Reggio’s Weblog

¿Cuál es nuestro sueño?, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 10 noviembre, 2008

Lo siento, les hablaré de Obama. Pero sólo como pretexto para reflexionar sobre nosotros. Situémonos en la noche electoral. Generoso y valiente, John McCain, acepta la derrota con algo más que fair play,felicitando al vencedor por haber inspirado “la esperanza de tantos millones de estadounidenses que una vez pensaron erróneamente que tenían poca influencia en la elección de un presidente”. Pero McCain es algo más que un elegante perdedor y se compromete formalmente a favor del causante de su derrota: “Son tiempos difíciles para nuestro país y le he prometido esta noche que haré todo lo que esté en mi mano para ayudarle”. Y pugna por convencer a sus votantes de que también ellos tienen que comprometerse: “Insto a todos los estadounidenses que me apoyaron no sólo a felicitarle, sino a ofrecer a nuestro próximo presidente nuestra mejor voluntad y nuestro más serio esfuerzo para, encontrando los necesarios compromisos, aparcar nuestras diferencias, restaurar nuestra prosperidad, defender nuestra seguridad en un mundo peligroso y dejar a nuestros hijos y nietos un país más fuerte y mejor del que heredamos”.

¡Qué gran lección, la del perdedor McCain, tan bravo en el campo de batalla como en los comicios políticos! ¡Qué gran lección no solamente para nuestros políticos, sino para todos nosotros, ciudadanos de cultura mediterránea, que con gran facilidad nos dejamos poseer por la envidia enfermiza y por el feroz resentimiento contra los que nos superan en cualquier aspecto de la vida!

Barack Obama, por su parte, pronuncia en la fiesta de Chicago un discurso que los profesores de literatura (así como los de periodismo, política y publicidad) podrían aprovechar en clase para demostrar que la añeja preceptiva literaria tiene maravillosas aplicaciones en la vida contemporánea. El uso de la anáfora y los paralelismos, por ejemplo. O el recurso a la narración ejemplar. Obama cuenta la historia de Ann Nixon Cooper, votante negra de 106 años, nacida una generación después de la abolición de la esclavitud. La historia de Ann le permite describir en términos de esperanza la epopeya vital de los estadounidenses en el último siglo. Son tantas las virtudes retóricas del discurso que no bastaría el entero espacio de que dispongo para glosarlas. Aunque lo verdaderamente interesante es observar que tales recursos persiguen un único efecto: reforzar la identificación entre presidente y pueblo, identificación que el famoso eslogan “Yes, we can” sintetiza. “No olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros”. Obama presenta su triunfo como expresión de un sueño colectivo. “Si todavía queda alguien por ahí que dude de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, que se pregunte si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo, esta noche es la respuesta”.

Y, en efecto, más allá de lo que consiga hacer como presidente, el triunfo de Obama ha sido percibido como una revivificación del sueño americano. Un sueño que tiene dos caras. La individual: los Estados Unidos de América son el país en el que, con esfuerzo personal, uno puede llegar a cualquier cima; el país en el que incluso los que parten con mucha desventaja tienen su oportunidad. Y la colectiva: es fundamental defender el sistema que permite este sueño, no solamente de las agresiones exteriores, sino también de sus bloqueos interiores.

Observando cómo el sueño americano reverdece precisamente en un momento de gran dificultad (crisis económica, tremendo fracaso en Iraq, aparición de nuevas potencias), me pregunto: ¿cuál es nuestro sueño? Y la respuesta no puede ser más triste: nosotros carecemos de un sueño colectivo. Aunque nos sobran los sueños parciales y nos encanta imponerlos a machamartillo. Unos sueñan con una España uniforme, otros con un Euskadi homogéneo o con una Catalunya catalana. Unos se sienten herederos de una República idealizada y envían al infierno a sus oponentes, a los que estigmatizan como franquistas; y estos persisten en ignorar el inmenso dolor con que la dictadura de Franco fraguó la España actual y sueñan con imponer los mitos del nacionalismo español aunque remozados con fórmulas liberales. Nuestros sueños siempre son parciales y excluyentes. Y beligerantes: se trata de destrozar, machacar y obligar a rendirse al que no comulga con el sueño de uno.

Y, sin embargo, en los años de la transición (ahora cuestionada por las jóvenes generaciones) sí tuvimos un sueño que nos abrazó a todos. Un sueño quizás no formulado en positivo, pero que tenía la virtud de la inclusión. No queríamos repetir las matanzas, los abusos, las brutalidades del pasado. No queríamos sangre, queríamos vida. Aspirábamos a la europeidad, deseábamos confirmar el confort, queríamos parecernos a los más civilizados del mundo. ¿Cuándo se rompió este sueño de cristal? Cuando olvidamos la sangre y el dolor que los viejos sueños parciales habían causado. El olvido es ahora enorme. Tan enorme que pretendemos culpar al otro de todos los males del pasado. En todos nuestros sueños, el otro es un enemigo. No es extraño que los nietos quieran desenterrar las fantasías por las que abuelos y bisabuelos se mataron en las trincheras.

¿La revitalización del sueño americano ayudará a Obama a resolver la crisis estructural de su país? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es el peligro que tiene dejar que los fantasmas del pasado presidan nuestra crisis.

Anuncios
Tagged with:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: