Reggio’s Weblog

De cómo expoliar a los pobres para ayudar a los ricos, de Roberto Centeno en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 3 noviembre, 2008

Uno de los hechos mas obscenos, mas inmoral y mas indignante que he visto jamás, ha sido la defensa cerrada por parte del Gobierno y sus terminales mediáticas, de que el gigantesco plan de rescate, un 15% del PIB frente al 5% en EEUU, puesto en marcha por el presidente Zapatero para ayudar a tapar los socavones de nuestro sistema financiero y de los reyes del ladrillo, sea realizado en condiciones de total opacidad, y decidido por cinco personas de confianza que no tienen la preparación específica para realizar la labor que se les encomienda, y ello en el supuesta de que tuvieran la posibilidad para decidir libremente.

Realmente, el grado de mendacidad y totalitarismo, al que se ha llegado en la vida política española no tiene parangón en una democracia. Dicen éstos lacayos que el dar nombres y cantidades “estigmatizaría” a las entidades que los recibieran, y los bancos “que tendría un efecto reputación negativo”. ¡ Pobrecitos, como se les va ha hacer eso si son tan solventes y tan buena gente! . ¿Y qué han hecho en el resto del mundo? En el resto del mundo, como ni son solventes ni son buena gente, han sacado en la primera página de los periódicos a las entidades que recibían ayudas, vamos que les ha importado un pimiento a Sarkozy, a Brown, a la Merkel y a todos los demás, el estigmatizar a sus banqueros. Realmente son unos irresponsables, no como Zapatero, y además, y esto ya es el colmo, no solo los han estigmatizado es que han eliminado por decreto los dividendos y los bonus de todos los ejecutivos de las entidades receptoras de ayudas. ¡Concebirían tamaña maldad en un patriota social, como nuestro Presidente!

Este año, las entidades financieras más sólidas del planeta como todo el mundo sabe, que necesitan para repagar su inmensa deuda exterior, la mayor del mundo desarrollado, el 90% del PIB, una ayuda de los contribuyentes de 150.000 millones de euros, repartirán unos 9.000 millones de euros en dividendos y similares (obra social), y en cuanto a bonus, cerca de 100 personas recibirán entre uno y cinco millones de euros, cerca de 2.000 entre 500.000 y un millón, unos 5.000 entre 100.000 y 500.000, y menos de 100.000 ni se sabe. Y no sólo los recibirán en 2008, sino que gracias a la generosidad de nuestro amado líder, como todo el proceso será opaco, también en 2009, aunque para ello tengan que esquilmar al conjunto de la clase media y de la clase trabajadora.

Pero veamos como se podría realizar el mayor expolio al pueblo español, desde la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX. Los activos de “máxima calidad” que van a ser adquiridos por el Fondo de Adquisición de Activos Financiero ( FAAF), “cinco personas alrededor de una mesa camilla” en símil afortunado de Rajoy, serán bonos de titulización hipotecaria, y cédulas, cuyo subyacente, y por eso he hablado antes de los reyes del ladrillo, son activos inmobiliarios o deuda de promotores, la subprime española, 315.000 millones de euros de los que no pueden devolver más que una mínima parte, pero que ahora pueden encontrar una vía de solución con el dinero del pueblo. Los bonos son lo típicos fondos de titulización de activos (FTA) que funcionan en este caso en la forma siguiente: el banco coge una parte de la deuda de promotores con la garantía que tenga, inmuebles o suelo, suficientes o insuficientes, hoy manifiestamente insuficientes para garantizar la deuda, la mezcla con activos (ladrillos) con los que no ha tenido más remedio que quedarse para evitar males mayores, tal vez añadan otra cosilla para darle sabor, se agita, se mezcla, se tituliza por el valor teórico de la mezcla -el valor al que el banco tiene contabilizado la deuda y los ladrillos, y que puede ser el doble o el triple del valor de mercado de la mezcla- y voilá, tenemos unos bonos de titulización hipotecaria.

