Reggio’s Weblog

Cómo reformar y democratizar el sistema financiero, de Carlos Casanueva Nárdiz en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

En mayo de 2004 tuve la oportunidad de publicar en este mismo periódico un artículo titulado La revolución en los servicios financieros. En él exponía, con numerosos ejemplos, que la falta de independencia en el asesoramiento ofrecido por las entidades financieras, debido al interés comercial, desembocaría en una crisis que revolucionaría el sistema financiero tal y como hoy lo conocemos.

Desgraciadamente, la crisis ya ha estallado. Y este periódico publicaba hace unos días unos interesantes artículos sobre la crisis titulados: Trampas inadmisibles en época de crisis y Cuando el problema es el exceso de codicia. En ellos se explicaban con gran detalle ejemplos concretos de los problemas para el consumidor provocados por el conflicto existente entre el asesoramiento y la venta en el sector financiero. Parece como si este sector hubiera perdido su misión estratégica esencial de mejorar la salud financiera de los clientes y se hubiera quedado exclusivamente con la misión miope de maximizar sus beneficios a corto plazo.

De todas formas, creo que no es el momento de seguir haciendo leña sobre el árbol caído. Bastantes problemas tienen entre manos todos los que trabajan de una forma u otra en este sector. No es necesario continuar explicando la infinidad de ejemplos donde el «exceso de codicia» ha llevado a los clientes a tomar malas decisiones. Creo, honestamente, que es el momento para la búsqueda de soluciones.

En este sentido, el prestigioso profesor Robert Schiller, de la Universidad de Yale, en su reciente libro The Subprime Solution: How Today’s Global Financial Crisis Happened, and What to Do about It afirma que la solución debe llegar a través de una mejora en la infraestructura de la información financiera. Indica que la clave está en la creación de sistemas donde la gente pueda obtener asesoramiento financiero desinteresado, provocando lo que él denomina «la democratización de la industria financiera».

Estos sistemas deberían proveer a los clientes la información que es realmente relevante. Aquello que les facilita la toma de correctas decisiones. En su opinión, el día que esto ocurriera, viviríamos en un mundo mucho mejor, del que nunca volveríamos hacia atrás. Veríamos el sector financiero del pasado como algo anticuado y caduco. Indudablemente, él opina que llevar a cabo estos cambios va a costar bastante trabajo. Va a exigir coraje y liderazgo por parte de los políticos y reformadores que tengan que asumir la responsabilidad de las decisiones. Pero ya se ha hecho en otras ocasiones con problemas similares y seguro que se logrará de nuevo. La recesión que se avecina va a ser dura y larga. Quizá éste sea el aviso del momento para el cambio.

Desde mi modesta posición como profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, coincido plenamente con el profesor Schiller. De hecho, fue esta necesidad de reformar el asesoramiento ofrecido a los clientes lo que me impulsó a abandonar en 2003 mi carrera en el sector bancario y dedicarme a investigar sobre el diseño de sistemas que permitieran la Industrialización del Asesoramiento Financiero Independiente.

En la tesis doctoral, que defendí en junio de 2007, trabajé sobre varias posibles soluciones. En mi opinión, la solución más eficaz exigiría que el regulador impidiera realizar a una misma entidad la venta y el asesoramiento financiero simultáneamente. Igual que ocurre con los servicios sanitarios. Unos, los médicos, te asesoran y otros, los farmacéuticos, te venden los productos con una receta. De hecho, este interesante cambio en los servicios sanitarios no se produjo hasta el siglo XIX, en el que la regulación comenzó a impedir que una misma persona fuera médico y farmacéutico del pueblo simultáneamente. Gracias a esto, la Coca-Cola dejo de ser un medicamento vendido por los curanderos que iban de pueblo en pueblo recetando lo mismo a todos los enfermos.

Existen otras posibilidades de reforma menos valientes, pero encaminadas también a conectar mejor al consumidor final con la información clave. Muchas de ellas, en línea con lo que propone Schiller, tendrían que lanzarse de forma que nos ayudaran a experimentar con todos estos nuevos conceptos.

Un primer ejemplo sería el papel que el Estado, o la Administración de cada comunidad autónoma, podría jugar como agente defensor de los ciudadanos, ayudándoles a tomar buenas decisiones para mejorar su salud financiera. En esta línea podrían desarrollar centros de salud financiera análogos a los centros de asistencia primaria, o simplemente como un servicio añadido a los de salud ofreciendo un chequeo financiero personal o consultas financieras; modificar los programas educativos de primaria y bachiller incorporando asignaturas obligatorias de Economía Personal y Doméstica; y mejorar la comunicación de los principios generales de inversión a través de folletos, bases de datos, programas de radio y televisión, realizando un esfuerzo análogo al que hace el Ministerio de Sanidad.

Un segundo ejemplo, sería la utilización de internet con el fin de industrializar el asesoramiento. En esta línea el premio Nobel de Economía, profesor William Sharpe, creó hace unos años una página web -www.financialengines.com- con esa finalidad. De hecho, entre mis colaboradores y yo, como parte de nuestras investigaciones, hemos creado un prototipo en esta dirección.

Un tercer ejemplo serían acciones concretas que podría tomar el regulador financiero para mejorar la transparencia. En esta línea podrían mejorar la transparencia en los gastos forzando a informar mejor al cliente sobre la ratio de Gastos Totales u, obligando a los agentes bancarios a informar a sus clientes de los ingresos que obtienen como colaboradores de la entidad financiera sobre las comisiones que ésta cobra al cliente asesorado, tal y como ocurre en California.

Estos sencillos, pero poderosos cambios en la regulación, impulsarían una radical innovación en todo el sector financiero al acercar la información esencial, de manera sencilla, al pequeño cliente. Seguramente, aparecerían auténticos asesores similares a los médicos y, las entidades financieras, se centrarían de verdad en ser eficientes distribuidores de productos y servicios financieros.

Posiblemente, estos cambios forzarán dolorosas reestructuraciones en la plantilla y en las redes de sucursales de las entidades financieras. El asesoramiento se industrializará y democratizará de forma natural. Los sistemas financieros anteriores nos resultarán anticuados y artesanales. Quedarán caducos. Y seguramente, como apunta Robert Schiller, lograremos tener un mundo mejor y con menos turbulencias financieras.

Carlos Casanueva Nárdiz es profesor de Mercados Financieros de la Universidad Politécnica de Madrid.

casanueva@etsii.upm.es

© Mundinteractivos, S.A.

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La cúpula y el gato, de David Gistau en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

A pesar de la mentecatez con que Moratinos se dio mus en la polémica sobre la cúpula de Barceló, el arte sí tiene precio, y lo determina el mercado. Otra cuestión es que el gasto no duela cuando procede del dinero público, ése que, según dijo Carmen Calvo, «no es de nadie», sino que flota a la deriva espacial esperando a que algún cargo le dé sentido. El arte, por tanto, tiene precio. Y en cuanto a su valor, fue Giacometti quien jugó a preguntarse cuánto estaría cada uno dispuesto a concederle con una boutade ya gastada: «En el incendio de un museo, de tener que elegir entre salvar un rembrandt o un gato, salvaría el gato».

