Reggio’s Weblog

La duración de la crisis económica, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía by reggio on 11 noviembre, 2008

La economía española ha entrado en recesión. Después de la crisis inmobiliaria y de la crisis financiera, ahora llega la tercera fase: la de la economía real. Probablemente estamos en el comienzo de un doloroso y largo periodo de estancamiento económico y de caída del empleo. Podemos seguir con los eufemismos y hablar, como hace el presidente del Gobierno, de “periodo de dificultades especiales”, pero siempre es mejor llamar a las cosas por su nombre. En todo caso, la cuestión que ahora se plantea mucha gente es cuánto durará la recesión y cuál será su intensidad.

Creo que fue el norteamericano Paul Samuelson, premio Nobel y maestro de economistas, quien recomendó que al hacer previsiones se dé una fecha o una cifra, pero nunca las dos cosas a la vez, porque entonces seguro que te equivocas. Sin embargo, la Comisión Europea se atrevió la semana pasada a hacer un pronóstico sobre la economía española dando una fecha y una cifra: seis trimestres de recesión y estancamiento, que incluyen dos trimestres de suave recesión y cuatro de estancamiento. La recuperación llegará en 2010, aunque ha tenido la precaución de decir que puede ir peor si no se hacen bien las cosas.

Esta crisis económica no es como una gripe, que bien tratada tarda una semana en curarse, y mal curada siete días. Se asemeja más a una neumonía, cuya intensidad y duración depende de los remedios que apliquen las autoridades.

Pero antes de entrar en los remedios, déjenme decir algo más sobre la situación económica.

Las ventas de bienes de consumo duradero -como los coches y electrodomésticos- han caído en picado, a niveles como no veíamos desde la recesión de los noventa. Lo mismo sucede con las ventas al por menor de los comercios y las tiendas. Si a estos datos unimos la evolución del índice de confianza que elabora el ICO, veremos que parece como si los consumidores españoles hubiesen tirado la toalla. Lo mismo ocurre con los indicadores de producción industrial y con los de confianza de las empresas, que están en niveles que los economistas asocian con una recesión. Vamos, todos los síntomas de que hemos entrado en un periodo desagradable, doloroso y posiblemente duradero.

¿Cuánto de doloroso? Quizá el mejor indicador de los aspectos más desagradables de una recesión sea el desempleo. Con ligeras variaciones, todos los organismos coinciden en que podemos llegar al 17%, una cifra muy elevada.

¿Cuánto durará? Si analizamos todas las recesiones que ha habido en el último siglo, la duración media ha sido de seis trimestres. Como he dicho, esa es la previsión que la Comisión Europea hace para la recesión española actual. Por otra parte, la recesión de 1992 y 1993, que fue muy dolorosa (hace unos días Quimet, el propietario de un conocido restaurante de la zona universitaria de Pedralbes, me decía que había sido la más dura que él había conocido), duró un año, desde el último trimestre de 1992 hasta el tercer trimestre de 1993. Pero si nos fijamos en la evolución del desempleo, vemos que las cosas fueron más desagradables: el empleo comenzó a caer en el segundo trimestre del año 1992 y siguió cayendo durante 12 trimestres, es decir, tres años.

¿Podría la recesión actual tener una intensidad y una duración similar a la de los noventa? Hay algunos elementos que la hacen similar, pero otros la diferencian sustancialmente. En primer lugar, ahora, con el euro como moneda única en manos del Banco Central Europeo, no tenemos margen para utilizar las devaluaciones de la peseta para acelerar el ajuste, como sí se hizo en los noventa. En segundo lugar, tanto en los noventa como en la desaceleración que siguió al derrumbe de la Bolsa de las puntocom de inicios de esta década, las autoridades pudieron utilizar la política financiera para animar a los consumidores a comprar y a las empresas a invertir.

Sin embargo, ahora la política monetaria no tiene mucho margen para servir de combustible al optimismo. La razón es que estamos en una situación que los economistas llaman “trampa de liquidez”: es tal el grado de desconfianza, que cuando las autoridades monetarias inyectan nueva liquidez en la economía, es decir, dinero fresco, los banqueros no lo utilizan para dar nuevos créditos a las empresas y las familias sino que se sientan encima de él, en previsión de que las cosas vayan a peor y lo tengan que utilizar para cubrir nuevas perdidas. De la misma manera, cuando el Gobierno da cheques o reduce los impuestos, las familias no utilizan ese dinero fresco para comprar nuevos bienes, sino que lo atesoran en previsión de que las cosas empeoren. En estas circunstancias, es previsible que no podamos esperar que la política monetaria sirva de combustible para salir rápidamente de la recesión.

¿Qué hacer entonces? El remedio en esta recesión está más en la política fiscal que en el dinero. Especialmente a través de programas de gasto público directo en infraestructuras, instrumentados tanto a nivel estatal como autonómico y local, así como a través de la ampliación de beneficios a los desempleados. Ayudar a los gobiernos locales es ahora una buena política. Algunos países, como Alemania, han comenzado ya a aplicar un programa fiscal de ese tipo. Otros, como Estados Unidos, es muy probable que lo pongan en marcha coincidiendo con el nuevo Gobierno.

Recuerdo que en los primeros ochenta, como joven economista que vivía mi primera gran crisis, le dije al profesor Estapé, mi maestro, que me parecía que la recesión estaba tocando fondo. “Es posible, me dijo, pero recuerda que siempre se puede escarbar”. Pienso que si tardamos en aplicar el estímulo fiscal, es posible que nos veamos forzados a escarbar más allá de lo que dicen las previsiones arriba comentadas.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

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Un liderazgo creíble, de Jean-Marie Colombani en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

“Obama soy yo”. Así es como la mayor parte de los responsables políticos han acogido en Francia la elección del cuadragésimo cuarto presidente estadounidense. Un poco como si cada uno de ellos quisiera apropiarse de una parte del extraordinario entusiasmo que ha despertado el senador de Illinois en Francia y el resto de Europa. Pero, evidentemente, es la izquierda la que más se da por aludida en toda Europa y, particularmente, en Francia, país en el que ésta no tiene empacho en considerarse única poseedora del certificado de buena conducta “de izquierdas” ni, en consecuencia, en dar lecciones a las demás, cuando más le valdría escuchar el consejo que recibe Leonardo DiCaprio de uno de los personajes de la película de Ridley Scott Red de mentiras: “¡Observa y aprende!”.

¿Qué retener, pues, que valga para todas las izquierdas; y para la francesa en particular? Primero, la participación, lo que Ségolène Royal llama “democracia participativa”, que quedó de manifiesto a lo largo de toda la campaña de Barack Obama y ha tenido como resultado un porcentaje récord de financiación a base de pequeñas contribuciones y una extraordinaria entrega por parte la militancia: casi uno de cada tres electores del candidato demócrata fueron contactados telefónicamente antes de la votación.

Después, la coalición: la victoria de Obama reúne a los dominados y a los instruidos. Todas las minorías, las mujeres, los jóvenes, a excepción de los blancos y los mayores de 50 años, le han votado mayoritariamente. Lo mismo que los diplomados universitarios. Para ganar siendo de izquierdas hay que ser capaz de unir a las clases medias, a las capas populares y a los intelectuales.

En Francia, durante las últimas elecciones presidenciales, el voto popular fue a parar a Nicolas Sarkozy. Y en Francia la izquierda cree poder ganarse a las capas populares coreando las divisas más demagógicas y populistas. Barack Obama es un intelectual con divisas a menudo matizadas, que duda y no vacila en reconocerlo, y que valora las trayectorias meritocráticas.

