era fácilmente predecible, sino que lo hizo justo en la medida prevista, un punto porcentual, del 4,54% al 3,56%. También era predecible que bajara la inflación subyacente medio punto porcentual, hasta el 2,9% [gráfico superior izquierdo]. Son variaciones muy fuertes que merecen una explicación.

La causa principal por la que debía bajar la inflación en octubre es eso que los analistas denominamos efecto escalón. Hace un año por estas fechas los precios de la energía y de los alimentos registraron fuertes subidas, como consecuencia del encarecimiento del petróleo y de las materias primas agrícolas a escala internacional. Estas subidas provocaron un repunte en la tasa de inflación entonces [gráficos superior e inferior izquierdos], y dado que ésta se mide por comparación interanual de los precios, hasta que no ha pasado un año no hemos descendido el escalón. En realidad la inflación está descendiendo desde agosto porque desde entonces el precio del petróleo ha bajado bruscamente, otro efecto escalón -en este caso descendente- que deberemos subir dentro de un año [gráficos superior e inferior derechos]. Así que ahora nos estamos beneficiando de dos efectos escalón: la bajada del introducido hace un año y uno nuevo descendente.

Estos escalones en la inflación se producen por la brusca variación de algunos productos que son especialmente volátiles, como el petróleo o los alimentos. Por eso, para captar mejor la tendencia de los precios y tener un indicador que orientase mejor la política monetaria, se inventó el concepto de inflación subyacente, que en España se obtiene excluyendo del IPC los productos energéticos y los alimentos sin elaboración. El problema es que la última y brusca subida de las materias primas agrícolas contaminó a la inflación subyacente, ya que los precios de los alimentos elaborados se dispararon. Por eso parece más adecuado el concepto de inflación subyacente de los americanos, que excluyen todos los alimentos y la energía, quedándose con los bienes industriales no energéticos y los servicios. A este concepto de inflación también se le suele denominar nuclear (core inflation, en inglés). La inflación nuclear española se ha mantenido contenida y sólo entre mayo y septiembre ha mostrado una tendencia ligeramente creciente, que se explicaría por la traslación a los precios finales de los aumentos previos de las materias primas y del repunte de los costes laborales. Son los efectos de segunda ronda, tan temidos por el BCE. Sin embargo, estos efectos han sido mínimos y la tendencia creciente de la inflación nuclear se ha detenido [gráfico superior izquierdo]. Cabe prever que a partir de ahora se modere, al debilitarse la demanda de consumo. Dado que esto es así también en el resto de la zona del euro, el BCE tiene el camino despejado para bajar más los tipos de interés.

Aunque la inflación nuclear no se haya movido apenas, los precios que hemos tenido que pagar han venido dados por la inflación total y esto ha supuesto una enorme pérdida de poder adquisitivo para los consumidores y probablemente más para las empresas, al aumentarles los costes laborales (indiciados con la inflación) sin apenas poder repercutirlos en los precios finales. Todo ello ha debilitado notablemente el consumo y la inversión.

Las previsiones siguen mejorando, al continuar la tendencia a la baja del petróleo y ahora del resto de las materias primas. El próximo dato de inflación podría reducirse casi otro punto porcentual y en diciembre puede situarse por debajo del 2,5%. En 2009 la media anual se situará (si se mantiene el precio del petróleo) por debajo del 2%. Los asalariados y pensionistas ganarán poder adquisitivo (cuidado, no sea que eso deje en la cuneta a muchas empresas) y junto a las bajadas de los tipos de interés podrían sentar las bases de la recuperación. Todo ello, si conseguimos que la banca vuelva a funcionar.

Ángel Laborda, es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas).

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Zapatero en las exequias del capitalismo, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

CON LUPA

La idea parecía buena: reunir a los líderes de las 20 mayores economías, más algún infiltrado, para acordar un plan de acción destinado a frenar en seco la crisis financiera mundial. No pocos compararon la importancia de la cita de Washington con la célebre reunión de Bretton Woods en 1944. Con el paso de los días, sin embargo, las expectativas han ido decayendo hasta el punto de que, a expensas del comunicado de anoche, todo apunta a que la cita quedará convertida en un acontecimiento más simbólico que práctico. La solución está en manos del futuro equipo económico del nuevo presidente Obama. Una pena para Rodríguez Zapatero. El nieto del capitán Lozano acudía a la capital yanqui dispuesto a asistir a las exequias del capitalismo. Hay quien dice que José Luis llevaba en su maleta la partitura completa de la Misa de Réquiem en re menor de Mozart, muy adecuada para funeral de tanto rango, y que incluso había hecho gestiones a través de Moratinos para que Sonsoles pudiera lucirse como soprano solista en el instante solemne en que el coro ataca el dies irae. Por suerte para todos, el muerto goza de una pésima salud de hierro y no será él quien lo entierre.

