Reggio’s Weblog

¿Crisis?, ¿qué crisis?, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 28 agosto, 2008

De qué crisis hablamos cuando hablamos de crisis económica? ¿De una crisis cíclica, como tantas otras? ¿De una crisis financiera mundial? ¿De una crisis de ámbito nacional? ¿O de una crisis de modelo de desarrollo?

Hace poco más de un año empezó una crisis económica de alcance general a raíz de descubrirse la poca fiabilidad de determinados productos bancarios estadounidenses respaldados por las hipotecas denominadas subprime.Dada la estrecha interconexión de las finanzas mundiales, el tumor produjo una rápida metástasis en el conjunto del sistema y la desconfianza cundió en las relaciones entre entidades de crédito. Algunos opinaron entonces que se trataba de una situación pasajera, otros temieron que las implicaciones de la trama dificultarían la solución. Un año después, es obvio que estos últimos tenían razón y así lo acaba de confirmar el máximo dirigente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Pero al mismo tiempo, esta inesperada crisis financiera de alcance mundial tuvo una rápida repercusión en la economía española, donde el campo estaba abonado. En efecto, inmediatamente afloraron las viejas y conocidas debilidades de nuestra economía, con las cuales ni los gobiernos de Aznar ni los de Zapatero pudieron o supieron enfrentarse: el diferencial de inflación con la Unión Europea, la escasa productividad y el excesivo peso del sector de la construcción. Estos factores combinados producen un abultado déficit exterior, paliado sólo en parte por las divisas que proporciona el turismo y los beneficios derivados del aumento de la población debidos a la inmigración de los últimos diez años.

Un veterano y experimentado empresario me comentaba hace unas semanas: “Es cierto que estamos en crisis, pero también es cierto que hemos tenido catorce años de ininterrumpida expansión económica, el ciclo más largo que he visto en toda mi vida. Así pues, como se suele decir, ¡que nos quiten lo bailao!”. No dejaba de tener razón, pero es obvio que la fiesta se ha terminado y la única forma de enfrentarse a la situación es adoptando medidas estructurales que serán necesariamente impopulares. Ya se habla de unos nuevos pactos de la Moncloa, en recuerdo de los de 1977, que repartan de manera equitativa las cargas entre empresarios y trabajadores. El cambio en las relaciones entre PSOE y PP tras las elecciones de marzo hace posible estos pactos. También los sindicatos, piezas fundamentales en acuerdos de esta naturaleza, pueden ser útiles colaboradores.

Por tanto, hay dos crisis claras. Una de alcance mundial, cuyo origen está en Estados Unidos y que escapa de la esfera en la que pueden incidir decisivamente las autoridades españolas. Otra de ámbito nacional, que se arrastraba desde hacía tiempo, de la que se hablaba continuamente pero que nadie se atrevía a afrontar y que ahora, afortunadamente, no podremos eludir al estar situados en la zona euro, privados de las fáciles devaluaciones que permitían driblar cómodamente los envites sin mirar de cara a la realidad. El Gobierno ha empezado a tomar algunas medidas, en general bien orientadas, pero todavía escasas e inconcretas, que han sido debidamente comentadas en este periódico, entre otros, por economistas tan solventes como Alfredo Pastor y Xavier Sala i Martín.

Pero, además, probablemente hay otra crisis más profunda, de mayor calado y de repercusión histórica más trascendente, que, a la larga, será la decisiva: la crisis de modelo económico mundial. Desde el siglo XVI hasta 1914, el dominio económico del mundo correspondía a Europa. En el resto del siglo XX, se fueron añadiendo a este dominio, por ese orden, y de forma desigual, Estados Unidos, la URSS y Japón. En cierta manera, hace unos treinta años, también los más importantes países petroleros. Con la caída del muro de Berlín, muchos creyeron que la hegemonía de Estados Unidos en el mundo era incontestable y un nuevo orden mundial giraba en torno a su órbita.

Hoy, casi veinte años después, surgen más que dudas. No se pueden cerrar los ojos a las realidades del presente: el imprevisible crecimiento de China e India, los países económicamente emergentes como Brasil, México y Sudáfrica, las potencias petroleras del golfo Pérsico, la Rusia de Vladimir Putin. El desafío actual de esta en el Cáucaso muestra hasta qué punto han cambiado las cosas desde 1989 hasta hoy. Pero aún cambiarán más. Ahora, por ejemplo, el 60% del PIB mundial está en manos de países de la OCDE; según estimaciones fiables, dentro de veinte años estos países sólo poseerán el 40% y China se habrá convertido en el mayor poder económico del mundo.

Esta tercera crisis ya no es simplemente económica, sino política y geoestratégica. Plantea de nuevo algo que hace años parecía olvidado: la reforma de las instituciones internacionales, el fin de la ONU tal como está concebida desde 1945, el reparto de zonas de influencia. Las dos primeras crisis tienen una solución relativamente fácil. Esta tercera es más imprevisible. Pero si se conduce con inteligencia, tampoco debe producir miedo alguno: todo consiste en aceptar la realidad y adaptarse a las nuevas condiciones sin imponer viejos e injustos privilegios.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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No a la guerra de lenguas, de Josep-Maria Puigjaner en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 28 agosto, 2008

En ocasiones, aparecen alegatos de tintes dramáticos en defensa de una lengua castellana, presuntamente agredida o despreciada en aquellos territorios con lengua propia distinta del castellano. El último es el Manifiesto por la lengua común, que ha recibido varias adhesiones, incluso de algún medio de comunicación desorientado, y el rechazo de los escritores catalanes, gallegos y vascos.

¿De dónde viene y adónde va ese terrible miedo que, de vez en cuando, se apodera de un puñado de defensores de la lengua española? El temor por lo que pueda ocurrir al idioma de Cervantes sólo puede ser la consecuencia de una concepción uniformista, que desearía que la realidad no fuese como es: plural. El ideal, para esos heraldos de la unidad, sería un Estado con una sola lengua, una sola cultura, una sola nación. Las lenguas hispánicas distintas del castellano son un estorbo.