Su doctrina también debería inspirar a la izquierda, ya que toda ella está orientada hacia la restauración de una política favorable a las clases medias. En esto, Estados Unidos representa una excepción, pues en ninguna otra parte las políticas conservadoras han llevado tan lejos las concesiones a ese 1% más rico de la población, a costa de todo lo que constituyera el aporte del New Deal. En nuestros países, las estructuras del Estado del bienestar, aunque debilitadas, se mantienen en pie; en Estados Unidos, el nuevo Gobierno tiene por delante una enorme tarea de reconstrucción. Pero el eje de esta política será sin duda el retorno al primer plano de la lucha contra las desigualdades con unos mecanismos de redistribución desprestigiados durante los últimos veinte años. Un duro ejercicio para la izquierda, que había perdido la costumbre de creer en ello.

Finalmente, el método también debería hacer reflexionar a ciertas izquierdas: Obama reniega del sectarismo de su predecesor y preconiza, en plena crisis financiera y económica, un enfoque bipartidista. Evidentemente, el ejemplo alemán y el nacimiento de La Izquierda frente al SPD no van por ahí. Sin embargo, una izquierda que está en la oposición debería tener el valor de secundar unas medidas que, si fuera honesta, no podría desaprobar, como la intervención masiva del Estado para salvar al sistema financiero.

Pero, más allá de todos estos aspectos, lo que podría volver a situar a la izquierda europea en el centro del mapa político es evidentemente el vuelco intelectual e ideológico que representa, con ayuda de la crisis, la elección de Barack Obama y el retorno al primer plano de unos valores explícitamente combatidos por las derechas radicales inspiradas en el Partido Republicano: los derechos colectivos como equilibrio de la búsqueda del éxito individual, el Estado como “solución” y no como “problema”, y el refuerzo de la solidaridad. A condición, claro está, de que este retorno de los valores de la izquierda se encarne en un liderazgo creíble…

Jean-Marie Colombani, periodista francés, fue director de Le Monde. Traducción de José Luis Sánchez-Silva.

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El clima para el cambio, de Al Gore en El Mundo

Posted in Ecología, Medio ambiente by reggio on 11 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

La estimulante y novedosa opción que ha tomado el pueblo estadounidense al elegir a Barack Obama como nuestro 44º presidente sienta las bases de otra decisión trascendental que él, y todos nosotros, hemos de tomar el próximo mes de enero: la de iniciar un rescate de emergencia de la Humanidad ante la amenaza inminente y galopante que plantea la crisis climática. La revolucionaria idea de la Declaración de Independencia americana de que todos los seres humanos nacen iguales, es hoy el marco en el que se produce la renovación del liderazgo estadounidense en un mundo que necesita, desesperadamente, proteger su legado esencial: la integridad y habitabilidad del planeta.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -autoridad mundial sobre la crisis del clima tras 20 años de estudio detallado y cuatro informes unánimes- asegura que las pruebas son «inequívocas». Así que pido, por favor, que salgan de su letargo quienes todavía sienten la tentación de desestimar las alarmas cada vez más urgentes que nos llegan de los científicos de todo el mundo, ignorando la fusión del casquete polar ártico y el resto de advertencias apocalípticas que nos lanza el propio planeta, y quienes esbozan una expresión de hastío ante la simple mención de esta amenaza existencial para el futuro de la especie humana. Nuestros hijos y nietos necesitan que todos reconozcamos la realidad, antes de que sea demasiado tarde.

Ahora llegan las buenas noticias: los audaces pasos que se han de tomar para solucionar la crisis climática son exactamente los mismos que deberían darse para solucionar la crisis económica y la crisis del abastecimiento de energía. Economistas de todo el espectro ideológico (entre ellos, Martin Feldstein y Lawrence Summers) están de acuerdo en que una inversión cuantiosa en infraestructuras que requieran mucha mano de obra es la mejor manera de revitalizar la economía estadounidense de un modo rápido y sostenible. Y muchos de ellos coinciden también en que ésta perderá posiciones si se siguen gastando cientos de miles de millones de dólares al año en importar petróleo del extranjero. Además, los expertos en seguridad nacional tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano coinciden en que si el mundo pierde de repente el acceso al petróleo de Oriente Próximo EEUU se verá ante una peligrosa vulnerabilidad estratégica. Como dijo Abraham Lincoln en la hora más oscura de EEUU, «ante la ocasión se amontonan las dificultades, y nosotros debemos alzarnos con ella. Dado que nuestra situación es completamente nueva, tenemos que pensar desde cero, y actuar desde cero». En nuestra situación actual, pensar desde cero exige que descartemos una definición obsoleta y fatalmente fallida del problema al que nos enfrentamos.

La semana pasada se cumplieron 35 años desde que el presidente Richard Nixon creó el Proyecto Independencia, que marcó como objetivo nacional que, en un plazo de siete años, Estados Unidos desarrollaría «el potencial para cubrir las necesidades energéticas sin depender de ninguna fuente extranjera». Aquella declaración se produjo tres semanas después de que el embargo del petróleo árabe hiciera subir el precio del crudo por las nubes y despertara la conciencia de los estadounidenses ante los peligros de la dependencia del petróleo extranjero. Y, no por casualidad, aquello sucedió sólo tres años después de que la producción petrolífera de EEUU tocara su techo.

En aquel momento, Estados Unidos importaba menos de la tercera parte del petróleo que consumía. Pero hoy -después de que los seis presidentes que han sucedido a Nixon anunciaran un plan en términos similares a los del Proyecto Independencia-, la realidad es que la dependencia energética estadounidense se ha duplicado hasta casi los dos tercios. Y mucha gente tiene la impresión de que la producción mundial de petróleo está en su máximo o muy cercana a él.

Hay quien sigue viéndolo como un problema de producción doméstica. Sólo con que incrementáramos la producción de petróleo y carbón dentro de las fronteras de EEUU, aseguran, el país ya no tendría que depender de las importaciones desde Oriente Próximo. Y con ese objetivo, hay quien ha ideado nuevas técnicas, más sucias y caras aún, para extraer los viejos combustibles de siempre: carbones líquidos, pizarra de petróleo, arenas de alquitrán y tecnología de carbón limpio.

Sin embargo, en todos los casos, los recursos en cuestión son demasiado caros o contaminantes o, por lo que se refiere al carbón limpio, demasiado quiméricos como para que marquen alguna diferencia en la protección de nuestra seguridad nacional o del clima mundial. De hecho, quienes gastan cientos de millones en promocionar la tecnología del carbón limpio omiten sistemáticamente el hecho de que en Estados Unidos hay poca inversión, y ni un solo proyecto probatorio a gran escala, sobre la captura e inhumación segura de toda esta polución. Si la industria del carbón logra cumplir su promesa, entonces la apoyo por completo. Pero, mientras llega ese día, sencillamente no podemos seguir basando la estrategia para asegurar la supervivencia del hombre en una ilusión cínica e interesada.

He aquí lo que podemos hacer ahora. Podemos realizar una gran e inmediata inversión estratégica que ponga a la gente a trabajar en la sustitución de las tecnologías decimonónicas, que dependen de combustibles caros y peligrosos basados en el carbón, por otras más propias del siglo XXI, que empleen la energía del sol, el viento y el calor natural de la tierra.

Quiero esbozar, a continuación, un plan para dar un impulso a EEUU, y que le permitiría producir el 100% de la electricidad a partir de fuentes no carbónicas en los próximos 10 años. Es un plan que nos acercaría, de manera simultánea, a soluciones para la crisis climática y la crisis económica, y que crearía millones de nuevos empleos.

