Reggio’s Weblog

El reino de la impunidad, de Francisco J. Laporta en El País

Posted in Derechos, Economía, Justicia by reggio on 12 noviembre, 2008

En la economía de mercado hay desastres: hipotecas basura, artimañas financieras, quiebras, despidos, pobreza… Pero nadie los ha causado, se han producido solos. Es el único espacio ajeno a la responsabilidad

Creo que hay que ponerse a dar forma y tono a esa voz inarticulada y latente que ha surgido aquí y allá en estas últimas semanas preguntándose irritada dónde están los responsables económicos del gran desaguisado que estamos viviendo. Se trata de una catástrofe financiera pero, como las demás catástrofes, va a producir padecimiento, privaciones, ansiedad y miseria. La gente va a sufrir, y lo que ese rumor difuso busca medio a tientas es saber a quiénes puede serle exigida la responsabilidad de todo ello. No me parece que sea una demanda insensata.

Sin embargo, no es fácil de contestar, porque la economía parece operar como una suerte de orden objetivo e ineluctable de cuyos resultados nadie se hace cargo. Incluso hay un modo de hablar que presenta las situaciones económicas como producto de procesos objetivos sin agentes que los produzcan. No sé si tal visión será plausible desde el punto de vista de la ciencia social; de lo que estoy seguro es de que no es inocente desde la óptica jurídica o moral. Friedrich Hayek, el viejo santón del mercadismo, afirmaba que si no hay acción humana de la que pueda decirse que ha causado un estado de cosas no puede lisa y llanamente hablarse de injusticia. Y así le parecían a él muchas de las realidades causadas por la actividad económica del mercado. Como eran efecto de la conjunción de innumerables acciones anónimas e irrelevantes, las consecuencias de esa economía no podían ser calificadas de justas o injustas, estaban al margen de la crítica jurídica o moral. Es ésta, en efecto, una convicción que se ha incorporado inconscientemente a nuestros discursos económicos cotidianos.

En la economía de mercado suceden cosas pero nadie es responsable. Es el reino de la impunidad. Esto, por cierto, contrasta con algunas otras de nuestras actitudes cotidianas, presididas muchas veces por una obsesiva, a veces incluso obscena, búsqueda de la responsabilidad. Sea un fallo del sistema judicial, un accidente aéreo, un problema sanitario, un atropello social, un remoto crimen histórico o un episodio de corrupción, allá se van todos los sabuesos, expertos en chismes, jueces de portada (o aspirantes), testigos oficiosos y oficiantes, periodistas de investigación y público en general a descubrir y despellejar al causante. Y pobre de aquel que por azar haya pasado por allí. Puede dar por descontado que le van a dejar en cueros, cualquiera que haya sido su parte en el suceso. El reino de la vida económica, por el contrario, parece impenetrable al juicio de responsabilidad. Hay crisis, recesión, pobreza, paro, lo que sea, pero nadie los ha producido. Se han producido solos.

Seguramente es razonable pensar que ciertos resultados económicos son efecto de multitud de pequeñas acciones de gentes que no los pretenden; se trata de consecuencias de acciones colectivas que nadie está en condiciones de imputar individualmente. El mercado libre de un bien, la vivienda de alquiler por ejemplo, establece unos precios que son la conjunción de múltiples acciones individuales de oferta y demanda, y no podemos señalar a nadie como responsable de la subida o bajada de esos precios. Ésa es la razón que se aduce para declarar la general irresponsabilidad por las consecuencias económicas del curso del mercado. Mucho me temo que en estos días se pretende lo mismo con respecto al desastre económico que vivimos.

Muchos analistas económicos, sin embargo, no han dudado en demandar ahora un incremento de la regulación del sector financiero. De pronto, se han topado con la realidad desnuda de un mercado sin trabas y parecen medrosos, aunque antes nos hayan venido restregando los principios un día sí y otro también. El mercado es el mercado -nos decían- y cuando uno entra en él lo hace a su riesgo. Si se pierde, será muy de lamentar, pero ésas son las reglas. No hay andaderas paternales, ni intervenciones que distorsionen la limpia competencia, ni funestas injerencias extraeconómicas. Hasta los Gobiernos -sobre todo los Gobiernos- han de ser reducidos a la impotencia económica: recaudar impuestos es algo casi siempre inconveniente; bajarlos o suprimirlos es la panacea económica universal. Nada de inmiscuirse en la política monetaria; para eso están los organismos reguladores técnicos e independientes. Las decisiones de estos organismos, que no respondían ni responden ante nadie, obtendrán su calidad y pureza de criterios científicos, objetivos, anteriores a toda veleidad política. Y no mencionemos la deuda: debería estar prohibida constitucionalmente, el déficit cero es el estado de beatitud.

Esto era la teoría, la realidad parece otra. En la realidad las cosas funcionan según el tipo de agente que actúa en el mercado. Si somos usted o yo las reglas son inflexibles, y nos hundimos o nos salvamos solos. Y por lo que respecta a la responsabilidad, si se da el caso de que somos actores económicos individuales, modestos, con un cargo sin brillo en alguna pequeña sociedad anónima, hemos de tener cuidado con lo que le hacemos a los demás, a la sociedad o a los socios porque enseguida nos empapelan. Deberemos mantenernos siempre alerta para no dañar a nadie por culpa o negligencia, enterarnos bien de todo lo que pasa en nuestra pequeña sociedad y estar prestos a responder. Pero si uno es consejero de una gran entidad financiera las cosas cambian misteriosamente. Mimado con retribuciones de escándalo, parece destinado a reunirse de vez en cuando en la última planta sin enterarse de lo que pasa debajo. Si las cuentas van bien hoy, nada que objetar. Pero si se tuercen súbitamente mañana, tampoco pasa nada. En el peor de los casos se irá usted a casa con un buen pellizco. Ni siquiera cabe pensar que sociedades así puedan desaparecer por los efectos del mercado. Hay demasiada gente cuyos trabajos y ahorros penden de ellas. Y, claro, en seguida se abjura de la antigua fe y de las virtudes de la competencia y se recurre al Gobierno para salvarlas de la quema. De lo que hayan hecho sus responsables no se habla. El villano ha sido el mercado.

Seguramente por eso, quien más quien menos se está preguntando hoy si es que todo esto es de verdad una catástrofe anónima, si es que no ha habido nadie, ningún sujeto real, que haya dado en conceder hipotecas inverosímiles (que sus obligados, sujetos con ingresos inciertos, no iban a poder pagar porque el mercado ha dictaminado también que las más altas cotas de competitividad se alcanzan con los contratos basura); si es que no ha habido nadie, ningún sujeto real, que haya hecho maniobras financieras para incluir semejantes títulos en paquetes de camuflaje para ser ofrecidos como inversión; si es que en los consejos de administración no ha habido nadie, ningún sujeto real, que ni se haya enterado de eso; si es que no ha habido nadie, ningún sujeto real, que haya otorgado a semejante producto una calificación financiera de excelencia; si es que no ha habido nadie, ningún sujeto real, que se haya lanzado a invertir tontamente en tales productos; si es que no ha habido nadie, ningún sujeto real, que haya envenenado la información a los demás agentes financieros desencadenando una desconfianza cerval en el sistema; si es que en los organismos reguladores no ha habido nadie, ningún sujeto real, que no advirtiera el peligro.

Muchos, en efecto, se están preguntando atónitos si eso ha sido la resultante fría de un mecanismo anónimo e irresponsable, o si, por el contrario, ha sido la consecuencia de actos de ambición, negligencia e irresponsabilidad en cadena, de personas de carne y hueso a las que debe buscarse pacientemente y pedirles cuentas civiles y penales. Y no desean saberlo porque añoren la resurrección de la planificación y el dirigismo económico, sino precisamente porque valoran las instituciones de la economía de mercado como un hito de la civilización, y no quieren verlas en manos de enredadores, truchimanes ni logreros, por muy enfundados que estén en trajes impecables.

Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

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El aumento del paro, de José Luis Leal en El País

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 12 noviembre, 2008

El aumento del paro registrado en el mes de octubre es un dato que produce consternación. Hasta septiembre, el incremento mensual (corregida la estacionalidad) había sido del orden de los 60.000 parados mensuales. En el mes de septiembre se produjo un escalón al incrementarse esta cifra hasta algo más de 100.000. Era importante por ello esperar a los resultados de octubre para ver si septiembre había sido una anomalía o si, por el contrario, el deterioro del mercado laboral había dado un nuevo, y peligroso, paso adelante. Desgraciadamente el resultado ha sido peor de lo esperado, ya que el aumento ha sido de más de 192.000 (151.000 si se corrige la estacionalidad).

