Reggio’s Weblog

La señora Rosa Parks, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Historia, Política by reggio on 13 noviembre, 2008

Para Gabriel Jackson, defensor de los derechos civiles en EE.UU. y en España

El 1 de diciembre de 1955, la señora Rosa Parks, una ciudadana norteamericana negra, costurera de profesión y residente en Montgomery (Alabama), regresaba a su casa en autobús desde su lugar de trabajo. Estaba afiliada al NAACP, un movimiento en defensa de los derechos civiles de los negros, y en los últimos años había asistido a las clases de una escuela obrera para aprender los derechos de los trabajadores y estudiar los problemas que planteaba la desigualdad racial. Aquel 1 de diciembre, como cada día, la señora Parks, muy fatigada tras su jornada laboral, subió al autobús, escogió asiento y decidió no levantarse cuando el conductor le indicó que su puesto estaba reservado para un pasajero blanco. Era consciente de que desobedecía la ley, pero también de que la ley era injusta y contraria a la Constitución.

En la Alabama de aquella época, así como en otros estados del sur de EE. UU., la legislación contenía todavía buenas dosis de racismo. Desde hacía muchos años, la política de segregación entre blancos y negros no era considerada discriminatoria. La sentencia del Tribunal Supremo Plessy contra Ferguson, de 1896, había estimado adecuada a la Constitución la fórmula “iguales pero separados”, es decir, que establecer barreras físicas entre blancos y negros no era contrario al principio de igualdad. Sin embargo, en 1954, un año antes del suceso que relatamos, otra sentencia del mismo Tribunal, la Brown contra Board of Education, rechazó por unanimidad esta doctrina y consideró inconstitucional la segregación por razón de raza. La batalla legal se empezaba a ganar.

En aquellos estados del profundo sur, a pesar de haberse abolido la esclavitud, quedaban todavía muchos vestigios racistas, muchos prejuicios de los blancos respecto de los negros. No había esclavos, pero la separación entre las personas de las dos razas era todavía un hecho e, incluso, un derecho: había separación entre personas de ambas razas en ciudades y pueblos, en escuelas, tiendas y restaurantes, en cines, museos y librerías, en parques, playas y piscinas, hasta en los ascensores de un mismo edificio, además de un gran número de servicios públicos, entre ellos el de transporte.

En los autobuses de Alabama, los asientos acolchados de las primeras filas estaban reservados exclusivamente a los blancos. En la parte de atrás, en duros bancos de madera, se amontonaban los negros.

Las filas de en medio, en el caso de que toda la parte trasera estuviera completamente ocupada, podía ser utilizada también por los negros siempre que ningún blanco tuviera que permanecer de pie por encontrarse repleta la parte delantera, la de los asientos acolchados. Si ese fuera el caso, los negros debían desocupar toda una fila para que la persona blanca pudiera sentarse sin riesgo de contaminación por la peligrosa cercanía de las gentes de color. Como el número de negros que utilizaban los autobuses era mucho mayor que el de blancos, lo más frecuente era que la parte delantera estuviera casi vacía y la trasera abarrotada.

Aquel día la señora Parks se sentó en esta zona de en medio y los mullidos bancos delanteros estaban todos ocupados.

Cuando al autobús subió un blanco sin encontrar sitio en la zona a él reservada, el conductor del autobús mandó a los negros de toda una fila que se levantaran. La señora Parks estaba en esa fila: no se movió y siguió sentada. Desde hacía años, cada vez que cogía el autobús, se sentía harta, humillada y ofendida. El conductor la amenazó con llamar a la policía. La señora Parks estuvo de acuerdo: “¡Llámela!”, dijo sin inmutarse. Cuando esta llegó, los agentes dejaron escoger la sanción al conductor: una simple amonestación verbal o detención por desórdenes públicos. El conductor, un trabajador modesto, como Rosa Parks, escogió lo segundo.

La señora Parks fue encerrada en los calabozos de la policía durante cinco días, después compareció ante un juez y fue castigada con una multa de 15 dólares; pero se negó a pagarla para que su abogado pudiera recurrir ante el Tribunal Supremo, por inconstitucional, la ley que le habían aplicado. A su vez, llamó por teléfono a un tal Martin Luther King, entonces un desconocido pastor de una iglesia baptista de Montgomery.

Inmediatamente, el pastor King encabezó un boicot a los autobuses: durante más de un año ningún negro utilizó este medio de transporte. Al cabo de 382 días, el Tribunal Supremo se pronunció sobre la ley recurrida por la señora Parks y la declaró, por discriminatoria, contraria a la Constitución. En Montgomery, los negros volvieron a subir a los autobuses pero el gesto de la señora Parks, la reacción unánime de apoyo y la resolución judicial favorable, pusieron en marcha el movimiento por los derechos civiles de los negros, fundado en los principios de libertad e igualdad de todas las personas y llevado a cabo mediante la desobediencia civil y la política de no-violencia.

Dijo Lao Tse: “Todo viaje de mil leguas comienza con un primer paso”. El paso que decidió dar la admirable señora Parks no fue el primero, pero sí un importante paso en ese gran viaje hacia la igualdad entre las personas sin distinción de razas ni colores. La semana pasada, el pueblo de EE. UU. decidió dar otro gran paso eligiendo a Barack Obama. Y el viaje sigue, todavía no ha terminado, quizás ya estamos a medio camino.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

Anuncios
Tagged with:

‘La pell fina’ (A favor de ‘The Economist’), de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Derechos, Medios, Política by reggio on 13 noviembre, 2008

NOTAS DE MADRID

‘La fiesta se ha terminado’ anuncia el dossier de catorce páginas del diario ‘The Economist’ dedicado a España. Nadie en Madrid ha protestado al ver al toro Osborne rendido y agotado

Los quioscos de Madrid están empapelados con un vistoso anuncio de The Economist en la que el toro Osborne, el toro del cartelón, el toro que algunas almas frenéticas han insertado en la bandera española con notable ordinariez, aparece de rodillas, sin orgullo, derrotado, derrengado. ‘The party’s over’ titula la revista británica. ‘La fiesta se ha terminado’ anuncia el dossier de catorce páginas dedicado a España. Nadie en Madrid ha protestado. Ninguna patriótica vestidura se ha rasgado al ver al toro rendido y agotado.

En octubre tuve ocasión de conversar más de una hora con el autor del informe, el periodista Michael Reid, responsable de la revista en América Latina. Fue un desayuno muy agradable en las oficinas de La Vanguardia en Madrid, que en algún momento me recordó los tiempos en que fui corresponsal en Italia. Esa saludable media distancia con la que un corresponsal o enviado especial puede dibujar un retrato general del país que visita, sin necesidad de perderse en los vericuetos de la política doméstica. Esa media distancia tiene siempre el sabor de la libertad.