En primer lugar, el nuevo presidente y el nuevo Congreso deberían ofrecer a gran escala incentivos a la inversión para construir plantas termosolares concentradas en los desiertos del suroeste, granjas eólicas en el corredor que se extiende desde Texas a las Dakotas, y plantas avanzadas en los puntos geotérmicos que puedan producir grandes cantidades de electricidad.

En segundo lugar, EEUU tendría que planificar y construir una red nacional inteligente y unificada para transportar la electricidad procedente de energías renovables desde los focos rurales, donde mayoritariamente se producirá, a las ciudades donde mayoritariamente se consumirá. Pueden diseñarse nuevas líneas subterráneas de alto voltaje y escasas pérdidas, equipadas con recursos inteligentes que proporcionen a los consumidores información sofisticada y herramientas de fácil uso para conservar la electricidad, eliminar las ineficiencias y reducir sus facturas energéticas. El coste de esta red moderna (400.000 millones en 10 años) palidece si se le compara con la pérdida anual de 120.000 millones que sufren las empresas estadounidenses debido a los fallos en cascada, endémicos en nuestras actuales líneas eléctricas, anticuadas y disgregadas.

En tercer lugar, deberíamos ayudar a la industria automovilística (no sólo a los Tres Grandes del sector, sino también a las nuevas empresas innovadoras) a reconvertirse en fabricantes de coches híbridos que funcionen con la electricidad renovable que estará disponible en cuanto el resto del plan madure. En combinación con la red unificada, un parque automovilístico nacional de vehículos híbridos ayudaría a solucionar el problema del almacenaje de electricidad. Pensemos en ello por un momento: con esta clase de red, los coches podrían cargarse fuera de las horas punta de consumo de energía; durante las horas punta de consumo, cuando hay menos coches en la carretera, podrían devolver su contribución de electricidad a la red nacional

En cuarto lugar, habría que embarcarse en un esfuerzo nacional para equipar a los edificios con un mejor aislamiento, iluminación y ventanas energéticamente eficientes. Aproximadamente el 40% de las emisiones de dióxido de carbono que se generan en Estados Unidos procede de los edificios, y detener esta polución significaría también ahorrar dinero a los propietarios y empresarios. Esta iniciativa tendría que acompañarse de una proposición en el Congreso que ayudara a los estadounidenses agobiados por hipotecas superiores al valor de sus hogares.

Por último, EEUU debería liderar el proceso, poniendo un precio al carbón dentro de sus fronteras y dirigiendo al mundo hacia la sustitución, el año que viene en Copenhague, del tratado de Kioto por uno más eficaz que fije un límite a las emisiones mundiales de dióxido de carbono y anime a los países a invertir en formas eficientes para reducir los gases de efecto invernadero.

Por supuesto, la mejor manera -en realidad, la única- de garantizar un acuerdo mundial que salvaguarde nuestro futuro es que Estados Unidos vuelva a ser el país con la autoridad política y moral necesaria para liderar al mundo hacia una solución. Mirando adelante, tengo grandes esperanzas de que no nos faltará el coraje de acometer los cambios necesarios para salvar nuestra economía, nuestro planeta, y, en última instancia, a nosotros mismos.

En una era de transformación anterior en la historia de EEUU, el presidente John F. Kennedy retó a nuestro país a llevar a un hombre a la luna en el plazo de 10 años. Ocho años y dos meses después, Neil Armstrong puso el pie en la superficie lunar. La edad media que tenían los ingenieros de sistemas que aquel día celebraron el acontecimiento desde la sala de control de Houston era de 26 años, lo que significa que tenían 18 cuando Kennedy anunció su desafío.

De un modo similar, este año ha presenciado la aparición de unos jóvenes estadounidenses cuyo entusiasmo ha galvanizado la campaña de Barack Obama. Hay pocas dudas de que este mismo grupo de jóvenes enérgicos desempeñará un papel esencial en este proyecto, que garantizará el futuro de EEUU como nación y, una vez más, convertirá lo que parecía un objetivo imposible en un éxito que servirá de inspiración a otros.

Al Gore fue vicepresidente de EEUU entre 1993 y 2001. Es fundador de la Alianza para la Protección del Clima y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y Premio Nobel de la Paz, por su contribución a la lucha contra el cambio climático.

© Mundinteractivos, S.A.

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La guerra tabú, de David Gistau en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

En las películas de género negro, los malevos suben el volumen de la música para que el vecino no oiga los gritos y los disparos. Algo parecido está haciendo el Gobierno con las tropas españolas desplazadas a Afganistán. Sube el volumen de la propaganda que tañe melodías pacifistas, himnos de un credo ong como acompañados por una guitarra en una parroquia, para que la opinión pública no escuche el ruido de una guerra en la que estamos metidos. Así sea con la puntita nada más, con una contención y un velo de clandestinidad que ningunea el sacrificio de los militares e incluso enturbia su prestigio. La falacia sólo la desmiente, de vez en cuando, la terrible noticia de los soldados asesinados. Como ahora.

Zetapé es cautivo del repliegue electoralista, del ¡No a la guerra! en la solapa, de las tardes echadas detrás de una pancarta, de la ocurrencia de la Alianza de Civilizaciones, de aquella declaración de Túnez en la que invitó a la deserción general. Está maniatado por el denuesto de Azores, aquel precio que Aznar estuvo dispuesto a pagar para ubicar a España en la jerarquía global y contra el cual el actual presidente reaccionó con una equidistancia flower-power convertida en principio vertebral de su mandato. Es por ello que a Zetapé le cuesta resolver la contradicción del Irak no pero Afganistán sí. Es cierto que el escenario de Irak tiene menos brillo moral, pues lo forzó Bush por pulsiones indignas entre las cuales no hay que descartar la demencia y la codicia. Pero, a estas alturas, en ambos territorios se trata exactamente de lo mismo: estabilizar un limes a la romana, una primera línea de defensa contra el terrorismo islámico. Y como Zetapé no puede superar la contradicción, se ampara, como en tantas otras ocasiones, en la mentira: somos repartidores de magdalenas para un pueblo que nos ama y recibe con confeti. Y entonces, ¿por qué los muertos? ¿Por qué el asesinato de esos soldados que a buen seguro no comparten la idea aerofágica de Bono de que en la milicia es preferible morir a matar?

El Gobierno debería atreverse a dejar de mentir respecto de Afganistán. En parte, porque no debe temer amotinamiento alguno de los pancarteros: es una casta esclava del poder que se la envainaría, sumisa, aunque Zetapé cabalgara un misil Tomahawk igual que el cowboy de Dr. Strangelove. Y también porque, delatada la intrascendencia española por el asunto de la cumbre de Washington, habrá aprendido que la jerarquía global depende de un intercambio de favores por deberes, de la implicación en los frentes mundiales, con Obama como con Bush. Salgan del armario y digan conmigo: aunque no exista una foto tan explícita como la de Azores, en Afganistán estamos librando una guerra junto a los demonios imperialistas. Y nos cuesta vidas que merecen el homenaje de la sinceridad, y no la mentira que mercadea hasta con las condecoraciones.

© Mundinteractivos, S.A.

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´Thanks, America´, de Miquel Roca i Junyent en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

No sólo ha ganado Obama; sobre todo, quien ha ganado ha sido la democracia. Cuando Mc-Cain felicita al ganador, le reconoce como su presidente y acalla los abucheos que algunos pretendían dedicarle, gana la democracia. Cuando el ganador felicita a McCain y le agradece los servicios prestados al país, gana la democracia. Cuando Obama atribuye la victoria a todos y se compromete a ser el presidente de todos, y se enorgullece de haber demostrado con todos los que han acudido a las urnas que un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es posible en la Tierra, quien ha ganado es la democracia.

