Reggio’s Weblog

¿Son todas las medidas indiscutibles?, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 14 octubre, 2008

Quien padece la crisis (y cada día son más: parados, empresarios, familias, hipotecados, corporaciones locales, etc.) no sabe de paradojas y no tiene más remedio que apechugar, aguzar el ingenio y esperar que, por el paso del tiempo o las medidas de los gobiernos, las cosas mejoren. La crisis en cuanto tal sí las tiene porque, como se va viendo, lo que para unos son dificultades para otros son oportunidades, pero los sabios que las aprovechan, además de sabiduría, no están del todo agobiados por ella. La reina de las paradojas son las medidas arbitradas por los gobiernos y los bancos centrales. De hecho, cambian a velocidad sorprendente, lo que ayer era inconveniente hoy se convierte en la solución esperada, incluso si contienen contradicciones o parámetros difíciles de cuadrar.

En España lo hemos visto incluso más claramente que en otros sitios: el aumento de los Fondos de Garantía era innecesario e inconveniente (no sólo en opinión del Gobierno y la oposición, sino también en la de las entidades financieras) y, poco más tarde, un acierto. Inyectar dinero en el sistema financiero tampoco parecía adecuado, ya que era el más poderoso del mundo, y después se convertía en urgente y necesario. Adquirir acciones de entidades financieras, o abrir esa posibilidad, era una locura y, de pronto, se convierte en una garantía más que adecuada. El descalabro de las cuentas y el dinero que hay que poner sobre la mesa, por otra parte, no parecen afectar a las previsiones presupuestarias para el próximo año, según el Gobierno, pero sí para la oposición que, por aquello de no dar malas noticias, dice por el momento que los recortes corresponden al Gobierno y no a quien le controla. Todo, al menos, sorprendente.

La decisión anunciada ayer por el presidente Rodríguez Zapatero acerca de abrir la posibilidad, por el momento sólo posibilidad, de que el Estado adquiera títulos de entidades financieras, es, en toda regla, una rectificación de lo que oficialmente se nos venía diciendo. Parece que, además de ir al rebufo de otros países con más iniciativa, la única peculiaridad española es que el Gobierno pide a la oposición que se sume a sus decisiones por un, también paradójico, sentido de la responsabilidad o del patriotismo. Por eso, y aunque sólo sea por eso para sus críticos, está muy bien que, ayer mismo, se concediera el Premio Nobel de Economía a Paul Krugman, azote de Bush y de su Administración y enemigo de las medidas del secretario del Tesoro, Henry Paulson, que han terminado siendo bendecidas por Obama y los demócratas y esperadas en todo el mundo como absolutamente necesarias. Está muy bien, insisto, que no se tomen las decisiones como dogmas y que se vea que el debate es bueno y conveniente, además de constatar que las críticas al plan Bush no sólo vienen de recalcitrantes republicanos sino que también proceden de la izquierda intelectual norteamericana.

¿Hay que aceptarlo todo por patriotismo o un “sentido común” obligado? Nada más triste y paralizante. Por ejemplo, la posibilidad abierta ayer de adquirir títulos de entidades financieras, ¿no estaría mejor planteada si se canalizara mediante -y sólo mediante- ampliaciones de capital de los bancos en dificultades que pudiera suscribir el Estado de forma temporal, es decir, con el compromiso de que esas participaciones sean privatizadas posteriormente? De ese modo, el Estado no utilizaría sus recursos en solucionar problemas de accionistas, causados por ellos o por sus administradores, sino que aseguraría que sirvieran para mejorar la liquidez de esas entidades. Otro ejemplo, si el sistema financiero español es tan sólido, ¿no cabía la posibilidad de que, en todo o en parte, los fondos de emergencia fueran creados por las propias entidades financieras? ¿Y qué pasa con las cajas de ahorros, que no tienen títulos para ser adquiriros por fondo alguno? No todo puede ser aceptado sin discusión y, desde luego, nada sin explicaciones más concretas y amplias. Está bien que el presidente se reúna con Mariano Rajoy, pero todo lo que se ha hecho y se va a seguir haciendo, por su importancia y la debida trasparencia, debería ser discutido cuanto antes en el Parlamento.

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