Reggio’s Weblog

El periodismo, una actividad esclavizada por un monopolio que se derrumba, de Juan Vega en su Blog

Posted in Derechos, Medios, Política by reggio on 29 agosto, 2008

Reunión de intelectuales

Las vacaciones son fundamentales, como el sueño, para ordenar las ideas, y aquí les tiro, encima de la mesa, dos cuestiones sencillas, pero esenciales, que para mí, por formar parte de las que han marcado mi propia vida, resultan de una importancia capital, aunque realmente sospecho que se trata de problemas de rabiosa actualidad en todo el mundo.

El planteamiento es el siguiente: ¿en qué se diferencia la literatura y el periodismo, como géneros del escribir, en un mundo en el que el literato es un raro ser lleno de privilegios, mientras que el periodista es un esclavo del editor de por vida? Porque por si alguno no lo sabe, se lo recuerdo: mientras que el “escritor” es una vaca sagrada en nuestras sociedades, el periodista, que curiosamente no es un “escritor”, no es dueño de lo que escribe, sino que el resultado de su trabajo intelectual, es propiedad del editor (ver el Artículo 8 de la Ley de Propiedad Intelectual). Un curioso estado de cosas, que viene ya de la noche de los tiempos, que en la era de Internet y los blog vuela por los aires, abriendo el paso a una confusión total sobre lo que nos espera.

Para empezar, ahí va la banal constatación del uso del lenguaje. “Escritor” es todo aquel que escribe cosas que no tienen que ver, mayormente, con la realidad, e incluso cuando es “escritor realista”, está obligado a esconder totalmente a sus personajes -salvo que estén muertos-, bajo amenaza de ser expulsado de tan feliz comunidad. Es “escritor” cualquiera, tenga un enorme conocimiento del lenguaje o sea analfabero funcional, ya sea persona de ideas coherentes, ya un orate confuso; basta con que publique sus obras en papel impreso, siempre que no sea en un periódico o una revista, puesCarlos Rizzi entonces deja de ser “escritor”, y se convierte en periodista. ¡Oh milagrosa ley del embudo, que transmuta al amo en esclavo, cuando se trata de “informar” a los ciudadanos!.

Así pues, el periodista no es un “escritor” emancipado, sino un esclavo no manumitido , y por lo tanto sometido,  que carece de derechos sobre lo que escribe, y de hecho, cuando un periodista quiere quitarse el polvo, y aspira a un mayor reconocimiento, firma en sus “créditos”, con la aparente redundancia de “escritor y periodista”, y de hecho, dos de ellos -escritores y periodistas-, han logrado en España el suficiente predicamento, como para ser incluídos en el selecto círculo de la Academia de la Lengua, y que no en vano, ambos son más editores que periodistas.

Por si alguien no lo sabe, en contraste con el entusiasmo que derrocha nuestro sistema hacia la figura del llamado “escritor” -que forma parte de los a su vez llamados “intelectuales”, cuya misión fundamental es firmar manifiestos de apoyo de quien manda o quiere mandar, y si no callarse-, el periodista, que no es ni “intelectual” ni artista -salvo el bueno de Mariano José de Larra, que es la excepción histórica que confirma la regla-, se encuentra con que su firma tiene muy poco valor social, salvo casos muy contados en los que el afortunado es, como vemos, además de periodista, editor, pues -y hay que insistir en que ésta es la clave- el periodista no es dueño de sus obras, y esa es la diferencia fundamental que explica por qué un plumilla -potencialmente una persona cultísima, que ha escrito miles de páginas-, no es un “escritor”, mientras que un patán, que en su vida ha escrito cuatro versos carentes de sindéresis, sí lo puede ser, y de hecho hay muchísimos así.

Como vemos, y dejando sentado que la cuestión esencial es que la obra periodística es propiedad, en todo el mundo, del empresario, y si en España por ejemplo, eso ocurre con el derecho patrimonial, en el derecho norteamericano, que impregna Internet, la work made for hire, incluye también los derechos morales, cuando llegamos a concluir que de esta manera el periodista se convierte en un auténtico esclavo del editor -¿quién marca la línea?-, que aparece así beneficiado con una extraña prebenda, pues sí los ciudadanos no pueden ser periodistas para gozar de la protección de las leyes de prensa, y esa protección se dispensa tan sólo a las empresas periodísticas, nos encontramos con que la información y la opinión son un monopolio mercantil, ajeno a las personas particulares, sin que esto tenga nada que ver ni con la calidad de la obra, su seriedad o su rigor, sino con el derecho de propiedad y el control de la información y la opinión en las sociedades.

Así de grueso. Así de contradictorio con todas las constituciones y declaraciones de derechos fundamentales de la persona. Los ciudadanos no tienen derecho a informar, a pesar de la revolución de los blog, dado que sólo pueden informar los asalariados de los empresarios -eso sí, mientras están asalariados, si no, no- que tienen el monopolio de la información, concedido por las leyes y los estados.

