Reggio’s Weblog

La hora bruja de Zapatero, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 30 agosto, 2008

En la jerga bursátil se denomina hora bruja a un periodo de tiempo comprendido entre las 16:30 y las 17:15 horas del tercer viernes de cada mes. Ese día, y al cierre de la sesión, vencen tanto las opciones como los futuros sobre el Ibex 35. El singular nombre alude al momento en que la Bolsa queda en tierra de nadie; a merced de movimientos irracionales. Sin ninguna explicación aparente. Y es que durante ese tiempo, inversores en pérdidas, contraídas por sus posiciones en futuros y opciones, tratan de compensarlas jugando al límite. De ahí nace la expresión hora bruja. Nadie sabe a ciencia cierta lo que puede pasar durante esos 45 minutos de infarto.

Al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, recién cumplidos los 48 años, le ha llegado también su hora bruja. El fuego cruzado le viene desde todas los frentes. Por primera vez desde que aterrizó en el complejo de la Moncloa, se encuentra cara a cara con asuntos que se escapan de su agenda. La medicina que utilizó durante la anterior legislatura: aislar políticamente al PP y presentarlo ante la ‘España plural’ como un partido ultramontano, ya no funciona. Se ha vuelto, incluso, contra él. Los socialistas se han quedado a menudo en minoría (o en solitario) en la junta de portavoces. Y si no cambian las cosas, es muy probable que esto se repite en el futuro. La iniciativa política ya no brota de Ferraz: reformas estatutarias, ley de Memoria Histórica o negociaciones con ETA. Por el contrario, la agenda la impone la calle, y está preñada de problemas reales de los ciudadanos: el empleo, el coste de la vida, las dificultades para adquirir una vivienda, las pensiones, el maltrato a las mujeres, el desarrollo de la Ley de Dependencia…

Problemas en su mayoría de índole económica, pero que envenenan las relaciones personales creando un pesimismo social difícil de digerir políticamente, como demuestran mes a mes las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Porque si una característica tiene la actual crisis económica es que afecta fundamentalmente al consumo privado, al bolsillo de las familias, lo que la hace diferente respecto de lo que sucedió durante la recesión del bienio 93-94, cuando era el Estado (con sus gigantesco déficit público) era el que realmente estaba casi en bancarrota, pero los hogares tenían una posición más holgada gracias a su bajo nivel de endeudamiento. Las hipotecas eran a tipo fijo y casi nadie conocía lo que significaba el término MIBOR (antecedente del euribor).

Para cualquier gobernante, perder la iniciativa política es un auténtico drama. Puede ser el principio del fin de su reinado, y de ahí que los múltiples asesores de Zapatero se afanen en demostrar que las cosas se gobiernan desde Moncloa y que todo está bajo control. Hasta ahora estamos ante un intento fallido, porque lo cierto es que cada mañana -como una gota malaya- media España se desayuna con un mal dato económico que acaba con truncar los mensajes de optimismo que de forma machacona lanzan los emisarios gubernamentales. Y salvo que se cierre por decreto el Instituto Nacional de Estadística, no parece que las cosas vayan a ir mejor en los próximos meses. Todo lo contrario.

Decía Maquiavelo que cuando el príncipe está al frente de sus ejércitos y tiene que gobernar a miles de soldados era absolutamente necesario que no se preocupara sobre si tenía fama de cruel entre sus huestes, ya que sin esa fama nunca podría disponer de un ejercito unido y dispuesto a la lucha. Da la sensación de que el ‘republicanismo’ confeso del presidente le impide abrazar el pensamiento del autor florentino, y eso explica que el ‘buenismo’ siga siendo el santo y seña del presidente. La estrategia le dio buenos resultados a Zapatero en la anterior legislatura, en la que el PP aparecía ante la opinión pública -no sin razón- como el partido del ‘no’. No a la extensión de derechos civiles, no a las reformas educativas, no al reconocimiento público de quienes lucharon contra la Dictadura… No, no y no, que dice la canción de Amy Winehouse.

En un contexto de fuerte ajuste económico, Zapatero también tiene su ‘no’. Se ha comprometido a no tocar ni un céntimo del gasto social, pero no lo va a tener fácil, salvo que se entienda que lo ‘social’ se agota en pagar cada mes el desempleo. La prueba del nueve la va a tener que realizar dentro de muy pocas semanas, cuando Pedro Solbes presente en el parlamento el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2009.