Lo que se anunciaba hace unos meses se ha convertido en realidad. Las consecuencias del derrumbe de la construcción alcanzan ya a todos los oficios relacionados con el sector. A ello hay que añadir el impacto de una crisis financiera que se refleja en la parálisis del crédito a las familias y a las empresas. La economía española ha entrado en recesión: a la caída del PIB del tercer trimestre, anticipada por el Banco de España, seguirá, casi con seguridad, la del trimestre actual.

El aumento del número de parados, en el mes de octubre, en la industria y en los servicios equivale al incremento registrado en los seis primeros meses del año, lo cual da una idea de la magnitud del deterioro. El desempleo golpea más a los jóvenes que al resto de la población y a los hombres más que a las mujeres. En lo que va de año, el paro masculino aumentó un 66,4% (450.000 personas), mientras que el femenino lo hizo en un 19% (238.000 personas). Por su parte, las afiliaciones a la Seguridad Social se redujeron en 130.900 personas en octubre.

Estas cifras prolongan la tendencia registrada en la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre, publicada hace unos días. Según la Encuesta el nivel de ocupación (corregida la estacionalidad) había comenzado a caer en el segundo trimestre de este año, después de haber crecido en apenas unos miles de personas en el primero. Como era previsible, la desaceleración económica se reflejó inmediatamente en el nivel de empleo.

La EPA contiene otros resultados que deben incitar a la reflexión. La población activa ha seguido creciendo, tanto por el aumento de la tasa de actividad como por el incremento de la población. Ambos resultados son sorprendentes en su magnitud, especialmente el primero, ya que lo normal en tiempos de desaceleración económica, y no digamos en tiempos de recesión, es que la tasa de actividad permanezca estable, o se reduzca, como consecuencia de la renuncia a la búsqueda de un trabajo por quienes piensan que tienen muy pocas probabilidades de conseguirlo. La caída del PIB en otros ciclos económicos, tanto a principios de la década de los años ochenta como en la de los años noventa, indujo un descenso de la tasa de actividad. El que no haya sido así hasta ahora se debe, en buena medida, al aumento de la inmigración que incide tanto en el nivel de la población activa como en las tasas de actividad, al ser éstas mayores en los inmigrantes en la primera etapa de su llegada a nuestro país, antes de que se produzca la reagrupación familiar.

Las perspectivas para los próximos meses son bastante sombrías. La Comisión Europea predice para 2009 una disminución del empleo de dos puntos (unos 400.000 empleos menos), y un aumento del paro de tres hasta un 13,8% de la población activa en media anual (unos 600.000 parados más). Si las tendencias actuales persisten lo más probable es que se queden cortos, pues esas previsiones son la consecuencia de una ligera caída del PIB (un 0,2%) y de un aumento de la población activa muy inferior al que se viene registrando en los últimos meses.

Lo sucedido en otras recesiones hace pensar que tendrán que pasar largos meses tras el inicio de la recuperación económica para que vuelva a crearse empleo de manera significativa. Las previsiones de la Administración según las cuales el ajuste de la construcción sería gradual y la entrada de inmigrantes se reduciría notablemente en caso de desaceleración económica, no se han cumplido. Si en los meses de noviembre y diciembre el desempleo sigue aumentando a las tasas actuales superamos los tres millones de parados a finales de año. Una cifra más que preocupante.

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El momento histórico de Barack Obama, de Henry Kamen en El Mundo

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Aquí en Estados Unidos, donde resido y desde donde escribo este artículo, no es exagerado decir cuán consternados han quedado aquéllos que jamás pensaron que vivirían para verlo. Cuando mi esposa y yo acudimos la semana pasada, al día siguiente de la jornada electoral del 4 de noviembre, al centro de salud para ponernos nuestra vacuna anual de la gripe, la señora de la limpieza -una mujer blanca- nos saludó diciéndonos: «¡Este es un día histórico!». Y ciertamente así fue. La prensa en Estados Unidos encuentra difícil expresar con palabras una situación sin precedentes como ésta. Un comentarista del Atlanta Journal escribía: «Lo esperaba, ¡pero no tan pronto!». Parece como si todo Estados Unidos estuviera patas arriba. Una columna en The Washington Post afirmaba: «Corrían lágrimas, no sólo por el logro histórico de Obama, sino porque muchos estaban felizmente descubriendo que tal vez habían subestimado la posibilidad de un cambio en América».

Sin embargo, desde el primer momento es esencial dejar algunas cosas claras. Con Hillary Clinton como candidata, los demócratas también habrían ganado las elecciones. Eso se debe a que el primer gran factor a su favor, el primer gran enemigo del partido republicano, era George W. Bush. Es difícil entender cuán desastroso ha sido el todavía presidente para su propio partido (y, por supuesto, para la nación). En televisión, la noche de las elecciones, ni un solo representante republicano defendió al gobernante saliente. Estaban dispuestos a hablar de John McCain y de Sarah Palin, pero ni una sola voz se alzó a favor de Bush. McCain y Palin sabían que, aunque lo hubiesen intentado, no podían evadir el peso negativo del legado de George Bush.

En un momento en el que a un historiador le tienta ofrecer muchos comentarios, me limitaré a dos temas principales: la cuestión del racismo y la falta de experiencia del nuevo presidente.

Muchos han dicho, y continúan diciendo, que el racismo no ha desempeñado ningún papel en estas elecciones. Eso no es del todo cierto. En algún rincón del voto en contra de Obama estaba el hecho de que es negro. En el lugar de Estados Unidos donde mi esposa y yo residimos, nuestros vecinos aseguran que nunca votarían a un candidato negro. Sin embargo, a lo ancho de Estados Unidos, el sentimiento antinegro no está tan profundamente arraigado. De hecho, han votado más blancos por Obama que por cualquier otro candidato demócrata en las cuatro últimas elecciones presidenciales. Es significativo que en el Estado de Iowa -con una población blanca superior al 90%-, todos los votos electorales fueron a Obama. Ahora bien, a pesar de estos factores, la realidad del racismo se ve en un detalle fundamental. En estas elecciones, más del 95% de la población afroamericana de Estados Unidos votó sólidamente por Obama. Es algo que jamás antes habían hecho, y ha cambiado el rostro de la política americana. Por primera vez, los votantes negros se sienten claramente identificados con una causa. Eso es un suceso históricamente revolucionario. Al mismo tiempo, dos tercios del voto de la población hispana han ido a Obama. Eso también es revolucionario. En esta situación, sería absurdo mantener que el racismo no ha jugado ningún papel. Ciertamente, no ha habido evidencias de antagonismo racial, pero el racismo ha sido un factor central en los modelos de votación.

Esto no significa que el resultado de las elecciones sea un triunfo para el movimiento en favor de los derechos civiles. Algunos periódicos en España han sugerido eso, pero se equivocan. No hay nada en común entre el legado de Martin Luther King y lo que ha pasado este 4 de noviembre. Efectivamente, muchos líderes del movimiento por los derechos civiles estaban profundamente recelosos de Obama. Eso era porque éste presentaba una opción que iba más allá de la tradicional lucha por los derechos. La campaña de Obama se basaba siempre en una alianza blanca-negra que miraba hacia el futuro y no hacia el pasado. En eso, irónicamente, le ha ayudado su predecesor republicano, que situó a personas negras como Colin Powell y Condoleeza Rice en los puestos más altos de la autoridad en la nación. En ese sentido, Obama es el heredero de un camino que ya le ha venido marcado por George W. Bush. Era un camino que no pertenecía a ningún partido en particular, demócratas o republicanos, pero era una aspiración común de todos los americanos, sin tener en cuenta la raza. El triunfo de Obama con suerte probará que el movimiento en favor de los derechos civiles ya no es relevante en una sociedad moderna y madura.

Aparte del tema del racismo, el resultado de las elecciones es único porque da poder a un hombre completamente desconocido. Cuando Hillary Clinton disputaba la candidatura demócrata con Obama, daba mucha importancia al hecho de que ella tenía experiencia y su oponente, ninguna. Sin embargo, los votantes eligieron a un hombre que no tenía experiencia, y ahora la nación también lo ha hecho.

En realidad, EEUU ha dado un salto al vacío, llevado más por el profundo deseo del cambio que por la urgencia de elegir al mejor candidato. Bajo criterios normales, Obama era el candidato equivocado. Entonces, ¿por qué le votaron? En la noche de las elecciones, los periodistas enmudecían al ser preguntados por los posibles cambios que la nueva Administración hará en la política exterior. No había nada que decir, simplemente porque el presidente electo nunca ha hecho ninguna declaración sobre política exterior.