El antiamericanismo barato y frívolo de muchos europeos ha tenido que aceptar que el inicio del cambio ha venido de América. La criticada, ridiculizada, estigmatizada América, ha escrito las primeras palabras de esperanza en un mundo en crisis. Lo que no podía ser, ha sido y se ha producido en América. En una explosión de libertad, de orgullo y de confianza, se ha proyectado al mundo entero la imagen de un nuevo liderazgo, construido desde las raíces profundas de la democracia americana. Obama es, ciertamente, el protagonista; pero América lo ha hecho posible.

La verdadera genialidad de EE. UU. es que puede cambiar. Y lo que se ha logrado da esperanza, afirma Obama, para lo que puede y debe lograrse a partir de ahora. El cambio no es cambiar la Constitución, ni cambiar las bases de la democracia, ni profundizar en la división, ni mirar la historia con ira o con rencor. Obama traslada la carga del cambio a la voluntad, coraje y espíritu de los propios ciudadanos.

Con respeto de las instituciones, de las ideas, de las minorías; apelando al orgullo, a la convicción. Asentado en la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme. Y este mensaje no vale sólo para América. Falta por ver qué pasará a partir de ahora. Cómo será el gobierno de Obama, cómo afrontará las manifestaciones de la crisis, cómo no frustrar tantas expectativas. Pero lo importante ya se ha logrado; ya hay una voz en el mundo que reclama para la voluntad la responsabilidad del cambio. Con libertad, con democracia, con unión, con la grandeza de los valores, con confianza. Ha ganado Obama, pero, sobre todo, ha ganado la democracia. Thanks, America.

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La silla y la voz, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

Bueno, España ya tiene su silla para la cumbre de Washington del próximo sábado. Para conseguirla, no puede decirse que Zapatero se haya limitado a la diplomacia discreta de altos vuelos sino que ha recurrido a todos los métodos posibles, a plena luz del día y a bombo y platillo, desde ofrecerse como representante de toda Latinoamérica hasta postularse como portavoz oficioso de la Internacional Socialista. Sólo le ha faltado intentar estar ahí en nombre de las focas del Polo Sur. Las ocurrencias de la Moncloa para no quedar fuera de la fiesta donde se pretende “refundar el capitalismo” (sic) me han recordado – perdonen el símil- las artimañas que algunos idean para que las selecciones deportivas catalanas puedan competir en serio por estos mundos de Dios, siempre al albur del veto de Madrid.

Como estoy muy acostumbrado a ver que los consellers de la Generalitat se las componen para existir internacionalmente sin contar con el apoyo de cientos de embajadas, las grotescas piruetas zapateriles para lograr sentarse a la mesa de los grandes me parece algo bastante normal, aunque teñido de un histerismo poco recomendable. El equipo del presidente debería haber pedido consejo, por ejemplo, a Jordi Pujol, que durante 23 años practicó una diplomacia tan fina y efectiva que le permitió aparecer como auténtico hombre de Estado siendo, en realidad, lo que en Europa llaman “un dirigente regional”. Lluís Prenafeta, que de esto sabe un rato, podría haber sugerido algún atajo a Moratinos, ese ministro sin norte que, finalmente, salvará la cara gracias a las geometrías francesas.

En una sillita regalada por Sarkozy (tan odiado aquí por el progresismo oficial) pero bajo la enseña rojigualda (los símbolos preocupan tanto a los nacionalistas del PSOE como a los periféricos), Zapatero se hará la foto que busca, que de eso se trata. ¿Importa lo que vaya a decir? Al mundo, no mucho, seamos sinceros. Para consumo doméstico, un montón, pues se trata de rearmar y relanzar el talante en tiempos de dificultades. Y es que el club de fans habitual afirma, incluso, que Obama ha entrado en la onda de Zapatero, arrea. Pero no nos perdamos: una cosa es que a Zapatero le dejen estar y otra muy distinta es que, en la cumbre de marras, pueda y tenga que escucharse “la voz de España”. El sentido común señala que el único camino factible para Zapatero es apuntarse a la partitura europea que Francia, Reino Unido, Alemania e Italia sean capaces de componer. Hacer cábalas con otras posibilidades de mayor protagonismo es haber perdido el sentido de la realidad.

Aznar, cuando se metió en la célebre foto de las Azores, ya había decidido escribir su propia y desbocada fábula. Zapatero, andando en otra dirección, incurre en un error equivalente en el momento en que trata de forzar las cosas para darse un baño de gloria en Washington. Se ve que ni uno ni otro conocen el sabio consejo del president Tarradellas: en política vale todo, menos hacer el ridículo.

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Santander, ¿el valor de las ideas? de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 11 noviembre, 2008

Nadie le puede negar a la entidad presidida por Emilio Botín su capacidad para llenar páginas de los diarios un día sí y otro también. Desde luego, para quien esto escribe es un chollo, no les voy a engañar. Así, desayuno el lunes con el diamante de la masiva ampliación de capital anunciada por el banco, a un descuento sustancial sobre el nivel actual de cotización y con un objetivo declarado tan poco appealing como reforzar-aunque-no-se-necesita los ratios de solvencia de la firma. Un movimiento que admite cuantas interpretaciones quieran ustedes darle. Desde la más maliciosa “teoría del cerdo al que le llega su San Martin”, -festividad que se celebra, precisamente, tal día como hoy-, o dime de qué presumes y te diré de qué careces, hasta la más entusiástica “lo ha vuelto a hacer” que se centra en la capacidad del banquero de saga familiar para llevar la iniciativa y fijar las reglas del juego a sus rivales.

Sinceramente, creo que de todo un poco hay. En mi modesta opinión se trata de un movimiento preventivo, que trata de mejorar el acceso a la financiación ajena a la vez que, por una parte, busca proteger su capital ante un deterioro adicional de la masa de activos y, por otra, establece los niveles a los cuales este tipo de operaciones han de diseñarse en el futuro por sus competidores. Con una evidencia palmaria: sonora patada al Presidente Zapatero, ese con quien el otro presidente comparte desayunos en tirantes y escenas de sofá a la vista de todos, en el culo del Plan de Rescate de un gobierno que hasta el fin de semana filtraba a la prensa la asistencia en bloque de la banca. En fin.

Parto de que compro el argumento principal esgrimido por el Santander: la masiva intervención pública en sus principales competidores alrededor del globo, no sólo ha permitido a muchas entidades evitar el sufrir una muerte segura, consecuencia de su excesiva asunción de riesgos, sino que, incluso, les ha ayudado a salir reforzadas al contar con el aval estatal a la hora de acudir al mercado, fuera ya del coma en que se encontraban. De este modo, se ha establecido un plano asimétrico de competencia por los recursos, tanto propios como ajenos, en el que paradójicamente el escalón inferior lo ocupan aquellas firmas que han hecho bien sus deberes. La única manera de salvar esa distancia es establecer los mecanismos necesarios para que la comparativa pueda ser lo más homogénea posible lo que implica reforzar los niveles de solvencia.

Cuando no hay mercado ni para los activos bancarios, ni para las participaciones industriales a los precios que se reclaman, ni para las factorías de producción, esto sólo se puede lograr mediante retención de beneficios o acudiendo al dinero de inversores propios o ajenos, cosa que finalmente han hecho. De este modo se anticipa, además, al posible aumento de las necesidades de capital derivada de la reunión de un G-20 que promete traer consigo una nueva ola de intervencionismo. Las bondades de la operación como modo, a través de la estructura establecida, de hacer partícipes a los accionistas del recorrido de la acción están bien como mensaje publicitario pero creo que se alejan de su verdadera finalidad: garantizar su éxito y evitar niveles de aseguramiento extremos en manos de terceros tal y como ha ocurrido, sin ir más lejos, en el propio Reino Unido. Una opinión más, claro está.

