Reggio’s Weblog

Convención histórica, de Manuel Castells en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 agosto, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Entre las aclamaciones de 4.000 delegados del Partido Demócrata y 80.000 personas que abarrotaban el estadio de Denver, Barack Obama se erigió en protagonista de un momento histórico. Porque el nombramiento de un afroamericano como candidato demócrata a la presidencia de EE. UU. tiene un extraordinario valor simbólico, impensable hasta ahora. Como dice Obama, esto sólo es posible en Estados Unidos. ¿Se imaginan a un hijo de turcos como canciller de Alemania, un inglés pakistaní en el 10 de Downing Street o un magrebí nacido en l´Hospitalet como president de Catalunya? Aunque persista el racismo, la sociedad estadounidense se ha ido adaptando a su realidad multiétnica, algo que en Europa no hemos aceptado a pesar de la diversidad creciente de nuestra población.

Si un mulato puede ser presidente de EE. UU., si una mujer (Hillary) estuvo a punto de ser la candidata, quiere decir que las barreras sexistas y racistas están cayendo en el país que marca en buena medida el rumbo del mundo. Y quiere decir también que cuando alguien, como Obama, conecta con la gente, moviliza a los jóvenes y da alas a la esperanza, los ciudadanos vuelven a creer en la política y hacen suyo el protagonismo del cambio. Porque lo fundamental de la candidatura de Obama no es su programa, sino la forma de hacer política, con la gente, rechazando la influencia de los grupos de presión y superando la política partidista. El movimiento social que Obama ha creado ha superado todos los obstáculos (incluidos los excesos histriónicos de quien fue su mentor), las manipulaciones mediáticas, las mentiras sobre él y los prejuicios atizados desde dentro y fuera del Partido Demócrata. Si de candidato llegara a presidente, Estados Unidos y el mundo podrían cambiar en profundidad. No tanto porque su programa sea revolucionario.

Obama es un político moderado y sensato (aunque situado en la izquierda del espectro político demócrata) que prioriza un pragmatismo efectivo sobre la pureza idealista. Pero simplemente con sentido común y honradez, escapando de la dependencia de las petroleras, del complejo militar industrial y de las farmacéuticas y aseguradoras sanitarias, pueden producirse cambios sustanciales. Un Obama presidente daría prioridad a resolver los enormes problemas económicos y sociales de EE. UU. que amenazan con desestabilizar la economía mundial. Entre estos problemas, además de salud, educación, empleo y saneamiento del mercado hipotecario, incluye también la política energética y el medio ambiente. Obama puede liderar la transición a las energías renovables y a la conservación energética. Colaborando con Al Gore, apoyaría políticas globales contra el cambio climático.

Y en política internacional tiene muy clara la retirada de Iraq (que los iraquíes reclaman), el diálogo con Irán, negociaciones entre Israel y Palestina, y desactivar la posible nueva guerra fría. Y, sobre todo, centrar la política de seguridad en la persecución de redes terroristas, empezando por buscar a Bin Laden en Afganistán y Pakistán. Y es que la gran diferencia con los neoconservadores es que Obama no quiere dominar el mundo, sino reparar en profundidad Estados Unidos, un imperio enfermo que ya no tiene recursos para ser a la vez imperio y nación próspera.

Su programa liga los temas: para financiar salud, educación y energías renovables, se acaba con el despilfarro de 10.000 millones mensuales en Iraq. Se aumentan los impuestos al 5% más rico para reducirlos al resto y suprimir impuestos a los jubilados pobres. Se crea empleo invirtiendo en energías renovables. Se penaliza a las empresas que invierten fuera y se incentiva a las que crean empleo en el país. Se promueve el emprendimiento y la innovación. Y se asegura el pago de estudios universitarios, para tener una fuerza de trabajo competitiva globalmente, a cambio de trabajo comunitario de los estudiantes durante sus vacaciones.

Todo esto pueden ser sueños si no gana la elección. Los sondeos dan un empate. El motivo parece ser que el racismo encubierto sigue operando en contra de Obama. También influye la acusación de los republicanos al tildar de antipatriótica la crítica a la guerra de Iraq y censurar su inexperiencia internacional. Pero Obama, además de líder carismático, es un gran estratega que aprendió en las duras calles de Chicago y conoce la política mediática en la era internet. Envió un primer mensaje de moderación y realismo al escoger como vicepresidente a Joe Biden, presidente del comité de Exteriores del Senado, con tres décadas de experiencia en política internacional. Es una concesión importante, porque Biden, aunque se opuso a la política de Bush en Iraq, es un halcón en política internacional, pero tranquiliza a los que temen la inexperiencia de Obama.

Y la unidad demócrata se selló de nuevo en la convención, gracias a una Hillary Clinton inteligente, con clase de líder y visión política, que puso su movimiento al servicio de Obama. Seguida de inmediato por Bill Clinton, a pesar de su resquemor con los obamistas. Los Clinton saben que no pueden permitirse ser culpabilizados por una derrota de Obama en noviembre. Y han puesto toda la carne en el asador, lo que permitirá que la mayor parte de los seguidores de Hillary que oscilaban hacia McCain puedan volver al redil demócrata. Los sondeos subestiman el impacto de Obama entre ocho millones de nuevos votantes que su campaña ha inscrito y que no figuran en las bases censales de las muestras estadísticas.

El dato clave es que los partidarios de Obama sienten entusiasmo por su líder mientras que la mayoría de los de McCain se movilizan contra Obama más que a favor de su candidato. Conforme avance la campaña, la movilización de base puede ir superando el miedo a lo desconocido atizado por los republicanos. Pero será una campaña dura y competida, donde se juega el futuro inmediato de un mundo en crisis. Una campaña abierta en el 45. º aniversario del discurso de Martin Luther King en el que enunció un sueño a punto de convertirse en realidad.

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El gran Solbes, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 30 agosto, 2008

El debate territorial

Rigor e inconsistencia, conocimientos e ignorancia, exactitud e imprecisión. Este fue el contraste que el jueves mostraron el vicepresidente Solbes y los partidos catalanes, con el curioso espectáculo de un PSC acomplejado y mudo. Naturalmente, el rigor, los conocimientos y la exactitud fueron a cargo de Solbes.

En efecto, el tono y los términos utilizados por el superministro fueron demoledores: no se cortó ni un pelo sin abandonar nunca su habitual tono reposado, cortés y profesoral. Reproduzcamos algunas de sus advertencias. “Si usted me dice que Catalunya es la comunidad que más dificultades tiene de financiación en este país, yo le digo que no. No es ni la segunda, ni la tercera. Todas tienen dificultades. ¡También las tengo yo en estos momentos!”. “Ustedes dicen que el Estatut dice algo que en realidad no dice”. “Deben asumir su responsabilidad y no limitarse a pedir más recursos al Estado (…), no es razonable que bajen los impuestos al tiempo que piden más recursos”. “Si el sistema para Catalunya no es similar al que se aplique en Asturias, no habrá forma humana de que esto funcione”. “No podremos poner en marcha el modelo catalán si no hay una nueva Lofca. A mí me plantearía dudas constitucionales”. “Si no es posible el consenso, el Estado puede hacer prevalecer sus criterios”.

Así pues, Solbes no se movió ni un ápice de las posiciones que ya mantuvo en julio pasado. Como no podía ser de otra manera. Frente a ello, los políticos catalanes de CiU, ERC e ICV siguieron con la cantinela de siempre: el Estatut se ha incumplido porque no se ha llegado a un acuerdo antes del 9 de agosto, sólo es admisible un pacto bilateral entre el Estado y la Generalitat. No estamos pues, todavía, en un desacuerdo sobre el fondo sino en la forma y en el procedimiento. Las culpas están repartidas entre el Gobierno y el Govern, ya que ambos apoyaron en su momento el nuevo Estatut y es en el texto estatutario donde está la causa del actual conflicto.

La posición de Solbes expresa una visión claramente federal del Estado, conforme con el modelo constitucional. En cambio, la posición de los partidos catalanes expresa una visión confederal, muy alejada de la Constitución. Y ahí está la clave del asunto: es irrazonable y antifederal que cada estatuto establezca su propio modelo de financiación. El modelo debe estar en la Lofca, es decir, en la ley estatal prevista en el artículo 157.3 de la Constitución, y no en los estatutos de autonomía.

En este aspecto, al establecer un modelo de financiación propio, el Estatut claramente se revela inconstitucional. Sus consecuencias son las dificultades y malentendidos actuales. El error, el gran error, está en haber aprobado alegremente un Estatut con los sentimientos y no con la razón, por oportunismo y sin responsabilidad.

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Un monstruo escénico, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 30 agosto, 2008

Agosto nos regala destellos de teatro antiguo antes de fundirse en los ansiolíticos de la reentrada. Seguí con atención a través de la tele la comparecencia de Solbes en el Congreso de los Diputados el jueves, para hablar de la tan traída financiación autonómica. Me lo pasé en grande, mucho mejor que con esas insoportables series españolas en las que todos los personajes parecen zombis a la salida de un centro comercial un sábado por la tarde. Políticamente, lo de Solbes sólo sirvió para comprobar que la vida sigue igual, como sabía el vocalista de la orquesta del verano, el que hacía que un mambo y el rock de la cárcel tuvieran la misma textura. En fin, hay tres meses para ir pasando el rosario, gracias a la entente Saura-De la Vega. Por cierto, me confirman que, en su reunión de Vilanova i la Geltrú, ambas figuras fueron muy austeras a la hora de consumir; además de un poco de agua mineral, la vicepresidenta sólo tomó una infusión de manzanilla, mientras que el conseller se limitó a un cortadito, desconozco si fue con azúcar o sacarina. De tapeo, nada.

Pero no nos alejemos de Solbes, que estuvo estupendo en su papel de airbag de Zapatero, encajando todas las críticas de CiU, ERC e ICV como quien oye llover. El alicantino, monstruo de la escena, ha alcanzado tal punto de saturación cínica en arte mayor que podemos aplicarle eso que tanto identifica a los grandes hombres: no es que maneje lo falso como cierto, es que ha conseguido la disolución total de ambos conceptos en un todo amorfo, en un alarde que asegura una larga vida a los misterios financieros del reino. Ante tal prodigio de la naturaleza, los portavoces catalanes apenas pudieron mostrar el cabreo, la impotencia, la mueca de disgusto y amenazas con boca pequeña. ¿Por qué nadie en Catalunya, salvo el PSC, cumple la primera ley del combate político? Esta reza que nunca se debe amenazar si no estás dispuesto a llegar hasta el final. Ahí está Corbacho, sin manierismos, dejando las cosas en su sitio: los socialistas catalanes votarán los presupuestos generales, faltaría más. En paralelo, Solbes y De la Vega, acostumbrados al olor de cuero del Estado, son inequívocos en sus advertencias: si no hay acuerdo, prevalecerá lo que diga el Gobierno. El talante muda en veneno cuando se oxida.

Pero a mí me interesa el teatro, no la política. Por eso celebro que Solbes no se haya retirado todavía a los negocios. Creo que fue Mounier, pensador que entre nosotros ya sólo lee Pujol, quien dijo que “la mayor virtud política es no perder el sentido de los conjuntos”. ¡Ay, los conjuntos! Un gran consejo, sistemáticamente ignorado por los catalanes, demasiado parcelados en la táctica para asumir la grandeza de una estrategia. No vemos nunca el cuadro general. Somos un pueblo que consume sus fuerzas contra la espuma. Solbes, sin despegar el trasero del sillón, nos perdona la vida.