El señor Reid me pareció un profesional competente, bien informado sobre los asuntos de España y con un enfoque certero del futuro: la dudosa viabilidad de la actual estructura política ante una crisis económica que se prevé larga, dura y fatigante. El señor Reid llegó a España con la pregunta correcta. Le di mi opinión sobre el cuadro general, le conté alguna anécdota (los seiscientos periodistas que se acreditaron en el Senado durante la última Conferencia de Presidentes Autonómicos) y me permití sugerirle el nombre de algunas personas que podían ser de su interés. Y sentí una cierta envidia cuando me informó que su trabajo de campo duraría tres o cuatro semanas.

El dossier de The Economist no me ha decepcionado. Es bueno. Periodismo de nivel. No comparto algunas afirmaciones de Reid sobre la situación catalana, que me parecen muy influidas por el rampante ‘savaterismo’ (que no zapaterismo), pero el reportaje no está escrito en clave ofensiva. El señor Reid habla en algún momento de “caciquismo regional” (sin aludir directamente a Jordi Pujol). La expresión, de origen latinoamericano, es fuerte, incluso desagradable, pero ciñámonos a los hechos. Por ejemplo: ¿cómo calificar las burdas maniobras de abordaje que en estos momentos pilota el gobierno regional de Madrid contra el presidente de Caja Madrid, la segunda mayor caja de ahorros de España?

El dossier acierta en lo fundamental: el mapa de las diecisiete autonomías, tal y como hoy está planteado, será de difícil viabilidad en los tiempos venideros. The Economist no reivindica, sin embargo, el regreso al centralismo. Al contrario, apunta una solución inteligente. La única solución razonable al galimatías español en los tiempos duros que se avecinan: “Hubiera sido más fácil para todos los interesados que España hubiera adoptado el federalismo en 1978. Que se hubieran establecido reglas claras sobre la recaudación de los impuestos y el gasto público. El Senado se podría haber convertido en la cámara donde las regiones estuvieran formalmente representadas y pudieran resolver sus diferencias, como en el Bundesrat de Alemania”.

El Govern de la Generalitat de Catalunya, a través de su portavoz de turno, la consejera de Justicia, Montserrat Tura, ha protestado airadamente y ha acusado a la revista británica de ofender a Catalunya. Ha exigido disculpas, incluso. Las declaraciones de la señora Tura me parecen impresentables. Digo más: me parecen muy impresentables.

Por tres razones.

Primera. No es misión de un gobierno el efectuar recriminaciones de carácter moral a la prensa. Con mayor motivo, si tenemos en cuenta que el presidente de la Generalitat y otros ilustres miembros del Govern declinaron recibir al enviado de The Economist, una publicación de prestigio reconocida en todo el mundo.

Segunda. Nunca el catalanismo había emitido tantas señales de inseguridad en los últimos treinta años. Hay una actitud claramente neurasténica en algunos dirigentes políticos catalanes. Un enfoque crítico de The Economist no destruye nada, no hace peligrar nada, no cercena nada. Es una visión que conviene tener en cuenta, aunque no se comparta, en su totalidad o en parte.

Tercera. La política catalana ha dejado de tener una relación inteligente con la prensa extranjera acreditada en España. El retroceso ha sido espectacular en los últimos cinco años.

En fin, l’encongiment casolà del que hablaba Gaziel.

Tagged with:

‘Sí, podemos’… cambiar el mundo, de Juan Peces en El Mundo

Posted in Derechos, Medios by reggio on 13 noviembre, 2008

PRENSA

No deja de resultar jocoso o, al menos, paradójico que uno de los colectivos responsables de la acción comunicativa representada en el falso ‘New York Times’ distribuido ayer en la capital ‘liberal’ de Estados Unidos sea ‘The Yes Men’.

Con esta ‘acción comunicativa’, el colectivo norteamericano, y la miríada de organizaciones progresistas y voluntarios que secundaron la convocatoria realizada por correo electrónico y en ‘BecauseWeWantit. org’, han dado una vuelta de tuerca al lema de Barack Obama («Yes We can») con el fin de fijar la agenda política en unos tiempos marcados a la vez por la esperanza y la desesperación.

‘The Yes Men’, como reflejaba el documental homónimo de 2003, es un colectivo que intenta «cambiar el mundo de broma en broma». En realidad, a este tipo de activismo se le denomina ‘culture jamming’, que puede ser traducido como agitación cultural. Pero el sustantivo se queda corto, porque su objetivo es poner en evidencia los abusos del sistema capitalista -como hicieron al hacerse pasar por representantes de la Organización Mundial de Comercio en distintos foros- y la impunidad de las corporaciones, como cuando crearon un ‘replicante’ del sitio web de Dow Chemical para denunciar el desastre sanitario y ecológico de Bhopal. La broma hizo caer cinco puntos las acciones de la compañía cuando un supuesto ‘portavoz’ de Dow (en realidad, el cofundador de ‘The Yes Men’ Jacques Servin, ‘alias’ Andy Bichlbaum) anunció que la empresa química pagaría 12.000 millones de dólares a las víctimas de la contaminación en India.

En otras ocasiones, han fingido ser miembros de ExxonMobil y Haliburton, pero siempre con la pretensión de despertar las conciencias de la ciudadanía y estimular el pensamiento crítico.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Futuro en femenino, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Derechos by reggio on 13 noviembre, 2008

ASUNTOS INTERNOS

La ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, está a punto de dar a luz, en el peor momento de su fulgurante carrera política. Dati fue la gran estrella del firmamento de Sarkozy y ahora las cañas se han tornado lanzas. Las crónicas sitúan el comienzo de sus males aquel día en el que posó para una revista en un hotel de lujo vestida de Dior.

La ex candidata a la Vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, Sarah Palin, ha dado más que hablar por la ropa que se compró para hacer la campaña que por no saber que Africa es un continente o por su supina torpeza política. Su partido gastó miles de dólares en peluquería, maquillaje, calzado, ropa y accesorios para que brillara en los mítines y ahora los mismos asesores que la vistieron la ponen verde.

Un conocido periodista radiofónico le preguntó a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, si «esos ojazos» suyos que traen loco a un colega del mismo líder de opinión la habían ayudado en su carrera política. La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, ha dado la vuelta a la Red gracias a un escotado vestido que se puso en una fiesta.

Tarde o temprano, las mujeres con poder acaban teniendo que dar cuenta a los demás o a sí mismas de la ropa que se ponen y de sus «ojazos». Muchas veces, como Dati, es por caer en la tentación de sentirse princesa por un día. Pero, ¿es que la ministra no tenía derecho después de haber trabajado 12 horas al día para pagarse sus estudios? ¿Por qué es más imperdonable el síndrome Pretty Woman que el de Peter Pan, que afecta a tantos hombres políticos? Sarkozy ha hecho muchas más tonterías y ahí le tienen, convertido en el gran líder de la crisis financiera.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, ha sido criticada por llorar cuando le daba el pésame a los familiares de los dos soldados españoles asesinados en Afganistán.

Y, sin embargo, como sostiene el filósofo francés Alain Touraine, en su libro El mundo de las mujeres, el profundo cambio social al que asistimos consiste en que Occidente se está feminizando y las mujeres son los principales actores. El pensador resume así su teoría: «En el mundo de los hombres primaba la conjunción ‘o’: o la casa o el trabajo, o la guerra o la paz; o la derecha o la izquierda; o el capitalismo o el socialismo. El mundo de las mujeres es ambivalente, integrador, gobernado por la conjunción ‘y’». El trabajo y la casa; la carrera y los hijos, los libros y los vestidos de Dior.

