Reggio’s Weblog

Vuelve la política, de Felipe González en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

La virulencia y profundidad de la actual crisis financiera ha dado una oportunidad a cuantos creen en la necesidad de gobernar el espacio público y no dejarlo todo a merced de la “mano invisible” del mercado

Todas las convenciones dominantes se han roto y, en efecto, vuelve la política reclamada por la misma “mano invisible del mercado” que la marginó como un estorbo. Aunque la visión del mercado que lo ocupaba todo y excluía cualquier intervención tiene un fundamento ideológico, no creo que éste sea el espacio del debate actual. Ahora, para superar la grave crisis en la que estamos, lo importante es que se actúe políticamente bien.

Estamos ante una oportunidad para los que creen en la función de la política como gobierno del espacio público compartido, que, entre otras, debe asumir la responsabilidad de regular la contradicción de intereses propia de una sociedad libre y ocuparse de que el ciudadano no esté solo, a merced del señor mercado. Si se resuelve la crisis y se encauzan las soluciones que eviten su repetición en el futuro, triunfarán durante mucho tiempo las ideas capaces de sacarnos de este marasmo.

Ante la gravedad de lo que ocurre, los más fundamentalistas de la ideología neoconservadora están actuando con la misma o más decisión que los que la combaten. Llegan más lejos en la intervención, seguramente a la espera de otros tiempos. Pero hay tiempo para este debate, porque en la respuesta que necesitamos está la política con mayúsculas, la que mira a los ciudadanos y pone al mercado a su servicio y no al revés. Ahora, lo que importa es hacerlo bien y rápido.

Las intervenciones masivas que se están produciendo deben servir para evitar la recesión o la depresión, limitando el efecto en la economía productiva, y también para reformar el marco local y global en que se mueven los flujos financieros, haciéndolos previsibles y transparentes. Pero si se intenta volver a la senda que se consideró exitosa en los años noventa del pasado siglo y en los primeros años del presente, sin cambios en el modelo, más allá de que se mejore la regulación, se repetirá la situación. El estallido de la inmensa burbuja financiera no sólo se debe a los fallos de regulados y reguladores, que son evidentes, sino a la dimensión desproporcionada que adquirió la economía financiera, al margen de su función primordial de alimentación de la actividad productiva.

Regular el funcionamiento de los mercados globales, sin la tentación de confiar en la autorregulación de la “mano invisible”, tampoco debe llevarnos a lo contrario, con un exceso de intervencionismo del Estado o de los Estados concertados. Necesitamos Estados modernos, fuertes y ágiles, que sean ellos mismos transparentes, eficaces y previsibles. Regular el mercado no es sustituirlo, sino enmarcarlo en su función correcta. Por eso es la hora de la política como gobierno de los intereses de los ciudadanos en el espacio que compartimos, desde lo local nacional hasta lo global, pasando por integraciones regionales como la Unión Europea, capaces de ordenar el sistema financiero y los flujos comerciales.

Ha habido fallos de los agentes, inventando instrumentos y vehículos financieros que escapaban a toda contabilidad y tenían poca o nula relación con la evolución de la economía real de las empresas o de las familias. Las distintas instituciones financieras se han servido de los clientes para colocar estos productos en lugar de servirse de ellos para gestionar prudentemente sus depósitos, ahorros, inversiones o créditos. Y ha habido fallos de los organismos de control. Los locales, inadaptados o sin competencia en lo global, y los internacionales, aún más obsoletos y desajustados.

La aceptación de la economía de mercado nos ha homologado globalmente. Mercado con sistemas autoritarios -incluso definidos como comunistas-, mercado con democracias liberales, pero mercado sin discusión. Es más verdad que nunca que no hay democracia sin mercado, pero que sí hay mercado sin democracia.

La coordinación para fijar reglas comunes entre sistemas políticos tan diversos será complicada. Sin embargo, si aceptamos que el funcionamiento del sistema financiero es global e interdependiente, podríamos actuar con eficacia. La crisis nace de la carencia de gobernanza global adecuada, y es interés de todos reformar el funcionamiento del sistema.

La epidemia empezó en esta ocasión por los mercados centrales, a diferencia de la de hace 10 años, que arrancó en los emergentes, pero contamina a todo el sistema, como entonces, y se convierte en pandemia que pone en crisis al sistema financiero y golpea a la economía productiva hasta llevarnos a la amenaza recesiva o depresiva que pesa sobre todo el mundo. Habrá regiones que noten los efectos de manera menos dura y puedan responder a los mismos con acciones anticíclicas eficaces, pero todas estarán afectadas y lo notarán en su empleo y en su crecimiento.

Para actuar en lo global, hay que coordinar esfuerzos entre los clásicos, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, y un número de emergentes con peso creciente en el producto mundial, excedentes de ahorro y demografías determinantes para el futuro. China, India, Rusia, Brasil, México, los países del Golfo, Suráfrica, etc., tienen que formar parte de la respuesta. Esto dará un grupo de 20 o 25 países para articular una propuesta y a continuación ampliar el campo para contar con todos.

Necesitamos una regulación eficaz y homogeneizada en todos los mercados, que abarque a los distintos productos de este sistema financiero global. Esto no significa sobrerregular, sino transparentar el marco de actuación de los agentes financieros y hacer previsibles sus comportamientos, con registros contables claros y controles rigurosos.

Se trata de salvar al sistema financiero, aunque haya diferencia en las recetas aplicadas, para que todo lo demás no se hunda. Las intervenciones tienen que orientarse hacia la normalización del funcionamiento de la economía real, ahogada por el fracaso del sistema financiero. En lo que se refiere a España, creo que las medidas de rescate aprobadas son apropiadas, aunque pueden ser insuficientes, pero sobre todo hay que dar operatividad inmediata al paquete aprobado. A eso se puede añadir lo que se decida institucionalmente en la UE.

Lo primero es restablecer la confianza del ahorrador en el sistema financiero y bancario, solvente en general pero con algunos problemas en casos concretos. Por eso, recuperar la liquidez debe acompañarse del análisis de responsabilidades que permita fortalecer el sistema.

Hay que restablecer la normalidad operativa cuanto antes, para evitar los cortes de crédito que están llevando a muchas empresas e individuos a una situación crítica muchas veces injustificada.

Hay que acelerar la bajada de las tasas de interés nominales para evitar una mayor destrucción de empresas, más devaluación de activos y más pérdidas y quiebras de deudores, que pueden desencadenar como una bola de nieve una creciente recesión. Más allá de las políticas monetarias, parece claro ya que la inflación va a descender.

El ICO debería ocuparse masivamente del apoyo a las pymes, tal vez con un fondo complementario para operar directamente o para avalar. Aunque nos llamen la atención las crisis de los grandes, sin duda importantes, el empleo y la red social está en las pequeñas y medianas empresas.

Los bancos y cajas deben estar dispuestos a revisar las hipotecas, cobrando los intereses durante tres o cuatro años, y aplazando el pago del principal mediante la ampliación del plazo de amortización. No puede ser una fórmula general, ni normativa, pero sí generalizable por los operadores. Así contribuiremos a evitar el drama de muchas familias y a frenar un incremento de la morosidad innecesario.

Hay que actualizar la información sobre la totalidad de los compromisos de pago de las entidades financieras y vigilar la tasa a la que están captando recursos, porque de eso depende la suficiencia del rescate, la reanudación del crédito y el tipo de interés al que podrán prestar.