En un sentido, al elegir a Obama, los estadounidenses han reafirmado una de sus más profundas convicciones: la creencia en las posibilidades del hombre corriente. Han elegido a alguien de origen humilde, un hombre que ha salido no de la riqueza (como los Kennedy, Clinton y Bush) sino de la pobreza, un hombre que tiene muy poca experiencia en política y confía sólo en su propia inteligencia, un hombre que nunca ha servido en el ejército, un hombre con poco conocimiento del mundo exterior y sin conocimiento de lenguas extranjeras.

Para el país más poderoso del mundo, seleccionar a tal hombre para que dirija sus ejércitos y su política exterior no deja de ser asombroso. Como preguntaba The Washington Post: «¿Cuántos cambios más aceptará America?». Mi respuesta es un tanto comedida. Hay poco espacio para el cambio, porque los problemas que ha dejado Bush son enormes. La profunda crisis financiera, la creciente tensión de la inmigración, la amenaza constante del terrorismo, el daño humano y económico de la Guerra de Irak, son problemas que cualquier Gobierno debe atender antes de pensar en cambiar la sociedad estadounidense. Obama pronto decepcionará a sus votantes, pero será culpa de ellos si esperan demasiado.

Pensándolo bien, sin embargo, América no ha decepcionado al mundo. Al igual que yo, muchos han creído que esta nación -a pesar de su gran genio- estaba demasiado hundida en su propio barro para poder salvarse. Me alegra haberme equivocado. Sólo queda repetir las palabras del candidato victorioso en la noche de su triunfo: «Si hay alguien allí fuera que todavía duda de que América es un lugar donde todas las cosas son posibles, quién todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores está vivo en nuestro tiempos, quien todavía cuestiona el poder de la democracia, esta noche es vuestra respuesta».

Henry Kamen es historiador y su último libro publicado es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).

© Mundinteractivos, S.A.

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Un concurso de ideas para el G-21, de Santiago González en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

A CONTRAPELO

Contra lo que vienen diciendo sus adversarios, el presidente del Gobierno conoce perfectamente el motivo por el que viajará a Washington este fin de semana. Va a sentarse allí, entre sus pares, «en la cima del mundo, mamá», podríamos decir, con la notable frase de James Cagney en la secuencia final de Al rojo vivo.

Todo tiene que ir por su orden en esta vida. Primero se trataba de saber si teníamos silla en la Cumbre, y la tenemos. Una vez sentado esto -dicho sea en sentido estricto-, se trata de saber lo que tenemos que decir allí y, para eso, Zapatero ha convocado un concurso de ideas. El lunes recibió a los representantes de la banca, y a empresarios y sindicalistas; ayer, a la oposición, para tener con Rajoy la más apacible de las reuniones mantenidas hasta la fecha. El presidente del PP le entregó un escrito con 10 puntos. Naturalmente, un decálogo. Es muy notable que todos los documentos políticos de alguna solemnidad se hayan redactado aquí igual que las Tablas de la Ley. Los de derechas y los de izquierdas.

El texto tiene un carácter eminentemente constructivo. Exige en su punto 9º que la presencia de España en el G-20+1 sea permanente, más allá de la Presidencia europea de Sarkozy. «¡Qué más quisiera yo!», habrá respondido Zapatero.

De los 21 países que asistirán, dice el papel de Rajoy, España está entre los que tienen ante sí peores perspectivas de futuro. Esto es cierto: tenemos el déficit exterior mayor del mundo, una productividad muy baja y no se ve ningún sector económico que pueda sustituir al ladrillo para tirar de la economía real.

El presidente también ha pedido a la Fundación Ideas, que preside Jesús Caldera, quizás otro decálogo, y no faltará quien se llame a escándalo, invocando el carácter ideológico de la Fundación y algunas opiniones de su presidente, que no parecen adecuarse a la gravedad del momento: «Quienes reclaman medidas drásticas lo que quieren es recortar los beneficios del Estado de Bienestar y no se atreven a decirlo», dijo al explicar la razón de ser de su think tank.

No hay razón para alarmarse. Las fundaciones ahora son multiculturales y multifuncionales, y tienen un objeto social de lo más diversificado. Ahí está la del ex presidente Carter, que no deja escapar una relación humana sin ofrecerle sus capacidades mediadoras y facturar por todas ellas, detalle muy a tener en cuenta en época de crisis: lo mismo media en conflictos internacionales que diseña un proceso de paz entre una banda terrorista y un Gobierno complaciente, que organiza bodas y otros eventos sociales cuya celebración requiera una cierta puesta en escena.

Tal como decía el International Herald Tribune, este triunfo ha tenido un precio: «El gambito de Zapatero ha servido para subrayar sus magros éxitos en política exterior, y la imagen de un líder europeo que suplicaba un asiento en la mesa ha parecido inapropiada a muchos». Si añadimos a esto lo que va a costarnos la silla de Sarkozy, a pesar de tratarse de un alquiler muy a corto plazo, puede salirnos más caro que a Televisión Española la legendaria bufanda de ‘Locomotoro’, si bien el arte no tiene precio, por decirlo con palabras de Moratinos.

Nuestra presencia en Washington es un éxito de riguroso consumo interno, no uno de los misterios gloriosos del rosario. Pero nuestro presidente ha sido capaz de llevar a España a la cumbre invocando la comparación de nuestro PIB con los del G-8. Para quedarse con el asiento en propiedad bastaría con algo más de modestia y compararnos con los otros 20. Peor está Argentina. Que le quiten nuestra silla a Cristina Fernández de Kirchner.

© Mundinteractivos, S.A.

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La molienda (cuando renacen las sombras), de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 12 noviembre, 2008

ANÁLISIS

Muchos le ridiculizaron cuando se propuso estar en Washington a toda costa. Y ha ganado la partida. De manera que el presidente del Gobierno se apresta a explotar el éxito. Lo está moliendo, lo está prensando, lo está exprimiendo hasta la última gota, porque de haber fracasado quien estaría a punto de ser aplastado en la solera sería él. Ufano, Zapatero se recrea ahora en el activismo.

Exagera cuando dice que su presencia en Washington representa el mayor éxito diplomático de España en décadas. Esa afirmación es del todo insostenible. Dejando aparte el ingreso en la Comunidad Económica Europea (1986), el mayor triunfo fue la negociación de los fondos europeos. En veinte años, España ha recibido de Bruselas 118.000 millones de euros, el triple que el plan Marshall. Esa hábil gesta de Felipe González todavía nadie la ha superado.

La coreografía socialista también exagera cuando afirma que -ahora sí- España sale del rincón de la historia. Ahora sí y no cuando lo intentó Aznar con su pacto preferente con los británicos y la Administración Bush. Humo. España sigue siendo un país de potencia media y la novedad más sustantiva, por el momento, es la liaison cada vez más íntima con los franceses. España es hoy el más valioso anexo de Francia. El apoyo que da profundidad a los deseos de Nicolas Sarkozy de perpetuarse como gran líder de los europeos. Sarkozy y Zapatero se potencian mutuamente.

Aunque un poco naif en el discurso, el presidente es muy bueno en la molienda. Resuena estos días el gran bolero de Lucho Gatica: “Moliendo café, cuando la tarde [y la economía] languidece y renacen las sombras”.

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Crisis y crédito, de Xavier Vives en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 12 noviembre, 2008

TRIBUNA

Las medidas adoptadas por los distintos países y bancos centrales para detener la crisis financiera desatada tras la quiebra de Lehman Brothers e insuflar vida en el maltrecho sistema financiero internacional han tenido algún efecto, dado que ha bajado algo la tensión en el mercado interbancario. Sin embargo, no hay que echar las campanas al vuelo ya que la confianza entre bancos sigue en mínimos. La pregunta que se hacen las empresas y las familias es si el dinero inyectado en la banca acabará redundando en préstamos y en el alivio de la restricción crediticia.

Responsables empresariales reclaman al gobierno que obligue a la banca a financiar a las empresas. ¿Qué harán los bancos con el dinero recibido de las compras de activos que no tienen salida en el mercado y posibles inyecciones de capital? Me temo que la prioridad de la banca en este momento es pagar sus propias deudas, en particular las contraídas en el exterior, y atesorar reservas dada la incertidumbre que induce el ciclo recesivo y la elevada exposición al riesgo inmobiliario. Esto es cierto, en particular para las entidades que acumulan más problemas. Por ello medidas de ayuda a la banca no discriminatorias pueden hacer poco para aliviar el problema.

El problema de prestar ayuda generalizada es que permite la supervivencia sin reestructuración de entidades con graves dificultades de solvencia que acaban lastrando toda la economía. Este fue uno de los principales agravantes de la crisis financiera en Japón, que la alargó de forma considerable. La ayuda debe prestarse de modo que no distorsione la competencia entre entidades y permita al mismo mercado seleccionar las entidades que prosperan y las que no.