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Discurso de Barack Obama en la convención de Denver, en El País y en El Mundo

Posted in Historia, Internacional, Política by reggio on 30 agosto, 2008

En El País y en El Mundo

TRADUCCIÓN DE LA AGENCIA EFE 29/08/2008

Al presidente Dean y a mi gran amigo Dick Durban; y a todos mis conciudadanos de esta gran nación:

Con profunda gratitud y una gran humildad, acepto vuestra nominación para la Presidencia de Estados Unidos.

Dejadme expresar mi agradecimiento a la histórica lista de candidatos que me han acompañado en este viaje, y especialmente a quien ha llegado más lejos -una campeona para los trabajadores americanos y una inspiración para mis hijas y las vuestras- Hillary Rodham Clinton. Al presidente Clinton, que anoche demostró la necesidad de cambio como sólo él puede hacerlo, a Ted Kennedy, que encarna el espíritu de sacrificio; y al próximo vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, os doy las gracias.

Estoy agradecido de terminar este camino con uno de los más brillantes estadistas de nuestro tiempo, un hombre con el que se siente a gusto todo el mundo, desde los líderes mundiales hasta los revisores de la compañía de trenes Amtrak que todavía toma para regresar a su casa cada noche.

Al amor de mi vida, nuestra próxima primera dama, Michelle Obama, y a Sasha y Malia – os amo mucho y estoy muy orgulloso de vosotras.

Hace cuatro años, estaba delante vuestro y os conté mi historia – de la breve unión de un joven de Kenia y una joven mujer de Kansas que no les iban muy bien las cosas ni eran muy conocidos, pero que compartían la creencia de que en América, su hijo podía alcanzar lo que se propusiese en su cabeza.

Es esa promesa la que ha hecho este país destacar – que con un duro trabajo y sacrificio, cada uno de nosotros puede tratar de alcanzar nuestros sueños y también seguir siendo parte de la familia americana para asegurarnos que la siguiente generación podrá perseguir igualmente sus sueños.

Es por ello por lo que comparezco hoy esta noche. Porque durante 230 años, en cada momento en el que esa promesa estaba en peligro, hombres y mujeres corrientes -estudiantes y soldados, granjeros y profesores, enfermeras y limpiadoras- encontraron el coraje para mantenerla viva.

Nos encontramos en uno de esos decisivos momentos – el momento en el que nuestra nación está en guerra, nuestra economía atraviesa una situación confusa, y la promesa americana ha sido amenazada una vez más.

Esta noche, más americanos están sin trabajo y más trabajan por menos. Muchos de vosotros habéis perdido vuestros hogares y muchos más veis cómo cae en picado el valor de vuestras casas. Muchos tenéis automóviles que ahora no os podéis permitir conducir, deudas de las tarjetas de crédito que no podéis pagar, gastos de matrículas inalcanzables.

Todos estos desafíos no son todos atribuibles al Gobierno. Pero el no haberles hecho frente es la consecuencia de la descomposición de la vida política en Washington y las fallidas políticas de George W. Bush.

América es mejor que estos últimos 8 años. Somos mejor país que eso.

Este país es más decente que uno en el que una mujer de Ohio, a punto de jubilarse, se encuentra por una enfermedad en una catastrófica situación después de una dura vida de trabajo.

Este país es más generoso que aquel en el que un hombre de Indiana tiene que ver cómo la maquinaria con la que ha trabajado durante veinte años es embarcada hacia China y, turbado, ha de explicar cómo se siente fracasado al regresar a casa y contarle lo ocurrido a su familia.

Somos más compasivos que un Gobierno que permite que sus veteranos duerman en la calles y sus familias caigan en la pobreza; que permanece de brazos cruzados mientras delante de nuestros ojos se hunde una gran ciudad de América.

Esta noche, le digo al pueblo americano, a los demócratas y a los republicanos, a los independientes de toda esta gran nación. Ya basta. Este momento -esta elección- es nuestra oportunidad para mantener viva en el siglo XXI la promesa americana.

Como la próxima semana, en Minnesota, el mismo partido que os ha traído dos mandatos de George Bush y Dick Cheney le pedirá a este país un tercero, estamos aquí ahora porque amamos este país demasiado para dejar que los próximos cuatro años se parezcan a los últimos ocho. El 4 de noviembre tenemos que levantarnos y decir: ya estamos hartos.

Ahora no dejemos ninguna duda. El candidato republicano, John McCain, ha vestido el uniforme de nuestro país con valor y distinción, y por ello le debemos respeto y gratitud. La próxima semana, también escucharemos sobre esos momentos en los que había roto con su partido como prueba de que el puede traer el cambio que necesitamos.

Pero los hechos son claros, John McCain ha votado con George Bush el noventa por ciento de las veces. Al senador McCain le gusta hablar de juicio, pero en realidad, qué os asegura a vosotros que George Bush ha estado en más del noventa por ciento de las ocasiones acertado. No sé lo que pensáis vosotros, pero yo no estoy dispuesto a asumir sólo una posibilidad de cambio en el diez por ciento.

La verdad es que en cada uno de los asuntos, en cada uno de los que afecten a vuestra vida -salud, educación y en la economía-, el senador McCain ha sido todo, menos independiente. Asegura que nuestra economía ha hecho grandes progresos bajo este presidente. Sostiene que los fundamentos de la economía son fuertes. Y cuando uno de sus principales consejeros – el hombre responsable de escribir su programa económico- hablaba de la ansiedad en la que viven los americanos, dijo que estamos viviendo sólo una recesión mental y que somos, y cito textualmente, una nación de quejicas.

¿Una nación de quejicas ¿ Dígale eso a los orgullosos trabajadores de las plantas de automoción de Michigan que, después de enterarse de que iba a cerrar, todavía siguen yendo cada día a trabajar tan duro como siempre, porque saben que hay quienes cuentan con los frenos que han hecho. Dígale eso a las familias de los militares que cargan sus problemas en silencio, sobre sus hombros, mientras ven cómo sus seres queridos parten para su tercer o cuarto o quinto despliegue. Estos no son quejicas. Trabajan duro, lo entregan todo y aún siguen sin quejarse. Estos son los americanos que yo conozco.

Bien, no creo que al senador McCain no le importe qué es lo que está pasando con la vida de los americanos. Pienso que es que no lo sabe. ¿Por qué otro motivo si no podría él definir a la clase media como aquella que gana menos de cinco millones de dólares al año? ¿De qué manera si no podría proponer cientos de miles de millones en rebajas fiscales para las grandes corporaciones y compañías petroleras pero ni un solo penique de ayuda fiscal para más de cien millones de americanos? ¿Cómo si no puede él ofrecer un plan de salud que penalizará con impuestos a las personas o un plan educativo que no servirá para ayudar en nada a las familias a pagar las escuelas, o el plan para privatizar la seguridad social y jugarse vuestras pensiones”.

No es porque a John McCain no le importa, es porque no lo capta.

Durante más de dos décadas ha estado abonado a esa vieja, desacreditada filosofía republicana -da más y más a los que más tienen y confía en que la prosperidad descienda a los demás. En Washington, lo llaman la sociedad de propietarios, pero lo que realmente significa es que estás sólo. ¿Te has quedado sin empleo? Mala suerte. ¿no tienes seguro de salud? El mercado lo resolverá. ¿Has nacido pobre?

Arréglatelas con tu propio esfuerzo, aunque no puedas. Estás sólo.

Es hora de que paguen por sus fracasos. Es nuestro momento para cambiar América.

Lo veis, los demócratas tenemos una medida diferente de lo que es el progreso en este país.

Medimos el progreso por el número de personas que pueden encontrar un empleo en el que ganen lo suficiente para hacer frente a las hipotecas, que también permite un poco de dinero extra a final de mes para poder ver algún día a vuestros hijos recibir sus diplomas universitarios. Medimos el progreso en los 23 millones de nuevos empleos que fueron creados cuando Bill Clinton era el presidente – cuando la familia media estadounidense vio subir sus ingresos hasta 7.500 dólares en vez de los 2.000 que ha caído bajo George Bush.

Nosotros medimos la fortaleza de nuestra economía no por el número de multimillonarios que tenemos o los beneficios de las empresas de la lista Fortune 500, sino si alguien con una buena idea puede tomar el riesgo y emprender un nuevo negocio, o si las camareras que viven de las propinas pueden librar un día para poder llevar al médico a su hijo enfermo sin ser despedidas – una economía que honra la dignidad del trabajo.

Las claves que empleamos para medir la fortaleza económica son si estamos cumpliendo con la promesa fundamental que ha hecho que este sea un gran país – una promesa que es la única razón por la que estoy aquí esta noche.

Porque en las caras de esos veteranos jóvenes que regresan de Irak y Afganistán, veo a mi abuelo, quien se alistó después de Pearl Harbor, marchó en las filas del Ejército de Patton y fue premiado por una nación agradecida con la oportunidad de ingresar en la universidad mediante del Acta para los veteranos.

En la cara del estudiante joven que duerme sólo tres horas antes de entrar en el turno de noche, pienso en mi mamá, quien, sóla, nos crió a mi hermana y a mí mientras trabajaba y estudiaba para un título, quien una vez recurrió a la asistencia pública para la alimentación pero todavía pudo enviarnos a las mejores universidades del país con la ayuda de los préstamos para estudiantes y las becas.

Cuando oigo a otro trabajador que me dice que su fábrica ha cerrado, recuerdo a todos aquellos hombres y mujeres del barrio sur de Chicago con quienes me solidaricé y por quienes luché hace dos años, después del cierre de la planta siderúrgica.

Y cuando oigo a una mujer que habla de las dificultades de abrir un negocio propio, pienso en mi abuela, quien progresó trabajando, desde el grupo de secretarias hasta ser supervisora, pese a los años en que no fue considerada para un ascenso por ser mujer. Es ella quien me enseñó lo que es el trabajo duro. Es ella quien aplazó la compra de un nuevo automóvil o un nuevo vestido para que yo pudiera tener una vida mejor. Me entregó todo lo que tenía. Y aunque ya no puede viajar, sé que está siguiéndonos esta noche y que esta es su noche también.

No sé qué tipo de vidas cree John McCain que llevan los famosos, pero ésta ha sido la mía. Estos son mis héroes. Sus historias son las que me formaron. Y es en nombre de ellos que pretendo ganar estas elecciones y mantener nuestra promesa viva, como presidente de Estados Unidos.

¿Qué es esa promesa?

Es una promesa según la cual cada uno tiene la libertad para hacer de nuestras vidas lo que queramos, pero que también tenemos la obligación de tratarnos mutuamente con dignidad y respeto.

Es una promesa que dice que el mercado debería premiar la ambición y la innovación y generar crecimiento, pero que las empresas deberían cumplir con sus responsabilidades en cuanto a la creación de empleos americanos, vigilar por los trabajadores americanos, y atenerse a las reglas de buena conducta.