Bancos, cajas y empresas deben aclarar sus operaciones financieras en los mercados internacionales y transparentar sus registros contables -si los tienen-, para saber hasta dónde nos llega la infección.

Hay que estimular la demanda aumentando la inversión pública. Más allá de los presupuestos, empresas del Ministerio de Fomento y otros pueden acudir al BEI para la financiación de proyectos. Habrá líneas de crédito en buenas condiciones y nosotros necesitamos aumentar nuestro capital físico. Estas operaciones de inversión pueden compensar la caída de la actividad y estimular la recuperación.

Como estamos contra el reloj, no hay que resaltar la urgencia de estas y otras decisiones.

Felipe González es ex presidente del Gobierno español.

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El G-20, lo que va de 1944 a 2008, de Francesc Granell en El País

Posted in Economía, Internacional by reggio on 5 noviembre, 2008

Despejada la incógnita de quién va a ser el inquilino de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años, la atención de los analistas de temas internacionales puede volver a centrarse en lo que dará de sí la reunión del G-20 que se celebrará en Washington el 15 de noviembre, sin que a estas alturas sepamos aún si se encontrará una fórmula para que España, que no es miembro de ese club, pueda hacer alguna aportación sistémica a su primera reunión a nivel cumbre de jefes de Estado y de Gobierno desde que naciera en 1999, ya que hasta ahora sólo se habían reunido sus ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales.

La ambición inicial de Sarkozy y Brown, cuando le propusieron a Bush convocar la reunión, era muy alta: refundar el capitalismo tras el traspié que ha sufrido en estos últimos meses. Bush frenó de entrada tal ambición al decir que la reunión no debe socavar los fundamentos de la economía libre de mercado en que hasta ahora se ha basado el sistema internacional.

Para acabar de reducir las ambiciones de la próxima reunión en Washington del G-20, el director gerente del Fondo Monetario Internacional defendió el decaído prestigio de su institución y propuso un plan de gobernanza de la globalización circunscrito a unas cuantas reglas pactadas en el Foro de Estabilidad Financiera Internacional. Según el director gerente, se trata tan sólo de paliar las imperfecciones de funcionamiento del mercado, lo cual se acompañaría con un aumento de los recursos puestos a disposición del FMI por sus Estados miembros y con la creación de un nuevo instrumento financiero para aliviar los problemas de liquidez a corto plazo.

Llegados a este punto deberíamos preguntarnos si lo que hasta ahora se lleva propuesto por Francia, Gran Bretaña, la Unión Europea, Estados Unidos o el propio FMI, o lo recomendado por la reunión regular de los ministros y gobernadores del G-20 en São Paulo, bajo presidencia brasileña, responde a la ambición de lanzarse a un Bretton Woods II o se queda en un simple parcheado de los que hasta ahora tenemos.

Yo creo que estamos en el segundo de tales escenarios por una sencilla razón: las relaciones de poder en el mundo actual distan mucho de las existentes cuando se celebró la Conferencia de Bretton Woods, en la que se puso en marcha el Sistema Monetario Internacional que -con varias enmiendas y cambios reglamentarios y con muchas críticas por su funcionamiento- ha permitido que los pagos internacionales y el comercio mundial no se colapsaran como sucedió tras la crisis mundial de 1929, una crisis que duró, por cierto, un decenio.Cuando norteamericanos y británicos reunieron a 44 países en la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods, en 1944, partíamos, prácticamente, de cero al haberse desmontado los automatismos del Patrón Oro que habían situado al Reino Unido a la cabeza de las finanzas mundiales hasta acabada la Primera Guerra Mundial. La economía mundial funcionaba en los años treinta y cuarenta del siglo pasado con un alto proteccionismo y con un sistema de pagos en el que la convertibilidad entre monedas brillaba por su ausencia.

Nuestro mundo globalizado actual no puede comparar sus problemas con los que había entonces, pero, a mi entender, lo más importante no es que hoy tengamos una auténtica “economía mundial integrada” y entonces no la tuviéramos, sino el hecho de que en 1944 había una sola potencia dominante, Estados Unidos, y ahora en cambio -sobre todo tras el declive de la presidencia de Bush- ya no hay un liderazgo económico ni político mundial aceptado por todos.

En Bretton Woods, el británico Keynes propuso un plan que consistía en crear una Unión Internacional de Compensación en que los países que habían contraído deudas y que necesitaban crédito para reconstruirse de las destrucciones de la guerra pudieran reflotar sin tener que recurrir a políticas limitadas por su balanza de pagos. Keynes completaba su plan con una moneda única: el Bancor. Pero los estadounidenses -que eran los únicos que lideraban porque estaban haciendo ganar la guerra contra Hitler y podían prestar a los demás- quisieron limitar su compromiso y por eso se aprobó su Plan White, que creó el Fondo Monetario Internacional con unas reglas estrictas de acceso al crédito y con la obligatoriedad de adoptar tipos de cambio casi fijos. La única concesión de los estadounidenses para contentar a los británicos y paliar los problemas de reconstrucción de los países europeos destruidos por la guerra fue permitir la creación del Banco Mundial. En Bretton Woods, Estados Unidos impuso su ley y su dólar quedó convertido en la moneda estrella del nuevo Sistema Monetario Internacional. En aquel momento y en términos actuales diríamos que Estados Unidos era el G-1 que hacía y deshacía a su antojo.

Desde que el FMI y el Banco Mundial se pusieron en marcha, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, la economía mundial se ha transformado profundamente. En primer lugar, ha aumentado sensiblemente el número de países que cuentan y los países subdesarrollados se han dividido entre los pobres y los emergentes con necesidades específicas y con quejas sobre el funcionamiento asimétrico del sistema internacional. Además, el vínculo oro-dólar establecido en 1944 desapareció a principios de los años setenta del siglo pasado tras la pérdida de confianza en el dólar que se derivó de los déficit norteamericanos generados por la guerra de Vietnam. En cuanto a los tipos de cambio semifijos de Bretton Woods, han sido sustituidos por una flotación a veces impredecible y que genera mercados especulativos. En cuarto lugar, el euro ya representa una cierta alternativa al dólar y China se ha erigido en el país con mayores reservas de cambio. Asimismo, el mundo está desbordado por una liquidez internacional descontrolada, consecuencia de las finanzas inyectadas por eurodólares, petrodólares y nuevos instrumentos financieros imaginativos.

Pero la gran diferencia entre Bretton Woods y la cumbre del G-20 de Washington no viene sólo de estas cuestiones técnicas, sino de la mencionada inexistencia de un G-1 que pueda hacer cambiar las cosas con un liderazgo suficiente. Nuestro mundo tiene una gobernanza compleja en donde Estados Unidos ha perdido el liderazgo que tuvo hace unos años y no puede dictar soluciones unilaterales so pena de una fuerte crítica de los demás o de las ONGs. Es así como se han ido configurando los grupos de gobernanza que hoy conocemos: el G-7 de países económicamente fuertes; el G-8 cuando conviene que Rusia también esté presente; el G-10 cuando hay que movilizar a los países financieramente determinantes; el G-20 cuando los países ricos consideran que hay que dar entrada a los países emergentes sistémicamente relevantes cuando se trata de cuestiones económicas de alcance mundial; el G-77 en que los países pobres hacen llegar sus quejas sobre las injusticias mundiales, por no citar más que algunos de los clubes más relevantes, y eso sin contar la Unión Europea o algunos organismos internacionales que parecen haber cobrado una cierta vida propia y desvinculada de sus Estados miembros: OCDE, OMC, FMI, Banco Mundial, etcétera.