Aunque el Santander ha resaltado por activa y por pasiva que esta transacción es completamente ajena a un aumento sustancial del riesgo de impago, o deterioro de valor, de los activos de su balance, resulta una obviedad que, pese a su elevada diversificación geográfica y de negocio, la entidad se enfrenta a unos riesgos potenciales elevados, resultado de su reciente ambición expansionista. No sólo ha reforzado su presencia en dos de los mercados cuya ralentización inmobiliaria está siendo más severa, como Reino Unido y los Estados Unidos, sino que ha asumido como apuesta estratégica la financiación al consumo en un momento en el que la incertidumbre económica afecta al empleo, a la renta disponible y a la capacidad de repago de muchos ciudadanos en casi todos los mercados. No sólo eso, Brasil está viviendo en sus carnes la masiva salida de capital foráneo y la caída en los mercados de materias primas y, aunque el Santander cubre normalmente el riesgo divisa, queda indudablemente un potencial riesgo operativo. Además, surgen dudas acerca de la viabilidad de algunas empresas para las que ha liderado ambiciosos programas de financiación, como Sacyr o la propia Acciona. Eso por no hablar de la cartera residencial que está acumulando en España, tacita a tacita, trimestre a trimestre. Es verdad, puede que se trate de un movimiento proactivo que persigue no encarecer sus costes en el entorno internacional, de acuerdo, pero tengan por seguro, que aquí no se da puntada sin hilo, que también responde al deseo de mirar al futuro con un poquito más de colchón por lo que pueda pasar.

Desde un punto de vista estrictamente financiero, la bondad de la operación radica en dos elementos fundamentales: la seguridad en que la entidad será capaz de mantener su beneficio y, por ende, en que podrá seguir dando un pay-out de alrededor del 50% del mismo. De ser así, el atractivo de la ampliación es innegable tanto por lo que respecta a la valoración fundamental de la misma cuanto por lo que hace referencia a la rentabilidad por dividendo ofrecida, que se sitúa por encima del 15% para los actuales socios y cercana al 9% para los nuevos partícipes en la sociedad. Es verdad que habrá una dilución del beneficio por acción pero sólo para aquellos que no acudan a la transacción. De ahí que este concepto ni se mencionara en la presentación, dada la seguridad de sus directivos de que la colocación va a ser pan comido. A partir de ahí, y teniendo en cuenta que el objetivo de Core Tier 1 está en el 7%, que la operación lo sitúa más cerca del 7,5%, y que la compra de los minoritarios de Banesto se podría hacer con apenas 650 millones de euros, lo mismo nos encontramos con que es momento de que la filial se integre en la matriz no ya tanto como moneda de cambio, idea del pasado, sino como manera de integrar sucursales y obtener, en un periodo de estabilización de los ingresos, mejoras en los costes que permitan mantener e incluso ampliar el ROE o retorno sobre la recién ampliada base de capital. ¿Qué tal les suena?

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Rusos y europeos contra la burocracia, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

Un perspicaz comentarista ruso escribía hace poco: “Hay muchas cosas que Occidente no entiende sobre Rusia. Sobre todo, no quiere comprender que un país que no ha conocido la democracia en toda su larga historia no puede decir, tras 15 ó 20 años, ¡vale, ya somos una democracia! Esto es algo que requiere varias generaciones. Todavía estamos gobernados por personas que crecieron durante la época soviética”. Y expresaba un ruego: “Dadnos una oportunidad. Dejad que los rusos evolucionen y no les sometáis a demasiada presión, para que no ocurra lo peor: que vuelvan los superpatriotas diciendo `¿Veis? Ya os lo advertíamos, no hay que fiarse de Occidente´”.

Lo cierto es que, vistas las cosas desde Moscú, Occidente ha seguido sometiendo a Rusia a una constante presión, a impulsos de la política de Bush, apoyada por la Unión Europea. La ampliación de la OTAN hasta las fronteras rusas; el despliegue en Europa de elementos del sistema estadounidense contra misiles; el apoyo, si bien fallido y en último término vergonzoso, a la errática política del presidente georgiano, para crear un conflicto en una zona crítica para Rusia. Todo ello coincide con una vieja obsesión histórica rusa: su temor al cerco hostil europeo.

En este sentido fueron las palabras del presidente Medvedev el pasado miércoles, en una larga conferencia ante un auditorio formado por miembros de la Duma y el Consejo de la Federación, altos cargos del gobierno, medios de comunicación y dirigentes religiosos. En ella, dejó caer el dato de que, forzado por la política de Washington y para proteger al país, se veía obligado a desplegar misiles de corto alcance en Kaliningrado, el enclave ruso situado entre Lituania y Polonia, a menos que EEUU no desistiera de sus planes para instalar en Polonia y Chequia ciertos elementos de su escudo antimisiles. En ese discurso, justo después de las elecciones presidenciales en EEUU, abundaron también las señales dirigidas al presidente electo, Barack Obama, para buscar nuevas vías de entendimiento, obstruidas -según Medvedev- tras los dos mandatos de Bush.

Unos días antes se había celebrado un encuentro en memoria de Andréi Sajarov, exaltando su recuerdo como académico, defensor de los derechos humanos y activo luchador por la paz. Es interesante leer lo que en él dijo un antiguo embajador de EEUU ante la URSS: “Nuestro próximo presidente deberá, lo antes posible, reunirse con el presidente Medvedev -y no hay razón que impida la presencia del primer ministro Putin en esa reunión- y discutir a fondo qué es lo que ambos países necesitan hacer en beneficio de todos los demás; se trataría de continuar el proceso iniciado por Reagan y Gorbachov”.

La intervención del diplomático estadounidense tuvo otros aspectos de interés. Recordó que James Baker, entonces Secretario de Estado de EEUU, había prometido a Gorbachov que la OTAN no se extendería hacia el Este, a cambio del apoyo ruso a la reunificación alemana. El grado de confianza entre la URSS y EEUU era entonces tal que resultaba inimaginable que la OTAN, el instrumento principal de la Guerra Fría, llegase a resucitar un día y se convirtiese en el principal escollo en las relaciones entre Occidente y Rusia.

Es casi imposible, desde entonces, encontrar ninguna actividad de Rusia que justifique una ampliación de la OTAN, incorporando a ésta a los antiguos aliados de la URSS. Bastantes indicios hacen sospechar que, en las elecciones presidenciales de 1992, Clinton prometió a Polonia su afiliación a la OTAN para asegurarse los votos de los numerosos inmigrantes polacos en EEUU; y que la Secretaria de Estado, Madeleine Albright, estaba empeñada en asegurar a su patria natal, la República Checa, análoga opción. En ambos casos predominaron los intereses locales a corto plazo, aunque hubieran de acarrear nuevos problemas internacionales para el futuro.

En el diario The Moscow Times escribía el pasado miércoles el conocido analista político Alexei Pankin: “Nada une más a dos pueblos que tener un enemigo común. Medvedev y Obama lo tienen ya: la burocracia. Es decir, la corrupta burocracia rusa y la burocracia de la OTAN, que se empeña en ampliarla contra todo sentido común”.

