Reggio’s Weblog

Estados Unidos como espejo, de Pilar Rahola en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

Hoy habrá acabado todo. Y no me refiero sólo a las especulaciones, o a las esperanzas de unos u otros, sino también a la expectación mundial por unas elecciones que, siendo locales, resultan de un inequívoco interés planetario. Sea Barack Obama el 44. º presidente de Estados Unidos, confirmando todas las previsiones -y la mayoría de las ilusiones-, o sea McCain -haciendo buena la tendencia a la sorpresa que tienen estos comicios-, lo cierto es que hoy cerramos carpeta informativa, vuelven los corresponsales y descansan los analistas y probablemente el sufrido ciudadano agradece que finalice la yanquimanía de las últimas semanas.

Lo cierto es que ha sido una etapa apasionante de la política internacional, y que los privilegiados que han vivido in situ la noche electoral norteamericana habrán tocado con los dedos la historia. Si conocen alguno, no se acerquen mucho, porque les caerán encima sus entusiastas e inacabables batallitas, convencidos de haber hecho un máster acelerado de Estados Unidos en dos telediarios. Y es que Estados Unidos tiene este efecto vudú en muchos periodistas, que pasan de odiar a este notable país, con la misma celeridad que lo adoran, cuando se está allí cuatro días. Acabado, pues, el magno acontecimiento, y despejadas las incógnitas más inmediatas, queda por analizar qué han aportado estas elecciones al resto de los mortales. Es decir, a los que hablamos mucho de estas elecciones, pero no las votamos. ¿Podemos importar alguna idea? Julia Otero hacía esta pregunta en su Gabinete del lunes,en Onda Cero. ¿Qué hemos aprendido, después de semanas de seguimientos, debates, análisis, previsiones y todo tipo de interpretaciones? ¿Qué hemos aprendido, si hemos aprendido algo?

La primera constatación es que el mundo de la política norteamericana ya no puede vivir sin internet. La red se ha convertido en la catapulta más sólida de un candidato outsider cuyas posibilidades, al inicio de campaña, eran muy escasas. Las cifras de la presencia de Barack Obama en internet, en comparación con el resto de los políticos de su país, son tan abrumadoras, que no pueden ser despreciadas. Redes de internautas, foros y blogs han tejido una tupida cadena que ha ayudado al senador, tanto en el terreno económico – con una histórica lluvia de minúsculas pero permanentes ayudas financieras-, como en la multiplicación de simpatías. Obama fue el candidato estrella de internet antes de ser el candidato oficial de su propio partido, y ello, que fue despreciado por la mayoría de analistas, se ha demostrado una fuerza imparable. ¿Cabe pensar que ese papel de la red también será clave en nuestras próximas elecciones? Sin duda no lo será a escala norteamericana, pero tampoco resulta despreciable. De hecho, el caso del partido de Rosa Díez, que obtuvo escaño sin apenas presencia mediática, tiene algo que ver con esta dinámica y potente fuente de comunicación.

Pero una buena implantación internáutica no sirve de nada si el candidato no es, a su vez, un nuevo tipo de político, alejado de la férrea estructura clásica, más cercana al ciudadano que al tupido entramado de intereses que representan los partidos clásicos. La gran lección norteamericana tiene que ver con la imagen de self made man,de esa especie de nuevo Prometeo que roba el fuego de los dioses para devolverlo a los mortales. Por ello Obama tuvo mucho cuidado en criticar a la “clase política de Washington” – a pesar de ser un producto de esa misma clase-, y por ello mismo McCain intentó la candidatura de una “mujer de provincias”, también hecha a sí misma. Aunque, en este caso, el experimento salió desastroso.

En España, en cambio, por mucha Second Life que se monten los candidatos más modernos, o por mucha web abigarrada que presenten los más clásicos, lo cierto es que la política está atrapada en la asfixiante estructura de partidos, que no permite ninguna heterodoxia a los candidatos, ni ninguna alegría a los votantes. No sólo no tenemos listas abiertas, ni ningún tipo de representación directa, sino que los propios candidatos nacen de una vida interna partidista que se parece a la libertad tanto como una stripper se parece a una monja. En EE. UU. llegan los candidatos más brillantes, más libres, los que han sido capaces de seducir a más personas, aunar más apoyos, y aquellos que presentan una cartera propia de propuestas. En España llegan los más pelotas, los que menos problemas han creado al sacro partido, los más serviles y, sin ninguna duda, los que menos perfil propio presentan. Antes comisarios políticos que ideólogos. Antes militantes que líderes.

Si sumamos que en EE. UU. no hay pactos pornográficos para impedir la libertad periodística en los debates, completamos la diferencia entre unas elecciones apasionantes, con líderes de verdad, y unas elecciones edulcoradas, con líderes prefabricados y faltos de toda personalidad. Y ello sin hablar de financiación, que en Estados Unidos es transparente, y en España es opaca. ¿Lecciones, pues? Tantas como asignaturas pendientes nos quedan. No sólo no tenemos un Obama. No tenemos las condiciones para crear una ilusión colectiva como la que él engendra.

http://www.pilarrahola.com

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