Reggio’s Weblog

La frustración terrorista, de Ignacio Sánchez-Cuenca en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 26 agosto, 2008

Los grupos terroristas rara vez tienen éxito en su desafío al Estado. Su violencia suele ser una señal inequívoca de su debilidad, de su aislamiento con respecto a la sociedad en cuyo nombre matan.

Según una de las creencias más arraigadas en nuestras sociedades, el terrorismo es fruto de la pobreza y la opresión. Quienes han estudiado estos asuntos saben, sin embargo, que no es así, pues hay multitud de grupos terroristas que han surgido en democracias desarrolladas. De hecho, para algunos autores, la democracia es un tipo de régimen político que da ciertas facilidades para la formación de grupos violentos clandestinos. En efecto, quienes piensan en la posibilidad de coger las armas son muy conscientes de la ventaja que para ellos supone el hecho de que en una democracia haya libertades y el Estado esté sometido a fuertes limitaciones a la hora de ejercer la represión.

En cuanto a la pobreza, las cosas son más complejas de lo que parecen a primera vista. Sabemos que, en general, hay mayor violencia en países pobres que en países ricos. Así ocurre especialmente con las guerras civiles y las guerrillas. En los países pobres, el Estado es débil y tiene pocos recursos para imponer el orden. En consecuencia, los rebeldes o insurgentes pueden organizarse y lograr sin demasiadas dificultades liberar territorio del control del Estado, normalmente en la jungla o en las montañas, donde permanecen a veces por largo tiempo.

En los países desarrollados, en cambio, el Estado cuenta con más medios para frenar a los potenciales rebeldes. De ahí que tienda a haber menos violencia y que, cuando ésta surge, sus autores no tengan posibilidad de robarle territorio al Estado. En esas condiciones, su única opción es formar una organización secreta o clandestina, es decir, una organización terrorista. Parece bastante atinado, en este sentido, el dicho de que el terrorismo es la guerrilla de los países ricos.

Pensemos en los maoístas de los años setenta del pasado siglo. En un país desarrollado como España, se constituyeron en los GRAPO, una organización terrorista pequeña que a lo largo de sus más de 25 años de actividad mató a más de 80 personas. Una tragedia, sin duda, pero incomparable con la de un país menos desarrollado como Perú: allí, los maoístas de Sendero Luminoso consiguieron imponerse en zonas rurales y montañosas, formando una especie de Estado paralelo que desencadenó una terrible guerra civil en la que perdieron la vida más de 70.000 peruanos.

Parece, por tanto, que la riqueza de los países produce menos violencia, aunque la violencia que llega a darse en los países ricos adopta la forma de terrorismo. No habría contradicción entonces entre afirmar que la pobreza genera violencia y que el terrorismo no es consecuencia de la miseria.

En cualquier caso, estas grandes “causas”, como la pobreza o la opresión, no consiguen explicar por qué en unos países ricos surge el terrorismo y en otros no, o por qué unas democracias lo sufren y otras no. Ni tampoco arrojan mucha luz sobre los factores políticos que hacen que algunas personas consideren aceptable empuñar las armas y matar personas.

Es fácil darse cuenta, sin embargo, de que hay una característica recurrente, casi universal, en el terrorismo. Éste surge como consecuencia de un fracaso previo. La violencia terrorista es la respuesta al fracaso de otras estrategias. Hay, pues, un elemento de frustración o de desesperación que es prácticamente consustancial al desafío del terrorismo.

Los inventores del terrorismo moderno, los anarquistas de finales del siglo XIX, eligieron la vía de la “propaganda por el hecho” tras comprobar que las masas no tenían la conciencia revolucionaria que ellos esperaban encontrar. Trataron de organizar insurrecciones en España y en Italia, pero sin éxito alguno. Su sensación de aislamiento con respecto a la clase trabajadora, entonces el sujeto revolucionario, les llevó a adoptar la estrategia terrorista. La soledad y el delirio de los anarquistas quedaron muy bien reflejados en El agente secreto, la novela de Joseph Conrad.

Algo similar ocurrió con los nihilistas rusos de la época. Se trataba de pequeños grupos compuestos por la inteligencia local de las ciudades, que organizaron peregrinajes al campo para implicar a los campesinos en su proyecto de revolución. Sus consignas, no obstante, apenas tuvieron eco. Después de comprobar que el campesinado no estaba por la labor, decidieron actuar por su cuenta, iniciando una campaña terrorista que culminó con el asesinato del zar Alejandro II en 1881.

La oleada de terrorismo revolucionario de izquierdas durante la década de 1970 puede en parte entenderse como la respuesta de los más radicales ante el debilitamiento del gran ciclo de protesta colectiva en torno a mayo de 1968. Cuando se hizo patente que las movilizaciones decaían, los radicales no renunciaron a las aspiraciones de un cambio profundo en las formas de vida y de producción, sino que intentaron realizar esas aspiraciones mediante tiros y bombas. Quisieron compensar con las armas la falta de apoyo social a sus tesis.

Podría parecer, por las ilustraciones anteriores, que esta frustración a la que me estoy refiriendo sólo se da en grupos izquierdistas que quieren llevar a cabo una revolución social. Pero es fácil detectarla también en muchas otras organizaciones terroristas. Incluso en el caso de Al Qaeda, un grupo cuyas características no encajan bien en las categorías existentes, cabe encontrar el mismo patrón. En efecto, Al Qaeda nace como consecuencia del fracaso a la hora de establecer regímenes islamistas. Como ha explicado Stephen Holmes, su éxito se debe a la capacidad que ha tenido para formar una coalición de insurgencias islamistas nacionales que no consiguieron, salvo en Sudán y Afganistán, imponer un orden político teocrático.

De hecho, la experiencia de Al Qaeda no es, en el fondo, tan diferente de la de otros grupos revolucionarios, ya que lo que esta organización pretende en última instancia es la movilización masiva de los musulmanes partidarios del califato, un proyecto no tan alejado del comunista en cuanto a ambición y utopismo. Es la falta de respuesta de la gran mayoría de los musulmanes lo que les lleva a la práctica de un terrorismo especialmente brutal.

El caso de ETA no es muy distinto de los anteriores. En los años sesenta, ETA consideró que en el País Vasco se daban las condiciones para reproducir la lucha popular de liberación nacional de los nuevos Estados que se libraban del yugo colonial. Pronto descubrió, para su pesar, que los vascos no iban a embarcarse en esa aventura liberadora. La llegada de la democracia fue la última oportunidad. Al menos hasta la primavera de 1977, había cierta unidad entre todas las fuerzas nacionalistas y era concebible, por tanto, que las movilizaciones sociales produjeran la ruptura con el franquismo y con España. Por eso hubo pocos atentados mortales entre la muerte de Franco y 1978.

La verdadera ofensiva terrorista se inició a finales de 1977, tras la ruptura del nacionalismo en dos bloques, el encabezado por el PNV y el encabezado por la izquierda abertzale, y cuando cesaron las movilizaciones masivas que se habían producido en el País Vasco en petición de la liberación de los presos debido a la aprobación en el Parlamento de la Ley de Amnistía del Gobierno de Adolfo Suárez en octubre de ese año. ETA sabía que su base social no era suficiente, ni estaba suficientemente movilizada, para lograr los objetivos perseguidos, y por eso decidió embarcarse en una estrategia de guerra de desgaste durísima contra el Estado.

En suma, los terroristas recurren a la violencia porque han comprobado antes que sus reivindicaciones no encuentra el apoyo popular que ellos esperaban. La violencia terrorista, de este modo, es casi siempre el reconocimiento tácito de un fracaso anterior. Partiendo de un fracaso, siendo una salida desesperada, se explica fácilmente que en tantos casos la estrategia terrorista no sirva para conseguir los objetivos que los terroristas persiguen. Los grupos terroristas rara vez tienen éxito en su desafío al Estado porque su violencia suele ser una señal inequívoca de su debilidad, es decir, de su aislamiento con respecto a la sociedad en cuyo nombre mata.

Esta frustración original también debe tener algo que ver con el odio, el resentimiento y el fanatismo que son perceptibles entre quienes practican el terrorismo.

Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

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La crisis que debió evitarse, de Norman Birbaum en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 agosto, 2008

La crisis provocada por la imprudencia de Georgia quizá podría haberse evitado. Los gobiernos de Estados Unidos y Rusia podrían haberse comprometido a contener el problema, en un mundo en el que hay otros muchos mayores. Sin embargo, en la era del espectáculo mundial instantáneo, Bush y Putin han preferido ocupar el primer plano. El acuerdo al que llegaron cuando se vieron en Pekín, fuera el que fuera, pudo menos que las fuerzas que les empujaban al enfrentamiento.