Es más contradictorio, porque no se puede hacer todo a la perfección. Pero el futuro pasa por ahí. Y triunfará quien sea capaz de aunar los valores femeninos con los masculinos. Un ejemplo es Barack Obama, que representa mejor esos valores que Hillary Clinton. Otro es Carme Chacón, la ministra más valorada del Gobierno. Pese a quien pese.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

El espectáculo y la realidad, de Josep Ramoneda en El País

Posted in Política by reggio on 13 noviembre, 2008

Obama “es un hombre sin resentimiento”. Lo dice Martha Nussbaum, una de las figuras más reconocidas de la filosofía americana. La política se había convertido en el escenario del resentimiento, la figura que para Nietzsche representaba la esencia del cristianismo. La revolución conservadora americana, de inspiración evangélica, había propagado el resentimiento por el mundo. En España, donde el PP de Aznar se ofreció como base para su expansión en Europa, el resentimiento se había convertido en la esencia de la vida política. Con Obama se ha recuperado el sosiego. Bush ha optado por acabar su mandato con exquisitez en las formas, quizás confiando en hacer olvidar una derrota de la que es el principal culpable.

De modo que sólo la señora Palin y el sector más irreductible de la derecha española, organizado en torno a la Conferencia Episcopal, siguen impasibles con sus particulares cruzadas de sembradores de odios. Ahora, la estrategia de la derecha, tanto en Estados Unidos como en Europa, pasa por minimizar la importancia del cambio que representa Obama. La derecha siempre busca ahogar cualquier esperanza de la ciudadanía que pudiera mover mínimamente el statu quo.

Con Obama de moda, Rajoy se ha sentido legitimado en su apuesta por la moderación, convencido de que en tiempos de crisis lo más rentable es la discreción, porque el desgaste del que manda pueda acabar con el poder en manos de la oposición, independientemente de los méritos que ésta haya hecho. Zapatero, con sillón garantizado en Washington, aunque sea por gentileza de Sarkozy (¿cuál sera el montante de la factura?), se las promete muy felices porque consiguió hablar por teléfono con Obama y ya está en la lista de espera para la ansiada visita a la Casa Blanca, que dicen llegará en primavera. Zapatero se equivoca si piensa que, depuesto Bush, todo irá sobre ruedas. Zapatero será escuchado en Washington en la medida en que sea capaz de desarrollar una política internacional que le convierta en aliado necesario para Obama. Y esto no pasa por convocar ejercicios espirituales de la Alianza de Civilizaciones, sino por ejercer influencia y autoridad en aquellos lugares del mundo en que España puede tener algo que decir: Europa, América Latina, norte de África y Oriente Próximo.

Zapatero lleva semanas organizando -con la oposición y los agentes sociales en el papel de comparsas- la comedia de la reunión de Washington. De momento, lo más interesante que este espectáculo ha dado es la foto de Zapatero con Botín que luce unos flamantes tirantes rojos. Tienen los tirantes tradición en la política española. Con ellos Fraga representaba los esfuerzos para que los herederos del franquismo no se cayeran de la Transición. Los tirantes de Botín van camino de convertirse en el Toro de Osborne de la crisis, icono de un sistema bancario que, al decir del diario The Wall Street Journal, deslumbra al mundo.

A medida que se acerca la reunión de Washington crece el número de analistas que piensan que una cumbre mal preparada y con un presidente interino en Estados Unidos no pasará de las vagas afirmaciones y promesas. Sólo una persona con la autoridad que Obama tiene en este momento podría forzar algún punto de acuerdo entre la ortodoxia económica americana, la retórica europea de la refundación del capitalismo, el capitalismo autoritario chino y las reivindicaciones de los países emergentes. Pero Obama no estará. Se equivocan los gobernantes si piensan que con una foto y un calendario de reuniones pueden recuperar la confianza ciudadana.

Terminado el espectáculo, cuando los líderes regresen a casa, seguiremos en las mismas: con despidos de trabajadores a mansalva. Con impunidad para los que aprovechan la crisis para reducir las plantillas, sin que las autoridades políticas hagan nada para evitarlo. Con la economía productiva ahogada por falta de crédito, sin que los dineros prometidos por el Estado lleguen a puerto. Con el umbral de la pobreza alcanzando ya a sectores de las clases medias. Con el sarcasmo de los bancos repartiendo dividendos millonarios y los ejecutivos cobrando bonos salvajes. Con España perdiendo puestos en el ranking de los países más igualitarios, algo que es constante desde que en tiempos de Felipe González llegó a ser el país con menor diferencial de rentas de Europa. Y con la amarga sensación de que se van tomando medidas al tuntún, sin que nadie sepa muy bien qué es lo que realmente hay que hacer. No es extraño que en algunos países europeos, Francia, por ejemplo, se tema la reacción de los ciudadanos. Estimulados por la ciudadanía americana, puede que empiecen a pedir en la calle las respuestas que no encuentran en las reseñas de las cumbres. Quien avisa no es traidor.

Tagged with:

Obama: razón y voluntad, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Derechos, Política by reggio on 13 noviembre, 2008

La sensación de alivio y de esperanza ha predominado en estos días de noviembre en que hemos visto acabar una época y empezar algo que aún no sabemos cómo definir. Alivio por confirmar lo que todos imaginábamos pero que precisábamos que se ratificara: el fin de la pesadilla Bush y del periodo en que neocons (como Aznar) y sus aliados circunstanciales (Blair) han presidido la escena mundial. Esperanza depositada en una manera de hacer política que parece reposar en mayores autenticidades y más consistencia interna entre lo que se predica y lo que se practica. Pasada la euforia y el alivio, es hora de redimensionar y calibrar la esperanza. Podemos seguir a Eduardo Galeano cuando afirma, con un sano escepticismo: “ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza”. Desconozco si Obama en sus periplos vitales a través del mundo ha leído a Gramsci, pero, si no es así (sabiendo lo fútil de mi consejo), recomendaría que lo hiciese. El gran pensador sardo trabajaba con maestría el concepto de hegemonía y las sutilezas entre optimismo y pesimismo, entre voluntad y razón, componentes imprescindibles de todo político que quiera ir más allá de la simple gestión, o de la inútil gesticulación.