Compartimos la preferencia de Giacometti por la vida antes que por el objeto. Aunque es cierto que, al proponer un gato, tal vez pusiera el listón un poco bajo: menos dudas nos asaltarían si hubiera que escoger entre rescatar un Rembrandt o a un miembro del equipo brasileño de voley-playa femenino. En fin. El caso es que el Gobierno de Zetapé se encontró en una encrucijada moral como la que plantea el incendio de Giacometti. La pregunta, apenas renovada, es la siguiente: de disponer de 500.000 euros asignados al presupuesto del FAD, ¿en qué los invertirías? ¿En aliviar el hambre de los negritos del Africa, que es por otra parte para lo que fueron concebidos y aprobados? ¿O en subvencionar un gigantesco capricho de arte orgánico firmado por Barceló? El Gobierno de la conciencia, el que asaltó no hace tanto tiempo las portadas de las revistas femeninas para proclamar el advenimiento de un paladín de los menesterosos, lo tuvo clarísimo. Y eligió pagar el precio de Barceló para que el artista llorara estalactitas desde su bóveda multicolor, como el país de la abeja Maya, de la que se dice -de la cúpula, no de Maya- que está inspirada en las cuevas del Drac, pero que más parece la caverna de Platón, donde hombres anudados a la soberbia contemplan sombras proyectadas en una pared dando la espalda al mundo real y sus gritos.

Por más que el despilfarro afee los propósitos de austeridad de la administración Zetapé, queda la esperanza de que no hayan dejado sin filetes a los famélicos a sabiendas. Sino que aún crean en el ideal romántico de los artistas como pobres de buhardilla, y entonces lo percibido por Barceló sería ayuda humanitaria. Es improbable. De hecho, el mensaje lanzado es mucho más desesperanzador, porque lo que la cúpula sugiere es que el Régimen no repara en gastos cuando se trata de premiar a los artistas que le pusieron la ceja de aquella manera durante la campaña electoral. Barceló curvó el índice a la altura de la ceja derecha, y ahí lo tienen, pasando por caja y fingiendo ahora que le han pillado un remordimiento por haber arramplado con lo que pertenecía al tercer mundo. Y le resultaría tan fácil reparar la conciencia herida: nada cómo donar la talegada a una ONG de las que, como Giacometti, prefieren la vida al objeto y no han convertido el hambre de Africa en retórica falaz.

© Mundinteractivos, S.A.

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Solbes es el lastre, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

Imaginen por un momento a alguien como Pedro Solbes en el puesto de Brown. En vez de tomar la iniciativa, se quedaría pasmado. En vez de diagnósticos fiables, primero negación de la realidad y luego presupuestos con previsión errónea. En vez de despertar confianza con su liderazgo, ir balbuceando frases sueltas. En vez de hacer algo para ayudar al sector hoy por hoy prioritario, el del automóvil, limitarse a vagas conjeturas y futuribles revisiones de planes caducos. En vez de subir como Brown en los sondeos, habría caído en picado. Por lo que sus propios parlamentarios le habrían echado.

¿A qué espera Zapatero? Tal vez confíe en que su buena estrella -a favor de la cual trabaja como un poseso, eso sí- alcance a suplir la falta de fuelle de su ministerio más importante. Si es así, flaco favor.

Mientras el presidente se agita, blande instrumentos, el vicepresidente, tomando a su jefe por el dentista creyéndose su paciente se niega a abrir la boca por miedo a que le arranquen uno de los preciosos molares de las arcas públicas. En los momentos de mayor necesidad, Solbes esconde la llave del tesoro. Mientras los países delanteros en la reacción a la crisis abogan por las políticas fiscales, este ministro caduco y caducado no se cansa de repetir su cantinela: “No hay margen”. Varias veces se ha demostrado, después de enormes forcejeos y tras haberse visto obligado a abrir la boca, que sí lo había. Del mismo modo, dentro de poco volveremos a comprobar que sigue habiéndolo. Mejor sin él.

Entendámonos, no estoy abogando por un sustituto tipo Sebastián, pues no es momento de populismo manirroto. La crisis es demasiado seria. Es imprescindible recordar que los famosos cuatrocientos euros de las elecciones fueron un derroche irresponsable (con el que Solbes acabó tragando a regañadientes, según su cachazudo y en el fondo poco firme estilo). Las elecciones no se ganaron por la dádiva sino gracias a quienes utilizaron el voto al PSOE como freno al PP, incluso sacrificando sus preferencias. El dinero tirado sería ahora un buen cojín, pero a falta de cojín, debe recurrirse al déficit. Total, si afina un poco y es valeroso, el Estado ingresará más invirtiendo en la recuperación con medidas fiscales que esperando a que la economía se recupere por su cuenta.

La prioridad de Zapatero consiste en ayudar a los perjudicados por la crisis. No hay queja. Por otro lado, va a remolque de los dos líderes europeos que marcan la pauta, Brown y Sarkozy. Mejor que nada sí es. Tampoco hay queja. Pero es que luego ni siquiera consiguen que los millones puestos en manos de los bancos vayan a las empresas y los particulares. El primer gran salvavidas está sirviendo para que se mantengan boyantes, pero se trataba de que el dinero volviera a circular en forma de crédito, y este objetivo no se cumple. La tercera pata, la fiscalidad reactivadora, brilla por su ausencia, o por su mojigatería y racanería.

A coordinar un aumento del déficit debería contribuir España en la cumbre de mañana. Abonar las medidas de control del sistema es innecesario, pues hay consenso. Roza el ridículo recomendar ahora que, siguiendo el ejemplo español, los bancos incrementen sus reservas (en todo caso, quedaría para después de la crisis). No es nada práctico recordar al mundo que primero es la economía productiva y luego la financiera, ya que la crisis sigue siendo ante todo financiera. El problema derivado, ahora, es la atonía general de la actividad y el consumo. La crisis no habrá tocado fondo, y no llegará pues la recuperación, mientras no se invierta esta tendencia. Los dos motores que flaquean son la confianza y la liquidez. Las bases para reparar el segundo están puestas (a la espera de que los bancos vuelvan a prestar dinero con cierta fluidez). Ahora hay que ir a por el segundo.

Mientras la confianza no deje de deteriorarse, no habrá salida del túnel. Pongamos un ejemplo. A escala local, y a diferencia del inactivo y retraído Solbes, el president Montilla dio un ejemplo yendo a París para hablar con los jefes de la Nissan-Renault y anuncia viaje a Japón. A escala global, el dinero que reclama el sector del automóvil para evitar derrumbes estaría, sustancialmente, en mejores manos si se estimula a los compradores con ventajas tentadoras.

El dinero debe volver a circular, y en todas direcciones. Para ello, la economía mundial, y con ella la nuestra, necesita motores, impulso, velamen, no lastres. Incluso sonrisas que animen en vez de rostros de funeral. ¿Qué sacamos de contribuir a mejorar el marco, si quien debe aprovechar los vientos generales en España es el campeón de los inmovilistas?