Cuando la Alemania comunista, en 1961, convirtió su frontera en un muro, Kennedy mantuvo la serenidad. Ahora, dijo, Jruschov no intentará apoderarse de Berlín Oeste, y el bloque soviético tendrá que pagar el coste moral de tener aprisionados a sus ciudadanos.

Bush, a pesar de sus opiniones sobre las transgresiones de China en materia de derechos humanos, es incapaz de tener ese tipo de reacción. La geopolítica del alineamiento militar, la necesidad de asegurarse el petróleo de Asia central y las locuras de nuestros ideólogos imperiales hacen que la paciencia (que no es una virtud muy estadounidense) sea imposible. Tanto Bush como Clinton rompieron las promesas que había hecho Bush padre a Rusia. La OTAN ha seguido ampliándose hacia el Este y Estados Unidos se ha introducido a gran escala en Asia central.

Esa situación, permitida por la complicidad de Europa occidental, es la que Rusia está intentando transformar ahora. El país, enriquecido gracias a sus ventas de gas, petróleo y minerales, y revitalizado por el renacimiento del nacionalismo, tiene una visión ecuménica de su pasado y se apoya en el zarismo y el bolchevismo dentro y fuera de sus fronteras.

Saakashvili, el presidente de Georgia, estudió y trabajó en Estados Unidos y su Gobierno ha utilizado los servicios del asesor de política exterior del senador McCain. Pese a ello, al exagerar de forma absurda la capacidad de Georgia y la disposición de Estados Unidos a tener una guerra inmediata, Saakashvili ha hecho a los rusos un favor de valor incalculable.

Si la retórica fuera una fuerza política, una Rusia humillada estaría hoy pidiendo su ingreso en la OTAN. En cambio, los dirigentes rusos se enfrentan a una OTAN más dividida que nunca. Los dos grandes partidos alemanes han reafirmado su compromiso de mantener el diálogo político con Rusia, por difícil que sea.

Como consecuencia, en vez de felicitarse por la alianza militar de Polonia con Estados Unidos, el inteligente ministro polaco de Asuntos Exteriores ha destacado, con pesar, el hecho de que Polonia siempre acaba quedándose sola. El ansia de Sarkozy por ejercer de mediador quizá le ha hecho descuidarse sobre las condiciones del alto el fuego, y ha permitido que Rusia estableciera una “zona de seguridad” que, en la práctica, convierte a Georgia en una réplica en el Cáucaso de lo que es Cuba para los estadounidenses: una fuente de irritación, no una amenaza mortal.

Las declaraciones del ministro británico de Exteriores en Tbilisi no impresionaron a nadie. Es imposible pensar que los Estados bálticos y Polonia, por sí solos, puedan inducir a Europa occidental a desenterrar a Napoleón en los Inválidos, y mucho menos a Hitler en Potsdamer Platz.

La expansión de la OTAN hacia el Este ha sido enormemente beneficiosa a corto plazo para Estados Unidos, al intensificar las divisiones entre Europa occidental y oriental, y anular el posible fortalecimiento de la autonomía europea que habría podido derivarse de la expansión en el mismo sentido de la UE. También ha eliminado, por ahora, la posibilidad de que Rusia entre a formar parte de un orden europeo. Sólo quienes niegan la evidencia y siguen creyendo en la hegemonía estadounidense en el mundo pueden pensar que las posibilidades de caos y conflicto asociadas a la crisis pueden beneficiar a la larga a Estados Unidos o a cualquier otro país.

Mientras tanto, en Estados Unidos, una gran parte de la clase política se ha inspirado en los Juegos Olímpicos y ha llevado a cabo unos ejercicios de hipocresía merecedores de medallas de oro, al denunciar a Rusia por tratar de modificar el gobierno de otro país.

Los medios de comunicación han proporcionado toda una serie de débiles simplificaciones y claras desinformaciones. Hasta hace dos semanas, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses no era capaz de situar Georgia en un mapa, y muchos siguen sin poder hacerlo hoy. Todavía está por ver qué efectos tendrá la crisis en la elección presidencial. El senador McCain, con su declaración de que “ahora todos somos georgianos”, manifestó una belicosidad que, al principio, hizo que el presidente pareciera razonable. Después, tanto él como la secretaria de Estado Rice han alcanzado la misma estridencia que su candidato.

Desde luego, Putin no les tiene miedo, pero los demócratas sí se han aterrado de tal forma que han caído en una imitación obsequiosa. Los asesores de política exterior de Obama le han convencido de que no hay alternativas a la estrategia adoptada por la Casa Blanca. O bien le han convencido de que sería políticamente perjudicial dar la impresión de estar pensando en alguna solución que no sea la capitulación rusa. Un gobierno de Obama, nos dicen, intentaría meter a Georgia y Ucrania en la OTAN. El senador Biden, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y candidato de Obama a la vicepresidencia, ha ido a Tbilisi, no a investigar qué miembro del Gobierno estadounidense empujó a Saakashvili a provocar a los rusos, sino a mostrar su solidaridad con él.

Hay algunas voces que aconsejan reflexión y contención (entre ellas, la del ex director de la CIA John McLaughlin), pero el senador Obama, tras unos pasos muy tentativos en ese sentido, ha cambiado de dirección. Su lema (“Un cambio en el que podemos creer”), en este caso, significa ningún cambio en absoluto.

No estamos en 1914, sino en agosto de 2008. Pero tampoco estamos en octubre de 1962, cuando Kennedy y Jruschov se unieron para impedir que sus asesores y generales pusieran en marcha una catástrofe.

Quizá Bush y Putin habrían escuchado a una Europa independiente y dispuesta a unir a ambos países para evitar traspasar el umbral de la confrontación. Los europeos que creen que ése va a ser su futuro pueden contar con que van a tener que superar pruebas muy duras. Si McCain es presidente, tal vez militarice nuestra política exterior casi por completo.

Si es Obama el que entra en la Casa Blanca, quizá tenga que afrontar una presión implacable para llevar adelante el proyecto imperialista. La crisis en Georgia demuestra que existe una relación política inextricable entre Estados Unidos y Europa. Será todavía más notable a partir del 20 de enero de 2009.

Norman Birnbaum es catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

© 2008 The Nation.

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La gran semana demócrata, de Rafael Navarro-Valls en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 agosto, 2008

TRIBUNA LIBRE

Ahora que la carrera electoral de EEUU llega a uno de sus puntos álgidos, el autor reflexiona sobre la figura del vicepresidente y las candidaturas a la Presidencia

La carrera hacia la Casa Blanca es un camino tortuoso flanqueado de momentos intensos. Dos de esos momentos fuertes se han producido en muy poco tiempo: la designación del número dos de Obama (pronto lo hará McCain) y el inicio de las convenciones de los partidos. Entre Biden (vicepresidente con Obama ) y Denver (sede de la convención) corre la gran semana demócrata.

El nombramiento de Joe Biden como vicepresidente en el ticket demócrata ha sido acogido con expectación. Es una expectación que no mira preferentemente a sus cualidades como posible presidente en caso de renuncia o muerte de Obama. Más bien se especula con la mayor o menor ayuda electoral que pueda prestarle. Baste pensar en las características que, según los analistas, ha de tener el vicepresidente: 1) Que no eclipse la figura del presidente, 2) Que conecte con otro tipo de votantes diversos de los del candidato a la Presidencia, 3) Que esté dispuesto a hacer el trabajo sucio, apareciendo como el malo de la película. Attack dog (perro de ataque), es como se le conoce en el argot electoral. Alguien con escasas capacidades para ser presidente, pero que cumpla estas condiciones, puede llegar a la Casa Blanca.

En una primera aproximación, no parece que sea éste el caso de Biden, de 65 años, católico, senador por Delaware, y un experto en política exterior. Sin embargo, su designación remueve una cuestión que viene inquietando a importantes constitucionalistas americanos. Me refiero a si la figura del vicepresidente, tal como la han configurado la Constitución estadounidense y, sobre todo, su enmienda 25 (10 de febrero de 1967), obedece en realidad a las reglas de juego que deben imperar en una democracia avanzada. La alarma cundió cuando Nixon renunció a la Presidencia y automáticamente el vicepresidente Gerald Ford se convirtió en el 38º presidente de Estados Unidos. Ford, a su vez, designó como vicepresidente a Nelson Rockefeller. De este modo, se produjo la anómala situación de que ni el presidente ni el vicepresidente habían sido elegidos por el pueblo estadounidense.

En todo caso, la Historia demuestra -el actual vicepresidente Cheney es quizá la excepción que confirma la regla- que el número dos suele quedar al margen de las grandes decisiones presidenciales. Durante casi un cuarto de siglo, EEUU ha sido gobernado por vicepresidentes que sucedieron automáticamente a un presidente muerto o dimitido. La gran mayoría, cuando accedieron a la Casa Blanca, ni habían sido preparados por el presidente para el cargo, ni habían tenido un papel activo en las tareas presidenciales ni inicialmente su designación se debió a la posesión de especiales cualidades para el cargo, distintas de sus potencialidades electorales. La pregunta que se hacía Arthur M. Schlesinger, distinguido historiador y consejero especial con Kennedy y Johnson, era: ¿no sería más razonable que desapareciera la figura del vicepresidente y, como en Francia, la renuncia o muerte del presidente diera paso a nuevas elecciones anticipadas que elijan democráticamente al nuevo inquilino de la Casa Blanca?