La crisis mundial por la que atravesamos no va a solucionarse con medidas nacionales sino con respuestas a nivel mundial, pero forjar respuestas mundiales resulta hoy tan complejo por la falta de liderazgos claros que no creo que en la cumbre del G-20 de Washington se pueda refundar nada. No habrá, pues, ninguna “revolución” aunque sí se abrirán vías de diálogo para ir decidiendo nuevos remiendos a un sistema que está muy necesitado de ellos.

Francesc Granell es catedrático de Organización Económica Internacional de la UB y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras.

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Hacia una alianza Sarkozy-Obama, de Alain Duhamel en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Hoy Estados Unidos ya tiene sustitutuo para George W. Bush, que el próximo enero deberá ceder el testigo en la Casa Blanca. El próximo presidente del país se va a encontrar en una situación absolutamente inédita. Elegido en plena tempestad financiera -sólo comparable a la que tuvo que afrontar Franklin Delano Roosevelt en 1932-, tendrá, por vez primera, a la Unión Europea como su principal interlocutora. Una UE cohesionada y totalmente decidida a reformar el sistema financiero internacional, mientras el todavía presidente Bush no oculta su desgana por la puesta en marcha de una regulación internacional.

Lo que sucede es que, dado que la crisis financiera nació en Estados Unidos y, para más inri, es el fruto directo de las imprudencias y de las derivas anglosajonas, Bush no ha podido negarse a mantener diversas reuniones del G-8 ni tampoco a que se celebre la Cumbre del G-20, de la que forman parte, entre otros, China, la India, Brasil, México y Sudáfrica. El objetivo de estas reuniones es examinar las propuestas de reforma y debatirlas.

Negarse a celebrar estas cumbres hubiera significado reconocer la espectacular incapacidad del saliente presidente estadounidense para calibrar la importancia de la crisis financiera que subsiste y de la crisis económica que emerge.

George Bush ya reaccionó lentamente y, en un primer momento, inadecuadamente ante el surgimiento de una extraordinaria tormenta, cuya responsabilidad principal le corresponde a su país. Por eso, no pudo decir no al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y actual presidente de turno de la Unión Europea, cuando en nombre de los europeos, y en compañía del presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, acudió a la Casa Blanca para proponerle la celebración de la Cumbre [del próximo 15 de noviembre]. Lo que sí hizo Bush, sin embargo, fue retrasar lo máximo posible las fechas de las reuniones, al tiempo que le comunicaba a su homólogo francés que sigue pensando que es el mercado el que tiene que funcionar con las menos reglas y normas posibles.

Dado que la elección de su sucesor ha tenido lugar varias semanas antes de que se celebre el encuentro del G-20, afortunadamente George Bush sólo jugará en él un papel protocolario. Es su sucesor, quien ayer fue elegido presidente en las urnas, quien tendrá que dirigir las negociaciones por parte estadounidense y tomar una postura clara sobre el fondo del problema. Cuando concluyo las líneas de este artículo, todo apunta a que dicho sucesor será Barack Obama. Y, de haberse producido, su victoria representaría la mejor oportunidad para llevar el barco de las reformas que son necesarias a buen puerto.

De lo que no hay duda ninguna, es de que, por parte europea, el jefe de filas de los negociadores será Nicolas Sarkozy. Primero, porque es el presidente en ejercicio del Consejo Europeo. Y en segundo lugar, porque ha sabido imponer, durante estas semanas de crisis, su autoridad y dinamismo mejor que cualquiera de sus predecesores en el cargo, y, sobre todo, porque se puso a la cabeza de los que están profundamente decididos a sacar las debidas lecciones de la tormenta financiera actual y poner en marcha una regulación duradera.

Naturalmente, podemos ironizar sobre las conversiones milagrosas (aunque tanto Nicolas Sarkozy como la canciller alemana Angela Merkel presentan al menos el mérito de haber hecho un llamamiento conjunto, en el otoño de 2007, a una mayor transparencia y un mayor control de los mercados) o subrayar las contradicciones de los desreguladores que de pronto se enamoran de la regulación. Pero eso no sirve de nada. Lo esencial es que, primero los Quince y, después, los Veintisiete, se han puesto de acuerdo para introducir más reglas y más normas en los mercados financieros. Aunque ahora les queda lo más difícil: convencer a sus socios del resto del mundo de que les sigan por este camino, dado que la partida sólo puede jugarse si todas las economías más importantes del planeta aplican los mismos principios al mismo tiempo.

Está claro que George Bush no quiere seguir a los europeos. Pero eso ya no tiene importancia. También está claro que probablemente John McCain, el candidato republicano a la Casa Blanca, se hubiese mostrado reticente, dado que el camino europeo se da de patadas con su ideología. En cambio, su contrincante, el candidato demócrata, Barack Obama, pertenece a la misma familia política que apadrinó los acuerdos de Bretton Woods del mes de julio de 1944.

Además, ante la magnitud de la crisis financiera, Obama ha invocado en las últimas semanas, y en numerosas ocasiones, la necesidad de la reforma de los mercados financieros. Sus principales asesores económicos y sus expertos más conocidos -comenzando por Paul Krugman, el recién galardonado con el Premio Nobel de Economía- se muestran favorables a la transparencia y a un mayor control por parte de los poderes públicos de los mercados financieros.

Si Barack Obama se convierte en el nuevo presidente de EEUU, podría armarse un eje Europa-Estados Unidos, para reforzar las reglas contables, luchar contra los paraísos fiscales, regular los bancos, pero también las compañías aseguradoras y todos esos productos derivados sofisticados que escaparon a cualquier control, reformar las agencias de cambio y bolsa y proporcionar, por fin, al Fondo Monetario Internacional los medios necesarios para que ejerza el papel de supervisor de los mercados financieros. En definitiva, para recrear un sistema razonable, estable y controlado.

Para conseguirlo, una alianza Obama-Sarkozy simplificaría y aceleraría las cosas. Una alianza muy factible en estos momentos, porque los dos políticos tienen ganas de trabajar juntos y, porque, además, ambos ambicionan aparecer como los refundadores del sistema. Los dos tienen la suficiente ambición para marcarse un objetivo y conseguirlo. Su cooperación sería ideológicamente impura, pero políticamente eficaz.

Alain Duhamel es escritor, columnista y uno de los analistas políticos más reputados de Francia.

© Mundinteractivos, S.A.

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Esperanza para América, de Bernard-Henri Levy en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

ANÁLISIS

Los lectores del bloc de notas saben que yo creía, desde hace mucho tiempo, en la elección de Barack Obama. Saben que lo conocí hace ahora más de cuatro años; que quedé impresionado, como raramente me ha sucedido por el carisma de este hombre; saben que enseguida dije, escribí, que tenía madera de presidente y que un día sería ese presidente; y saben también que aposté por una victoria amplia, sin ambigüedad, comprendidos muchos de esos famosos swing states de los que me arriesgué a decir cuáles bascularían al campo demócrata.

Ayer se lanzaron los dados y cuando estas líneas aparezcan habrán parado de rodar y el mundo entero sabrá si este pronóstico era bueno. Quedará, entonces, lo esencial: lo que cambiará esta elección, verdaderamente, el destino de América y del mundo.

Que Obama no es ni un ángel ni un hombre providencial, es una evidencia.

Que no es ese europeo de honor con el que fantasea la izquierda francesa es algo sobre lo que habrá que reflexionar sin tardanza si no queremos tener un despertar demasiado difícil.