Hay otras opciones más radicales y directas. En Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) se dispone a comprar directamente papel comercial a las empresas para aliviar su financiación (y se aseguran los depósitos que las empresas utilizan para su gestión diaria). También se prevé compras directas de hipotecas problemáticas. Estados Unidos va a probar todo hasta hallar algo que funcione. Como dijo Winston Churchill, EE. UU. siempre hace lo correcto tras agotar todas las otras posibilidades. Las diferencias en la zona euro hacen difícil medidas tan radicales. Sin embargo, la vulnerabilidad de las pequeñas y medianas empresas a la contracción del crédito puede requerir medidas excepcionales. Cuantos más avales preste el sector publico, sea en créditos hipotecarios o en créditos para avalar el capital circulante de las empresas, más riesgo de solvencia contrae. Pero no hacerlo puede agravar la crisis y generar más problemas de solvencia en el futuro no muy lejano.

Xavier Vives. Director del Centro Sector Público-Sector Privado del Iese.

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La casa de comedias, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

El ojo del tigre

Las drásticas medidas de austeridad impuestas a los señores ediles del Ayuntamiento de Oviedo, por su Alcalde-Presidente, con la intención de amortiguar las terribles consecuencias causadas por la (segunda) Gran Depresión Económica mundial, sugieren un par de hipótesis para intentar comprender la filosofía economicista que el respetable señor Regidor de la invicta Ciudad pretende aplicar para contener el gasto municipal. La primera: podría ocurrir que el actual Gobierno de la heroica Ciudad fuera constituido por encima de las posibilidades reales -económicas y financieras- de tan sagrada institución. La segunda: es posible que esa indeseable circunstancia (el hecho de que la divina institución local esté funcionando por encima de sus propios medios económicos) le haya abierto los ojos al señor Alcalde-Presidente y descubriera la necesidad de dictar una decisión tan sublime orgánicamente -como la dictada- y, a la vez, tan dolorosa estamentalmente.

Pero si prescindimos de ambas hipótesis, y nos acercamos un poco más a la realidad del asunto, es probable que descubramos que los problemas que de verdad amenazan a la buena gobernanza de la noble Ciudad (¿ romana o carolingia…?) no sean tanto los hipotéticamente provocados por un sistema capitalista en ruinas, como el que se deriva del peso de la sagrada púrpura que cubre, desde los hombros a los pies, a quien protagoniza la función jerárquica superior -en el land ovetense- con unas maneras tan radicalmente personalizadas, que es imposible comprender el régimen político ovetense obviando a quien lo asume con tanto ahínco personal.

Es posible que ese notorio presidencialismo sea la causa de las dificultades reales, que agobian a la sociedad ovetense; unas causas que son más políticas que económicas. Por ejemplo, el anunciado recorte aplicado al capital humano -que es, sin duda, el mejor activo de la institución municipal- es más una decisión política que económica.

Aún con sus pros y sus contras, la élite política municipal no se compone -como ocurría en tiempos pasados- exclusivamente de personas pertenecientes a la clase media alta; una élite que estaba compuesta por propietarios que disfrutaban de altas rentas y, al mismo tiempo, ejercían cualificadas profesiones liberales que les empujaban hacia el ejercicio público de la política. Afortunadamente, hoy la política la pueden ejercer también ciudadanos de la clase media baja, profesionales modestos sin otros recursos que no sean los que les proporcionan sus respectivos trabajos. Sin olvidar a los ciudadanos que pertenecen a la clase obrera.

Si ayer la política era una buena ocasión para adquirir más notoriedad pública -añadida como si se tratara de un plus social para los privilegiados de la sociedad-, hoy ese mismo ejercicio público es -además de un buen oficios para algunos- un derecho civil que se les reconoce a los ciudadanos de un país que se proclama democrático y pluralista. La democracia de las libertades -como es la que, en teoría al menos, nos tutela actualmente- necesita legitimar el mestizaje social, en el gobierno de las instituciones publicas, para poder funcionar adecuadamente y para enriquecer su propia naturaleza pluralista.

El Ayuntamiento de Oviedo fue concebido, durante las dos décadas últimas del siglo XX, como una potente máquina preparada para alcanzar velocidades vertiginosas: políticas, económicas, culturales, sociales… Esa es -o lo era hasta hace un par de semanas- la característica principal del actual régimen representado por el Príncipe de la benemérita Ciudad. Pero a nadie se le ocurrió que, precisamente para poder controlar ese velocísimo mecanismo ultrasónico, era preciso dotarlo de un eficaz sistema de frenos. Como se demostraría cuando se inició la primera rocambolesca batalla campal entre el grupo de mosqueteros reales y el legionario de la oposición amsonita

En ese momento, al Duce municipal le desbordó la velocidad de los acontecimientos, y decidió pisar a fondo un improvisado freno. La repentina frenada pilló desprevenidos incluso a más de un leal colaborador del señor Alcalde-Presidente. Es decir, el mando supremo de la Municipalidad decidió colocarles un freno en los bolsillos de los concejales. A ver si así se aplacaban las tensiones dramáticas en la Casa de Comedias, que ya es el Ayuntamiento de Oviedo.

Cansado de tener que interpretar simultáneamente el papel de Turiddu (tenor) frente a Lola (mezzosoprano), en Cavalleria rusticana, y el de autor del vodebil neocon Austeridad sin fronteras, el señor Regidor de la Cité da los primeros pasos hacia atrás, para separarse de las candilejas, e inicia -según dicen los arúspices de la capital- su salida por el foro. Hay quien le pone fecha al momento de desprenderse del peso de la púrpura, dejándola caer sobre la muda alfombra del salón de plenos: la primavera que viene.

Pero también son muchos los que piensan que este hábil surfista, acostumbrado a cabalgar sobre la cresta de las olas de la política municipal, no abandonará tan fácilmente el deporte que tantos días de gloria y fama le dió. Para él prescindir del sueldo es muy fácil. Pero de la gloria, imposible.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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¿Y si el amigo argelino cierra el grifo?, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 noviembre, 2008

Lo llevaba el ABC bastante mal vendido este fin de semana. En un artículo titulado “Argelia tendrá en sus manos la mitad del gas que necesita España” hacía referencia, de un modo a mi entender excesivamente superficial, a lo que amenaza ser un problema de calado en el futuro energético patrio: la elevada vulnerabilidad de determinados aprovisionamientos absolutamente imprescindibles, a día de hoy, para la marcha de nuestra economía. No sólo somos dependientes en más de un 80% del exterior a la hora de adquirir la materia prima necesaria para satisfacer nuestras necesidades internas de producción y consumo sino que, además, ocurre, en casos como el del gas natural, que dicho suministro está concentrado en pocos proveedores de perfil marcadamente estatal, como la argelina Sonatrach.

Más allá de la utilización más o menos interesada que Gas Natural puede hacer del papel que representa Sonatrach a la hora de defender, ante las autoridades de competencia, su legitimidad a integrar Unión Fenosa sin verse por ello penalizada, lo cierto es que la cuestión es de extraordinario calado ya que, si se cumple el guión establecido y el gasoducto Medgaz entra en funcionamiento en la fecha prevista, a partir de finales de 2009 el 50% del gas que entre en nuestro país será proporcionado por dicha compañía. Una firma que en el periodo comprendido entre 2004 y 2006, y al calor del repunte de los precios de la commodity, ha pasado de estar necesitada de inversiones tanto para la generación (upstream) como para la distribución (downstream) a convertirse en brazo inversor del régimen argelino, acaparando por sí sola la producción y controlando la comercialización.

Así, la firma ha acometido en los últimos años un proceso de construcción de una franquicia en España, donde el 28% de la generación eléctrica está basada en el gas natural gracias al impulso que en los últimos años han vivido, al calor del Protocolo de Kyoto, de forma acertada o no, las centrales de ciclo combinado. Una tendencia que no tiene visos de cambiar en el corto plazo. Para ello, Sonatrach ha llevado a cabo un proceso de integración vertical en el que juega un papel esencial el propio Medgaz cuya mayoría de control está en manos francesas (Gas de Francia) y argelinas a partes iguales. A partir de ahí, la entidad no sólo ha adquirido participaciones en activos de regasificación como la planta de Reganosa sino que se ha asociado con EDP, en cuyo capital participa, para desarrollar ciclo combinado y está autorizada desde 2007 a actuar como comercializadora.