Esos heraldos no se dan cuenta de que el castellano en Catalunya no está amenazado por el catalán. El castellano no tiene necesidad de defensa ni de protección, porque nadie en Catalunya quiere prescindir de él. Al contrario, tras haber superado aquella época dictatorial, que le permitió usar la violencia y la imposición para tratar de aniquilar el catalán, el castellano está hoy llamado a apoyar la dificultosa andadura del catalán, un idioma hermano, de la misma raíz y casi al mismo tiempo. Porque el catalán es, como lo es también el castellano para sus hablantes, un idioma amado por las personas que desde siglos lo han hablado, le han creado una literatura, lo han vivido sin causar problemas a nadie, y menos a otra lengua. Cuando se producen esos exabruptos en forma de manifiesto, me pregunto dónde están los intelectuales españoles que disienten de esos planteamientos lingüísticos desconsiderados e injustos. ¿Dónde se esconden las voces de la razón, de la sensatez, de la estima por la que es una lengua tan hispánica como el castellano?

En mis años de residencia en Castilla, solía tratar este tema con amigos, de lengua y cultura castellanas. Les decía: imaginaos que la implantación del castellano se hubiera limitado a las Castillas y la Mancha, y que el catalán se hubiera extendido por el resto de España. En este hipotético caso: ¿qué actitud adoptaríais hoy vosotros con el castellano? La respuesta era contundente: defenderlo, apoyarlo en su camino, protegerlo. Eso es lo que hoy estamos haciendo con la lengua catalana.

JOSEP-MARIA PUIGJANER, escritor y periodista.

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El largo y complejo problema del Sáhara, de Peter van Walsun en El País

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 28 agosto, 2008

Si el Polisario sigue exigiendo un referéndum para la independencia, Marruecos lo rechazará de nuevo y el Consejo de Seguridad insistirá en alcanzar una solución consensuada. Y nada cambiará

Escribo esta tribuna como antiguo enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental. Fui nombrado inicialmente por Kofi Annan en agosto de 2005, y la quinta prórroga semianual de mi nombramiento expiró el pasado 21 de agosto. La razón por la que escribo hoy es que me gustaría aprovechar el breve interludio entre el periodo en el que he tenido que contenerme a la hora de expresar mis opiniones personales porque era el enviado personal del secretario general y el momento, muy próximo, en el que mis opiniones personales ya no interesarán a nadie porque ya no soy el enviado personal del secretario general.

En vista de los 33 años que ha durado el contencioso sobre el Sáhara Occidental, en ocasiones caigo en la tentación de pensar que no he logrado encontrarle una solución porque es un problema insoluble. Si me resisto a esa tentación es porque continúo creyendo que con voluntad política sí podría resolverse.

Mi análisis no ha cambiado desde que presenté mi primer informe oral ante el Consejo de Seguridad en enero de 2006. Pensaba que los dos componentes principales que propiciaban el punto muerto al que se había llegado eran la decisión tomada por Marruecos en abril de 2004 de no aceptar ningún referéndum que planteara una posible independencia, y la inquebrantable convicción del Consejo de Seguridad, en el sentido de que el problema del Sáhara Occidental debía resolverse gracias a una solución consensuada. Yo me centré en este último componente, porque, como apunté entonces, si el Consejo hubiera estado dispuesto a imponer una solución, mi análisis habría sido muy diferente. En realidad, la necesidad de llegar a una solución consensuada tenía que ser el punto de partida de todo análisis.

Esto me llevó a la conclusión de que sólo había dos opciones: que se prolongara indefinidamente el punto muerto actual o que se iniciaran negociaciones directas entre las partes. En dichas negociaciones habría que embarcarse sin condiciones previas, y yo reconocía que lo más realista era pronosticar que, mientras Marruecos ocupara gran parte del territorio y el Consejo de Seguridad no estuviera dispuesto a presionarle, el resultado no llegaría a ser un Sáhara Occidental independiente.

La conclusión fue criticada por quienes pensaban que no era ético esperar que el Polisario aceptara la realidad política simplemente porque Marruecos y el Consejo de Seguridad no respetaban la legalidad internacional expresada en la resolución 1514 (sobre descolonización y autodeterminación), tomada por la Asamblea General en 1960, y en la opinión consultiva de 1975 de la Corte Internacional de Justicia (sobre la ausencia de vínculos precoloniales entre Marruecos y el Sáhara Occidental que pudieran afectar a la aplicación de dicha resolución). No eran éstas críticas que un mediador pudiera limitarse a pasar por alto, pero yo tenía la sensación de que había que ponerlas en la balanza con el riesgo de dar falsas esperanzas al Polisario, animándole a no tener en cuenta algo indiscutible, que desde el inicio del contencioso en 1975, el Consejo de Seguridad siempre había dejado claro que sólo podría tolerar una solución consensuada.

Por desgracia, lo que los partidarios del Polisario le prodigaron generosamente fue precisamente esa clase de ánimo. Insistían en que tarde o temprano el Consejo reconocería que había que respetar la legalidad internacional y obligaría a Marruecos a aceptar un referéndum que diera como opción la independencia.

La razón por la que no creo que esto vaya a ocurrir es que la legalidad internacional no es lo mismo que el derecho internacional. Evidentemente, el Consejo de Seguridad tiene que acatar el derecho internacional, pero también tiene que tener en cuenta la realidad política. Tanto la Asamblea General como el Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia son órganos principales de las Naciones Unidas. No se rigen por un orden jerárquico, sino que cada uno tiene sus propios poderes, descritos en la Carta de las Naciones Unidas y en el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. En el Artículo 24 de dicha Carta, los Estados miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. Para cumplir con ella, el Consejo no tiene más remedio que tener en cuenta la realidad política. Si lo hace así, actúa dentro de los límites que para sus poderes determina la Carta de las Naciones Unidas y se atiene, por tanto, al derecho internacional.

El Consejo no suele debatir los factores políticos que tiene en consideración cada uno de los Estados miembros, de manera que su peso relativo en la génesis de una resolución nunca se sabe, ni siquiera lo conocen los propios miembros del Consejo. Los potenciales factores políticos pueden ser, por ejemplo, el miedo al efecto desestabilizador de una acción coactiva, la seguridad de que reparar una injusticia 33 años después pueda reportar nuevas injusticias, o la renuencia a contribuir a la posible creación de otro Estado fallido.