La agenda política que tiene enfrente el presidente electo es para ponerse a temblar. Descontado el cierre de Guantánamo y la progresiva retirada de Irak (lo cual no es nada fácil, pero que se plantea como la prueba del algodón), el nuevo mandatario tiene por delante un rosario de temas en política exterior e interior que exigen grandes esfuerzos. Una tentación comprensible para cualquier político sería centrar los esfuerzos, pasada la larga y exigente batalla electoral por la que ha pasado Obama, en conseguir los apoyos internos del partido demócrata, de los congresistas y de los principales intereses afectados en ese conjunto de decisiones, y buscar los equilibrios y componendas que permitan avanzar, aunque sólo sea un poco. Desde mi punto de vista, esta estrategia, si bien es razonable y hasta cierto punto convencional, choca frontalmente con el mensaje que ha ido lanzando Obama desde que fue subiendo los escalones que le condujeron desde la Convención Demócrata de Chicago de 2004, hasta su actual posición de 44º presidente de Estados Unidos. Lo que él ha vendido, explicado, sudado y vivido es que llega a Washington para cambiar la manera de hacer las cosas, y para ello cuenta con la fuerza de ser el presidente con más votos de la historia democrática de su país, pero cuenta, además, con otro recurso más poderoso si cabe. Me refiero a los 10 millones de personas, muchos de ellos muy jóvenes, que no sólo le han votado, sino que se han movilizado para conseguir fondos, para que se inscribieran el mayor número de votantes que se recuerda, y para movilizar a potenciales electores que nunca habían pensado que esto de las elecciones presidenciales iba con ellos.

Ha entendido a los nuevos electores. Ha sabido movilizarlos. Ha tratado con dignidad y respeto a sus simpatizantes y voluntarios, haciéndoles llegar su agradecimiento y reconocimiento de manera individualizada, y haciéndolo antes de su aparición ante los medios. Entiendo que, si quiere seguir rompiendo moldes, lo que debe hacer es encontrar caminos para que no se vayan a sus casas y que sigan movilizados para defender el proyecto que han entendido que encarna Obama. Por mucho que disponga de mayorías suficientes en las cámaras, sabemos por experiencias anteriores que la capacidad de bloqueo de los grupos organizados en defensa de los intereses ya consolidados es grande y capaz de hacer embarrancar todo tipo de proyectos, por razonables que sean (véase el caso de la sanidad pública en la era Clinton). Su fuerza, su imagen, su mensaje, ha sido el del cambio, el de la necesidad de hacer ciertas transformaciones en el país, superando la barrera que han construido los intereses creados a través de los lobbies. Y de hacerlo, y ésa era también la fuerza de su mensaje aparentemente de outsider, manteniendo la unidad de la mayoría por encima de divisiones partidistas más propias del statu quo de Washington que de la realidad. Unidad y cambio. Difícil binomio cuando has de entrar en temas como el cambio energético, la expansión de la educación infantil, la ampliación de la sanidad pública a 45 millones de americanos que no tienen cobertura, afrontar los 12 millones de inmigrantes clandestinos que están a la espera de qué se hace con ellos, o cuando debes decidir si ratificas el Protocolo de Kioto cuando eres la potencia más contaminante del mundo. ¿Puede avanzar en esa exigente agenda cuando además, la crisis le obligará a socorrer a industrias e instituciones financieras? ¿Podrá responder a las buenas vibraciones que ha despertado en todo el mundo, si más bien la situación económica le invita al proteccionismo?

Lo cierto es que Obama ha de sentirse cargado de responsabilidad, pero también lleno de la fuerza que le ha conducido a la victoria. Después de años en los que se ha valorado en los dirigentes americanos el que no fueran intelectualmente bien dotados, se ha valorado precisamente en Obama su capacidad discursiva y analítica al enfrentarse a temas de gran calado. Pero, seguramente, lo que más destacaría ha sido su capacidad para incorporar a muchos jóvenes al escenario político de cambio por él planteado. Como ha recordado Noam Chomsky estos días, sin la experiencia movilizadora de la década de 1960 en Estados Unidos no se explicaría el hecho de que las primarias demócratas se hayan dirimido entre una persona de color y una mujer. Y, gracias a la campaña de Obama, los próximos 20 años van a quedar marcados por una generación que ha vuelto a incorporarse a los grandes interrogantes de futuro del país, y se ha sentido interpelada y movilizada por Obama. La capacidad que tenga Obama para mantener esa movilización y la capacidad de los ahora movilizados para seguir insistiendo en que se cumplan las promesas lanzadas y el nuevo estilo prometido serán las claves que determinarán en buena parte el que el ambicioso programa de cambio pueda ser factible.

Tagged with:

La ‘aritmética incómoda’ del nuevo orden financiero, de Ramon Marimon en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 13 noviembre, 2008

De la reunión del G-20 en Washington del próximo fin de semana no cabe esperar la creación de un nuevo orden monetario-financiero mundial, señala el autor. Con suerte, en su opinión, se pueden lograr avances en entender la inadecuación del actual marco regulador

Como quien se agarra a un hierro candente, las expectativas están puestas en la reunión del 15 de noviembre en Washington. Sería mejor no esperar un nuevo orden monetario-financiero mundial porque sería otra improvisación, crear falsas expectativas de estabilidad y confianza. Pero si hay suerte, quizás avancen en entender que el actual marco regulador es inadecuado, quizás acepten que no sólo el patrón-oro y el Breton Woods son reliquias del pasado, sino también periodos más recientes en que la deuda pública servía de salvaguarda, de ancla de referencia. Deberían entender, en definitiva, que una nueva aritmética monetaria-financiera incómoda es posiblemente la única que razonablemente pueda gobernar en la economía global del siglo XXI. ¿A qué me refiero?

Hace casi 30 años, Thomas Sargent y Neil Wallace dejaron claro que, como de hecho existe un único presupuesto del Estado, no se pueden separar las políticas monetarias y fiscales (Some Unpleasant Monetarist Arithmetic, Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly Review, 1981). La política fiscal puede acabar afectando la estabilidad de los precios de la misma forma que, como es bien sabido, la irresponsabilidad en política monetaria se traduce en primas de riesgo de la deuda pública. La incomodidad de aritmética monetaria no es más que reconocer esta imposibilidad de separar ambas políticas.

El giro de la política de los bancos centrales de octubre 2008 marca un punto -diría de no retorno- en esta aritmética, ya no sólo no va a ser posible separar la posición monetaria y la posición fiscal de un Gobierno, sino que no va a ser posible separar ambas de la situación financiera del sector privado, sobre el que en última instancia los Gobiernos tienen responsabilidad. Es decir, sabiendo que en ultima instancia los bancos centrales van a intervenir, para evitar que la insolvencia privada se convierta en insolvencia social, la deuda pública deja de ser una ancla de seguridad y, con esta incomodidad entre política monetaria, finanzas públicas y privadas habremos de convivir.

Tenemos muchos ejemplos históricos de esta aritmética incómoda, los más recientes durante la crisis actual (por ejemplo, la prima de riesgo de la deuda de Irlanda o la debacle de Islandia), pero la diferencia va a estar en cómo esta aritmética incómoda se internalice por los distintos Gobiernos e instituciones y formas de cooperación económica internacional.

Porque la incomodidad no se limita a la imposibilidad de separar la política monetaria de la política fiscal y éstas, a su vez, de la situación financiera del sector privado, sino además del hecho de que éstos son tres ámbitos de distintas geografías, reinos de distintas autoridades. Así, en nuestro caso, la política fiscal corresponde al Gobierno español (en convivencia con las comunidades autónomas y municipios), la política monetaria corresponde al Banco Central Europeo, y el sector financiero -aunque tenga denominaciones de origen- esta íntimamente entrelazado en la economía financiera internacional.