Suministro, tratamiento, vendedor y consumidor en mayor o menor porcentaje. No parece mala estrategia cuando el crecimiento del mercado en nuestro país está claramente por encima de la media de las economías desarrolladas y hay una capacidad excedente de regasificación del 50%, consecuencia de la política regional de haber quien la tiene más grande, la planta, que ha caracterizado determinadas decisiones inversoras en algunas autonomías, situación excepcional en Europa. Y ya saben, una situación como la descrita no es problema de quien la aprovecha sino de quien consiente. Total que, al final, dejamos en manos de una entidad vinculada a un régimen cuando menos dudoso el aprovisionamiento principal de una de las materias primas claves para el devenir diario de nuestra actividad industrial. Casi nada.

Se puede argüir que no había demasiadas alternativas en un entorno de demanda acuciante y oferta escasa. Pero si compramos el criterio de la propia Gas Natural de que el del gas, valga la redundancia, se trata de un mercado abierto en el que hay competitividad de precios a nivel internacional, entonces quizá habría que haber preservado un modelo de multi aprovisionamiento frente a la mayor concentración que Medgaz supone. Quién sabe. En cualquier caso, importa poco el pasado y mucho, por el contrario, el futuro. El momento de congelación de los precios energéticos, que la recesión global trae consigo, debería ser aprovechado por España para asegurarse los aprovisionamientos necesarios a un coste más ventajoso a la vez que cambia el modelo interno hacia un esquema de autoabastecimiento (nuclear y renovables), mejora de eficiencia y penalización del sobre consumo. Pero, como siempre, es sólo una opinión más. Su turno.

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El margen y las medidas económicas del Gobierno, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

Ha vuelto a la palestra una palabra maldita: “margen”. En otros tiempos la emplearon con asiduidad los ministros de Economía, tanto Boyer como Solchaga, incluso González, el presidente del Gobierno. Echaban siempre mano de ella para contestar a las reivindicaciones de los sindicatos. Por ejemplo, en la huelga del 14 de diciembre de 1988, no hay margen, decían. En la actualidad, las organizaciones sindicales no hacen demasiados requerimientos. Sin embargo, el vicepresidente económico afirma que ya se ha agotado el margen.

Hoy como ayer, la contestación ha de ser similar, margen ¿para qué? Porque lo cierto es que sí parece que exista para ayudar a los bancos en crisis. Pero es que, además, ante la profundidad de la recesión en que nos adentramos, el déficit público adquiere una importancia secundaria y así lo están entendiendo en la mayoría de los países europeos. Este enfoque debería ser tanto más evidente para España en cuanto que el nivel de endeudamiento de nuestro sector público es muy reducido.

Las medidas aprobadas para, según proclaman, ayudar a las familias tienen algo en común, un coste muy bajo para el tesoro público, pero por eso mismo se puede prever que su eficacia va a ser también nimia. Parecen escogidas no tanto por ser las adecuadas, sino más bien para justificar políticamente al Gobierno con un mínimo impacto en el Presupuesto.

Las referentes a la vivienda son poco onerosas para el erario público. Prórroga en el ahorro de cuenta vivienda, la ampliación del plazo de exención para reinvertir las plusvalías o ajustar las retenciones para aquellos que tengan deducciones, son todas ellas actuaciones que simplemente dan más facilidades a los contribuyentes, pero que no significan reducción de gravámenes, todo lo más, cambios en su periodificación. El mismo hecho de aplazar el pago de las hipotecas es tan sólo una moratoria y caben muchas dudas de que pueda solucionar el problema a los beneficiarios, dadas las múltiples condiciones establecidas. Aparte de que, como ocurre siempre con este tipo de medidas, tienen mucho de arbitrario, ¿por qué estas cantidades y no otras? La primera y más grave discriminación comienza con la decisión de incentivar una vez más la compra y no el arrendamiento. Es muy posible que las bolsas de mayor necesidad se encuentren entre los alquilados.

Algo parecido ocurre respecto a la posibilidad de disponer del 60 por ciento -en lugar del 40 por ciento como ahora- del seguro de desempleo para emprender un negocio. Se trata únicamente de un anticipo sin coste alguno para la hacienda pública. Por otra parte, cuesta entender que en un momento en el que se cierran empresas y fábricas haya muchas personas dispuestas a embarcarse en una nueva aventura. En cierto modo, puede tratarse de disfrazar parcialmente las cifras de paro trasladando el mayor número posible de desempleados al colectivo de los autónomos, que en una buena proporción es paro encubierto.

Las únicas actuaciones que sí van a repercutir en las finanzas públicas son las llamadas pomposamente políticas activas de empleo, que, en definitiva, son subvenciones a los empresarios. Su efectividad es muy dudosa. Es difícil que un empresario se decida a contratar por una bonificación, por muy suculenta que sea, si no sabe qué hacer con el trabajador. La contratación va a depender básicamente de la demanda que tengan las empresas, haya o no haya bonificaciones. Para lo que van a servir sin duda las bonificaciones serán para que los empresarios se embolsen un dinero público por cada trabajador que contraten, contratación que hubiesen hecho en cualquier caso.

Otras son las medidas que se deberían haber adoptado. Ampliar sustancialmente la cobertura del seguro de desempleo e incrementar las inversiones públicas. Ambas actuarían de forma significativa sobre la demanda y, por consiguiente, sobre el empleo, y seguramente constituirían una ayuda a las familias de mayor eficacia que las propuestas. Por supuesto, tendrían un coste mayor para el erario público, y siempre habrá alguien que afirme que no hay margen. En crisis como la actual, la capacidad o no de salir de ella depende en gran parte de la pericia de los gobernantes para articular una política monetaria y fiscal expansiva superando ciertos dogmas trasnochados. Por desgracia, la política monetaria instrumentada por el Banco Central Europeo ha sido nefasta y aún continúa siéndolo. Esperemos que no haya que dar la misma calificación a la política fiscal del Gobierno.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

Sindicatos estatales, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Política by reggio on 12 noviembre, 2008

Para su reunión en el G-20, el Sr. Zapatero ha recibido consejos de los principales actores en el sector bancario y sindical. Otro día se comentará el hecho insólito de que los propios banqueros le pidan que defienda un aumento de regulación, vigilancia y control de la banca privada por el FMI. La contradicción entre lo que se dice y se hace, aún es más patente en unos sindicatos que, sin conocer su propia naturaleza estatal, ni el objetivo de la reunión en Washington, insisten en la deseable restauración de la economía productiva, con preponderancia sobre la financiera. Si fueran sinceros y coherentes, lo primero que deberían hacer, al servicio de la producción, seria abandonar el Estado, dejar de ser corporaciones burocráticas y entrar en la sociedad civil, que es el único terreno donde estarían legitimados, en tanto que representantes de los trabajadores afiliados.

La visita a Zapatero de los jefes sindicales ha coincidido con una encuesta de NC Report, para el diario La Razón, según la cual: sólo el 14,8 por ciento de los trabajadores está afiliado a los sindicatos; un 61,7 de los trabajadores nunca se afiliaron a ellos; un 51,2 quiere que sólo se financien con cuotas de sus afiliados; un 69,7 rechaza que la empresa pague todo o parte de la remuneración al liberado; y un 54,4 opina que los sindicatos han perdido influencia en la sociedad. En cuanto a la valoración personal de los jefes sindicales, ninguno alcanza el aprobado. Pese a ello, la opinión mayoritaria desea la fusión de los gemelos estatales UGT y CCOO.

Sin control externo alguno, 800 millones de euros anuales son manejados por la burocracia sindical, pues aunque la ley obliga a realizar una auditoria privada, cuando la subvención estatal supera 600 mil euros, sin embargo, no es habitual que el Tribunal de Cuentas solicite la presentación de esas auditorias, según declara Don Andrés Gómez, responsable en CCOO de “Administraciones, Finanzas y Servicios”. Aparte de la contribución directa del Estado a los presupuestos sindicales, y del pago por la empresa a los liberados, las “subvenciones finalistas”, concedidas por instituciones públicas, superan con creces la suma de las cuotas de los afiliados. Sólo por este concepto CCOO y UGT reciben 400 millones de euros anuales. El imperio sindical se incrementa, además, con los sustanciosos y legítimos beneficios de sus cooperativas de vivienda, y con su participación en los Planes de Pensiones de grandes empresas.

florilegio

“Sin participar los sindicatos y la cultura, no estatales, en la formación de la hegemonía en la sociedad civil, todo gobierno es dictadura del capital.”

Receta para matar a un hombre, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Derechos, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

La referencia a Martin Luther King en el texto anterior de este blog me hizo recordar una crónica publicada en 1968 o 1969 bajo el título de “Receta para matar a un hombre”. Aquí la dejo otra vez como sentido homenaje a un verdadero revolucionario que abrió los caminos que aceleraron el final próximo y definitivo de la segregación racial en Estados Unidos.

