Reggio’s Weblog

El valor de la jurisdicción constitucional, de Marc Carrillo en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

Si el siglo XIX fue el siglo de los Parlamentos, el XX ha sido el de las jurisdicciones constitucionales. Así lo argumenta Gustavo Zagrebelsky, antiguo magistrado y presidente de la Corte Constitucional italiana, al señalar la importancia del juez de la ley en el Estado democrático. Y probablemente así será en el futuro, sobre todo mientras que un colegio de jueces conserve el control de la adecuación de la ley a la Constitución. En su libro Principios y votos (El Tribunal Constitucional y la política), este constitucionalista de la Universidad de Turín reflexiona sobre la relevancia de la jurisdicción constitucional y los problemas que la acechan. Sus argumentos trascienden al caso italiano y alcanzan a la función que ejercen los Tribunales Constitucionales en los diversos contextos democráticos. Vale la pena reseñar algunos.

El primero: la función del Tribunal Constitucional (TC) es política, pero al mismo tiempo no pertenece a la política. Que el juez de la Constitución declare nula una ley o parte de ella, siendo la ley obra del Parlamento -depositario de la soberanía popular-, no es cuestión banal. Tiene una trascendencia política indudable en la medida que supone una sanción al legislador, obligándole, si cabe, a modificarla. Es una de las reglas de juego, derivada de que la propia Constitución haya instituido un órgano con capacidad para ejercer ese poder contramayoritario, en defensa de su jerarquía sobre la ley. Y es una garantía para las minorías frente a los excesos de la mayoría parlamentaria. Pero el tribunal no es un órgano que pertenezca a la política, porque sus decisiones no han de responder a criterios de oportunidad, sino a reglas de interpretación jurídica que configuran un ámbito distinto. Entre éstas se encuentra el principio de deferencia al legislador del que ningún TC puede abstraerse: cuando una sentencia anula una ley ha de ser una solución extrema, siempre que de su contenido no sea posible deducir racionalmente una interpretación adecuada a la Constitución.

El segundo: la autoridad institucional de los tribunales constitucionales crece cuando sus decisiones se toman por unanimidad o por una mayoría cualificada de jueces. No se trata, por supuesto, de denostar la existencia del disenso que se expresa en los votos particulares, que vienen a ser una forma de diálogo jurídico entre las diversas posiciones surgidas en la deliberación. En la jurisdicción constitucional italiana no están previstos, pero ello no es óbice para que el profesor de Turín apunte otra reflexión de especial interés: la discrepancia jurídica no puede concebirse como un intento de debilitar socialmente la posición de la mayoría, porque el voto particular no es una competición política ni el tribunal puede operar -sostiene- “como la quinta columna de la política”. Un ejemplo de esta perversión institucional es el que ha mostrado en EE UU el juez Scalia en su disenso a la sentencia 553 US. (2008) de 12 de junio, que decidió acerca de la inconstitucionalidad de aspectos relevantes de los “tribunales de revisión del estatus de combatiente” (Combattant Status Review Tribunals) por violación del hábeas corpus de los detenidos en Guantánamo, al afirmar que las consecuencias de la sentencia eran que “hoy, por vez primera en nuestra historia, este tribunal confiere un derecho constitucional a enemigos extranjeros, detenidos en el extranjero por nuestras fuerzas armadas durante una guerra”. ¡Ahí es nada!

Otro aspecto que resulta decisivo para toda jurisdicción constitucional es el valor de la jurisprudencia asentada a lo largo del tiempo y su continuidad, que aporte seguridad jurídica a fin de que el recurrente sepa a qué atenerse cuando accede al tribunal. El valor de los precedentes creados por un TC es un signo de autoridad jurídica, hasta el punto que a veces es mejor confirmarlos hasta que no aparezcan nuevos elementos que aconsejen una revisión. Pero, es obvio que la jurisprudencia no puede ser estática y que entre esos elementos se encuentran los cambios que puedan producirse en el parámetro constitucional de referencia. Por ejemplo, en España, si el bloque de constitucionalidad se modifica a causa de la reforma estatutaria, la nueva jurisprudencia habrá de construirse a partir de esos cambios.

Finalmente, aparece el tema de la independencia del juez constitucional. No sólo respecto de agentes externos, sino también de sí mismo y sus legítimas creencias y convicciones de todo orden. Porque éstas siempre habrán de ocupar una posición netamente subordinada a la Constitución. Lo expresaba con clarividencia el juez de origen judío del Tribunal Supremo de EE UU Felix Frankfurter en su disenso a la sentencia que cambió la doctrina sobre la obligación del saludo a la bandera (West Virginia Board of Education v. Barnette, 319 US.624, 1943), que resolvió que este deber era contrario a la libertad ideológica. Al margen de su discrepancia sobre el fondo de la cuestión, cabe retener su posición acerca de que “los jueces no somos ni judíos, ni católicos, ni agnósticos, todos debemos a la Constitución el mismo respeto y nuestros deberes nos obligan en la misma medida. Cuando se ejercen funciones jurisdiccionales, se deben dejar aparte las propias opiniones sobre las virtudes o los vicios de una determinada ley”. Sin duda, es lo adecuado para mantener el valor institucional de la jurisdicción constitucional.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra.

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Esperando a Obama, de Josep Ramoneda en El País de Cataluña

Posted in Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

Se ha dicho que, si del resto del mundo dependiera, Obama tendría la elección asegurada y por goleada. Incluso hay quien ha escrito que Israel es el único país del mundo en que se desea la victoria de McCain. Naturalmente, para los ideólogos neoconservadores que creen que el liderazgo de Estados Unidos debe asentarse sobre la fuerza, la intimidación y el miedo, esta empatía mundial con Obama es la mejor prueba de que su victoria debilitaría el poder americano. El imperio ha de ser temido, dicen. Pero hay ganas de volver a hablar bien de Estados Unidos. Y por eso hay tanta gente esperando a Obama.

Sin duda, la simpatía por Obama tiene razones muy diversas. Y la primera y principal es el enorme rechazo que Bush tiene en todas partes, por haber contribuido de modo entusiasta a aumentar el caos y la confusión en el mundo. Bush se ha inventado una realidad a su medida para hacer creíble la revolución conservadora que su camarilla ideológica le había preparado. Pero la realidad es terca y lo que tenía que ser la conquista ideológica del planeta se ha convertido en aislamiento y rechazo creciente a la potencia. Se habían equivocado de mundo, por tanto, de discurso.

De la victoria de Obama se espera sobre todo un cambio de estilo y de actitud. Del mesianismo del que pretende que su país ha sido escogido por Dios para cambiar el mundo a la complicidad del que sabe que no hay pueblos escogidos y que sólo compartiendo se puede conseguir un mundo más estable. Bush sólo buscaba acólitos, Obama buscará aliados. En un mundo tan lleno de incertidumbres, hay mucha gente que desea ver la primera potencia más próxima, capaz de compartir problemas y de buscar soluciones. Que la gran potencia se humanice es esperanzador para todos.

Uno de los tópicos más oídos durante esta larga campaña ha sido que el pueblo americano es muy suyo y que sus reacciones son difíciles de entender porque es muy distinto de los europeos. Con esta afirmación se quería prevenir el error en los pronósticos. Y, efectivamente, si en el último momento ganará McCain, todo el peso de la explicación cargará sobre la indomable América profunda. Pero el razonamiento -que como todos los tópicos tiene siempre algo de verdad- pretendía también restar importancia a la victoria de Obama, en aquellos sectores de la derecha que suspiran por McCain, o prevenir sobre frustraciones futuras, en sectores de la izquierda que siguen aferrados al argumento de que el sistema americano es tan fuerte que es muy poco el margen de maniobra que tiene un presidente, por muy reformista que sea.