El Grupo Socialista, como se sabe, no cuenta con mayoría suficiente para sacarlos adelante, pero guarda en su manga la carta de los nacionalistas de CiU, empeñados en regresar al palacio de la Generalitat demostrando a los ciudadanos catalanes que gracias su capacidad de negociación en Madrid se avanza en el autogobierno. Ya ocurrió cuando las discusiones sobre el nuevo ‘Estatut’ estaban atascadas. Un encuentro de última hora entre Zapatero y Artur Mas salvó el escollo, y eso permitió a CiU capitalizar el ‘Estatut’, lo que puede explicar la estrategia de la tensión diseñada por los socialistas catalanes del PSC, que no parecen dispuestos a que sea CiU quien esta vez les saque las castañas del fuego en Madrid, y de ahí su dureza en la negociación. Aunque Solbes se empeñe en decir que una cosa son los PGE del 2009 y otra bien distinta es la financiación autonómica, lo cierto es que el PSOE necesita los votos de CiU, y no sólo para sacar adelante los presupuestos, sino para alejarse -cuanto más mejor- de sus socios de la anterior legislatura.

La ‘España plural’ ha pasado a mejor vida y de lo que se trata ahora es de ampliar la base social, algo que el PSOE no logró en el cuatrienio 2004-08, y ello pese a que las circunstancias económicas fueron algo más que favorables. El triunfo del 9-M se debió a un reajuste en el voto de la izquierda, no a un ensanchamiento de las bases electorales, por lo que si el PSOE quiere seguir gobernando cuatro años más -una vez agotado el caladero de la izquierda- debe ampliar sus apoyos.

En Moncloa, como parece coherente, están empeñados en recorrer ese camino hacia el centro sin perder votos por su izquierda, y de ahí que el objetivo principal de los asesores del presidente sea preservar la imagen de un Zapatero netamente de izquierdas, lo que explicaría su negativa a reabrir el melón de la energía nuclear o a aparecer esporádicamente ante la opinión pública como el primer presidente de la democracia que mantiene a raya a la Conferencia Episcopal. La estrategia de mantener viva la posibilidad de ampliar a un cuarto supuestos las causas legales para abortar en España iría en esa dirección: proteger su aureola de presidente ‘rojo’ frente a una derecha escorada hacia el radicalismo y que bebe de la mano de sus apoyos mediáticos.

El PSOE juega con fuego porque un política presidencialista -diseñada a la medida del líder- corre el peligro de que naufrague si el gran timonel se quema, dando la impresión de que está por encima de los problemas, y de ahí que se intente preservar a toda costa esa imagen un tanto beatifica del presidente, empeñado en rebajar la dimensión de la crisis y en ningunear algunos indicadores fundamentales: España es el país con más paro e inflación de la eurozona (una tragedia en un unión monetaria que impide las devaluaciones). Pero es también el que registra uno de los niveles más reducidos de productividad e inversión en I+D+i, lo cual es una calamidad a medio y largo plazo. Y todo ello aderezado con una población activa que crece a ritmos del 3%, lo que desgraciadamente ‘garantiza’ fuertes incrementos del desempleo durante al menos los dos próximos años.

Ya el profesor Juan José Linz advirtió hace muchos años que en los sistemas presidenciales los acuerdos parlamentarios son más difíciles de alcanzar, porque el principal interés del partido mayoritario es preservar la imagen del líder como el gran artífice de las conquistas sociales. Darle mayor protagonismo al parlamento socava la credibilidad del líder, y eso es, precisamente, lo que se quiere evitar desde Moncloa, donde obsesiona trasmitir la idea a la opinión pública de que Zapatero cuenta con una mayoría suficiente para gobernar.

Para Moncloa, por lo tanto, lo prioritario es ganar tiempo, al menos hasta el primer semestre de 2010, que es cuando España estrena su tercera presidencia de la Unión Europea. Y mientras tanto esquivar la crisis económica como se pueda, conscientes de que ése es el territorio que se ha reservado el PP para acosar al Gobierno. Los cinco pactos de Estado propuestos por Mariano Rajoy: terrorismo, modelo de Estado, política exterior, pensiones y justicia son asumibles por el Ejecutivo porque refuerzan la imagen de moderación; pero se da la circunstancia que no son esos, precisamente, los problemas (por muy importantes que sean) que más preocupan en estos momentos a los ciudadanos, tal y como ponen de manifiesto las encuestas del CIS. Ganar tiempo es, por lo tanto, el objetivo, con la vista puesta en el segundo semestre de 2010, en el que no es difícil adivinar una cambio de Gobierno haciéndolo coincidir con un cierta recuperación de la actividad económica. Y con la vista ya puesta en las elecciones de 2011 (municipales y autonómicas) y 2012 (generales).

Ahora bien, si la disputa política se traslada en exclusiva al ámbito económico, es muy probable que al final el país quede maltrecho, lo cual es especialmente preocupante teniendo en cuenta que, como muchos analistas opinan, España no se enfrenta a una simple crisis económica sino más bien a un cambio en su modelo productivo. Mucha tarea por delante para un Partido Socialista en minoría que debe optar entre rebajar el perfil del líder -lo cual requiere pactos a diestro y siniestra- o alentar su mejor activo en términos electorales, que es, precisamente, la imagen del presidente, sobre todo en algunas regiones con gran influencia electoral, como son Cataluña y Andalucía. El tiempo dirá quién gana y quién pierde en esa hora bruja de Zapatero.

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