Receta para matar a un hombre

Se toman unas decenas de quilos de carne, huesos y sangre, según los patrones adecuados. Se disponen harmoniosamente como cabeza, tronco y extremidades, se rellenan de vísceras y de una red de venas y nervios, teniendo el cuidado de evitar errores de fabricación que den pretexto a la aparición de fenómenos teratológicos. El color de la piel no tiene ninguna importancia.

Al producto de este trabajo melindroso se le da el nombre de hombre. Se sirve caliente o frío, según la latitud, la estación del año, la edad y el temperamento. Cuando se pretende lanzar prototipos al mercado, se les infunden algunas cualidades que los distinguirán del común: coraje, inteligencia, sensibilidad, carácter, amor por la justicia, bondad activa, respeto por el lo próximo y por lo distante. Los productos de segunda elección tendrán, en mayor o menor grado, uno u otro de estos atributos positivos, junto a los opuestos, en general predominantes. Manda la modestia no considerar viables los productos íntegramente positivos o negativos. De cualquier modo, se sabe que también en estos casos el color de la piel no tiene ninguna importancia.

Mientras tanto, el hombre, clasificado con un rótulo personal que lo distinguirá entre sus contemporáneos, acabados como él en la línea de montaje, será colocado para vivir en un edificio que, a su vez, recibirá el nombre de sociedad. Ocupará uno de los pisos de ese edificio, pero será difícil que se le consienta subir la escalera. Bajar está permitido y a veces hasta facilitado. En los pisos del edificio hay muchas moradas, unas veces llamadas clases sociales, otras veces profesiones. La circulación se hace a través de canales llamados hábito, costumbre y preconcepto. Es peligroso andar contra la corriente de los canales, aunque ciertos hombres lo hagan durante toda su vida. Esos hombres, en cuya masa carnal están fundidas las cualidades que rozan la perfección, o que por esas cualidades optaron deliberadamente, no se distinguen por el color de la piel. Están los blancos y los negros, los amarillos y los pardos. Son pocos los cobrizos por tratarse de una serie casi extinta.

El destino final del hombre es, como se sabe desde el principio del mundo, la muerte. La muerte, en su momento justo, es igual para todos. No lo que la precede inmediatamente. Se puede morir con sencillez, como quien duerme; se puede morir entre las tenazas de una de esas enfermedades de las que, eufemísticamente, se dice que “no perdonan”; se puede morir bajo la tortura, en un campo de concentración; se puede morir volatilizado en el interior de un sol atómico; se puede morir al volante de un Jaguar o atropellado por éste; se puede morir de hambre o de indigestión; se puede morir también de un tiro de rifle, al final de la tarde, cuando todavía hay luz del día y no se cree que la muerte esté cerca. Pero el color de la piel no tiene ninguna importancia.

Martin Luther King era un hombre como cualquiera de nosotros. Tenía las virtudes que sabemos, ciertamente algunos defectos que no le menoscababan las virtudes. Tenía un trabajo para hacer – y lo hacía. Luchaba contra las corrientes de la costumbre, del hábito y del preconcepto, metido en ellas hasta el cuello. Hasta que llegó el tiro de rifle para recordarnos a los distraídos, a nosotros, que el color de la piel tiene mucha importancia.

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Esta entrada fué posteada el Noviembre 10, 2008 a las 11:00 pm

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Mesianismo o movilización popular, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 12 noviembre, 2008

Las elecciones en EE.UU.

Sistema

Las limitaciones de gran número de reportajes sobre EE.UU.

Los reportajes e informes sobre las elecciones de EE.UU. se han centrado mucho en la personalidad del candidato vencedor Obama, y muy poco en el contexto que ha determinado su victoria. Este énfasis en la personalidad, que algunos autores críticos han definido como “mesianismo”, despolitiza un hecho que es profundamente político. En realidad, la victoria de Obama no se puede explicar sin entender el enorme enfado de las clases populares de EE.UU. hacia las instituciones políticas de aquel país, un enfado que antecede la campaña de Obama y que ha alcanzado su cenit con la crisis financiera y la ayuda del gobierno federal a la banca (Wall Street). Mientras mucho se ha hablado de la crisis financiera y económica, poco se ha hablado de la enorme crisis política de EE.UU. que es la causa de la crisis financiera (como explicaré en el texto), y sin la cual, Obama hubiera sido una mera nota de pie de página en estas elecciones. Lo que tales medios parecen no apercibirse es de que no es Obama el que creó la movilización popular, sino que ésta, (resultado de una enorme frustración por parte de las clases populares hacia la clase política) fue la que hizo posible la candidatura de Obama. El énfasis sobre Obama, ignorando el contexto político que lo hizo posible es asumir (como constantemente y erróneamente se hace) que la historia la escriben “grandes personajes”. Lo que está ocurriendo en EE.UU. muestra el error de este supuesto. Y lamento que gran parte de los medios en España (y en EE.UU.) han incurrido en este error. Me explicaré. Pero antes me siento en la necesidad de añadir una nota biográfica. He vivido treinta y cinco años en EE.UU. participando activamente en la vida académica (como profesor de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la The Johns Hopkins University) y vida política (como asesor al candidato a la Presidencia de EE.UU. durante las primarias del Partido Demócrata de 1984 y 1988, y como miembro del grupo de trabajo, dirigido por la Sra. Hillary Clinton, en la Casa Blanca, encargado de realizar la reforma sanitaria. Serví en tal grupo de trabajo a petición del Rainbow Coalition, que representa la izquierda del Partido Demócrata y que está compuesto por los sindicatos, el movimiento de los derechos civiles, el movimiento feminista y el movimiento ecológico). En España, fui la persona encargada de elaborar el programa social del candidato Josep Borrell durante las primarias del PSOE en el año 2000, y soy asesor al gobierno d’Entesa de Cataluña. Creo pues conocer bien ambos países. Paso ahora a contar la situación de EE.UU.

La democracia muy incompleta de EE.UU.

La gran mayoría de reportajes sobre EE.UU. han idealizado su sistema político. Ni que decir tiene que tal sistema político tiene elementos muy positivos. Uno de estos es el sistema de primarias, un sistema en el que todos los candidatos para cualquier cargo electivo tienen que competir dentro de cada partido por el voto de los miembros del partido (y en ocasiones de sus simpatizantes). Este es el aspecto que ha centrado más reportajes realizados por analistas españoles que comentan tales primarias con cierta envidia, pues las primarias en los partidos de España, en caso de existir, no tienen en general (aunque han habido claras excepciones) la vitalidad y diversidad que existe en EE.UU.

Otro aspecto que es muy positivo del sistema democrático estadounidense son los referéndums a nivel local y estatal (a nivel de cada uno de los cincuenta estados) que son vinculantes. Así, en el documento donde se votó el martes constaban no sólo los nombres de los candidatos, sino también los referéndums sobre los que se tiene que votar a nivel de los estados. No existen, sin embargo, referéndums a nivel de todo el país. Esta dimensión positiva de la democracia no existe en la democracia española, donde no existe la posibilidad de consultar a la ciudadanía, mediante referéndums a nivel local y autonómico (a no ser que exista la aprobación previa del Estado). Esta ausencia parecería responder al temor que existe en las estructuras de poder de España (todavía muy centralizadas) hacia la opinión popular.

Estos dos componentes muy positivos de la democracia estadounidense –las primarias y los referéndums- están enormemente limitados, sin embargo, por la privatización en la financiación del sistema electoral. En el sistema electoral de EE.UU. los candidatos pueden recibir tanto dinero como sean capaces de conseguir. La mayoría de este dinero se gasta en comprar tiempo de exposición en las televisiones, todas privadas, que se venden al mejor postor sin ningún tipo de regulación o control. Cada candidato, Obama y McCain se ha gastado más de 2.400 millones de dólares en la campaña electoral. Aquellos que quieran pueden conseguir financiación pública, pero la mayoría de candidatos no lo hacen pues es una cantidad reducida y les limita en cuanto a la cantidad de dinero que puedan utilizar.

Y la mayoría de estos fondos no vienen, como frecuentemente se dice, de pequeñas aportaciones de 20 o 30 dólares enviados al candidato por la persona normal y corriente, sino que son grandes cantidades procedentes de grupos empresariales, financieros, profesionales, y grupos de interés y presión, así como del 30% de renta superior del país que contribuyen hasta un máximo de 2.300 dólares en las primarias y un tanto semejante para las elecciones presidenciales. Este dinero le llega directamente al candidato o a asociaciones que promueven al candidato y que no están sujetas a los límites de contribuciones individuales a los que están sujetas cuando el dinero va al candidato directamente. Obama, por ejemplo, recibió 414.863 dólares de las compañías de aseguramiento sanitario privado, y McCain, 274.729 dólares de las mismas fuentes. Una parte también procede de las agencias promotoras de intereses empresariales basadas en Washington, que se conocen como lobbies. Obama dijo rechazar dinero de los lobbies basados en Washington, pero recibió dinero (y mucho) de los intereses financieros (basados en Wall Street) y empresariales. No es cierto que la mayoría de sus fondos procedían de aportaciones de menos de 200 dólares. Sólo un 20% de las aportaciones individuales vinieron de tal tipo de contribuciones.