Sin embargo, esta campaña electoral ha demostrado que los clichés sobre América no aciertan tanto como algunos piensan. Para empezar, los candidatos. Nunca se habían presentado dos candidatos tan ajenos al poder establecido de sus partidos. McCain era un outsider de la derecha, que se coló porque el desastre de la Administración de Bush quemó cualquier recambió natural -de Powell a Rice los que lo hubieran podido ser desaparecieron por el foro, a la espera de tiempos mejores- y, como todo el mundo sabe, la señora Clinton representaba mucho mejor que Obama el aparato del partido, contra el que el senador de Illinois tuvo una lucha sin cuartel. Y fue precisamente al salir victorioso de esta dura pugna con una adversaria de primerísimo nivel cuando borró de un plumazo las críticas por su bisoñez e inexperiencia. O sea, la voluntad de cambio existe. Y los partidos han tenido que asumirla.

Quizá la diferencia principal entre la cultura política americana y la europea estribe en la manera de entender la religión y el Estado. El sistema político americano es un artefacto construido sobre la desconfianza con el Estado. De modo que abundan los mecanismos para evitar el abuso de poder. Como ya explicó Tocqueville, precisamente este temor al Estado hizo que, a diferencia de Europa, la religión tenga una enorme importancia política. La fe suple la desconfianza con el discurso político y con las ideologías. Y la religión impregna la vida de los ciudadanos -tanto la pública como la privada- en mucha mayor medida que en Europa. Un candidato a la presidencia de Estados ya puede ser negro, pero todavía no puede ser, por lo menos públicamente, ateo o agnóstico. En los dos libros de Obama las referencias a la fe son reiteradas. Las diversas ramas de la derecha cristiana tienen cierta capacidad de intimidación.

Sin embargo, algunos analistas señalan que en esta campaña electoral la creencia ha estado mucho menos presente que otras veces. E incluso el intento de Palin de convertir la campaña en una batalla ideológica entre la derecha religiosa y la izquierda liberal fracasó estrepitosamente. ¿Por qué? Probablemente por dos razones: por la crisis, que ensombreció toda la parte final de campaña, y por la saturación originada por los ideólogos de Bush con ocho años de machaconeo constante.

Queda el tópico del racismo. Si las encuestas tuvieran razón y Obama gana holgadamente, ¿dónde estaría el racismo, en los ciudadanos americanos o en la desconfianza de los observadores tanto americanos como europeos?

De modo que la campaña ha ido tomando unas formas mucho menos ajenas a la política europea, asemejándose día a día a una confrontación tradicional entre la derecha y la izquierda. El integrismo religioso tiene un peso y un predicamento que en Europa no tiene, a pesar de alianzas como la de la jerarquía católica y un sector de la derecha en España. Pero quizás en esta elección descubramos que los ciudadanos americanos se pronuncian por motivos no tan alejados de los europeos: el atractivo de los candidatos, el juicio sobre la Administración saliente, la búsqueda de soluciones más equitativas a la situación económica y la crisis moral por la guerra de Irak.

Se habla de la despolitización americana y Obama ha sacado millones de voluntarios a la calle, con una estrategia de uso de Internet que creará escuela. ¿Quién está despolitizado? ¿Quién tiene miedo al cambio? Igual Obama nos cambia un poco a todos.

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La oposición como poder negativo, de Jorge de Esteban en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Uno de los estereotipos que circulan permanentemente por democracias como la española es aquel que se refiere a la exigencia de la separación de los tres poderes clásicos del Estado. Perfilados éstos ya por Aristóteles, fue Montesquieu quien los describió más detalladamente, y a partir de él este principio se erigió en un dogma del Estado democrático, hasta el punto de que el artículo 16 de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 señalaba que allí donde no exista «una separación determinada de poderes, no existe Constitución».

Pues bien, tomada estrictamente al pie de la letra esta idea de que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial deben estar separados, a fin de que el poder detenga al poder, y se evite así todo abuso totalitario, cabría sostener, sin embargo, que en la práctica no ha existido nunca esa separación radical en ningún país. Ciertamente, en regímenes presidencialistas como el estadounidense es en donde este principio ha encontrado su aplicación más aproximada, aunque habría que señalar también la existencia de intervenciones de unos poderes sobre otros, que niegan así una rígida separación entre ellos. Ahora bien, en regímenes parlamentarios como el nuestro, este principio quiebra radicalmente porque no existen tres poderes separados, sino, en el mejor de los casos, únicamente dos. Por una parte, porque la mecánica que impone la existencia de los partidos, desconocidos en la época de Montesquieu, ha dado lugar a que los dos poderes ejecutivo y legislativo se hayan fusionado en uno solo a través del partido que ha ganado las elecciones y que bien solo, bien en coalición, o con cambiantes aliados, forma un continuum Gobierno-Parlamento, del que únicamente queda al margen el partido -o partidos- de la oposición. Quien legisla y ejecuta las leyes es el partido que gobierna, desfigurando así la idea tradicional de la existencia de dos poderes separados e independientes, porque hoy gobernar es legislar. Y, por otra, porque queda, al menos teóricamente, también al margen de la fagocitosis del partido que ha ganado las elecciones, el poder judicial, curiosamente el único de los tres poderes clásicos al que nuestra Constitución denomina así, y el que verdaderamente tiene que estar separado y ser independiente de los otros.

En consecuencia, resulta un anacronismo, superado por la realidad, seguir manteniendo la necesidad de la separación de los poderes ejecutivo y legislativo, a causa no sólo de que no haya existido nunca, sino porque es asimismo imposible que sea así, desde el momento en que los partidos políticos alcanzaron su pleno desarrollo. En el mejor de los supuestos, por tanto, no se podría hablar ya más que dos poderes (el ejecutivo-legislativo y el judicial) invalidando así la clásica triada expuesta por Montesquieu, que ya algunos autores como Eisennman o Althuser habían tachado de auténtico mito, y que, hace unos años, algún político en España, habría llegado a negar también («Montesquieu ha muerto»), aunque fuese, en este caso, con una clara intencionalidad partidista.

¿Significa entonces que la doctrina del escritor francés ha perdido todo su valor? Evidentemente no, pues lo que intuyó genialmente el barón de la Bréde sigue estando de absoluta vigencia, y sin la adopción de sus postulados no es posible concebir una auténtica democracia. Así, escribe en su obra El espíritu de las leyes, que «no hay libertad más que cuando no se abusa del poder, pero es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder tiende a abusar de él y que sólo se detendrá cuando encuentre límites». Esto es, «para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder».

Montesquieu, por supuesto, es consciente de que en el contexto de la época en que escribe, resultaba muy difícil también que pudiese darse una separación clara entre los tres poderes del Estado, y sobre ello hace diferentes disquisiciones en las que no voy a entrar aquí. Lo que me interesa remarcar es que intuye agudamente, avant-la-lettre, que algún poder tiene que frenar al órgano que gobierna y de ahí que hable de la facultad de impedir, es decir, del derecho de poder anular o de oponerse a resoluciones que no se consideran legales o convenientes, del mismo modo que lo hacían en la Roma clásica los tribunos de la plebe, los cuales ejercían el derecho de intercessio. Esta facultad es precisamente la que corresponde, en los países democráticos actuales, a la oposición, convirténdose así en un poder negativo, frente al poder ejecutivo y la mayoría gubernamental, que se podrían denominar poder positivo.