La mayor ventaja de Solbes fue su imperturbabilidad. Si en tiempos de marejadilla era virtud, se vuelve peligro cuando, en medio del fuerte oleaje, no se refuerzan a tiempo los puntos débiles de la nave. Quedarse pasmado contemplando los daños en la arboladura en vez de correr a repararlos es insensatez por pasiva. Con Don Tancredo al timón no se enfrenta una nave al temporal.

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El debate sobre la crisis desborda al Gobierno, de Manel Pérez en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

CRISIS ECONÓMICA

Felipe González, el ex presidente del primer gobierno del PSOE de la transición, es el último prominente socialista en sumarse públicamente al grupo de los partidarios de inyectar la máxima cantidad de recursos posibles a la decaída economía española para hacer frente a la crisis. Con él, su ex ministro de Economía, Carlos Solchaga, quien ha defendido también públicamente que el Estado incurra en el déficit público necesario para financiar programas de impulso de la actividad.

Con ello, lo que hasta ahora había sido un debate interno e informal en el seno del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero y también con el Banco de España se ha desbordado y se ha convertido en el gran debate de la política económica.

Felipe González no se ha limitado a escribir artículos y ofrecer su opinión en entrevistas, también ha impulsado debates con dirigentes del partido socialista y, lo más significativo, con miembros del Gabinete de Zapatero.

De facto, el impulso de González engarza con el eje que en el seno del Gabinete forman la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y el ministro de Industria, Miguel Sebastián, que, según diversas fuentes, llevan ya tiempo empujando a favor de una actitud activa a favor de tomar medidas de calado. González ha suscrito las tesis de ese grupo a favor de una mayor intervención del ICO para financiar a las empresas, medidas de apoyo a los hipotecados con problemas e impulso de obras públicas en infraestructuras más allá de lo fijado en los presupuestos. En ese contexto, el déficit público debe superar el 3% del PIB fijado por Europa si ello mitiga la crisis.

En el otro lado de la balanza, el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, ha sido hasta ahora más partidario de que la situación económica evolucionara de acuerdo a su propia dinámica y que los llamados estabilizadores automáticos (aumento del déficit público y menor recaudación fiscal) compensasen los efectos de la creciente crisis. En la misma línea, al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se le ha considerado siempre partidario dejar actuar a las fuerzas del mercado, con el argumento de que España debía purgar sus excesos en la construcción y cambiar su modelo económico hacia otro con mayor productividad y valor añadido.

El fondo del debate se centra en la gravedad y duración de la crisis y el papel que debía tener el Estado para hacerle frente. Como expresión de ello, la crisis de liquidez, que desde Economía y el Banco de España se ha considerado hasta hace muy poco irreal o cuando menos exagerada. Los sectores más impacientes creían que la crisis iba a ser muy dura y que el Estado debía hacer cualquier cosa, desde luego renunciando al superávit fiscal. Solbes y Fernández Ordóñez, por su parte, se mostraban algo más optimistas y pensaban que la economía española debía purgar sus excesos del pasado acometiendo reformas estructurales, especialmente en el mercado de trabajo.

Ambos eran partidarios de mantener lo más saneadas posible las cuentas públicas. Según diversas fuentes, Solbes prevé un déficit del 2% este año y del 4% el siguiente. Pero el ministro teme que se dispare hasta el 6%. Según diversas fuentes consultadas, el debate gubernamental no arrojó resultados prácticos hasta hace justo un mes, cuando a principios de octubre el presidente Zapatero, hasta entonces partidario de la línea más tranquila, comenzó a virar de posición y tomó la iniciativa de poner en marcha un fondo para la adquisición de activos de bancos y cajas por importe de 50.000 millones de euros. Algo que venían postulando los sectores que dentro y fuera del Ejecutivo defendían que la liquidez era el gran problema de la economía española. La iniciativa del presidente, que después se amplió tras la cumbre europea de París con una línea de avales de otros 100.000 millones para nuevas emisiones de deuda bancaria, supuso un claro cambio en la orientación del Gobierno.

Esas iniciativas salieron adelante pese a que uno de los hombres de máxima confianza de Zapatero, el gobernador del Banco de España, no era demasiado partidario de ellas. La visión ortodoxa tiende a ver en la falta de créditos un reflejo tanto de falta de liquidez como de ausencia de solvencia de los prestatarios.

Cuando parecía haberse alcanzado un cierto consenso, volvió a producirse la polémica con la aplicación de las nuevas medidas. Bancos y cajas comenzaron a criticar el diseño del plan y, sobre todo, la supuesta lentitud en su puesta en marcha. Las empresas, estranguladas por la falta de recursos, se sumaron también a las voces impacientes. Se imputaba a Solbes, y a Fernández Ordóñez, en la sombra, un deseo de ralentizar la aplicación de las medidas pese a que habían sido definidas como urgentes.

“Es una acusación totalmente infundada”, responden desde Economía. “Las subastas para la compra de activos comenzarán en pocos días y acusar de lentitud a un proceso que se ha puesto en marcha en poco más de un mes es desconocer la complejidad del asunto”, indican las mismas fuentes que, dicho sea de paso, descartan que las subastas puedan quedar desiertas por desinterés de bancos y cajas a la vista de cómo han sido planteadas. En cualquier caso, es muy difícil que en lo que queda de año se alcancen los 130.000 millones (100.000 de avales y 30.000 de compras) que Zapatero se comprometió a inyectar.

En su momento, el propio Zapatero debió acelerar en un Consejo de Ministros la aplicación de esas medidas cuando Economía había anunciado que debía esperarse a un informe del Consejo de Estado. El Gobierno, y su presidente, cada vez más centrado en la política económica, continúan proponiendo nuevas medidas a medida que la crisis se profundiza cada vez más. Pero, como ha venido ocurriendo hasta ahora, su puesta en práctica suscitará nuevos debates,

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De avaros a manirrotos, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Cultura, Derechos, Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

Desde hace ya varias semanas, está en marcha una potente campaña mediática cuyo objetivo es deslegitimar las reivindicaciones catalanas en la fase crucial del debate sobre la nueva financiación autonómica. Decirlo no supone caer en el victimismo, ni sufrir ningún complejo persecutorio, ni encajar mal la función fiscalizadora de la prensa, sino sólo certificar una evidencia empírica: los dos diarios madrileños que ya formaron fecundo tándem en torno al Manifiesto por una lengua común se han lanzado a otra operación intoxicadora, una más en el acrisolado currículo de ambas cabeceras, desde el falso suicidio del estudiante Enrique Ruano en 1969, hasta la falsa conspiración del 11-M de 2004. Esta vez, en su punto de mira están diversos altos cargos de Esquerra Republicana, pero el mensaje de fondo es que la Generalitat constituye una máquina de malbaratar el dinero público, por lo que ni necesita ni merece una mejor financiación.