Con frecuencia, olvidar las reglas elementales que afectan a los fenómenos políticos y sociales dificulta la resolución de los problemas. Así, al abordar la actual crisis financiera echando mano de complejas teorías económicas y de refinadas técnicas que casi siempre resultan fallidas, no debería olvidarse lo que el filósofo y economista David Hume escribió a mediados del siglo XVIII: “La avaricia o el deseo de ganar es una pasión universal que opera en todas las épocas, en todos los lugares y en todas las personas”. Del mismo modo, y por análogo razonamiento, tampoco debería ignorarse la regla esencial aplicable a todas las burocracias, que dice que éstas tienden a perpetuarse y expandirse aunque el motivo que las hizo nacer y crecer haya desaparecido y aunque para ello necesiten inventarse nuevas funciones que nada tengan que ver con lo que sería razonable o deseable. Es exactamente lo que le sucede hoy a la OTAN.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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La obamamanía, vista desde Europa, de Jean Bricmont en SinPermiso

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

Dos son los factores que hay que tomar en cuenta para juzgar unas elecciones: lo que los votantes expresan con su voto y lo que el candidato elegido estará en condiciones de hacer. En el caso de las elecciones presidenciales estadounidenses, habría resultado muy deprimente que la población norteamericana eligiera a McCain tras ocho años de Bush. En realidad, es hasta cierto punto sorprendente que el candidato republicano aún lograra un 48% del sufragio popular y que le fuera tan bien en estados como Luisiana (¿se acuerdan de Katrina?).

En este sentido, la izquierda debería alegrarse de la victoria de Obama, no tanto porque sea un “afroamericano”, como porque la gente que le votó probablemente expresaba un deseo de cambio, y en general, de cambio progresista: menos guerra, una política económica más equilibrada y una actitud menos hostil hacia el medio ambiente.

Cuestión harto distinta es qué hará el candidato. Eso depende de lo que quiera hacer y de lo que pueda hacer. Un presidente norteamericano tiene un montón de poder, pero no es un dictador, y hasta un dictador tendría que tener en cuenta las relaciones de fuerza. Lo que Obama quiera hacer no está totalmente claro, pero lo cierto es que no se opondrá a los poderes existentes (Wall Street, las grandes corporaciones empresariales, el lobby proisraelí, etc.) que le permitieron ganar. O al menos, no manifestó tal deseo en campaña.

Es obvio que Obama tendrá que tomar en cuenta la presión desde abajo. Pero aquí es donde surge el problema capital: ¿qué presión? Si algunos norteamericanos están ya irritados con la obamamanía en los EEUU, más lo estarían si atendieran a lo que pasa en otras partes del mundo, especialmente en Europa. Nada me resulta a mí tan deprimente como ver a la juventud de los suburbios franceses “movilizarse” por Obama en compañía de toda la socialdemocracia, del negocio del espectáculo y de los sionistas (ilustrados). Hasta he oído a algunos de esos jóvenes decir que enviarían un chaleco antibalas a Obama porque están convencidos de que Norteamérica nunca tolerará a un presidente afroamericano, como si alguien apoyado por Warren Buffett y, en realidad, por el grueso del establishment constituyera para los EEUU una amenaza, ella misma precisada de ayuda.

En otras palabras: el problema de Obama es su extrema popularidad en Europa, fundada tanto en el color de su piel como en su “imagen”. Puesto que la gente no acaba de entender hasta qué punto han cambiado realmente las relaciones raciales en EEUU, ven la elección de Obama como una suerte de milagro absoluto. Y puesto que los medios de comunicación lo presentan como una vigorosa alternativa a Bush –pasando prácticamente por alto sus planes para enviar más tropas a Afganistán—, creen que es mucho más progresista de lo que en realidad es.

Ni que decir tiene que, dado el desastroso estado de la izquierda en todo el mundo, la gente desea desesperadamente creer que algo positivo ocurre en algún sitio, lo que no hace sino reforzar las ilusiones con Obama.

Por lo demás, resulta bastante difícil encontrar en Europa una derecha que sea anti-Obama. Lo cierto es que la derecha y el grueso de la socialdemocracia convencional aman a Obama porque les da la oportunidad de ser otra vez abiertamente pro-norteamericanos. Puesto que los EEUU son menos igualitarios (en el sentido económico) que Europa, y tienen un salario social menor, sindicatos más débiles y menores derechos laborales, las elites europeas ven a los EEUU como una especie de paraíso capitalista. El problema con Bush es que es tan brutal, arrogante, ineficiente y estúpido, que se les hizo cada más difícil expresar abiertamente su admiración por los EEUU. Sin embargo, todo cambia ahora: desplazando el foco de atención a la “raza”, pueden cambiar su posición en el tablero y presentar a los EEUU como el país progresista de Occidente. El diario francés, exponente donde los haya de una “nueva izquierda” hiperbólicamente pronorteamericana, ya ha sugerido que la elección de Obama es una lección de democracia para Francia. Curiosamente, invocan como prueba las largas colas formadas ante los colegios electorales; si las hubieran observado en cualquier país no occidental, de lo que hablarían es de ineficacia, o peor aún, de las torvas intenciones gubernamentales de disuadir a la gente de su intención de emitir el sufragio.

Un último problema que presentará Obama a sus posibles críticos es que les convertirá automáticamente en sospechosos de racismo. Ya el ser “antinorteamericano” es identificado por los sionistas con ser antisemita, de modo que con el presidente afroamericano podemos temernos lo peor de los dos mundos.

La cuestión, pues, es la siguiente: ¿hasta qué punto será capaz Obama de componérselas, si y cuando su política exterior choque con las expectativas de sus admiradores europeos de izquierda? Las ilusiones son tan intensas, que es obviamente muy difícil combatirlas antes que Obama haya tomado alguna decisión. Lo único que cabe esperar es que la gente lo juzgue, no por lo que haya dicho –porque la verdad es que el hombre no ha prometido nada de nada—, sino conforme a lo que ellos creen que ha dicho, y que reaccionen con furia cuando Obama traicione sus (infundadas) esperanzas. Sólo eso puede llegar a ser un estorbo para los EEUU en su escalada de guerra en Iraq, Afganistán o cualquier otro sitio.

Pero el problema más profundo es que, sesenta años después del fin de la II Guerra Mundial, los europeos siguen todavía viéndose a sí mismos, de una u otra forma, como dependientes de los EEUU. En lo que hace a sus elites, las razones son claras y comprensibles, pero lo cierto es que los demás, incluida una gran parte de la izquierda, seguimos poniendo demasiadas esperanzas en la expectativa de que la población norteamericana elija a un “buen príncipe”, como acaba de hacer ahora con Obama. Lo que deberíamos hacer, en cambio, es determinar nuestra propia política exterior y nuestro modelo social con independencia de las opciones preferidas de los norteamericanos, y no deberíamos temer el diálogo con otros países, como Rusia, China o Irán, piense lo que quiera el Tío Sam de tal diálogo. Los europeos tienden a ver a los EEUU como un modelo de democracia, pero no puede haber nada menos democrático para nosotros mismos que determinar nuestras políticas en dependencia de unas elecciones en las que no participamos.

La población norteamericana elige a su presidente, no al Amo del Universo. Cosa que ahora parece entenderse en Rusia, en Asia, en América Latina y en el mundo musulmán. Sólo en Europa seguimos precisando descolonizar nuestras mentes.

Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO,es profesor de física en la Universidad de Louvain la Neuve, Bélgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su último libro acaba de publicarse en Monthly Review Press: Humanitarian Imperialism (traducción castellana en prensa en la Editorial Viejo Topo, Barcelona). Es sobre todo conocido en el mundo hispano por su libro –coescrito con el físico norteamericano Alan Sokal— Imposturas intelectuales (Paidós, 1999), un brillante y demoledor alegato contra la sedicente izquierda académica relativista francesa y norteamericana en boga en los últimos lustros del siglo pasado. Una larga entrevista político-filosófica a Bircmont puede verse en el Número 3 de la Revista SINPERMISO en papel (mayo de 2008).