La nuestra es una promesa que dice que el gobierno no nos puede solucionar todos los problemas, pero lo que sí debe hacer es lo que no podemos hacer por nosotros mismos, Protegernos del daño y proveer a cada niño una educación adecuada, mantener nuestra agua limpia y nuestros juguetes seguros, invertir en nuevos colegios y nuevas carreteras y nueva ciencia y tecnología.

Nuestro gobierno debe trabajar por nosotros, no contra nosotros. Debe ayudarnos, no dañarnos. Debe garantizar la oportunidad no sólo a aquellos que más dinero e influencia tienen, sino a cada americano dispuesto a trabajar.

Esa es la promesa de América. La idea de que somos responsables de nosotros mismos, pero también de que nos levantaremos o caeremos juntos como una nación: la creencia fundamental de que yo soy el guardián de mi hermano: yo soy el guardián de mi hermana.

Esa es la promesa que debemos cumplir. Ese es el cambio que necesitamos ahora mismo. Por tanto, dejad que precise exactamente qué es lo que significará ese cambio si yo soy elegido Presidente.

El cambio implica un código fiscal que no premie a los “lobbys” que lo redactaron, sino a los trabajadores americanos y las pequeñas empresas que lo merecen.

A diferencia de John McCain, dejaré de conceder ventajas fiscales a las corporaciones que trasladen los empleos al extranjero, y comenzaré a darlas a las empresas que creen buenos puestos de trabajo aquí mismo en América.

Eliminaré los impuestos sobre ganancias para los pequeños negocios y empresas recién establecidas que van a crear los empleos bien remunerados y de alta tecnología del mañana.

Rebajaré los impuestos – los voy a rebajar – para el 95% de todas las familias que trabajan, porque en una economía como la nuestra lo último que se debe hacer es aumentar los impuestos para la clase media.

Y, por el bien de nuestra economía, nuestra seguridad y el futuro de nuestro planeta, estableceré una meta clara como Presidente: en un plazo de diez años, pondremos fin a nuestra dependencia respecto al petróleo de Oriente Medio.

Washington lleva 30 años hablando de nuestra adicción al petróleo, y John McCain lleva 26 de esos años allí. En este tiempo, él ha dicho “no” a las exigencias de mayor eficiencia energética de los automóviles, “no” a las inversiones en energía de fuentes renovables, “no” a los combustibles renovables. Y hoy, importamos el triple de petróleo que el día que el senador McCain asumió el cargo.

Ahora es el momento de poner fin a la adicción, y de comprender que sacar petróleo de los pozos es una medida para salir del paso, no una solución a largo plazo. Ni remotamente.

Como presidente, aprovecharé nuestros recursos de gas natural, invertiré en tecnología del carbón limpia, y encontraré la manera de aprovechar con seguridad la energía nuclear. Ayudaré a nuestras empresas del automóvil a readaptarse, para que los automóviles de bajo consumo del futuro se construyan aquí mismo en América. Voy a facilitar que los americanos tengan suficientes recursos para comprar esos autos nuevos. Y voy a invertir 150.000 millones de dólares en la próxima década en fuentes renovables de energía que podamos costear – energía eólica, y energía solar y la próxima generación de biocombustibles; una inversión que desembocará en nuevas industrias y cinco millones de empleos que paguen bien y que nunca puedan ser externalizados.

América, ahora no es el momento de pequeños proyectos.

Ahora, es el momento de cumplir por fin nuestra obligación moral a facilitar a cada niño una educación de primera clase, porque es lo mínimo para poder competir en la economía global. Michelle y yo estamos aquí esta noche sólo porque nos dieron la oportunidad de una educación. Y no voy a conformarme con una América donde algunos niños no tienen esa oportunidad. Voy a invertir en la educación de los más pequeños. Voy a reclutar a un ejército de nuevos maestros, les pagaré salarios más altos y les daré un mayor apoyo. Y, a cambio, voy a pedir un listón más alto y que se rindan cuentas. Y mantendremos nuestra promesa hecha a cada uno de los jóvenes americanos – si tú te comprometes con tu comunidad o con tu país, garantizamos que podrás pagar una enseñanza superior.

Ahora es el momento de cumplir, por fin, la promesa de un acceso a precios razonables a cuidados sanitarios para todos y cada uno de los americanos. Si ya tenéis acceso a la Sanidad, mi proyecto supondrá el desembolso de primas más pequeñas. Si no lo tenéis, vais a poder disfrutar de la misma cobertura que los miembros del Congreso se conceden a si mismos.

Yo mismo vi cómo mi madre discutía con las empresas de seguros desde la cama donde moría de cáncer y voy a asegurarme de que esas mismas empresas dejen de discriminar a los que están enfermos, los que más necesitan atención sanitaria.

Ahora es el momento de ayudar a las familias con bajas pagadas por enfermedad y mejores permisos por asuntos familiares, porque nadie en América debería tener que elegir entre salvar su empleo y cuidar a su niño o a su progenitor enfermo.

Ahora es el momento de cambiar nuestras leyes sobre quiebras para que vuestras pensiones estén protegidas por encima de las primas de los ejecutivos; y es la hora de salvaguardar la Seguridad Social para generaciones futuras.

Y ahora es el momento de cumplir la promesa del mismo salario por el mismo trabajo, porque yo quiero que mis hijas tengan exactamente las mismas oportunidades que vuestros hijos.

Ahora, muchos de esos proyectos van a costar dinero, y es por eso que he explicado de dónde va a proceder cada céntimo – cerrando los resquicios corporativos y los paraísos fiscales que no ayudan a América crecer. Pero también voy a analizar el presupuesto federal, línea por línea, eliminando los programas que no dan resultados, y mejorando y reduciendo costes en los que sí necesitamos – porque no podemos afrontar los desafíos del siglo 21 con una burocracia del siglo 20.

Los Demócratas también debemos reconocer que realizar la promesa de América va a necesitar más que dinero. Requiere un sentido renovado de la responsabilidad por parte de cada uno de nosotros, para recuperar lo que John F. Kennedy denominó nuestra “fortaleza moral e intelectual”. Sí, el Gobierno debe dar ejemplo en la dependencia energética, pero cada uno de nosotros debe ayudar a hacer nuestros hogares y negocios más eficientes. Sí, debemos ayudar a salir de su situación a los jóvenes que caen en la delincuencia y la desesperación. Pero debemos reconocer que los programas por sí solos no pueden sustituir a los padres: que el Gobierno no puede apagar el televisor para que una niña haga sus deberes: que los padres deben asumir una mayor responsabilidad a la hora de dar el amor y la orientación que sus hijos necesitan.

La responsabilidad individual y la responsabilidad mutua: esa es la esencia de la promesa de América.

Y de la misma forma que nosotros cumplimos nuestra promesa a la próxima generación aquí en casa, también debemos cumplir la promesa de América en el exterior. Si John McCain quiere protagonizar un debate sobre quién tiene el mejor temperamento, y juicio, para servir como el próximo Comandante en Jefe, ese es un debate en el que yo estoy dispuesto a entrar.

Porque mientras el senador McCain dirigía la vista hacia Irak en los días justo después del 11-S, yo me levanté para oponerme a esta guerra, sabiendo que nos iba a distraer de las auténticas amenazas que afrontamos. Cuando John McCain dijo que podríamos “arreglárnoslas” en Afganistán, yo hablé a favor de recursos y tropas adicionales para terminar la lucha contra los terroristas que realmente nos atacaron el 11 S, y dejé claro que debemos eliminar a Osama bin Laden y sus lugartenientes si se ponen a tiro. A John McCain le gusta decir que perseguirá a Bin Laden hasta las puertas del Infierno – pero ni siquiera se acercará a la cueva dónde vive.

Y todavía hoy, cuando mi llamamiento a establecer un marco temporal para retirar nuestras tropas de Irak ha encontrado el eco del Gobierno iraquí e incluso la administración Bush, incluso después de saber que Irak tiene un superávit de 79.000 millones de dólares mientras nosotros nos ahogamos en déficits, John McCain se queda solo en su negativa obstinada a poner fin a una guerra equivocada.

Ese no es el “juicio” que necesitamos. Eso no nos mantendrá seguros. Necesitamos a un presidente que sepa afrontar las amenazas del futuro, no aferrarse a las ideas del pasado.

No se derrota a una red terrorista que opera en 80 países al ocupar a Irak. No se protege a Israel y se detiene a Irán simplemente con un discurso duro desde Washington. No se puede realmente dar la cara por Georgia cuando se ha puesto en entredicho a nuestras alianzas con más solera. Si John McCain quiere seguir a George Bush con más discurso duro y estrategia equivocada, es su opción – pero no es el cambio que necesitamos.

Somos el partido de Roosevelt. Somos el partido de Kennedy. Así que, no me digan que los Demócratas no defenderemos a este país. No me digan que los Demócratas no nos mantendremos seguros. La política exterior Bush-McCain ha malgastado el patrimonio que generaciones de estadounidenses -Demócratas y Republicanos- han construido, y estamos aquí para restaurar ese patrimonio.

Como Comandante en jefe, nunca dudaré en defender a esta nación, pero no enviaré a nuestras tropas para enfrentarse al peligro sin una misión clara y un compromiso sagrado para aportarles los materiales que necesitan en la batalla y la asistencia y ayudas que se merecen cuando vuelvan a casa.

Pondré fin a esta guerra en Irak de forma responsable, y terminaré la lucha contra Al Qaeda y los Talibán en Afganistán. Reconstruiré nuestras fuerzas armadas para hacer frente a futuros conflictos. Pero también reanudaré la diplomacia dura y directa que puede impedir que Irán obtenga armas nucleares y frenar la agresión rusa. Construiré nuestras alianzas para vencer a las amenazas del siglo XXI: el terrorismo y la proliferación nuclear, la pobreza y el genocidio, el cambio climático y la enfermedad. Y restableceré nuestro nivel moral, para que América una vez más sea esta última, mejor esperanza para todos los que acuden a la causa de la libertad, que están deseando vivir en paz y que anhelan un futuro mejor.

Éstas son las políticas que voy a desarrollar. Y en las semanas venideras, quiero debatirlas con John McCain.

Pero lo que no voy a insinuar es que el Senador adopta sus posturas con fines políticos. Porque una de las cosas que tenemos que cambiar en nuestra vida política es la idea de que la gente no puede discrepar sin poner en duda la ética y el patriotismo del otro.

Los tiempos son demasiado graves, está demasiado en juego para seguir este mismo guión político. Así que pongámonos de acuerdo en que el patriotismo no tiene partido. Yo amo a este país, y John McCain también lo ama. Los hombres y las mujeres que prestan servicio en nuestros campos de batalla pueden ser Demócratas y Republicanos e independientes, pero han luchado y derramado sangre juntos y algunos han muerto juntos bajo la misma orgullosa bandera. No han prestado servicio a una América roja o a una América azul – han prestado servicio a los Estados Unidos de América.

Así que, tengo una noticia para usted, John McCain. Todos damos la prioridad a nuestro país.

América, nuestra tarea no será fácil. Los desafíos a que nos enfrentamos exigen hacer elecciones difíciles, y tanto Demócratas como Republicanos tendrán que deshacerse de las desgastadas ideas y políticas del pasado. Una parte de que lo que se ha perdido en estos últimos ocho años no se puede medir en sueldos perdidos o mayores déficits comerciales . Lo que se ha perdido en esos últimos ochos años es nuestro sentido de una misión común -nuestro sentido de una misión superior. Y eso es lo que tenemos que restablecer.