La oposición se justifica así tanto desde el plano de la ética, puesto que ningún grupo o fracción tiene el derecho de arrogarse en exclusiva la posesión de la verdad política ni de abusar del poder, como desde el plano utilitario, puesto que la oposición puede contribuir igualmente, frenando todos los excesos, a mejorar las medidas del Gobierno y, especialmente, a cambiarlo presentando un programa alternativo que supere los errores cometidos por los que gobiernan. De este modo, siguiendo no ya la letra, sino el «espírtu de las leyes» de que habla Montesquieu, los tres poderes indispensables en una democracia parlamentaria, como es la vigente hoy aquí, serían el poder positivo (Gobierno-mayoría), el poder negativo (la oposición) y el poder judicial, al que Montesquieu denomina «neutral», porque debe ser el más independiente de los tres poderes mencionados. Así sería el esquema actual de la famosa teoría de los tres poderes esbozada por Montesquieu en el siglo XVIII, pero adaptada a la realidad del siglo XXI, siempre con la idea de evitar cualquier poder despótico, tanto manifiesto como encubierto. Ciertamente, en esta función de controlar los excesos del poder habría que mencionar, asimismo, el importantísimo papel que puede ejercer una prensa libre e independiente y, como último reducto, la función que debe desempeñar la jurisdicción constitucional, independiente, pero no separada, del poder judicial.

Dicho todo lo cual, y subrayando la idea de que la llave de la democracia y del buen funcionamiento de las instituciones pasa por el poder negativo de la oposición, cabe preguntarse por lo que está ocurriendo, en este sentido, en la actualidad española. Para ello habría que comenzar diciendo que el actual poder positivo (Gobierno-mayoría del PSOE y aliados), que lleva casi cinco años gobernando, ha cometido unos errores monumentales -dejando al margen otros posibles aciertos- en cuatro frentes básicos de nuestra vida nacional: en la política terrorista, en la política autónomica, en la política económica y en la política exterior. No merece la pena que entre a detallar cada una de estas facetas, porque son de sobra conocidas y el solo hecho de enumeralas conduce a la depresión, pero lo sorprendente es que habiéndolos cometido durante la legislatura anterior y habiendo habido unas elecciones hace unos meses, éstas no las ganase la oposición, pasando a convertirse así de poder negativo a poder positivo.

La victoria de aquel Gobierno errático únicamente se puede explicar a causa justamente de que el poder negativo de la oposición fue también completamente nulo. La oposición no supo aprovechar las pifias de todo orden que el Gobierno cometió en los cuatro campos señalados, en razón de que no supo ejercer un auténtico poder negativo. Y para ello debería haber contado con un liderazgo fuerte, con una partido unido, coherente y moderado, que hubiera debido presentar una alternativa válida de gobierno, no sólo para sus electores tradicionales, sino sobre todo para los electores indecisos que huyen siempre de cualquier sectarismo de uno u otro signo.

Sea como fuere, lo pasado pasado está, y hoy nos enfrentamos, aunque el Gobierno haya reaccionado ya en algunos puntos, con que los errores cometidos en los cuatro campos mencionados durante la última legislatura empiezan a pasar su factura. Por supuesto, el Gobierno es el auténtico culpable por haberlos cometido, a pesar de las voces que le advirtieron de las equivocaciones que estaba perpetrando. Pero, en menor grado, lo ha sido también la oposición, que no supo frenar y presentar un programa creíble que hubiese enderezado a tiempo los desaciertos realizados. Por lo demás, hay que saber distinguir entre aquellas cuestiones que exigen, por estar en juego el interés nacional, una concurrencia de criterios, entre Gobierno y oposición, de todas las demás en que la oposición no puede permitir, cuando sean irracionales o abusivas, que se lleven a cabo, proponiendo entonces alguna opción diferente que evite cualquier abuso de poder.

Y para ello pongamos algún ejemplo de actualidad, como el controvertido tema de la asignatura de la Educación para la ciudadanía, que siendo una materia conveniente para formar a los jóvenes en la democracia, el Gobierno la ha desvirtuado con un contenido decidido unilateralmente, mientras que el partido de la oposición la rechaza radicalmente. Lo lógico sería haber forzado al Gobierno a pactar los contenidos, admitiendo su conveniencia, en lugar del rechazo absurdo que han ido apostolando, sobre todo en las Comunidades en que gobierna el PP.

La oposición puede y debe ser el tercer poder del Estado, con ese poder negativo de que he hablado, pero naturalmente sólo si está preparada para serlo, porque lo trágico de este país sería contemplar cómo la vieja película ya vista empieza de nuevo.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Triunfo de la costurera, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

Yo descubrí que lo negro es bello cuando estuve de corresponsal en Moscú. En las madrugadas de la boite del Hotel Inturist, las chicas rubias, las áureas nórdicas que trabajaban de au-pairs con los diplomáticos secuestraban a los estudiantes de la Universidad Lumumba y se los llevaban a rastras al jergón. Era cuando el Black Power y los Panteras ponían el puño negro en el cielo para recordar la odisea de los descendientes de los 1.600 hombres y mujeres africanos que desembarcaron de un barco holandés en Virginia con las manos atadas con grilletes. Hoy mismo, 400 años después, el supermartes, un bello negro puede ser elegido presidente de los Estados Unidos. Es grácil como una fiera de la sabana, un negro pijo de campus, un Dessalines pacífico, sin las cicatrices del látigo.

Ningún presidente o rey desempeña el papel del presidente de EEUU. Es Papa, emperador y además puede ser negro. El sueño de aquellos cazadores de castores, de aquellos recolectores de algodón se va cumpliendo. América, dijo Goethe, tú tienes lo mejor de nuestra Europa, no tienes castillos ni tampoco basaltos, no te estorba a la hora de vivir el inútil recuerdo.

Los radicales americanos y la izquierda europea creen que con el último presidente está llegando la agonía de una plutocracia fascista con las manos llenas de sangre en una guerra equivocada e injusta. «Cambiaremos el mundo», predica Obama. Pero tampoco hay que esperar milagros de Obama. La izquierda española, que es a la vez antiamericana y prodemócrata, tiene el magué hecho un lío. Piensa que los demócratas son la izquierda intachable y correcta, la conciencia de los derechos civiles y de la integración racial. Llevan el sectarismo político español al límite, ignorando u olvidando que los demócratas empezaron siendo esclavistas y se opusieron al decreto de emancipación de Lincoln.

El Ku Klux Klan es una invención demócrata que disolvieron los republicanos. Hoy el partido republicano vive su decadencia, infectado por los fanáticos creacionistas, pentecostales y neocon. Pero, como bien dice McCain, su rival no es El Redistribuidor, ni siquiera Martin Luther King. Según la izquierda americana, propone una revolución irreal. Jesse Jackson, el predicador, que ya fue candidato a la Presidencia en unas primarias, ha dicho que le gustaría cortarle los huevos porque es un revolucionario de diseño, que no afronta los verdaderos problemas de la comunidad negra.