Eso no impide que, al menos sobre tres puntos, ese vaivén tenga efectos concretos y precisos, que conformarán uno de esos acontecimientos improbables, incalculables, en ruptura con la historicidad anterior, que son los acontecimientos históricos.

La Presidencia de Obama será una fecha decisiva, en principio, en la historia de aquello que en EEUU persiste en llamarse la «cuestión racial». No es que el racismo, claro, esté llamado a desaparecer de su imaginario nacional. Y basta de hecho desplazarse al interior del país para ver que el avance del candidato negro ha tenido por corolario una remontada simétrica de toda una ultraderecha nostálgica de la supremacía blanca y los viejos tiempos segregacionistas.

Pero es necesario oír lo que dice Obama de esa división y de la manera dramática en la que estructura desde hace tres siglos la sociedad americana. Hay que escucharle cuando, en cada uno de sus discursos, cita el E pluribus unum de Virgilio, del que está extraído el lema del país y que traduce como: «Nuestra nación es mayor que las partes que la componen». Y hay que medir el tabú que rompe cuando se dirige a los negros mismos para invitarles a no imputar únicamente al racismo la causa de sus males. Esa también, es una declaración nueva. Es el mensaje del último Martin Luther King, aquel de los años 1967-1968; pero se trata de una declaración nueva en relación a todos los discursos que hacen de la pertenencia a la raza la última palabra de la identidad de cada uno, y su callejón sin salida.

Una Presidencia Obama traerá esperanza a una América a la que los ocho años de Presidencia Bush ha hecho dudar de sí misma y de su famosa «misión» hasta el punto de que ha olvidado que ésta le es, confundiendo todas las tendencias políticas, consustancial.

En eso, Obama tampoco hará ningún milagro. Y nadie espera verle borrar en pocos días los desastres de años de deriva ultraliberal.Pero que él sea el hombre del necesario retorno al equilibrio hacia un rooseveltismo más atento a la suerte de los desheredados, nadie lo duda. Ni siquiera dudamos de su sinceridad cuando declara, incansablemente, que nunca será el presidente de una América azul, (progresista) contra otra roja (conservadora), pero que intentará devolver su sentido a la extraña belleza del nombre de este país sin nombre, pero no sin vocación, que son los Estados unidos de América.

El dúo McCain-Palin veía el sueño americano como una edad de oro a la que retornar. El, Obama, lo ve como una edad nueva que inventar, un modelo jamás puesto en marcha, un proyecto… Para hablar como Philip Roth, no una «pastoral», sino una invención social y política; una frontera que se desplaza y que debe trazarse de nuevo. Y él es muy fiel a ese espíritu pionero que construyó la grandeza de su país.

En cuanto a las relaciones con el resto del planeta, los escépticos pueden repetir hasta la náusea que una Presidencia de Barack Obama no cambiará nada la hiperpotencia americana y la reprobación que suscita. Hay que intentar imaginarse su rostro teniendo como presidente al representante de una minoría que, hasta ayer, no votaba. Hay que tratar de ver esa cara con los ojos de un congoleño que acaba de convencerse de que no hay una, sino dos humanidades.Hay que verlo con los ojos de un sudanés que, cuando Estados Unidos pedía a su Gobierno detener la masacre de Darfur, se acostumbró a escuchar la manifestación de un racismo de neocolonialista blanquito. Hay que imaginar un discurso de Obama en Kabul. O un discurso a la nación iraquí persuadida, a golpe de dolor o de razón, de que la Casa Blanca estaba en manos de una camarilla de tejanos que vino a ellos para saquear su petróleo. Hay que intentar mirarlo también como lo mirarían esos países mestizos que son Brasil, Bolivia o Venezuela.

El antiamericanismo nunca desaparecerá allí por encantamiento.Pero lo tendrá más difícil. Deberá revisar su argumentación.¿Ondas de choque planetarias? ¿Otro New Deal, geopolítico esta vez? Una cosa es segura, que hará pesar sobre los hombros del nuevo presidente una responsabilidad, por una vez, metahistórica: jamás una elección estadounidense ha suscitado, en el resto del mundo, una esperanza a la vez enloquecida y razonable.

© Mundinteractivos, S.A.

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Estados Unidos como espejo, de Pilar Rahola en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

Hoy habrá acabado todo. Y no me refiero sólo a las especulaciones, o a las esperanzas de unos u otros, sino también a la expectación mundial por unas elecciones que, siendo locales, resultan de un inequívoco interés planetario. Sea Barack Obama el 44. º presidente de Estados Unidos, confirmando todas las previsiones -y la mayoría de las ilusiones-, o sea McCain -haciendo buena la tendencia a la sorpresa que tienen estos comicios-, lo cierto es que hoy cerramos carpeta informativa, vuelven los corresponsales y descansan los analistas y probablemente el sufrido ciudadano agradece que finalice la yanquimanía de las últimas semanas.

Lo cierto es que ha sido una etapa apasionante de la política internacional, y que los privilegiados que han vivido in situ la noche electoral norteamericana habrán tocado con los dedos la historia. Si conocen alguno, no se acerquen mucho, porque les caerán encima sus entusiastas e inacabables batallitas, convencidos de haber hecho un máster acelerado de Estados Unidos en dos telediarios. Y es que Estados Unidos tiene este efecto vudú en muchos periodistas, que pasan de odiar a este notable país, con la misma celeridad que lo adoran, cuando se está allí cuatro días. Acabado, pues, el magno acontecimiento, y despejadas las incógnitas más inmediatas, queda por analizar qué han aportado estas elecciones al resto de los mortales. Es decir, a los que hablamos mucho de estas elecciones, pero no las votamos. ¿Podemos importar alguna idea? Julia Otero hacía esta pregunta en su Gabinete del lunes,en Onda Cero. ¿Qué hemos aprendido, después de semanas de seguimientos, debates, análisis, previsiones y todo tipo de interpretaciones? ¿Qué hemos aprendido, si hemos aprendido algo?

La primera constatación es que el mundo de la política norteamericana ya no puede vivir sin internet. La red se ha convertido en la catapulta más sólida de un candidato outsider cuyas posibilidades, al inicio de campaña, eran muy escasas. Las cifras de la presencia de Barack Obama en internet, en comparación con el resto de los políticos de su país, son tan abrumadoras, que no pueden ser despreciadas. Redes de internautas, foros y blogs han tejido una tupida cadena que ha ayudado al senador, tanto en el terreno económico – con una histórica lluvia de minúsculas pero permanentes ayudas financieras-, como en la multiplicación de simpatías. Obama fue el candidato estrella de internet antes de ser el candidato oficial de su propio partido, y ello, que fue despreciado por la mayoría de analistas, se ha demostrado una fuerza imparable. ¿Cabe pensar que ese papel de la red también será clave en nuestras próximas elecciones? Sin duda no lo será a escala norteamericana, pero tampoco resulta despreciable. De hecho, el caso del partido de Rosa Díez, que obtuvo escaño sin apenas presencia mediática, tiene algo que ver con esta dinámica y potente fuente de comunicación.

Pero una buena implantación internáutica no sirve de nada si el candidato no es, a su vez, un nuevo tipo de político, alejado de la férrea estructura clásica, más cercana al ciudadano que al tupido entramado de intereses que representan los partidos clásicos. La gran lección norteamericana tiene que ver con la imagen de self made man,de esa especie de nuevo Prometeo que roba el fuego de los dioses para devolverlo a los mortales. Por ello Obama tuvo mucho cuidado en criticar a la “clase política de Washington” – a pesar de ser un producto de esa misma clase-, y por ello mismo McCain intentó la candidatura de una “mujer de provincias”, también hecha a sí misma. Aunque, en este caso, el experimento salió desastroso.