Puede que no estamos de acuerdo sobre el aborto, pero seguramente podemos ponernos de acuerdo sobre la reducción de los embarazos no deseados en este país. La realidad de la tenencia de armas puede ser diferente para cazadores de las zonas rurales de Ohio que para aquellos castigados por la violencia de bandas en Cleveland, pero no me digan que no podemos defender la Segunda Enmienda mientras mantengamos los AK-47 fuera de las manos de delincuentes. Sé que hay discrepancias sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero seguramente podemos estar de acuerdo en que nuestros hermanos y hermanas gays y lesbianas se merecen poder visitar a sus seres queridos en el hospital y llevar vidas libres de la discriminación. Los ánimos están enardecidos en cuanto a la inmigración, pero no sé a quien le beneficia cuando se separa a una madre de su hijo en la infancia o un empleador socava los sueldos estadounidenses al contratar a trabajadores ilegales. Esto también forma parte de la promesa de América – la promesa de una democracia donde podemos encontrar la fuerza y la elegancia para superar las divisiones y unirnos en un esfuerzo común.

Sé que hay quienes desprecian tales convicciones como meras palabras bonitas. Ellos afirman que nuestra insistencia en algo mayor, algo más firme y sincero en nuestra vida pública supone simplemente un caballo de Troya para impuestos más altos y el abandono de los valores tradicionales. Y eso es de esperar. Porque si careces de ideas frescas, entonces empleas tácticas pasadas para espantar a los votantes. Si no tienes historial para sostener tu candidatura, entonces presentas a tu contrincante como alguien del cual la gente debería huir.

Haces una gran elección de cosas pequeñas.

Y ¿saben una cosa? – ha servido en el pasado. Porque se alimenta del escepticismo que todos tenemos con respecto al gobierno. Cuando Washington no funciona, todas sus promesas parecen huecas. Si tus esperanzas has sido frustradas una y otra vez, lo mejor es dejar de esperar, y conformarse con lo ya conocido.

Lo capto. Reconozco que no soy el candidato más convencional para este cargo. No encajo en el pedigrí típico, y no he pasado mi vida profesional en los pasillos de Washington.

Comparezco ante vosotros esta noche porque a lo largo y ancho de Estados Unidos algo comienza a moverse. Lo que no entienden los escépticos es que estas elecciones nunca han sido sobre mí. Han sido sobre vosotros.

Durante 18 largos meses vosotros habéis dado la cara, uno por uno, y habéis dicho basta a las políticas del pasado. Vosotros entendéis que en estas elecciones el mayor riesgo que podemos correr es intentarlo con las mismas viejas políticas, con los mismos viejos protagonistas y esperar una resultado diferente. Vosotros habéis demostrado lo que nos enseña la Historia – que en un momento determinante, como éste, el cambio que necesitamos no procede de Washington. El cambio llega hasta Washington. El cambio ocurre porque el pueblo estadounidense lo exige – porque se levanta

y reivindica ideas nuevas, liderazgo nuevo, y una vida política nueva para tiempos nuevos.

América, éste es uno de esos momentos.

Creo que, por muy difícil que sea, el cambio que necesitamos se nos acerca. Porque lo he visto. Porque lo he vivido. Lo he visto en Illinois, cuando aportamos asistencia sanitaria a más niños y pasamos a más familias desde ayudas sociales hasta empleo. Lo he visto en Washington, donde trabajamos, superando las divisiones partidistas, para hacer más transparente el gobierno y pedir responsabilidades a los “lobbys”, dar mejor asistencia a nuestros veteranos y mantener las armas nucleares fuera de las manos de los terroristas.

Y lo he visto en esta campaña. En los jóvenes que votaron por primera vez y en aquellos que volvieron a participar después de mucho, mucho tiempo. En los Republicanos que pensaban que nunca recogerían una papeleta Demócrata, pero sí lo hicieron. Lo he visto en los trabajadores que preferirían recortar su semana laboral en una jornada a que sus amigos perdiesen el puesto de trabajo, en los soldados que vuelven a enrolarse después de haber perdido una extremidad, en los buenos vecinos que acogen a un desconocido cuando golpea un huracán y llegan las inundaciones.

Este país nuestro tiene más riqueza que cualquier nación, pero no es eso que nos hace ricos. Tenemos las fuerzas armadas más poderosas de la Tierra, pero no es eso lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y cultura son la envidia del mundo, pero no es eso lo que hace que el mundo siga llegando a nuestras costas.

En vez de todo eso, es el espíritu americano – esa promesa americana- que nos impulsa adelante aun cuando el camino es indefinido, que nos une pese a nuestras diferencias, que nos hace fijarnos no en lo que se ve, sino en lo no visto, ese lugar mejor a la vuelta de la esquina.

Esa promesa es nuestra mejor herencia. Es una promesa que hago a mis hijas cuando las acuesto por la noche, y una promesa que vosotros hacéis a los vuestro -una promesa que ha motivado a los inmigrantes a cruzar océanos, a los pioneros a viajar al oeste; una promesa que llevó a los trabajadores hasta los piquetes y a las mujeres a aspirar al sufragio.

Y es esa promesa que hace hoy 45 años atrajo a estadounidenses desde cada rincón de esta tierra a reunirse en una explanada en Washington, ante el monumento a Jefferson, para escuchar a un joven predicador de Georgia hablar de su sueño.

Los hombres y las mujeres que se concentraron allí pudieran haber escuchado muchas cosas. Podrían haber escuchado palabras de ira y discordia. Pudieran haber sido empujados a rendirse ante el miedo y la frustración de tantos sueños demorados.

Pero lo que escucharon, en vez de eso, las personas de todas las confesiones y todos los colores, de todas las condiciones – es que en América nuestros destinos están inextricablemente unidos. Que, juntos, nuestros sueños pueden ser uno.

“No podemos andar solos”, dijo el predicador. “Y mientras andamos, tenemos que jurar que siempre marcharemos hacia delante. No podemos volver atrás”.

América, no podemos volver atrás. No cuando hay tanto trabajo por hacer. No con tantos niños por educar y tantos veteranos por cuidar. No con una economía por arreglar y ciudades por reconstruir y granjas por salvar. No con tantas familias por proteger y tantas vidas por reparar. América, no podemos volver atrás. No podemos andar solos. En este momento, en estas elecciones, tenemos que prometer una vez más marchar hacia el futuro. Que cumplamos con esa promesa -esa promesa americana- y en las palabras de la Biblia agarrarnos firmemente, sin flaquear, a la esperanza que profesamos.

Gracias. Que Dios os bendiga y que Dios bendiga los Estados Unidos de América.

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Más prosa que poesía, de Felipe Sahagún en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 agosto, 2008

DENVER 2008: LA ‘CORONACION’, EN PRIMERA PERSONA

El discurso de Barack Obama en Denver, impecable en el fondo y en la forma, se ve de forma radicalmente distinta tras la presentación en Dayton, apenas 15 horas después de la clausura de la convención demócrata, de Sarah Palin, gobernadora de Alaska, como número dos del republicano John McCain.

Obama llegó a Denver con tres objetivos: reunificar al partido, fuertemente polarizado por el durísimo pulso con los Clinton en las interminables primarias; concretar su mensaje de esperanza y cambio en medidas concretas; y recuperar la iniciativa, que ha ido perdiendo estas semanas.

El primer objetivo lo aseguró entre bastidores y todos lo comprobamos en el discurso de Hillary Clinton del martes, en la propuesta de nominación sin voto del candidato que Hillary presentó el miércoles y en la defensa magistral que ese día hizo de su candidatura Bill Clinton. En su discurso de coronación Obama limó su brillante retórica, prefirió la prosa a la poesía, limitó las citas presidenciales a Lincoln, Franklin D. Rooselvelt, John F. Kennedy y Bill Clinton, y, arropándose de principio a fin en el sueño de Martin Luther King, concretó su proyecto de cambio.

Sus propuestas principales -reducción de impuestos al 95% de las familias más necesitadas, salida responsable de Irak, fin de la dependencia del petróleo de Oriente Medio en 10 años, seguro médico universal…- se diferencian poco de lo que prometieron los demócratas en 2004.

La gran diferencia, en 2008, es quién las hace: el primer candidato negro de uno de los dos grandes partidos, con un carisma a años luz de la imagen gris que siempre arrastró John Kerry. Quienes llevan semanas acusándole de blando por no responder a la máquina republicana de descalificaciones personales quedaron satisfechos. Todo su discurso estuvo dirigido a identificar a McCain con Bush y el programa republicano de 2008 con la política de los últimos ocho años. «McCain ha apoyado a Bush en el 90% de todas las decisiones importantes», repitió Obama.

Si con este discurso el equipo de Obama esperaba recuperar la iniciativa y avanzar en los 11 estados en los que el 4 de noviembre se juega la victoria o la derrota -Michigan, Pennsylvania, Ohio, Florida, Virginia, Colorado…-, la elección de Palin por McCain como su número dos es un duro varapalo para sus cálculos.

Mujer, 44 años, sindicalista, hija de maestros, madre de cinco hijos (el mayor irá Irak el día 11), ex alcaldesa, gobernadora, sin vínculos con Washington y, según la propaganda republicana, abanderada en su estado de la lucha contra la corrupción y los intereses especiales (de las petroleras sobre todo), sobre el papel representa mucho de lo que los demócratas perdieron con la derrota de Hillary.

McCain no podía haber hecho una elección más alejada de la de Joe Biden ni una apuesta más idónea para reforzar el mensaje de integridad, cambio, ética e independencia de la burocracia federal con el que intenta suceder a Bush.

© Mundinteractivos, S.A.

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Zapatero invita a un sueño, de Eduardo Mendicutti en Uve de El Mundo

Posted in Humor, Política by reggio on 30 agosto, 2008

LA SUSI REPORTERA

Primer Consejo de Ministros, tras el merecido descanso estival. El más moreno de todos, ZP. Mi don Miguel Sebastián bajó el aire acondicionado sin contemplaciones, y mi Bibiana Aído repartió abanicos, todos iguales. El presidente fue derecho al grano.

-La lucha contra la crisis es prioridad absoluta en la rentrée -dijo-. Tendremos que adoptar iniciativas imaginativas, como les ha dicho Fernández de la Vega, de mi parte, a los Subsecretarios. Como veis, yo he empezado dando ejemplo. ¿A que estoy tan moreno que parezco Obama? No es sólo el color de moda, es también el color de la ilusión.

Ministros y ministras aplaudieron como delegados demócratas en la Convención de Denver. A mi Rubalcaba se le escapó una lágrima.

Por cierto, presidente -dijo mi Fernández de la Vega-, muy lindo lo de Sonsoles. Va por ahí, teñida de azabache como Patricia Conde, con una pancarta que pone: Yo soy su roca.

-La verdad, presidente, Sonsoles se ha quedado corta -intervino mi Cristina Garmendia, monísima y super ideal-. El modelito de Elena Benarroch que se ha puesto es una pocholada, pero como lleva además esos collares de piedras del campo, obra artesanal de Felipe González, que la Benarroch le endilga en cuanto puede, con tanto pedrusco encima no es tu roca, es tu acantilado.