En mi opinión, la eliminación de la figura del vicepresidente sería una solución demasiado radical que, hoy por hoy, no parece viable sin un complicado cambio en la Constitución. Pero esa corriente de opinión apunta a una cuestión importante que el futuro presidente deberá no olvidar. Me refiero a la necesidad de que su vicepresidente participe en las decisiones importantes. Lo que no es de recibo es que pueda repetirse con Joe Biden -o con el que nombre McCain- lo que contestó Eisenhower a un redactor de The New York Times, después de ocho años en la Casa Blanca con Nixon de vicepresidente: «¿Cuáles han sido la principales cuestiones de importancia de vuestra Administración», fue la pregunta, «en las que ha participado su vicepresidente?». La demoledora respuesta fue: «Deme usted una semana y tal vez pueda encontrar alguna».

La designación del vicepresidente ha de ser confirmada por la Convención de cada partido. Antes, ha de serlo el candidato a la Presidencia. Por eso mismo, ambas convenciones en año electoral son, junto a la Superbowl (final de la liga de fútbol americano) un auténtico espectáculo nacional. Ya lo está siendo Denver, donde acaba de comenzar la Convención demócrata. El día de inauguración -junto a Michelle Obama- dos históricos del Partido Demócrata han compartido protagonismo, aunque haya sido a través de mensajes en vídeo. A la intervención del ex presidente Jimmy Carter siguió el homenaje al senador Ted Kennedy, que se recupera de la operación de un tumor cerebral. Es curioso cómo el tiempo altera los condicionamientos. En la Convención demócrata de 1980 los grandes enemigos fueron precisamente los que ahora actúan juntos en Denver. Carter y Ted Kennedy desencadenaron una guerra cainita para hacerse con la nominación presidencial. Finalmente Kennedy fue derrotado por el presidente Carter, pero en la campaña electoral que siguió a la convención el candidato republicano (Reagan) en buena parte reprodujo los ataques de Kennedy contra Carter. Lo resumía con ironía uno de los asesores de Carter: «Kennedy y Jomeini [en alusión a los rehenes estadounidenses] fueron los responsables de que Ronald Reagan alcanzara la Presidencia».

Los demócratas llevan meses tratando de evitar un escenario parecido, que recuerde demasiado la dura y larga campaña electoral de las primarias. Tanto Hillary como Bill Clinton intervendrán en la Convención en momentos destacados y, tras muchas negociaciones, su nombre será presentado a la nominación y simbólicamente votado. Obama ha torcido el gesto ante esta nueva muestra de poder de la senadora por Nueva York. No olvida que, al comenzar las primarias demócratas, (Iowa, enero de 2008), Hillary iba delante de él nada menos que por 20 puntos. Un milagro de organización permitió a Obama ganar por los pelos a la maquinaria electoral mejor engrasada de la Historia: la de Billary Clinton.

Desde 1984, en el paseo triunfal en el que se convirtió la campaña de Reagan frente a Walter Mondale, ningún candidato demócrata ha llegado a la Convención de su partido con unas encuestas tan apretadas. No conviene olvidar la volatilidad del voto del elector estadounidense. Michael Dukakis, Al Gore y John Kerry aventajaban en verano a sus adversarios republicanos en más de 10 puntos, y los tres terminaron perdiendo. Obama ha visto con sorpresa cómo su distancia ha ido disminuyendo semana tras semana. Su popularidad parece que está empezando a declinar y se han empezado a extender las dudas sobre su capacidad para liderar al país en tiempos de crisis.

En esta situación, las convenciones pueden ser decisivas. En Denver todo se ha cuidado al detalle. Los temas responden al guión de la campaña: capacidad de liderazgo, economía y política exterior. Las intervenciones incluyen al matrimonio Clinton, a muchos de los que han jugado un papel importante en la política estadounidense de los últimos años -desde Howard Dean a John Kerry, pasando por Nancy Pelosi-, y los que sonaron como candidatos a la vicepresidencia: Bill Richardson, Kathleen Sebelius, Evan Bayh. Los ataques a John McCain, al que se presenta como Bush III, también tendrán su lugar destacado.

El evento que más atención ha despertado es el discurso de aceptación de la nominación del candidato a la Presidencia ante más de 76.000 personas en el Invesco Field. Cuando el 29 de agosto Obama pronuncie su discurso de investidura, que coincide con el 45 aniversario del célebre I have a dream, de Martin Luther King, Denver entrará en los libros de Historia. Su discurso será el momento estelar de la Convención. En el estadio de los Denver Broncos, Obama tiene una gran oportunidad para llenar de contenido su atractiva propuesta de cambio. Pero no olvidará que otros candidatos demócratas, abanderados del cambio, fracasaron en el intento: Dukakis, Mondale, McGovern… Tal vez por eso, las expectativas son muy altas. Será el momento de apelar a la clase trabajadora estadounidense, como hizo Roosevelt en su aceptación de 1932, y reivindicar las reformas y la necesidad de mirar hacia el futuro, como hizo Kennedy en 1960. El gran desafío de Obama en Denver será presentarse a los estadounidenses como alguien de carne y hueso, no de papel cuché.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro sobre la Casa Blanca Del poder y de la gloria.

© Mundinteractivos, S.A.

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Gallardón: hacia un nuevo Plan ADO, de Luis María Anson en El Mundo

Posted in Política by reggio on 26 agosto, 2008

CANELA FINA

España se encuentra entre las diez primeras potencias económicas del mundo. Culturalmente nos movemos en un tercer o cuarto lugar. En los Juegos Olímpicos hemos ocupado el puesto 14. Al margen de la euforia que en los hinchas ha despertado alguna de las victorias españolas, el papel de nuestra nación en los Juegos Olímpicos no ha pasado de discreto. Píndaro hubiera dedicado algún epinicio al triunfo de Nadal y tal vez al acoso de nuestros jugadores de baloncesto al inalcanzable equipo de Estados Unidos. Como siempre, entre los comentaristas españoles ha destacado Ignacio Camacho con un soberbio artículo: Semigatillazo en Pekín.

Hemos ocupado el lugar 14 cuando no deberíamos caernos del top-ten. Inglaterra, Alemania, Italia y Francia, nuestros competidores europeos, terminaron por delante como casi siempre. Ucrania, Holanda y Jamaica también nos desbordaron, aparte de los más grandes, sobre todo China que se ha alzado con el cetro del deporte mundial. Asombroso lo que han hecho los chinos deportivamente hablando y en qué poco tiempo. Lo que ha ocurrido en Pekín anticipa que, en unas décadas, China se convertirá en la primera potencia económica del mundo y se desembarazará de la dictadura ya no comunista que recorta todavía las libertades y los derechos humanos.

Total, que euforias e histerismos aparte hemos hecho un papel decoroso en los Juegos Olímpicos, pero sin excesos, entre otras cosas porque no existimos ni en atletismo ni en natación, salvo la artística sincronizada. Como es probable que en el año 2016 los Juegos Olímpicos se celebren en Madrid, éste es el momento de aplicar al deporte español la terapia que precisa.

Carlos Ferrer Salat fue el deportista y empresario que se dio cuenta del ridículo que podíamos hacer en Barcelona 92 y puso en marcha el plan ADO. En el deporte a veces se gana por suerte, en ocasiones por un destello personal. Pero, en general, las victorias deportivas se producen gracias a una estrategia tenazmente llevada a la práctica. Los atletas con posibilidades necesitan despreocuparse de cualquier agobio económico y dedicarse íntegramente a mejorar sus marcas, lo cual exige financiación especial y eso fue el plan ADO, con resultados excelentes en Barcelona 92.

Si Gallardón quiere hacer algo serio, además de ganar para Madrid la celebración de los Juegos Olímpicos de 2016, debe estimular a las autoridades deportivas para renovar nuestro macilento plan ADO. Hay ocho años por delante, tiempo suficiente como ha demostrado China, para optimizar las marcas atléticas. Dinero suficiente y bien administrado es lo que hace falta. Si se pone en marcha un renovado plan ADO, España podría situarse en los Juegos Olímpicos de Madrid entre los cinco primeros lugares del medallero. El azar, la improvisación, la fortuna que presiden la política zapateresca no es de recibo. Se trata de que Gallardón estimule y oriente un nuevo ADO para afrontar el desafío olímpico con seriedad, para que Madrid se convierta en un éxito del deporte español como lo fue Barcelona 92.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.