Por ejemplo, si nuestros grandes bancos (se denominen Santander, Bilbao o como sea) contraen riesgos en la economía global y, para salvaguardar a la clase media, deben recurrir al banco central, el de España resulta pequeño y el Banco Central Europeo no está para salvaguardar las denominaciones de origen. Cierto, podría intervenir directamente el Gobierno; digamos, tras una reunión de brainstorming entre Zapatero y nuestros grandes banqueros. Pero, ¿a qué precio de deuda pública e impuestos presentes y futuros? En este contexto, es lógico que quienes piensan que tienen el futuro del capitalismo mundial en sus manos miren con envidia a China y reivindiquen soluciones globales.

Porque es cierto que a esta aritmética incómoda China juega con ventaja. Con su nuevo comunismo-capitalismo, prácticamente en unas solas manos están: la política fiscal, la monetaria y el sector financiero. Así, China puede asombrar al viejo capitalismo anunciando que va a mantener altas tasas de crecimiento con su nuevo keynesianismo-comunista, en el que van a tener que jugar coordinadamente la política fiscal, la monetaria y su potente sector financiero. Evidentemente está por ver si lo sabrán hacer, y si lo sabrán hacer con transparencia y dignidad para su clase media. Pero el efecto asombro y envidia va a estar presente entre los que se sienten (aunque sea con silla prestada) a discutir con China sobre el nuevo orden financiero mundial.

Muy posiblemente, tras las fotos tranquilizadoras de familia, la confusión va a reinar en Washington. Muy posiblemente, tras las grandes declaraciones de nuevo orden global y acción coordinada, se juegue a pasar la patata caliente. Algo de esto ya hemos visto cuando la semana pasada la Unión Europea, bajo la inspirada batuta de Nicolas Sarkozy, ha dicho: ‘Esto que lo arregle el Fondo Monetario Internacional’, y su compatriota al mando de este organismo ha dicho: ‘El FMI no está para estos bollos’. Pero sería bueno que más que en las fotos nos fijásemos en el juego, porque de hecho este juego está en la raíz de los problemas que se deberían de discutir en Washington.

Es un doble juego, por una parte está la aritmética incómoda -versión economía global- a la que ya me he referido, por otra parte el hecho de que todas las cartas no estén en manos de un jugador hace que la aritmética incómoda no se limite a un problema de contabilidad sino que sea un verdadero juego, en el que si bien todos podríamos salir ganando (o perdiendo), muy posiblemente unos van a salir ganando y otros perdiendo (y en el afán de ganar muchos se van a pasar de listos).

Recapitulemos. Primero, el problema de contabilidad de la aritmética incómoda no es banal. Quiere decir, por ejemplo, que si alguien pretende que la solución está en rediseñar el FMI, de forma que sea el garante final de la economía financiera mundial, esta persona no ha hecho bien los cálculos. Incluso para el FMI, el sistema financiero mundial es demasiado grande. Pero aunque su capacidad financiera se aumentase y su acción se limitase a intervenciones factibles en caso de crisis-contagio internacional, ¿quién pagaría por la fiesta? En última instancia, son los Gobiernos con sus impuestos y sus deudas de papel quienes están detrás de las intervenciones y promesas del FMI.

Segundo, el juego que se abre, al haber tantos jugadores en geometría variable, es fuente de todo tipo de distorsiones y oportunismos (¡que fácil es hacer pagar los platos rotos a otros!); juego para profesionales, y mejor diseñar bien, y con calma, objetivos y normas.

Cómo no, el objetivo nos lo marca Barack Obama: ‘Poner por delante la clase media’. Podría parecer ridículo que esto sea lo mejor que ha sabido decir después de consultar a su dream-team de economistas. Pero, modificándolo, el eslogan tiene su mérito: ‘Poner por delante la clase media presente y futura’ (es lo que los economistas llamamos el agente representativo de vida infinita); es decir, que se busquen soluciones que favorezcan al ciudadano medio y a los descendientes de éste, que son quienes mayoritariamente van a tener que pagar por la crisis (por cierto, José Luis Rodríguez Zapatero podría ganarse su silla pronunciando la palabra solidaridad).

Pero las normas no las va a improvisar Obama ni su dream-team banquero-keynesiano. Entre el extremo -políticamente inviable- de mantenerse fuertes en el laissez faire (no intervenir caiga quien caiga) y el extremo intervencionista de la automática nacionalización bancaria en casos de crisis (no permitir que nadie caiga), habrá que saber diseñar mecanismos y regulaciones consistentes, trazar líneas creíbles y costosas de cruzar, para evitar el oportunismo sin destruir la globalización y la capacidad del sector financiero de posibilitar nueva riqueza.

Pero, sea cual sea el diseño, una vez se abandona el laissez faire, la nueva aritmética incómoda es inevitable, una vez se abandona el totalitarismo de todas las cartas en una mano, la coordinación es necesaria. Una nueva forma de incertidumbre caracteriza nuestras economías y las políticas económicas se deben adaptar a ella. Las normas se han de diseñar con inteligencia; pero la confianza necesita conductas, no sólo normas. Éstas son la grandes lecciones a afrontar, y para la que citas a Keynes no bastan.

Ramon Marimon. Director of the Max Weber Programme, Professor of Economics European University Insitute y Universitat Pompeu Fabra.

Tagged with:

Obviedades McCoy: los bonos del Tesoro son activo de riesgo, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 13 noviembre, 2008

El proceso acelerado de recuperación de la confianza ciudadana en el sistema financiero que han acometido los gobiernos, de uno u otro signo político, alrededor del globo, y cuya manifestación principal ha sido el establecimiento de una garantía explícita, y más o menos ilimitada, de los depósitos bancarios de empresas y particulares ha traído consigo, como no podía ser de otra manera, consecuencias en cascada. La primera, y más evidente, la salida de flujos dinerarios de los activos en riesgo, realidad que ha sido mayor en aquellas naciones en las que, las imperiosas necesidades de las entidades financieras privadas por captar pasivo, iban acompañadas de tipos remuneratorios más altos para los activos de sus clientes. De hecho, es este fenómeno el que, en última instancia, se encuentra en la raíz del cierre a los reembolsos de sus partícipes adoptado por la mayoría de los fondos inmobiliarios abiertos alemanes, tradicionalmente considerados como complementos de rentabilidad segura por parte del inversor teutón. Algo de lo que, por cierto, ya se hizo eco de forma anticipada nuestro Ojo Clínico hace un par de lunes.

Pero no ha sido el único efecto de la intervención pública. Se ha producido igualmente un renovado interés por la deuda fija con garantía estatal, algo que venía observándose de forma manifiesta desde el verano gracias a las compras masivas de aquellos gestores que buscaban un puerto seguro donde refugiar sus carteras en tiempos de marejada. Un fenómeno de contracción de rentabilidades (que se mueven de forma inversa al precio) al que, sin duda, han contribuido las sucesivas bajadas de tipos de interés adoptadas por las autoridades monetarias en los últimos meses y que no deja de ser paradójico ya que, en la medida en que los gobiernos se echan el sistema financiero a sus espaldas, su propia solvencia, como se ha visto en la reciente ampliación de diferenciales respecto a Alemania de la renta fija soberana de Grecia, Italia, Irlanda y, en menor medida España, es la que queda en entredicho. Pero ya se sabe, el miedo es libre.

