Reggio’s Weblog

Libertad y selva, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Derechos, Educación, Justicia, Literatura, Sociedad by reggio on 27 agosto, 2008

José Luis Pérez Barroso, el marido de la alcaldesa de Esparreguera, ha fallecido como consecuencia del ataque que sufrió el día 17 por parte de tres menores en plena calle de esa localidad. El profesor y periodista Jesús Neira sigue en estado de coma en el hospital Puerta de Hierro como consecuencia de la paliza que le propinó un individuo en Majadahonda el 2 de agosto. La primera víctima, al parecer, había llamado la atención a los tres jóvenes por algo que estaban haciendo en aquel momento. La segunda se enfrentó valientemente a un tipo que estaba agrediendo a su pareja.

Se trata de dos casos graves y sobrecogedores. La moraleja inmediata es que dos ciudadanos han acabado pagando muy caro su alto sentido de la responsabilidad cívica frente a los violentos que viven y actúan según les dicta la sinrazón. El ejemplo admirable de estos dos hombres, solos con su coraje, pone en evidencia que algo básico está fallando diariamente en nuestras ciudades y pueblos. La libertad y la convivencia explotan cuando se acumulan situaciones de este tipo.

A pesar de formar parte de una civilización obsesionada con el control y con la eliminación de cualquier riesgo, cada vez tienen mayor relevancia los actos de violencia extrema, incluso mortal, que surgen gratuitamente en nuestro entorno. Todavía tenemos en la memoria a la mujer a la que quemaron cuando dormía en un cajero o a la chica ecuatoriana que fue agredida en un vagón de los Ferrocarrils. ¿Qué se puede hacer? No hablamos de casos aislados, sino de una tendencia que parece crecer muy rápido. Sabemos perfectamente cómo solucionan las dictaduras y los regímenes similares la ecuación libertad-ordenjusticia. Vivimos en un sistema democrático y ello nos obliga a un permanente autoexamen para que esta ecuación tan difícil no se resuelva nunca con menos libertad. Pero, como nos han enseñado algunos alcaldes de izquierda puestos a gobernar la complejidad más dura (pienso en Celestino Corbacho y otros), no hay libertad real sin un celoso cuidado de la seguridad ciudadana. Que permita vivir con tranquilidad a la inmensa mayoría de la gente que no puede pagarse esa vigilancia privada que sólo está al alcance de unos pocos. Siempre son los más débiles quienes reciben el impacto mayor de esta fractura.

Un espacio público donde la violencia y las actitudes destructivas no acusen una presión firme, inteligente y eficaz del poder democrático es un espacio roto y abocado al fracaso colectivo. Es un espacio que la selva y el miedo roban a los ciudadanos. Los dos casos que hoy son noticia deben invitar a nuestros gobernantes y legisladores a una reflexión urgente y sincera sobre las medidas policiales, legales y sociales que tenemos para afrontar unos fenómenos ante los que las viejas categorías de análisis ya no sirven. Es algo que debe ser prioritario, sin excusas.

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