-Qué generosa eres, Garmendia, pareces Hillary Clinton -le agradeció ZP, tras permitir que otra salva de aplausos rindiera a su señora el homenaje que se merece-. Pero vayamos a lo ilusionante. Aprendamos de Obama. Fijaos en este titular: «Obama invita a su país a un sueño».

-Eso, eso, vamos a echarnos una siestecita -dijo mi Corbacho, ministro de Trabajo, e ipso facto se puso a dar cabezadas.

-¡Corbacho, ponte firme! -ordenó, enérgica, mi Carme Chacón- ¡Da cuatro vueltas a la mesa del Consejo, a paso ligero, hombre!

-Es que me aburro -dijo Corbacho, mientras daba las vueltas-. Como el paro está como está, me estoy quedando sin trabajo.

-Pues eso a mí me quita el sueño, Corbacho -dijo mi Elena Espinosa, modosita y ojerosa. Y se le escapó otra lágrima.

-Tenemos que invitar a los españoles a un sueño -machacó ZP-. A ver, que estáis amuermados, ¿quién tiene una fórmula valiente e imaginativa?

-Yo -dijo Corbacho-. Que Cultura regale a cada español el último libro de nuestro César Antonio Molina. A mí me lo regaló él personalmente para las vacaciones, y es infalible: lees un párrafo, y te quedas frito.

A Cultura se le escapó la tercera lágrima del Consejo, y ZP urgió a Solbes para que se manifestase.

-Yo creo que lo mejor es diluir un dulce somnífero en el agua potable, y así conseguimos que los españoles, dormiditos, no se enteren de lo que les viene encima -dijo Solbes. Y yo pensé que todos los ministros y ministras se echarían a llorar, pero no: aplaudieron.

© Mundinteractivos, S.A.

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Seremos invisibles, de Sergio Ramírez en El País

Posted in Ciencia, Política by reggio on 30 agosto, 2008

Volverse uno invisible ha sido, a través de la historia de la humanidad, la ambición de no pocos. Cuento de primeros en esta lista a quienes lo desearían por necesidad de su profesión, como los magos y prestidigitadores, que hasta ahora deben valerse de trucos de espejos, cajas de doble fondo y otras falsedades para crear ante los espectadores la ilusión de que desaparecen y se vuelven transparentes como el aire. En la misma categoría profesional pondría a los espías que quisieran entrar en los despachos privados para revisar a gusto la correspondencia secreta del enemigo, o los ordenadores; y a los detectives que buscan sorprender por encargo a las parejas de infieles, y podrían así colarse en el mismo lugar de los hechos, es decir, las alcobas clandestinas.

Están también, no podemos decir que faltos de razones profesionales, los ladrones que sueñan con penetrar las cajas blindadas de los bancos y de las joyerías; y ¿por qué no?, los novelistas, que siempre queremos escuchar las conversaciones ajenas con toda impunidad, y así mismo ser testigos de las escenas íntimas que nos están vedadas. Y no olvidemos a los tímidos, que prefieren pasar siempre desapercibidos.

El asunto ha sido resuelto. Un equipo científico de la Universidad de Berkeley, encabezado por el doctor Xiang Zhang, bajo financiamiento del Ejército de Estados Unidos y la Fundación Nacional de Ciencias, ha dado con la clave para ocultar a las personas de la luz visible, y, por supuesto, también a los objetos. Están pensando, por supuesto, en soldados, comandos o batallones enteros, con sus armas e impedimentas, pero, como los inventos militares nunca tardan en pasar a los usos civiles, seguro que un amante podrá llegar pronto sin que nadie lo vea hasta el lecho de la amada.

Un metamaterial -mezcla de metal y placas con circuitos impresos- será capaz de desviar la luz que cae sobre la materia, igual que ocurre con el agua que gira alrededor de una piedra en medio de una corriente. Así, el poder del ojo de percibir el reflejo de la luz quedaría anulado. Volverse invisible significa que alrededor de uno no se creen ni reflexiones ni sombras, y es lo que los científicos de Berkeley han logrado. ¿Dónde se había anunciado ya ese procedimiento científico? Por supuesto, en una novela, El hombre invisible, de H. G. Wells, publicada en Inglaterra en 1897, en plena época victoriana, la época de los inventos fantasiosos.

El científico de la novela, Jack Griffin, descubre que si el índice refractivo de una persona es reducido a la exacta proporción que tiene el del aire, y, por tanto, su cuerpo no absorbe ni refleja la luz, entonces esa persona se volverá invisible a los ojos de los demás. No me cabe duda de que el doctor Xiang Zhang y los miembros de su equipo son devotos lectores de H. G. Wells, en el que han encontrado su fuente de inspiración imaginativa, porque la ciencia necesita de imaginación. Todo un siglo de espera para hacer posible lo que la invención literaria ya había concebido. Desaparecer de la vista, no a consecuencia de un acto de magia bajo la carpa de un circo ambulante, sino de la manipulación científica, alterando las leyes de la materia.

Las novelas son las que crean primero la realidad y son capaces de predecir el futuro. Por lo menos, podemos decir eso respecto a los novelistas del XIX, que tenían todo el lejano futuro por delante, y la conciencia de vivir en un presente que se deslizaba lentamente hacia el pasado, sin aspavientos ni premuras. Los grandes inventos eran pocos, aunque trascendentales: la fotografía, la máquina de vapor, el ferrocarril, el cable transatlántico, y los primeros atisbos del cine y la aviación.

Hoy, el concepto de futuro ha cambiado, e invade de manera vertiginosa el presente, que se deshace en nuestras manos. No es posible contar los inventos que transforman a diario la vida práctica porque se suceden en multitud, y sustituyen a otros recién inventados, volviéndolos obsoletos. Todo es provisional en nuestras vidas y, por tanto, nadie puede imaginar portentos, pues serán desmentidos de inmediato, o rebasados, por los dueños de la nueva imaginación, que en lugar de escribir novelas sobre artilugios e invenciones del futuro, los ponen en práctica, dejando desnuda, o al menos en harapos, a la vieja ciencia ficción.

Por eso es que escritores como Julio Verne o H. G. Wells podían adelantarse al futuro con alguna ventaja, porque vivían en un presente más despejado, en el que las novelas tenían aún más peso que la realidad, en ese género que entonces se llamó futurismo. Verne concibió en el lejano siglo XIX las exploraciones submarinas, los descensos al centro de la tierra, los cohetes espaciales, los viajes alrededor del mundo. Wells, al primer hombre en la Luna, la máquina del tiempo, los híbridos entre hombres y animales, gracias a la manipulación genética, en La isla del doctor Moreau, las invasiones extraterrestres en La guerra de los mundos; y al hombre invisible. Algunas de sus profecías faltan por cumplirse.

Lo único malo es que el pobre Griffith, el personaje de Wells que se vuelve invisible, no goza de los beneficios de su invento, que se convierte más bien en una fuente de continuas desgracias, persecución, desesperación y locura, atormentado por el hecho de que ya nunca más podrá regresar a su estado original. De allí las ventajas incomparables de poder mirarse uno al espejo, en lugar de deshacerse en el aire.

Sergio Ramírez, escritor, fue vicepresidente del Gobierno de Nicaragua en los años ochenta.

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Cuarenta años no es nada, de Jorge Edwards en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 agosto, 2008

Busco en la prensa escrita noticias de la República de Georgia y me encuentro con una nota sobre los cuarenta años de la invasión de Praga, en los tiempos de la desaparecida Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia. Sucesos de una época pasada y enterrada, me digo, y a la vez, de un modo paradójico, no tan pasada ni tan enterrada. Teníamos la impresión, hasta hace muy poco, de que el temible Ejército Rojo se había desmoronado, pero ahora, a juzgar por las noticias de Georgia y de Osetia del Sur, parece que hubiera renacido de sus cenizas.

Un editor extranjero nos recordó ayer o anteayer una frase de Ambrose Bierce, autor norteamericano del Diccionario del Diablo y de otros textos notables: las guerras son los medios que emplea Dios para enseñarnos geografía. Y para enseñarnos o refrescarnos la historia, podríamos añadir.

Busco Georgia en un atlas universal, trato de ubicar Osetia del Sur y Abjasia, y recuerdo, como si fuera hoy, las imágenes de los jóvenes checos que les tiraban piedras a los tanques soviéticos que ingresaban a la Plaza de Wenceslao. ¿Significa esto que la historia se repite, que no hay progreso posible, que la caída del Muro de Berlín fue una simple ilusión? Habrá que ir por partes: tendremos que tratar de entender lo que ha sucedido después del fin de la Guerra Fría. El cambio existe, desde luego, pero los viejos imperios, con sus largas tradiciones, con sus rupturas y revoluciones, cambian menos de lo que uno tiende a suponer.

En Rusia siempre hubo algún Stalin antes de Stalin, como sugirió con astucia, tratando de eludir la censura, Sergio Eisenstein en su extraordinaria película Iván el Terrible. Y suponemos que siempre existió algún tenebroso Lavrenti Beria, el jefe de la policía secreta estaliniana, antes del propio Beria. Lo cual nos conduce a preguntarnos cuál es y dónde está, por quién ha sido asumida, la herencia, la continuación actual de aquellos personajes.

El año 1968 fue un año agitado, pesado, contradictorio, lleno de ilusiones y desengaños dramáticos. Visité Cuba por primera vez en enero y pasé tres días en Praga a fines de febrero. Salí a la calle una mañana, guiado por un amigo hispanista, editor y traductor, y nos encontramos con una multitud exaltada, que escuchaba a dos dirigentes políticos asomados a un balcón. Uno era Novotny, representante de un régimen estalinista que daba la impresión de encontrarse en sus etapas finales, y el otro, Alexander Dubcek, el aparente profeta y conductor de los nuevos tiempos. Cuando hablaba Dubcek, la gente agolpada en aquella plaza aplaudía y lanzaba ovaciones a rabiar, en un estado de emoción colectiva incontenible. Cuando le tocaba el turno a Novotny, el todavía gobernante, las pifias eran atronadoras.

Después de ese breve paso por Praga, llegué a París, me instalé en un hotel barato y me dediqué al periodismo y a la escritura, en un paréntesis de mis tareas en la diplomacia profesional. Una tarde viajaba con mi mujer en el metro, y el tren subterráneo se detuvo en la estación de Saint-Michel, en pleno corazón del barrio latino. Se abrieron las puertas automáticas y entraron pelotones de jóvenes que reían y que lagrimeaban, seguidos por el olor y el picor inconfundibles de los gases lacrimógenos. Era la revolución estudiantil de mayo que había comenzado por ahí cerca, en los patios del edificio principal de la Sorbona: los sucesos de mayo, como iban a ser conocidos en la prensa de todas partes, sucesos que al final, en un balance desapasionado, no influyeron demasiado en el sistema político, pero sí en las costumbres, en los estilos, en una atmósfera que iba a dominar en todo el resto del siglo.