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Errores de cálculo, de Fred Halliday en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 agosto, 2008

Apiadémonos y socorramos a los georgianos, pero censuremos a sus dirigentes: tal puede ser la única respuesta responsable y realista a los nefastos combates recientes entre Georgia y los rusos y sus aliados de Osetia del Sur. La marea de comentarios internacionales se ha centrado hasta ahora en otra vertiente: los gobiernos occidentales, con acento diverso, se han dedicado a censurar a los rusos por su “reacción excesiva” (como así ha sido, de hecho) y seguirán haciéndolo. Varios dirigentes de Europa del Este se precipitaron a Tiflis a mostrar su apoyo al Gobierno y han acusado a todo el mundo menos a sí mismos, sosteniendo que los dirigentes occidentales se comportan como las voces apaciguadoras de los años treinta, presentando a Gordon Brown como Neville Chamberlain. Entre tanto, críticos de la política de Estados Unidos y la OTAN se dedican a censurar a Occidente por alentar y no contener (según algunos, incluso planificar) el ataque georgiano contra Tsjinvali del pasado 7 de agosto.

Sin embargo, debe señalarse como principal culpable del estallido de esta guerra, que ha matado, desplazado y traumatizado a decenas de miles de personas -sembrando semillas de un nuevo conflicto- a los dirigentes de Georgia, y en primer lugar al temerario y demagógico Mijail Saakashvili. Las causas específicas y las consecuencias de la guerra transcaucásica, una de las varias guerras registradas tan sólo desde el final de la URSS, serán objeto de la atención de otros comentaristas: baste decir aquí que en tanto los rusos han actuado de hecho con arrogancia y brutalidad postsoviéticas, a los georgianos corresponde el papel principal en la escalada del conflicto desde 1991. Como muchos otros antes que ellos, se han dejado intoxicar por una ideología nacionalista -con su vanidad y errores de cálculo correspondientes- bajo cuya influencia han imitado a quienes así procedieron (con resultados comparables) en todo el mundo durante el siglo pasado.

¿Qué factor puede haber conducido a Mijail Saakashvili y a sus asesores a lanzar su repentino intento de guerra relámpago contra Osetia del Sur en la noche del 7 de agosto? Es posible que no lo sepamos nunca, y seguro que los dirigentes georgianos no van a decírnoslo. Pero es evidente que en Tiflis ha tenido lugar un error de cálculo de proporciones monumentales. Se puede arrumbar la afirmación de muchos (incluidos algunos rusos) en el sentido de que fue Washington quien ordenó el ataque: Washington ha buscado congraciarse con Georgia durante algún tiempo, pero ello es muy distinto de afirmar que EE. UU., de forma deliberada, haya previsto, alentado o aun consentido el ataque.

Se observa una marcada renuencia en materia de las relaciones internacionales a creer que, en muchas situaciones, los protagonistas locales -en este caso los dirigentes de Georgia- no gozan de libertad de maniobra ni son responsables de sus actos. Sin embargo, como cualquiera que observe en detalle tales casos descubrirá, los gobiernos locales y los grupos de la oposición suelen proceder con considerable autonomía, manejando cuando no engañando a sus aliados más poderosos. Desde los días de la guerra fría cabe recordar numerosos casos en que países del Tercer Mundo atacaron motu proprio a sus vecinos: Israel atacó a Egipto en 1967 y a Líbano en 1982, Turquía invadió Chipre en 1974, Egipto atacó a Israel en 1973, Cuba envió tropas a Angola en 1975, Iraq atacó a Irán en 1980 y a Kuwait en 1990, por citar sólo algunos casos. Grupos reducidos sin vínculos con estados determinados pueden asimismo influir en los asuntos internacionales: un asesino serbio provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial. No es menester hablar aquí de Bin Laden.

El contexto internacional tiene importancia, pero no es determinante: lo determinante es la lectura de los protagonistas y fuerzas políticas locales de esta situación internacional con el correspondiente cálculo de sus riesgos y posibilidades. En ocasiones aciertan, como cuando Cuba estimó que Washington, magullado por la derrota en Vietnam, no impediría que sus tropas cruzaran el Atlántico para defender a la Angola revolucionaria en 1975. Antes de adoptar esta decisión, sin embargo, Fidel Castro se informó de los puntos de vista del Congreso estadounidense al respecto. De todos modos, la verdad es que los dirigentes no suelen ser tan cautelosos. En el caso de Georgia, registrado este año, conocemos la postura adoptada. Tal vez el equipo de Saakashvili juzgó que Rusia estaría tan absorta en la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín que no reaccionaría. Tal vez juzgó realmente que Estados Unidos y Europa se movilizarían y combatirían en su ayuda.

Si la responsabilidad máxima de los dirigentes democráticos consiste efectivamente en proteger a su propio pueblo, una breve visión de conjunto mostrará claramente lo pernicioso de tal delirio nacionalista en los tiempos modernos. Lo único que cabría decir a favor de Saakashvili es que en lo concerniente a meter la pata yendo a la guerra en Osetia del Sur no está solo. En realidad, no es más que el último ejemplo del grado en que la obcecación de ciertos nacionalistas -llevados por la obsesión de la integridad territorial, la negativa a intentar acuerdos razonables y moderados y la equivocada interpretación de las realidades políticas internacionales- les lleva a infligir terribles sufrimientos a su propio pueblo aparte de reportar una dilatada inestabilidad al país.

Cabe mencionar otros errores de bulto análogos. Tal vez quede alguien con la suficiente memoria y humildad en Corea del Norte para recordar la desastrosa iniciativa del entonces presidente Kim Il Sung de atacar Corea del Sur en 1950, ataque repelido por una rápida reacción estadounidense. Sólo la intervención de “voluntarios” chinos salvó de la aniquilación a Corea del Norte. Otro ejemplo: tal vez los habitantes de Bagdad, en algún momento en que se vean libres de los riesgos y preocupaciones habituales, recuerden los errores de cálculo de su último líder, Sadam Husein, al invadir Irán (1980) y Kuwait (1990). Sin embargo, estos ejemplos recientes no deberían hacernos olvidar el primer error de cálculo clásico (rodeado de aureola romántica) del siglo XX, la rebelión de Pascua de 1916 en Dublín: una fuerza insurreccional nacionalista deficientemente armada fue derrotada (y parte de la ciudad fue destruida) mediante una acción (previsible) de represalia británica similar a la reciente reacción rusa en Tsjinvali y Gori.

Llegados a este punto, puede ser atractivo y tentador subrayar que los errores de cálculo sobre las reacciones de los demás -y sobre la capacidad de las fuerzas propias- no se circunscriben a los países pequeños. Numerosos países importantes han cometido errores similares en los tiempos modernos: los estadounidenses en Corea, Vietnam e Iraq; los británicos en Suez; los franceses en Vietnam, Suez y Argelia; los rusos en Afganistán; los japoneses, italianos y alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Entre las principales potencias del mundo, tal vez los chinos han mostrado la debida consideración por esa mezcla de fuerza militar y juicio político que exige la situación internacional. La diferencia estriba, por supuesto, en que salvo en los casos más extremos – especialmente la Alemania nazi y el Japón imperial-, las mismas grandes potencias han sido capaces de recuperarse de sus derrotas y fracasos y, en amplia medida, siguen adelante con sus sueños de grandeza, cuando no de conciencia de ser imprescindibles. Los pueblos pequeños, por su parte, pagan un precio más alto.

FRED HALLIDAY, profesor de Icrea (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) y del IBEI, Barcelona. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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¿Habrá foto de grupo?, de M. Dolores García en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 26 agosto, 2008

SIN PERMISO

Un descuido, una compañía incómoda, una sonrisa cuando no toca… Una fotografía en cualquiera de esas situaciones puede complicar la carrera de un político. Flaco favor le hizo a Aznar la imagen con los pies sobre la mesa en el rancho de Bush… O a Maragall la idea de fotografiar a un Carod coronado de espinas en una calle de Jerusalén… También hay instantáneas que los políticos persiguen en un un momento dado, pero que acaban por resultar embarazosas al cabo de un tiempo. Como la de Jordi Pujol con Aznar en el hotel Majestic para sellar un pacto que luego chirriaba en plena campaña electoral posterior. Una fotografía puede acarrear a un político contratiempos insospechados, pero aún así se desviven por atraerse el objetivo de la cámara. Porque con las fotos se hace política. Para Zapatero, son un insustituible instrumento político, del que a veces abusa.

Al mismo tiempo, Zapatero conoce la atracción fatal que una foto con el presidente del Gobierno ejerce en otros políticos y sabe que a veces ni siquiera es necesaria la imagen física. Cuando Artur Mas desencalló el Estatut con una negociación nocturna en la Moncloa no se difundió instantánea del encuentro, si bien de tanto como se ha narrado podemos imaginarlos fumando un cigarrillo mientras revisan papeles con los cortinajes del palacio presidencial al fondo. En todo caso, hubo retrato posterior: Mas y Duran flanqueando a Zapatero en la puerta de la Moncloa rubricaron el pacto. Y, sobre todo, hubo una pataleta de ERC, que se quedó compuesta y sin foto.