Les recomiendo un interesante artículo del profesor de la Universidad del País Vasco, Javier Díaz Noci, que es de los pocos “intelectuales” que tienen colgado en la red ensayos sobre tan apasionantes cuestiones, que nos recuerda un dato muy interesante, que debe ser tenido en cuenta: el origen del llamado “derecho de autor” o “propiedad intelectual”, no es tanto el proceso de creación de un derecho, cuanto la búsqueda de un culpable para ser castigado, y cita una obra de Luis Gil del año 85, para ilustrar la figura de la llamada apropiación penal: “en relación a lo que podría llamarse la apropiación penal. Los textos, los libros y los discursos empezaron a tener realmente autores (…) en la medida en que se podía ser castigado”.

Para ilustrar los primeros textos en los que se encuentran los orígenes de estos supuestos derechos en nuestra época, Díaz Noci cita un texto del brasileño Carlos Rizzini, recogido en su obra O jornalismo antes da tipografia. Se trata de una ordenanza promulgada por el Rey Cristianísimo, Carlos VI de Francia, en 1395, aunque hay muchos más textos de la época, éste es muy elocuente, y comprensible, a pesar de tratarse de francés medieval: “À tous ditteurs, faiseurs de ditz et de chançons et à tous autres menestriers de bouche et recordeurs de ditz que ils ne facent, dyent, ne chantent, en place ne ailleurs, aucuns ditz, rymes ne chançons que facent mention du Pape, du Roy, nostre sire, de nos seigneurs de France (…) soubs peine (…) d’estre mis en prison deux moins au pain et à l’eaue“.

Ya ven, dos meses de prisión a pan y agua, a todo aquel que ose mencionar al Papa, al Rey “nuestro señor”, o nuestros “señores de Francia”. Que se lo digan a nuestro ilustre y genial don Francisco de Quevedo y Villegas, que acabó cargado de cadenas en San Marcos de León, cuando al Conde-Duque de Olivares se le hincharon las pelotas, ante la libertad que había sido capaz de hacer gala un hidalgo de poca monta, como era el Señor de la Torre de Juan Abad.

Así pues, desde los tiempos de Carlos VI de Francia, pasando por la España de Felipe IV y su valido, don Gaspar de Guzmán y Pimentel, hasta nuestros días, la historia del derecho de autor, es la historia misma de la usurpación por los poderosos del supuesto derecho a informar y a la información, siempre prohibido a los particulares, lo que nos sume hoy en una enorme perplejidad ante la explosión de Internet, que permite que cualquier ciudadano organice y gestione un medio de comunicación, como son los blog, o las páginas que difunden blogs, como es el caso de nuestra experiencia en ElComentario.TV, ya que nadie sabe qué derechos tiene o deja de tener cada uno, en esta nueva selva, en la que se utiliza a la Agencia Nacional de Protección de Datos Informáticos, cuando conviene (incluso de una manera, como en este caso, que hasta el más tonto ve que nada tiene que ver el derecho protegido en la ley con su aplicación; ver Artículo 6 de la LPD), para multar a los ciudadanos que recogen hechos noticiosos con una cámara de vídeo, apuntalando así una vez más el monopolio de la información a favor de las empresas mercantiles, en detrimento del derecho a la libre información, porque sí, sin apoyo legal alguno, porque al que manda se le antoja y el que obedece obedece y se acabó. No hay más que hablar. Aquí estamos como en la España del Conde-Duque otra vez.

Evidentemente, vienen tiempos confusos, en los que habrá que ir descubriendo qué es lo que se puede o no se puede hacer aquí, pero lo cierto es que el contexto tecnológico es totalmente favorable a los ciudadanos, puesto que el monopolio empresarial de la información y la opinión, que ha venido a sustituir a la prohibición de hacer “mention du Pape, du Roy, nostre sire, de nos seigneurs de France”, se derrumba ante una realidad imparable: el empresario de comunicación, es aquí y ahora, en el universo de la blogosfera, un personaje superfluo, ante la soberanía del indivíduo.

¡Veremos cómo acaba esto! Pero mientras empieza o acaba, la aventura es fascinante, aunque lo más probable es que el camino nos conduzca hacia un nuevo fascismo, que ya se deja escuchar aporreando las puertas del sistema, con abusos de poder, fraudes de ley y una sistemática desviación en la aplicación de las normas que se aplican.

Propaganda antifascista en la Guerra Civil española

Etiquetas: ElComentarioTV, Luis Gil, Artículo 8 de la Ley de Propiedad Intelectual, Carlos Rizzini, work made for hire, el periodista no es un “escritor” emancipado, O jornalismo antes da tipografia, de los blog, Agencia Nacional de Protección de Datos Informáticos, sino un esclavo no manumitido, Los ciudadanos no tienen derecho a informar, información y la opinión son un monopolio mercantil, Gaspar de Guzmán y Pimentel, Francisco de Quevedo y Villegas, Mariano José de Larra, Javier Díaz Noci, Academia de la Lengua
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