Pero hoy millones de ciudadanos del mundo esperan el triunfo, después de muerta, de la costurera Rosa Parks, delgada y bajita, que se negó en Alabama, año 1955, a sentarse en los asientos de atrás del autobús, reservados a los negros, según la ley de Jim Crow. «No estaba cansada porque tenía 42 años. Estaba cansada de ceder». Se la llevaron a la cárcel, pero su gesta provocó el boicot al transporte público. El grito era: tus pies están cansados, tu alma liberada.

Hoy llega a la Casa Blanca la Marcha sobre Washington.

© Mundinteractivos, S.A.

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Nacionalpopulismo, de Miquel Roca i Junyent en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 4 noviembre, 2008

La crisis es grave, pero alguna de sus consecuencias puede ser más preocupante. Y una es la ola de nacionalpopulismo que se ha instalado en sectores de la opinión pública. En otras etapas históricas, las crisis económicas han producido fenómenos similares. Desde el más dramático del nazismo ante la debacle económica de la Alemania de entreguerras, a la más benigna del “poujadismo” francés de la posguerra. La crisis permite la demagogia, la explotación primaria de las frustraciones, la eclosión de resentimientos y la ocasión para la contestación frívola y, a la vez, hiriente y banal.

Con la crisis ha llegado, para algunos, la gran ocasión. La política y los políticos no sirven para nada; los valores son una excusa para imponer el sarcasmo y deslegitimarlo todo. No se trata de cambiar el modelo económico de crecimiento, sino de contestarlo por la vía de la anécdota. El Parlamento cede su papel a la tertulia, el rumor a la noticia, la serenidad a la frivolidad. El nacionalpopulismo se construye destruyendo. Hay que acabar con la confianza, con la esperanza, con la convicción.

Ahí queda en el olvido todo lo positivo logrado en estos años. Ya no vale nada. La democracia, una expresión vacía de contenido; la libertad sólo se reclama para amparar el sarcasmo; el progreso, se niega. Esta batalla no la podemos perder; el nacionalpopulismo es una amenaza para todos y para el futuro. Que la memoria histórica sirva a todos para recordarnos lo que, a su amparo, el nacionalpopulismo aportó a España.

Tenemos problemas, es verdad. Graves, es verdad. Pero tenemos bases más estables que jamás antes en nuestra historia para salir de todo ello. Pero, para hacerlo posible, deberemos rechazar los cantos de sirena de un nacionalpopulismo que cabalga de nuevo. Y son los de siempre. Los que aceptaron a regañadientes la democracia; los que no reivindicaron la libertad pues ya tenían la suya. Los que no aman ni la pluralidad, ni la diversidad, ni aceptan instituciones que no satisfagan sus ambiciones.

En la crisis, más unidos que nunca en la defensa de los valores que han hecho posible esta nueva realidad de la España democrática. ¡Habrá que echarle valor! Pero la crítica corrosiva cuya única finalidad es arruinar la esperanza para dar paso al populismo reaccionario, ¡jamás!

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Repartir o compartir, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 4 noviembre, 2008

La vieja ley del reparto se ha impuesto a cualquier otra lógica. El segundo gobierno tripartito catalán, dos años después de su alumbramiento, es un mero acomodo precario (pero irrompible) de zonas de poder en cohabitación, bajo la mirada de esfinge del president Montilla, perfecto en su capacidad de silbar y mirar a otro lado cuando los dos socios del PSC se enzarzan en batallitas. Los socialistas dejan que la cuerda de los republicanos y poscomunistas parezca larga, hay que dar recreo a los pequeños para que, a la hora de la verdad, nadie se mueva, por aquello de salir o no en la foto. Cada cual en su conselleria y Montilla en la de todos, pero sin necesidad de decirlo cada día. La clave está en apretar sin ahogar, para que todos, empezando por Carod-Rovira y Saura, puedan tener su minuto de gloria, su esquinita y su canesú, ya sea la apertura de la delegación de la Generalitat en Londres o el homenaje a los brigadistas veteranos. Divide y vencerás.

Persiste la arcaica ley del reparto, nacida en el paleolítico, cuando la caza lo era todo. No existía más futuro que la ansiada captura de la pieza para asegurar la supervivencia. Todavía el ser humano no había descubierto que la tierra podía ser cultivada y el único proyecto era mantener al clan unido y superar otro invierno. Así, el Govern Montilla, émulo de nuestros más remotos ancestros, desconoce que lo esencial de la política no es repartir sino compartir. Por suerte, ahora ya casi nadie nos da la tabarra con eso de que “hay que saber crear cultura de coalición”. Compartir implica algo más que ocupar juntos el poder. Compartir obligaría a tener un proyecto en común para el país, lo cual no tiene nada que ver con la yuxtaposición de políticas sueltas que hoy intenta aplicar, sin convicción, la administración autonómica. Ni los mismos socialistas se coordinan entre sí. Valga como ejemplo la disparidad de valores que animan la ley educativa que promueve Ernest Maragall y la reforma del Código Civil que impulsa Montserrat Tura. Sus filosofías de fondo parecen de partidos contrarios.

Cuando todo se reduce a repartir y aguantar, no queda mucho espacio para la política. No sé si esta estrategia de despolitización blanda y anestesia por defecto permitirá a Montilla salvar los trastos electorales y reeditar el tripartito a pesar del previsible descenso de ERC en las urnas. Sí me atrevo a pronosticar, en cambio, que la ley del reparto será inservible y contraproducente cuando llegue la hora de tomar decisiones ante un fallo del Tribunal Constitucional que desvirtúe el Estatut y ante un resultado de la financiación autonómica que quede lejos de lo que es justo y necesario. Si te despolitizas en Catalunya, te desactivas frente a Madrid.

Además, y para completar el cuadro, la ley del reparto impide que la Generalitat aborde la crisis económica con seriedad. Escuchen lo que dicen por separado al respecto los consellers Castells, Huguet y Serna y, luego, tómense unos váliums.

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Impacto global, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Noviembre 2008. Número 157)

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

El apocalipsis financiero no ha terminado. Se está transformando en recesión global. Y todo indica que vamos hacia una Gran Depresión. Por espectaculares que sean, las medidas adoptadas en Europa y en Estados Unidos no van a provocar el final de las dificultades. Lo admitió el propio Henry Paulson, Secretario del Tesoro estadounidense: “A pesar de nuestro gran plan de rescate, más instituciones financieras van a ir a la quiebra”.

En un informe sobre las crisis de los últimos treinta años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirma que las que tienen a los bancos y al sector inmobiliario como protagonistas son especialmente “intensas, largas, profundas y dañinas para la economía real”. Las efectos ya se extienden por los cinco continentes: en unas semanas, el real brasileño ha perdido el 30% de su valor; el zloty polaco, un 22%; la rupia india, un 10%; el peso mexicano, un 14%. Presiones similares afrontan Indonesia, Filipinas o la República Checa.

Las autoridades estadounidenses ya han inyectado más de billón y medio de euros (equivalente al doble de lo que ha costado, desde 2001, las guerras de Afganistán y de Irak) en sus diferentes planes de rescate de bancos, cajas de ahorros y compañías de seguros. Y los grandes bancos del mundo aún necesitan varios miles de millones de euros… Lo cual les conduce a restringir el crédito a las empresas y a los particulares. Con las consecuencias muy negativas que eso está teniendo en la economía real.