Cuando se enfrenta a un contencioso, el Consejo decide por sí solo si se va a atener al Capítulo VI (arreglo pacífico de controversias) o al Capítulo VII (posible uso de la fuerza en caso de amenazas a la paz o actos de agresión), y sus decisiones no pueden ser invalidadas por ningún otro órgano. No hay nada en el derecho internacional que obligue al Consejo de Seguridad a utilizar todos los poderes que tiene a su disposición para poner en práctica las resoluciones de la Asamblea General o las opiniones consultivas de la Corte Internacional de Justicia.

Ésta es la razón por la que las críticas a la falta de respeto del Consejo a la legalidad internacional han tenido siempre tan pocas consecuencias. Entre los Estados miembros del Consejo que con más decisión insisten en que sólo puede haber una solución consensuada para el problema del Sáhara Occidental, nunca me he topado con ninguno que pensara que esta insistencia pudiera, por tanto, vulnerar el derecho internacional. Todo esto no significa que en el Consejo no haya a quien le preocupe que se continúe en punto muerto. Sin embargo, sí está aumentando la sensación de que la insistencia del Polisario en la independencia total del Sáhara Occidental tiene la consecuencia no deseada de agravar el bloqueo y de perpetuar el statu quo.

Hay una salida, pero es muy laboriosa, y conllevaría el mantenimiento de difíciles y auténticas negociaciones. Si el Polisario pudiera contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia total, contaría inmediatamente con un abrumador apoyo internacional para su lógica insistencia en la plasmación de garantías sólidas, avaladas internacionalmente, de que en el futuro no se revoque el acuerdo constitucional pactado o de que, aduciendo razones de seguridad nacional, no se vayan socavando gradualmente derechos civiles como la libertad de expresión. Si en algún momento futuro el Polisario está dispuesto a examinar esta posibilidad, espero que no se limite a introducir enmiendas en la propuesta marroquí, sino que presente su propia propuesta global de autonomía.

No espero que el Polisario dé ese paso en un futuro previsible. Nada cambiará por el momento: el Polisario seguirá exigiendo un referéndum que plantee la opción independentista, Marruecos continuará rechazándolo y el Consejo de Seguridad seguirá insistiendo en alcanzar una solución consensuada. Entretanto, la comunidad internacional continuará acostumbrándose al statu quo.

Peter van Walsum es diplomático holandés y fue enviado personal del secretario general de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

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El gran momento del dólar, de Juan Ignacio Crespo en El País

Posted in Economía by reggio on 28 agosto, 2008

El deterioro de la coyuntura

La publicación esta semana de datos que apuntan a una recesión en Alemania provocó una inmediata apreciación del dólar en los mercados de cambio que, aunque después no sostuvo, puso de relieve la recuperación de un 8% que ha experimentado frente al euro en las últimas semanas y hace preguntarse a todo el mundo si se ha terminado ya el proceso de depreciación acelerada que inició el dólar en 2002 y que lo ha llevado a perder casi la mitad de su valor.

La apreciación del dólar se produce cuando acaban de cumplirse 37 años desde que el entonces presidente de los EE UU Richard Nixon declarara al dólar no convertible en oro, primero, y lo dejara cotizar libremente frente a las demás monedas, después.

La primera reacción de la divisa norteamericana tras esas decisiones fue la de desplomarse hasta llegar a la cotización virtual de dos dólares por un euro retro-proyectado a aquellas fechas. Si se le compara con una moneda que ya existiera entonces, como la libra esterlina, su cotización del año 1972 llegó a ser de 2,5 dólares por libra (en su peor momento de estos últimos meses ha cotizado a 1,60 dólares por euro y a 2,11 dólares por libra).

Aunque ahora no haya llegado tan lejos, cualquiera de los cálculos que se hacen para evaluar la relación entre las monedas haciendo intervenir la importancia que sus respectivos países tienen en el comercio internacional da como resultado que el dólar está ya en su mínimo histórico.

De ahí que sea plausible el que, si no se ha iniciado el mes pasado, esté a punto de iniciarse una fuerte recuperación del dólar. Más cuando, con una visión chartista, el dólar ha dibujado una figura de doble mínimo, típica señal de un cambio de tendencia; o cuando la inversión internacional está buscando gangas empresariales en los EE UU.

En sus 37 años de flotación libre, el dólar ha venido alternando periodos de debilidad y fortaleza con duraciones de entre cinco y ocho años. Como ahora ya han transcurrido casi siete años desde que en 2002 el dólar empezara a debilitarse de manera continuada, parece que éste sería otro argumento más en favor de que está a punto de invertirse la tendencia.

En esa dirección apuntan también, por una parte, el que el déficit de la balanza comercial norteamericana haya empezado a reducirse y, por otra, el rápido debilitamiento de las economías europeas, que parecen así tomar la delantera a los EE UU en su proceso recesivo, algo que terminaría facilitando el que el euro y la libra esterlina se depreciaran.

Pero estos dos últimos argumentos, aunque razonables, tienen una validez limitada ya que ninguno de ellos impidió que el dólar siguiera debilitándose en momentos de los últimos años en que también estaban presentes. Además, aún sigue siendo favorable al euro y a la libra esterlina la diferencia entre sus tipos de interés respectivos y los del dólar.

Por otra parte, ni la reducción del déficit por cuenta corriente de los EE UU está siendo tan espectacular ni está tan claro que la economía norteamericana esté más lejos de la recesión que las europeas (acertar con el ritmo recesivo es algo muy complicado como pudo comprobar también Richard Nixon, quien en su discurso sobre el estado de la Unión de enero de 1974, cuando ya la recesión había comenzado y al él le quedaban, sin que lo supiera, sólo siete meses de presidencia, afirmó tajante: “No habrá recesión en los EE UU”).

La cuestión clave no es, por tanto, averiguar si el dólar va a fortalecerse, ya que parece que eso es algo que no tardará en suceder, sino saber si este fortalecimiento de las últimas semanas es ya el comienzo de la nueva tendencia o si aún el dólar deberá pasar por un momento de debilidad más acentuado antes de que esa tendencia se consolide.