El primer golpe lo recibió el presidente del Parlament, Ernest Benach, a cuenta de su coche oficial tuneado: el mero uso sistemático de este término, tuneado, para aludir a los complementos instalados en el vehículo ya delataba la voluntad demagógica y peyorativa del medio que destapó el supuesto escándalo. Pero eso sólo fue el banderazo de salida. Desde entonces, una bien orquestada combinación de seudonoticias -a menudo, en portada-, editoriales y artículos de opinión no ha cesado de bombardear a los lectores con enunciados del tipo “despilfarro en la Generalitat catalana”, “lluvia de dinero”, “gastos injustificables”, “excesos económicos”, “el derroche del tripartito”, etcétera. Pasándose por salva sea la parte cualquier asomo de deontología profesional, los dos diarios de marras han mezclado churras con merinas y han metido en el mismo saco de presuntos “gastos superfluos de la Administración catalana” cosas tan dispares como “informes adjudicados a dedo, altos cargos, subvenciones al pancatalanismo y alquiler de oficinas”. Al parecer, las demás administraciones no tienen altos cargos y todas sus oficinas lo son en régimen de propiedad. ¡Qué suerte!

Es cierto que, en esta cacería de brujas derrochadoras, el departamento de la Vicepresidencia y su titular, Josep Lluís Carod Rovira, se han llevado la peor parte. Por alguna razón, el coste de eso que los medios aludidos llaman “las embajadas de Esquerra” y las subvenciones a las escuelas rosellonesas de La Bressola o a Acció Cultural del País Valencià son partidas presupuestarias especialmente pecaminosas. Sin embargo, la campaña ha ido mucho más allá: se ha hurgado lo mismo en los ingresos profesionales del ex consejero Joan Carretero que en las nóminas institucionales de diversos miembros del Gobierno (Joan Saura, Antoni Castells y, por supuesto, Carod), se ha denunciado el coste de la remodelación de la sede de Interior y hasta se ha puesto de relieve que el presidente Montilla cobra el doble que Rodríguez Zapatero. Para que luego digan que es poco catalán…

Con todo, lo más curioso de esta cruzada a favor del ahorro y la austeridad en el gasto público es su carácter absolutamente unidireccional: los “excesos económicos” sólo son reprobables si aparecen asociados con alguna forma de nacionalismo catalán o de intencionalidad identitaria. Al vicepresidente Carod se le imputa un enorme “gasto en pancatalanismo mundial” (sic), pero nadie acusa al Instituto Cervantes -con un presupuesto 20 veces superior al de las subvenciones incriminadas- de promover el panespañolismo planetario. Las oficinas de la Generalitat en el exterior totalizan -¡horror!- 40 empleados, pero nadie explica cuántos miles de funcionarios y contratados tiene la diplomacia española desplegados por el mundo. Y desde luego, esos diarios tan críticos e insobornables no preparan ninguna investigación periodística acerca de la política de subvenciones y gastos suntuarios de la Generalitat valenciana o de la Comunidad de Madrid. ¿Acaso no sería interesante saber cuánto dinero público ha pagado el presidente Camps por el circo de la fórmula 1 o qué sumas destina la presidenta Aguirre a agitación y propaganda, si sólo el fracasado filme Sangre de mayo le ha costado 15 millones de euros?

En fin, la campaña está ahí, persistirá, y sería erróneo desdeñar su capacidad envenenadora y distorsionadora de la imagen de Cataluña en el resto del Estado. Porque esto es lo peor, lo más nocivo de tales fabricaciones mediáticas: que, fuera del principado, influyen y contaminan incluso a aquellos que no se las creen, o no del todo. Les pondré un ejemplo reciente, publicado en estas mismas páginas. En la entrevista que EL PAÍS le hizo el pasado día 2, el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, respondía a las demandas catalanas de una mejor financiación con un dato -la televisión autonómica extremeña sólo cuesta 14 millones al año-, una pregunta -“¿cuánto gasta en el ámbito lingüístico Cataluña?”- y una conclusión: “Uno prioriza el gasto como quiere”.

Y bien, si en 2008 un político de izquierdas, un hombre joven, culto y con título universitario como Fernández Vara, aún no ha entendido que la política lingüística de Extremadura la hace el Estado y la pagamos entre todos; que los medios de comunicación públicos potentes, capaces de explicar el mundo en la lengua de los extremeños, son los de Radiotelevisión Española y también los pagamos entre todos; que para la Generalitat la defensa, potenciación y promoción del catalán no es ni un capricho, ni un lujo, ni un gasto superfluo, como no lo es la promoción del castellano para cualquier gobierno español; si, a estas alturas, todavía cabe plantear la disyuntiva entre más ordenadores en las escuelas o dinero para el catalán, entonces que nadie se sorprenda de ver crecer, por estos predios, el cabreo y el desapego hacia España.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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5.195 ‘referendums’. O menos, de Ruth Toledano en El País de Madrid

Posted in Política, Religión by reggio on 14 noviembre, 2008

Yo creo que lo de Rouco Varela es un milagro, pero eso me pasa porque soy una persona de fe: a veces oigo voces. Aunque quizá no sea más que un brote. Lo de Rouco, digo. Una crisis más aguda que la del resto de la urbe y del orbe, y se halle en modo democrático, como define a su estado la asociación ciudadana No Nos Resignamos. Porque parece mentira lo que ha cambiado este hombre: antes silenciando casos de pederastia dentro de uno de sus senos, el del arzobispado de Madrid (condenado por ello en 2006 por la Audiencia Nacional), y ahora haciendo proselitismo de la democracia desde su otro seno, el de la Conferencia Episcopal. Antes prosperando en el sacerdocio en pleno franquismo y ahora encabezando manifestaciones callejeras con gorrita de visera. Es lo que tiene la transición.

Bueno, a lo que iba: que yo venía a ser la voz del pueblo, a decir que estoy de acuerdo con Rouco Varela. Estamos (como nos recuerda, incansable, este ciudadano más) en una democracia, así que yo (léase el pueblo) también tengo mis derechos; por ejemplo, a cambiar: si antes tenía la manía de llevarle la contraria, ahora digo que estoy de acuerdo con él, en lo de los referéndums (por mor de mis veleidades romanas, y mientras me lo permita Manuel Seco, no pienso escribir referendos, vive Dios). De hecho, se me ocurren casi tantos referéndums como preguntas parlamentarias a Cayetana Álvarez de Toledo, la diputada del PP que ha realizado 5.195 en un día, después de ser acusada por sus propios compañeros de falta de dedicación. Digamos que se puso en modo pregunta. Pide Rouco un referéndum sobre el matrimonio gay, que es algo que a él ni le va ni le viene, así que yo voy a pedir, para empezar, un referéndum sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, que es un tema que ni me viene ni me va. Simplemente para ponernos, Rouco y yo, en igualdad de condiciones (¡es que me encanta la democracia!, ¡es que tengo verdadero vicio con ella!).

En cuanto a referéndums que me van más, el primero que me viene a la cabeza, en lo que a corte episcopal respecta, es el que preguntaría a los ciudadanos qué opinan sobre la contribución económica del Estado español, es decir, laico, al mantenimiento de la Iglesia católica y, en fin, yendo al grano, si están, los contribuyentes, dispuestos a seguir pagándola. También de corte talar sería aquel referéndum que preguntara a los ciudadanos del Estado español, es decir, laico, si estarían de acuerdo con una reforma del censo católico, según la cual sólo quede apuntado el que desee permanecer en él y automáticamente fuera quien no comulgue con las ruedas de sus molinos. Entre los católicos que queden censados por voluntad propia se podría celebrar referéndum tras referéndum, para que Rouco estuviera contento y ocupado, pero ya sería sólo sobre asuntos que a los apóstatas no nos incumben, a Dios gracias.