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

Counterpunch, 8 noviembre 2008

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El mundo en rojo, de Rossana Rossanda en SinPermiso

Posted in Política by reggio on 11 noviembre, 2008

Esta crisis no será el fin del liberalismo, pero sí de lo que denominamos neoliberalismo, teoría y práctica “criminal” lanzada por Milton Friedman y sus Chicago boys, basada en desvincular al mercado de trabajo de todo derecho; a las finanzas, de cualquier tipo de “economía real”, entendiendo por ésta la producción de mercancías no ficticias; y desde antes aún, desde 1971, en desvincular al dólar, moneda de referencia, de un cambio fijo. Como consecuencia de la desregulación del trabajo  ha sobrevenido una creciente fragilidad del trabajo por cuenta ajena, con la consecuencia de que asalariados y pensionistas suman ahora diez puntos menos en la renta nacional, con el consiguiente  endeudamiento, primero, y  ahora con el descenso de la demanda interior,  carrera afanosa e infructuosa de los países occidentales por alcanzar el crecimiento de los famosos Treinta Gloriosos. Sobre esta base tambaleante ha caído ese robo liso y llano  practicado por los bancos que han avalado y puesto en circulación una cantidad de “derivados”,  títulos venenosos carentes de cualquier valor, basados en la mera credibilidad, la avidez de los accionistas, la miopía  de los fondos hedge, el grado de enloquecimiento del mercado y del crédito inmobiliario, el crecimiento exponencial del precio del petróleo. Todas ellas opciones “políticas” en absoluto objetivas, pura ideología. Lisos y llanos robos que por su dimensión constituyen un “crimen contra la humanidad”

No se mordía la lengua el otro día en Le Monde el socialista Michel Rocard, quien en los años setenta había fundado y dirigido el PSU [Partido Socialista Unifocado], que era algo intermedio entre nuestros PSIUP [Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria] y PDUP [Partido de la Unidad Proletaria], pero que luego se convirtió en primer ministro de Mitterrand. No agrega que él mismo y Mitterrand se rindieron ante el neoliberalismo, al menos tanto como se lo permitía la tradición gaullista. Pero esa capitulación no la reconoce tampoco entre nosotros nadie, ni entre los socialistas ni entre las varias almas del DS. Por lo tanto, resignación. Rocard dice haber escrito a Barroso hace algunos meses, junto con Delors y otros, sugiriendo tratar con franqueza esta realidad, pero que no recibieron respuesta. “Ningún gran economista ha hecho hasta ahora el análisis de la crisis”. Y propone a los estados que no se limiten a evitar la quiebra en catarata de todos los bancos y aseguradoras, que no regalen nada, y que sometan a control algunas prácticas, prohibiendo los “derivados” y poniendo límites precisos a los fondos hedge. Y no sólo esto, sino que considera necesario que se reintroduzca la regulación del mercado de trabajo (justo lo contrario de lo que quieren Marcegaglia, Bonanni, Angeletti y el PD), que se acoja en Europa de tres a cuatro millones de emigrantes para volver a alcanzar un equilibrio. Y en lo tocante al petróleo,  pura y simplemente que se reduzca su consumo desplazando el gasto hacia las energías alternativas. En suma: que las inyecciones de liquidez  de los estados no sean de barato; que la política vuelva a tener de nuevo entre las manos una cierta dirección de la economía, liberándose de la venenosa tesis friedmanniana, según la cual cuanto más desembarazado de límites está el comercio, mejor alcanza el mercado su equilibrio

Eso es socialdemocracia de tomo y lomo. Y  tiene como condición indispensable un estado –hasta ahora se han ocupado de esto sólo los gobiernos, cada vez más monárquicos— que cambie algo, comenzando por la Comisión de la UE.  Y no parece fácil. ¿Dónde están las izquierdas, pregunto excusándome, los sedicentes liberal-socialistas o demócratas? Esta política estaría encaminada simplemente al “rescate” del capitalismo, dado que ninguna otra cosa amenaza su existencia en esta fase, porque la crisis arruina a los que no poseen medios de producción antes que a aquellos que los poseen y a los rentistas. (Algunos de ellos, por fortuna, se encuentran en dificultades, pero no tanto. Considerada la desmesura del hurto sufrido, se podría esperar que el último de los banqueros fuese ahorcado con las tripas del último de los aseguradores, por usar una expresión violenta. Pero nada de esto es lo que está pasando. El fulano que ha hecho quebrar la banca Fortis ha sido, por así decir, despedido estos últimos días con una indemnización de 4 millones de euros y sigue como “consejero especial” de la misma Fortis).

En fin, no nos queda otra que poner nuestras esperanzas en Obama, de cuyas intenciones al respecto nada sabemos. Pero al menos salimos de la despreocupación reinante. Hace pocas horas, el TG 1 de economía ha observado que, si resulta ser cierto el pronóstico de Almunia respecto de un crecimiento cero, los problemas comenzarán por la ocupación. ¡Comenzarán!

Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La  ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].  Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras

Il Manifesto, 4 noviembre 2008

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La izquierda, silenciada, de Juan Torres López en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

http://www.juantorreslopez.com/

En mi último artículo escribí sobre la izquierda muda, sobre la carencia de alternativas, de reflexión y de respuestas que afecta a una parte considerable de la izquierda y, quizá de modo principal, a los grandes sindicatos españoles.

La derecha y los grandes poderes se están armando ideológicamente y se disponen a entrar a saco para reformar lo que haga falta con tal de seguir manteniendo sus grandes privilegios. Sin embargo, la izquierda que tiene más influencia y representación social desperdicia la ocasión histórica que significa también esta crisis para ofrecer al mundo una manera distinta de organizar la economía y las finanzas. No sé bien si esa mudez es deliberada, el fruto de la impotencia o simplemente complicidad con unos poderes a cuyo amparo se vive bien, se tiene dinero y comodidades de todo tipo. Pero, sea como sea, lo cierto es que de esa manera se desarma a los trabajadores y se permite que las soluciones a la crisis terminen por reforzar el dominio de los de siempre y por empeorar la situación vital de los más desfavorecidos.

Pero si bien me parecía necesario denunciar este papel tan negativo de la izquierda muda, es obligado que al mismo tiempo se mencione y se saquen conclusiones sobre otro fenómeno, quizá mucho más peligroso y sintomático: el silenciamiento al que está sometida otra parte de la izquierda.

Basta con observar lo que se publican o difunden en los grandes medios de comunicación para comprobar que los planteamientos más progresistas sobre la crisis están casi completamente ausentes.

Los ciudadanos que acuden a ellos para informarse, la inmensa mayoría como es natural, gracias al poder de seducción que su propio fortaleza económica les proporciona, no pueden leer u oír las propuestas de quienes afirmamos, por ejemplo, que en lugar de controlar el gasto hay que aumentarlo, que es un error que ahora se retraiga la actividad o que confiar solo en los bancos privados que justamente han provocado la crisis para que se devuelva la financiación a la economía productiva al sistema es simplemente una quimera.

Salvo que se refieran a otro país (como puede ocurrir, por ejemplo, con los análisis de Stiglitz o Krugman sobre Estados Unidos y la política de Bush), los medios cierran el paso a los comentaristas que disienten de las fórmulas que se adoptan y del discurso oficial, que gracias a ello puede presentarse como expresión de un consenso total que nadie discute.

Es natural que ocurra esto con los medios privados que al fin y al cabo son arte y parte del problema, pues o son directamente el poder o tienen una dependencia total de las grandes empresas y de los bancos, cuyos representantes se sientan sin disimulo en los respectivos consejos de administración. Pero lo que es una vergonzosa paradoja es que incluso los medios públicos, las televisiones autonómicas como Canal Sur o TV3 que se supone están controladas con un espíritu más plural por gobiernos de izquierda, recurren constantemente y casi podríamos decir que en todas las ocasiones, a economistas liberales o de derechas para explicar y comentar lo que está ocurriendo en la economía mundial.