Y aquí es donde la evolución del precio de las materias primas tendrá la última palabra. Aunque atribuirle a ellas el poder fijar el destino del dólar fuerza a preguntarse por el de ellas mismas. Algo que no sólo no hace el problema más fácil, sino que lo complica.

Quizá las probables tensiones geopolíticas de este otoño hagan que el precio de las materias primas tenga una súbita y final recuperación que haría que el dólar pasara por otro momento de debilidad antes de iniciar esa nueva fase de fortalecimiento. Con la cautela de que las tensiones recientes de EE UU y Europa con Rusia no parecen haber sido un obstáculo para que se sostuviera la bajada del precio de las materias primas.

Juan Ignacio Crespo es director europeo en Thomson Reuters.

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Sobre la predestinación, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

Posted in Cultura, Religión by reggio on 28 agosto, 2008

TIEMPO RECOBRADO

Mientras disfrutábamos hace unos días del magnífico paisaje de la Sierra del Guadarrama vista desde Cercedilla, la conversación con un grupo de amigos derivó hacia el tema de la predestinación.

Mi amiga Elena, de profundas convicciones católicas, sostenía que ella tenía el sentimiento de que Dios había intervenido de forma decisiva en su vida.

Yo argumenté que, si hay un Supremo Hacedor que influye en nuestra biografía, me cuesta trabajo entender por qué existe el mal en el mundo. ¿Interviene Dios también en nuestras desgracias?

La pregunta me la he vuelto a formular tras el terrible accidente de Barajas. ¿Estaban esas 154 personas predestinadas a morir en el siniestro? ¿Consintió Dios en la muerte de esos inocentes? ¿Se deriva algún bien moral de la catástrofe?

No tengo, por supuesto, respuesta a ninguna de estas preguntas, pero creo que es imposible conciliar la defensa del libre albedrío -tan apreciada por los escolásticos cristianos- con la idea de la predestinación divina.

Si Dios interviene en nuestras vidas, lo hace con todas las consecuencias y es, por tanto, responsable de lo que nos sucede. Y si no interviene, no podemos achacarle nada de lo que pasa.

Esta segunda hipótesis nos llevaría al escepticismo sobre la existencia de Dios o a una concepción deísta, similar a la de Hume y Voltaire, por la que el Ser Supremo se ha limitado a crear las leyes que rigen el Universo pero no interviene en los asuntos cotidianos de los hombres.

La hipótesis de este alejamiento o silencio de Dios me parece igualmente absurda porque si el Supremo Hacedor es infinitamente bueno no puede permanecer ajeno al sufrimiento de las personas y menos a los terribles genocidios que hemos conocido.

El argumento más sólido para desconfiar de la existencia de ese Gran Relojero es la proliferación de ese mal que produce infiernos como Darfur, donde siguen muriendo a diario cientos de personas de hambre bajo la pasividad de Occidente.

No creo que esos desgraciados estén predestinados a padecer una vida en condiciones insoportables, como tampoco creo que Dios elija a unos seres humanos para hacer el bien y sea tan cruel con otros. Ello me lleva a concluir que muchas de las cosas que nos suceden se producen por puro azar y que, por tanto, son tan imprevisibles como el accidente de Barajas.

Parafraseando a Mallarmé, una tirada de dados nunca abolirá el azar. Nuestra vida es, pues, pura incertidumbre. Y el destino, una manera de nombrar lo que no conocemos.

© Mundinteractivos, S.A.

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Tango sin letra, de David Torres en El Mundo

Posted in Cultura, Medios by reggio on 28 agosto, 2008

A DIESTRA Y SINIESTRA

Decía Jorge Luis Borges que todas las artes aspiran a la música, que es pura forma, y se quedó tan ancho. Es una frase que Borges a su vez le había mangado a Walter Pater, pero viste mejor en el rostro medio borroso del argentino sabio, que no sólo era medio ciego sino también medio sordo, y a quien no le gustaba otra música que la milonga y el tango arrabalero y un poco de Brahms, pero esto fue culpa de una medio novia que al final, como siempre, le dio calabazas.

Así que, igual que todas las artes aspiran a la música, es decir, a la pachanga, toda manifestación periodística tiende a la prensa rosa. La forma pura en que consiste la música es quitarse de encima la letra, el libreto de la ópera y el coñazo de los cantautores (que no son más que poetas tartajas y parapléjicos que necesitan la muleta de una guitarra) para estilizarse en un sonsonete que puede ser el himno del Atleti o la bacanal de Tannhauser pero tampoco importa mucho. Al fin y al cabo, la música está hecha sólo para vestirse con ella y tirarse a las trincheras, o bien para desnudarse con ella y saltar a una cama convenientemente decorada con una señora.

Un periodista tan argentino como Borges se inventó una conversación entre el piloto y el copiloto de Spanair como si estuviera improvisando una milonga o más bien poniéndole letra a una marcha fúnebre. El tipo decía que la había sacado de la caja negra del avión siniestrado y sólo le faltaba la guitarra. Lo soltó ante el micrófono sin cortarse un pelo, con el mismo aplomo doctoral con que Mariñas, María Patiño o cualquiera de esos alimoches con licencia para engañar le inventan una boda a la Duquesa de Alba o una novia a Paco Porras.

Hace tiempo que el periodismo ha caído tan alto que es difícil saber por donde vuelan las líneas aéreas informativas. Entre el circo de especulaciones perfectamente precoces y gratuitas, los buitres con micrófono prefirieron hurgar en ese asunto tan delicado y sabroso, el interés humano, es decir, el corazón, la misma ensangrentada víscera en donde hozan los Mariñas y las Patiños cuando buscan sus suculentas trufas.