También hay quien dice que, hombre ambicioso donde los haya, el presi ha intentado en los últimos días mejorar su inglés a uña de caballo para, más allá del ya célebre in the last time of the government, every day bonsay con que en 2006 espetó a Schröder y Chirac, poder vender en Washington con la necesaria soltura de pico la maravilla de Banco de España (BdE) que tenemos, el mejor del mundo, gracias a cuyo buen hacer España puede presumir de tener el sistema financiero más sólido del mundo. Porque de eso iba fundamentalmente este viaje. En la antigua sede del Palacio del marqués de Alcañices ha sorprendido, por eso, que ZP no se haya llevado a Washington a Miguel Angel Fernández Ordóñez, de los Fernández Ordóñez de toda la vida, más conocido por MAFO, siendo así que se trataba de exportar la dureza y eficacia de los servicios de Inspección, la LIMITACIÓN de las titulizaciones, la obligación de acometer reservas genéricas, y tantas otras cosas que han convertido a nuestras Cajas y Bancos en una sólida isla que, cáspita, ya estamos tocando las narices, ha requerido un plan de salvamento equivalente al 15% del PIB español.

MAFO no ha viajado a Washington, y en algún rincón de la calle Velázquez de Madrid, en la sede de la Asociación Española de Banca (AEB) un hombre austero y discreto, duro como el pedernal, arisco incluso, honesto a carta cabal, andará estos días muerto de risa o a punto de romper en llanto constatando en su pellejo la gran mentira de la política, el gran teatro del mundo, la quimera del dime de qué presume y te diré de qué careces. Porque, digámoslo por derecho: nada más tomar posesión, junio de 2006, el señor MAFO, con el aplauso de la gran banca, puso manos a la obra para cargarse esas provisiones genéricas de las que ahora tanto presume el banco y el Gobierno, y desde luego se cargó al hombre que las mantuvo contra viento y marea: el ex director general de Supervisión, Pedro Pablo Villasante.

Fue Raimundo Poveda, ex director general de Regulación, quien a finales de 1.999 sacó a flote un nuevo tipo de provisión anticíclica capaz de incrementar las reservas de bancos y cajas en época de vacas gordas, de modo que, además de la provisión especifica obligada cuando se produce un impago, las entidades quedaron obligadas a dotar otra provisión genérica que en algún momento se denominó también actuarial, tomando prestado de la técnica aseguradora un término que, en definitiva, significa lo mismo que provisión estadística. De nuevo la parábola de la cigarra y la hormiga. Una cigarra travestida de banquero, a quien molesta sobremanera tener que dotar una provisión adicional que, al obligarle a hacer hucha, le impide gallear a gusto con los beneficios obtenidos.

En julio de 2000, el nuevo gobernador del BdE, Jaime Caruana, situó a Villasante al frente de la dirección general de Supervisión, cargo que él mismo venía desempeñando. Un tipo curioso este Pedro Pablo, trabajador infatigable y enemigo radical de la spanish componenda. Es natural que, con tales virtudes, el susodicho terminara enfrentado a la mayor parte del banco. Villasante, además, partía con un hándicap casi imposible de superar cuando del BdE se trata: no pertenecer a la cuadra que con su infinita sabiduría amamanta el ex gobernador Luis Angel Rojo (LAR), hoy acogido al momio del Banco Santander, un hombre venerado por los economistas de izquierda. Y es que el BdE es el solar donde reinan los chicos del profesor Rojo, todos, o casi, titulados del Servicio de Estadios, su verdadero fortín. Hay que asegura que en el BdE todavía hoy no se hace cambio o relevo de cierta importancia que no goce del visto bueno de Rojo.

De modo que a Villasante le toca pelear contra la presión de bancos y cajas, fundamentalmente de la gran banca, deseosos todos de dinamitar la norma. Una guerra tan constante como sorda, larvada, porque el ejército de inspectores que, siguiendo sus órdenes, desembarca con regularidad en las entidades causa muchos quebraderos de cabeza, son muy tocapelotas, preguntan por todas las operaciones raras, y exigen incluso que determinados beneficios “no me los lleves a Cuenta de Resultados, sino que me los vas a poner aparte, me los colocas en una hucha”, otra huchita, una más… En apoyo del argumentario de los banqueros vinieron las normas de Basilea II, que relajaban el nivel de exigencia en cuanto a reservas, así como la entrada en vigor de las nuevas Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF). La pelea subterránea era tan fuerte que tanto BBVA como Santander, cotizados en Wall Street, se atrevieron a poner en evidencia ante la SEC el insoportable celo del BdE.