En España, en cambio, por mucha Second Life que se monten los candidatos más modernos, o por mucha web abigarrada que presenten los más clásicos, lo cierto es que la política está atrapada en la asfixiante estructura de partidos, que no permite ninguna heterodoxia a los candidatos, ni ninguna alegría a los votantes. No sólo no tenemos listas abiertas, ni ningún tipo de representación directa, sino que los propios candidatos nacen de una vida interna partidista que se parece a la libertad tanto como una stripper se parece a una monja. En EE. UU. llegan los candidatos más brillantes, más libres, los que han sido capaces de seducir a más personas, aunar más apoyos, y aquellos que presentan una cartera propia de propuestas. En España llegan los más pelotas, los que menos problemas han creado al sacro partido, los más serviles y, sin ninguna duda, los que menos perfil propio presentan. Antes comisarios políticos que ideólogos. Antes militantes que líderes.

Si sumamos que en EE. UU. no hay pactos pornográficos para impedir la libertad periodística en los debates, completamos la diferencia entre unas elecciones apasionantes, con líderes de verdad, y unas elecciones edulcoradas, con líderes prefabricados y faltos de toda personalidad. Y ello sin hablar de financiación, que en Estados Unidos es transparente, y en España es opaca. ¿Lecciones, pues? Tantas como asignaturas pendientes nos quedan. No sólo no tenemos un Obama. No tenemos las condiciones para crear una ilusión colectiva como la que él engendra.

http://www.pilarrahola.com

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Consejo de Ministros el sábado, de Manel Pérez en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

ANÁLISIS

Que Zapatero ha decidido tomar el timón de la gestión de la política para enfrentar la crisis económica es una evidencia desde hace ya un mes. Lo novedoso es hasta qué extremo Zapatero quiere controlar y estar encima de las medidas que se adoptan, como si no estuviera completamente seguro de que saldrían adelante sin una actitud de vigilancia extrema.

El presidente ha desplazado al sábado la habitual reunión semanal del Consejo de Ministros de los viernes. La razón, que Zapatero pueda presidir el Consejo que apruebe las medidas anunciadas el pasado lunes por él mismo. El viernes estará en Bruselas, en el Consejo europeo extraordinario que analizará las propuestas de la UE para la cumbre del G-20 en Washington. Así que, Consejo de Ministros el sábado.

Zapatero ha asumido el protagonismo en la presentación y ejecución de las medidas de su Gobierno. La pregunta es si es simple estrategia de imagen o revela que sin su voluntad política el área económica del Gobierno no sería tan entusiasta con las medidas. Por ejemplo, la lentitud en la puesta en marcha del plan para dar liquidez al sector financiero. Ayer, Pedro Solbes sugirió que el margen del Gobierno para nuevas medidas estaba prácticamente agotado. ¿Habrá réplica de Zapatero?

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Izquierda Unida en el jardin, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

El ojo del tigre

Los socialdemócratas asturianos, agremiados en el PS(O)E, les han abierto la puerta de su jardín a los ejecutivos de la cada vez más proteica Izquierda Unida. Es la segunda vez que aquellos les permiten a éstos disfrutar de las delicias de ese intrincado jardín de las hespérides, en donde se producen los frutos dorados de la divina democratización de la dictadura más inicua que se recuerda en este país. Los voluntariosos líderes de la difusa coalición -recordemos que, después de perder de vista su auténtica matriz marxista, en Asturias I.U. se convirtió en una trinidad pragmática, irisada, babélica y maximalista, elevada a la categoría de partido político- se han apresurado a decir que, con ellos en el jardín, será posible resolver desde una perspectiva de la izquierda todos los problemas que agobian, en este momento, a la comunidad asturiana.

En Izquierda Unida es posible que ya no tengan muy clara cuál es su auténtica identidad ideológica, pero no cabe la menor duda de que están completamente seguros de que ellos son los taumaturgos que necesitan los socialdemócratas para resolver los problemas que la tozuda realidad les plantea a los asturianos en estos momentos de depresión económica mundial. En el PS(O)E, quizá piensen que compartiendo su jardín con el tripartito circunstancial, en el que se ha convertido la antigua Izquierda Unida -probablemente, porque tres pares de ojos ven más que uno solo…-, más el prodigioso viaje de la Corte del Principado de Asturias a Qatar (un fantástico lugar de las Mil y Una Noches, en donde los petrodólares manan a raudales del suelo o, incluso, de las orejas de sus príncipes…), la próxima primavera, Asturias pueda proclamar urbi et orbe que la depresión económica occidental es un simple bulo judeo-masónico.

Sin embargo, ese fabuloso deseo no se cumplirá. La eufórica tesis de los jardineros que acaba de contratar el PS(O)E, para que le ayuden a resolver el problema desde una perspectiva de la izquierda, es más un deseo imposible que una realidad concreta. La izquierda asturiana -y, por lo tanto, española- por no tener, no tiene ni perspectiva… con la mitológica Transición, en los contubernios de la Moncloa la dejaron desnuda como el mar. El tocomocho de la democratización de la sociedad española -cuyo secreto consistía en reconvertir la ley orgánica franquista en otra ley orgánica posfranquista: de la ley a la ley…– dejó al PCE para el arrastre. A la República ni tan siquiera la invitaron para que presenciara -sin voz ni voto- la milagrosa mutación de la dictadura en democracia.

¿A qué izquierda invocan los dirigentes de la coalición inventada por los comunistas de salón -quizá, también de alcoba…- para liquidar definitivamente al histórico PCE, precisamente cuando este partido ya estaba jadeando y condenado a desaparecer del mapa de la nueva democracia, con la que se iba a vestir de gala la declinante dictadura franquista…? De la Transición salieron vivas casi todas las ideologías -que aun latían- de la Primera Restauración borbónica. Incluido el PSOE, a quien -después de haber sido meticulosamente pasteurizado– le permitieron interpretar un papel principal junto con los cocineros que dirigía el chef: don Torcuato.

Salieron casi todas vivas, menos la histórica izquierda del movimiento obrero, a quien -como le sucedió a la República- tampoco la invitaron al contubernio Monclovita. Esta izquierda era tan necesaria, como imprescindible, para que la democracia, que elaboraban a brazo los chocolateros de La Moncloa, fuera una garantía para el pluralismo político y para las libertades sociales. La izquierda obrera también está desaparecida. No tiene sitio ni en el jardín del PS(O)E. Entre otras causas, porque ni a los actuales (o hipotéticos) partidos de la izquierda les interesa que lo tenga. Primero, porque si existiera ellos poco o nada tendrían que hacer. Segundo, porque la izquierda auténtica les exigiría demasiado: a), tener conciencia de su propia dignidad; b), actuar de acuerdo con su impulso moral, y c), no traicionar su sentimiento universalista.

Como esto les parece que es pedirles demasiado, han decidido que lo más cómodo para ellos es fingirla. Tres décadas después de que la Transición fuera deliberadamente manipulada, para que quedaran fuera del juego democrático desde la República hasta la izquierda obrera, que le había dado a aquella una auténtica dimensión popular, cualquier promesa que se haga en nombre de la izquierda será una farsa. En ciertos casos, una felonía. Ya sea dentro o fuera del jardín.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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El oprobio de Bush, de Javier Ortíz en Público

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

Cuando escribo estas líneas, aún no está totalmente decidido quién será el ganador de las elecciones presidenciales estadounidenses. A cambio, sí se sabe quién será el gran perdedor: George W. Bush.