En el oficio, la cosa viene de lejos. A George Bernard Shaw le publicaron la noticia de la muerte cuando todavía estaba vivo y bromeando. Un periodista se plantó ante la puerta del insigne dramaturgo, quizá para picotear en las entrañas de la viuda, y se encontró con que el cadáver le abría la puerta. Cuando le plantó en la cara el periódico con la noticia de su fallecimiento, el octogenario comentó con su típico humor flemático: «Me parece una noticia prematura y exagerada». Casi tanto como las teorías sobre el accidente que ya circulan por todas partes, desde internet hasta la cola de la panadería. Por eso mismo a una catástrofe aérea le ponemos música. No sabremos la letra, pero la tarareamos.

© Mundinteractivos, S.A.

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Fraude fiscal y gasto público, de Vicenç Navarro en El Periódico

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 28 agosto, 2008

EL DEBATE DE LA FINANCIACIÓN DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS

Se han publicado recientemente varios informes en España y en Europa que tienen una gran relevancia para el debate que está teniendo lugar en nuestro país, sobre cómo incrementar los fondos públicos para responder a las urgentes necesidades de las comunidades autónomas. El primer informe es un documento preparado por GESTHA, técnicos hacendistas de la Agencia Tributaria del Ministerio de Economía y Hacienda del Gobierno espa-ñol. Los informes de GESTHA han mostrado en el pasado gran certeza en sus análisis, lo cual les ha dado una credibilidad que entra en conflicto a menudo con las declaraciones oficiales del ministerio. Este informe, presentado en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en El Escorial este verano, documenta que el fraude fiscal en España supuso en el 2005 (el último año en que el Ministerio de Economía y Hacienda ha publicado los datos de los que GESTHA deriva sus cifras) nada menos que 88.617 millones de euros, fraude realizado a la Agencia Tributaria (58.676 millones) y a la Seguridad Social (29.941 millones).

Para darnos cuenta del significado de estas cifras, tenemos que saber que el déficit de gasto público social de las comunidades autónomas, responsables de los servicios públicos del Estado del bienestar de España, es, precisamente, de 85.000 millones de euros. Es decir que para alcanzar el nivel de gasto público social de los países que tienen el mismo nivel de desarrollo económico que el nuestro, deberíamos añadir a nuestro gasto público social (el más bajo de la UE-15) otros 85.000 millones que podrían conseguirse a partir de recaudar los impuestos de los que defraudan al fisco. Puesto que la gran mayoría de los que defraudan al fisco son personas que gozan de rentas superiores, mientras que las que utilizan los servicios públicos sociales, son personas de rentas medias y bajas (las clases populares), puede entenderse que la gran mayoría de la población desea que se corrija este fraude fiscal. Un 82% de la población (según datos del informe de la European Network of Social Research del 2007) dice que el Estado debería corregir el fraude fiscal (el porcentaje mayor de la UE-15). Según el informe de GESTHA, los empresarios declaran una renta recibida entre 5.646 euros y 6.346 euros menos que los asalariados. España es el único país donde los empresarios y profesionales declaran menos que los trabajadores.

El segundo informe es un análisis del gasto público en los países de la OCDE, los más ricos del mundo, publicado por una red de investigadores de gran solvencia y prestigio internacional –Francis G. Castles (editor) The Disappearing state?, 2008-. Tal estudio muestra cómo el Estado español es el que gasta menos (0,06% del PIB) en recoger los impuestos (tax collection), 30 veces menos, por cierto, que Suecia (0,32%). Tal información no consta en el informe de GESTHA, aun cuando éste hace una crítica muy dura a la dirección del Ministerio de Economía por la pobreza de recursos (incluyendo inspectores fiscales) que la Agencia Tributaria tiene, así como por las prioridades establecidas para tal Agencia.

Otro informe, contenido en el trabajo de GESTHA, es el análisis de lo que significará la eliminación del impuesto de patrimonio aprobada por el Gobierno español este agosto, cuyos fondos eran asignados a las comunidades autónomas. Según los últimos datos disponibles (los del 2005), tal impuesto significó 1.400 millones de euros, y (en contra de lo que indicó el Gobierno español para justificar su eliminación) es altamente progresivo. Mientras que la mayoría de declarantes pagaban 178 euros o menos, tal impuesto gravaba primordialmente a las grandes propiedades con valor muy superior al promedio declarado (y ello pese al gran fraude que existe también en esta declaración de la propiedad: solo 727 declarantes indicaron tener patrimonio de más de 10 millones de euros, cuando, según las propias fuentes del ministerio, hay 3.299 personas que tienen tal patrimonio).

La eliminación de ese impuesto tendrá dos consecuencias. Una es la reducción de los fondos del Estado. De no eliminarse, esos 1.400 millones de euros podrían ir a cubrir el déficit de gasto público en la financiación de los servicios de dependencia de las comunidades autónomas, que es de 1.200 millones de euros. La otra es el incremento de la regresividad del sistema fiscal, aumentando las desigualdades sociales. En el estudio del análisis internacional del gasto público citado anteriormente, se puede ver que, a mayor desigualdad de renta en un país, (España es, con EEUU, uno de los países de la OCDE con más desigualdades), mayor es el gasto público en policía y seguridad. España es el país, tras EEUU, con mayor porcentaje de tal gasto: 2,1% del PIB, y EEUU, 2,2%. Como contraste, Noruega, 0,9%; Suecia, 1,3%, y Dinamarca, 0,9%, son los países que gastan menos en policía y seguridad y tienen menos desigualdades. Si la desigualdad aumenta, lo hace también el gasto necesario para mantener el orden establecido. Y hay mucho orden que proteger en España.

Vemos, pues, que, si hubiera voluntad política, los fondos para resolver el déficit social de las comunidades autónomas podrían obtenerse. No es un problema financiero o económico, sino político.

Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas (UPF).

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Más de 900.000 viviendas construidas en los años del ‘boom’ inmobiliario están vacías, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 28 agosto, 2008

El espectacular crecimiento de la oferta de viviendas registrado en los últimos años tiene su cara amarga. En un país en el que el precio del metro cuadrado está por las nubes (2.095 euros por metro cuadrado de media para la vivienda libre en el conjunto del territorio), el stock de viviendas vacías ha crecido de forma vertiginosa en los últimos años. En concreto, en torno a las 900.000. O dicho de otra forma, de las 3,5 millones de viviendas que se han construido desde el año 2001, “no menos del 28%” pueden considerarse vacías.