MAFO trae la esperanza a los banqueros

Y en esto ocurrió que el PP perdió el poder en marzo de 2004. Los bancos redoblaron entonces sus presiones, aunque tendrían que esperar a que, en junio de 2006, MAFO tomara el relevo de Caruana al frente del BdE. Y la gran banca descorchó su mejor champaña, pensando que con él, economista competente y militante del PSOE, las cosas serían distintas. Una de las primeras iniciativas que tomó MAFO nada más llegar al caserón de Cibeles fue hacer saber que contaba con todos los hombres de Caruana (excepción hecha del vicepresidente, obligado también a abandonar su cargo), menos con Villasante, el tipo recto cual vara de fresno, negado para la apaño. Al abandonar la vicepresidencia que había ostentado con Caruana, Gonzalo Gil, pata negra del club de los poetas vivos de LAR, dejó escrito en su testamento que había que acabar con Villasante. Ahora es consejero del Banco Pastor, donde seguro no le faltará trabajo ni motivos para la preocupación. Otro tanto reclamó su amigo José María Roldán, eterno director general de Regulación y curioso caso de pepero experto en colocarse a la sombra del sol que más calienta.

Y Vallasante se vio de pronto encerrado en un despacho y mano sobre mano, hasta que Miguel Martín, ex subgobernador y a la sazón máximo responsable de la AEB, se acordó de él y le reclamó, después de pedir el nihil obstat de Alfredo Sáenz, que es hoy quien manda, por delegación, en las cosas del BdE. Al frente de la dirección general de Inspección, clave del arco de todo el edificio del BdE, MAFO colocó a Francisco Javier Aríztegui, licenciado en Filosofía y Letras y Económicas, y último retoño de la escudería LAR (titulado del Servicio de Estudios), un hombre que todavía hoy sigue empeñado en llegar a poder interpretar unos estados contables. E inmediatamente se relaja la labor de inspección, para contento de bancos y no digamos de Cajas, que con MAFO han campado a su antojo por el empedrado inmobiliario español. No sólo se relaja, sino que surgen intensos debates en torno al modelo de valoración de activos y pasivos denominado fair value o valor razonable. Peor aún, el propio MAFO encabeza un movimiento dispuesto a cargarse la provisión genérica que todo el mundo parecía detestar en Cibeles y alrededores, y de hecho en el banco se inicia un proceso de revisión a fondo de toda la circular contable.

La impresión generalizada en el antiguo banco emisor es que MAFO se hubiera cepillado la provisión genérica –como ha querido cargarse las oposiciones al Cuerpo de Inspectores-, de no haber sido porque, a principios del 2007, los servicios de estudios más reputados, y obviamente el del propio BE, empezaron a otear en el horizonte la negra nube de la crisis financiera mundial. La situación actual de la institución no puede ser más curiosa. “Penosa”, aseguran dentro. Un MAFO que no se fía ni de su sombra, solo preocupado por proteger al Gobierno y mitigar en lo posible los daños electorales que la crisis pueda producir al PSOE. Un nuevo subgobernador de impresionante currículo, José Viñals, pero volcado en su faceta internacional, tal vez para huir de una relación con Mafo manifiestamente mejorable. Un Ariztegui que está de chico de los recados, y que en febrero pasado, plena campaña electoral, criticaba al PP por “sembrar, sin ninguna base, una inquietud injustificada sobre la salud de las entidades financieras españolas, que están en una posición sólida para superar la actual coyuntura”. Y unos inspectores, en fin, divididos entre los que abrieron la mano en la inspección y los que siempre pensaron que Pedro Pablo Villasante tenía razón.

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Estados Unidos, Obama y América Latina / I, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

Nunca antes la elección a presidente de Estados Unidos levantó tantas expectativas, a la par que ha sido huera en debate político. Pareciera ser que las diferencias entre demócratas y republicanos se esfumaron en beneficio de culpar a la administración Bush de todos los males que la aquejen. Un sobrecargado escenario de guerras espúreas, hipotecas basuras, crisis financiera, ecológica y global ameritaba esta decisión. Las mil y una plaga, en una sociedad carente de liderazgo, requería un plan estratégico. Lo más adecuado era buscar un chivo expiatorio y fundar la nación en el marco de un nuevo orden mundial. Los dardos se dirigieron hacia George W. Bush. Así, los jefes de campaña enfilaron el problema con un debate anodino. Grandes proclamas y poca enjundia. Lo más sobresaliente, acusaciones de socialista y musulmán al candidato demócrata.