El origen del dinero varía según el momento de la campaña. Así, al principio, cuando el candidato no es todavía conocido, el dinero procede de grupos financieros y empresariales que intentan influenciar al candidato. Así Obama había recogido 100 millones de dólares antes de que empezaran las primarias. Estos fondos incluían fondos de grupos inmobiliarios y capital financiero. Es más tarde, cuando los candidatos son conocidos, cuando las aportaciones individuales juegan un papel mayor, siendo su porcentaje mayor a medida que prosiga la campaña. Parte del éxito de la campaña de Obama fue el movilizar tres millones de donantes para garantizar un flujo constante de 200 euros o cantidades semejantes. La mayoría de contribuciones, sin embargo, son mayores que tales cantidades y proceden del 30 por ciento de renta superior de la población. (ver capítulo II “Como entender la Situación Política de EE.UU” en Navarro, V. La situación política en EE.UU, Anagrama, 2008).

Tal sistema de financiación discrimina a los candidatos de izquierda, como Kucinick o Edwards, que no consiguen aportaciones de los grupos empresariales o de los sectores más pudientes de la población. Los 100 millones que Obama tenía al principio de la campaña, contrastaban con los 3 millones que tenía Edwards o los 650.000 dólares que tenía Kucinick. Es cierto que hay grupos importantes progresistas, como los sindicatos, que también contribuyen a las campañas electorales, pero son cantidades en absoluto comparables a las que proveen grupos financieros y empresariales. El dinero que dan las nueve empresas más importantes de EE.UU. a las campañas electorales es cincuenta veces mayor que las aportaciones que dan todos los sindicatos. Este maridaje entre la clase empresarial (conocida en EE.UU. como Corporate Class) y la clase política es lo que se llama Washington y provoca un gran rechazo por parte de las clases populares. En realidad, a mayores contribuciones por parte de la clase empresarial al proceso político, mayor abstención de la clase trabajadora, que es plenamente consciente de que la clase política no representa sus intereses. En realidad, el 80% de la ciudadanía no cree que el Congreso de EE.UU. refleje sus intereses.

Es sorprendente que tal sistema político sea alabado en España, presentándolo como modélico. Su aplicación en España significaría que las campañas electorales estarían financiadas por la banca, las cajas, Telefónica, Repsol, MAPFRE, y un largo etcétera, así como por aportaciones procedentes del 30% de renta superior del país. Es más, no habría ninguna regulación de los medios radiofónicos y televisivos, de manera que los que pudieran conseguir más dinero podrían tener mayor tiempo de exposición sin ningún tipo de limitación. Es preocupante que tal sistema político haya conseguido las alabanzas que ha estado recibiendo de muchos articulistas y tertulianos españoles.

Las consecuencias de tal privatización del sistema electoral son enormes. No sólo excluyen a las izquierdas, sino que reproducen una clase política enormemente estable. Según el Instituto de análisis electorales, Common Cause, el 92% de los candidatos que reciben más dinero en las campañas ganan las elecciones. Hay pues una relación clara entre dinero y capacidad de ser elegido. Por otra parte, la mayoría del dinero va a políticos que ya han estado elegidos en elecciones previas (y en grado menor a los que se presentaron para desbancarlos del cargo político). De ahí que del 85% el 94% de representantes elegidos que se presenten de nuevo, salen reelegidos, reproduciéndose así la clase política más estable de todas las clases políticas de las democracias occidentales.

No es pues de extrañar que la mayoría de la ciudadanía no se encuentre representada por el Congreso de EE.UU. (o por otras cámaras representativas) participando poco en el proceso electoral, una escasa participación que paradójicamente es favorecida por la clase política. Me di cuenta de ello cuando en el año 1988, la delegación del candidato Jackson (del cual yo era parte) se reunió con la delegación del candidato ganador de las primarias del partido Demócrata, el Sr. Dukakis para pactar las condiciones de apoyo del primero al segundo. Una de tales condiciones era que el Partido Demócrata diera fondos para facilitar el registro de votantes (en EE.UU. una persona debe registrarse antes de poder votar). Pronto vi que muchos representantes no estaban muy a favor de ello. La causa era sencilla. Si el gobernador demócrata del Estado de Maryland gana las elecciones del Estado de Maryland en la que sólo vota el 30% de la población, necesita sólo un 16% para ganar, un porcentaje relativamente fácil de conseguir a partir de políticas clientelares. Si aumenta el porcentaje de votantes, tendría que aumentar el apoyo necesario para ganar, con lo cual favorece que no haya un aumento del voto.

Se me dirá, ¿y por qué la gente no se rebela, votando a otros partidos? La respuesta presenta la segunda gran deficiencia del sistema estadounidense: el sistema bipartidista mayoritario, no proporcional. El ciudadano en la práctica puede votar sólo al Partido Republicado o al Demócrata. Y el que tiene la mayoría de votos consigue todos los delegados de la circunscripción. En estas condiciones es muy difícil para un tercer partido el ganar las elecciones, pues, a no ser que gane más del 51% del voto, se queda sin ningún delegado, independientemente de que haya conseguido el 49% o el 1% de los votos. De ahí que la misión histórica de un tercer partido es perjudicar (restando votos) al partido más próximo. Así, Perot facilitó la victoria de Clinton, perjudicando a Bush padre. Y Nader perjudicó a Gore que perdió a Bush hijo. Este bipartidismo es otra de las causas de que la ciudadanía se encuentre frustrada. En realidad, si EE.UU. tuviera un sistema electoral proporcional, las distintas sensibilidades que aparecen durante las primarias de los dos partidos mayoritarios serían partidos políticos. En un sistema bipartidista mayoritario, sin embargo, es un error crear partidos, pues pierden su capacidad de influencia, que es lo que pasó con el Partido Verde (Nader) que posibilitó la victoria de Bush hijo. Existe pues una enorme alienación de la población hacia la clase política percibida como cautiva de los intereses económicos del mundo empresarial (conocida como la Corporate Class en EE.UU.). De ahí que todos los candidatos se hayan tenido que presentar como “anti-Washington”.

Este patrocinio empresarial de los candidatos explica que las diferencias entre tales candidatos (que existen y que son muy importantes) son mucho menores que las diferencias existentes entre las izquierdas y derechas en España. En realidad el candidato Obama es un candidato de centro y en terminología española y en algunas áreas y propuestas (como su propuesta sanitaria) está a la derecha del PP. No pide por ejemplo la existencia del derecho a acceso a los servicios sanitarios aceptada por la derecha española. No es cierto, de hecho, que Obama haya pedido la universalización del derecho de acceso a los servicios sanitarios. En realidad, Obama cuando habla de universalizar los servicios sanitarios para los niños (no existe la propuesta de garantizar cobertura universal a la población adulta), quiere decir que obliga a todos los padres a que compren pólizas de aseguramiento sanitario privado para sus hijos. De la misma manera que para conducir un coche se requiere un aseguramiento del coche, la propuesta de Obama es que cada padre tiene que asegurarse de que su(s) hijo(s) tiene(n) un aseguramiento sanitario privado. Es cierto que facilita desgravaciones y subsidios, pero no garantiza que el Estado sea el que universalice tales derechos. Exige, en su lugar, que los ciudadanos compren su propio aseguramiento. Ni que decir tiene que el programa de Obama es mucho mejor que el de McCain, pero esto no quiere decir mucho en términos europeos. La propuesta de que sea el Estado el que garantice tal derecho (lo que en EE.UU. se llama single payer, siguiendo el modelo canadiense) no ha sido aceptado por Obama, pues considera que, aún cuando tal sistema sería el más aconsejable, implicaría un enfrentamiento con las compañías de seguro (que han financiado en parte su campaña) que considera inviable en la situación política de EE.UU. Esta propuesta es la deseada por la mayoría de la ciudadanía (2/3 de la población) (ver mi artículo Navarro,V. “Yes we can! Can we? The next failure of Health Care Reform”. A CounterPunch special report, en mi blog www.vnavarro.org, sección EE.UU.