Bush ha llegado al final de su mandato en medio de un desprestigio tan descomunal que una de las preocupaciones fundamentales de quien hubiera debido presentarse como su sucesor, el candidato republicano John McCain, ha sido desmarcarse de él y de su obra, publicitándose como abanderado del cambio.

Durante la campaña electoral, McCain ha huido del apoyo público de las cabezas visibles de la Administración Bush como quien escapa del famoso abrazo del oso amigo. Tenía la convicción, supongo que muy bien fundamentada, de que el respaldo de Bush, Cheney y consortes le quitaba muchos más votos de los que le proporcionaba.

La Presidencia de George W. Bush pasará a los anales como una de las más dañinas, torpes y brutales de la Historia de los EEUU. Además, con vocación de absoluto, porque ha sido nefasta en los más diversos terrenos. Algunos de sus desastrosos yerros podrán tal vez ser rectificados por la Administración que tome el relevo el próximo enero, pero otros tienen ya difícil apaño. Es el caso de los desastres derivados de los fundamentos agresivos y militaristas de su “guerra global contra el terror”, que ha metido a las Fuerzas Armadas estadounidenses en numerosos avisperos, de los que en este momento el más activo es el de Afganistán, pero que abarca, en líneas generales, desde el Pacífico hasta el Mediterráneo, pasando por el Índico. Bush ha engrasado una infernal maquinaria industrial-armamentística que se nutre de las guerras –crueles, pero económicamente muy rentables para quienes fabrican la leña que atiza el fuego– y ha instaurado una política exterior basada en el desprecio del Derecho internacional y en la primacía absoluta de la santa voluntad de la Casa Blanca. Difícilmente podrían ser neutralizadas por su sucesor la una y la otra, en el caso de que se atreviera a hacerlo.

Ha conseguido elevar la arrogancia a la categoría de signo distintivo patrio.

Se irá él, pero perdurará su tétrico legado.

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Es la corrupción, estúpido, de Joan J. Queralt en Cinco Días

Posted in Justicia, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

El otro día oí a un afamado tertuliano diciendo una obviedad y una peligrosa sandez. La primera: todas las crisis económicas se deben a falta de liquidez. La segunda: no importa cómo hemos llegado aquí. Estas dos afirmaciones demuestran que el hombre es un animal que de tropezar dos veces con la misma piedra hace un hábito.

¿Por qué? Porque, lo estamos viendo, le sale gratis. Salvo en Alemania, que siguen siendo weberianos, que ha abierto algunas diligencias penales contra directivos de alguna entidad, en ningún otro país existen actuaciones contra los esquilmadores que se han adueñado del mercado. Y en ninguno se les ha pedido que devuelvan nada; sólo algún ingenuo dirigente habla de limitar las remuneraciones de los directivos de las entidades subvencionadas con los dineros de todos.

Los magos de la tribu, en las trastiendas ya desde Thatcher y Reagan (Friedman, Hayek, Greenspan…), se hicieron con los mandos reales de la economía pública y privada -la globalización negativa- y han predicado hasta la saciedad que lo que mueve todo es la mano invisible del mercado. Han conseguido un mundo financiero y económico en general con poquísimos controles y, los que aún subsistían, desactivados. ¿Cuántos mensajes de alerta enviaron los pontífices del Banco Mundial o del FMI? Repare el lector en que, sustituido un economista conservador por otro socialista al frente del FMI, ningún giro doctrinal se ha producido, lo que indicia bien a las claras que los gerentes cobran -y otras cosas-, pero los que mandan son otros.

Levantar todas las rejas del corral y dejar que las zorras dirigieran el cotarro en una infausta versión economicista de la granja orwelliana, no sólo era un disparate, sino que ha sido el pasaporte a la catástrofe financiera -el soporte de la economía productiva y del consumo privado-. El objetivo era claro: expoliar el sistema. Así, se han volatizado, como por ensalmo, cientos de miles de millones de la moneda que desee el lector. En la inmensa mayoría de supuestos ese dinero sólo era un gigantesco y fraudulento apunte contable que, como en el timo de la pirámide, se ha ido haciendo efectivo hasta que el último, es decir, el público, ha de pagar el pato.

Como en la crisis anterior, la de las puntocom, han sido los controles aparentemente formales los que han fallado. Entonces, se demostró la inutilidad de los auditores, cuando actúan en connivencia de los directivos de las sociedades a auditar: elevaron a la categoría de las bellas artes la contabilidad empresarial. Bastó poco más de alguna condena (Enron y Worldcom) o dos años de cárcel para un directivo voluntario -que bien cobró por ello- de Arthur Andersen y pare usted de contar. Ahora han sido las agencias de clasificación, a las que nadie clasifica ni controla, las que ningún aviso han lanzado.

El mundo actual vive una flagelante paradoja. Por un lado, nunca en la historia tantos millones de seres humanos han gozado de tanto bienestar ni en lo material ni en lo jurídico; pese a hambrunas, pandemias o guerras, es una verdad incontrovertible. Pero junto a este elemento más que positivo, y de ahí la lacerante paradoja, nunca antes la humanidad había estado expuesta a tanta corrupción, pública, privada, económica y política como ahora.

No se trata en la actualidad de que un directivo o un funcionario meta la mano donde no debería. Eso ha existido siempre y, mal que bien, algún castigo recibían; eran, incluso cuando dominaba la gomina, casos individuales, significativos, pero individuales. Ahora no; ahora ha sido toda una clase dirigente, desde sus poltronas sufragadas con impuestos o dividendos dejados de percibir por los accionistas, la que con un furor desatado se ha dedicado, después de reventar las cancelas, a saquear todo lo que de líquido estaba a su alcance. Para procurarse tanto la impunidad como la continuidad en el tiempo -ambos objetivos alcanzados- emitieron papel sobre papel, anotado sobre más papel, y aquí paz y después gloria.

Esas operaciones de bonos, que valen menos que el del soporte en que van impresos, esos incentivos -stock options, bonus…-, esas indemnizaciones a directivos de miles de millones, esos negocios tan insólitos como ruinosos a simple vista, esa guerra de Irak a crédito (la guerra de los 3 billones, según Stiglitz), esas satrapías petroleras y orientales, esos fondos soberanos… todo eso y mucho más es fruto directo de la corrupción. No se ha podido llegar hasta aquí sin someter -o incentivar- voluntades con montañas de dinero. Algo debería hacerse, para que, por primera vez, los 40 ladrones se queden sin el tesoro de Alí Babá.

Joan J. Queralt. Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona

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La noticia más importante del martes no es Obama, ni siquiera el paro, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 5 noviembre, 2008

Como siempre la pista me la proporciona el diario financiero de referencia a nivel internacional: el Financial Times. Reseña en páginas interiores e interpretación en Lex Column. Una noticia, a mi juicio, más importante que el resultado de las elecciones en Estados Unidos e, incluso, que el dato de paro a nivel nacional con todo lo que tiene de esperanzadora la primera para muchos y de desalentadora, para otros tantos, la segunda. No las estoy minusvalorando, no me mal interpreten. Simplemente creo que en la jerarquía de la información de ayer martes hay una pieza que gana, por escaso margen, a todas las demás: el reconocimiento explícito del presidente chino de que si el crecimiento de su país se ralentiza, -hasta situarse, según los analistas, por debajo del 8%-, “peligrará el empleo, la recaudación fiscal y el desarrollo, llegando incluso a ponerse en riesgo la estabilidad social de la nación”. Ups. Lo que se venía cacareando sotto voce por los conocedores de la cuestión, no sólo es real como la vida misma, sino que lo es hasta el punto de que las propias autoridades chinas reconocen que la bonanza económica de los últimos años ha sido la espita que ha permitido que esta particular olla a presión no estallara. Un guiso de más de mil millones de ciudadanos cuya movilización puede traer consecuencias impredecibles. Y no sólo en China.