Los países avanzados, entre ellos España, que han recurrido a la innovación financiera para garantizar altas rentabilidades a los inversores, son los que encajan el golpe más duro. El FMI estima que la economía de esos países tendrá el avance más débil desde hace 27 años. El mundo va camino de sufrir su peor pesadilla desde 1929.

Por sus inéditas dimensiones, esta crisis pone fin al periodo neoliberal basado en las tesis monetaristas de Milton Friedman que dominaron, durante tres décadas, el campo capitalista. Y encandilaron también a la socialdemocracia internacional. El repentino derrumbe de ese credo deja a la mayoría de los dirigentes políticos desamparados. El patético espectaculo de responsables multiplicando de modo disparatado las reuniones y las “medidas de rescate” da una idea de su despiste.

En Estados Unidos, los bancos han trabajado en unas condiciones de libertad absoluta concedidas en nombre de fundamentos ideológicos. Por ello, la clase política norteamericana tiene la responsabilidad del caos actual. El dogma del mercado infalible se ha autodestruido. En cambio, el modelo de los países que han mantenido algún tipo de control de cambio -China o Venezuela, por ejemplo- se ve ahora reivindicado. Y aunque el impacto de la crisis se hará sentir en todo el planeta, esas economías que no adoptaron la desregulacion ultraliberal saldrán mejor paradas. Algunos analistas resaltan, para América Latina, el interés de mecanismos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Banco del Sur, o la idea de un banco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) recientemente propuesta por el presidente venezolano, Hugo Chávez.

Es un momento histórico (1). Se derrumba no sólo un modelo de economía sino también un estilo de gobierno. Eso altera el liderazgo de EEUU en el mundo. En particular su hegemonía económica. Sus finanzas dependen de que sigan entrando fuertes sumas de capital extranjero. Y los países de donde procede ese dinero -China, Rusia, petromonarquías del Golfo- van ahora a influir en su futuro.

En 2006, China y Oriente Próximo financiaron, a partes iguales, el 86% del déficit de los países industriales. En 2013, el superávit chino excederá la totalidad del déficit de los países industriales. Todo ello otorga a Pekín un papel decisivo en el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero internacional. Y es probable que, a cambio, China trate de obtener concesiones en asuntos como los de Taiwan o el Tíbet.

El declive de la economía anuncia, en general, la decadencia de los imperios (2). ¿Podrá la debilitada economía estadounidense seguir asumiendo la costosísima guerra de Irak? El conflicto de Vietnam acabó con la equivalencia entre el dólar y el oro, e hizo tambalear el sistema de Bretton Woods. La guerra de Irak, por su coste, ha provocado una transferencia de riqueza de EEUU a sus competidores. La influencia de los fondos soberanos y de China se ha reforzado. La crisis actual refuerza ese movimiento, y provoca un reequilibrio fundamental: el centro de gravedad del mundo se desplaza de Occidente hacia Oriente.

Pero tal desplazamiento desencadena consecuencias en cascada como las que plantea el ensayista británico John N. Gray: “Si EEUU se retira de Irak, Irán quedará como vencedor regional. ¿Cómo reaccionará Arabia Saudí? ¿Habrá más o menos probabilidades de una acción militar para impedir que Irán adquiera armas nucleares?” (3). Es evidente que Washington está perdiendo poder. La guerra de Georgia, en agosto pasado, mostró a Rusia rediseñando el mapa geopolítico del Cáucaso, sin que EEUU pudiera hacer nada.

La situación económica es tan grave que muchos Gobiernos echan por la borda sus creencias ideológicas, y están dispuestos a adoptar medidas que ellos mismos habrían tachado de heréticas hace poco. Por ejemplo, aumentar el gasto público. Y relanzar las inversiones en obras de infraestructura importantes como estímulo económico. El propio FMI aboga por una intervención pública más radical.

El modelo de capitalismo, diseñado por los Estados del Norte para el mayor provecho de los países ricos, ha muerto. La nueva arquitectura de economía social de mercado la definirán, a partir de la reunión del 15 de noviembre en Washington, no sólo los Grandes del G8 sino también, por primera vez, potencias del Sur como Argentina, Sudáfrica, Brasil, China, la India y México. Ya era hora.

Notas:

(1) John N. Gray, “Mucho más que una crisis financiera”, El País , Madrid, 11 de octubre de 2008.
(2) Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias , Debolsillo, Barcelona, 2004.
(3) Op. cit .

http://www.monde-diplomatique.es/

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Sobre la evaluación del profesorado (Carta abierta al Consejero Iglesias Riopedre), de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Educación, Laboral, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

¿Cuántos despropósitos le quedan por llevar a cabo hasta que abandone la Consejería, señor Riopedre? ¿Cuánto ensañamiento contra el profesorado le resta aún por poner en práctica? ¿Hasta dónde, hasta cuándo y hasta qué continuará pasmándonos en tanto compañeros de profesión suyos?

Carrera docente sin cátedras.

No tuvo suficiente con poner ante nosotros el cheque en blanco de la llamada carrera docente donde no se especificaba lo que se nos exigiría acorde con nuestra profesión. Podrá argüir que nadie nos obligó a firmar aquello. Pero no es menos cierto que no se nos daba otra vía para “homologarnos” en lo económico con nuestros colegas de otras autonomías. Y que, aun siendo vocacionales, no somos etéreos, pues en este pluscuamperfecto sistema de mercado en el que vivimos también precisamos, como el resto de la ciudadanía, del vil metal, don José Luis.

¿No es sarcástico, afrentoso y hasta insultante hablar de carrera docente a un colectivo del que apenas se tiene en cuenta la investigación y las publicaciones relacionadas con las materias que se imparten? ¿No es inadmisible que se hable de carrera docente cuando en la enseñanza secundaria no se convocan cátedras desde hace una década? ¿Cómo “ascenderemos”? ¿Acaso abriendo los centros “a la comunidad” por las tardes para que parte no desdeñable de quienes nos visiten se dediquen a chatear en los ordenadores de los centros? ¿De qué meritocracia hablamos cuando de enseñanza se trata? ¿De qué carrera profesional?

Y, hablando de nuestra formación y de nuestra “actualización” en tanto docentes, ¿por qué tiene tanta importancia en ello lo que es convocado desde los llamados Centros de profesores? ¿Tenemos que sacar en conclusión que se alcanza mejor formación en un Centro de Profesores que en una Universidad? Si es ello así, ¿alguien tendría la bondad de explicar por qué?

Y es el caso que, como a usted le consta, recibimos el pasado diciembre los dineros correspondientes al primer tramo de nuestra carrera docente. Lo que estaba anunciado cobrar este año es una incógnita. Quisiera equivocarme, pero todo parece indicar que hemos firmado un cheque en blanco en vistas de un dinero que no vamos a percibir en su totalidad. ¡Maravilloso

Evaluación del profesorado y estadísticas soviéticas.

En cuanto a nuestra evaluación, cuando tuve noticia del debate que mantuvieron el señor Valledor y usted en torno a la evaluación del profesorado, comprobé que mi capacidad de asombro está muy lejos de agotarse. Que se valorase el aumento del porcentaje de aprobados constituía un despropósito difícilmente superable. Don José Luis, cualquiera que haya pasado por un aula sabe que los grupos a los que imparte clase pueden, también en lo académico, ser muy distintos de un año a otro. Es decir, que se puede dar la circunstancia muchas veces de que el porcentaje de aprobados varía, hacia arriba o hacia abajo, en función de eso. Considerar que cada año los grupos serán académicamente mejores no es ni siquiera optimismo exagerado, sino una majadería gigantesca. Por lo que parece, se ha dado marcha atrás: pero el mero hecho de haber soltado tal ocurrencia pone de relieve que estamos en manos de personas con criterios la mar de disparatados, al tiempo que sigue habiendo una indisimulable querencia por aquello que en su momento dio en llamarse “estadísticas soviéticas”. De su antigua militancia estalinista algo de eso parece que le queda, señor Riopedre.