Otra aclaración. El gran énfasis en las personalidades debilita enormemente la democracia. Es sorprendente que medios de información que son, con razón, muy críticos hacia sistemas mesiánicos fijados en la figura de un redentor, hayan seguido prácticas mesiánicas hacia Obama, reproduciendo una característica del sistema estadounidense, que al centrarse en personalidades, despolitiza la política estadounidense. Es un síntoma de inmadurez política el enfatizar las personalidades, promocionándolas como se promueve cualquier otro producto comercial. Ello se realiza a pesar de que la mayoría de la población expresa su descontento con tal énfasis mediático, prefiriendo que se discutan las propuestas, en lugar de las personalidades. En realidad, ha habido muy pocos programas que analicen en detalle las propuestas hechas por los candidatos excepto en la reproducción de eslóganes propagandistas como la llamada al cambio sin que se explicite a qué cambio se está refiriendo.

La alienación de la población y el fenómeno Obama

El enorme descontento de la población estadounidense ha sido lo que ha posibilitado a Obama presentarse como una alternativa a Washington, al ser muy nuevo en Washington, y al haberse opuesto a la guerra de Irak, dos credenciales de gran poder hoy en EE.UU. A ello se añade su condición de ser afro americano, que en sí constituye un elemento de cambio y corrección de una gran injusticia social, añadiéndose a ello la enorme crisis financiera y económica que ha movilizado a grandes sectores populares para echar a Bush. El éxito de Obama fue aprovechar el gran descontento de la ciudadanía hacia el establishment político para promover y liderar su candidatura. Y la dirección del Partido Demócrata se veía claramente como parte del establishment. Mucho se ha hablado de la enorme impopularidad de Bush. Pero lo que no se ha dicho es que el Congreso Estadounidense, controlado por el Partido Demócrata era incluso más impopular. En el 2004 el Congreso pasó a ser controlado por el Partido Demócrata con el claro mandato de retirarse de Irak, sin que ello ocurriera durante su mandato. El Congreso continuó apoyando la ocupación de Irak. Una situación semejante ocurrió con otras demandas tales como la universalización de los servicios sanitarios que la población desea pero que el Congreso no realiza (debido en parte a los dineros que congresistas en comités clave han recibido en sus campañas electorales de compañías de seguros que financian y gestionan la sanidad estadounidense).

Este descontento se ha ido incrementando con la crisis financiera motivada, por cierto, por la crisis política. Tal crisis se inició a partir de los años del Presidente Reagan cuyas políticas públicas han polarizado la distribución de las rentas en EE.UU., con un descenso de la capacidad adquisitiva de las clases populares (un obrero de 30 años recibe un salario que es un 17% más bajo que el existente en 1980), y un incremento de las rentas superiores, que alcanzan unos niveles de gran exuberancia. En realidad, la renta del 1% de la población de renta superior es mayor que la suma de la renta de 40% de la población de EE.UU. Mientras que en 1980 (el inicio de la revolución liberal), un ejecutivo de una gran empresa cobraba cuarenta veces lo que ganaba un trabajador promedio, en el año 2000, el primero ganaba cuatrocientas veces más que el segundo. Ganaba en un día lo que el trabajador ganaba en todo un año. Nunca antes (desde la Gran Depresión) se habían alcanzado unos niveles de desigualdad semejantes. Mientras que los salarios han descendido desde 1996 al 2001, las rentas de la decila superior han incrementado durante el mismo periodo un 58%. Y tal polarización ha significado también una disminución de la movilidad vertical de la ciudadanía, de manera que paradójicamente, en el mismo periodo en que un Afro americano es elegido Presidente, dando una imagen de movilidad racial, las posibilidades para que una persona que vive en la última decila de renta del país deje tal nivel son las más bajas de los países de la OECD de nivel comparable al de EE.UU. (ver George Irwin. Super Rich. The Rise of Inequalities in Great Britain and in the U.S. Polity Press.- 2007.

Nos encontramos pues, en una situación en que la mayoría de la ciudadanía está superendeudada, mientras que las grandes rentas están invirtiendo en actividades especulativas que originan las burbujas especulativas y las crisis financieras. (ver Navarro, V. De lo que no se habla en la crisis financiera. Sistema Digital, Octubre 2008). Esta polarización de las rentas es también responsable de la gran influencia del capital financiero en la vida política que alcanza su máxima expresión cuando Wall Street controla la agencia federal que debe regular la banca establecido por el gobierno Bush. De ahí que la crisis financiera moviliza todavía más a las clases populares votando por lo que perciben puede ser un cambio.

¿Habrá cambio con Obama?

Está claro que el voto por Obama y por el Partido Demócrata es un voto por cambio. Votó el 64% del electorado, con un 36% de abstención. Los tres grupos que votaron más masivamente por Obama fueron los afro americanos (el 93% de los votantes negros), los hispanos (66% de los votantes hispanos) y jóvenes (el 66% de los votantes jóvenes). Y dentro de la raza blanca, a menor renta, mayor apoyo a Obama, alcanzando un 44% entre los trabajadores blancos. Las mujeres han votado a Obama más que a McCain (aunque las blancas votaron más a McCain que a Obama).

Estos grupos, la clase trabajadora y sectores amplios de las clases medias han sido las fuerzas que han presionado más por el cambio. Y para desarrollarlo, Obama tendrá que ir más allá que su programa. En realidad su programa es muy moderado lo cual explica el apoyo de The Financial Times y The Economist que están preocupados por el desprestigio del gobierno federal de EE.UU. y de las elites gobernantes de aquel país. Ni que decir tiene que la elección de Obama, el primer afro americano elegido presidente, es de un enorme simbolismo que explica la gran celebración de su elección entre las personas progresistas del mundo. Es la culminación de la lucha de derechos civiles en aquel país. Como lo puso muy claramente Jay-Z, el famoso cantante negro, “Rose Park se sentó en un autobús a fin de que Martin Luther King pudiera andar. Martin Luther King anduvo y anduvo para que, un día, un Obama pudiera correr, y ahora Obama correrá para que podamos votar”. Es un gran día para EE.UU. y para toda la humanidad.

Pero desde el punto de vista de la reforma profunda que el país (y el mundo) necesita, las limitaciones de su programa son grandes, tipificadas por el conflicto entre las grandes influencias empresariales y financieras que le apoyaron y sus bases electorales más movilizadas que exigen un cambio. Y que esto ocurra depende de la movilización de estas bases. Después de todo, Franklin Roosevelt también fue un candidato moderado que presionado por las movilizaciones populares estableció el New Deal (que ni siquiera estaba en su programa cuando salió elegido por primera vez). Lo mismo podría ocurrir con Obama. Y hay indicios que podrían ser así. Un ejemplo ocurrió sólo hace unas semanas cuando Obama apoyó la propuesta Bush de ayudar a la banca comprándole las hipotecas basura, propuesta hecha por el Secretario del Tesoro que había sido dirigente del Banco Goldman Sacks. Tal proyecto definido por el Senador Sanders del Estado de Vermont (el único Senador perteneciente a la Internacional Socialista) como la “Instrumentalización más abusiva del estado federal por parte de la banca que ha ocurrido en EE.UU.” fue modificado por el Partido Demócrata pero de una manera muy insuficiente. La protesta de las bases del Partido Demócrata hizo que se fueran incorporando cambios. Pero el cambio más significante fue la protesta popular (liderada por los Sindicatos) que forzó que Obama y el Partido Demócrata añadieran otra propuesta, la de que el Gobierno Federal invirtiera 150.000 millones de dólares en infraestructuras y servicios públicos como manera de crear empleo, propuesta que no estaba en su propuesta inicial. Es más, los sindicatos exigieron que se incorporaran economistas keynesianos a los liberales que predominaban en su equipo económico, a lo cual Obama accedió. De no continuar tal presión popular, podría ocurrir lo que le ocurrió a Clinton en 1992, cuando tras ganar las elecciones con un programa socialdemócrata de tipo keynesiano (más progresista que el de Obama y que incluía el establecimiento de un programa universal de salud), dejó de desarrollarlo debido a la presión de Wall Street a través de su secretario del Tesoro, Robert Rubin (que hoy asesora a Obama). Una consecuencia fue que en 1994, en las elecciones al Congreso, el votante demócrata, enfadado con Clinton, dejó de votar, aumentando la abstención de las bases electorales del Partido Demócrata, con lo que el Partido Republicano, con el mismo número de votos que en las elecciones anteriores, en 1990, ganó y se inició la revolución de Gingrich, una de las épocas más reaccionarias en la historia de EE.UU. De ahí la enorme importancia de que para que la espléndida victoria de Obama inicie el cambio deseado por la mayoría de las clases populares, se requiera un cambio mayor que el propuesto por el candidato y ahora Presidente Obama. Y esto no ocurrirá a no ser que la movilización popular que hizo posible que Obama fuera Presidente ahora haga posible tal cambio. La historia la escribe no los grandes personajes, sino las clases populares cuando se movilizan.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra y Profesor de Ciencias Políticas de la The Johns Hopkins University

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