Las declaraciones coinciden con una fuerte ralentización de su actividad industrial e inmobiliaria, especialmente en las exportadoras provincias costeras del sur, lo que ha llevado al gobierno a desarrollar políticas expansivas tanto de tipo monetario (tres bajadas consecutivas de tipos de interés y eliminación de cualquier restricción impuesta con anterioridad a la actividad crediticia) como de corte fiscal, a través del establecimiento de programas de infraestructuras públicas, fundamentalmente ferroviarias. Un doble mecanismo de actuación sobre su economía que se encuentra con una restricción igualmente dual. El efecto perverso que puede tener sobre el poco profesionalizado sistema bancario chino la instrucción estatal de dar financiación a quienes lo soliciten, más allá de la solvencia que acrediten, argumento que centraba la Lex Column de ayer, y la más que lenta transición del ahorro al consumo por parte del ciudadano medio chino, que hace que la dependencia del ciclo global para su realidad económica no se relativice con el paso del tiempo. Junto con la política de cambio que China finalmente adopte, que en las circunstancias actuales tiene pocos visos de cambiar por lo que no esperen una apreciación acelerada del yuan, son éstos dos elementos claves para entender cuál puede ser el futuro del país.

Respecto al primero, efecto multiplicador de la banca privada, les traigo a colación un muy interesante artículo recogido ayer por Yves Smith en Naked Capitalism. Como siempre provocador y esperemos que, en contra de lo que suele ser habitual, no premonitorio, por el bien de todos. China se enfrenta a una crisis de liquidez, es el encabezamiento. Cuando menos, sugerente teniendo en cuenta que estamos hablando del mayor depositario de reservas del mundo. Tras recordar que la solvencia de la banca china es un tema que se viene cuestionando desde 2006, y que la situación se ha visto agravada en los últimos meses como consecuencia de los fallidos en los préstamos a promotores, viaja hasta Estados Unidos para llevarnos, de la mano de Stratfor -ese viejo conocido de ustedes y mío, que anticipara la nacionalización boliviana de los pozos de Repsol como recogimos en su día en este Valor Añadido-, a las afirmaciones realizadas por una de los principales entidades financieras del país: The People´s Bank of China: hay una probabilidad cierta de que se produzca un credit crunch inmobiliario y, por ende, bancario que se lleve el sistema financiero local por delante. La pieza es corta y merece una lectura detallada. Si verdaderamente hay este fuego y las autoridades, como señala la Lex, están dedicándose a echar gasolina adicional, cuidadín, cuidadín que la que viene puede ser de agárrate y no te menees.

Por lo que hace referencia al consumo, me remite un lector un informe de Factset extraordinariamente interesante, available upon request. Bien. El punto de partida es cañero y revelador. Como consecuencia de la ralentización que vive el país, “puede que el proceso de liberalización económica emprendida en los últimos años sea finalmente más ilusorio que real”. Toma ya. ¿Efecto Olimpiadas? A partir de ahí, cada párrafo una idea nueva que daría para multitud de artículos diferentes. Yendo a la parte que nos ocupa, la posibilidad de creación de una demanda interna suficiente que aminore la dependencia exterior, hay un elemento esencial para entender los obstáculos a la materialización de dicho fenómeno. Señalan los autores, Jean Luc Buchalet y Pierre Sabatier, que “China será antes vieja que desarrollada”. En un país donde la cobertura sanitaria, educativa y de jubilación brilla por su ausencia, se ha implantado en el subconsciente colectivo la necesidad de prevenir el futuro. No hay que olvidar que la política de un solo hijo está generando un desequilibrio en la pirámide poblacional que ríanse ustedes de los problemas de la Seguridad Social en España. Se espera que el escalón de mayores de 60 años crezca a un ritmo cinco veces superior al resto de aquí al 2020, reduciéndose el nivel de dependencia de 5 a 1 a 2 a 1 en el mismo periodo. Ni las caídas de la bolsa ni el colapso inmobiliario van a ayudar que ese consumo nacional, que en el peso del PIB es exactamente la mitad que el de los Estados Unidos (36% contra 71%), repunte en el corto plazo. Olvídense.

Concluyo, que hoy se me ha ido la mano. Lo importante de todo lo relatado no es tanto lo que está pasando en China cuanto las consecuencias que puede llevar aparejadas. Ante el riesgo de desorden social, caben tres alternativas, a cada cual más preocupante. Una primera, la represión interior y el control absoluto de la economía que vuelve a servir al Estado y no al mercado. Posible pero poco probable. Una segunda, expansión militar mediante la adecuada identificación de un enemigo exterior. Unir al país no en sino contra un objetivo común. Un recurso tradicional que, en manos de China, podría resultar absolutamente terrorífico. Porcentaje bajo de probabilidad. Cualquier conflicto global a día de hoy tiene más visos de generar sólo perdedores y no vencedores o vencidos a partes iguales. Cosas de la sofisticación militar. Tercera y última, repliegue controlado que se concretaría en un aumento sustancial de los niveles de proteccionismo de su economía, subvencionando las exportaciones, con un papel estelar de su moneda, y asegurándose los aprovisionamientos mediante acuerdos bilaterales como ha realizado de forma más o menos soterrada hasta ahora. Se trataría de mantener la actividad exterior como única tabla de salvación, más allá de la débil realidad económica internacional. Dado que la reciprocidad lleva a medidas similares por parte de los alter egos en el comercio internacional, puede que mi optimismo respecto al futuro del libre comercio fuera infundado. Quién sabe. As usual, se abre el debate. Perdón el rollo de hoy.

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Taleb, autor del best seller ‘El cisne negro’, hace de oro a los hedge que apostaron por el crash de octubre, de Elena Sanz en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 5 noviembre, 2008

Nassim Nicholas Taleb se ha convertido en el hombre de moda y, posiblemente, en uno de los más deseados del mundo financiero. Las estrategias de inversión de este antiguo operador de bolsa reconvertido en filósofo, y autor del best seller El cisne negro, han permitido obtener ganancias superiores al 50% a aquellos gestores que han seguido sus consejos durante el octubre más negro de las bolsas desde la Gran Depresión. Taleb apostó el pasado mes por el desplome de los mercados, algo que era impensable, en la magnitud en que se ha producido, para la mayoría de los inversores. Lo improbable, una vez más, se hacía factible.

El hedge fund Universa Investement, gestionado por Mark Spitznagel y puesto en marcha hace un año con la ayuda de Taleb, es un claro ejemplo de cómo beneficiarse de lo excepcional. Las rentabilidades de sus fondos han oscilado entre el 65% y el 115% sólo durante el mes de octubre, según datos de The Wall Street Journal.

