Reggio’s Weblog

La crisis, una oportunidad, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 1 octubre, 2008

Una vez más se ha podido comprobar hasta qué punto sirve de poco el pensamiento racional, técnico y científico, ni la experiencia, a la hora de evitar que se produzca una catástrofe en el plano económico y político. La actual crisis económica -que tiene también mucho de política- no parece que haya encontrado preparadas a las instituciones mejor informadas y asesoradas, sean públicas o privadas. El mundo de los negocios, y el resto en general, se mueve por intereses y estos sólo atienden a la reflexión racional cuando les favorece. Nadie parece capaz de echar el freno antes que los demás en la carrera alocada hacia un poco más de beneficio.

También es cierto que las advertencias sobre una posible crisis quizás no fueron ni lo bastante claras, ni lo suficiente rotundas, ni lo necesariamente unánimes como para evitar lo peor. En un cierto sentido, los avisos de crisis se parecían a los de los padres cuando alertan a sus hijos con un “que te vas a caer”, frase incapaz de parar la caída y la función de la cual, en el fondo, no es tanto evitar el trompazo sino poder afirmar, a posteriori, la autoridad paterna. Y también se podría aplicar a esta crisis aquello de quan fou mort, el combregaren,porque hasta que la crisis financiera no ha sido una evidencia no han salido todos los doctores a certificar la muerte de este modelo de crecimiento.

De todas maneras, esta crisis económica que algunos no tienen reparo en comparar con la de 1929, particularmente en su gravedad, creo que tiene una nueva dimensión que la hace completamente distinta de la anterior. Se trata del papel que desempeña la información. Y es que la cantidad, la velocidad y la audiencia de la información disponible ahora es infinitamente superior a aquella. La información, y también aquello que va estrechamente asociado a estas tres propiedades: la cantidad de desinformación, de ruido o, si se quiere, de confusión.

En cierto sentido, podría decirse que se trata de la primera crisis económica verdaderamente mediática. Una dimensión que tiene efectos contradictorios. Así, qué duda cabe de que la crisis se agrava proporcionalmente a la facilidad actual para globalizar las reacciones que contraen los mercados. Los medios de comunicación son portadores, por naturaleza, de malas noticias. Y una crisis es un apetitoso caramelo informativo. Pero también es cierto que los excesos informativos banalizan la realidad contada. Por saturación informativa, si uno se acostumbra a que le cuenten el número de muertos en la carretera el fin de semana, de la misma manera nos acabarán pareciendo habituales las cifras de la crisis. La gran circulación de información hace más difícil crear un verdadero estado de pánico.

Deberíamos acabar de una vez por todas con aquello de confundir a los medios de comunicación con simples mensajeros, idea simple en la que estos se escudan para eludir responsabilidades. El problema no está en la tentación de matar al mensajero inocente que transporta el sobre sin conocer el contenido de la mala noticia, sino en reconocer que los medios de comunicación son actores, en este caso de una crisis en la que deberían asumir la responsabilidad de su papel. Y no digo tanto de haberla provocado, que sería atribuirle demasiado protagonismo, sino su obligación de no agravarla y, a ser posible, de contribuir a su solución.

Por supuesto que no estoy pensando que se deba ocultar información. Me refiero, en primer lugar, a la necesidad de una cierta contención en los excesos catastrofistas que, en todo caso, deberían estar compensados con aquellas opiniones menos llamativas pero que delimitan mejor el alcance de lo sucedido y lo por acontecer. En segundo lugar, es importante que la información señale con precisión a los responsables de la crisis. ¿Todo el mundo actuó con insensatez? ¿No podemos fiarnos de nadie ni de ninguna institución? En todo caso, que se diga quién ha sacado la mayor tajada antes, y quiénes intentan sacar provecho ahora. En tercer lugar, creo muy conveniente que se contribuya a dar algunas indicaciones sobre cómo sobrevivir a la crisis pero, sobre todo, que se nos explique en qué sentido puede ser provechosa. La crisis se llevará por delante a algunos inocentes, seguro, pero también depurará a muchos irresponsables. Además, quizás nos retorne a todos, bancos, empresas, instituciones públicas y particulares, a mejores prácticas económicas. ¿Hay algo que aprender de la crisis actual? Estoy ansioso de poder leer no sólo a pájaros de mal agüero – dicho sea con todo el respeto-, sino también a los que puedan introducirnos a lo que podría ser un decálogo de buenas prácticas económicas.

Sin querer enmendar la plana a ningún experto en catástrofes -todos lo somos cuando el agua ya nos llega hasta el cuello-, me pregunto si en la creación de un cierto estado de ansiedad no se esconde algún interés. Las recientes declaraciones de George Bush, en esta línea, así me lo dieron a entender. La amenaza de un posible pánico, ¿simplemente forma parte objetiva de la crisis, contribuye a su solución porque justifica ciertas medidas o puede provocar lo contrario de lo que se supone que se quiere evitar? En definitiva, la pregunta es: ¿no sería más inteligente empezar, lo antes posible, a considerar la actual crisis económica como una gran oportunidad para orientar racionalmente mejor nuestro futuro?

salvador.cardus@uab.cat

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Una respuesta

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  1. jose400 said, on 1 octubre, 2008 at 10:18 am

    pruebe el Plan Activia


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