Los datos los acaban de publicar los profesores Bielsa Callau y Duarte Pac (del Departamento de Análisis Económico de la Universidad de Zaragoza) en un publicación oficial, Información Comercial Española (ICE), y ponen de manifiesto hasta que punto la demanda de vivienda en los últimos años tiene un fuerte componente especulativo. Es decir, que se han comprado casas no para ser habitadas sino para obtener plusvalías.

Los datos del informe se han elaborado a partir de una comparación entre el número de viviendas construidas (nuevas) y el de hogares creados en los últimos años, contando para ello como fuente la información que suministra el Instituto Nacional de Estadística (INE) Y el resultado refleja inicialmente que desde el año 2001 se han construido 1,8 millones de viviendas nuevas que pueden considerarse ‘no principales’, ya que en ellas no viven sus propietarios. Los autores del estudio, sin embargo, matizan que buena parte de las casas construidas “son segundas residencias en sentido estricto”, por lo que no pueden considerarse vacías, ya que sus dueños las ocupan de forma esporádica. Según sus conclusiones, en esta situación se encontrarían unas 900.000 viviendas nuevas, por lo que el resto (hasta 1,8 millones) pueden considerarse vacías.

A su juicio, “esto significa que con toda probabilidad hemos aumentado la proporción de viviendas vacías y segundas residencias que había en 2001, pero esta vez con obra nueva”. En el Censo de 2001 -el ultimado de estas características publicado por el INE- ya se hablaba de la existencia de tres millones de pisos (de los casi 21 millones que había por entonces) desocupados por sus propietarios, ya que ni los utilizaban como vivienda principal ni como secundaria. Esto significa que en estos momentos habría unos cuatro millones de pisos sin inquilino.

Para realizar esta estudio, los profesores Bielsa y Duarte no han tenido en cuenta el número de viviendas de segunda mano que han salido al mercado en los últimos años, y que lógicamente han sido compradas (en un número indeterminado) por los individuos o parejas que han formado nuevos hogares. Si se añadiera esa cantidad de viviendas que ha salido al mercado, el resultado sería que el número de casas nuevas construidas desde 2001 que permanecen desocupadas, serían notablemente superior. Según se desprende del estudio, “aún en el hipotético caso de que la totalidad de los nuevos hogares se instalase en una vivienda nueva, habríamos generado un stock de vivienda no principal de cerca de un millón de unidades”.

La sobreoferta de viviendas, según la mayoría de los analistas, es una de las causas del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, toda vez que el desajuste entre oferta y demanda ha ido creciendo de forma cada vez más intenso en paralelo a la subida de los tipos de interés, que ha encarecido el crédito y con ello ha restringido la adquisición de viviendas.

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España, ¿pudo evitar la crisis o al menos suavizarla?, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 28 agosto, 2008

Ya no quedan apenas economías europeas (Polonia y poco más) en condiciones de afirmar que la crisis no va con ellos. España se ha incorporado al grupo de economías afectadas por el frenazo brusco. El Gobierno tiene la tentación, como en otros muchos aspectos de su gestión, de quitarse de encima la responsabilidad y echar la culpa a factores exógenos. Tiene en ello, como no, parte de razón. Pero no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que la gestión que el Gobierno ha hecho de las cuestiones económicas en los dos últimos años, en especial durante la etapa preelectoral, ha contribuido a ensanchar los problemas y a convertir en más penosa, en definitiva en una crisis con toda la barba, lo que podría haber sido una desaceleración en el crecimiento, por acusada que esta fuera.

Los exégetas de la acción gubernamental tienen, en todo caso, una dosis de incienso a su disposición en la medida en que cabe dudar que ningún Gobierno por eficiente que fuera en lo económico, podría haber librado a España de los efectos de la crisis petrolífera ni de las consecuencias, ampliamente difundidas por los circuitos financieros, de la quiebra de todo el artificioso sistema de financiación de las hipotecas basura generadas por la banca de inversión norteamericana y en la que han caído buena parte de los colegas europeos como paganos ilustres de la crisis (UBS, el prestigioso banco suizo, ha sido el más castigado, hasta el punto de que resulta dudoso esperar que vuelva a resucitar de sus cenizas y a recuperar el prestigio de antaño). En todo caso, la banca española sí que ha demostrado una eficiente gestión financiera en la medida en que ninguno de sus integrantes se ha visto afectado, ni siquiera de forma marginal, por estos problemas.

Por lo tanto, hay un indudable impacto negativo de lo acontecido en la economía mundial en la economía española. Otra cosa es que el zarpazo podría haber sido limado de forma apreciable o incluso sustancial. Por ejemplo, si los sucesivos ministros de Industria (primero Montilla, luego Clos) hubieran dedicado algún esfuerzo a preparar al país (con crisis energética o sin ella) para reducir de forma sustancial el elevado peso de la factura energética, asunto que está ciertamente a la mano de nuestras posibilidades en grado importante. Reducir la factura energética y el alto grado de vulnerabilidad de nuestro abastecimiento energético habría dejado a la economía española en una posición de menor vulnerabilidad exterior y con un menor coste gravitando sobre la balanza comercial. Ni Montilla, dedicado más a representar los intereses del lobby catalán en Madrid que a gestionar el Ministerio de Industria, ni el mismo Zapatero, que sigue anclado en unas posiciones sectarias de menosprecio a la energía nuclear, han movido un dedo para solventar esta cuestión. De haber dedicado tiempo y capacidad de gestión a diversificar y reducir nuestra dependencia energética exterior, esta crisis no tendría un componente externo tan gravoso para la economía española.

En la deficiente gestión de la economía hay que anotar también el indebido y muy criticable manejo de algunos parámetros internos. A la cabeza de ellos podría situarse el irresponsable dispendio de recursos públicos en pleno fragor de la batalla electoral. Los periodos electorales son, casi sin excepción, etapas generosas en medidas irracionales desde el punto de vista económico, al tiempo que generosas en gastos que no tendrían justificación en una etapa de rigor. Este año, la campaña electoral ha coincidido, por desgracia para el bolsillo del Estado, con un momento económico delicado en el que hubiera sido deseable que el Ejecutivo diera ejemplo de contención en vez de dispendio.