Entre todos conforman así un pensamiento único y precisamente por ello excluyente y totalitario que oculta la disensión y nunca hace mención de preferencias o alternativas que no sean las de los poderosos, por mucho que están revestidas de consenso y racionalidad.

¿Cuándo han ofrecido la televisiones públicas debates sobre la crisis en donde estén representadas todas las posiciones teóricas y políticas, todos los enfoques y propuestas que se están haciendo? Si es evidente que la gente se pregunta constantemente sobre lo que está pasando con el dinero, con los bancos, con el empleo o con las empresas, si es un hecho que en todas las esquinas se habla de la crisis, ¿cómo es que los medios públicos no ofrecen a los ciudadanos espacios de debate y reflexión plural? Y si la crisis es tan grave como efectivamente lo es y va a tener consecuencias tan importantes, ¿cómo es que los gobiernos, incluidos los de izquierda cuya única fuerza proviene del apoyo social y de la movilización ciudadana, no promueven el debate y la deliberación para que los intereses de los que no son propietarios de grandes medios se hagan explícitos y puedan tenerse en cuenta?

Lo que todo esto muestra en mi opinión es que la crisis no afecta solamente a las finanzas o a la economía en general. La crisis se lleva también por delante la democracia, el debate social, el reconocimiento de que nuestras sociedades son plurales y de que no hay en juego unos solos intereses. Si no hay posibilidad de poner sobre la mesa las diferentes opciones y preferencias sociales en relación con la economía, con el bienestar, con el reparto de la riqueza, ¿de qué democracia estamos hablando? ¿y qué tipo de respuestas cabe esperar entonces frente a una crisis como esta? si solo se da voz a los que piensan lo mismo de las cuestiones económicas, ¿cómo podemos creer que vivimos de verdad en una democracia?

No será desde luego fácil romper estas inercias porque no son de ninguna manera casuales sino la lógica consecuencia de que las relaciones sociales y políticas se estructuran muy asimétricamente, pero precisamente por eso es muy importante hacer un esfuerzo inmenso para combatir el pensamiento único que incluso subyuga a una parte importante de la izquierda. Mientras no se rompa esa lógica fatal (una izquierda muda, la otra silenciada) será imposible dar la vuelta a lo que está ocurriendo y, al contrario de lo que nos quieren hacer creer, lo que se producirá será un reforzamiento sin igual de las ideas y de las políticas neoliberales de los últimos años. Sin alternativas desde la izquierda no estamos ante el fin o el aligeramiento del capitalismo financiero y neoliberal, sino ante su fortalecimiento.

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La recesión, de León Bendesky en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

La economía de Estados Unidos se sume en la mayor recesión de los últimos 25 años, y la expectativa es que la situación pueda llegar a convertirse en una depresión como la de los años 1930.Los indicadores del desempeño de la economía en octubre recién terminado son negativos. El Departamento de Comercio estima que producto interno bruto cayó 0.3 por ciento en el tercer trimestre (con respecto al inmediato anterior), mientras en el segundo trimestre todavía había crecido 2.8 por ciento.

El Departamento del Trabajo emitió su informe sobre el empleo el 7 de noviembre, y las cifras de desempleo aumentaron de modo notorio. En octubre se perdieron 240 mil puestos de trabajo; 90 mil de ellos en el sector de las manufacturas, para acumular 200 mil plazas menos en los últimos tres meses; en la construcción se perdieron 49 mil, para llegar a 100 mil puestos perdidos en el mismo lapso.

En lo que va del año se han cancelado en total un millón 200 mil empleos. Así, la tasa de desempleo llegó a 6.5 por ciento, la mayor desde marzo de 1994. El número de personas desempleadas es de 10.1 millones. La tasa de desempleo seguirá creciendo en los próximos meses y se estima que pueda llegar a 8 y hasta 10 por ciento.

La confianza de los consumidores se derrumba y con ella el gasto en consumo. Las ventas al menudeo, según las cifras oficiales, cayeron 1.2 por ciento en septiembre con respecto al mes anterior, y 1.4 por ciento en términos anuales. Los datos de las cadenas de tiendas indican que en octubre el nivel de las ventas sería el peor de los últimos 35 años, las proyecciones para la época de Navidad son muy pobres. Esto es un síntoma claro de la fuerte contracción económica que está en curso.

Un indicador sectorial del frenazo de la actividad económica es la venta de autos. En octubre cayeron 32 por ciento, mientras en el caso de los vehículos utilitarios bajaron 42 por ciento, los peores registros en 25 años.

General Motors, la empresa más grande de esta industria, anunció que enfrenta graves problemas por la falta de suficiente capital de trabajo, lo que podría llevarla a la quiebra en el primer trimestre del año. Con esto, suspendió los planes de fusión con Chrysler, mientras Ford exhibe también grandes pérdidas.

Este es uno de los canales por los que se transmite la crisis a la economía mexicana, y ha empezado ya a sentirse el efecto en el cierre de plantas y la pérdida de empleos. La industria automotriz representa casi 17 por ciento del total del producto manufacturero y casi 4 por ciento de la producción total; además, da cuenta de una parte relevante de las exportaciones.

En todo caso, la recesión estadunidense afectará de modo adverso la dinámica exportadora mexicana, incluyendo al petróleo, cuyo precio permanecerá bajo por la menor demanda, y a los servicios, como el caso del turismo. La situación de las remesas estará ligada con la dificultad para encontrar trabajo en Estados Unidos, sobre todo con el estancamiento de la construcción.

La bolsa de valores de Nueva York perdió 39 por ciento de su valor entre octubre de este año y de 2007. Esto significa que se han borrado alrededor de 6 billones de dólares en los 10 últimos meses. La volatilidad sigue siendo el rasgo dominante en los mercados de capitales, con una franca tendencia a la baja.

Esto no se ha remontado y se sigue a la espera de que se aplique el programa de rescate de 700 mil millones aprobados hace unas semanas por el Congreso de Estados Unidos. La asignación de estos recursos entre los bancos y otras empresas financieras empieza a ser competido por otros negocios, como es el caso de la demanda de acceso a la liquidez que ha hecho General Motors. Hasta ahora no se han definido las condiciones mínimas que restablezcan las corrientes de financiamiento entre los bancos y hacia las empresas.

Será necesario un paquete de estímulo adicional para evitar que se contraiga más el crédito, la producción, el consumo y las ventas. Esta es una parte relevante del periodo de transición que ya está en curso entre las administraciones Bush y Obama.

La próxima conferencia del Grupo de los 20, citada por Bush para atender las condiciones globales de la crisis, ocurre en un momento en que el liderazgo estadunidense está en tránsito. Se han creado expectativas de que de ahí pueda surgir un acuerdo del tipo de Bretton Woods para crear un nuevo sistema financiero internacional, como ocurrió en 1944.

Esta perspectiva puede estar sobrevaluada, las condiciones internacionales son muy distintas a las del fin de la Segunda Guerra Mundial. Los consensos políticos no son claros y las discrepancias económicas son muy grandes. No obstante, una nueva organización financiera es ineludible para restaurar las condiciones que permitan contener la fuerza de la recesión y evitar una depresión.

En este entorno quedan en entredicho las prácticas en curso para definir y aplicar las políticas públicas, así como las ideas y teorías económicas que hoy todavía prevalecen en las escuelas y en los centros de decisión. También habrá que superar esa recesión intelectual.

leon@jornada.com.mx

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