Mucho se discutió entonces sobre si los partidos catalanes habían actuado con cicatería en aquella negociación estatutaria, barriendo para sus propios intereses. Zapatero apareció como el taimado negociador que logra dividir al bloque adversario seduciendo a uno de los componentes. Así que, cuando la semana pasada ICV se avino a complacer al presidente, evitando su comparecencia en el Congreso para explicarse sobre la financiación catalana a cambio de una prórroga negociadora de tres meses, el paralelismo con el Estatut se hizo evidente. El líder de ICV, Joan Saura, quería aparecer como el titán que doblegaba la cerviz del Gobierno central con el plazo de tres meses, cuando todo ello no era más que una maniobra para hacer de la necesidad, virtud. ERC, que se enteró por la tele de los flirteos de Saura con De la Vega, montó una escena de celos. Por su parte, CiU se esfuerza por aparecer como la abanderada de la delegación catalana y no como comparsa de Montilla.

En estos meses de negociación financiera abundarán las proclamas por la unidad, pero unos y otros se mirarán de soslayo por si algún listo quiere atribuirse méritos o desligarse de posibles fracasos. Sólo el PSC tiene la imperiosa necesidad del acuerdo. ERC, ICV y CiU se vigilan de reojo por si uno de ellos decide no salir en la foto y arrogarse en exclusiva el papel del catalán ofendido. Zapatero lo sabe y procurará que no haya foto de grupo.

Zapatero seduce al PNV

Josu Erkoreka, portavoz del PNV en el Congreso, insiste en mostrar su disposición a apoyar los Presupuestos del Estado. Entre los parlamentarios socialistas no pasa desapercibido que un sector del PNV prefiere un pacto con el PSE en el País Vasco tras las próximas elecciones y que para ello Ibarretxe es un problema. Y ven en la actitud solícita de Erkoreka sus esperanzas de tener un papel relevante en el futuro Ejecutivo vasco.

La Almudena y la Diada

Los diputados catalanes en el Congreso volverán a perderse el 11 de Setembre en Catalunya, pero este año será para adecuar el calendario de la Cámara baja a la festividad de la Comunidad de Madrid. El primer pleno debería empezar el 9 de septiembre, pero como ese día se celebra la Almudena, se ha aplazado al 10. Como los plenos se prolongan durante al menos dos días, los diputados catalanes en Madrid no podrán ir a los actos de la Diada en Catalunya. Disfrutarán del puente madrileño, no del catalán.

Kosovo sí, Osetia no

Cuando Kosovo votó su independencia, los líderes de ERC aprovecharon para defender el derecho de autodeterminación y establecer paralelismos con Catalunya. En cambio, no han hecho tanto énfasis en el caso de Osetia del sur. ¿Acaso los osetios no tienen el mismo derecho a decidir su asimilación a Rusia?

mdgarcia@lavanguardia.es

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La quiebra de la sanidad en Asturias tiene muchos sumandos, de Juan Vega en su Blog

Posted in Asturias, Economía, Sanidad by reggio on 26 agosto, 2008


Mapa en el que se aprecia la impresionante operación inmobiliaria que motivó el traslado del HUCA y la consiguiente quiebra de la sanidad asturiana

El modelo de control social implantado por el poder político, con el impulso a la creación de grupos de profesionales especializados, como los de la ecología, que se adueñan de estados de opinión colectivos, reduciendo las reivindicaciones medioambientales a estrechos círculos y capillas que preñan de ideología sectaria y excluyente el anhelo colectivo de un mundo más limpio, sano y seguro, también se materializa en la profesionalización de otras correas de transmisión de la partitocracia, como son por ejemplo, los representantes de los consumidores y usuarios.  En el fondo ninguna novedad.

Es un interesante mecanismo de manipulación, que maneja muy bien la izquierda, y que habitualmente utiliza, no sólo para controlar a la sociedad, sino que también le resulta muy útil para machacar a la derecha, y así evitar el efecto salutífero de la alternancia política. Aquí en Asturias, no hay problema, porque la derecha ya trabaja para la izquierda, con lo que en nuestro caso eso ni se plantea.

Hace ya mucho que este invento de ingeniería social se aplicó en masa al control de las asociaciones de vecinos, tan activas en la Transición, que fueron ocupándose progresivamente por “activistas” que excluyeron inmediatamente a los ciudadanos sin prejuicios retribuibles, de la noble labor de ejercer de freno de los abusos de la clase política, para convertirse en actores secundarios del sistema, algo que en el caso concreto de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Gijón -por poner un caso clamoroso-, llegó incluso a materializar la creación de todo un entramado de promoción pública de vivienda, mediante cooperativas ligadas directamente a empresas que generan financiación para los partidos políticos, casos de los que hemos detectado ejemplos clamorosos que se encontraban ocultos por un velo de “servicio público”.

Cuando descubrimos el entramado del Grupo Progea, nos encontramos con una nueva especie de sinvergüenzas, que hasta entonces nos resultaba inconcebible, que llenaban los bolsillos a costa del sueño de tantos ciudadanos por contar con una vivienda digna, que públicamente presentan su depredadora tarea, como un acto de servicio a los “más desfavorecidos”.

Pero hay mucho más.

Resultaría prolijo, cuando no asombroso, hacer un repaso al sórdido mundo de las “onegés”, en donde se produjo un desembarco similar al de la ecología, los consumidores y los vecinos, para desplazar a los religiosos y religiosas, que tradicionalmente se habían ocupado de gestionar el sentimiento cristiano de la “caridad”, para transformarlo en el negocio profesional de la “solidaridad”.

Del misionero pasamos al “oenegero”.

Si nos adentramos críticamente en la farsa de la “cultura”, la tarea de denuncia de todo tipo de saltimbanquis dedicados a la organización de “performances”, “environements”, “teatro dentro del teatro”, “música atonal”, “escultura informal”, “literatura del absurdo”, “poesía automática”, y otras fantasías no menos subvencionables que las ecológicas, las del consumo Las obras de Prados de la Vega, van a buen ritmoo las “solidarias”, se podría generar un paro tan atroz en los países occidentales, que caeríamos en la cuenta de que estamos hablando de una auténtica reconversión del negocio de sobrevivir, en una sociedad en la que el “activismo” ha sustituido a la religión, como mecanismo de acceso a un empleo, e incluso, en algunos casos, a la riqueza, con todo su corolario de fanatismo e irracionalidad, que hace innecesario justificar nada, con tal de que haya palabras con las que definir estas nuevas formas de buscarse la vida.

Desde que el mundo es mundo hubo hechiceros que amenazaron con los más terribles castigos a quienes cuestionasen la trascendencia de la superchería hecha profesión.

Al que denuncia este perverso mecanismo se le llama “hijoputa”, aquí en las Áreas Tribales de Paquistan, y ya está. Ya no hay nada más que hablar.

Se trata, al final, de un mecanismo generalizado en un mundo en el que se han derrumbado las ideologías, los espacios vacíos se llenan y la militancia revolucionaria cedió su espacio a los nuevos hechiceros; por eso estas nuevas profesiones se asocian históricamente a la izquierda, y por eso también, su actividad deja un poso de frustración y fracaso, cuando no de estafa pura y dura.

De ahí esa brutal marea de tartufismo desvergonzado, que alienta la creación de empresas ideológicas que explotan los sentimientos más nobles de la gente, para crear una casta burocrática de nuevos chamanes que nada explican, porque nada tienen que explicar, dado que lo inexplicable no tiene explicaciones.

Lo mejor, en tan gruesa marejada, es ir a los ejemplos concretos, que tenemos tan cercanos, para ver su desarrollo en asunto tan serio para todo el mundo, como es el de la salud.

¿Dónde están ahora los “consumidores y los usuarios” para exigir que se aclaren las cuentas de las operaciones inmobiliarias desarrolladas al calor del imparable movimiento especulativo, impulsadas desde la administración con los más absurdos pretextos, siempre revestidos con la retórica de la “solidaridad” y defendidas públicamente con la seriedad del burro?

Un colectivo “de izquierdes”, la Plataforma por un Hospital Necesario, se constituyó en su día, con la insana misión de hundir las cuentas públicas del Principado de Asturias, justificando el derribo del Hospital Psiquiátrico de la Cadellada, para construir sobre sus ruinas un nuevo hospital, con el pretexto de que donde está el que todavía hoy presta sus servicios, había un colapso de las comunicaciones, que los edificios estaban viejos, y que no se podían arreglar, como se hizo en tantos otros sitios donde predominó la razón y el sentido común, sobre la codicia de quienes en Asturias impulsaron esta locura.