Lo que sí nos incumbe a muchos (incluido algún católico, cosas de la democracia) es lo que se perpetra en este país contra los animales, el maltrato al que con sistemática saña y puntual bendición son sometidos. Mientras que Rouco Varela se enciende con la gente que es feliz y se casa con quien le da la gana, se queda sin embargo frío viendo, por ejemplo, cómo le abrasan los ojos, la cara y el lomo al toro de fuego de Medinaceli, que brama desgarradoramente de dolor y, atado, torturado, sufriendo como un Cristo en la cruz, intenta sin éxito ni compasión huir de sus verdugos. Se practica por estas fechas con la connivencia, la complicidad, del cura del pueblo y del presidente de la Conferencia Episcopal. En muchos otros pueblos de la católica, apostólica y romana España se llevan a cabo pecados similares, innumerables prácticas de sadismo en nombre y en honor de vírgenes y santos. Miles de toros y vaquillas martirizados para diversión de los parroquianos y vergüenza de Dios. Y aún se atreve Rouco a dar lecciones de moral. Tiene razón el arzobispo: referéndum ya. Pero ya. Que cada minuto que pasa hay víctimas.

Y, puesto que la cosa está que arde, un referéndum para preguntar a los ciudadanos sobre la institución monárquica. Sin que cunda el pánico, por favor: tranquilidad, buenas maneras, unas urnas y unas papeletas. Lo que es la democracia, vaya. Porque lo otro, los privilegios, no lo son. Por mucho que lo diga la transición, digo la Constitución. ¿O es que la transición va a ser eterna? ¿O es que la Constitución es intocable? Pues dos referéndums más. Uno: “¿Cree usted, ciudadano de a pie, que es ontológicamente posible que una transición sea eterna?”. Y dos: “¿Diría usted, ciudadano de sangre roja, que es ontológicamente posible que algo llamado Constitución sea intocable?”. Y aún nos quedan 5.000 y pico referéndums. O más.

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Se busca ‘locomotora’ económica: se gratificará, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 14 noviembre, 2008

Un antiguo tópico económico -ya superado por la realidad- sostiene que cuando EEUU se resfría, Europa coge una pulmonía. El origen de esta afirmación probablemente tenga que ver con una visión del mundo de carácter anglocéntrico, heredado de los tiempos en que Inglaterra y EEUU pilotaban la economía mundial; y que se materializaría en 1944 en los acuerdos de Bretton Woods con los célebres debates entre Keynes y Dexter White, representantes de las dos superpotencias capitalistas que emergieron tras la II Guerra Mundial.

Hoy, sin embargo, si EEUU se resfría eso no significa necesariamente que el planeta entre en recesión (ver La refundación del capitalismo III) En los últimos 30 años, de hecho, Estados Unidos ha sufrido hasta cinco contracciones en su crecimiento económico, pero eso no ha significado en todos los casos que el planeta en su conjunto haya tenido que ser hospitalizado. Es más, el declive económico de EEUU (del que normalmente ha salido de forma rápida gracias a su enorme adaptación a las nuevas circunstancias) ha sido compatible en el tiempo con el nacimiento de nuevas potencias emergentes que cada vez cumplen un papel más relevante. Este es el caso de China, Brasil, México, Rusia o India, cuyo peso en el reparto mundial de la riqueza es cada día mayor, fundamentalmente a causa de la globalización.

¿Quiere decir esto que aunque EEUU y Europa entren en recesión, el mundo podrá seguir respirando sin ventilación asistida para atender a una población creciente que cada vez demanda más bienes y servicios? No parece que esa visión sea la correcta. El aspecto más dramático de la actual situación económica es, probablemente, que, por primera vez desde 1945, el mundo está herido, y no solamente las grandes superpotencias. EEUU -con su maltrecho sistema financiero y sus gigantescos desequilibrios macroeconómicos- ya no puede ejercer de locomotora del planeta, pese a que todavía supone la cuarta parte del PIB mundial, ni tampoco Europa, en particular Alemania, pese a que se trata del primer exportador de mercancías.

Por primera vez en mucho tiempo, ya no hay locomotoras para tirar de los vagones, y para llegar a esta conclusión sólo hay que echar un vistazo al último informe de perspectivas del FMI, en el que se dibuja una geografía económica casi lunar, llena de cráteres y desolación. EEUU entrará oficialmente en recesión el año próximo (-0,3%), como la zona euro (-0,5%) y como Japón (-0,2%). Es decir que las tres áreas más desarrolladas del planeta, tienen ante sí un camino lleno de espinas. La OCDE dio ayer unas previsiones que van en la misma línea.

En las nuevas economías industrializadas de Asia, las cosas irán algo mejor, pero de forma insuficiente para atender las necesidades de su población. Su crecimiento estimado será del 2,1%, muy por debajo del 5,6% registrado en 2006 y 2007, lo que pone de manifiesto la intensidad del ajuste en unas naciones con altas tasas demográficas, lo que supone una merma de su riqueza relativa.

Ni siquiera el centro y este de Europa -que en los últimos años han crecido de forma notable- se salvará de la quema. El crecimiento del PIB será del 2,5%, apenas la tercera parte de los avances registrados en los últimos años. Y lo mismo sucederá en México o Rusia. China seguirá creciendo fuerte, un 8,5%, pero por debajo de su potencial, al igual que la India, con su 6,3%, tasa insuficiente para atender una población creciente.

El conjunto del planeta crecerá únicamente un 2,2% (casi la mitad que este año), lo que significa en términos reales que entra en recesión, principalmente como consecuencia de la crisis financiera estadounidense. Recientes análisis del FMI han demostrado que aunque EEUU está en declive, lo cierto es que la integración bursátil y financiera (y por lo tanto su capacidad de contagio) es mayor durante los periodos de recesión que durante los de expansión a nivel mundial. Dicho en otros términos, que las crisis financieras se propagan con más facilidad que los auges, lo que justificaría la amplitud de los desplomes actuales.

Algunas investigaciones publicadas por The Wall Street Journal, indican, de hecho, que EEUU desempeña un papel clave en la transmisión de shocks financieros al planeta. Nada menos que el 25% de la variación de precios en todo tipo de activos financieros de Europa se debe a movimientos registrados en los mercados de EEUU (y nada menos que un 50% si únicamente se tienen en cuenta las acciones). Al contrario, sólo el 8% de las variaciones de precios de activos en EEUU se deben a movimientos producidos en Europa.

Panorama desolador

Como se ve, un panorama desolador que hace más complicado sortear la crisis financiera, toda vez que ésta se retroalimenta, precisamente, por el deterioro económico, entrándose así en un círculo vicioso del que el mundo va a tardar en salir. Probablemente debido a que, en el caso de Europa, los instrumentos de política económica tradicionales de carácter anticíclico (obra pública o aumento de los gastos sociales para asegurar el nivel de rentas de las familias) no pueden utilizarse de forma contundente, como sugirió ayer el vicepresidente Solbes.