El problema es que, esa decisión puede conducir igualmente a escenas de pánico en un futuro no muy lejano. No tanto en la inversión que se canaliza de forma individual y donde el adquirente quiere cobrar el cupón y tener una garantía del repago de su apuesta, dándole en cierto modo igual el valor de la misma por el camino. Sino en la inversión en deuda pública que se realiza de forma colectiva a través de los vehículos destinados a tal fin, llámense éstos fondos de inversión o de pensiones. O en aquellas carteras de las propias entidades financieras, bancarias o aseguradoras, que están obligadas de forma periódica a hacer mark to market, o ajuste a los precios de mercado, de sus posiciones. Y es que se empiezan a alzar voces que defienden que la cuadratura del círculo es imposible, por más que uno se empeñe, y que o bien esto es el acabose, que entiendo que es lo que defiende el gurú de las materias primas Jim Rogers al afirmar que los bonos son dinero muerto los próximos 10 ó 20 años pues se avecina una trampa de liquidez a la japonesa, o bien que, si todos los gobiernos piden pasta a la vez, los retornos ofrecidos han de subir y las curvas de tipos ganar pendiente con el consiguiente daño para los compradores de última hora.

Quizá el más ardiente defensor de esta última teoría es el analista de UP Martin Hutchinson en un artículo reproducido por el Asian Times, y que provocadoramente titula “2009, el año del brutal crash de los bonos”, pieza que ha circulado de modo intensivo por la Red. Aunque circunscrita al ámbito americano, su tesis se podría extrapolar al resto de las economías desarrolladas. Vaya por delante que no comparto el dramatismo de sus pronunciamientos. De hecho, creo que el proceso salvaje de desapalancamiento que estamos viviendo traerá consigo un paréntesis deflacionario que las necesidades de aprovisionamiento de algunas economías emergentes acortará en el tiempo. La duración del periodo de contracción de precios es, a día de hoy, impredecible. Estamos ante una crisis que no admite comparación posible con ninguna anterior. Nunca el desequilibrio entre lo real y lo financiero había alcanzado tales dimensiones y nunca habían cobrado las nuevas potencias un papel tan relevante en la corrección de los desequilibrios. Estamos, por mucho que nos empeñemos en hablar de Bretton Woods II, en territorio inexplorado.

Dicho esto, coincido con Hutchinson en dos considerandos. Uno, desgraciadamente la asignación de activos se hace en muchos casos inspirada por los psicológicos factores del fear y el greed, esto es: el pánico y la avaricia. Y estos son siempre motivadores de corto plazo. En definitiva, cuando Warren Buffett defiende ahora las compras de acciones, a mi juicio de forma precipitada, no está sino tratando de hacer de ese error estratégico generalizado una oportunidad de ganar dinero a largo. La seguridad no es un elemento decisorio; la divergencia entre precio y valor sí. Esto último recibe el nombre de criterio y es lo mínimo que hay que exigir al gestor. Algo que, por cierto, se debe poder percibir de forma transversal en toda su cartera. A eso llamamos consistencia. Dos, la deuda soberana con la mejor calificación crediticia es un activo teóricamente sin riesgo a vencimiento. Pero con una incertidumbre brutal de tipos de interés y, por ende, valoración, durante su vida. Y más cuando se acude a ella en periodos de cotizaciones aparentemente extremas (que no digo que no estén justificadas) como el actual. No crean que es una obviedad tan evidente. El año que viene puede ser el de la sorpresa de la renta fija. Por si acaso, quedan avisados. See you Saturday con un especial sobre bolsa, si me dejan.

Tagged with:

En torno a la crisis económica (I. Premios Nobel muy confusos), de Ramón Tamames en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 13 noviembre, 2008

En dos entregas sucesivas, para los lectores de ESTRELLA DIGITAL, vamos a repasar algunas ideas sobre la actual crisis económica. Desde el enfoque de una serie de premios Nobel, en primer lugar; dejado para un segundo momento los puntos de vista de algunos gurúes, de no poco predicamento. Y veremos cómo en ambos casos hay algunas ideas interesantes.

De todos modos, la estupefacción ante la crisis a escala mundial, y de la dificultad de soluciones a la misma, fue el origen, en el verano del 2008, de una reunión memorable: trescientos prometedores economistas jóvenes, de casi sesenta países de todo el mundo, que el 23 de agosto emprendieron la vuelta a sus hogares después de tres días de grandes debates, preocupados por el futuro. Teniendo por interlocutores nada menos que a catorce premios Nobel de Economía.

El sugestivo encuentro tuvo lugar en la también pequeña isla de Mainau, frente a la localidad alemana de Lindau, en la orilla del lago Constanza. El simposio era la tercera edición de un encuentro bienal de premios Nobel de Economía con sus potenciales sucesores.

Prácticamente todos los galardonados reconocieron la complejidad de la crisis económica, la mala gestión de los riesgos de los agentes sucesivos en la cadena de expansión del crédito, la falta de responsabilidad de los organismos reguladores y la carencia de suficiente formación por parte de muchos financieros al frente de tan difíciles cuestiones. Y lo que es más grave, todos los Nobel presentes admitieron paladinamente no tener recetas para resolver los problemas.

Más concretamente, Myron Scholes, premiado en 1997, no dudó en afirmar ante el expectante foro de oyentes que lo escuchaba que la crisis no ha terminado y no puede estimarse exactamente ni cuándo ni cómo finalizará: “Y mientras persista -concluyó- veremos más instituciones financieras con problemas, y todo será aún más doloroso para la economía mundial en lo que resta del 2008”.

Igual de alto y claro habló Daniel McFadden, premiado en el 2000, quien expresó su convicción de que “la actual crisis seguirá golpeando sucesivamente todos los mercados financieros y al conjunto de la actividad planetaria”. Para a renglón seguido hacer una propuesta “a fin de que no se repita una situación como la actual: fundar una entidad similar a la Administración Federal de Alimentos y Drogas de EEUU, a fin de que supervise y certifique los nuevos instrumentos financieros que vayan saliendo al mercado; para así evitar la creación de burbujas especulativas y su efecto dominó. Una idea interesante, pero que supone una previsión para el largo plazo, sin posibilidades de aplicación inmediata. Aparte de que ya hay un organismo de la naturaleza indicada, que funciona sin grandes competencias: el Banco de Pagos Internacionales (el BIS, Bank for International Settlements), que constituye el embrión de un Banco Central de Bancos Centrales.

Por su parte, Joseph Stiglitz, Nobel de Economía del 2001, comentó, con su habitual estilo desenfadado y un poco enfant terrible, que el origen de la actual crisis financiera es el resultado de un error tremendo de los reguladores y supervisores: “Un fallo espectacular de los cerebros de la economía, pues había una fiesta y el regulador no quiso convertirse en un aguafiestas “.