De otro lado, espero que no sea cierto que en nuestra evaluación, experimental el primer año, se tendrán en cuenta cosas tan transcendentales como el manejo de un programa informático, así como el incremento de visitas de padres a los centros.

No puede ser cierto que semejantes cosas sean más relevantes que la forma en que se imparte la clase, que el dominio de la materia propiamente dicha.

Ante todo y sobre todo, señor Riopedre, me pregunto por qué no se toman la molestia los inspectores de hablar más con el profesorado para conocer la realidad de las aulas en cada centro. ¿Es que va al final lo menos importante de todo va ser impartir clase? ¿Es que va a resultar que las autoridades de su Consejería desconocen que es primordial que el profesorado sea justo a la hora de decidir las calificaciones, y que tal cosa es pura casuística, que tan injusto se puede ser suspendiendo indebidamente como aprobando para mejorar la cosmética de las estadísticas? ¿Es que va a resultar que, una vez más, ustedes se toman la libertad de decidir algo sobre nuestro colectivo sin preguntarnos tan siquiera nuestros criterios al respecto?

¿Qué es para ustedes la docencia? ¿Se les ha pasado por la mente la trascendencia que tiene el imperativo moral de ser justos a la hora de decidir la calificación, no ya de final de curso, sino de cada ejercicio y de cada actividad que se desarrolle en la clase? ¿Qué credibilidad tendría una enseñanza que tendiera al aprobado general? ¿Cómo se puede convencer a un docente de que es más importante su pericia en el manejo de un programa informático que las enseñanzas que debe impartir en el aula?

¿Cómo es que, además, de todo esto, de la evaluación del profesorado se encargan gentes que, en cuanto les fue posible, abandonaron la tiza para decidir en los despachos lo que debe hacerse en esas aulas de las que huyeron de estampida?

El Gobierno trabaja ya con la idea de una recesión larga e intensa hasta bien entrado 2010, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 4 noviembre, 2008

La suerte está echada. Ya no hay ninguna duda de que España estará en recesión los próximos trimestres. ¿Cuántos? Lógicamente, nadie lo sabe, pero las apuestas que cruzan los institutos de coyuntura dan por hecho que hasta 2010, al menos, la economía española no recuperará la senda del crecimiento, aunque sea de una manera débil.

Ayer fue la Comisión Europea la que sumó al coro de quienes opinan que España tiene por delante los peores datos macroeconómicos de los últimos 14 años, como antes lo hicieron el FMI, Ceprede o Funcas, lo que refleja el grado de consenso que han alcanzado los analistas sobre la intensidad de la crisis económica. Para 2009 (media anual), los analistas estiman que la caída de Producto Interior Bruto se moverá en una horquilla que oscila entre el -0,2% (Fondo Monetario o Comisión Europea) y el -1%, del Ceprede, un instituto ligado a la Universidad Autónoma de Madrid.

Lo peor es que cada vez existe mayor consenso en que la crisis sobrevivirá al año 2010, año en el que la economía seguirá destruyendo empleo de forma intensa. Para la Comisión Europea, nada menos que el 0,9% de la población activa, lo que significa la destrucción de más de 200.000 puestos de trabajo que se sumarán a los 400.000 que, presumiblemente, se perderán el año próximo. Como se ve, una auténtica sangría de empleos que unido al fuerte aumento de la población activa (cercana al 3%) llevará el paro hasta el 15,5% en 2010, un nivel no alcanzado por la economía española desde el primer trimestre de 1999, es decir, inmediatamente antes desde el comienzo del ‘boom’ inmobiliario.

Aunque las previsiones de Gobierno se sitúan a años luz de esas estimaciones -el Ejecutivo mantiene formalmente que el PIB crecerá un 1% el año próximo-, lo cierto es que está comenzando “a verle las orejas al lobo”, lo que explicaría, según las fuentes consultadas ayer, que el presidente del Gobierno anunciara por sorpresa (ni sindicatos ni patronal han dado el visto bueno a las medidas) un paquete de decisiones que van en una doble dirección y que vienen a ser el reconocimiento oficial de la recesión, ya no de la crisis, que a regañadientes admitió después de verano. Su interés en mostrar a la opinión pública que “el Gobierno gobierna”, explicaría, igualmente, la nueva estrategia de Zapatero de ponerse “al frente de la manifestación”.

Las medidas están destinadas, por un lado, a reducir el impacto de la recesión sobre la renta de las familias y, por otro, a mitigar el efecto que tendrá sobre al cuenta de resultados de bancos y cajas un aumento de la morosidad que amenaza con romper todas las series históricas, incluso las del bienio 1992-93. Y es que en el Gobierno está comenzando a preocupar, y mucho, el enorme incremento de los impagos, que pueden llegar a poner en peligro la solvencia de las entidades financieras.

La banca, en cualquier caso, va a salir ganando sí o sí, ya que se asegura que va a cobrar las hipotecas de los parados durante esos dos años. Si al final el cliente no consigue pagar su vivienda, el ICO se hará cargo de las deudas, mientras que las entidades financieras se lavarán las manos. Además, en el balance de los bancos no aparecerá un incremento de la morosidad durante esos años.

Las hipotecas, lo primero

Uno de los paradigmas de los muchos que se han roto en la economía española en los últimos meses tiene que ver, precisamente, con la idea de que lo último que deja de pagar un ciudadano a su entidad financiera es su hipoteca. Sin embargo, lo cierto es que una buena parte de los activos dudosos registrados por el Banco de España están ligados a impagos de una casa. Los datos no dejan lugar a dudas. De los 31.230 millones de euros estimados hasta junio como dudosos por el banco central (paso previo a la declaración de un crédito como moroso), 8.488 millones de euros se han originado por un préstamo para adquisición y rehabilitación de viviendas. Es decir, algo más de la cuarta parte. El Banco de España no distingue si se trata de vivienda en propiedad o segunda residencia, por lo que habría que matizar algo esas cifras.

Para hacerse una idea de lo que está creciendo la morosidad hipotecaria hay que tener en cuenta que hace apenas un año (en el segundo trimestre de 2007) el crédito dudoso se situaba en 3.095 millones de euros, lo que significa que en apenas cuatro trimestres se ha multiplicado por dos veces y media. De continuar esa progresión, la tasa de morosidad se dispararía, y de ahí que el Gobierno haya optado por cortar de raíz este problema retrasando hasta el 31 de diciembre de 2010 el 50% de las cuotas, con un máximo de 500 euros mensuales.

En principio, los colectivos más vulnerables al actual contexto macroeconómico son quienes compraron su vivienda a partir de 2003-04, toda vez que firmaron su hipoteca cuando los tipos de interés estaban más bajos y los precios de las casas más altos. Esto significa que, probablemente, muchos préstamos son hoy más altos que el valor de la propia vivienda, lo cual es una verdadera ruina para el propietario, que tiene que devolver intereses por una parte del activo que no vale nada.