Aquellas medidas se han llevado por delante, como han anticipado ya los propios portavoces de Hacienda, el superávit del Estado. Han salido algunos medios oficiales a decir que el superávit del Estado no es un asunto sagrado y que en momentos de crisis puede ser perfectamente justificable un exceso de gasto. Lo que no se agrega, y resulta necesario hacerlo, es que el déficit sobrevenido tendría mejor justificación (desde luego así es en lo económico) si fuera destinado a la inversión y no al reparto indiscriminado de primas de adhesión a la clientela política en vísperas de acudir a las urnas.

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Obama: la campaña decomisada, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 28 agosto, 2008

La gran promesa de cambio que hace Barack Obama sufrió un duro golpe recientemente, al recibir el apoyo de Robert Rubin y hace unos meses el de Paul Volcker. Ese tipo de refuerzo no ayuda a pensar en cambios.

Volcker presidió la Reserva Federal (Fed) en los años 70, década en la que Estados Unidos sufrió estancamiento con inflación. Explicando que “las familias estadunidenses tienen que disminuir su nivel de vida”, la respuesta de Volcker fue un incremento a las tasas de interés, que provocó la recesión de 1980-1981 con tasas de desempleo no vistas desde 1933. De paso, esos aumentos desencadenaron la crisis mundial de la deuda, abriendo plaza con México, primero en irse a la moratoria.

Robert Rubin fue secretario del Tesoro en la época de Bill Clinton y después regresó a su querido Citigroup. Desempeñó un papel clave en la crisis mexicana de 1994-1995, asegurando los intereses de sus colegas de Wall Street, entre otras cosas, revirtiendo el riesgo cambiario en el caso de los tesobonos en contra del gobierno mexicano (algo que Guillermo Ortiz aceptó feliz). Pero quizá lo más importante para Estados Unidos y Obama en el contexto de la crisis financiera que hoy explota es el papel de Rubin como arquitecto y activista de la desregulación financiera.

En un excelente artículo en la revista Dissent (www.dissentmagazine.org), Tim Canova, experto en derecho económico internacional, analiza la desregulación bancaria y financiera y sus principales efectos. Su análisis muestra que los préstamos depredadores no son invento de Bush Jr. La verdad es que Reagan y Carter comenzaron el proceso eliminando las reglas X y W de la Reserva Federal, que controlaban los montos y pagos de enganche en créditos hipotecarios y al consumo. Esos controles reducían el riesgo de burbujas especulativas en los mercados de crédito, al impedir a los bancos multiplicar irresponsablemente el volumen de préstamos de alto riesgo. Desgraciadamente, al ganar fuerza la ideología de las bondades de los mercados, estas herramientas fueron consideradas demasiado restrictivas.

Un resultado es que para 1995 el mercado hipotecario subprime ya había alcanzado 90 mil millones de dólares (mmdd) y ese monto se duplicó para 1998. El número de prestamistas hipotecarios en este nicho de mala se multiplicó y algunos de los más grandes estaban afiliados a bancos registrados en la Fed, lo que hubiera permitido controlarlos. Pero Greenspan no estaba interesado en cortar las alas al naciente buitre financiero.

La Reserva Federal mantuvo durante décadas las reglas G, T y U para frenar la especulación en los mercados bursátiles. Esos controles impidieron la creación de burbujas en muchos segmentos del mercado de servicios bancarios y en las operaciones financieras. El análisis de Canova demuestra cómo con Clinton y Rubin las regulaciones y controles fueron remplazados por los “novedosos” sistemas de manejo de riesgos. Esos sistemas tienden a subestimar los riesgos en el contexto de una burbuja especulativa, lo que promueve los préstamos imprudentes. Y el agravante es que, al crecer la burbuja inmobiliaria, los reguladores de la Fed prefirieron no exigir mayores reservas y capitalización a los bancos.

La desregulación clintoniana culmina con la ley de modernización de servicios financieros (1999). Esta nueva legislación revocó partes de la Ley Glass-Steagall de 1933, que establecía restricciones a los bancos comerciales para evitar que se enredaran con aseguradoras, corredurías y bancos de inversiones. De esta forma se evitaba mezclar actividades que requieren una gestión prudencial con las que están más cercanas al riesgo especulativo. La derogación de la Glass-Steagall permitió a los bancos mezclar operaciones, siempre y cuando lo hicieran a través de empresas afiliadas al grupo corporativo.

De pronto los bancos pudieron combinar operaciones y lanzar paquetes de créditos hipotecarios al mercado financiero mundial mediante la bursatilización. Los paquetes burzatilizados eran difíciles de evaluar, aun por los “expertos”. Y el riesgo del mercado hipotecario de mala calidad se desparramó, literalmente, por todo el mundo. La burbuja nació con Clinton, pero le explotó en la cara a George Bush.

La puntilla fue la ley de modernización de los mercados de futuros (2000). Con esta pieza financiera los mercados de derivados quedaron fuera de la pantalla de radar de los reguladores de la Fed. El camino para especulación rampante estaba despejado.

Canova demuestra cómo Wall Street había buscado desde décadas atrás la revocación de la Glass-Steagall. Uno de los que tenía interés personal en eliminar esa legislación es precisamente Rubin. Ahora que Obama lo tiene como uno de sus principales asesores económicos, sus promesas de cambio han recibido un cubetazo de agua fría. Es como si la campaña ya hubiera sido confiscada por el aparato del Partido Demócrata y sus amigos en Wall Street.

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Los gobiernos de España y Colombia de la mano -cómplices- en Afganistán, de Miguel Ángel Llana en Rebelión

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 28 agosto, 2008

Los ministros de Defensa de ambos países, Carmen Chacón y Juan Manuel Santos, se reunieron a primeros de julio en Madrid para ponerse de acuerdo en cómo colaborar en el envío de tropas a Afganistán. Se trataba de “reforzar” militarmente la base española de Qai-i-Naw situada al noroeste de Afganistán.