Por su parte, Robert Solow, premiado en 1984, aseguró “si bien aún no sabemos si estamos ante una recesión global, debemos prepararnos para ella. Porque en los próximos años, el crecimiento será mucho más débil”. Solow, de 84 años, confesó, asimismo, que a su edad ya no se hacía muchas ilusiones sobre inmediatos remedios a los problemas más acuciantes. Para después manifestar que la crisis durará por lo menos dos años, hasta finales del 2009, con un ejercicio adicional para consolidarse cierta recuperación.

Claro es que esas previsiones de Solow, él mismo lo dijo, pueden alargarse, y su intensidad variará mucho de un país a otro. Y dentro de cada país de una región a otra, y lo mismo para los diferentes sectores, y asimismo empresas. Todo ello, en función de las políticas económicas que se adopten, y de la fortaleza de cada entidad en función de las precauciones que haya ido tomando.

En definitiva, la crisis actual es tan novedosa, que, dicho en lenguaje de taurómaco, nadie sabe cómo entrar a matar. Aparte de que antes de eso, resulta necesario hacer la faena, con una serie de herramientas, la muleta de los toros. Como igualmente es preciso un director de lidia. Seguiremos la semana que viene con el dictamen de los gurúes, más a ras de tierra.

Tagged with:

Dogmas, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Política by reggio on 13 noviembre, 2008

Los dogmas más nocivos no son los que como tal fueron expresamente enunciados, como es el caso de los dogmas religiosos, porque éstos apelan a la fe, y la fe ni sabe ni puede discutirse a sí misma. Lo malo es que se haya transformado en dogma laico lo que, por propia naturaleza, nunca aspiró a tal. Marx, por ejemplo, no dogmatizó, pero luego vinieron pseudo marxistas para convertir El Capital en otra Biblia, cambiando el pensamiento activo por glosa estéril o por interpretación viciosa. Se ha visto lo sucedido. Un día, si fuéramos capaces de deshacernos de antiguos y férreos moldes, de la piel vieja que no nos deja crecer, volveremos a encontrarnos con Marx: talvez un “reexamen marxista” del marxismo nos ayude a abrirle caminos más generosos al acto de pensar. Que tendrá que comenzar por buscar respuesta a la pregunta fundamental: “¿Por qué pienso como pienso?” Dicho con otras palabras: “¿Qué es la ideología?” Parecen preguntas de poca monta y no creo que haya otras más importantes…

Esta entrada fué posteada el Noviembre 12, 2008 a las 10:23 pm

Tagged with:

Viejos y jóvenes, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Derechos, Política by reggio on 13 noviembre, 2008

Dirán algunos que el escepticismo es una enfermedad de la vejez, un achaque de los últimos días, una esclerosis de la voluntad. No osaré decir que este diagnóstico esté completamente equivocado, pero diré que sería demasiado cómodo querer escapar a las dificultades por esa puerta, como si el estado actual del mundo fuese simplemente consecuencia de que los viejos sean viejos… Las esperanzas de los jóvenes nunca han conseguido, al menos hasta hoy, hacer el mundo mejor, y la acedía renovada de los viejos nunca ha sido tanta que alcanzara para hacerlo peor. Claro que el mundo, pobre de él, no tiene culpa de los males que padece. Lo que llamamos estado del mundo es el estado de la desgraciada humanidad que somos, inevitablemente compuesta por viejos que fueron jóvenes, por jóvenes que serán viejos, por otros que no son jóvenes y todavía no son viejos. ¿Culpas? Oigo decir que todos las tenemos, que nadie puede presumir de ser inocente, pero me parece que semejantes declaraciones, que aparentemente distribuyen justicia por igual, no pasan, si acaso, de espurias recidivas mutantes del llamado pecado original, que sólo sirven para diluir y ocultar, en una imaginaria culpa colectiva, las responsabilidades de los auténticos culpables. Del estado, no del mundo, sino de la vida.

Escribo esto un día en que han llegado a España e Italia cientos de hombres, mujeres y niños en las frágiles embarcaciones que suelen utilizar para alcanzar los supuestos paraísos de una Europa rica. A la isla del Hierro, en Canarias, por ejemplo, llegó un barco de esos, llevando dentro a un niño muerto, y algunos náufragos declararon que durante el viaje murieron y fueron arrojados al mar veinte compañeros de martirio… Que no me hablen de escepticismo, por favor.

Lampedusa

Inmigrantes llegando a la isla de Lampedusa (Italia), Agosto de 2007. Fotografía de Sara Prestianni, de su álbum Storie migrante.

Cuerpo flotando

Los inmigrantes se ven obligados a arrojar al mar a sus propios compañeros muertos.

Exhausto en la playa

Un inmigrante exhausto descansa entre los turistas que toman el sol en la playa de Tuineje en Fuerteventura (Islas Canarias), después de llegar en un pequeño bote motorizado junto a otros 36 immigrantes. Viernes 5 de Mayo de 2006.

Fotografías por cortesía de Noborder Network, en su galería de Flickr. Licencia Creative Commons.

Ver Galería Completa.

Más información de Storie migranti de Sara Prestianni.

Esta entrada fué posteada el Noviembre 11, 2008 a las 11:18 pm

Tagged with:

Decálogo anticapitalista, de Joxe Iriarte «Bikila» en Gara

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 13 noviembre, 2008

Uno. Según cuenta el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski, en sus «Viajes con Heródoto» en la India descubrió la «relación entre tener nombre y existir». Lo cual coincide con el aforismo euskaldun «izena duen guztiak izana du» (todo lo que tiene nombre existe). Y es que toda maniobra de falseamiento y ocultamiento de la realidad empieza con la adulteración del lenguaje. Por eso, durante casi 20 años, la palabra, el concepto «capitalismo» desapareció del léxico económico y político, sustituido por eufemismos tales como neoliberalismo, globalización, economía de mercado… Así, la naturaleza sistémica se camuflaba tras su última versión, o ideología de moda. Pero privatizar bienes públicos, reducir costos en materia de salarios, mercado libre y deslocalización de empresas y capitales, apropiarse hasta de los genes humanos, condimentos básicos de la receta neoliberal están presentes, con distinta intensidad, en toda cocina capitalista.

La virtualidad de que el capitalismo no fuera nombrado (luego no existía) consistía en que convertía en absurdo e innecesario ser anticapitalista. La mayor parte de la izquierda dejo de ser anticapitalista, limitándose en el mejor de los casos (dado que el ala social-demócrata paso a ser social-liberal) a ser antineoliberal.

Dos. Súbitamente, y a efectos de dicha crisis (según el economista Iñaki Uribarri, surgida como consecuencia de «la baja de la tasa de ganancia, la desproporción o desequilibrios entre el sector de bienes de inversión y el de bienes de consumo, el infraconsumo provocado por la falta de demanda y la sobreacumulación o sobreproducción»), resulta que sí existe el capitalismo, y la crisis es vista como «su» crisis. Bien es cierto que unos lo hacen abogando por su reforma, otros para refundarlo, y otros (entre lo que me incluyo) por darle la estocada mortal .