A grandes rasgos, la teoría de este profesor de matemáticas financieras de la Universidad de Nueva York se basa en que los inversores minusvaloran la probabilidad de que se produzcan movimientos extremos en los mercados, especialmente cuando se vive un periodo de bonanza y la volatilidad es baja, situación en la que se encontraban la mayoría de los activos financieros antes del estallido de la crisis. Para Taleb, apostar porque tales sucesos extraordinarios se produzcan puede derivar en ganancias millonarias, como ha quedado patente en las cifras de Universa.

La estrategia de inversión de Taleb se materializa a través de operaciones de compra o de venta de opciones que tienen como objetivo aprovechar las oscilaciones extremas de los mercados, ya se trate de subidas excepcionales o del colapso de los mismos. Un ejemplo. Cuando el Standard & Poor’s 500 cotizaba ligeramente por debajo de los 1.200 puntos a principios de octubre, Universa compró opciones de venta (‘puts’) que sólo se ejecutarían si el índice caía hasta 850 puntos a finales de mes. En ese momento, las opciones costaban sólo 90 centavos, ya que la probabilidad de que el índice se hundiera un 29% en un mes era muy remota, por no decir imposible.

El 10 de octubre, cuando el indicador se encontraba en los 899 puntos, esas mismas opciones valían ya 60 dólares. Fue en ese momento cuando la caja registradora de Universa empezó a sonar con fuerza: vendió la mayoría de estas posiciones en un rango máximo de hasta 50 dólares, según las informaciones a las que ha tenido acceso el diario económico estadounidense.

Pérdidas limitadas

Pero, ¿qué pasa si las predicciones no se cumplen? Y es aquí donde radica una de las principales ventajas de las estrategias del Cisne Negro. Se puede ganar mucho dinero ante un acontecimiento excepcional, pero si éste no tiene lugar, estas ideas de inversión están diseñadas para limitar las pérdidas a unos pocos puntos porcentuales. Al operar con opciones que apuestan por oscilaciones tan extremas, out of the money o fuera de dinero, los precios abonados por la prima asociada a estos derivados son muy bajos, lo que permite restringir las minusvalías en caso de errar en la jugada. Basta con no ejecutar y perder lo pagado.

La jugada maestra de Universa consistió en aprovechar el desplome de las bolsas así como el de algunos valores financieros concretos. Fue el caso de American International Group (AIG), la aseguradora que en septiembre tuvo que ser rescatada y nacionalizada por el Gobierno de Estados Unidos. A finales de julio, el hedge fund pagó 1,29 dólares por cada opción ‘put’ sobre la compañía. El hedge fund sólo ejecutaría los contratos si la acción caía por debajo de 25 dólares en septiembre. Ese mismo mes se produjo el rescate gubernamental y el fondo vendió sus opciones a razón de 21 dólares cada una.

Taleb actúa en la actualidad como asesor del fondo y no gestiona ningún hedge fund de su propiedad desde que en 2004 se viera obligado a cerrar Empirica Capital -otro hedge que usaba tácticas similares a las de Universa-, después de varios años sin ganancias y en medio de un periodo de baja volatilidad. Y es que las estrategias de inversión de este nuevo gurú de los negocios se enfrentan ahora a su particular prueba de fuego, después de la resaca que ha dejado tras del sí el mes de octubre. La tarea de los gestores se centra ahora persuadir a sus clientes para que mantengan la confianza en estos fondos tras las fuertes ganancias obtenidas ya que, históricamente, las bruscas oscilaciones de los mercado sólo se han presentado una o dos veces cada diez años. ¿Habrán cubierto su cupo?

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Fondos de pensiones, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

Ante la noticia de que el Gobierno argentino quería nacionalizar los fondos de pensiones se han escuchado todo tipo de improperios. Claro que casi todos provienen de las mismas posiciones: de aquellos que, de una u otra forma, están unidos a los intereses de las entidades financieras, y de los que, del otro lado del Atlántico, les importan un comino los argentinos pero profesan como dogma el neoliberalismo.

Siempre resulta difícil juzgar las medidas tomadas en otro país a tantos kilómetros de distancia, por lo que hay que ser prudentes a la hora de calificar ésta como positiva. Pero, por la misma razón, para ser creíbles, sus detractores deberían dar razones contundentes que no aparecen por ninguna parte.

Al margen de segundas intenciones, que no están probadas, la norma pretende retornar al sector público el control de unos recursos que de privados sólo tienen el nombre (si es que los tienen), ya que el Estado debe aportar todos los años 4.000 millones de pesos, pues, de lo contrario, el 77% de los jubilados no llegarían al mínimo de pensión. Y el resto lo aportan, sí, los trabajadores, pero de forma coactiva. La administración de esos recursos no tendría que haber salido nunca del sector público, y si lo hizo fue porque se aplicaron rabiosamente los principios neoliberales; lo que en Europa, por suerte, no se permitió hacer de forma tan extrema a los ideólogos del nuevo credo, a pesar de ser muchos de ellos europeos, y así las pensiones continúan, al menos en parte, siendo públicas.

Tiene razón Cristina Kirchner cuando denuncia la diferente vara de medir de los críticos internacionales que, mientras bendicen las intervenciones públicas de los gobiernos europeos y estadounidense, arremeten contra la intervención que realiza el Ejecutivo argentino. La diferencia radica en que las primeras consisten en meter dinero en los bancos y la segunda en retirarlo de las instituciones financieras.

Es posible que el Estado argentino no haya dado demasiadas muestras de fiabilidad, pero en buena medida se debe al hecho de haber adoptado la ortodoxia neoliberal. ¿Acaso el “corralito” no fue la consecuencia de ese absurdo propósito de mantener el peso anclado, contra viento y marea, en el dólar? De todos modos, la crisis actual está demostrando que por muchos riesgos que se abatan sobre un Estado siempre son menores que los peligros que corren los recursos en las entidades financieras, a no ser que precisamente ese Estado tan denostado acuda en su auxilio.

Los llamados fondos privados de pensiones son uno de los mayores timos que ha ideado el neoliberalismo. El dinero queda cautivo en manos de las entidades financieras, que son las únicas que saben en qué se han invertido las aportaciones de los partícipes. Si es en renta variable, el riesgo puede ser altísimo, y si es en renta fija, la escasa rentabilidad -si es que la hay, que tampoco es seguro- se la comen las comisiones. Durante años se nos ha bombardeado con la teoría de que las pensiones públicas corrían peligro y que era fundamental completarlas con fondos privados. Ahora son éstos los que se evaporan ante la mirada atónita de muchos.

La mayor memez se vivió cuando el último Gobierno del PP pactó con los sindicatos de la Función Pública que un porcentaje de la subida anual de los funcionarios fuese a parar a un fondo de pensiones privado. La intención del Gobierno era evidente, propagar la idea de la necesidad de los planes de pensiones. Pero, ¿y la de los sindicatos, que siempre habían estado en contra de ellos? Se dejaron arrastrar por el mismo error que cuando firmaron el Pacto de Toledo. Un afán de protagonismo y del poder que les concedía manejar estos recursos cautivos, ya que ellos participaban en la gestión y control de los fondos. ¿A cuánto asciende ahora el saldo?

Aún es peor, si cabe, la idea que ha estado rondando los últimos años y a la que, al parecer, el Gobierno de Zapatero no hacía ascos. La de invertir en Bolsa los fondos de reserva de la Seguridad Social. Menos mal que no les ha dado tiempo. Hubiesen sido capaces de jugárselos en Bolsa. Supongo que ahora no habrá nadie que defienda tan peregrina teoría.

www.telefonica.net/web2/martin-seco