A nadie parecía importarle entonces la segura quiebra económica que se produciría inevitablemente a causa de tan desquiciada operación. La prueba de su culpabilidad es su actual silencio, que contrasta con la elocuencia de entonces.

Derribada La Cadellada, y una vez construído el nuevo hospital, estos colectivos “de izquierdes” justificaban que se derribase a su vez todo el complejo sanitario de El Cristo, para que allí se especulase también lo que hiciese falta, sin tener en cuenta que el mercado inmobiliario se saturaría, lo que haría finalmente inviable la operación. Hace mucho ya que los profesionales “de izquierdes” no se asustan ante la especulación. Es un fenómeno natural, siempre y cuando los que tienen que cobrar, cobren su propio cachín.

La quiebra orquestada desde la Cadellada no se va a poder financiar con las “plusvalías” de El Cristo, porque en El Cristo no va a haber plusvalías, porque ya no hay ciudadanos a los que vaciar los bolsillos con estas atroces operaciones. Todos estamos endeudados mucho más allá de los límites que podemos soportar, con lo que no hay compradores para más pisos.

Se acabó. Fin. The End.

Naturalmente, quienes hicieron desde el poder todas esas atroces cuentas, con el impagable auxilio de sus propagandistas “plataformados”, en ningún momento imputan a la quiebra que se está fraguando, los costes de urbanización y comunicaciones del enorme solar generado al lado del nuevo hospital, en el que se encuentran implicadas poderosas empresas -esas no son ni “de izquierdes” ni “de dereches”- que, una vez expropiados los terrenos, y con los costosísimos enlaces que comunicarán la zona en marcha, no se van a resignar a sufrir a su vez una quiebra en sus propias cuentas, ante el derrumbamiento del mercado inmobiliario, por lo que aún sacarán mucho más dinero de todo lo que se ha despilfarrado y malversado hasta el momento, para financiar la conversión de todo lo que allí se construya en “viviendas sociales”, y así evitar la ruina de tan loca operación.

Nuevamente la “solidaridad”, servirá como retórica eficaz para consolidar el latrocinio descarado. Más dinero público a sumar a la magnífica operación del nuevo hospital de La Cadellada. Una vez más salvaremos a los promotores de otra quiebra, invocando el “auxilio social”.

Pero mientras este camino hacia el infierno presupuestario sigue su curso, empiezan a llegar malas noticias. Se acabó la pasta. Madrid no va a dar más, sino menos. Hay crisis económica. Ya no se vende un piso y encima hemos aprobado el Estatuto de Cataluña, y los “de izquierdes” ya llegamos al orgasmo de apoyar a la vez a los que se quieren quedar con más dinero en Cataluña y a los que desde fuera de Cataluña quieren que Cataluña no se quede con ese dinero, como es el caso del no va más de la esquizofrenia ideológica, el simpar Gaspar Llamazares.

Es el momento de preguntarse, invocando el incunable de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin: ¿qué hacer?

¿Avanzaremos resignados hacia la catástrofe del sistema sanitario público y contemplaremos felices como se privatiza la sanidad, mientras se habilitan nuevos fondos para financiar los pisos de La Cadellada y El Cristo como “viviendas sociales” mientras a los ciudadanos se niegan las medicinas? ¿Seremos capaces de acptar que se eche la culpa de esta catástrofe a los sueldos de los trabajadores de la sanidad? ¿Asistiremos a un suicido colectivo de los grupos de profesionales “de izquierdes” que han justificado e impulsado este catastrófico estado de cosas?

El caso es que aquí hay necesidades perentorias, y los ciudadanos, que nada saben de la soterrada labor de toda esta caterva, tendrán que defenderse, ante el colapso de los pilares sobre los que se asienta el sistema público que cuida de nuestra salud, nuestra educación, y de las situaciones sociales y familiares de más perentoria solución.

En la Cadellada hay muchas promociones, aparte de Prados de la Vega

Hay otras muchas otras promociones, aparte de Prados de La Vega, en La Cadellada

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¿Nucleares? No, ni gracias, de Javier Ortíz en Público

Posted in Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio on 26 agosto, 2008

No paran de aparecer artículos de prensa y de emitirse programas de radio y televisión que tratan de convencernos de que estamos llenos de prejuicios bobos sobre la industria nuclear.

No quiero simplificar. Sé que es de justicia distinguir entre aquellos que expresan esa opinión honradamente, porque así lo ven, y los que se sueltan ese rollo porque cobran de las eléctricas para hacerlo.

En todo caso, puedo asegurarles a ustedes que las multinacionales (y nacionales) de la industria nuclear se dejan una pasta gansa año tras año para que ese idea no desaparezca del primer plano de la actualidad.

Y también puedo asegurar que el debate está mal planteado. Deliberadamente mal planteado.

La cuestión no es si la industria nuclear, en general, podría ser de mayor o menor utilidad, bien controlada y puesta al servicio desinteresado de la Humanidad, sino determinar los peligros que tiene esta industria nuclear (la industria nuclear realmente existente), que ni está debidamente controlada ni está puesta a más servicio que el de sus ejecutivos y accionistas.

La producción de energía por vía nuclear, considerada en abstracto, presenta ventajas innegables y desventajas bien conocidas. Sabemos que afecta mucho menos a la atmósfera que el consumo de combustibles fósiles, nos consta también que aún no se ha encontrado un modo inocuo de deshacerse de los residuos que produce la fisión nuclear, etc. Vale. Pero todo eso, que debería ser lo principal, es secundario, porque de lo que estamos hablando no es de qué conviene o no conviene a la colectividad, sino de qué da más o menos beneficios a unos señores con muchísimo dinero y aún más influencias. Influencias también sobre los organismos estatales encargados de vigilarlos.

Bastantes de ustedes habrán visto la película El síndrome de China. Ayer, según leía las noticias sobre cómo los servicios de seguridad de Vandellós II trataron de impedir la entrada a los bomberos de la Generalitat tras el incendio que se produjo en la central, pensé que, una vez más, la naturaleza imita al arte.

Hacen con nosotros lo que les da la gana. Y los que no aplaudimos, bostezamos.

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Cisma confesional en los funerales oficiales que se realizarán por las víctimas de Barajas, de Daniel Forcada en El Confidencial

Posted in Política, Religión by reggio on 26 agosto, 2008

El eterno descanso de las víctimas de Barajas no pone de acuerdo a los familiares de los afectados. El sepelio católico que tendrá lugar el próximo 1 de septiembre no tendrá la etiqueta de funeral de Estado, pero reunirá en la catedral de la Almudena, entre otros, a la Casa Real, a representantes del Gobierno y al alcalde de Madrid, cuyo ayuntamiento es el encargado de organizar la ceremonia junto con el Arzobispado. En definitiva, un solo acto solemne para despedir con todos los honores a los 154 fallecidos, entre los que se encontraba Rubén Santana Mateo, un pastor evangélico de Tres Cantos, o varios hindúes. Oficiará por todos ellos el cardenal de Madrid, Antonio Rouco Varela.

A cada tragedia con resultado de muerte ha seguido siempre en España un funeral católico de Estado. Algo que, de seguir así el próximo lunes, supone “añadir al ya intenso dolor de la tragedia sufrida un menosprecio a los sentimientos de muchos de los ya fallecidos y de sus familiares”, según ha manifestado en un comunicado la Alianza Evangélica Española. “Si se perpetúa este acto religioso monoconfesional oficial para el conjunto de las víctimas supondría no sólo un monopolio religioso, sino aplastar la dignidad de muchos ciudadanos en un momento de máximo sufrimiento personal”, añaden.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta a su primera prueba de fuego en su anunciado deseo de avanzar en la laicidad del Estado, definido como “aconfesional” por la Constitución española. El propio presidente no acudirá al sepelio al encontrarse ese mismo día en la cumbre de la UE convocada por Nicolás Sarkozy. Pero aunque el Ejecutivo aclare que no se trata de un funeral de Estado, resulta difícil diferenciar esta ceremonia de otras que hasta ahora sí lo han sido.

Así lo cree Victorino Mayoral, ex diputado socialista que lleva años abriendo camino dentro de su partido para avanzar en laicidad y acabar con las ceremonias religiosas de Estado. “Se debería haber hecho caso a la petición de otras confesiones y resolver el problema de otra manera para no dar la sensación de que hay una religión oficial en nuestro país”, explica. “Además, la Iglesia Católica mantiene, en su más alto nivel, un diálogo ecuménico y plural con otras confesiones, por lo que podría desarrollarse un acto multiconfesional. El fondo de la cuestión es que en un estado laico no debería haber ceremoniales religiosos de ningún tipo. El Gobierno no debería organizar un funeral de Estado, ni amparar la sensación de que hay una religión oficial”.