Regresé a Chile en junio y las autoridades del Ministerio de Relaciones me nombraron jefe de un departamento que acababa de crearse: el de Europa Oriental. Se trataba de organizar las nuevas relaciones diplomáticas, que habían empezado a establecerse hacía poco tiempo, con la Unión Soviética y con los países de Europa del Este. Ahora me acuerdo de interminables conversaciones, recepciones con gente que llegaba desde esa parte del mundo, comidas que ofrecía el embajador soviético a representantes de lo que se llamaba el poder joven, encuentros con funcionarios, dirigentes, intelectuales húngaros, polacos, rumanos, checos, etcétera, etcétera. Parecía que las etapas de aquello que se llamaba Primavera de Praga iban en un crecimiento vertiginoso y se acercaban a una culminación inminente y a la vez imprevisible. Cuando se produjo la invasión de los tanques, en la segunda quincena del mes de agosto, me acuerdo del embajador checo en el salón rojo del Ministerio, en el ala sur de La Moneda, asegurándonos que nadie, ninguna autoridad de Checoslovaquia, a diferencia de lo que aseguraban en Moscú, había solicitado esa intervención. La emoción era intensa; la sensación de que la izquierda del mundo había perdido la esperanza de un cambio renovador, refrescante, indispensable, era sentida por muchos como un gran drama del siglo XX.

La verdad es que los intentos de liberación democrática, los arrestos de un deshielo, de una desestalinización del bloque comunista, no habían comenzado en la Praga de esos meses y tampoco terminarían ahí. Nikita Jruschov había encarnado una etapa, un deshielo sofocado, fracasado, y años más tarde vendrían la perestroika y la glasnost de Mijaíl Gorbachov. Fuimos muchos los que celebramos la caída del Muro de Berlín como un cambio de página definitivo. Pero si se tiene un poco de experiencia en los avatares y los zigzagueos de la diplomacia, hay que desconfiar de todo lo que parezca definitivo. A juzgar por noticias recientes, los rusos de hoy sienten una nostalgia profunda del imperio, de su influencia perdida, de los hombres fuertes del pasado, aunque se llamen José Stalin o Nicolás II.

En un contexto así, el análisis de la guerra o de la semiguerra de Georgia tendría que proceder con pies de plomo. Uno tiende a pensar que el ataque georgiano a Osetia del Sur, una de las provincias separatistas, se concretó en el momento menos oportuno, más peligroso: cuando los sentimientos nacionalistas rusos, demostrados en el apoyo mayoritario a Vladímir Putin y a su sucesor, empezaban a levantarse y adquirían algo así como una velocidad de crucero.

Nadie que haya estudiado un poco estos fenómenos, ya demostrados hace 40 años en los días de la invasión de la antigua Checoslovaquia y reiterados a lo largo de los años de las más diversas maneras, podría pensar que la invasión de las provincias separatistas, pro rusas, por tropas georgianas, dejaría a Moscú de brazos cruzados. La reacción política y militar rusa era completa y absolutamente previsible. ¿Para qué se hizo entonces la invasión inicial: para estudiar la reacción de Putin, de Medvédev, de los generales, para provocar un cambio del statu quo, para ver si los rusos, tomados por sorpresa, no hacían nada? La verdad es que no encuentro ninguna explicación medianamente convincente.

Y si fue un simple tanteo bélico, estimulado de alguna manera por Washington, temo que haya sido un error garrafal. La situación todavía no está resuelta y la sigo de cerca, en la medida en que la lejanía chilena me lo permite, pero confieso que la sigo sin el menor optimismo. Con un sentimiento que se parece bastante a la angustia.

Jorge Edwards es escritor chileno.

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El reino de Einstein y la patria de Venter, de José Manuel Sánchez Ron en El País

Posted in Cultura, Historia, Política by reggio on 30 agosto, 2008

La ciencia parece ser el mejor refugio en estos tiempos de tensiones y problemas de todo tipo. Es la patria de la racionalidad, el territorio de lo objetivo que se impone a los juicios y pasiones personales

Vivimos rodeados de problemas, de tensiones que endurecen nuestros días. Constantemente nos llegan noticias que muestran la dureza de la vida: injusticias, tragedias, crisis económicas, amenazas planetarias. Nos enfrentamos los unos a los otros, individual o colectivamente, no sólo sobre los grandes temas de siempre -política, religión-, sino también acerca de otros menores (¿qué vestir?). Ni siquiera se libran los idiomas, que debían unirnos (son, al fin y al cabo, instrumentos de comunicación), pero que nos dividen. Enfrentados a todo esto, ¿hacia dónde podemos dirigir nuestros pensamientos, buscando el refugio que da la certidumbre que se impone juicios y pasiones personales?

Planteado en estos términos, no existe mejor reino que el de la ciencia, la patria de la racionalidad en la que el juez último es la comparación con lo que sucede realmente en la naturaleza. Si nos tienta la idea de alejarnos de un mundo que nos alarma y confunde, imponiéndonos además la penosa obligación de elecciones morales y de asunción de responsabilidades, si queremos buscar, para refugiarnos en él, un lugar donde reine lo objetivo, la ciencia es uno de los mejores lugares al que mirar. Lo expresó bien Albert Einstein en 1918: “En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento”.

Desgraciadamente, el reino del que hablaba Einstein existía sobre todo en su imaginación y deseos. Ha existido y puede existir, es cierto, pero únicamente en fortalezas bien pertrechadas para resistir las invasiones que tienen que ver con las pasiones e intereses humanos. Un ejemplo magnífico de lo raro que es hoy el reino einsteiniano es la autobiografía que el biólogo molecular estadounidense Craig Venter (1946) ha publicado hace unos pocos meses: A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). Para aquellos que no forman parte de la comunidad biomédica, Venter comenzó a ser conocido debido a su papel en el desarrollo del Proyecto Genoma Humano (PGH), la gran empresa científica destinada a producir un mapa del conjunto de los genes (genoma) que forman nuestra especie. Establecido en 1988, este proyecto fue liderado por Estados Unidos, con James Watson, codescubridor con Francis Crick de la estructura del ADN, como director, aunque dimitió dos años después.

Veterano de la guerra de Vietnam, donde sirvió en el cuerpo médico, Venter trabajó en los Institutos Nacionales de Salud estadounidense, que controlaban una parte muy importante de las investigaciones del PGH, dirigido desde abril de 1993 por Francis Collins. Allí, Venter realizó alguna contribución importante, pero terminó encontrando demasiadas dificultades para su emprendedor carácter y lo abandonó, siendo a partir de entonces su hábitat el de las empresas privadas y las fundaciones que de una manera u otra surgen de ellas. Allí introdujo o desarrolló ideas y técnicas que aceleraron y abarataron considerablemente el avance de la secuenciación del genoma humano, despojando de esta manera al proyecto público de una parte importante de su protagonismo. Muestra de ello es que fueron Venter, en nombre de la compañía Celera Genomics que presidía, y Collins quienes anunciaron en febrero de 2001 que el mapa del genoma humano había sido completado.

Los trabajos que Venter y su equipo realizaron para disponer antes de lo previsto de un mapa del genoma humano, incluyendo otros relacionados y de gran importancia para el establecimiento de la genómica comparativa, y la competición generada con el proyecto público, ocupan una parte importante de Una vida descodificada. Su lectura es esclarecedora -y también un tanto estremecedora- porque, al menos en los campos de mayor relevancia socioeconómica, la investigación científica va acompañada de todo aquello que es más fiera y tristemente humano: ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira. “Si los científicos tienden a la acritud y al resentimiento cuando uno de sus colegas atrae de manera significativa la atención de la prensa”, leemos en el libro de Venter, “el pecado que no perdonan es cuando un rival también hace dinero. Como la mayoría de los asuntos humanos, la ciencia se rige en no pequeña parte por la envidia”. No hay duda que la historia que Venter, un hombre tan ambicioso como emprendedor e imaginativo, además de amante de los riesgos, narra en su autobiografía es parcial y complaciente para sí mismo, pero es difícil pensar que no contiene muchos elementos de verdad. Las páginas que dedica a las artimañas que Collins o Watson emplearon para obstaculizar sus trabajos, favoreciéndose de sus posiciones en las instituciones públicas, no deberían ser olvidadas ni por quienes desde los gobiernos financian y controlan los grandes programas de investigación, ni por todos aquellos que depositan en las ciencias biomédicas esperanzas para un futuro mejor.

Fue precisamente Watson quien mostró al gran público la no tan pura y trascendente trastienda que puede rodear a la ciencia. Lo hizo en un libro que publicó en 1968, The Double Helix (La doble hélice), en el que narraba algunos de los procesos subterráneos que permitieron a él y a Crick explicar la estructura del ADN. Pocos que hayan leído esa obra olvidarán los deleznables comentarios que dedicó a Rosalind Franklin, de la que tomaron, sin que ella lo supiera, unas fotografías clave. Aunque el paso del tiempo, ayudado por su extraordinaria capacidad como científico, ha ayudado a la actual imagen de respetabilidad de Watson, un personaje central en la biología del último medio siglo, los testimonios de Venter nos recuerdan otros aspectos de su personalidad. De todas maneras, cuando se compara La doble hélice con Una vida descodificada, hay que concluir que los 40 años que han transcurrido entre la publicación de ambos han traído consigo un dramático aumento en el abandono de todo aquello que configuraba la imagen tradicional de la ciencia en la que creía Einstein.

Precisamente por cómo pone en evidencia este nuevo espíritu del tiempo, Una vida descodificada deberá ocupar el lugar de La doble hélice como texto que nos enseña cómo es realmente la ciencia, al menos la ciencia a la que se asocia la generación rápida de riqueza. Y también porque nos muestra un tipo de científico menos conocido, que sabe moverse en el complicado mundo de las empresas a las que vender futuro gracias a prometedores proyectos les resulta rentable. Científicos capaces de liderar grandes grupos de investigación.

Una medida del éxito profesional en este tipo de científico y de ciencia es el dinero que se gana. También aquí, Venter es un buen ejemplo. Y, aunque a muchos no nos haga felices la idea, hay que reconocer que si verdaderamente se ama averiguar cómo es la naturaleza y lo que la ciencia permite hacer, esto no es malo. Tras abandonar Celera, Venter dispuso de suficiente dinero (más de 150 millones de dólares) para “hacer la ciencia que quisiese… Podía hacer que el conocimiento del genoma humano fuese más directamente relevante para los pacientes; investigar en lo que la genómica sería capaz de hacer por el medio ambiente; utilizar la secuenciación para explorar la increíble diversidad del mar y del aire de las ciudades. (…) Y podría perseguir el último reto: sintetizar la propia vida”. En enero de 2008 supimos que ya ha dado un paso importante en esta dirección: crear vida artificial, produciendo a partir de elementos químicos el mayor genoma artificial de un ser vivo, el de una bacteria.

¿Conseguirá alguna vez un científico como Venter el premio Nobel de Medicina? Al margen de su dimensión más social, la pregunta tiene algún interés. Se le ha criticado como poco escrupuloso, más gestor de científicos y métodos que investigador original que crea ideas nuevas. No está claro que tales juicios sean completamente justos, pero lo que es indudable es que, con sus iniciativas y métodos, ha contribuido al progreso de la ciencia, sea cual sea la idea que tengamos de lo que es o debe ser la investigación científica.

José Manuel Sánchez Ron es miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid.