Esto es, precisamente, lo que está sucediendo en EEUU, donde más de 10 millones de casas, según el Fondo Monetario Internacional, tienen ya un valor a precio de mercado inferior al valor de las propias hipotecas.

Según las fuentes consultadas, es significativo que la moratoria en el pago de las cuotas hipotecarias anunciada por Zapatero tenga un horizonte de dos años (hasta el 31 de diciembre de 2010), lo que da entender que el deterioro del mercado de trabajo continuará, al menos, hasta esas fechas. Ya el Gobierno había previsto para 2009 una destrucción de empleo a tiempo completo equivalente al 0,5%, lo que significa unos 100.000 puestos de trabajo. Y probablemente se haya quedado corto.

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Los dos carriles de la Casa Blanca, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

El nuevo presidente de EEUU, cuando ocupe su puesto de mando en la Casa Blanca el año que viene, deberá hacer frente a un fenómeno que va a complicar el ya de por sí difícil aprendizaje de tan crítico cometido. Consiste en el hecho comprobado de que, a la vez que en los últimos años disminuían el peso y la influencia del presidente saliente -y también el prestigio de EEUU-, se ha venido extendiendo y agravando su más peligrosa herencia: lo que él denominó guerra global contra el terrorismo.

Todavía hace unos pocos días, cuatro helicópteros de las fuerzas especiales de EEUU cruzaron desde Iraq la frontera siria y atacaron un poblado. Ocasionaron varias víctimas que, según fuentes sirias, eran unos campesinos inocentes y, de acuerdo con el portavoz estadounidense, peligrosos terroristas de la organización Al Qaeda en Mesopotamia. Similares penetraciones transfronterizas encendieron el mes anterior las alarmas en Pakistán. La lucha contra el terrorismo parecería así un cáncer cuyas metástasis se extienden a otros países con el paso del tiempo.

No es esto lo peor, sino que proliferan también las declaraciones de altos cargos políticos de EEUU en el sentido de que, sea quien sea el próximo inquilino de la Casa Blanca, no podrá abandonar la vía que ha sido ya firmemente asentada por Bush. Dos carriles paralelos, construidos con sólido metal. Uno de ellos se denomina “guerra preventiva” (derecho a atacar basado en la simple sospecha de poder ser atacado) y es lo que desencadenó el caos en Oriente Próximo a partir de la invasión de Iraq. El otro podría conocerse como “soberanía limitada” (la misma expresión con la que desde Occidente tan acerbamente se criticó a la URSS de Leónidas Breznev) y se materializa en la idea de que las fuerzas de EEUU no reconocen ninguna frontera si se trata de hostigar a quienes son considerados enemigos.

En el Washington Post se leía que si el reciente ataque a Siria puede servir “para avisar a [el presidente] Assad de que EEUU no está dispuesto a respetar la soberanía de un régimen delincuente, habrá merecido la pena”. Dicho de otro modo, en boca de un analista militar estadounidense: “Sólo puede reclamarse la soberanía si se respalda por la fuerza”. Aviso que, sin duda alguna, se hace también con la vista puesta en Irán, para EEUU el delincuente internacional por excelencia, al que la política de Bush ha situado en la lista de los países “en busca y captura”.

Así pues, quien ocupe la Casa Blanca se tendrá que mover inicialmente constreñido entre el supuesto derecho a atacar a cualquier país que sea sospechoso de constituir un peligro para EEUU y el de irrumpir militarmente allí donde se estime necesario para destruir a los presuntos enemigos. Varios altos responsables en Washington han expresado su esperanza de que tal doctrina “será adoptada también por el nuevo presidente”. Éste es el principal y más peligroso legado del fundamentalismo “bushiano”, que siempre ha considerado que mediante la fuerza militar se pueden resolver todos los problemas. Lo malo es que este modo de pensar constituye un sólido substrato de la mentalidad dominante en los sectores más tradicionales del pueblo estadounidense: los que sólo confían en “Dios y mis armas”.

Pero también el nuevo presidente habrá de reflexionar sobre la naturaleza y las circunstancias de la situación que hereda y tendrá que reconocer que la estrategia de su antecesor ha conseguido incendiar y llevar el caos a una amplia zona del planeta que se extiende desde el Cuerno de África hasta el suroeste asiático. Eso, aparte de producir un daño, quizá irreparable, al prestigio y a la hegemonía moral del país que se venía considerando a sí mismo como faro de la democracia y defensor de los derechos humanos.

Si el resultado de esas reflexiones le incitase a modificar o abandonar la errónea estrategia de su antecesor, se le planteará otro serio problema, quizá de aún más difícil resolución: habrá de enfrentarse a las poderosas fuerzas interiores que se oponen a cualquier cambio. Es decir, las grandes corporaciones de la defensa, los intermediarios en la venta de armas, las instituciones más conservadoras de pensamiento político y estratégico y todos los sectores de la sociedad de EEUU que viven y prosperan apoyándose en el mito de la guerra global contra el terror. Que no son pocos.

Resulta lógico pensar que esta última opción sólo habría de preocupar a Obama, dado que McCain y su equipo no parecen dispuestos a modificar los aspectos esenciales de la política internacional de Bush. En cualquier caso, el legado político de Bush encierra una bomba de relojería para cuya desactivación se va a requerir mucha habilidad, inteligencia y flexibilidad. Cualidades, estas tres, de las que ostensiblemente carecen el ultrapatriótico John McCain y la esperpéntica Sarah Palin, y que sí cabe esperar -aunque sea cruzando los dedos- de los miembros de la candidatura del Partido Demócrata.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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¿Tocó techo el capitalismo?, de John Bellamy Foster en SinPermiso

Posted in Economía, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

Hace seis meses, los EEUU se adentraban ya en una crisis financiera profunda, cuyas raíces fueron convincentemente exploradas entonces por John Bellamy Foster en el número de Abril de la veterana revista marxista norteamericana Monthly Review en un inteligente y penetrante ensayo (`The Financialization of Capital and the Crisis’ (Monthly Review, April 2008) que, visto ahora, resulta además asombrosamente premonitorio. Reproducimos a continuación una pequeña reflexión sobre el momento actual escrita por Bellamy el pasado 28 de octubre.

Hace seis meses, los EEUU transitaban ya una crisis financiera profunda. Sin embargo, ahora las condiciones son mucho peores en magnitud, y afectan al mundo entero.

Es claro que estamos en medio de una de las mayores crisis en la historia del capitalismo. Lo que está pasando, más que un mero pánico financiero, es la mayor devaluación de capital, con dimensiones que todavía son indeterminadas. Marx explicó ya que, inexorablemente, el capital se sobredimensionaba en un boom, y que en la crisis resultante una parte del capital se desvalorizaba, permitiendo que el resto volviera al circuito de la rentabilidad y al proceso de acumulación y expansión.