¿Y qué hace el banco?, primero asume la “primera pérdida”, una cifra estadística en función de los impagados posibles, ¿De cuándo? ¿De hoy? ¿Del próximo futuro? No, del pasado, es decir, una tomadura de pelo. ¿Y después? Después coloca el producto en el mercado, y a partir de ahí y esto es esencial, el banco no responde de nada, los bonistas tendrían que ir contra subyacente. En esas condiciones, y a día de hoy, el precio de estos bonos que imaginamos responde al valor contable para el banco de los activos subyacentes, no los compraría nadie ni a mitad de precio, y probablemente a ningún precio, y entonces llega Zapatero al rescate, y los de la mesa de camilla, gracias a la total opacidad del procedimiento compran los bonos tan tranquilos, total ¡ cómo el dinero no es suyo!. ¡Pero si son triple o doble A! ¿Triple qué?, ¿Qué es lo que necesitan los de la mesa camilla para cubrirse las espaldas? Unos datos objetivos de que los activos valen lo que dice el banco, para empezar, tenemos unas cifras indiscutibles e imposibles de trucar, las cifras oficiales del precio de la vivienda nueva que no han parado de subir, y que como todo el mundo sabe son las verdaderas, y no el 30 o el 40% menos que dicen los subversivos y los antipatriotas -y esto no es una broma, ante un tribunal las cifras oficiales irían formalmente a misa- a esto se añada las cifras de tasación de una “entidad solvente”. No parece que estos nuevos paquetes de bonos vayan a ser analizados y calificados por agencias internacionales de rating, porque si la opacidad va a ser total, se afirma que los bonos son triple A y el que no lo crea, peor para él. De todas formas las agencias de rating han estado dando As hasta las doce menos cinco de la suspensión de pagos, y no han tenido por ello responsabilidad alguna.

En resumen, el que el FAAF pague el doble o el triple de su valor de mercado por los bonos de titulización en condiciones de total opacidad, está tirado, y demostrar lo contrario ante un tribunal sería harto difícil. Es decir, expresado en román paladino, al pueblo español le van a sacar 50.000 millones de euros -de momento, porque con 10.000 no tienen ni para empezar- para adquirir deuda incobrable de promotores, y ladrillos cuyo valor de mercado es muy inferior al valor de balance, y mientras tanto, los bancos repartirán dividendos, bonus y todo lo que se les pase por la mente, ¿Pues como vamos a estigmatizar a los pobres ejecutivos, quitándoles sus bonus multimillonarios? Dicen el gobierno y sus lacayos, que la mejor prueba de la fortaleza de nuestro sistema financiero es que ningún banco ni caja, vamos ni siquiera una pequeñita, ha tenido los problemas que aquejan a toda la gran banca mundial. Y ¿cúal es la estafa? La estafa es que no tenemos ni idea de cual es el valor real de los activos que soporta su supuesta solvencia. Si se vieran obligados como en la mayoría de otros países a contabilizar los activos y la deuda inmobiliaria por su valor real, y además tuvieran que hacer frente solitos a los gigantescos vencimientos de deuda, 20.000 millones de aquí a fin de año y 95.000 en 2009, una parte sustancial del sistema no sobreviviría los próximos 14 meses.

Y termino con los avales, 100.000 millones para empezar a hablar. Imaginemos que al banco X se le asignan 10.000 millones de avales, y con ésta garantía presta, por ejemplo, 1.000 millones en el interbancario a seis meses a la caja Y. A vencimiento, la caja Y, porque le coincide con un vencimiento de deuda o por lo que sea, no puede devolver, ¿Qué pasa entonces? El banco se dirige al Gobierno, y los ciudadanos le pagan los 1.000 millones al banco, que para eso son los avales. Es decir, el pueblo español garantiza con su dinero todos los fallos que se produzcan en el sistema financiero, que van a ser la tira, a pesar de que la Secretaría del Tesoro lo considera inimaginable, porque el hundimiento de la economía real no ha hecho más que empezar. Y todo ello en condiciones de opacidad total, porque si no los bancos no aceptaran nuestro dinero, y se lo irían a pedir al BCE o a su tía Anacleta, lo que sería tan humillante para nosotros que dudo de que fueramos capaces de sobreponernos.

Lo único claro y transparente en todo este proceso son tres cosas. La primera, que en condiciones de opacidad, todas las trampas, favores políticos y enjuagues varios, son perfectamente posibles, por no decir inevitables. La segunda, que ni un solo céntimo, ni uno sólo, ira a parar a familias y a PYMES, ésta condición ha desaparecido del Decreto, todo el dinero se dedicará a tapar socavones -diferencia entre los valores contables y la realidad- y a atender los vencimientos de deuda. Y la tercera, que esto nos aleja total y absolutamente del comportamiento obligado de todo Estado democrático, y nos acerca peligrosamente a los comportamientos político-económicos de la Italia fascista.

Roberto Centeno es Catedrático de Economía de la UPM.

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