La experiencia ha demostrado que los aumentos de gasto público destinados a hacer frente a la crisis tienden a quedarse de manera estructural y permanente en el sistema económico (incluso cuando el ciclo cambia) debido a que la economía es menos flexible, y de ahí que los gobiernos -socialdemócratas y conservadores- sean timoratos a la hora de aumentar los déficit públicos.

No sucede lo mismo en EEUU, donde los desequilibrios presupuestarios -salvo cuando ha gobernado George W. Bush– tienden a bajar de forma acelerada cuando la maquina del crecimiento se pone en marcha.

El otro instrumento gran instrumento a corto plazo para estimular la economía es la política monetaria, pero esta también tiene sus límites, como ha sucedido en Japón, donde los tipos de interés reales son negativos desde hace casi dos décadas y el país sigue sin despegar. A este fenómeno los economistas lo llaman la ‘trampa de la liquidez’, que se manifiesta cuando el precio del dinero es tan bajo que la política monetaria deja de cumplir su función para gobernar el ciclo económico. EEUU, con unos tipos de interés del 1%, estaría muy cerca de esa situación, mientras que la zona euro todavía tiene recorrido, ya que se sitúan en el 3,25%.

Problemas, muchos problemas que recuerdan a aquel dictador de Haití, que cuando huía de su país se despidió de sus compatriotas con una frase cruel: ‘les dejo un cigarro encendido por las dos puntas’.

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Mañana en Washington, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

El presidente del Gobierno ha perseguido con tenacidad admirable el logro de una silla en la cumbre de Washington que mañana se inaugura. Llevamos casi dos meses con la solicitud a cuestas, sin desmoralizarnos por las negativas, moviendo todos los hilos, buscando todas las fórmulas, exhibiendo todos los méritos, hablando con todos los posibles valedores, señalando el valor añadido de la presencia española. Por fin la magnanimidad del presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha dispuesto ofrecer uno de sus múltiples asientos a nuestro Zapatero, quien ha desencadenado una ronda de consultas en Moncloa para escuchar a los banqueros, a los sindicalistas, a los dirigentes de las patronales y al líder del principal partido de la oposición. Así que el presidente viaja a Washington con la mochila a reventar. Veremos si puede allí dar cuenta al menos del índice de sus preocupaciones y propuestas o todo se reduce a la foto de familia.

Entre tanto, la prensa de referencia se ha ocupado de nuestro país. El semanario The Economist, para hacer un ejercicio de frivolidad impropio de su prestigio. The Wall Street Journal, para encomiar el sistema de inspección y control del Banco de España como antídoto para evitar los abusos que han terminado en la crisis financiera. Financial Times, para recoger algunos elogios dispensados por el premier británico Gordon Brown a su colega español. Entre nosotros ha primado el escepticismo, constante histórica que nos acompaña desde la guerra de los comuneros. Lo que es seguro es que la cumbre de Washington se verá incapaz durante esta primera sesión de lanzar grandes reformas pero puede iniciar el proceso con algunas bases de partida como el documento acordado en Bruselas por el Consejo Europeo.

La ausencia del presidente electo Barack Obama marca ya el déficit inicial de la cumbre. Porque desde el 4 de noviembre, con su victoria en las presidenciales, la competencia fundamental entre los líderes internacionales está entablada sobre quién habló antes y tuvo más minutos al teléfono al ganador. Gordon Brown exhibía muy orgulloso sus 15 minutos pero el Elíseo aseguró que la conversación de Nicolas Sarkozy había durado 30. Enseguida portavoces de Downing Street se sintieron obligados a devaluar esa marca precisando que al menos la mitad de este tiempo fue consumido por los traductores. También Zapatero quedó integrado en la ronda telefónica y es seguro que todos, como dice el refrán, irán ‘por atún y a ver el duque’, es decir que intentarán algún contacto con el futuro inquilino de la Casa Blanca.

Con acierto se preguntaba Frédéric Lemaître en su columna de Le Monde por qué diablos Nicolas Sarkozy ha querido a toda costa que Bush presidiera el encuentro del 15 de noviembre, una cumbre destinada a reconstruir el capitalismo mundial, cuando ha sido él quien más ha contribuido a restarle credibilidad. En The Observer, Oliver Stone explicaba la fórmula de la tiranía del temor según la cual la difusión del miedo junto a la esperanza de contenerlo fue la línea que siguieron Richard Nixon y George Bush para lograr sus respectivas reelecciones. Todo culminó con la malaventurada war on terror del actual pato cojo, el más cojo de todos los que se recuerdan, según Paul Harris en el mismo semanario.

Will Hutton explica que el encuentro intentará discutir cómo reformar el Gobierno de las finanzas internacionales y subraya que los cien días que se han dado para cerrar el acuerdo posterior contrastan con los dos años que fueron precisos para llegar al sistema financiero internacional de Bretton Woods en 1944. La cuestión entonces, como ahora, es la de saber en qué medida los Gobiernos están preparados para compartir la soberanía económica y aceptar la disciplina necesaria en orden a producir un mayor bien público global. Estados Unidos nunca se ha mostrado dispuesto y sólo aceptó la gestión de fijar los tipos de cambio atribuida al Fondo Monetario Internacional si quedaba asegurado que quedaría bajo su dirección. Ahora los americanos caen en la cuenta de la imposibilidad de cuadrar el círculo de simultanear el gasto creciente de las guerras exteriores a base de captar el ahorro de los demás.

En una esclarecedora entrevista aparecida en Le Monde, el director general de la Organización Mundial del Comercio, Pascal Lamy, advertía contra la crecida del proteccionismo que ya se apunta en Estados Unidos y los efectos letales que desencadenaría llevándonos a la depresión. En su opinión, la tendencia es más acusada en América porque falta la red de protección social que existe por ejemplo en Europa. Luego subrayaba que existen organizaciones mundiales en el ámbito del comercio, de la salud, del medio ambiente, de la alimentación o del trabajo pero que existen dos agujeros negros en la gobernanza mundial: las finanzas y las migraciones. Ahí esperamos a los reunidos en Washington.

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Mañana en Washington, responsabilidades, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

No es por ánimo vengativo, ni es rencor, tampoco resentimiento. En esta crisis económica hay graves y grandes responsabilidades por temeridad, codicia y frivolidad. Entidades quebradas; no pocas en situación crítica; muchas absorbidas por otras; millones de desempleados… toda una gran depresión causada por la llamada economía financiera construida con la ingeniería de un ramillete de gestores la mayoría de los cuales se han retirado a sus cuarteles de invierto con “paracaídas de oro” -el bolsillo lleno- y sin dación alguna de cuentas.

Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, escribía el pasado miércoles en El País un lúcido artículo (“El reino de la impunidad”) que concluía así: “Muchos, en efecto, se preguntan atónitos si eso -la crisis- ha sido la resultante fría de un mecanismo anónimo o irresponsable, o si, por el contrario, ha sido la consecuencia de actos de ambición, negligencia e irresponsabilidad en cadena, de personas de carne y hueso a las que debe buscarse pacientemente y pedirles cuentas civiles y penales”.