Sin embargo, hasta cierto punto estamos ahora  en terra incognita: se trata de una fase del capital monopolista financiero que en muchos aspectos no tiene precedentes. Incluso en la época de la Gran Depresión de 1930, Keynes explicó que, después de una crisis, el capitalismo moderno debía volver a ser rentable, sin volver al pleno empleo, sin utilización  de toda la capacidad existente, y sin un crecimiento fuerte. Nuestra experiencia en la segunda mitad del siglo pasado ha demostrado que el capitalismo, en su centro, sólo es capaz de evitar el estancamiento mediante grandes gastos militares y, cuando esos gastos fueran probadamente insuficientes, mediante una enorme inflación de valores de los activos y de especulación, esto es, mediante la “financiarización”. Este crecimiento, multiplicado por la psicología del boom en la subida (“el efecto riqueza”), tiene un efecto multiplicador también de la contracción cuando se produce la caída. Tal factor ayuda a explicar por qué la crisis económica en la economía real es tan grave en el presente, y por qué no hay posibilidad de una recuperación inmediata del proceso de crecimiento.

Mucha gente tomó por vez primera consciencia de la seriedad de la crisis cuando, el pasado18 de septiembre de 2008, el Secretario del Tesoro de los EEUU, Henry Paulson, informó al Congreso de que en unos días el sector financiero estadounidense se fundiría completamente, y de que se necesitaba un rescate urgente de 700 mil millones de dólares para los bancos. Desde ese momento (desde antes, en realidad) fueron inyectándose enormes sumas  de dólares públicos en la estructura financiera (todo contado, solamente las pérdidas financieras del gobierno de los EEUU en la crisis han rebasado los 5 billones de dólares en el momento de escribir estas líneas), incluyendo una inyección directa de capital a los principales bancos, así como nacionalizaciones parciales. [1] Sin embargo, apenas hay signos de que la crisis amaine. La insolvencia se está propagando por toda la economía, de los consumidores hasta los bancos, de éstos a las empresas no financieras, y de éstas, de nuevo al consumidor, cerrando un círculo vicioso. El hecho de que en las décadas recientes la economía haya sido impulsada mayormente por la financiarización contribuye a agravar mucho el problema.

Ahora está afectada la economía del mundo entero. Ya se ha fundido una economía de la órbita europea –Islandia—, que precisó de un rescate externo; algunos consideran a Islandia “un canario en la mina de carbón” [según un antiguo uso de los mineros para su propia seguridad: mientras el canario cantara, los mineros sabían que había oxígeno suficiente en la mina; T.]. Durante esta última era neoliberal, los EEUU y sus aliados europeos impusieron al mundo entero un modelo de libre circulación del capital allende las fronteras. El resultado, hoy, es la libre circulación de la catástrofe. Las economías “emergentes” sólo podrán evitar ser las víctimas más afectadas de la debacle, imponiendo dos cosas: 1) controles de capital y de la cúpula financiera; y 2) una cooperación sur-sur independiente del mercado.

En estas terribles circunstancias económicas, por supuesto, debemos ser cautos para no caer en un esquema mental exagerado. Es importante recordar que un desplome del capitalismo como tal no ocurrirá sólo por causas económicas. Con tiempo bastante para que el capitalismo pueda manejar las cosas en sus propios términos, está fuera de duda que el sistema se recobrará, aun cuando podrían necesitarse muchos años para una recuperación completa, si ella fuera posible.

El verdadero asunto histórico que nos plantea esta crisis es éste: en qué medida está dispuesta la población mundial limitarse a esperar a que la crisis se resuelva en términos capitalistas, de modo que todo el proceso irracional de explotación, de burbuja y estallido de la burbuja y vuelta a empezar, se ponga nuevamente en marcha; y en qué medida, al contrario, está determinada a decir “¡basta!” y a implicarse activamente en el proceso. Lo que más temen los poderes existentes  es, precisamente, esa posible determinación de los de abajo a implicarse políticamente. Desde su olímpica posición en la cúspide del sistema, saben, acaso mejor que nadie, que se dan ahora todas las condiciones para un posible renacimiento del socialismo a escala global. Como fuerza de progreso, el capitalismo tocó techo, y su famosa “destrucción creativa” ha trocado ya en una creatividad a tal punto destructiva, que pone en serio peligro a la población mundial y al propio planeta. Porque lo cierto es que para la población mundial y para la tierra, tomadas de consuno, no hay hoy otra alternativa real que la ofrecida por el socialismo.

NOTA: [1]  “Government’s Leap into Banking Has Its Perils,” New York Times, October 18, 2008.

John Bellamy Foster es el editor de la Monthly Review.

Traducción para www.sinpermiso.info: María Julia Bertomeu

Monthly Review, 28 octubre 2008

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El encuentro con Lula, de Fidel Castro Ruz en las “Reflexiones del compañero Fidel” en el Diario Granma

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

Reflexiones del compañero Fidel

El encuentro con Lula

No es la inyección de dinero en sí a los países en desarrollo lo que critico en mi reflexión de ayer, como interpretaron algunos cables.

Al escribir La Peor Variante, me refería a la forma y los objetivos de la inyección. He venido exponiendo la idea de que la crisis financiera es consecuencia de los privilegios concedidos en 1944 en Bretton Woods al capitalismo desarrollado en Estados Unidos, que emergía con un enorme poder militar y económico, próximo a concluir la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno se repite con una frecuencia cada vez mayor.

En carta al presidente de Brasil, Lula da Silva, que le envié apenas llegó a Cuba, ya que un encuentro conmigo no estaba programado en su breve visita a nuestro país, le escribí textualmente sobre ese punto:

“Quien sea el gobernante de Estados Unidos después de la actual crisis, necesita sentir una fuerte presión de los pueblos del Tercer Mundo demandando soluciones en las que participen todos y no un grupo de Estados. Las naciones más ricas necesitan desesperadamente que los pobres consuman, de lo contrario se paralizarían sus centros productores de bienes y servicios. Que utilicen sus computadoras para calcular cuántos millones de millones deben invertir para que las naciones pobres se desarrollen sin destruir la ecología y la vida en nuestro planeta.”

Para cualquier lector es obvio que, cuando hablo de invertir, me refiero a un aporte monetario al Tercer Mundo, fundamentalmente como crédito blando, con intereses de casi cero, en aras de un desarrollo racional que no destruya la ecología.

Pude reunirme con Lula, quien solicitó verme a pesar de su ajustado programa, y conversar durante casi dos horas con él. Le expliqué que divulgaría conceptos contenidos en mi carta; no tuvo objeción alguna. La conversación fue, como siempre, amable y respetuosa. Me explicó bastante detalladamente la obra que lleva a cabo en su país. Le di las gracias por el apoyo político y económico de Brasil a Cuba en su lucha, y le recalqué el papel decisivo desempeñado por Venezuela, una nación latinoamericana en desarrollo, y su Presidente, en los días más críticos del período especial y hoy, cuando el bloqueo imperialista se ha recrudecido y nuestro país ha sufrido el azote destructor de dos huracanes.

A pesar de nuestro amplio intercambio, quedó libre hora y media antes de la prevista para la partida.

Por lo que vi en varios cables esta tarde, adoptó una posición valiente con relación a las elecciones de Estados Unidos. Si triunfara McCain, no estaría contando de antemano con el mayor país latinoamericano, Brasil.

El próximo 15 de noviembre tendrá lugar en Washington la reunión convocada por Bush del Grupo del G-20. Apenas se abre un televisor, aparece un jefe de Estado hablando en una reunión de alto nivel. ¿Qué tiempo les quedará a los jefes de Estado para informarse y meditar sobre los complejos problemas que agobian al mundo?

El actual Presidente de Estados Unidos no tiene problema alguno: no los resuelve; los crea. La solución para él es tarea de otros.

Fidel Castro Ruz
Octubre 31 de 2008
5 y 15 p.m.

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