En estas elecciones se jugó recuperar la confianza en el sistema. Que la maltrecha clase media, a quien se dirigió Obama constantemente, creyese en Estados Unidos como la tierra de las oportunidades bendecida por la divina providencia. En ella se cumplieron los sueños de Jefferson, Hamilton, Franklin, Grant y Lincoln. Se trataba de reeditarlos con la grandeza de un siglo XXI globalizado. El perfil político y cultural afroamericano de Obama se construye con este significado. Su voluntad se presenta al gran público como el afán de superación del hombre hecho a si mismo. A su adversario, John McCain, se le visualiza como un patriota ex combatiente de Vietnam. Su elección supondría continuidad y retrasar la salida a la crisis. Perspectiva nada halagüeña. Con estos argumentos, Obama obtiene un primer triunfo. Gozar de la simpatía de una buena parte de aliados occidentales, inclusive en América latina, Asia, África y Oceanía le ven con buenos ojos. El mundo lo aclama. Un plus que le permite reorganizar la política exterior a su antojo, con un vicepresidente experimentado y un proyecto asentado en el viejo ideario de recuperar la hegemonía mundial lo antes posible.

Para el establishment estadunidense el camino está despejado, América Latina se mantendrá bajo el nuevo orden panamericano; emergente en los años 90 y cuya concepción la encontramos en el concepto de seguridad hemisférica, remodelada tras la guerra fría. Charles Shapiro, actual coordinador principal de Libre Comercio de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental declaraba el 17 de agosto: Evidentemente habrá algunos cambios… dependiendo de quien resulte electo y quien sea el próximo secretario de Estado –pero subrayaba– serán cambios sutiles y de énfasis, estoy seguro de que en lo que respecta a la forma general de la política estadunidense hacia América Latina y el Caribe, ésta continuará en los parámetros que previos Presidentes han seguido durante los pasados 30 años.

Esta visión fue expuesta por José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA, cuando dijo que la seguridad hemisférica era fruto del consenso estratégico entre demócratas y republicanos. A Al margen de la retórica que muchas veces preside los documentos oficiales, todos los participantes en el debate parecen coincidir en la definición general de que los objetivos primarios de la política exterior norteamericana son los de autoconservación, la seguridad y la existencia continua en las mejores condiciones sociales, políticas y económicas posibles. A partir de 1945 la pugna entre aislacionistas e internacionalistas no volvió a producirse, en el sentido de que nadie está en contra de que Estados Unidos asuma un papel hegemónico en los asuntos mundiales y de que en un plano general todos están de acuerdo en que nada de lo que ocurra en el mundo es ajeno al interés de seguridad nacional de Estados Unidos.

Este consenso se observa en las tres anteriores administraciones. En efecto, sin negar las diferencias, todas trabajaron para revitalizar el sistema de dominación. Con tal fin George H. Bush continuó luchando para ganar “conflictos de baja intensidad” que entonces se desarrollaban en Colombia, Guatemala y Perú, así como la “guerra contra el narcotráfico iniciada por Reagan”. También proclamó la Iniciativa para las Américas (dirigida a “crear una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego”) e impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ALCA) con Canadá y México y el compromiso de Santiago de Chile con la Democracia Representativa y la Modernización de la OEA, aprobado por esa organización en 1991. Todas esas estrategias fueron ratificadas por William Clinton. En su mandato se promulga la Ley Helms-Burton, profundizando el bloqueo hacia Cuba.

Hoy los asesores para América Latina del ahora presidente electo, Barack Obama, Dan Restrepo, miembro de número del Centro para el Progreso de las Américas, y Frank Sánchez, ex subsecretario de Transportes con Clinton, continúan esta tradición. El primero explica que Obama buscará reeditar un lan similar a la Alianza para el Progreso con el fin de exportar democracia, oportunidades y seguridad, de forma que se combatan los retos que encara el pueblo de las Américas, de modo tal que lo que sea bueno para América Latina sea bueno para Estados Unidos.

Versión posmoderna del cliché “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”, eso sí, en el contexto del nuevo orden panamericano, definido en las administraciones republicanas. Mientras tanto, Frank Pérez es más contundente. A pregunta sobre la posición de Obama sobre Colombia se despacha de la siguiente manera: El Plan Colombia continuará y queremos agregarle más dinero para fortalecer la democracia, la justicia y el desarrollo económico. Obama ha apoyado fuertemente a Uribe en su lucha contra las FARC, fue uno de los únicos políticos en Estados Unidos que apoyó a Uribe en su incursión a Ecuador. Ni Bush fue tan abierto con el apoyo en ese ataque.