Un problema que se repite “vez tras vez”

El asunto no parece ser tema baladí para las víctimas no católicas de la tragedia de Barajas, que se sienten en inferioridad de condiciones al lado de la todopoderosa madre Iglesia. Mientras, los familiares de la única víctima evangélica despidieron el pasado viernes a Rubén Santana en un oficio religioso celebrado en el tanatorio de Tres Cantos al que no acudió ningún miembro del Gobierno. Tampoco fueron invitados: “No tenemos una relación tan fluida con La Moncloa como la puede tener la Iglesia Católica”, explica Pedro Tarquis, portavoz de la Alianza Evangélica. “Si el funeral de la Almudena sólo fuera para los católicos, me parecería correcto, o si las autoridades no asistieran, también. Pero el problema es que está situación se repite vez tras vez. Hasta cuando han muerto militares evangélicos se ha oficiado un funeral de Estado”, añade.

El Arzobispado se excusa argumentando que es un acto organizado únicamente por ellos, como las misas que estos días se están celebrando en diferentes parroquias de la capital. Pero Pedro Tarquis cree que “de facto y a nivel extraoficial” se trata de un funeral de Estado. “Se alega que España es mayoritariamente católica y que por eso debe ser así, pero la igualdad no es algo que se mida por un criterio cuantitativo, sino cualitativo. Tras el 11-S en Nueva York se realizó una ceremonia pluriconfesional con representantes de todas las confesiones de las víctimas. Y pasó lo mismo tras el atentado de Casablanca, pese a que Marruecos sea un país musulmán. España, en este sentido, va mucho más retrasada que otros países”, explica.

El PSOE dio marcha atrás en su último Congreso

El partido Socialista estuvo a punto de aprobar, en su último Congreso de julio, la supresión de los funerales de Estado. Fue propuesto en una polémica enmienda avalada por la dirección, pero que Zapatero paró en seco en el último momento. Argumentó entonces que las familias afectadas prefieren que sus seres queridos sean despedidos con solemnes actos religiosos. Y, como añadió después Ramón Jaúregui, secretario general del grupo socialista en el Congreso, porque “la laicidad no tiene constituida una liturgia alternativa”. “Argumentos poco válidos”, según Victorino Mayoral, quien cree que el problema es que los representantes políticos avanzan mucho más lentamente que la sociedad: “Se trata de ir poniendo en marcha el contenido aconfesional de la Constitución”, concluye.

De momento, y a la espera de conocer más detalles, los únicos actos oficiales de carácter ecuménico o “multiculutural” previstos son los que podría desarrollar el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canarias, tal y como anunció la semana pasada su alcalde, Jerónimo Saavedra. Será, en todo caso, un acto que se desarrollará sin perjuicio del funeral que tendrá lugar en la catedral de Las Palmas el día 30 y al que asistirán también miembros de la Familia Real y del Gobierno socialista.

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Cuatro días de guerra, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 agosto, 2008

El teniente general Anatoly Jrulev, que mandaba el 58º Ejército ruso que invadió Osetia del Sur el 8 de agosto pasado, resultó herido a causa de lo que, en opinión de un compañero de armas que le precedió en el mismo puesto, fue una muestra de incompetencia.

El caso es que decidió trasladarse a Osetia del Sur formando parte de un convoy muy escasamente protegido y en el que viajaba un amplio grupo de periodistas provistos de teléfonos móviles. Parece comprobado que los servicios de interceptación electrónica del ejército georgiano, suministrados por EEUU -que mantiene en el país un nutrido número de asesores militares-, detectaron el movimiento de la columna, que fue atacada sobre la marcha.

Los cuatro días de la breve guerra ruso-georgiana han empezado ya a ser sometidos a la lupa examinadora de los especialistas militares de todo el mundo, para analizar algunos aspectos de interés que permitan reflexionar sobre lo ocurrido y extraer conclusiones para futuros conflictos.

Los grandes y pretenciosos telescopios intelectuales orientados hacia la guerra del futuro, esa guerra universal contra el terrorismo que patrocina Washington y que ahora va a desplegar en Polonia sus misiles antibalísticos, han tenido que reducir humildemente sus aumentos y observar un poco más de cerca. La guerra ha vuelto a ser, por unos días, cosa de soldados, aviadores y marinos, tanques, aviones, lanzacohetes, cañones y buques de guerra. Y, necesariamente, también de poblaciones que emigran aterrorizadas ante las explosiones que se aproximan, ciudades arrasadas, caminos y carreteras intransitables, campamentos de refugiados… Todo eso, sin dejar de lado odios y venganzas entre pueblos que se observan con desconfianza, milicias y formaciones irregulares que toman la justicia por su mano y sentimientos nacionalistas exacerbados que agravan las condiciones, ya de por sí violentas, de cualquier enfrentamiento armado.

Rusos y georgianos, dejando aparte el aspecto propagandístico que induce a exagerar los triunfos y ocultar los fracasos, analizan ya los más ostensibles errores cometidos. Aunque esos análisis todavía no sean públicos, no es difícil anticipar algunas de sus conclusiones más obvias.

Se ha informado de que por ambas partes -aunque con más intensidad y eficacia por parte rusa- se recurrió a operaciones de otra naturaleza en apoyo de las acciones propiamente militares por tierra, mar y aire: se utilizaron ataques a las redes de Internet y se recurrió al empleo sistemático y generalizado de la propaganda de guerra en los medios informativos de ambos países.

Parece evidente, además, que el mando militar ruso ha aprendido de operaciones anteriores, sobre todo de los bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia y de los errores cometidos en la represión contra la rebeldía chechena. De esta última campaña se extrajo la conclusión de no utilizar soldados inexpertos en las primeras líneas de combate, sino recurrir a las mejores tropas de elite disponibles en el momento, como así ha sucedido.

También por parte rusa se ha puesto de relieve el atraso en los medios de guerra electrónica, la incompleta información sobre las intenciones del enemigo y las concentraciones de sus fuerzas, y la falta de eficacia de las fuerzas aéreas, que sufrieron pérdidas desproporcionadas ante la menguada defensa aérea georgiana. Como casi siempre, las primeras quejas procedentes de los mandos militares se centran en la inadecuada distribución de recursos, que algunos opinan que se canalizan preferentemente hacia las fuerzas estratégicas nucleares, en detrimento de las fuerzas convencionales.

En Georgia predomina el debate político sobre el técnico y militar. Se critica al Gobierno la dirección estratégica de la ofensiva inicial, la definición de sus objetivos y la mala conducción de las operaciones cuando éstas no respondieron a las expectativas planeadas. Se reprocha a los asesores estadounidenses, que hace ya algún tiempo trabajan con los militares georgianos, su obsesión por las acciones antiterroristas pero su descuido hacia los elementos esenciales del combate terrestre ordinario. Se resalta también el desconcierto que se adueñó de la cadena de mando, en cuanto fueron destruidos algunos centros de comunicaciones, y la falta de planes alternativos que redujeran el caos producido por la derrota militar sobre el terreno.

La guerra de los cuatro días entre Rusia y Georgia obligará a revisar algunos conceptos militares, pero su principal repercusión será, sin duda alguna, la que produzca en el cuadro de las relaciones internacionales a nivel mundial, donde todavía no es posible valorar el alcance de sus efectos en los muchos aspectos afectados por tan breve pero intensa campaña.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Territorialidad de la lengua, de José Luis Orella Unzué en Gara

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 26 agosto, 2008

La asimetría de las lenguas es una de las realidades resultantes de los conflictos de vasallaje y de extermino racial generados en la historia por descubridores y conquistadores. La asimetría de las lenguas tiene dos aspectos que deben ser considerados. El primero se centra en el origen de la asimetría y el segundo en la convivencia en respeto de la vida de los ciudadanos con asimetría lingüística.

Todos los seres vivos, individual y colectivamente marcan la extensión de su dominio y luego lo defienden con uñas y dientes. También los hombres lo hicieron aun antes de que se inventaran las lenguas. La extensión del dominio de los autóctonos naturales dejó su constancia principalmente en el uso, la costumbre, es decir, en el derecho. El derecho coordinó el instinto y la fuerza.

Pero cuando las familias y las tribus comenzaron a entenderse y a repartirse el territorio, además de la fuerza bruta utilizaron como instrumento de mutuo entendimiento el lenguaje. Y las lenguas marcaron su dominio territorial a través de la toponimia. El poder de un pueblo lo mismo que el uso de una lengua por los habitantes de un territorio puede avanzar o retroceder, pero es en concreto la toponimia la que marca los linderos del antiguo territorio que los naturales del mismo siempre pueden reclamar ante la imposiciones de los tardíos conquistadores.

Ante aquellos que afirman en el «Manifiesto por la lengua» que sólo los individuos son los portadores de derechos hay que reafirmar dos cosas: en primer lugar que los firmantes del manifiesto, con petición de principio, parten del supuesto de que existe una lengua común en el territorio español y en segundo lugar que existen otras realidades que generan obligaciones en los hombres y que por lo tanto deben ser considerados como derechos inducidos.