El dinero que malversa la partitocracia, ¿se lo quedan las personas o los territorios?, de Juan Vega en su Blog

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 30 agosto, 2008

El espectacular peso de la cúpula de la partitocracia española, visible en las

Miquel Iceta, portavoz del PSC, del que es vicesecretario general, metió certera y cruelmente el dedo en el ojo de los presidentes de las comunidades autónomas “pobres” -¡triste España!-, con un artículo publicado en El País, en el que afirma, a propósito de una de estas pomposamente denominadas “cumbres” de “responsables autonómicos” (paradójicamente, “responsable” y “responsabilidad” tienen un inequívoco parentesco):

Como la cumbre de consejeros de seis autonomías que, convocados al parecer para reafirmar el criterio según el cual “pagan las personas y no los territorios”, resolvieron que el peso de la variable de población para determinar las necesidades de gasto de las comunidades autónomas no debería superar en ningún caso el 80%. Si pagan las personas y no los territorios, ¿por qué no reclamar que el peso de la población sea del 100%? Precisamente, se pone a las personas en el centro del sistema cuando se reclama que los mecanismos de nivelación actúen sobre los servicios universales del Estado de bienestar (sanidad, educación y servicios sociales). O cuando se preserva la caja única de la Seguridad Social, que sufraga pensiones y seguro de desempleo. O cuando se piden más recursos para desarrollar la Ley de la Dependencia.

Tiene toda la razón, por una vez, el señor Iceta, si se analizan las cosas, tal y como las platean los “gestores” mendicantes de Extremadura, Galicia o Asturias, si el problema es el que dicen ellos, que “no pagan los territorios, sino las personas”, las cosas se deberían resolver como dice Iceta, Miquel Iceta, portavoz del PSC, pide a los presidentes del frente de repartiendo el dinero bajo el criterio de la población -¿cómo si no, administrar los recursos de un estado?-, pero es que este debate es una pura falacia, dado que se esconde lo principal, y es que aquí no se habla realmente de los servicios que reciben los ciudadanos, sino de los fondos que administra la partitocracia.

En Asturias, por ejemplo, una comunidad que presume de “liderar” no se sabe qué “frente de comunidades”, se vive ahora, con ningún entusiasmo mediático, y una olímpica distancia ciudadana, la negociación de un nuevo presupuesto, con repetición de la jugada, en lo que a las relaciones entre el Gobierno, el PSOE e Izquierda Unida se refiere, de cara a la aprobación de esos presupuestos. Todo ello bajo el signo de la oferta realizada por el secretario general de los socialistas asturianos, Javier Fernández, a los clones locales de Gaspar Llamazares, a los que puso delante otra vez delante el eterno señuelo del público comedero, para que se vayan poniendo nerviosos, se peguen entre ellos, y dejen de plantear problemas como el que crearon, con la presunta reclamación de Los Verdes en Europa con las obras del Puerto de El Musel -uno de los mayores contratos de la historia de la obra pública en España-, del que por supuesto no han vuelto a hablar desde que Fernández recurrió a su mágico truco.

¿A dónde van a parar los fondos europeos dilapidados en El Musel, con unas obras que han duplicado su coste por no se sabe qué absurda historia de piedras que se van a comprar a la provincia natal del presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Se los quedan los territorios o se los meten las personas en los bolsillos?

El problema no es si “pagan las personas o los territorios”, sino si se gobierna para las personas, es decir, para la ciudadanía, o por el contrario, tal y como sucede en España, con el cuento chino de los territorios, se gobierna desde 17 cacicatos en los que se consumen recursos sin cuento, en decisiones que no tienen otra motivación que el espolio puro y duro, como es el caso, que a la vista de todos está, del loco estímulo a la construcción, que no ha tenido otra finalidad, en cuanto a su desmesura y falta de control, que la financiación de los partidos políticos.

El despilfarro de fondos públicos en subvenciones innecesarias a la vivienda, ¿va a parar a los territorios, o a los bolsillos de las personas?

El pasado miércoles, la agencia Standard & Poor’s anunciaba que España, es el país peor preparado, junto con Grecia e Irlanda, y que debemos prepararnos para afrontar una recesión, ya que es el país de la UE en el que más han retrocedido el consumo privado, la matriculación de vehículos, la confianza de los ciudadanos o la venta de viviendas. Pero, sobre todo, en pleno pinchazo inmobiliario, S&P alerta de la alta dependencia del ladrillo española. En concreto, supone un 12,2% de su PIB y el 13,3% del empleo, justo el doble que la media europea.

Todos sabemos lo que hay, y por qué se ha llegado aquí a generar un 12,2% del PIB y un 13,3% del empleo con el ladrillo, y sin embargo, ante el derrumbamiento de la recaudación, por la caída sin alternativas, de los ingresos generados por la propia construcción, a través de impuestos como transmisiones patrimoniales o actos jurídicos documentados, la discusión no es qué gastos públicos suntuarios hay que reducir, ni por supuesto cómo corregir los atroces comportamientos de los dirigentes que nos han llevado a esta quiebra, sino majaderías como ésta de los “territorios y las personas”, que encubren el debate real.

Como muestra un botón, en la Asturias que “valientemente” dice encabezar la reivindicación de más pasta para derrochar, el presidente de la comunidad autónoma, acaba de ofrecer a IU más dinero para vivienda, en el caso de llegar a un pacto, después de que aquí se haya descubierto que el Grupo Inmobiliario Progea construyó sus viviendas de lujo subvencionadas más conocidas, en los terrenos en los que la especulación se está llevando por delante al sector naval. Por supuesto, huelga recordar que en el anterior gobierno de coalición en Asturias, IU tenía la cartera de vivienda.

Etiquetas: PSC, gaspar llamazares, cumbre de consejeros de seis autonomías, Miquel Iceta, S&P alerta de la alta dependencia del ladrillo espa, José Luis Rodríguez Zapatero, Standard & Poor’s, obras del Puerto de El Musel, reclamación de Los Verdes en Europa, IU-PSOE, Progea, frente de comunidades, Javier Fernández
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Cuánto durará la crisis, de José Barea en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 30 agosto, 2008

España se encuentra hoy en una situación económica tan difícil como la que recibió Fuentes Quintana cuando el 4 de julio de 1977 fue nombrado vicepresidente económico. En ambas crisis hubo un comportamiento análogo de los Gobiernos. La crisis que se inició en 1973 con el primer choque petrolífero, oculto por el Gobierno hasta el nombramiento de Fuentes, que con la valentía que le caracterizaba apareció en televisión para exponer a todos los ciudadanos la crítica situación en que nos encontrábamos. La actual crisis sólo ha sido reconocida como tal por el Gobierno en el corriente mes ¿es que realmente ha estallado de golpe o es que por razones electorales la ocultó y ha seguido encubriéndola hasta fecha muy reciente?

El ocultamiento de la crisis ha dado lugar a que el Gobierno no adoptara las medidas oportunas, cuyo retraso ha dado lugar a que la crisis se haya agravado, profundizando en sus efectos; las que ha tomado no eran las adecuadas para resolver el problema estructural: la baja productividad, que da lugar a un fuerte déficit en la balanza comercial, y esto no se corrige con parches sino con reformas estructurales. En la economía moderna la posibilidad de incrementar la productividad depende del capital humano y tecnológico, de la reforma del mercado de trabajo y de la liberalización de los mercados de bienes y servicios.

Pasamos a analizar separadamente las medidas estructurales cuyos efectos se sentirían en dos años, de las que tendrían repercusión a medio plazo (cinco años). Entre las primeras se encuentran la reforma del mercado de trabajo, la liberalización de los mercados de bienes y de servicios y la reforma del gasto público, y en la segunda las reformas de la educación, de la investigación y de la innovación y del capital riqueza y del productivo.

El mercado de trabajo tiene tres problemas: su alta temporalidad, una de las más elevadas de la UE, que tanto perjudica la productividad de las empresas, el alto coste del despido, que en época de crisis les lleva a la quiebra, como sucedió en 1991-94 en el que desaparecieron miles y miles de empresas, y la estructura de la negociación colectiva, que ha sido la gran ausente en las reformas del mercado de trabajo en España. No es aceptable, desde el punto de vista de la eficiencia, que la negociación se efectúe a nivel de cúpula, y que lo acordado sea el nivel mínimo a partir del cual se negocia el convenio de empresa. Por ello, los convenios colectivos deberían negociarse a nivel de empresa en función de la productividad y no en función de la inflación resultante, entrando en la espiral inflación, salarios, inflación; el BCE ha sugerido al Gobierno que elimine las cláusulas de revisión salarial ligada a la subida de la inflación. Por las declaraciones del presidente del Gobierno la reforma laboral se ha dejado a la negociación de los agentes sociales. Pienso que en una cuestión tan fundamental para la salida de la crisis, el Gobierno no ha cumplido con su obligación de la defensa del interés general. Nada se va a avanzar en este campo.

La liberalización de los mercados de bienes y servicios es otro problema que, después de nuestro ingreso en la Unión Monetaria y la etapa de privatización de una gran parte de las empresas públicas, está en retroceso a consecuencia de las trabas que se han ido estableciendo, principalmente por las comunidades autónomas, que ha dado lugar con sus decisiones a la creación de 17 mercados regionales, cuando pertenecemos a un mercado sin fronteras: el Mercado Único. La libertad de horarios en el comercio establecida por la Comunidad de Madrid es una medida muy acertada, estableciendo una mayor competencia que tendrá efectos sobre el control de la inflación. El sector de la energía eléctrica está liberalizado, pero con precios fijados por el Gobierno, y esto sucede en una gran parte de los servicios públicos.

En cuanto a la estabilidad presupuestaria desaparecerá en 2008, tanto por la caída de la actividad económica como por las medidas del Gobierno. Se prevé un déficit del Estado de 11.000 millones de euros que rebasa el superávit previsto para el conjunto de las Administraciones Públicas. El techo de gasto no financiero del Presupuesto del Estado aprobado por el Congreso para 2009 supone un crecimiento del 5%, en dicho año tendremos recesión que se iniciará en el segundo semestre del corriente año y por tanto el aumento tendría que ser cero para recobrar la estabilidad presupuestaria, como ha declarado la Comisión Europea.

Por tanto es totalmente imposible que en dicho año entren en vigor nuevas leyes de financiación de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos, pues el déficit público puede alcanzar un importe fuera de todo control. Sin embargo es necesario efectuar una fuerte reestructuración del gasto para el Presupuesto de 2009 para asignar recursos a los factores productivos que incrementen la productividad, sin que en ningún caso se entre en déficit y se pierda la estabilidad presupuestaria.

Pasamos a analizar las reformas estructurales cuyos efectos sobre la productividad serán a medio plazo. La educación es uno de los principales instrumentos para incrementar la productividad. De los informes de la OCDE resulta que la eficiencia de los procesos productivos es de muy caja calidad ya que los alumnos son incapaces de transformar información en conocimiento y éste en innovación, que constituyen la base para el crecimiento. Suecia hace quince años, a consecuencia de la grave crisis económica que padeció a comienzos de los noventa, comenzó la reforma cuyo eje fundamental ha sido la ruptura de los monopolios estatales sobre la producción de los servicios del bienestar. El sector empresarial e instituciones sin fines de lucro participan en la producción del servicio de educación, con libertad de elección de los ciudadanos; la financiación seguirá siendo pública. La libertad de elección se garantiza a través de los bonos de educación, pudiendo el interesado elegir entre centro público o privado. La educación ha mejorado y su coste se ha reducido.