Efectivamente: muchos ciudadanos están atónitos contemplando cómo la amoralidad de financieros y gestores no recaba un reproche social que se traduzca en una sanción de carácter penal, al menos, por temeridad. Mañana, cuando se reúnan en Washington los líderes del G20, con los añadidos de España y Holanda, la opinión pública mundial deseará que se manifiesten en relación con los aspectos morales de unos personajes que han llevado al mercado financiero al colapso y han jugado con el porvenir mundial. Y no sólo desearán que se pronuncien, sino que, además, reclamarán que estos comportamientos sean contemplados por todos los países democráticos en su Códigos Penales respectivos mediante el establecimiento de tipos delictivos que disuadan a futuros desaprensivos en la reincidencia de prácticas por completo reprobables.

Ya se sabe que las normas -penales, civiles y de cualquier otra naturaleza- suelen ir por detrás de la realidad social. El derecho penal difícilmente subsumiría ahora en tipos delictivos algunas conductas gestoras de “ilustres” financieros porque el reproche social máximo -el penal- se reservaba hasta el momento para otro tipo de conductas. Se ha comprobado, sin embargo, que causa más daño social -sea por imprudencia, sea por dolo eventual, cuando no por dolo directo- decisiones financieras especulativas que otro tipo de comportamientos reprobables. El egoísmo y la codicia, cuando se proyectan sobre el sistema financiero, constituyen acciones asociales que deben ser reprendidas no sólo desde un reproche ético, sino mediante la represión sancionadora.

El sistema de libre mercado es bueno en tanto en cuanto se someta a una determinada regulación y sus agentes se atengan a un código deontológico estricto. Ha faltado regulación, pero se ha carecido en muchos casos de una moralidad civil que debiera ser innata en los gestores de grandes entidades que contraen graves responsabilidades sociales. Es hora de que a la voluntariedad deontológica -que no ha funcionado- le siga el imperio de la ley.

De Washington habrán de salir principios y criterios para la refundación del capitalismo. Pero entre ellos no pueden faltar los de carácter ético. Porque esta crisis tan profunda, tan pronunciada, tan devastadora, es consecuencia de una desertificación moral en algunas de las cúpulas dirigentes del sistema financiero mundial.

La catástrofe que vivimos no debería ser, en consecuencia, anónima.

Washingtonianos, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

Ninguna persona sensata espera que de la sesión del G-20+2 salga una decisión de los Estados reunidos, que cambie el modo de producción capitalista, para hacerlo volver a sus principios originales o para adaptarlo a los nuevos tiempos, como suponía aquella célebre y fantasiosa demagogia de monseñor Sarkozy, para la refundición santificadora del capitalismo. También es ilusorio que tan esperada reunión washingtoniana llegue a constituir un gobierno mundial de las finanzas públicas, que no ofrece más expectativa que la nominal de ser bautizado, por el gerente del FMI, con la voz portuguesa “gobernanza”, indicativa de la labor de una gobernanta casera o doméstica. La experiencia enseña que una reunión de este tipo acuerda otra reunión del mismo tipo, y que el consenso sólo puede crear otro consenso. Pero sin el nuevo Presidente de EE.UU., sólo caben consensos transitorios de regulación del sistema financiero y de calificación de solvencias, estatalización parcial del capital bancario, sin rescate de activos dañados, y ahorros simbólicos en remuneraciones a ejecutivos.

En 1989, el economista británico John Williamson definió el “consenso de Washington” como un modo común de pensar la acción concreta de los organismos financieros internacionales, sedentes en esa capital, bajo el supuesto indiscutible de que el capitalismo liberal, en abstracto, sin intervención directa del Estado, dicta la mejor regla general de actuación financiera en el mundo entero, sea cual sea el nivel de bienestar o desarrollo económico. Ese consenso mental, en el que nunca participaron los pueblos emergentes o empobrecidos, ha quebrado con el estallido liberal de las burbujas inmobiliarias y financieras en los países más ricos del mundo. La regulación del mercado contradice la libertad de mercado.

Todos buscan con ansiedad un nuevo “consenso de Washington”. Pero entre el liberalismo doctrinario de Bush, las improvisaciones oportunistas de los gobiernos de la UE y el pragmatismo interventor de China, India, Brasil y Rusia, no hay más principio de mediación que el ofrecido, para la coyuntura depresiva de los años 30, por la teoría keynesiana del déficit presupuestario para la creación de empleo mediante inversiones públicas. El dilema del G-20, más España y Holanda, está en salvar Wall Street, motivo por el que ha sido convocado, o salvar la industria de Chicago, abocada a la bancarrota y al desempleo de millones de trabajadores.

florilegio

“La demagogia de los gobernantes irresponsables genera expectativas tan irreales que ni siquiera causan ya frustración en los ilusos gobernados.”

Obama y el difícil cambio, de Adolfo Sánchez Rebolledo en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

Hasta qué punto es una ilusión creer que Barack Obama podrá enfrentar la crisis económica y avanzar en la reforma general de la sociedad. Es muy probable que la gran mayoría de los jóvenes (y las minorías) que se lanzaron a la campaña en busca del cambio consideren difícil salir de la crisis actual sin modificar a fondo las condiciones que la hicieron posible, una ideológica: la creencia dogmática de que la sociedad del futuro será la que mejor cumpla con la libertad de mercado considerada como la estrella polar de la convivencia global y la guía más segura para la edificación de los valores que rigen las relaciones humanas. Y tienen razón, pues además de injusto en términos de la concentración de la riqueza, el camino neoliberal demostró ser peligroso para la salud global del sistema.

Ante la magnitud de los acontecimientos, marcados simbólicamente por el desprecio universal hacia Bush, algunos se han apresurado a calificar la situación como un “fin de época”, es decir, como un proceso de grandes y pequeños cambios que entierran el pasado para dar entrada a un “nuevo mundo”, cuyos perfiles, empero, aún no emergen con nitidez. Hasta ahora, para evitar una catástrofe mayor, los gobiernos de las potencias económicas, incluidos los de Estados Unidos y China, pasando por la Unión Europea, pusieron en práctica medidas insólitas no incluidas en el recetario neoliberal, pero tampoco ajenas o contrarias al funcionamiento de la economía capitalista como la nacionalización parcial o total de los bancos, lo cual significa una creciente intervención del Estado en capítulos que la ortodoxia consideraba intocables. No en balde la derecha las denuncia como “socialistas” sin morderse la lengua.

La afirmación de Stigliz de que la crisis financiera equivale en términos estadunidenses a la caída del Muro de Berlín es una buena frase, capaz de mostrar la profundidad de la fractura de la política económica hegemónica, pero no puede leerse como preludio del derrumbe del sistema, atribuyendo al vituperado Marx sus propias ideas catastrofistas. De la necesidad de modificar el “modelo” no se deduce la inviabilidad de la economía capitalista o la hipotética clausura de los mercados y la globalización. En todo caso, la cuestión es si tendremos un “capitalismo con rostro humano” o una nueva forma de dictadura del mercado. De ahí la trascendencia sobre el modo como se planeen las posibles salidas, la naturaleza de los mecanismos y las instituciones que habrán de sustituir a las agencias actuales: la solución de la crisis es un asunto crucial que no puede plantearse al margen de la política sin asumir el mapa mundial del poder como se dibuja a raíz de los hechos.