En efecto, según Peter Singer, profesor de bioética de la Universidad de Princeton, el 25 de junio de este año, en una votación histórica, la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento español, declaró su apoyo al Proyecto del Gran Simio, una propuesta para dar derecho a la vida y la libertad y proteger de la tortura a nuestros familiares no humanos más próximos como los chimpancés, gorilas y orangutanes.

Por lo tanto si el uso del español es un derecho territorial, también lo es territorial el uso de otras lenguas como el catalán, el gallego o el euskara. Igualmente existen realidades naturales y sociales que son portadoras de derecho como los animales, la ecología, la naturaleza y el medio ambiente entre las primeras y entre las segundas las etnias, las tribus, los pueblos y las naciones.

El mundo moderno, nos dice Enric González, se organizó sobre el concepto de las naciones. Sin la nación y el nacionalismo, y sin el sustrato antropológico de la patria, el estado quedaría reducido a su función primitiva y esencial: la coacción. Un estado así de feo, desprovisto de sus atributos sentimentales, no tardaría en hundirse. El Estado español necesita de la realidad de nación y si no quiere ser pura coacción, también de las naciones que lo conforman. Y aunque se prohíban en las Olimpiadas las manifestaciones políticas, no existe un gesto político más rotundo, esencial y diáfano que abrazarse a una bandera. Y eso es lo que hacen en Pekín los españoles imponiendo la existencia de una única nación. Y esto es lo que se niega aquí o en Pekín a los miembros de otras naciones.

Si pasamos ahora a la racionalidad con la que debe ser tratada la asimetría lingüística podemos afirmar que el manifiesto de la lengua de ciertos intelectuales españoles es la mejor demostración de la continuidad impositiva con la que actuó en su historia el Imperio español y ahora la Constitución de 1978.

Dos conclusiones: Es falso afirmar como lo hace el manifiesto que «son los ciudadanos los que tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas». Estos señores que saben imponer un derecho lingüístico territorial por medio de la Constitución, no son capaces de aceptar la existencia de derechos territoriales de las otras lenguas.

Todos tienen que salvaguardar los derechos inducidos de los animales, de la naturaleza, de la ecología, y del medio ambiente. E igualmente las lenguas minoritarias generan unos derechos inducidos de territorialidad al menos dentro del paisaje en el que nacieron y se desarrollaron, tal como lo testifica la propia toponimia.

Las lenguas minoritarias americanas, lo mismo que la lenguas asimétricas del Estado español, son depositarias de un respeto y de unos valores que generan unos derechos que no pueden ser alegremente olvidados, sin caer en una sanción penal como de lesa humanidad.

¿No será ésta una de las razones que moverá también a la Audiencia Nacional a llevar dicha Constitución española de 1978 ante los tribunales internacionales por no respetar los derechos reales e inducidos de otros sujetos jurídicos?

José Luis Orella Unzué. Catedrático senior de Universidad.

Allende, ayer y hoy, de Carlos Fazio en La Jornada

Posted in Historia, Internacional, Política by reggio on 26 agosto, 2008

Madrid. Hace unos días, en El Escorial, uno de los símbolos del nacional-catolicismo español encarnado por la dictadura de Francisco Franco, tuvo lugar un seminario sobre El pensamiento vivo de Allende. Desde distintas ópticas, un grupo de académicos y periodistas, convocados por la Universidad Complutense y La Jornada, analizamos la vida y coherencia política del dirigente chileno Salvador Allende, principal constructor de la vía pacífica al socialismo que culminó en 1973 con el golpe de Estado del general Augusto Pinochet.

Como apuntó con certeza Pablo González Casanova, “el pensamiento vivo de Allende no es lo que pensaba Allende; es lo que piensan los chilenos hoy”. Y en parte, eso tiene que ver con la distorsión de la memoria. Con la inconsecuencia entre el discurso y los hechos. Con las diferencias entre el país formal y el Chile real. Pero también con el “empobrecimiento” de palabras como liberación, democracia y socialismo, desprovistas de su sentido humanista, anticapitalista y antimperialista por políticos y parlamentarios neoliberales que se dicen socialistas.

Allende entendía la democracia como participación. “La democracia se vive, no se delega”, decía. Y como político en campaña pugnó siempre “por conciencias que votaran y no votos sin conciencia ni ideas, sin principios ni doctrina”. Impulsó una ciudadanía plena para romper con el subdesarrollo; un cambio social democrático a la chilena. La suya, repetía, era una “revolución inexportable”. Temprano, supo detectar el surgimiento de una burguesía rapaz trasnacional, y contra ese poder económico defendió el proyecto social de largo plazo de la Unidad Popular (UP), dentro de la legalidad burguesa que había heredado.

En su lucha contra la “colonización del pensamiento” utilizó el marxismo como método de análisis, no como receta. Y le sumó los valores universales de la revolución francesa y la experiencia acumulada por la izquierda chilena desde finales de los años 30, cuando el radical Pedro Aguirre Cerda lideró el Frente Popular. Según Joan Garcés, en 1939, ante la imposición sangrienta del franquismo en España y la capitulación de la tercera república en Francia, Aguirre Cerda pudo parar el golpe porque en la Casa Blanca estaba Franklin D. Roosevelt. Pero en 1973 Allende y la UP no pudieron detener el pinochetazo, porque un “delincuente” gobernaba Estados Unidos: Richard Nixon.

Nixon dijo que había que “hacer aullar de dolor a la economía chilena”. Y ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ejecutar un plan de desestabilización bajo los parámetros de la guerra sicológica contrainsurgente. Para ello, Washington contó con la complicidad de las trasnacionales ITT, Anaconda y Kennecott Copper, y la de los poderes fácticos chilenos. En particular, con la vieja oligarquía, afectada por las nacionalizaciones de los sectores minero y bancario, y por la reforma agraria allendista. También se aprovechó del mito de la constitucionalidad de las fuerzas armadas; recurrió al terrorismo mediático del grupo Edwards y sumó la legitimación ideológica de una jerarquía católica conservadora que sacralizó el terrorismo de Estado, mediante lo que Franz Hinkelammert llamó la “teología de la masacre”.

En ese contexto, el de Pinochet no fue un cuartelazo común. Más allá de su calificación de fascista o bonapartista, la junta militar consumó la contrarrevolución burguesa. No fue una dictadura cualquiera: fue un modelo diseñado e impulsado desde los centros hegemónicos en Washington, con el objetivo de asegurar la preservación del sistema de dominación capitalista. Chile fue un laboratorio que tuvo en las fuerzas armadas su columna vertebral y el soporte último de la fortaleza de un nuevo Estado autoritario y clasista, como instrumento puro de los clanes monopólicos-financieros.

A sangre y fuego, bajo la tutela de los militares facciosos, llegaba a su fin el modelo desarrollista del capitalismo dependiente en América Latina, y daba inicio una nueva fase de acumulación bajo la hegemonía de las trasnacionales. De la mano de la Doctrina de Seguridad Nacional, Chile se convirtió en el proyecto piloto del neoliberalismo. Los profundos cambios en las estructuras económicas, sociales y políticas fueron acompañados por los esfuerzos orientados a destruir los patrones éticos, ideológicos y culturales de la sociedad chilena, a fin de imponer otros basados en el consumismo, el individualismo y la competitividad interpersonal. Bajo la retórica libre empresista y de defensa del “dios mercado”, se pretendió encubrir el designio de colocar todo el andamiaje estatal al servicio de las ganancias del capital privado, doméstico y foráneo. Además, el “proceso de purificación” de los golpistas tuvo, entre otras tareas, la despolitización de la ciudadanía; eliminar la sociedad política y borrar el pensamiento democrático de Allende.

En su discurso postrero, con La Moneda en llamas, Allende reiteró que quería ser recordado “como un hombre digno que fue leal a su patria”. La política también implica un ejemplo de moral; no cualquiera tiene el valor de morir como murió Allende. Hasta en eso dijo lo que pensaba e hizo lo que dijo. Y mal que les pese a algunos segmentos de la “izquierda” que terminaron por asimilar la idea de que la simple discusión sobre el itinerario pinochetista de transición constituía una posición “sectaria”, “militarista” y de “peligroso juego a la dictadura” –según ha escrito Darío Salinas–, lo de Allende es una herencia. Su pensamiento y su proyecto siguen vigentes, hoy que la concertación gobernante ha dado por finalizada la “transición” en Chile.

El allendismo es un modo de entender la historia, de construir la historia. La historia se construye con valor personal, con coherencia, con compromiso, no con el cálculo político ni siendo prisionero de un pragmatismo intrascendente. Todo eso también se hace soñando. Y Salvador Allende fue un gran soñador.

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