Ahora, mes y medio más tarde, el gobierno colombiano acaba de enviar a cien “expertos” para ver cómo poner en marcha la participación en la ocupación militar a la que la Comunidad Internacional denomina ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad)

Conviene recordar que Colombia encabeza la lista de los países con más violaciones de los derechos humanos, el de asesinato de dirigentes sindicales y también la de perceptor de ayuda militar de EEUU. También se podría añadir que Colombia, bajo la tutela y ocupación de EEUU, es el país que más amenaza y desestabiliza Latinoamérica.

Es de suponer que algo tendrá que ver el Gobierno colombiano con la situación en la que se encuentra su país y que la “colaboración” prevista sólo es un paso más en la línea de integrar y de “legalizar” las irregularidades con las que actúa el Gobierno y en las viven, sufren y mueren sus gentes, los colombianos.

Lo que sí parece evidente es que el gobierno de Zapatero no podrá dar una explicación convincente de semejante alianza, ni de las razones para continuar con la ocupación militar. La oposición -si la hubiera realmente- tampoco se la exige.

En todo caso se trata de un programa político-militar de injerencia con intereses geoestratégicos cuya misión inmediata a medio y largo plazo es mantener la ocupación y someter por la fuerza a un país, a Afganistán. La situación empeora cada día y los ocupantes, de los que el ejército español forman parte, son responsables directos de acuerdo con el Derecho Internacional.

El pretexto para el envío de tropas es la lucha contra el narcotráfico, la limpieza de minas y las actividades relacionadas con la ingeniería militar.

Resulta trágico que sea, precisamente, Colombia quien vaya a Afganistán -ni a ninguna parte- a luchar contra el narcotráfico y mucho más a poner en orden nada ni a nadie. Y no menos sorprendente es que se utilicen los mismos pretextos y argumentos que los aplicados en la propia Colombia por las devastadoras fuerzas militares de EEUU.

Mientras la tragedia afgana sigue y se incrementa, la producción y exportación de drogas se multiplica (aunque el dinero de su negocio no aparece), la regresión religiosa y represiva del gobierno títere aumenta: la desolación de la zona es inimaginable. Pero claro, todos “los otros” son insurgentes, talibanes, fundamentalistas y terroristas.

El Gobierno de Zapatero y, ahora, su aliado Uribe, sólo pueden con más de lo mismo aumentar esta tragedia, no saben hacer otra cosa.

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De Kosovo al Cáucaso, del Editorial en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 28 agosto, 2008

El pasado lunes la Duma rusa decidió reconocer las independencias de Osetia del Sur y Abjazia –provincias separatistas incrustadas en el norte del territorio georgiano, de población predominantemente rusa o pro rusa– y ayer la determinación fue formalizada por el presidente ruso, Dimitri Medvediev. De inmediato, Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea manifestaron su rechazo a la medida de Moscú y han formulado severas advertencias al respecto: la Organización del Tratado del Atlántico Norte calificó la decisión de “violación directa” de las resoluciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU); por su parte, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, se refirió a la decisión del gobierno ruso como “deplorable”, y afirmó que no contará con el apoyo de los otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

La convalidación a las independencias sudosetia y abjaza no resulta sorprendente; es una medida consecuente con la política del Kremlin hacia esos separatismos caucásicos, acaso acelerada por la escalada militar que tuvo lugar a principios de mes en la región. En efecto, desde que Osetia del Sur y Abjazia declararon sus independencias de facto a inicios de la década pasada, Moscú –que en el discurso afirmaba respetar la integridad nacional de Georgia– alentó y respaldó ambos secesionismos mediante el envío de apoyo militar y el otorgamiento de la ciudadanía rusa a la mayoría de los habitantes de esos enclaves caucásicos. Tal postura es, por otra parte, continuación de las tradicionales aspiraciones hegemónicas del Kremlin en la región, heredadas del imperio zarista. Para Moscú, Georgia tiene un elevado valor geoestratégico, no sólo por haberse convertido en aliada de Washington, sino por ser un territorio de paso obligado para las rutas de hidrocarburos del mar Negro al Caspio y la franja oriental del Mediterráneo.

Visto más a fondo, el reconocimiento de las provincias georgianas como estados independientes forma parte de un proceso desencadenado por las propias potencias occidentales, que no se originó en el Cáucaso, sino en los Balcanes, con la designación unilateral de Kosovo como Estado independiente, formulada en febrero de este año por Washington y Bruselas, en flagrante violación a los principios internacionales de integridad territorial y de no intervención en asuntos internos. Con ello quedaron sentadas las bases para la desintegración de los estados nacionales europeos, más como resultado de injerencias extranjeras y designios geoestratégicos que del reconocimiento del derecho de los pueblos a su autodeterminación.

Adicionalmente, el decidido impulso de los gobiernos occidentales a los regionalismos y separatismos en el este de Europa contrasta no sólo con la posición que han asumido en relación con Abjazia y Osetia del Sur, sino también con el rechazo e incluso la criminalización de otras expresiones independentistas en el viejo continente, particularmente las que se desarrollan en España y Francia. En lo sucesivo, los gobiernos occidentales difícilmente podrán defender con congruencia el férreo centralismo estatal ante las demandas de autodeterminación de vascos, catalanes o corsos. Voluntariamente o no, los gobiernos occidentales han colocado en el centro de la agenda política internacional, de manera ineludible, los reclamos independentistas.

Por lo demás, no puede pasarse por alto que el anuncio de ayer prefigura un ahondamiento de las divergencias entre Moscú y Occidente, y continúa una larga cadena de tensiones en torno a temas como la pretensión de Washington de emplazar un escudo antimisiles en Europa del este, la referida secesión kosovar y el Tratado sobre las Fuerzas Convencionales en Europa, uno de los textos claves que regulan la seguridad en este continente desde el fin de la guerra fría, cuyo cumplimiento fue suspendido por el ex presidente y actual primer ministro Vladimir Putin a mediados del año pasado.

Rusia, aun después de la caída del bloque soviético y del fin del llamado orden bipolar, sigue siendo la segunda potencia militar del mundo, y la perspectiva de un conflicto con Occidente, por indeseable que resulte para la de por sí precaria estabilidad mundial, no puede descartarse.

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