Y es aquí donde el tema de Obama y sus perspectivas cobra importancia, pues si bien la esperanza del cambio movió a millones de estadunidenses a dar un golpe de timón es la crisis la que inclinó la balanza a su favor. Como ha escrito Gustavo Gordillo en El Correo del Sur, “el contexto en las elecciones de 2008 se puede resumir en tres palabras: rabia, desigualdad y minorías”, pero la victoria en las urnas –no tan abultada en votos ciudadanos– es un efecto de la crisis financiera y sus secuelas sobre el presente y futuro de la gente. Eso significa que buena parte del electorado abandonó el barco republicano cuando advirtió que se escoraba peligrosamente y no antes. Se trata, sin duda, de un gesto de autodefensa legítimo, en el cual, sin embargo, no existe una pizca de ilusión por el futuro. Al final, piden que el cambio prometido sea controlado, capaz de restituir a los ciudadanos las seguridades que la ineptitud de Bush derogaron.

Así, pues, a la pregunta de si  Obama puede o no emprender una nueva era de políticas progresistas, Paul Krugman responde “sí, puede”, siempre y cuando se desembarace de ambigüedades y temores en torno al déficit acumulado y piense en el gasto en términos de producción y empleo.  A su favor tiene el imaginario emprendedor de una nación plebeya con sueños de libertad volcada en las urnas, el empuje de una civilización capaz de dominar el conocimiento y la naturaleza, en fin, la potencial respuesta de sus clases fundamentales que ven en la equidad el único sueño norteamericano digno de tal nombre. Frente a sus antecesores, Obama reivindica la reconstrucción de la economía –y de la vida social– de abajo hacia arriba, es decir, sustituyendo el estímulo a los más ricos por el esfuerzo coordinado de la mayoría. “Abordar un programa de prioridades progresista –llamémoslo un nuevo New Deal– no es sólo posible desde el punto de vista económico, sino lo que necesita la economía”, escribe  Krugman (El País, 09/11/08). Obviamente, la situación económica reduce el margen de maniobra del nuevo gobierno y, aunque no la obstruye por completo, sí obligará a un replanteamiento de las prioridades.

La señal de si Obama va a seguir la ruta prometida será lo que haga o deje de hacer respecto a cuestiones espinosas: la permanencia en Irak, la guerra en Afganistán y el desmatelamiento simbólico de los aspectos más agresivos de la política imperial bushista (Guatánamo), así como un replanteamiento global de la visión estadunidense en el mundo de hoy. La lista es larga. Asuntos como seguridad y migración no pueden esperar indefinidamente. Sin embargo, la pregunta que sigue pendiente es si, como dice el socialista Mike Davis, existe la menor esperanza de que ese Nuevo Trato aparezca “sin el fertilizante proporcionado por masivas luchas sociales”, tomando en cuenta que la propia crisis obliga a la búsqueda de una suerte de “unidad nacional” de la que no pueden ser excluidos los 55 millones de ciudadanos que votaron por la fórmula McCain-Palin, que son la gran reserva del conservadurismo estadunidense. O, dicho de otra forma: sin la movilización de los ciudadanos que le dieron la victoria a Obama, la gestión de la crisis podría reducir a polvo las esperanzas.

En cuanto a nosotros, vale la recomendación general: lo que no haga el Estado mexicano para colocar su agenda entre los temas importantes no lo hará nadie por él.

La crisis, América Latina y Obama, de Ángel Guerra Cabrera en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

La elección de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos ha sido vista en América Latina con justificado alivio después de los ocho nefastos años de George W. Bush. Sin embargo, si es erróneo subestimar el acontecimiento, también lo es abrigar expectativas infundadas respecto a lo que nuestra región puede esperar de su administración. Aunque cabe suponer un cambio favorable en el estilo y formas de relación de Washington con lo que considera su patio trasero, Obama defenderá los intereses globales del imperio y únicamente sus políticas concretas permitirán juzgarlo.

Es probable que en los primeros meses de su gestión clausure el campo de concentración instalado en la base naval de Guantánamo, sustituya la actitud gangsteril de su antecesor en el trato hacia sus vecinos del sur por una más diplomática, suprima las restricciones a los viajes y remesas a Cuba de los emigrantes de ese origen y derogue al menos una parte de las innumerables disposiciones ejecutivas violatorias de las libertades individuales y los derechos humanos instauradas por aquél. Con ello crearía un ambiente más distendido en el hemisferio.

Sin embargo, no hay señal alguna de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se proponga derogar el Plan Colombia y demás instrumentos similares, disolver la Cuarta Flota, desmantelar sus bases militares al sur del río Bravo, abrogar los leoninos tratados de libre comercio o poner fin a las acciones desestabilizadoras contra Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. En ningún momento ha hablado de levantar incondicionalmente el genocida bloqueo a Cuba, aunque cabría esperar graduales pasos en esa dirección dada la debacle económica y crisis de hegemonía que sufre Washington, la clamorosa oposición a la medida en casa y en el mundo y el alto costo político que le acarrea.

En síntesis, por más relevante que sea el resultado de una elección presidencial en la potencia del norte no puede modificar la esencia estructural de su relación con América Latina, centrada en la dependencia y sujeción de nuestras economías y sociedades a su sistema imperialista de dominación económica, política, cultural, militar y geoestratégica. Transformar el carácter de este vínculo depende fundamentalmente de la lucha de nuestros pueblos, como lo demuestra su larga y singular historia de resistencia frente al expolio colonial y neocolonial. Así lo confirman la prolongada batalla de Cuba por la emancipación nacional y el socialismo, y también la alentadora brega latinoamericana de las últimas décadas contra las políticas neoliberales, por su independencia, integración y unidad.

No obstante, el dramático correlato social que traerá para América Latina y el Caribe la crisis económica internacional podría atenuarse e incluso transformarse en oportunidad de consolidar y profundizar su integración. Depende de que sea encarada por sus movimientos populares y gobiernos más independientes en estrecha unión y enérgicamente, con inteligencia y altura de miras, capaces de contrarrestar las presiones y engañosas ofertas que recibirán del norte para dividirlos. Nada favorable pueden esperar de la reunión del G-20 convocada por Bush para los próximos días, si es que logra algún acuerdo sustantivo.

Los pueblos latinocaribeños son pobres en una región del mundo rica como pocas en recursos naturales, diversidad cultural, tradiciones de lucha y empeños comunes. Es la dependencia lo que ha impedido el disfrute por las mayorías de esos bienes, pero la crisis capitalista propicia avanzar hacia su ruptura. De allí la urgencia de desplegar nuevas y más audaces iniciativas de intercambio y complementación económica regional sobre bases solidarias y de lanzar por fin el Banco del Sur, pues la independencia financiera es crucial para lograr una exitosa respuesta nuestroamericana a la crisis.

El gobierno de Obama tendrá que concentrar su atención en la grave situación económica doméstica y dos guerras coloniales que están entre sus causas principales. Un frente común latinocaribeño puede contribuir mucho a forjar un nuevo tipo de relación, más justa y equitativa, con el vecino del norte y al equilibrio internacional que tanto necesita hoy nuestro sufrido planeta.

aguerra_123@yahoo.com.mx

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