Sin embargo, estas declaraciones pasan inadvertidas para los analistas, desconociéndose que las decisiones sobre el subcontinente las toman la Secretaría de Estado, de Defensa, la comisión del Senado, la Cámara de Representantes y el establishment político, además de los lobbys.

El consenso funciona bajo el unilateralismo y manda la aplicación de la lucha contra el narcoterrorismo, el Comando Sur, la DEA, con su plan Iniciativa Antinarcóticos Andina, y los Tratados de Libre Comercio. Los dos asesores no alterarán el itinerario, salvo pequeños retoques. Del tratado de libre comercio, Pérez se desplaza al concepto de una vocación de comercio justo, aunque no aclara su significado. Es más contundente al manifestar la ayuda militar para luchar contra la subversión y el narcotráfico. Lo dicho debe interpretarse como mantener las bases en Perú y el Caribe. Tampoco se oponen a militalizar la frontera con México y consolidar los centros de operativos de avanzada en Honduras y El Salvador y otorgar continuidad al Plan Puebla Panamá. En definitiva, continuidad.

La reunión de Washington, de Fidel Castro Ruz en las “Reflexiones del compañero Fidel” en el Diario Granma

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

Reflexiones del compañero Fidel

La reunión de Washington

Algunos de los gobiernos que nos apoyan, a juzgar por declaraciones recientes, no dejan de incluir en las mismas que lo hacen para facilitar la transición en Cuba. ¿Transición hacia dónde? Hacia el capitalismo, único sistema en el que religiosamente creen. Ni una sola palabra expresan para reconocer el mérito de un pueblo que, sometido a casi medio siglo de crueles sanciones económicas y agresiones, defendió una causa revolucionaria que, unida a su moral y patriotismo, le dio fuerzas para resistir.

También olvidan que, después de las vidas ofrendadas y tanto sacrificio defendiendo la soberanía y la justicia, no se le puede ofrecer a Cuba en la otra orilla el capitalismo.

Le hacen guiños a Estados Unidos, soñando que los ayudará a resolver sus propios problemas económicos inyectándoles sumas fabulosas de monedas de papel a sus tambaleantes economías, que sostienen el intercambio desigual y abusivo con los países emergentes.

Sólo de esta forma pueden garantizarse las ganancias multimillonarias de Wall Street y los bancos de Estados Unidos. Los recursos naturales no renovables del planeta y la ecología ni siquiera se mencionan. No se demanda el cese de la carrera armamentista y la prohibición del uso posible y probable de armas de exterminio masivo.

Ninguno de los que participarán en la reunión, convocada precipitadamente por el actual Presidente de Estados Unidos, ha dicho una palabra sobre la ausencia de más de 150 Estados con iguales o peores problemas, que no tendrán derecho a decir una palabra sobre el orden financiero internacional, como propuso el Presidente pro tempore de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D’Escoto, entre ellos la mayor parte de los países de América Latina, el Caribe, África, Asia y Oceanía.

Mañana se inicia la reunión del G-20 en Washington. Bush está de plácemes. Proclama que de la reunión espera un nuevo orden financiero internacional. Las instituciones creadas por Bretton Woods deben ser más transparentes, responsables y efectivas. Es lo único que admitiría. Para señalar la prosperidad de Cuba en el pasado, habló de que una vez estuvo sembrada de campos de caña de azúcar. No dijo, por cierto, que se cortaba a mano y el imperio nos arrebató la cuota establecida durante más de medio siglo, cuando la palabra socialismo no se había pronunciado todavía en nuestro país, aunque sí las de ¡Patria o Muerte!

Muchos sueñan que, con un simple cambio de mando en la jefatura del imperio, este sería más tolerante y menos belicoso. El desprecio por su actual gobernante conduce a ilusiones del probable cambio del sistema.

No se conoce todavía el pensamiento más íntimo del ciudadano que tomará el timón sobre el tema. Sería sumamente ingenuo creer que las buenas intenciones de una persona inteligente podrían cambiar lo que siglos de intereses y egoísmo han creado. La historia humana demuestra otra cosa.

Observemos con atención lo que dice cada cual en esa importante reunión financiera. Las noticias lloverán. Estaremos todos un poco mejor informados.

Fidel Castro Ruz
Noviembre 14 de 2008
5 y 35 p.m.

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