¿Por qué? Porque es un sistema moralmente injusto, explotador y depredador de personas y del ecosistema, y además insostenible a largo plazo, y cuanto antes acabemos con él menos dolor y más probabilidades tendremos de instaurar un sistema socialmente más justo y ecológicamente mas sostenible. Sólo que para ello hay que aprovechar las oportunidades. Ellos hacen lo mismo, aprovechar todo tipo de crisis a su favor. Conviene leer el excelente libro de Naomi Klein: «La doctrina de Shock (el capitalismo del desastre)».

Tres. El capitalismo, ese sistema nacido (según Carlos Marx, «chorreando sangre, sudor y lágrimas por todos los poros de su piel» y que ha producido todo tipo de guerras y calamidades) hace unos 500 años, y que unos ideólogos financiados por el sistema nos han pretendido vender como «El fin de la Historia» (o sea, el no va más del desarrollo humano) asociándolo a la democracia como la noche acompaña al día, nos ha demostrado que es todo menos democrático. Además de no dudar en asociarse a sistemas como el fascismo, el nazismo, y todo tipo de dictaduras militares, ha logrado escamotear durante su periplo neoliberal el control y/o la ingerencia de las instituciones democráticamente elegidas y, por supuesto, de las organizaciones de defensa de los asalariados y consumidores.

Cuatro. El capitalismo es un sistema, según Marcel Claude, sustentado en la «codicia, en la búsqueda del lucro para todo capital que pueda obtener una rentabilidad… en un afán desordenado de poseer y adquirir riquezas», para lo cual explota, arrasa y oprime a quien haga falta. Pero además de codicioso es injusto, globalmente ineficaz desde parámetros de sostenibilidad y racionalidad económica. Cada equis tiempo entra en crisis, con dramáticas consecuencias (bancarrotas, paro, hambrunas y guerras). El capitalismo lleva la crisis inscrita en sus genes.

Durante un tiempo, cual deportista dopado hasta la cejas, funciona a pleno rendimiento, hasta que empieza a dar síntomas de agotamiento y al final se derrumba. Y si no se le expulsa, vuelve a descubrir nuevos métodos de dopaje y a seguir pedaleando, aunque sea hacia el abismo.

Cinco. Ciertamente, nada más erróneo que pensar que las crisis, incluso las que suponen un derrumbe momentáneo del sistema (como ocurrió en el crac del 29-33), traerán por sí mismas la liquidación o superación del sistema capitalista. Las lecturas teleológicas sobre la inevitabilidad de su desaparición, como las que realizó la socialdemocracia de principios del siglo XX, así como ciertos marxistas deterministas, se han demostrado erróneas. El capitalismo es lo suficientemente fuerte, versátil y dotado de recursos, entre ellos los de los estados, para reflotarse cargando a terceros los efectos de la crisis, si no se le obliga a lo contrario (esa es la lección de la Revolución Rusa, a pesar de su desenlace final). No en vano dispone también a su favor de todos los recursos del estado (¿por qué hemos dejado de llamarlo burgués?). Estado que en su formato o fase neoliberal no ha dejado de adelgazar en su vertiente social para fortalecerse en el terreno represivo (con leyes que restringen derechos más la readecuación de sus policías y ejércitos).

Seis. La crisis se dirimirá en el terreno político. Aprendamos del enemigo. Éste, primero, tal como hemos mentado, cuando le interesó borró del léxico económico y político el término capitalismo. Pero también las nacionalizaciones (de los sectores productivos, energéticos y financieros) y sobre todo las socializaciones -y no digamos las expropiaciones con carácter social- fueron mandadas al basurero de la historia, incluso por quienes las defendieron históricamente. Ello en absoluto porque en sí mismas tales medidas supusiesen el fin del capitalismo (según en qué circunstancias, le ayudan a superar las crisis), sino porque le estorbaban en esos momentos de ofensiva neoliberal.

Siete. Cierto es que una crisis puramente destructiva, sin alternativas positivas, también nos perjudica a todos, pues son los sectores desfavorecidos los que más sufrirán sus nefastas consecuencias y, además (según la correlación de fuerzas), puede abrir las puertas al fascismo, al racismo y la xenofobia, amén de guerras y todo tipo de dictaduras.

Recordemos la década de los 30, justo después de la Gran Depresión. Luego la izquierda también esta interesada en salir de la crisis en la que nos han sumergido los capitalistas. Pero debe de hacerlo con un doble objetivo: el cambio de sistema como horizonte final y un cambio cualitativo a la corta en materias de bienestar. Y para empezar, obligando a que la crisis la paguen sus autores, los banqueros, especuladores de todo tipo, sectores que han buscado el dinero rápido agrediendo los ecosistemas y generando un consumismo dilapidador. Igualmente sus colaboradores (gobiernos neoliberales y social- liberales). Lo deben pagar a cargo de sus bienes privados y, si hace falta, con responsabilidad penal.

Ocho. Nada será posible sin lucha, sin articular una línea de resistencia en la calle, en las fábricas y en las instituciones, que combine la defensa de lo mejor del Estado del Bienestar compatible con un desarrollo sostenible (que incluye el frenazo de muchas áreas productivas y modos de funcionamiento socialmente innecesarios) y avances cualitativos en el control y socialización de los recursos productivos, económicos y energéticos que deben formar parte de la agenda política y de la actividad social de la ciudadanía. Hay que meter en la agenda el debate sobre qué producir, cómo producir y para qué producir. Todo ello con el objetivo de propiciar una ruptura con el sistema. Justo lo contrario de lo que pretenden hacer los capitalistas y los gobierno títeres.

Nueve. Recordemos que el neoliberalismo, además de beneficios financieros económicos, reportó a la clase capitalista una correlación de fuerzas favorable sin la cual no habría recuperado la hegemonía social, política e ideológica (además de la económica, claro está) un tanto deteriorada tras las conquistas sociales del periodo de la posguerra. Ello produjo derrotas sociales y debilitamiento de la clase trabajadora y de los sectores populares, integración de los nuevos movimientos, arrebatándoles o adulterando su discurso emancipador, etc. Y lo peor de todo es que desarboló todas las corrientes de izquierda: unas corrompiéndolas totalmente ganándolas definitivamente para su causa capitalista (como la socialdemocracia), otras marginándolas o convergiéndolas en puros guetos (como las corrientes revolucionarias).

Diez. Cierto es que nunca todo es negro o blanco. Y desde hace una década se observan esfuerzos y avances por imaginar y diseñar tal alternativa. Tras el grito de «otro mundo es posible», hay una saludable voluntad de romper con la apatía y el desencanto, además de afirmar que nada es imposible. Ni para ellos ni para nosotros y nosotras. Los zapatistas preparan para finales de año el Festival de la Rabia Digna, con la idea de aglutinar voluntades -y rabias- y dar vía libre a discursos emancipadores. Su coincidencia con la crisis capitalista ofrece interesantes posibilidades.

Joxe Iriarte «Bikila». Miembro de Zutik.