La cuantía que España dedica a los gasto de I+D+i en porcentaje del PIB es la mitad de la que dedican los países de la Unión Europea, la cual a su vez es un tercio más baja que la de Estados Unidos. Dentro del sector público la organización del proceso de I+D+i es caótico, disperso, carente de coordinación y sin control de resultados. La Universidad y las empresas han vivido un divorcio en el proceso tecnológico, sin aprovechar las investigaciones de las primeras en innovaciones, quizás por la preferencia empresarial por la innovación de productos y no de procesos productivos.

Las infraestructuras públicas tienen un efecto positivo sobre el crecimiento de la economía, ya que la elasticidad del producto con respecto a las mismas es de 0,2 en tanto que la elasticidad de los activos englobados en las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC) es de 0,37.

Los expertos de la nueva geografía recomiendan disminuir más bien los costes de transacción de los intercambios de ideas, es decir, en favorecer la convergencia tecnológica entre regiones, a través de programas públicos de telecomunicaciones, internet y formación de capital humano. En España sin embargo las prioridades en la asignación de recursos presupuestarios han ido por las infraestructuras.

Después de lo que llevamos expuesto, podemos sacar la siguiente conclusión: si el Gobierno actúa inmediatamente sobre los factores que hemos enumerado con influencia en la productividad, cambiando su marco de regulación o con una reforma del gasto público asignando mayores recursos presupuestarios, según el factor de que se trate, podríamos empezar a salir de la crisis (o recesión) en un plazo de tres años. En caso contrario nos puede suceder como a Japón, que estuvo diez años sin crecimiento.

José Barea. Catedrático emérito de la UAM.

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La hora bruja de Zapatero, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 30 agosto, 2008

En la jerga bursátil se denomina hora bruja a un periodo de tiempo comprendido entre las 16:30 y las 17:15 horas del tercer viernes de cada mes. Ese día, y al cierre de la sesión, vencen tanto las opciones como los futuros sobre el Ibex 35. El singular nombre alude al momento en que la Bolsa queda en tierra de nadie; a merced de movimientos irracionales. Sin ninguna explicación aparente. Y es que durante ese tiempo, inversores en pérdidas, contraídas por sus posiciones en futuros y opciones, tratan de compensarlas jugando al límite. De ahí nace la expresión hora bruja. Nadie sabe a ciencia cierta lo que puede pasar durante esos 45 minutos de infarto.

Al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, recién cumplidos los 48 años, le ha llegado también su hora bruja. El fuego cruzado le viene desde todas los frentes. Por primera vez desde que aterrizó en el complejo de la Moncloa, se encuentra cara a cara con asuntos que se escapan de su agenda. La medicina que utilizó durante la anterior legislatura: aislar políticamente al PP y presentarlo ante la ‘España plural’ como un partido ultramontano, ya no funciona. Se ha vuelto, incluso, contra él. Los socialistas se han quedado a menudo en minoría (o en solitario) en la junta de portavoces. Y si no cambian las cosas, es muy probable que esto se repite en el futuro. La iniciativa política ya no brota de Ferraz: reformas estatutarias, ley de Memoria Histórica o negociaciones con ETA. Por el contrario, la agenda la impone la calle, y está preñada de problemas reales de los ciudadanos: el empleo, el coste de la vida, las dificultades para adquirir una vivienda, las pensiones, el maltrato a las mujeres, el desarrollo de la Ley de Dependencia…

Problemas en su mayoría de índole económica, pero que envenenan las relaciones personales creando un pesimismo social difícil de digerir políticamente, como demuestran mes a mes las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Porque si una característica tiene la actual crisis económica es que afecta fundamentalmente al consumo privado, al bolsillo de las familias, lo que la hace diferente respecto de lo que sucedió durante la recesión del bienio 93-94, cuando era el Estado (con sus gigantesco déficit público) era el que realmente estaba casi en bancarrota, pero los hogares tenían una posición más holgada gracias a su bajo nivel de endeudamiento. Las hipotecas eran a tipo fijo y casi nadie conocía lo que significaba el término MIBOR (antecedente del euribor).

Para cualquier gobernante, perder la iniciativa política es un auténtico drama. Puede ser el principio del fin de su reinado, y de ahí que los múltiples asesores de Zapatero se afanen en demostrar que las cosas se gobiernan desde Moncloa y que todo está bajo control. Hasta ahora estamos ante un intento fallido, porque lo cierto es que cada mañana -como una gota malaya- media España se desayuna con un mal dato económico que acaba con truncar los mensajes de optimismo que de forma machacona lanzan los emisarios gubernamentales. Y salvo que se cierre por decreto el Instituto Nacional de Estadística, no parece que las cosas vayan a ir mejor en los próximos meses. Todo lo contrario.

Decía Maquiavelo que cuando el príncipe está al frente de sus ejércitos y tiene que gobernar a miles de soldados era absolutamente necesario que no se preocupara sobre si tenía fama de cruel entre sus huestes, ya que sin esa fama nunca podría disponer de un ejercito unido y dispuesto a la lucha. Da la sensación de que el ‘republicanismo’ confeso del presidente le impide abrazar el pensamiento del autor florentino, y eso explica que el ‘buenismo’ siga siendo el santo y seña del presidente. La estrategia le dio buenos resultados a Zapatero en la anterior legislatura, en la que el PP aparecía ante la opinión pública -no sin razón- como el partido del ‘no’. No a la extensión de derechos civiles, no a las reformas educativas, no al reconocimiento público de quienes lucharon contra la Dictadura… No, no y no, que dice la canción de Amy Winehouse.

En un contexto de fuerte ajuste económico, Zapatero también tiene su ‘no’. Se ha comprometido a no tocar ni un céntimo del gasto social, pero no lo va a tener fácil, salvo que se entienda que lo ‘social’ se agota en pagar cada mes el desempleo. La prueba del nueve la va a tener que realizar dentro de muy pocas semanas, cuando Pedro Solbes presente en el parlamento el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2009.

El Grupo Socialista, como se sabe, no cuenta con mayoría suficiente para sacarlos adelante, pero guarda en su manga la carta de los nacionalistas de CiU, empeñados en regresar al palacio de la Generalitat demostrando a los ciudadanos catalanes que gracias su capacidad de negociación en Madrid se avanza en el autogobierno. Ya ocurrió cuando las discusiones sobre el nuevo ‘Estatut’ estaban atascadas. Un encuentro de última hora entre Zapatero y Artur Mas salvó el escollo, y eso permitió a CiU capitalizar el ‘Estatut’, lo que puede explicar la estrategia de la tensión diseñada por los socialistas catalanes del PSC, que no parecen dispuestos a que sea CiU quien esta vez les saque las castañas del fuego en Madrid, y de ahí su dureza en la negociación. Aunque Solbes se empeñe en decir que una cosa son los PGE del 2009 y otra bien distinta es la financiación autonómica, lo cierto es que el PSOE necesita los votos de CiU, y no sólo para sacar adelante los presupuestos, sino para alejarse -cuanto más mejor- de sus socios de la anterior legislatura.

La ‘España plural’ ha pasado a mejor vida y de lo que se trata ahora es de ampliar la base social, algo que el PSOE no logró en el cuatrienio 2004-08, y ello pese a que las circunstancias económicas fueron algo más que favorables. El triunfo del 9-M se debió a un reajuste en el voto de la izquierda, no a un ensanchamiento de las bases electorales, por lo que si el PSOE quiere seguir gobernando cuatro años más -una vez agotado el caladero de la izquierda- debe ampliar sus apoyos.

En Moncloa, como parece coherente, están empeñados en recorrer ese camino hacia el centro sin perder votos por su izquierda, y de ahí que el objetivo principal de los asesores del presidente sea preservar la imagen de un Zapatero netamente de izquierdas, lo que explicaría su negativa a reabrir el melón de la energía nuclear o a aparecer esporádicamente ante la opinión pública como el primer presidente de la democracia que mantiene a raya a la Conferencia Episcopal. La estrategia de mantener viva la posibilidad de ampliar a un cuarto supuestos las causas legales para abortar en España iría en esa dirección: proteger su aureola de presidente ‘rojo’ frente a una derecha escorada hacia el radicalismo y que bebe de la mano de sus apoyos mediáticos.

El PSOE juega con fuego porque un política presidencialista -diseñada a la medida del líder- corre el peligro de que naufrague si el gran timonel se quema, dando la impresión de que está por encima de los problemas, y de ahí que se intente preservar a toda costa esa imagen un tanto beatifica del presidente, empeñado en rebajar la dimensión de la crisis y en ningunear algunos indicadores fundamentales: España es el país con más paro e inflación de la eurozona (una tragedia en un unión monetaria que impide las devaluaciones). Pero es también el que registra uno de los niveles más reducidos de productividad e inversión en I+D+i, lo cual es una calamidad a medio y largo plazo. Y todo ello aderezado con una población activa que crece a ritmos del 3%, lo que desgraciadamente ‘garantiza’ fuertes incrementos del desempleo durante al menos los dos próximos años.

Ya el profesor Juan José Linz advirtió hace muchos años que en los sistemas presidenciales los acuerdos parlamentarios son más difíciles de alcanzar, porque el principal interés del partido mayoritario es preservar la imagen del líder como el gran artífice de las conquistas sociales. Darle mayor protagonismo al parlamento socava la credibilidad del líder, y eso es, precisamente, lo que se quiere evitar desde Moncloa, donde obsesiona trasmitir la idea a la opinión pública de que Zapatero cuenta con una mayoría suficiente para gobernar.

Para Moncloa, por lo tanto, lo prioritario es ganar tiempo, al menos hasta el primer semestre de 2010, que es cuando España estrena su tercera presidencia de la Unión Europea. Y mientras tanto esquivar la crisis económica como se pueda, conscientes de que ése es el territorio que se ha reservado el PP para acosar al Gobierno. Los cinco pactos de Estado propuestos por Mariano Rajoy: terrorismo, modelo de Estado, política exterior, pensiones y justicia son asumibles por el Ejecutivo porque refuerzan la imagen de moderación; pero se da la circunstancia que no son esos, precisamente, los problemas (por muy importantes que sean) que más preocupan en estos momentos a los ciudadanos, tal y como ponen de manifiesto las encuestas del CIS. Ganar tiempo es, por lo tanto, el objetivo, con la vista puesta en el segundo semestre de 2010, en el que no es difícil adivinar una cambio de Gobierno haciéndolo coincidir con un cierta recuperación de la actividad económica. Y con la vista ya puesta en las elecciones de 2011 (municipales y autonómicas) y 2012 (generales).

Ahora bien, si la disputa política se traslada en exclusiva al ámbito económico, es muy probable que al final el país quede maltrecho, lo cual es especialmente preocupante teniendo en cuenta que, como muchos analistas opinan, España no se enfrenta a una simple crisis económica sino más bien a un cambio en su modelo productivo. Mucha tarea por delante para un Partido Socialista en minoría que debe optar entre rebajar el perfil del líder -lo cual requiere pactos a diestro y siniestra- o alentar su mejor activo en términos electorales, que es, precisamente, la imagen del presidente, sobre todo en algunas regiones con gran influencia electoral, como son Cataluña y Andalucía. El tiempo dirá quién gana y quién pierde en esa hora bruja de Zapatero.

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